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THE AMERICAN MUSEUM 

OF 

NATURAL HISTORY 

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LA 



NATURALEZA 



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PERIÓDICO CIENTÍFICO 



DÉLA 



SOCIEDAD MEXICANA DE HISTORIA NATURAL 



TOMO Y 



AÑOS DE 1880-1881. 



MÉXICO 



IMPRENTA DE IGNACIO ESCALANTE 

Bajos db san Agustín, nüm. 1. 

1882 



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DISCURSO 



PBOKUNCUDO 



POR DON MARIANO BARCENA 

SOCIO DE NÚMERO, 

al tomar posesión de la presidencia de la sociedad. 

Señores Consocios: 

UNA de las influencias más fertilizantes en el campo de la ciencia es sin duda 
la constancia. 

Aquí, á la sombra de este recinto, humilde en su apariencia, ha existido du- 
rante doce años un grupo de personas entusiastas que han cultivado con decidi- 
do empeño al árbol de las ciencias naturales. Aquí hemos visto pasar los dias, 
los meses y los años, sin que los trastornos de la política ni otras causas nocivas 
hayan venido nunca á cortar la cadena que como buenos amigos hemos formado, 
al estrecharnos la mano bajo la enseña radiosa de la Sociedad Mexicana de His- 
toria Natural. Por esto hemos visto que la nave en que bogamos va siempre se- 
rena, no se agita ni languidece en sus movimientos, no se estrella ante los esco- 
llos ni ha tropezado nunca en los arrecifes del desaliento ó de la enemistad en que 
muchas veces desaparecen las Asociaciones. 

Hace un año, al dejar la presidencia de la Sociedad, manifestaba á mi sucesor 
que le entregaba encendida y brillante la antorcha que en su existencia represen- 
taba á esta ilustrada Asociación, y hoy, al ocupar de nuevo el primer asiento en 
que la bondad de mis consocios me ha colocado, veo que persiste brillante aquel 
foco de luz en torno del cual nos hemos reunido. Es esta una circunstancia ver- 
daderamente feliz, que debe congratularnos, y con toda lealtad os presento mis 
felicitaciones, y os excito á que continuéis entusiastas en la prosecución de la obra, 
firmemente establecida y constantemente cultivada. 

Tenemos en presencia un conjunto de hechos que muestra las bases robustas 
en que se apoya nuestro programa y que manifiesta la seguridad de caminar con 
acierto en el ameno y amplio camino que en su estudio presentan las ciencias na- 
turales. 

La Natttbaleza. — Tomo V. — 1. 



4 LA NATURALEZA 

En lontananza vemos á Álzate, Mociño, Sessé, Humboldt, Bompland, Veláz- 
quez de León, Lallave, Lejarza, Cervantes, del Rio, Rustamante, y tantos otros 
sabios, que abarcando con sus miradas la tierra virgen, de esta parte del conti- 
nente americano, establecieron los fundamentos del estudio de la Naturaleza, en 
el sitio donde la Naturaleza misma estableció su trono: aquí, Señores, existen los 
metales preciosos y las piedras más ricas y vistosas, invadiendo en forma de filo- 
nes ó vetas á las rocas que forman nuestro territorio; en la superficie de la tier- 
ra veréis las selvas vírgenes, los bosques frondosos y las hermosas praderas pre- 
gonando por todas partes los privilegios con que la Providencia dotó abundante- 
mente á nuestro país. 

En el mundo alado encontraréis los más ricos plumajes de las aves, desde el 
diminuto Colibrí hasta el elegante Quetzal, en cuyas plumas se ostentan los vis- 
tosos reflejos del metal y de los tornasoles más variados. En el silencio de los 
bosques escucharéis las escalas cromáticas del jilguero y el canto arbitrario é in- 
terminable del zenzontli ; rugirá el tigre y la maleza se conmoverá al paso rá- 
pido del ciervo .... En este país, gabinete el más precioso y más rico de las cien- 
cias naturales, debia existir y existe una Academia donde se oyese hablar de tan- 
tas maravillas, adonde pudieran concurrir los viajeros en busca de las noticias 
que en ambos continentes circulan sobre la riqueza natural de este país. 

Ante el programa tan vasto que á la vista se presenta, veréis casi perder lo 
que hasta ahora hemos hecho; pero no debéis desmayar, un grano de arena que 
el torrente va á depositar en un lago, es siempre un cuerpo sólido, que fundará, 
por decirlo así, el lecho arenoso que con el tiempo vendrá á ser su regazo, y tal 
vez le sustituirá en aquel lugar. No tenemos aún á nuestro alcance todos los ele- 
mentos que son indispensables para adelantar nuestra obra, pero estos elementos 
vendrán y el edificio será coronado por esbeltas y elevadas torres. 

Los fundamentos que en la ciencia establecieron aquellos sabios, son robustos 
y dilatados. Mociño y Sessé, en su Flora inédita de México, abarcaron un gran 
número de plantas que vemos ahora citadas con la autoridad de sus nombres: 
Cervantes se dedicó con entusiasmo á los estudios de la Flora mexicana, y con 
especialidad á la descripción de las Gramíneas. Lallave y Lejarza entraron de 
lleno en los campos de la Botánica y de la Zoología: Humboldt y Bompland hi- 
cieron colosales impulsos en la Geología, la Arqueología y la Flora: del Rio y 
Bustamante se entregaron por completo al estudio de la Mineralogía, describiendo 
también las especies determinadas ó las nuevas que no se hallaban inscritas en 
el catálogo de la ciencia. Al gran Linneo debemos tantos y tan eminentes ser- 
vicios en las ciencias naturales de México; y Agustín Pyramus de Candolle, 
Alfonso su hijo y Casimiro su nieto, han enriquecido el conocimiento de nuestra 
Flora con tesoros del más alto valor. ¡Ilustre generación de sabios es la que for- 
ma la familia De Candolle, y que las Academias como la nuestra, se complacen 
en tributarles los homenajes que la ciencia les debe! 



LA NATURALEZA 5 

En los tiempos más recientes vinieron Oliva, Cal, Lauro Jiménez, González y 
otros compatriotas nuestros, á proseguir los caminos emprendidos con tanto acier- 
to. Oliva y Cal ensancharon los conocimientos de las Floras de Jalisco y Puebla; 
el Dr. González ha dado una reseña importante sobre la Flórula de Montcrey, 
y el malogrado y siempre sentido Lauro Jiménez, impulsó en gran escala nues- 
tros estudios de ciencias naturales, especialmente en la Botánica microscópica. 

Como estos ilustres compatriotas nuestros, desaparecieron NietoyBottcri, que 
enriquecían diariamente el conocimiento de la Entomología y de la Flora de las 
tierras calientes en la región veracruzana. 

En las aulas, escuchamos las lecciones de Castillo, Rio de la Loza, Pascua, 
Herrera, Barreda, Barragan, Villada, Cordero y otros ilustrados mexicanos, que 
guian á la juventud estudiosa al templo de las ciencias físicas y naturales. 

Viajeros ilustres, recorren de vez en cuando nuestro territorio ó se establecen 
en México, contribuyendo en alto grado al conocimieto de la Geología, de la Mi- 
neralogía, de la Flora y de la Fauna de México. 

¡Cuánto deben las ciencias naturales á Burkart, Berges, Rammlesberg, Mallet, 
Chevrolat, Schaffner, Sallé, Bates, Hemsley, Sumichrast, Saussure y otros hom- 
bres distinguidos, que viajando en México ó estudiando en Europa las coleccio- 
nes mexicanas, llenan de luz el conocimiento científico de esta parte del Conti- 
nente! 

En los Anales de nuestra Institución, en los cuatro volúmenes de La Natu- 
raleza, encontramos caudal abundante de ciencia, que merced á esfuerzos desin- 
teresados y empeñosos, viene acumulando hace años la Sociedad. 

No me detendré en revisar esos cuatro volúmenes, para referir todos los traba- 
jos que contienen, porque las Revistas anuales de los Secretarios dan cuenta mi- 
nuciosa de ellos; pero debo citar, aunque en globo, algunos de aquellos estudios, 
ejecutados á la sombra de nuestra Asociación. 

Entremos en los dominios de la Zoología: están allí iniciados los estudios de 
Villada sobre la Mamalogía mexicana; se encuentra el catálogo de las aves indí- 
genas, por Sánchez; las descripciones de insectos mexicanos, por Eugenio Dugés; 
la de los crótalos, por Alfredo Dugés, hermano de aquel distinguido naturalista; 
las metamorfosis de los individuos del género Siredon y descripción de nuevas es- 
pecies, por Velasco y por Dugés; la historia y descripción de los troquilídeos ó co- 
librís de México, por Montes de Oca y por Villada, etc., etc. 

En la Botánica encontrarnos los trabajos de Oliva, de González y otros conso- 
cios, sobre la Flora mexicana: la sinonimia vulgar y científica de nuestras plan- 
tas más importantes, por Herrera: las especies nuevas, descritas por Schaffner, 
Ibáñez, Velasco y el que se honra en dirigiros la palabra; hallaréis trabajos sobre 
Geografía Botánica mexicana, sobre las propiedades medicinales de nuestras plan- 
tas, y además estudios químicos de muchas de ellas, como son los que han escri- 
to Herrera, Altamirano, Mendoza y Laso de la Vega. En las publicaciones del 



6 LA NATURALEZA 

Observatorio Meteorológico Central, encontraréis los Calendarios Botánicos 
del Valle de México y de otras localidades, enseñando las relaciones de los fenó- 
menos vitales de las plantas y de las variaciones atmosféricas, proporcionando 
también muchos datos sobre la Geografía Botánica. 

En la Geología y la Paleontología encontraréis, en La Naturaleza ó en otras 
publicaciones, los trabajos importantes de Castillo, Ramírez, Arenas, y otros pro- 
fesores mexicanos, á los que se añaden los humildes trabajos del que habla, que 
dan á conocer la naturaleza geológica de algunas regiones y las especies fósiles, 
nuevas muchas de ellas, que se han determinado: veréis los estudios sobre las 
erupciones recientes de los volcanes que se hallan en Jalisco, y otros datos de 
la mayor importancia. 

En la Mineralogía mexicana veréis en la misma las descripciones de especies 
nuevas, como son las descubiertas por Castillo, por Rammlesberg, porMallet, por 
Fernández y otros profesores nacionales ó extranjeros: hallaréis los datos importan- 
tes sobre la geografía de los minerales hidrargíricos y sobre el azufre nativo, por 
Castillo, y la descripción de algunos carbones fósiles y cita de sus yacimientos, 
por López Monroy: encontraréis también una noticia pormenorizada de los fier- 
ros meteóricos mexicanos, por Cornejo, y trabajos mineralógicos y de química 
aplicada, por Navia. 

Impulso, y muy poderoso, recibirá el conocimiento de las ciencias naturales de 
México, con la publicación de la Biología de México y Centro- América, que ac- 
tualmente se imprime en Londres, por el Sr. F. Duncan Godman. Esta obra cons- 
tará de cuatro grandes volúmenes, y en ella se insertarán los materiales colecta- 
dos asiduamente durante 22 años: en los cuadernos que hemos visto de tan im- 
portante obra, se encuentran descripciones numerosas de plantas mexicanas por 
el sabio profesor Hemsley: la parte zoológica está redactada por los profesores 
Alston, Godman, Salvin y Bates. 

Siento no poder extenderme, para hacer la cita completa de los trabajos refe- 
rentes al estudio de las ciencias naturales de México: basta lo manifestado para 
demostrar que existen bases preciosas sobre las cuales se puede construir un vas- 
to edificio: contamos con colaboradores entusiastas que en el país ó en el extran- 
jero caminan impulsados bajo el mismo pensamiento, el adelanto de las ciencias 
naturales, que en México también tienen su santuario, en la modesta é ilustrada 
Sociedad Mexicana de Historia Natural. 

He dicho. 

Febrero 6 de 1880. 



Tomo V. 



LA NATURALEZA. 



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Fie. 5 



Fia. 6 



Pegaduras que dejan sobre el carboneas mezclas binarias de s el eni o, antimonio, 
plomo y bismuto, tratándolas al soplete. 



AL DISTINGUIDO MINERALOGISTA 

INGENIERO DE MINAS 

SEÑOR ANTONIO DEL CASTILLO. 



OBSERVACIONES sobre las pegaduras que producen las mezclas binarias de selenio, anti- 
monio, PLOMO Y BISMUTO, TRATÁNDOLAS AL SOPLETE SOBRE EL CARBÓN, POR EL Sr. SEVERO Na- 
VIA, SOCIO CORRESPONSAL. 



AL estudiar la galena selenífera, cuya descripción tuve el honor de presentar 
á esa respetable Sociedad el año próximo pasado, observé que la pegadura 
del selenio le comunica á la blanquecina del plomo un color semejante al de azul 
de patos con un tinte pardo-rojizo más ó menos marcado, particularmente cerca 
de la cavidad del carbón. Esta observación me indujo á efectuar pruebas sobre 
las mezclas binarias de los cuerpos con cuyos nombres encabezo este artículo, y co- 
mo reconocí que en algunos casos la pegadura del selenio modifica á las de los 
otros cuerpos, comunicándoles coloraciones semejantes á las que les da la pegadu- 
ra de la plata, juzgo de importancia describir los caracteres pirognósticos de di- 
chas mezclas, á fin de evitar que se confundan las coloraciones que les comunica 
la pegadura de la plata á las de los otros cuerpos mencionados, con las que les da 
la del selenio; sobre todo, ahora que este cuerpo se encuentra con frecuencia, 
bajo diversas combinaciones, en las minas de este Estado. 

Los caracteres que presentan al fuego de oxidación las referidas mezclas, son 
los siguientes: 

Selenio y antimonio. Se obtienen con esta mezcla las pegaduras de ambos 
cuerpos: la roja del selenio aparece primero, y después la blanca del antimonio, 
la cual, mezclándose con la del primero, adquiere, en parte de su extensión, un 
color rojo-rosado ó bermellón rodeado de amarillo más ó menos intenso. Cuan- 
do el selenio está en gran cantidad, la zona roja es muy extensa y marcada (fig. 1?); 
se perciben al principio del tratamiento humos pardos, olor de coles podridas, y 
la llama se tiñe de azul-violado débil; si al contrario, está en corta cantidad, los 
caracteres mencionados son poco perceptibles, y la zona roja es menos extensa 
(fig. 2?): en ambos casos se observa lejos de la cavidad del carbón, en cuyo in- 
terior nada se deposita, si ambos cuerpos están puros. 



8 LA NATURALEZA 

Vertiendo sobre la pegadura blanca del antimonio una gota de sulfuro de amo- 
nio, toma un color amarillo ó rojo naranjados, después de seca. 

Raspando las pegaduras, no sulfuradas, y calentando el polvo en un tubo cer- 
rado por un extremo, á la lámpara de alcohol, se obtienen dos sublimados: uno 
blanco azulado, á corta distancia del fondo del tubo, y otro rojo-claro de selenio 
á mayor distancia. Este no es muy abundante, cuando la mezcla contiene poco 
selenio; pero se percibe con claridad colocando el tubo sobre un fondo negro. Se 
observa además el olor de coles podridas por la extremidad abierta del tubo. En 
algunos casos debe prolongarse la reverberación, porque el sublimado de selenio 
dilata en aparecer algunas veces. 

Selenio y plomo. La mezcla de estos dos cuerpos manifiesta estos caracteres: 
aparecen, primero, la pegadura del selenio, y después las del plomo: la blanca azu- 
lada de este cuerpo se mezcla con la del selenio, y adquiere un color azul de patos 
con manchas ó ráfagas pardas, como si hubiera sido sulfurada por las emanaciones 
del sulfuro de amonio, y la amarillo-verdosa se deposita en el interior de la cavi- 
dad, persistiendo cerca de ella, sobre el plano del carbón, una zona de color pardo- 
rojizo oscuro (fig. 3?-). Si después de esto se prolonga el soplo por más tiempo, la 
pegadura blanquecina del plomo cubre la del selenio, excepto cerca de la cavidad 
del carbón, en donde se conserva una zona de extensión variable pardo-rojiza ó 
rosa, y en su interior la amarillo-verdosa (fig. 4?). Cuando el selenio está en can- 
tidad considerable, se desprenden al principio humos pardos; se percibe olor de co- 
les podridas, y la llama se tiñe de azul violado primero, y después de azul de ul- 
tramar, ó de azul de esmalte debido al plomo. Si al contrario, está en corta can- 
tidad, los caracteres mencionados son poco marcados y la zona pardo-rojiza es me- 
nos extensa. 

Sulfurando las pegaduras obtenidas, paseando sobre ellas el tapón mojado del 
frasco del sulfuro de amonio, y vertiéndoles después de esto una gota de tintura 
de iodo, se obtienen, al cabo de algunos minutos, las coloraciones amarilla y ver- 
de-amarillenta, que caracterizan la pegadura del plomo. 

Raspando las pegaduras, sin haberlas sometido al tratamiento anterior, y ca- 
lentando el polvo en un tubo cerrado por un extremo, sobre la lámpara de alco- 
hol, se percibe olor de coles podridas por la extremidad abierta del tubo y se ob- 
tienen dos sublimados: uno blanco azulado, cerca de la prueba, y otro rojo-pardo 
ó bermellón de selenio, arriba del anterior. 

La galena selenífera, y la mezcla de galena pura y selenio, manifiestan los ca- 
racteres indicados. 

Selenio y bismuto. Se obtienen con la mezcla de estos dos cuerpos las pega- 
duras de ambos: la del selenio aparece primero, las más veces, y después las del 
bismuto, modificadas en parte por la del selenio: en el interior de la cavidad se 
observa la pegadura amarillo-limon del bismuto; después, cerca de ella, sobre el 
plano del carbón, una zona de color blanco, semejante á la del antimonio, y por 



LA NATURALEZA | 

último, otra zona roja bermellón, violada, rosa ó. pardusca, lejos de la cavidad 
del carbón (fíg. 5! 1 ). En algunos casos no aparece la zona blanca, y la roja se ob- 
serva cerca de la cavidad (fig. G?). Cuando el selenio está en gran cantidad, 
desprenden al principio humos pardos; la llama se tiñe de azul violado, y la zona 
roja es extensa; en caso contrario, todos estos caracteres son poco marcados. 

Sulfurando las pegaduras obtenidas, pasando sobre ellas el tapón mojado del 
frasco del sulfuro de amonio, y vertiendo una gota de tintura de iodo en la parte 
en donde no hay selenio, se obtiene, al cabo de algunos minutos, la coloración 
roja de aurora que caracteriza á la pegadura del bismuto. 

Raspando las pegaduras, sin haberlas sometido al tratamiento de que acabo de 
hablar, y calentando el polvo en un tubo cerrado por un extremo, sobre la lám- 
para de alcohol, aparece un sublimado rojo de selenio, distante de la prueba, y se 
percibe el olor de coles podridas, que caracteriza á este cuerpo. 

El bismuto impuro que se extrae de los seleniuros de bismuto, presenta los ca- 
racteres indicados, más ó menos marcados, según la cantidad de selenio que con- 
tiene. 

Los detalles que preceden manifiestan que la pegadura del selenio les comuni- 
ca á las del antimonio, plomo y bismuto, una coloración roja, la cual podría con- 
fundirse con la que les da la de la plata, particularmente cuando el selenio se en- 
cuentra en corta cantidad. Pero pueden distinguirse por estos caracteres: la zona 
roja debida al selenio aparece, casi siempre, al principio de la operación; tiene un 
tinte amarillo en los bordes, y se observa lejos de la cavidad del carbón las más ve- 
ces; en tanto que, cuando es debida á la plata, se obtiene al fin del tratamiento y 
cerca de la cavidad; raspando las pegaduras no sulfuradas, y calentando el polvo 
en un tubo cerrado por un extremo, sobre la lámpara de alcohol, si hay selenio 
se percibe olor de coles podridas y se forma un sublimado rojo, que no aparece en 
el caso de que la plata haya producido la coloración roja de la pegadura. 

Estas observaciones complementan las ya publicadas en los dos artículos que, 
« sobre caracteres pirognósticos » he tenido la honra de presentar á esa ilustrada 
Sociedad, quien se ha dignado recibirlos bondadosamente, y por cuya inmerecida 
distinción le estoy muy agradecido. 

De todas las observaciones mencionadas se deduce: 

I o Que la pegadura de la plata comunica un color rojo de tintes diferentes á las 
del antimonio, plomo, bismuto, zinc y teluro; 

2 o Que la pegadura del selenio les da coloraciones muy semejantes á las ante- 
riores, á las del antimonio, plomo y bismuto, sobre todo cuando se encuentra di- 
cho cuerpo en corta cantidad, y 

3 o Que, en algunos casos, la pegadura del cadmio les comunica coloraciones 
análogas á las que acabo de mencionar, á las pegaduras del plomo, bismuto y 
zinc. La del antimonio adquiere ordinariamente un color amarillo rojizo. 

De todas estas deducciones se puede inferir esta conclusión: cuando se trate al 



10 LA NATURALEZA 

soplete, sobre el carbón, la mezcla ó un compuesto en los cuales figuren dos cuer- 
pos que sean susceptibles de dar pegaduras, siendo una de ellas roja y la otra blan- 
ca ó amarilla clara, esta última adquirirá generalmente un color rojo de tintes di- 
ferentes, siempre que la volatilidad de los cuerpos ó de sus óxidos que formen las 
pegaduras no sea muy diferente. 

Colegio del Estado de Guanajuato, Abril de 1877. 



NOTA SOBRE LA CONCHA MADREPERLA, 

DE LA BAJA-CALIFORNIA, 

POR EL SEÑOR DON JESÚS SÁNCHEZ, SOCIO DE NUMERO. 



LA concha Meleagrina margaritífera es una de las producciones más inte- 
resantes de nuestro país. El estudio de las conchas es indispensable á la Geo- 
logía, pues le da los minuciosos caracteres que necesita para comparar entre sí, 
ó con las especies vivas, los innumerables moluscos que existen en el seno de la 
tierra; pero además del interés científico general, algunos países privilegiados tie- 
nen el del comercio y la industria, cuando poseen ricos criaderos de la concha pro- 
ductora de perlas. Bajo este punto de vista, la Baja-California podria ser una 
fuente de riqueza para sus habitantes, siempre que la explotación fuese hábil y 
prudentemente dirigida. 

La concha en cuestión pertenece á la subdivisión de los Moluscos Acéfalos, cla- 
se de los Conchíferos, orden de los Lucináceos, familia de los Aviculídeos y al 
género Meleagrina, cuyos caracteres son los siguientes:* 

Género. Pintadina. Meleagrina, Lamarck, 1812. Perlamater, Schumacher, 
1817. Margarita, Leach, 1818. Margaritífera, Browne, 1756. 

Concha sub-equivalva, redondeada, bastante gruesa, escamosa en el exterior, 
brillantemente nacarada en el interior, borde cardinal recto. Un seno en el bor- 
de posterior de las valvas para el paso del biso. Charnela lineal, sin dientes. Ca- 
rilla del ligamento marginal, alargada, casi exterior, dilatada en su parte media. 
Impresión muscular posterior, ancha y sub-central. 

Las pintadinas son poco numerosas en especies, casi esclusivamente propias á 

* Dr. Chenu. Manuel de Conehyliologie et de Paleontologie conchyliologique. Paris, 1862. 



LA NATURALEZA 11 

los mares de los países cálidos; se depositan en el fondo del mar, adhiriéndose al 
suelo ó fijándose unas sobre otras. Es bien sabido que algunas conchas marinas y 
fluviátiles producen perlas; pero principalmente la llamada Ostra perlera ó Ma- 
dreperla; concha casi circular, verdosa en el exterior, del más bello nacarado en 
el interior, y que fué denominada por Lamarck Meleagrina margariíífera, y 
Mytilus margarití feries, por Linneo. 

Se le encuentra en el Golfo Pérsico, en Japón, en Otaiti, en Panamá, en las 
Islas Marías y otros lugares; pero más abundantemente en Ceilan, donde está es- 
tablecido el buceo más productivo. 

Desde tiempo inmemorial, los indios de la California usaron las perlas como 
adorno, estimándolas como objetos preciosos y de vaha. 

Hernando de Soto las halló en la Florida, principalmente en las provincias de 
íchiaca y de Confachiqui, en las tumbas de los príncipes.* Cuando el Conde de 
Monterey envió una Comisión exploradora á la California, el año de 1596, fué 
recibida con notables muestras de estimación por sus habitantes, que les presenta- 
ron perlas y frutas en señal de paz y amistad. Por esta razón el Puerto de la Paz, 
en la Península, lleva este nombre, impuesto por sus descubridores.** También 
en el antiguo imperio azteca eran debidamente apreciadas, como puede verse en 
los historiadores de México. «Por lo que hace á las conchas, dice el P. Clavige- 
ro, las hay de infinitas especies, y entre ellas algunas de incomparable hermosu- 
ra, particularmente en el mar Pacífico. En todas las costas de aquellos mares se 
hizo, en diversas épocas, la pesca de las perlas. Los mexicanos las pescaban en 
la Costa de Tototepec y en la de los Cuitlateques, donde hoy se pesca la tortu- 
ga.»*** En la relación de las alhajas, hechas por artífices mexicanos, que fueron 
enviadas á España (según el mismo Clavigero), se nota que muchas estaban ador- 
nadas con perlas. Por último, según el cronista Herrera, las paredes del oratorio 
de Moctezuma, brillaban con sinnúmero de piedras preciosas, contándose entre 
ellas las perlas. 

«La pesca de perlas y de ballenas, dice el Barón de Humboldt, algún dia serán 
objetos importantísimos para un país que abraza una extensión de más de 1,700 
leguas marinas. Lo que más atrae á los navegantes para visitar las costas desier- 
tas de la California, ha sido la pesca de las perlas, que abundan principalmente en 
la parte meridional de la Península; y desde que terminó cerca de la isla Marga- 
rita, frente á la costa de Araya, los golfos de Panamá y de California son los úni- 
cos de las posesiones españolas que surten de perlas al comercio de Europa. Las de 
California tienen una agua muy hermosa, son grandes, aunque casi siempre de 
figura irregular y poco agradable á la vista. La concha que produce las perlas se 
encuentra en más abundancia en la bahía de Cerralvo, y alrededor de las islas 

* La Florida, por el Inca Gareilaso de la Vega. — Madrid, 1723. 
" Torquemada, Monarquía indiana. Tom. I, pág. 683. 
*** Francisco Saverio Clavigero, Historia antigua de México. Londres, 1826. 
La. Naturaleza.— Tomo V.— 2. 



12 LA NATURALEZA 

de Santa Cruz y San José. Las más hermosas de la Corte de España se hallaron 
en 1615 y 1665 en las expediciones de Juan Iturbi y Bernal de Piñadero. En la 
mansión que en 1768 y 69 hizo el visitador Gálvez en California, un soldado del 
presidio de Loreto, Juan Ocio, se enriqueció en muy poco tiempo, pescando perlas 
en la Costa de Cerralvo: desde entonces es casi nulo el envío de perlas para el co- 
mercio. La pesca está casi abandonada, porque los blancos pagan muy mal á los 
indios que se han dedicado al penoso oficio de buzos. » 

En otro lugar dice: «Las aguas que desde el descubrimiento del Nuevo Conti- 
nente han dado con más abundancia perlas á los españoles, son las siguientes: el 
brazo de mar, entre las islas Cobagua y Coche, y la Costa de dimana; el emboca- 
dero del rio de la Hacha; el golfo de Panamá, cerca délas islas de las perlas, y las 
costas orientales de la California. En 1587 se llevaron á Sevilla 316 kilogramos de 
perlas, entre las cuales habia 5 kilogramos muy bellas, destinados para el rey Fe- 
lipe II. La pesca de perlas en Cubagua y rio de la Hacha ha sido muy producti- 
va, aunque de poca duración. Desde el principio del siglo diez y siete, especialmen- 
te desde las navegaciones de Iturbi y Piñadero, las perlas de la California han co- 
menzado á rivalizar en el comercio con las del golfo de Panamá. En esa época en- 
viaron los más hábiles buzos á las costas del mar de Cortés: á pesar de esto pronto 
se descuidó la pesca, y si en tiempo de la expedición de Gálvez se intentó darle 
nuevo vigor, esta tentativa fué infructuosa por las causas expuestas anteriormen- 
te. Solo en 1803, un eclesiástico español, residente en México, ha fijado de nuevo 
la atención del gobierno sobre las perlas de la costa de Cerralvo en California. Co- 
mo los buzos pierden mucho tiempo para subir á tomar aire á la superficie del mar, 
y se fatigan demasiado descendiendo varias veces al fondo, este eclesiástico ha pro- 
puesto emplear para la pesca de perlas una campana de buzo, que debe servir como 
un receptáculo de aire atmosférico, y bajo la cual se refugiará el buzo cada vez que 
tenga necesidad de respirar. Con una máscara y un tubo flexible, podrá pasearse 
en el fondo del Océano, inspirando el oxígeno dado por la campana, en la cual ter- 
mina el tubo. Durante mi permanencia en Nueva-España, he visto en un pequeño 
estanque, próximo al Castillo de Chapultepec, hacer una serie de experiencias con 
objeto de poner en práctica este proyecto. Sin duda por primera vez se ha construi- 
do mía campana de bucear á la altura de 2,300 metros. »* 

Los aztecas usaban un procedimiento análogo al empleado actualmente para ex- 
traer del fondo del mar la concha, y en seguida la arrojaban á la lumbre con objeto 
de asar la carne, que les servia de alimento, recogiendo las perlas que casualmen- 
te hubiesen salido. Por este motivo, según los historiadores Herrera y Torque- 
mada, las perlas que repartió el conquistador Hernán Cortés á sus soldados, y las 
encontradas en California, estaban ahumadas ó ennegrecidas.** 

* Essai politique sur le royanme de la Nouvelle-Espagne, par A. de Humboldt. Paris, 1827. 
** Herrera, Hisloria general de los hechos de los castellanos, Década III, pág. 78. Torquemada, 
Monarquía indiana, Tom. I, pág. 686. 



LA NATURALEZA 13 

En un Informo hecho para el Gobierno por el visitador de rentas D. José Ma- 
ría Esteva, en 1857, se encuentran los siguientes curiosos detalles:* «Asertiva- 
mente, fué á mediados del siglo XVI cuando se comenzó á hablar de la existencia 
de las perlas en el Golfo de California, por las relaciones hechas en México por D. 
Alvaro Núñez Cabeza de Vaca: después, á fines del mismo siglo, cuando el célebre 
corsario Francisco Diak arribó á las costas de la Península, los indios regalaron 
perlas á sus soldados, y Felipe II por ese tiempo recibió una hermosa perla sacada 
de la costa de la isla Margarita, situada al Oeste de California, frente á la gran 
bahía de la Magdalena, cuya perla pesaba 250 quilates y fué apreciada en 150,000 
pesos: por último, en 1615, el capitán Juan Iturbi, de vuelta de su expedición, 
condujo á México, entre otras hermosas perlas, una que fué avaluada en 4 ó 5,000 
pesos. Desde esa fecha data verdaderamente la explotación de los placeres de Ca- 
lifornia, explotación que comenzaron á hacer los habitantes de las costas de Sina- 
loa, con no poco riesgo después de los de los primeros años, por las vejaciones que 
hacian sufrir á los pobres indios, debiendo creerse que si las perlas ocasionaron en 
mucha parte las reiteradas tentativas que se hicieron para la conquista de la Pe- 
nínsula, también fueron ellas la causa, quizás, de que se retardase dicha conquis- 
ta, porque la codicia de los expeculadores y la conducta observada por ellos con- 
tribuyó en gran manera al odio y ala resistencia de los indios californios, que eran 
naturalmente mansos y humildes.» 

El buceo fué permitido más tarde, dando al rey el quinto de las conchas cerra- 
das; y consta por Cédula dirigida por Felipe V al Conde de Fuen-Clara, Virey de 
Nueva-España en 1744, que en años anteriores se habían arrendado en 12,000 
pesos cada quinto.** 

En otro artículo me ocuparé del buceo,. y principalmente de su estadística. 

Diciembre, 1879. 



Memoria sobre la pesca de la perla en la Baja-California. México, 1865. 
Venegas, Noticia de la California, Tom. II, pág. 515. 



EL PERRO DE CHIHUAHUA 

POR EL SEÑOR DOCTOR DON ALFREDO DUGÉS, SOCIO CORRESPONSAL. 



Sin. Canis gibbus, Fr. Hernández, Hist. anim. etminer. Nov. Hisp. líber unus, 
Edit. Lync. MDCLI; C. americ -antis, Lin. 

TIEMPO há que esta raza de perros tan curiosa como inútil, pero interesante 
para los naturalistas, va desapareciendo á lo menos de las provincias del Cen- 
tro de la República Mexicana: es muy posible que por falta de cuidado se acabe 
de extinguir completamente, y éste es el motivo que me ha impulsado á escribir 
el presente artículo, para conservar siquiera la memoria de este perro peculiar 
de México. 

En la obra de Hernández, publicada por la Academia de los Lynceos, se lee en 
el párrafo 20 (De quibusdam canum peregrinis generibus) la indicación de tres 
razas: 1? Xoloytzcuintli, que es Canis Caribceus, L.; 2? Canis Michuacanen- 
sis, Hz.; y 3* Techichi, que Clavigero llama también Aleo. Faltan descripcio- 
nes exactas para formar una idea de lo que eran estos animales, salvo el prime- 
ro, que es el perro pelón, y no se conoce hoy ninguna raza particular de Mi- 
choacan, ni tampoco el tercero, que tal vez sea originario del Brasil. 

Pero en el párrafo 31 (de Itzcuintepotzotli, seu canibus gibbis) me parece que 
se trata realmente del animal que nos ocupa, porque la mención de una especie 
de jiva conviene al perro de Chihuahua, como lo veremos después. 

El individuo que he tenido á la vista al escribir, y cuyo retrato fiel publico 
hoy, (v. fig. 1), pasaba por ser de raza pura: era del sexo femenino, y de color 
blanco con manchas leonadas. 

El perro de Chihuahua posee caracteres de los épagneuls (españoles?), pues su 
cráneo, visto de frente (v. fig. 2), ofrece parietales sin tendencia á aproximarse 
desde su nacimiento arriba de los temporales, y al contrario apartándose é in- 
flándose hacia afuera en su porción mediana. Por otra parte, como los dogos, 
tiene el hocico bastante corto, y los cóndilos de la mandíbula inferior colocados 
arriba de la línea de los molares superiores (v. fig. 3); pero la cavidad craneana 
es amplia, y no presentan los lados la dirección ascensional tan marcada en los 
dogos. En fin, la cara no es semejante á la de ninguna raza de perros conocida. 



LA NATURALEZA 



18 



Seria, pues, preciso, establecer una división ú propósito entre los Epagneufo y 

los Dogos para colocar al chihuahueño, aunque sin embargo se nota bastante ana- 
logía entre su cabeza y la del Carlin. (Canis familiaris Mopsus, Lin.) 



Fig. 1. 





El cráneo del perro que nos ocupa es casi globuloso, pues el diámetro fronto- 
occipital no supera sino de 1/10 poco más ó menos al diámetro biparietal (v. figs. 
2 y 3): comparado con el de otro individuo joven le observé la misma forma, que en 
algo recuerda la fisonomía de ciertos monos platirrinios. Carece absolutamente de 
crestas parietales, y toda su superficie es lisa: del nacimiento de los incisivos su- 
periores á la órbita, hay la mitad de la distancia de la frente al agujero auricular 
externo: desde el cóndilo maxilar hasta la sínfisis de la mandíbula, la longitud 



16 LA NATURALEZA 

es igual al diámetro fronto-occipital. Como el individuo que me sirve para esta des- 
cripción tenia la dentición incompleta, no la indico por temor de incurrir en al- 
gún error, pero los dientes del joven á que aludí antes no presentan nada de par- 
ticular, lo que hace pensar que sucede lo mismo con los adultos. 

Las dimensiones del cuerpo eran las siguientes: de la punta del hocico al na- 
cimiento de la cola, 0, m 31; cola con sus pelos, 0, m 19; de la cruz al suelo, 0, m 18; 
largo de la cabeza 0, m 095, y anchura de ella 0, ra 07; del codillo á las uñas, 0, m ll; 
de la tuberosidad de la tibia á las uñas, 0, m 12; de la frente al ángulo maxilar, 
0, ra 06; de la punta de la nariz al occipucio 0, ra 085, es decir, la tercera parte del 
tronco. Hay cuatro dedos posteriores y cinco anteriores: las uñas son curvas y 
más grandes las de las patas de adelante, y los tubérculos de las plantas muy abul- 
tados: las piernas son bastante delgadas. El dorso es muy arqueado (canis gibbus), 
el pecho angosto, el cuello medianamente grueso, el pelo corto y más ó menos 
lustroso: la cola es algo poblada y caida. No sé como están las orejas al estado 
normal, pues este individuo las tenia cortadas; pero creo recordar que estaban 
caídas en otros sugetos no mutilados. El ojo, de un tamaño mediano, está bas- 
tante abultado y como lagrimoso. El hocico es bastante fino y no arremangado. 
El color varía, y suele ser negro con algo de blanco: raras veces blanco, con fre- 
cuencia pardo-café. 

Estos animalillos son friolentos, miedosos, y en general ladran poco ó nada: su 
ladrido no presenta nada de particular. Algunas personas pretenden que si no 
les dan carne, su talla permanece más pequeña; en lo general, son de los tama- 
ños ya expuestos, ó más chicos. Por lo demás, la figura 1? dará las formas gene- 
rales exactas, reducidas al tercio. 

Como se ve, el perro chihuahueño no es igual á ninguno de los del antiguo Con- 
tinente, y como se sabe de positivo que los españoles lo encontraron al llegar á 
México, podemos concluir que es peculiar de este país, en donde hasta hoy ha 
conservado sus caracteres originales, sin poder encontrar su extirpe salvaje, pues 
ningún canídeo mexicano se le asemeja ni lejanamente. 

Algunas personas creen que se encuentra salvaje en las llanuras de Chihua- 
hua, y que habita allí en madrigueras. Consiste la equivocación en que se hallan 
en estos puntos unos pequeños mamíferos cavadores, y cuyo grito se acerca algo 
á un ladrido: circunstancia que les ha valido de los norte-americanos el nombre 
de perros de pradera (prairie dogs); pero estos pretendidos perros son unos roe- 
dores de la familia de las marmotas (Cynomys Ludovicianus, [ord] Baird), y de 
consiguiente bien diferentes del carnicero que nos ocupa. 

Salvo la muy defectuosa figura que dieron los Lynceos, creo que no se ha pu- 
blicado hasta la fecha ningún retrato del perro de Chihuahua, y por este motivo 
lo estampo, en la inteligencia de que han sido tomadas las proporciones con la 
mayor exactitud posible, y el aspecto general lo he dibujado sobre el animal 
vivo. 



LA NATURALIZA 17 

¡A cada cual lo suyo! Como P. Hernández ha sido el primero en describir 
este animal y le puso el nombre de Canis gibbus, por derecho de prioridad di 

conservársele este nombre en las clasificaciones, y solamente como sinónimo el 
de canis amcricanus, que le dio Linneo, y con el cual ha sido conocido hasta 
ahora. 

Guanajuato, Octubre de 1879. 



DESCRIPCIONES DE COLEÓPTEROS INDÍGENAS 

POR EL SEÑOR DOCTOR EUGENIO DUGÉS, SOCIO CORRESPONSAL. 



DAMOS ahora principio á los artículos descriptivos de las especies mexicanas 
de este importante orden de la clase de los insectos, magistralmente tratados 
por el laborioso coleopterista á quien debemos otros muchos del mismo género, y 
ya publicados en los tomos anteriores de nuestro periódico. 

Los Cicindelidos que por sus hábitos por excelencia carnívoros, han merecido 
de Linneo el epíteto de tigres de los insectos, Cicindehe tigrides ex insectis, 
pues viven siempre de la caza desdeñando la carne muerta, componen la primera 
familia en la tribu de los Carabianos, según Girard. 

En la inmensa legión de los Coleópteros, menos numerosa sin embargo que la 
de los Dípteros y la de los Himenópteros, é inferiores á estos bajo el punto de vis- 
ta filosófico por sus maravillosos instintos, han ocupado en las clasificaciones el 
primer lugar los Carniceros, lo mismo que en la clase de los Mamíferos y en la 
de las Aves: esto sin duda ha sido más bien por la costumbre, pues la forma me- 
nos complicada de su estructura que nos indica una menor división en el trabajo 
fisiológico, así como la poca centralización de su sistema nervioso, los coloca en 
lugar más bajo del que hasta ahora han ocupado. 

Los Coleópteros no ceden, sin embargo, el lugar á otros insectos, si atendemos 
á las extrañas formas y curiosa ornamentación que ofrecen muchas de sus espe- 
cies, y á los espléndidos y brillantes colores de otras también, bastante numero- 
sas. Pero todavía no son aún más interesantes, por sus diversas costumbres, 
pues unos, en efecto, son fitófagos, y se alimentan de hojas, raíces, granos, etc., 
y otros, por el contrario, tienen un régimen carnívoro y se apoderan de presas 
vivas para satisfacer su apetito, ó de restos ó despojos de animales. Los prime- 
ros nos causan grandes perjuicios, y entre los segundos contamos auxiliares efi- 



18 LA NATURALEZA 

caces que destruyen un gran número de aquellos, y excelentes policías que con- 
tribuyen á mantener libre la atmósfera de las emanaciones pútridas, aunque al- 
gunos, sin embargo, son temibles destructores de muchas de las materias anima- 
les que utdizamos. 

Tres son, por ahora, los géneros de que se ocupa el autor, y son: Tclracha, 
Cicindela y Odontocheila, siendo de mayor importancia el segundo por la gran 
cantidad de especies que encierra, de las cuales unas viven en los lugares areno- 
sos ó secos, expuestos á los ardientes rayos del sol, y otras, menos numerosas, en 
las orillas de los depósitos de agua dulce ó salada, y algunas también sobre los 
troncos mismos de los árboles. De las especies descritas, dos corresponden al pri- 
mero; veinticuatro al segundo, y dos al tercero, tomadas algunas de ellas de la 
obra escrita por Chevrolat acerca de los Coleópteros mexicanos, y teniendo su ra- 
dicación en regiones templadas y calientes de la República. 

* 

Manuel M. Viliada. 



FAM. Cicindeletos. 
Th. Laeord. g. d. C. t. 1. p. 1. 



Barba escotada. — Lengüeta córnea, desprovista de paraglosas, muy corta, do- 
blada, y ocultada por la barba. — Maxilas alargadas, delgadas, acabadas por una 
uña articulada, que falta algunas veces; su lóbulo interno palpiforme, bi-articu- 
lado, delgado. — Mandíbulas largas, arqueadas, pluridentadas en su lado interno, 
muy agudas, cruzándose completamente en el reposo. — Palpos de cuatro artejos; 
el primero formado por el sustentáculo, que ha crecido y se ha hecho libre. — An- 
tenas filiformes ó cetáceas, compuestas de once artejos. — Patas más ó menos del- 
gadas y alargadas; piernas anteriores sin escotadura en el lado interno; ancas 
posteriores transversales, ensanchadas y prolongadas por un resalto en su extre- 
midad interna; trocánteres del mismo par, salientes en la base de los muslos; cin- 
co artejos en todos los tarsos. — Abdomen compuesto por debajo de seis ó siete 
segmentos; los tres primeros soldados entre sí. 



TRIBU II.— UlEGAGEFALIDOS 
Th. La. L. C. p. 9. 

Palpos alargados: los labiales más largos que los maxilares; su primer artejo 
prolongándose mucho más allá del fondo de la escotadura de la barba, y muchas 






V 



LA NATURALEZA 19 

veces de sus lóbulos laterales; el tercero de los maxilares más largo que el cuar- 
to. — Un diente en medio de la escotadura de la barba. — Los tres primeros arte- 
jos de los tarsos anteriores, dilatados en los machos. — Alas inferiores, muy raras 
veces abortadas. 



GEN. Tetracha. 
Th. Lac. I. e. p. 12. 

SIN.—Phasoxantha, de Chaudoir. Bullel de Moscou, 1850, p. 7. 

Ammosia Weslw. Trans. of the entom. soc. 2 d series II. — Megacephula, Chev. Col. du Mex. Cent. 1. 

fase. 2 o n° 25 y 26. 

Diente de la barba mediano, agudo. — Lengüeta bastante acuminada, y muchas 
veces prolongada en una punta pequeña. — Ultimo artejo de los palpos, securifor- 
me; el tercero de los labiales un poco nudoso, y casi recto. — Labro fuertemente 
transversal, cortado en cuadro y con dientecitos por delante. — Cabeza gruesa no 
estrechada atrás, truncada por delante, poco convexa. — Ojos bastante grandes, 
medianamente salientes, sin órbita por encima. — Antenas largas, cetáceas. — Pro- 
tórax un poco cordiforme, aquillado en los lados, redondeado, ó un poco lobula- 
do en su base; sus surcos transversales muy marcados, limitando dos reheves se- 
parados por un surco longitudinal. — Élitros no cilindricos, oblongos ó alargados, 
teniendo casi siempre sus ángulos humerales distintos á causa de- la presencia de 
las alas inferiores. — Patas largas, piernas redondeadas no acanaladas; los tres 
primeros artejos de los tarsos anteriores de los machos demasiado dilatados, es- 
trechados en su base, truncados oblicuamente en la extremidad, con gruesos pe- 
los, más numerosos en el lado interno, que es un poco alargado, que en el lado ex- 
terno, muy espongiosos por debajo. — Siete anillos abdominales, de los cuales el 
penúltimo está escotado en los machos, seis en las hembras. 



Tetracha geniculata, Chev. 

SW.—Megacepliala geniculala, Chev. Coleóp. de Mex. Cent. 1. Fas. 2 n° 26. 
long. 0,013.— lat. 0,055.-0,007. 

Labro amarillo, con cuatro dientecitos en el borde anterior; los dos internos, 
puestos en medio, están unidos entre sí, y un poco más salientes; en la base de 
cada uno un punto negro, del cual sale un pelo bastante grueso y largo. Cada 
mandíbula ofrece, además del diente molar, que es bífido, y del gancho terminal, 
cuatro dientes, de los cuales los tres primeros están juntos, y el otro, bastante 
chico, un poco más abajo. Estos dientes presentan una disposición particular en 
cada una de las mandíbulas: en la izquierda el mediano es el más largo, mientras 

La Naturaleza.— Tomo V.— 3. 



20 LA NATURALEZA 

que en la derecha los dos laterales. Todos estos dientes, como también la extre- 
midad, negros; el resto de la mandíbula amarillo. Órganos bucales normales, 
amarillentos, salvo la barba que es oscura. Cabeza brillante, metálica, finamente 
arrugada, un poco más á lo largo y detrás de los ojos; un punto grueso arriba 
de cada ojo, otro un poco más adelante; un pequeño surco ó una depresión en el 
vértice. La frente es elevada y está rodeada de una depresión en forma de surco, 
que naciendo en los ángulos del borde anterior viene á juntarse en medio, á la 
altura de la parte mediana de los ojos. Esta elevación frontal es casi lisa, de co- 
lor de oro rojo en medio y verde amarillo en los lados. Las partes laterales hasta 
los ojos, de un verde muy vivo. Entre los ojos, en la extremidad del ángulo for- 
mado por el surco frontal susodicho, la parte mediana ofrece un punto carmin; 
desde éste hasta los bordes, se va mezclando este color con el verde, de modo á 
tornarse naranjado más y más verdoso. Occipucio verde-negruzco. Epistomo es- 
cotado en ángulo ancho y romo, surcado en medio, con dos puntos en cada ex- 
tremidad, y separado de la frente por un surco bien marcado; verde brillante. An- 
tenas llegando hasta el cuarto anterior de los élitros, amarillo claro, con los 1, 2, 
3, 4: artejos rayados de negro en el lado interno. Este color formando un ani- 
llo cerca de la extremidad de los 2, 3 y 4. Ojos blanquizcos con unos puntitos 
negros. Protórax más largo que ancho, estrechado por delante y detrás. Borde 
anterior recto, posterior lobulado en medio, atravesado, un poco antes de cada 
extremidad por un surco, y longitudinalmente por una línea; los tres muy profun- 
dos. El surco anterior se inclina en medio, formando un ángulo abierto por de- 
lante. La parte anterior de las dos elevaciones formadas por los tres surcos, son: 
carmin en medio y anaranjadas en los lados, y al fin verdes: el lóbulo basal es más 
bien cobrizo. Escudete invisible. Élitros redondeados en la extremidad; en la ba- 
se, cerca de la sutura, vese una pequeña elevación y una depresión; después otra 
elevación y un surquito, bajando desde la base; su superficie, muy recargada de 
numerosos puntos hundidos, irregulares, rugosds, más numerosos y más granu- 
losos también, cerca de la sutura y del margen; existen, además, unas cuantas 
líneas transversales en la base de algunos; y en fin, una línea de puntos más 
gruesos, dirigiéndose oblicuamente de la base hacia la sutura, hasta el cuarto pos- 
terior de ésta. Toda la porción comprendida entre esta línea de puntos y la sutu- 
ra, es de un color carmin; después viene una faja anaranjada; el borde externo 
es verde. En la extremidad hay una lúnula amarillenta, que partiendo del án- 
gulo sutural sigue el margen hasta como al tercio del élitro, estando redondea- 
da en su extremidad superior. Esta lúnula recuerda bastante bien una coma, y 
está casi rodeada de una mancha negra, que se prolonga por delante en una len- 
güeta angular, que separa hasta el primer tercio los colores cobrizos de la sutura, 
del verde del margen. Trocánteres y patas amarillo claro. Rodillas negras, ex- 
tremidad de las piernas con una manchita, negra también, por debajo; las ante- 
riores apenas manchadas. Cuerpo por debajo verde, con las porciones centrales 



LA NATURALEZA 21 

oscuras. Bordo exterior del 4 y 5 anillos, amarillo, como también el resto, en el 
cual este color no deja sino una parte central negruzca: 6 anillos abdominales: 
alada. 

El insecto que nos ha servido para la descripción es del Estado de Veracruz, y 
nos ha sido regalado por el Sr. A. Sallé. Nuestro ejemplar es hembra, y de eso de- 
pende tal vez la diferencia que existe en el color del abdomen con los que vio 
Chevrolat, á los cuales da á los bordes del 3 o 4 o , y á casi todo el 5 y 6 un color 
amarillo. Dice también que este insecto es áptero, lo que ha sido un error, debi- 
do probablemente á que habiéndolo considerado como perteneciente al género 
Megacephala, no verificó el hecho. 

Nuestro ejemplar, por el contrario, está provisto de alas membranosas muy 
desarrolladas. 



Tetracha Mexicana. 

SIN.— Megacephala Mexicana, Chev. 1. C. Cení. i. E. 2. n° 25. 
Long. 0,018.— Lat. 0,006. 

2 Esta tetracha se diferencia muy poco de la precedente, la que tomaremos co- 
mo tipo de comparación, para evitar repeticiones 'inútiles. Los órganos bucales 
son idénticos. La cabeza un poco más lisa, pero con las principales impresiones 
iguales, y de un color verde general. Antenas y ojos como en la Gcniculaia. Pro- 
tórax de la misma forma, pero verde, salvo las eminencias, que tienen un refle- 
jo algo amarillo. Élitros de la misma forma, bastante puntuados en la mitad an- 
terior; la posterior casi lisa; los puntos más gruesos sobre la sutura. El color 
carmin es mucho más reducido, el naranjado casi nulo, el verde también más pe- 
queño, y en el lado se extiende más el azul. También la mancha negra es más 
grande y la lengüeta anterior penetra más entre los colores susodichos, y tiene la 
extremidad roma. 

Las líneas de puntos gruesos que recorren los élitros, como en la Geniculata, 
son más marcadas, y además se ve otra línea puntuada, situada sobre la mancha 
negra en la orilla interna de la parte superior de la lúnula; mas á veces está muy 
poco marcada y nunca pasa más allá del tercio posterior del élitro. 

Los apéndices locomotores son amarillo pálido, pero el negro de la rodillas está 
mucho más extendido, y ocupa casi la cuarta parte del muslo. El último anillo 
abdominal está ribeteado de amarillo, y vese el mismo color sobre las extremida- 
des del 4, 5 y 6. Hemos recibido uno de estos insectos de Guadalajara; otro lo 
cogimos en Tonila, cerca de Colima, y por fin, un tercero, nos ha sido traido de 
La Barca: este último, que es el más grande, parecía una variedad. En él domina 
el verde, que ocupa la cabeza y el centro del protórax, el cual tiene el borde late- 



22 LA NATURALEZA 

ral azul de Prusia. En los élitros el color carmín está reemplazado por el naran- 
jado; luego una faja verde, y por fin la mitad externa azul de Prusia, con reflejos 
morados. 



TRIBU III. — CICINDELIDOS. 
Th. Lac. 1. c t. I. p. 14. 

Palpos medianos, raras veces iguales; los labiales casi siempre más cortos eme 
los maxilares; su primer artejo alcanzando al máximum el nivel del ápice de los 
lóbulos laterales de la barba; el cuarto de los maxilares más largo que el tercero. 
— Un diente á veces poco aparente, en medio de la escotadura de la barba. — Ojos 
grandes, muy salientes, provistos de una órbita por arriba. — Los tres primeros ar- 
tejos de los tarsos anteriores, dilatados en los macbos. — Alas inferiores, muy ra- 
ras veces abortadas. 



GEN. Cicindela. 
Linnéo. Sis. nat.' II. p. 657. — Th. Lac. 1. e. p. 17. 

SIN. — Calochroa, Abroscelis, Hepladonla, Hope, the Coleopt. Man, 2 p. 19 y 2o. — Cylindera, 
Westw. Magaz. of Zoo!, and Bot. 1, p. 251. — Laphyra, Dupont. in Dej. Cat. ed. 3, p. 6. — Euryoda 
(Hepladonla, Hope), CheUonycha, Lacord. Mém. d. 1. Soc. d. Liége 1, p. 107 y 108. — Euryar- 
thron, Captopíria, Guérin. Ménev. Rev. et Magaz. de Zool., 1849, p. 81 y 146. — OEiüctomorpha, 
Craloluerea, Prepusa (Eulampra Chaud. Bull. Mos. 1848, p. 10, olim.) Chaudoir, Bull. Mos. 

... 1850, p. 11, sq. 

Diente de la barba fuerte y agudo. — Palpos medianos y cortos; los maxilares 
más largos que los labiales; el último de todos subcilíndrico, obtuso en la extre- 
midad. — Labro de forma variable, dentado ó no por delante, cubriendo solo una 
parte de las mandíbulas. — Cabeza bastante fuerte, no ó poco estrechada por de- 
trás, las más veces deprimida ó excavada por arriba. — Ojos muy salientes, reni- 
formes, provistos de una órbita por arriba. — Antenas filiformes. — Protórax y éli- 
tros de forma variable; el primero siempre más estrecho en su base que los segun- 
dos: éstos más ó menos largos y poco convexos por encima. — Los tres primeros 
artejos de los tarsos anteriores de los machos, dilatados en forma de cuadrilátero 
alargado, con más cejas adentro que afuera. — Siete anillos abdominales: el penúl- 
timo escotado en los machos, seis anillos no más en las hembras. 



LA NATURALEZA 23 

Cicindela Mexicana. 

Kliig. Jahrbücher der InsecterikunJe. • 
Ion?:. 0,010.— lat. 0,003. 

Mandíbulas amarillo blanquizco, con los dientes verdes y la extremidad negra. 
Palpos maxilares verdes; el último artejo de los labiales del mismo color, los otros 
blanquizcos. Labro amarillo blanquizco, sinuoso por delante, con un diente me- 
diano, cuatro puntos en medio y uno lateral, todos guarnecidos de un pelo grueso. 
Antenas con los tres primeros artejos verdes, brillantes los otros. ? 

Epistomo escotado en ángulo por delante, ribeteado de un verde metálico mez- 
clado de azul vivo. Ojos morenos con una órbita verde y roja, y un punto arri- 
ba. Frente roja, el resto de la cabeza cobrizo-oscuro, con algo de verde en la ba- 
se de las órbitas. Está finamente arrugada. 

Protórax cobrizo, con reflejos rojos, verde-metálicos. Surco longitudinal poco 
marcado, el anterior y posterior angulosos, principalmente el primero, verdes. 
Borde anterior con una línea dorada. Élitros á vista desnuda moreno-grisientos, 
con reflejos metálicos: vistos con lente ofrecen una infinidad de puntos azules rodea- 
dos de verde, puestos en un fondo rojizo. Sutura rojo dorado. Margen verde en la 
base y azul en la extremidad, finamente dentado. Sutura espinosa en la extremi- 
dad. En este punto hay una mancha verde dorado. En la espalda, en el surco for- 
mado por la callosidad, vense unos puntos gruesos, verdes y azules. Cerca del es- 
cudete sale una serie de puntos semejantes, los cuales, confluentes al principio, se 
apartan después y desaparecen cerca de la extremidad. Lúnula humeral empezan- 
do sobre la espalda, siguiendo el margen, y como al cuarto anterior prolongándose 
en una lengüeta interna bastante grande, que llega hasta la parte mediana del élitro. 
La posición marginal sigue formando una línea delgada, la cual llega hasta la mi- 
tad, y se prolonga también hacia dentro en otra lengüeta de forma cuadrangular, 
la que debe probablemente algunas veces juntarse con un punto sutural, deforma 
piriforme, con su porción adelgazada, dirigida hacia una punta que bíija de la len- 
güeta susodicha. En fin, un punto grueso, redondeado, se ve en el ángulo mar- 
ginal. 

Lados del protórax rojos, guarnecidos de pelos blancos. Pecho del mismo color, 
el esternón azul oscuro. Ancas posteriores verde mezclado de azul, así como tam- 
bién los primeros anillos abdominales los otros. ? Muslos y piernas verdes dorado. 
Todo el cuerpo por debajo, principalmente los lados del abdomen, cubiertos de pe- 
los blanquizcos. 

He hecho esta descripción sobre un insecto que el Sr. Boucard me hizo el favor 
de mandarme, bajo el nombre que encabezo esta descripción. 



24 LA NATURALEZA 

Cicindela luteolineata, Chev. 
long. 0,016.— lat. 0,007. 

Mandíbulas amarillo claro, con la extremidad y los dientes negros; á veces el 
amarillo ocupa solo la parte interna de la base. Palpos negros con reflejos verdo- 
sos, salvo el segundo de los labiales, que es blanquizco en los machos. Labro ama- 
rillo blanquizco, con el borde negro, tridentado, el diente de en medio más largo, 
y con seis puntos guarnecidos de un pelo grueso: de estos puntos hay cuatro en 
medio y uno en cada extremidad. Epistomo oscuro, escotado por delante en án- 
gulo bastante abierto, surcado transversalmente. Cabeza de un rojo de bronce, 
mezclado de verde, finamente arrugada en medio y mucho más arriba de los ojos: 
éstos con una órbita y un punto arriba de ella. Antenas con los cuatro primeros 
artejos brillantes de un negro verdoso, con anillos rojos, el tercero estando arma- 
do de tres ó cuatro pelos espinosos, los otros negruzcos. Protórax moreno rojizo, 
cubierto de una especie de pelusa, que le da la apariencia del terciopelo. Bordes 
laterales rojo dorados, con pelos blancos. Los surcos transversales angulares y 
muy marcados, el longitudinal muy poco. Élitros con el mismo aspecto atercio- 
pelado, la sutura sola, brillante, así como también el margen, que es de un color 
verde dorado. En medio de la base hay una fuerte depresión, con dos líneas de 
puntos verde brillantes, pero solo visibles con un buen lente. El color general ne- 
gro moreno. Una larga faja amarilla los atraviesa longitudinal pero oblicuamen- 
te, de afuera hacia dentro. Esta faja nace un poco abajo de la espalda y acaba cer- 
ca de la sutura, como al cuarto posterior del élitro, siendo un poco sinuosa en su 
parte media. La lúnula apical está ligeramente redondeada sobre la sutura; á ve- 
ces es recta en este punto, sigue el borde apical adelgazándose, y al llegar al ángu- 
lo externo se prolonga en una lengüeta interna de forma triangular. A veces esta 
lengüeta se aisla, y entonces se tiene un punto triangularen el ángulo marginal, 
y una línea apical: una espina muy pequeña acaba las utura. 

El cuerpo por debajo verde, azul y morado. En la hembra el último anillo (sex- 
to) es negro y brillante, deprimido y escotado triangularmente. En el macho, el 
sexto y el sétimo, negros: este último, redondeado. Los miembros rojos, con las 
rodillas y tarsos verdes. 

Este insecto, cuya determinación debemos al Sr. Sallé, nos ha sido traida de la 
Sierra de Guanajuato; lo he colectado también en la de Mazamitle, y por fin nos 
lo trajo últimamente nuestro buen amigo D. Epifanio Jiménez, de su hacienda de 
la Noria, cerca de la Piedad, con otros coleópteros demasiado interesantes. 



LA NATURALEZA ■>:, 

Cicindela unicolor. 

Dej. Sp. t. 1. p. 52. Cliev. Col. I. M. C. 2. E. 8. n° 177. 
Ion?. 0,012.— lat. 0,005. 

Chevrolat dice que este insecto le parece ser el mismo que la C. unicolor de 
Dejean, de los Estados-Unidos, á pesar de ser más chica, y que la disposición de 
sus colores sea un poco diferente. 

Es azul muy reluciente, con reflejos morados; los palpos y el protórax, por de- 
bajo, de un verde muy brillante (verde oscuro); el abdomen y el pecho verde azu- 
lejo (azul). Cabeza redondeada, azul por delante y atrás, amoratada en los lados, 
arrugada en medio por arriba y abajo de los ojos, y con un punto hundido debajo 
de la base de las antenas. Mandíbulas muy agudas, amarillas, negras y verdosas 
en la extremidad, con los dientes internos del mismo color. Labro amarillo (negro 
adelante y en los lados, amarillo solo en medio); tres dientes angulares (y un pe- 
queño resalto lateral); (cuatro puntos, y á veces seis, cerca del borde), el cual es 
negro. Epistomo anchamente escotado, en triángulo. Antenas negruzcas; los cua- 
tro primeros artejos de un azul muy vivo; tercero y cuarto verdes al principio (I o 
y 2 o más bien cobrizos, 3 o y -I o enteramente verdes), cubiertos de largos pelos 
blancos, principalmente el primero. Ojos morenos (blancos manchados de negro). 
Pro tórax un poco más largo que ancho, recto por delante y atrás, ensanchado la- 
teralmente entre los surcos transversales, de los cuales el anterior está más distan- 
te del borde; profundos, y con la parte central de la línea dorsal un poco elevada. 
Escudete ancho, redondeado triangularmente (agudo, verde en medio). Élitros 
cortos, apenas más largos que la cabeza y el protórax juntos; tan anchos como la 
primera, inclusos los ojos'; convexos, redondeados en la espalda y la extremidad, 
puntuados; una serie de puntos, distantes, bastante cerca de la sutura; margen ri- 
beteada; extremidad de la sutura verde, con una pequeñísima espina. El cuerpo, 
por debajo, verde (azul); patas también verdes; el tercer anillo abdominal como 
en muchas otras Cicindelas, se extiende lateralmente en forma de cuarto de luna, 
(estando ribeteados de amarillo; en la hembra, el sexto es negro y escotado trian- 
gularmente). 

Esta descripción está tomada de Chevrolat, quien no vio sino un macho colec- 
tado cerca de México. Las palabras puestas entre paréntesis, indican las diferen- 
cias que he notado en una hembra encontrada cerca de Guannjuato, y que va re- 
presentada en una de las láminas. 



26 LA NATURALEZA 

Cicindela flavopunctata. 

Chev. Col. d. Méx. C. 1. E. 2. n° 28. 
long. 11 mil. — lat. 4 mil. 

Labro saliente y redondeado, amarillo, con seis puntos sobre el borde, guarne- 
cido de pelos. Palpos maxilares verdes, con la extremidad del 3 o y 4 o moreno 
claro; labiales amarillos, con el último artejo verde. Epistomo un poco cimbra- 
do sobre la cabeza, con un surco transversal. Antenas con los cuatro primeros 
artejos verde azulado, mezclado de cobrizo, los otros cenicientos; el tercer artejo 
un poco arqueado. Cabeza finamente arrugada por arriba, entre los ojos, con 
dos pequeñas líneas verdes, longitudinales: roja en medio. Protórax corto, un 
poco más largo que ancho, cilindrico del lado de la cabeza, truncado en las ex- 
tremidades, y de un rojo vivo; con dos surcos transversales bastante distantes de 
los bordes, que se adelantan angularmente hacia el centro, donde se unen con la 
línea longitudinal; los lados tienen un ribete arqueado en el ángulo anterior: el 
posterior es elevado y brillante; surcos y lados verdes. Escudete triangular, rojo. 
Élitros más anchos que el protórax, redondeados en la espalda y en la extremi- 
dad, convexos, base deprimida arriba de la espalda; en cada élitro hay cinco man- 
chas redondeadas, dispuestas como sigue: 1? sobre la espalda; 2* y 3? una arri- 
ba de la otra: la 2? á veces muy chica; 4? pasado el medio más cercano de la 
sutura que las precedentes; 5? cerca del ángulo apical exterior. Extremidad fi- 
namente dentada; sutura apenas espinosa. Las patas y el medio del cuerpo, 
verdes; lados rojos, cubiertos de algunos pelos blancos; abdomen de un azul 
violado, con los últimos segmentos de un rojo azafranado. El fondo del color de 
los élitros está de un rojo más ó menos brillante, con puntitos azules rodeados de 
verde. 

Gracias á un ejemplar de este insecto, que me mandó el Sr. Sallé, colectado en 
Veracruz, y algunos otros encontrados cerca de Guanajuato, he podido comple- 
tar la descripción ya tan exacta de Chevrolat. 



Cicindela Carbonaria. 

Chev. Coleóp. d. Méx. C. 2. Ent. 6. n° 128. 

long. 10 á 11 mil.— lat. 4 Jí á 4>í mil. 

Corta, de un negro cambiante por arriba, azul por debajo. El macho tiene los 
élitros más estrechos y alargados. Cabeza desigual, con arrugas longitudinales 
apretadas, aplastada, azulada por delante; á veces tiene dos ó tres depresiones en 
su parte superior; frente convexa, surcada en su ápice: los lados, por debajo, ade- 
lantados, arrugados y azules. Labro amarillento, recto en el macho, arqueado 



LA NATURALIZA 27 

en los lados en la hembra, negruzco en el borde, tros dientes en me li >■ eia pun- 
tos, con un pelo grueso en cada uno, más distantes en el macho. Mandíbulas 
amarillas, la extremidad y el último diente, negros. Palpos n< en el macho 

los labiales son leonados, con el último artejo moreno oscuro. Epístomo angular- 
mente escotado, surcado transversalmen te. Ojos amarillento» ó morenos puntua- 
dos de negro. Protórax corto, cuadrado; el primer surco transversal, saliendo de 
los ángulos anteriores, angular; el segundo sinuoso, aproximado á la basé, pro- 
fundo en su punto de unión con la línea longitudinal, como también en los Indos; 
ligeramente ribeteado, salvo por delante; parte superior un poco desigual; la in- 
ferior transversalmente sinuosa en la base, lisa, azul, cubierta de unos cuantos 
pelos blancos. Escudete triangular, arrugadito, más grande en el macho. Élitros 
del tamaño de la cabeza, inclusos los ojos; redondeados en la extremidad del mar- 
gen, angulares en la extremidad de la sutura, desiguales y marcados de varios 
puntos bastante gruesos. Muslos de un negro azulado, con una serie de puntos 
longitudinales y algunos pelos blancos; piernas verdes, dos largas espinas en su 
extremidad. Los tres primeros artejos de los tarsos anteriores del macho largos, 
dilatados y velludos por un lado. Pecho y abdomen azules, con pelos blancos. 

Variedades: a Élitros enteramente negros. /? Un punto amarillo encima de 
la espalda, por fuera. Y Negros, con dos puntos amarillos cerca de la sutura, más 
allá del medio. S Negros, con un punto humeral, un sub-marginal en medio, un 
otro sutural más abajo, todos amarillos. 2 Puntos dispuestos como en la varie- 
dad S pero más oscuros; el sutural trígono, alargado. £ Punto humeral, dos sub- 
marginales, y uno á lo largo de la sutura, amarillos; los tres últimos colocados 
en triángulo. Esta variedad es la C. lugens de Klug. Jahrbiicher der Insecten 
kunde p. 34. v Punto humeral, punto sub-marginal casi unido al sutural, for- 
mando una faja oblicua, lúnula apical entera, amarillos. 

Se encuentra en las Vigas y también en Guanajuato, donde cogimos una hem- 
bra en todo semejante á la descripción de la variedad a, de Chevrolat, y que va 
representada en las láminas. Sus élitros tienen un aspecto completamente seme- 
jante al moiré de aguas. 



Cicindela Papulosa, Chaudoir. 
Lona. 0,010— Int. 0,00o. 

s De un negro ceniciento por arriba, azul y violado por debajo. Cabeza un 
poco deprimida, longitudinal, y finamente arrugada en toda su superficie; negra, 
con reflejos cobrizos. Vese una faja verde en forma de herradura, empezando en 
las extremidades anteriores de las órbitas y acallando como á la mitad posterior. 
Una gruesa mancha verde detrás de los ojos. Ribete de las órbitas azul, verde y 
cobrizo. Frente arrugada como la cabeza, negra en medio: este color rodeado de 

La naturaleza.— Tomo V.— 4. 



28 LA NASrUBALEZa 

una foja violado rojo. Epistomo separado de la frente por un surco angular hacia 
delante; su borde anterior al contrario, escotado también angularmente: mitad 
anterior azul verdoso, posterior violada. Labro amarillo oscuro, elevado en me- 
dio; su borde libre, muy onduloso, con un diente mediano; después una escotadu- 
ra, y por fin dirigido oblicuamente hacia el ángulo lateral, formando así una on- 
dulación dentiforme á cierta distancia del diente mediano. En nuestro único ejem- 
plar, un incidente quizás partió la undulación izquierda, y se formaron dos dien- 
tecitos: ángulos sub-agudos. Borde anterior negro. Cuatro puntos guarnecidos 
de un pelo de cada lado, tres cerca del medio; el cuarto casi en la orilla externa. 
Mandíbulas amarillo claro, con la extremidad y los dientes negros. 

Palpos maxilares con el segundo artejo negro, moreno en la extremidad, 3 o y 
4 o verdes. Palpos labiales amarillo claro, con el último artejo verde. Antenas 
con los cuatro primeros artejos teñidos de negro, cobrizo y verde; los otros ne- 
gruzcos. Ojos negros. Protórax poco más largo que ancho, sub-cilíndrico, sur- 
cos transversales distantes de los bordes, los dos angulares en su punto de unión 
con la línea longitudinal, los tres verdes; los bordes anteriores y posteriores co- 
brizo oscuro; los laterales con fajas de color cobrizo verde, azul y violado, con dos 
líneas de puntos guarnecidos de pelos blancos: el resto negruzco. Escudete an- 
gular, negro; élitros un poco redondeados en la espalda, más en la extremidad, 
que está finamente dentada; una espina bastante fuerte en la extremidad de la 
sutura. Al ojo desnudo, parecen de un negro ceniciento un poco rojizo; pero con 
un lente fuerte vense una infinidad de puntos azules en medio, rodeados de verde, 
y por fin de cobrizo; de estos hay tres ó cuatro más grandes, formando una línea 
presutural un poco oblicua hacia adentro. Vense también unas manchas de un ne- 
gro intenso y como aterciopeladas, dispuestas como sigue: 1? redonda, como al 
tercio, un poco más aproximada del margen que de la sutura; 2? abajo de la 1?, 
uniéndose por una línea delgada con la 3?, que está más cerca de la sutura. Por 
fin. 4% en el ángulo posterior externo, en forma de coma, dirigida de arriba 
abajo, y de adelante afuera. 

La cabeza, por debajo, violada; protórax cobrizo, con su borde posterior viola- 
do; mesotórax cobrizo vivo; metatórax violado, como también los primeros ani- 
llos abdominales; el 4 o y 5 o verdes en medio; 6 o y 7 o negro brillante. 

Todas estas partes, salvo el medio del abdomen y sus últimos anillos, cubiertas 
de pelos blancos. 

Miembros verdes con reflejos cobrizos y cubiertos de pelos blancos. Los tres 
primeros artejos de los tarsos anteriores, dilatados y finamente velludos por de- 
bajo. 

Encontré este insecto en las cercanías de Guanajuato, y fué determinado en 
el Museo de Lvon. No conozco la hembra. 



LA NATURALEZA 20 

Cicindela Mellyi. 

Ghaud: líull. de Moso. 1888. • 
long. 0,0i2.— lat. 0,00». 

> 

¿ Morena por arriba, cobriza por debajo^ Cabeza finamente- arrugada, cobriza 

en medio, después con una faja azul y una amarilla, y por fin cobriza también 
encima de las órbitas; la parte posterior bronceada. Mejillas arrugadas^ verdes y 
amarillas. Epistomo de forma normal, rojo en medio, verde mezclado de violado 
en los lados. Labro amarillo, con su borde negro ligeramente saliente en medio; 
recto en lo demás de su extensión. Seis puntos guarnecidos fie polos: cuatro en 
medio, uno en cada ángulo. 

Mandíbulas largas, amarillas en la base por afuera, los dientes verdes y la pun- 
ta negra. Palpos maxilares con los primeros artejos cobrizo-oscuro: el último ver- 
de; labiales amarillo claro, con el último artejo verde. 

Antenas con los cuatro primeros artejos verdes mezclados de cobrizo, los otros 
negruzcos. Protórax apenas más largo que ancho, los surcos transversales algo 
distantes de los bordes, un poco angulosos en su punto de unión con la línea lon- 
gitudinal, la cual está poco marcada, todos verdes ó azules. Las elevaciones del 
disco cobrizo-oscuro en medio, rodeadas de un anillo cobrizo rojo muy vivo. 
Los bordes laterales con fajas alternativamente verdes, amarillas y rojas, con pe- 
los blancos, borde anterior cobrizo-oscuro, posterior cobrizo rojo. Escudete, agu- 
do, cobrizo. Élitros redondeados en la espalda y la extremidad, la cual está fina- 
mente dentada, y con una espinita en la sutura; cobrizos, salvo la extremidad 
apical, que es Verde: los mismos colores se ven en el margen. El color general, 
al ojo desnudo, es moreno cobrizo, y como aterciopelado; pero con un buen aumen- 
to vese un fondo cobrizo rojo, acribillado de puntitos verdes. Cada élitro tiene 
cinco puntos y una lúnula apical, amarillos: I o , en la espalda; 2 o , como al primer 
quinto, ovalar y más cercano del margen quede la sutura; 3 o , abajo del 2 o , cua- 
drilongo, unido en el ángulo interno é inferior, por medio de una línea con el 4 o , 
que es redondo, y colocado cerca de la sutura; 5 o , en medio del élitro, enfrente 
del ángulo apical externo; 6?, entre 4 o y 5 o , en el margen, en forma de medio 
círculo. Por fin, la lúnula apical, formada de dos puntos triangulares, unidos 
por una fajita. Cabeza por debajo verde, protórax cobrizo y verde, con pelos 
blancos en los lados. Pecho violado, con pelos blancos también. Abdomen ama- 
rillo anaranjado, velludo en los lados. Muslos verdes mezclados de cobrizo, pier- 
nas verdes con sus extremidades y los tarsos, violados. 

Esta especie es originaria del Estado de Yeracruz, y me ha sido remitida por 
el Sr. Sallé. Desconozco la hembra. 



30 LA NATI RALEZA 

Cicindela Sommeri. 

M.innerheim. Bul!, de Mosc. 1837. 
long. 0,011.— lal. 0,004. 

¡ Cobrizo-oscura, con reflejos verdosos por encima, negra y cobriza por deba- 
jo. Cabeza finamente arrugada, cobrizo-oscura, con dos pequeñas manchas ver- 
des, y también verde detrás de los ojos. Ribete de las órbitas cobrizo vivo; una 
depresión transversal separa la frente del vértice, el cual es ídgo elevado en me- 
dio. Epistomo arqueado, cobrizo-oscuro. Labro unduloso por delante, con un pe- 
queño diente mediano y ocho puntos hundidos; tres de cada lado del diente, y uno 
del ángulo; rojo mate con el borde negro, elevado en medio, ofreciendo cerca 
de la base un surco arqueado. Mandíbulas con la parte exterior de la base, roja 
y el resto negro. Palpos maxilares negros, con reflejos cobrizos; el último artejo 
de los labiales de este color, y los otros blanquizcos. Ojos pálidos. Antenas 
con los cuatro primeros artejos, cobrizos, los otros negruzcos. Protórax sub-cilín- 
drico, más largo que ancho; surcos transversales bastante distantes de los bordes; 
el anterior más anguloso que el posterior, línea longitudinal poco marcada, los 
tres verdes; bordes laterales cobrizo vivo, con una línea de puntos verdes guar- 
necidos cada uno de un pelo blanco; el disco cobrizo-oscuro, mezclado de verdo- 
so. Escudete agudo, cobrizo. Élitros redondeados en la espalda, cortados un poco 
oblicuamente en la extremidad, finamente dentados en este punto; la sutura ape- 
nas espinosa. Son cobrizo-oscuro mezclado de verde á la simple vista, con un 
fuerte lente cobrizos y acribillados de puntos verdes. Tienen unas manchas leo- 
nadas así dispuestas: 1? Una lúnula humeral, empezando sobre el ángulo exter- 
no de la espalda, siguiendo un poco el margen,, y acabando por dentro en una 
mancha sub-arredondada bastante grande. 2 ? En medio, una ancha faja nacien- 
do en el margen, llegando casi hasta la sutura, un poco oblicua hacia abajo; en 
el margen esta faja se prolonga de arriba abajo en unas lengüetas; la superior 
alcanza la lúnula humeral, pero la inferior no llega hasta la 3? mancha, que 
está formada de un grueso punto un poco ovalar, tocando por una extremi- 
dad el margen y colocada en el ángulo apical externo. Sutura cobriza. Margen 
azul, con la extremidad apical verde. Miembros velludos, cobrizos, salvo la ex- 
tremidad de las piernas y de cada artejo de los tarsos, que son verdes. Cuerpo 
por debajo cobrizo en los lados, donde es muy velludo; negro con reflejos cobrizos 
en medio. Abdomen, rojo-oscuro, velludo en los bordes, no metálico. 

Según el Sr. Sallé, que me la remitió, esta Cicindela se encuentra en el Estado 
de Veracruz. 



LA NATURALEZA :il 

EXPLICACIÓN DE LA LÁMINA. 

Fig. 1", Tetracha genw&lata.—Fig, 2», T. mexicana; a 2 maula, b ¿ barba. — Pig. 3 a . variedad 
— Fig. V, Cicindela mejicana; a i barba.— Fig. *¡\ C. luleolineala; a ."i mandíbula, b •'» barí 

pos labiales y raaxila. — Fig. (5 a , C. unicolor; a (i labro.— Fig. 7 a . C. flavopunctata; a 7 labro.— 
Fig. 8 a . C. rin-lioiiíiria; a 8 labro.— Fig. 9 a , C. papulosa; a !l labro.— Fig. 10 a . C. ¿1fe%{; a 10 la- 
bro.— Fig. II a . £. Xommcri; a II labro. 



TRASFORMACION DEL AJOLOTE MEXICANO EN AMBLISTOMA 

POR EL SEÑOR DOCTOR AUGUSTO WEISMANN, 

Profesor Je Zoología en Freiburg, Ereisgan. 

(Traducido del Animal Ileport •('• of the Smilli. Inst, 1877, por el Sr. Miguel Pérez, 

socio de número.) 



DESDE que Duméril anunció por primera vez el cambio de algunos ajolotes 
mexicanos en la forma llamada Amblistoma, x esta Salamandra mexicana 
fué conservada en acuarios en muchos lugares de Europa, principalmente con la 
mira de examinar las condiciones en que tal cambio se efectuaba, para deducir en 
seguida las conclusiones debidas, acerca de las causas reales de esta excepcional 
y misteriosa metamorfosis. 

Los individuos se propagaron fácilmente en todas partes y en gran número. A 
pesar de ello, no solo permanecieron ignorados los casos en que ocurrió la tras- 
formacion, sino que nadie pudo darse cuenta de si ésta era debida á circunstancias 
extemas, ó dependía de causas puramente intrínsecas, y mucho menos pudo en- 
contrarse ninguna influencia externa definitiva que determinase con certeza la 
metamorfosis. 2 

Pero entretanto se decide este punto, descansan sobre uñábase falsa todas la- 
interpretaciones teóricas lo mismo que el uso del fenómeno. 

Siempre me ha parecido de un interés muy especial la. historia de la trasforma- 
cion de los ajolotes. Me parece muy posible, que este único caso especial, pudie- 
ra servir para asegurarnos de la exactitud de los principios fundamentales, según 
los cuales el origen de las especies es debido, ó al desarrollo, ó á una creación 
distinta ó heterogénea. Así, pues, me resolví á hacer yo mismo experiencias con 
el ajolote, esperando que podría, tal vez, dar alguna luz sobre el particular. 

En el año de 1872, Herr von Kólliker tuvo la bondad de obsequiarme con cin- 
co de los ajolotes que había criado en "Würzbúrg. En el año siguiente, éstos ha- 

l Véanse las ñolas al fin. 



M LA NATURALEZA 

bian producido una abundante cría; con ellos traté de dilucidar la cuestión de si 
era posible ó no violentar la trasformacion en todas las larvas, ó al menos en la 
mayor parte, si se les ponia en circunstancias que hicieran difícil el uso de las agri- 
llas y fácil el de los pulmones. Esto, en otros términos, seria obligarlos desde cier- 
ta edad á vivir á medias en tierra. Más adelante se verá en qué principios teóri- 
cos se apoyaba mi idea. 

Por de pronto, no obtuve resultado en ese año. La mayor parte de las larvas 
murieron prematuramente. En los pocos que sobrevivieron no hubo trasforma- 
cion; pero vivieron hasta principios del año siguiente, muriendo paulatinamente. 

Esto fué debido, sin duda, al poco cuidado que pude consagrarles, por causa 
de una ausencia dilatada de Freiburg, así como por otras labores. Mo convencí de 
que no puede obtenerse buen resultado en su crianza, si no es dedicándoles exqui- 
sitos cuidados, sin desanimarse por tener que emplear considerable tiempo todos 
los dias, durante meses enteros. Claro está que yo no podia hacerlo, sin desaten- 
der otros asuntos; así, pues, recibí con júbilo la oportunidad que se me presentó 
de ver los experimentos hechos por otra persona. 

Miss von Chauvin, señora bien conocida de varios corresponsales en este De- 
partamento por sus hermosas observaciones sobre las Friganídeas (por desgracia 
inéditas aún), se propuso el año siguiente tomar cierto número de larvas acabadas 
de salir del huevo, criarlas, é intentar el traerlas, obligándolas en cierto modo, á 
las condiciones de la Amblistoma. Por los siguientes apuntes de la misma señora, 
puede verse el buen éxito obtenido, convenciéndose de que esto fué debido espe- 
cialmente al cuidado y delicadeza empleados en el tratamiento. • 



EXPERIMENTOS. 

«Di principio á los experimentos en 12 de Junio de 1874, con cinco larvas de 
ocho dias de edad, que sobrevivieron á las doce que me habian dado: con motivo 
de lo muy tierno de dichas larvas, la clase y temperatura del agua, y la calidad y 
cantidad de alimento que seles dieron, especialmente en el primer período, ejer- 
cieron sobre ellas grande influencia, al grado de que "el mayor cuidado era insufi- 
ciente para atenderlas. 

« Los pequeños individuos se conservaron en pescaderas de 30 centímetros de 
diámetro; la temperatura del agua se llevó al grado necesario, y como alimento se 
les dio al principio Dafnidas, y después animalejos acuáticos en mayor cantidad. 
De esta manera las cinco larvas se desarrollaron perfectamente. Hacia fines de Ju- 
nio se observaron en las larvas más robustas, los rudimentos de las patas delante- 
ras, y en 9 de Julio comenzaron á aparecer las posteriores. A fines de Noviembre 
noté que un ajolote, — al cual, por evitar confusión distinguía yo con el número 
/, y á los demás con los siguientes números, — se conservaba constantemente en 



LA NATURALEZA 

la superficie del agua^ lo que rae hizo suponer que había llegado el tiempo ji- 
para prepararse á la metamorfosis en salamandra ten 

«Coloqué entonces a I, en I o de Diciembre de 1874, en un vaso mucho ma- 
yor, de fondo plano, colocado y lleno de tal manera, que solamente en un punto 
podía / sumergirse en el agua, mientras .en todos los demás podia quedar más ó 
menos en contacto con el aire. En los dias siguientes, se le disminuyó el agua 
gradualmente, y durante este tiempo comenzaron á manifestarse en el animal los 
primeros indicios de cambio: las agallas empezaron á contraerse; á la vez, mos- 
traba el individuo preferencia por los lugares menos profundos: en 4 de Diciembre 
saltó sobre la copa de musgo húmedo, que anteriormente había puesto sobre otra 
de arena, en la parte más alta del fondo plano é inclinado del vaso. A esto se si- 
guió la primera muda. En los dias del 1° a] 4 de Diciembre se operó un cambio 
notable en el exterior de /: las crestas de las agallas se contrajeron casi por com- 
pleto; la cresta de la espalda sfc desvaneció del todo, y el tronco principal de la co- 
la adquirió una forma redondeada como la de las salamandras terrestres. El co- 
lor gris pardusco del cuerpo se trasformó gradualmente en negruzco; aparecieron 
en diversos puntos manchas blancas, apenas perceptibles al principio, y que poco 
á poco se hicieron más aparentes. 

« ( 'uando el cha 4 de Diciembre saltó el ajolote fuera del agua, los orificios de 
las agallas estaban aún abiertos, y en cerca de ocho dias ya no eran perceptibles 
y se cubrieron de piel. 

« De las otras larvas, tres estaban tan desarrolladas como I, cuando ésta salió 
á la superficie del agua á fines de Noviembre, — lo cual indicaba que también 
para ellas había llegado la época precisa en que debía violentarse la trasforma- 
cion. — Se les sometió al mismo tratamiento, //cambió en el mismo tiempo que 
/, y precisamente como ésta: tenia sus agallas perfectas cuando fué colocada en el 
agua, y después de 4 dias estaba completamente desprovista de ellas. Saltó á 
tierra, y en el curso de 10 dias se efectuó la desaparición de los orificios de 
las agallas, tomando el animal la forma de salamandra. Durante este últi- 
mo tiempo no tomaba alimento el animal, sino cuando se le obligaba. 

« Con III y IV e\ cambio se efectuó más lentamente. No buscaban con tanta 
frecuencia los lugares secos, y generalmente no se exponían mucho tiempo al ai- 
re; de modo que trascurrió la mayor parte de Enero sin que hubieran saltado por 
completo á tierra. Sin embargo, la desaparición de las agallas no exigió más tiem- 
po que con / y //. La primera muda también se verificó tan luego como salta- 
ron á tierra. 

« V demostró más irregularidad en las trasformaciones, que III j IV. Esto 
no debía sorprender, pues este individuo desde el principio pareció mucho más dé- 
bil que los otros, y también fué tardío en su desarrollo. Se necesitaron quince 
dias en vez de cuatro, para que llegara al grado de poder abandonar el agua. 
Tenia un interés particular el estudio de la condición de este individuo, durante 



34 LA NATURALEZA 

este tiempo. Como era de esperarse de su naturaleza delicada, era mucho más sen- 
sible que los otros á todas las influencias exteriores; tomaba un color más claro si 
se le expenda mucho tiempo al aire. Además, producía un olor peculiar, semejan- 
te al que despiden las salamandras cuando se ven en peligro. Tan luego como se 
notó este cambio de color, se le colocó en agua más profunda, en la que se sumer- 
gió desde luego, recobrando gradualmente su primitivo color y cubriéndose de 
nuevo las agallas. Se repitió la misma experiencia varias veces, dando siempre 
el mismo resultado, de lo cual puede deducirse que violentando mucho al indivi- 
duo para acelerar su trasformacion, puede ocasionársele la muerte. 

«Queda por decir, que el ajolote V saltó á tierra, no como los otros, á la pri- 
mera muda, sino al tiempo de la cuarta. 

« Todos ellos viven en la actualidad vigorosos y muy desarrollados. En cuanto 
á sus alimentos, para favorecer la propagación, nada puede decirse de cierto. El 
mayor de los cuatro primeros mide 15 centímetros de longitud, y el número V 12 
centímetros. 

« Lo dicho hasta aquí demuestra la exactitud de lo asentado al principio: la ma- 
yor parte, si no todas las larvas de los ajolotes, completan su desarrollo, si salen 
sanos del huevo y se les alimenta de la manera debida, y si se encuentran en cir- 
cunstancias apropiadas para poder respirar en el agua y fuera de ella. Debe en- 
tenderse que esta serie de operaciones debe hacerse muy gradualmente, de modo 
que no se violente demasiado la fuerza vital del animal. 
« Freiburg, Breisgau, Julio de 187o. — Mame W. Chatjvin.» 

Por lo antes dicho, se comprenderá que en los cinco casos mencionados el cam- 
bio ha sido completo, sin que deban confundirse con los que sufren más ó menos 
los ajolotes encerrados en pequeños vasos de agua, principalmente cuando hay con 
frecuencia variaciones que parecen acercarlos á la forma de la Amblistoma sin lle- 
gar á alcanzarla. En los cuatro ajolotes que en la actualidad poseo en completo 
desarrollo, y de los cuales dos tienen, cuando menos, cuatro años de edad, las aga- 
llas todas están demasiado contraidas; pero la cola y la cresta no han cambiado. 
La cresta puede también desaparecer y la cola disminuir, sin trasformarse por 
completo en Amblistoma, como se' demostrará más adelante. En cuanto al tiem- 
po en que se efectuó la trasformacion, el ajolote I se adelantó 12 ó 14 dias al F. 
En cuatro de dichos dias se efectuó el primer cambio, durante los cuales el ani- 
mal permaneció aún en el agua; el resto del tiempo se empleó en la terminación 
del cambio. Duméril fija en 16 dias el tiempo en que se efectúa la trasformacion. 

De los experimentos anteriores, lo siguiente me parece especialmente digno de 
notarse: las larvas de cinco ajolotes únicos, que deben contarse, puesto que los 
otros murieron prematuramente, todas, sin excepción, sufrieron cambio com- 
pleto, tras formándose en Amblistomas. Uno de ellos, el número /, por la afi- 
ción constant en nadar en la superficie, que se le notó desde el fin del sexto mes, de- 



LA NATURALEZA 35 

mostró una inclinación manifiesta al cambio y á respigar con los pulmones. Pue- 
de muy bien asegurarse, con respecto á este individuo, que sin la ayuda artificial 
hubiera llegado á salir á tierra y experimentado la trasformacion; precisamente lo 
que sucedió en un caso de treinta ejemplares, observado por Duméril. 

Por otra parte, en cuanto á los números II, III y IV, tal suposición .seria muy 
poco probable; las tres larvas trataban de colocarse en el agua más profunda, evi- 
tando, hasta donde era posible, los lugares descubiertos en donde estaban obliga- 
dos á solo la respiración pulmonar, completando el cambio después de más de 
un mes. 

En cuanto al número V, apenas puede caber duda de-que hubiera efectuado el 
cambio sin el hábito forzado de permanecer en el aire. De estos resultados puede 
muy bien deducirse la conclusión, de que la mayor parte de las larvas de los ajolo- 
tes toman la forma de Amblistoma, si á la edad de seis á nueve meses son puestos en 
agua poco profunda, en donde tengan que respirar de preferencia con los pulmo- 
nes. Los experimentos en cuestión son en corto número, para poder asegurar que 
tal conclusión no sea aventurada, tanto más, cuanto que Duméril, entre muchos 
centenares de ajolotes, obtuvo solamente unas 30 Amblistomas, así como también 
entre varios centenares de ajolotes, Von Kolliker pudo apénsfe obtener una sola 
Amblistoma. 3 

Queda únicamente la duda acerca de si todas las larvas pueden ser obligadas á 
trasformarse, y esta cuestión solo se resolverá por nuevos experimentos. Tuve in- 
tención de diferir la publicación de los anteriores, hasta que JNIiss Yon Chauvin los 
repitiese en mayor escala. Pero como mis ajolotes no tuvieron cría en este año 
(1875), tengo que dejar este asunto al tiempo, y puedo hacerlo, con tanta mayor 
voluntad, cuanto que es de algún valor para el interés teórico, el hecho de si todos 
los ajolotes ó la mayor parte de ellos pueden ser obligados á sufrir la trasforma- 
cion. Por otro lado, no debe pasar inadvertido que el preparador de este Museo 
Zoológico, Herr Gehrig, destinó un gran número de larvas, de la misma incuba- 
ción, á los experimentos de Miss Von Chauvin, y que de éstas, seis pasaron todo el 
invierno sin sufrir la trasformacion; fueron siempre conservados en agua pro- 
funda, es decir, de un modo contrario á lo que se habia hecho en los experimentos 
antes mencionados, demostrando que toda esta incubación estaba desprovista com- 
pletamente de disposición para experimentar el cambio. 4 

Ahora, si hemos de utilizar estos nuevos hechos para aclarar nuestros conceptos 
acerca de la naturaleza de este procedimiento inusitado de trasformacion, debemos, 
ante todo, traer en auxilio nuestro, los datos ya conocidos. 

En primer lugar, debe asentarse que, el Siredon mexicano, en subáis, has- 
ta donde sabemos, nunca sufre la trasformacion. En aquellas localidades 
solo es conocido bajo la forma de Siredon. 5 De Saussure, que observó por sí 
mismo el ajolote en las aguas mexicanas, es quien lo asegura. Este naturalista 
jamás ha visto ni un solo Amblistoma en las cercanías de los lagos, y « sin eni- 

La Naturaleza.— Tomo V.— 5. 



36 LA NATURALEZA 

bargo, la larva del ajolote es en aquel país tan común, que es llevado á milla- 
res al mercado.» De Saussure* 1 cree que el ajolote no sufre trasformacion en 
México. 

Cope 6 asegura resueltamente lo mismo, é individuos del Sircdon mexicanus, 
criados por él en América, también en cautiverio, no demostraron ninguna incli- 
nacion á la trasformacion. Por otra parte, Tegetmeier c vio el cambio iniciado en 
un individuo, entre cinco procedentes del Lago de México, quedando así estable- 
cido el segundo hecbo de que los gemimos y reales ajolotes, en ciertas circuns- 
tancias se tras forman definitivamente en una Amblistoma. 

Esta observación seria superfina, si fuera cierto, como se creyó por mucbo tiem- 
po, que el ajolote del Jardin de Plantas de París, en el que primero se observó la 
metamorfosis, y que tanto llamó la atención en su tiempo, perteneciera actual- 
mente á la especie Siredon mexicanus, el único Siredon que en su país lleva el 
nombre de ajolote. 

En su primer informe, el mismo Duméril fué de esta opinión; llamó al individuo 
Siredon mexicanus, sin. Humboldtü;' 1 pero más tarde, en su trabajo detalla- 
do* sobre el cambio del ajolote del Jardin de Plantas, insistió sobre este punto, y 
después de un examen crítico de los cinco Siredonas descritos, llegó á la conclu- 
sión de que el ajolote del Museo de París sería probablemente Siredon lichenoi- 
dis, Baird. 

Así es que todas- las trasformaciones de ajolotes, observadas en Europa, tenían 
que referirse á esta especie, porque (al menos basta donde se sabe), todos descien- 
den de la cría de París; de allí también indirectamente vienen los ejemplares que 
sometí á la experiencia. 

Seguramente, esto no va de acuerdo con el hecho de que la forma de Amblisto- 
ma que obtuvo Duméril de sus ajolotes, correspondía con la Amblystoma tigri- 
num, Cope, mientras que según Marsh, / el Siredon lic/ienoides, Baird se tras- 
forma en Amblystoma mavortium, Baird, cuando sufre la metamorfosis comple- 
ta. Marsh encontró el Siredon lichenoides en los lagos Alpinos, á 7,000 pies 
sobre el nivel del mar, en la parte S. O. de los Estados-Unidos (territorio de 
Wyoming), y alimentándolo en acuarios obtuvo de él el Amblystoma mavortium 
Baird. Sin embargo, duda acerca de si el animal siempre sufre el cambio en su 
país, de seguro, sin ningún fundamento cierí», y solamente por la hipótesis de que 
allí la temperatura es más baja, y por consiguiente menos favorable para el cam- 
bio. Si dudo de la exactitud de esta última opinión, es solo porque la Amblys- 

a Verhandl. d. Schweiz. Naturforsch. Gefsellschaft. Einsiedeln, 1868. 

b Dana and Silliman, Amer. Jour., 3 d. series, i, p 89 Annals Nat. Hist., VII, p. 246. 

c Proceed. Zool. Soc. 1870, p. 160. 

d Compt. Rend., tom. 60, p. 765 (1865). 

e Nouvelles Archives du Muséum d'Hist. Nat. Paris, 1866, Tome II. p. 268 

f-g Proceed. Roston Soc, vol. XII, p. 97. 



LA NATURALEZA 37 

'toma mavortium, en su estado natural, ha sido encontrada en muchas partes de 
los Estados-Unidos, principalmente en California, Nuevo-México, Texas, Nebrag* 
ka y Minnesota. Sin embargo, no es enteramente increíble, que precisamente en 
los Lagos Alpinos ocupe la especie, con respecto á la trasíbrmacion, una posición 
diferente de la que ocupan otros habitantes. Esto se verá en las observaciones so- 
bro el Tritón, de que se hablará adelante. Así, pues, mientras no se hagan ob- 
servaciones posteriores, debemos suponer que los ajolotes de Paris no son Siredon 
lichenoides, sino acaso una nueva especie que con ellos se relaciona muy ínti- 
mamente. Mientras tanto, no quedará mucho que averiguar sobro esto, tan solo 
con llegar á demostrar que este ajolote, en su país, no experimenta la metamor- 
fosis, ó á lo menos la experimenta tan excepcionalmente como en Europa. Des- 
graciadamente no hay en el trabajo de Duméril ninguna noticia del lugar en que 
fué encontrado este animal «mexicano;» acaso la localidad le era desconocida, y 
así puedo solamente asegurar, apoyándome en la autoridad de Cope, que jamás ha 
sido traida una Ambhstoma del Sur de las provincias de Tamaulipas y Chihua- 
hua; esto es, del Sur del Trópico,* lo cual, sin embargo, no está demostrado. Es 
de mucha más importancia el hecho antes mencionado, de que el ajolote genuino 
de los lagos que rodean á México nunca experimenta el cambio en Ainblistorna, si- 
no que esta especie, también en casos aislados, sufre la trasformacion en cautive- 
rio. Ahora, de esto, y del hecho de que los ajolotes de Paris en cautiverio solo se 
trasforman en muy corta proporción, puede concluirse que también en su país ó 
no se trasforman del todo, ó esto acontece como una excepción. 6 Pero hay aún 
otra serie de hechos muy esenciales para el caso, al revisar la historia de las tras- 
formaciones: aludo á la existencia de un número considerable de especies de 
Amblistomas en estado natural. En la «Revisión der Salamandriden-Gattun- 
gen» (Revista de los géneros de las salamandras) que Strauch 6 dio á luz hace al- 
gunos años, están representadas, según los ejemplos de Cope, c veinte especies de 
la Amblystoma Tschudi, que habitan en la América del Sur. Ahora, aunque un 
corto número de estas especies están basadas en un solo ejemplar, y por consi- 
guiente, según Strauch dice, con razón, «deben ser suprimidas con el tiempo, > 
sin embargo, queda toda una serie de especies que ciertamente viven y se propa- 
gan como Amblistomas que moran desde la latitud de Nueva-York hasta la de 
Nuevo-México. De aquí se deduce que hay especies de Siredones que en sus 
condiciones naturales de vida toman regularmente la forma de Amblistoma 
y se propagan en ella, mientras que por otro laclo hay, al menos, dos especies 
que, en sus actuales condiciones naturales de vida, solo se propagan como 
Siredones. Este hecho debe mencionarse con una frase especial cuando decimos el 
ajolote mexicano, como cuando decimos el Siredon de Paris; pues este llama- 

a Dana and Silliman, Amer. Journ., 3 d ser. i, p. 89. Aunáis of Nat. Hist. Vil. p. 2i6. 
b Proceed. Acad. Piulad. XIX, 1867, pp. 166-209. 
c Mem. Acad. Pelersb.. t. XVI. 



38 LA NATURALEZA 

<lo lichenoides ó algo más, descansa en un período filético de desarrollo, in-' 
ferior al de las otras especies que se propagan en la forma de Amblistoma. Na- 
da se puede objetar á esto, mientras que otra proposición expresa ó tácitamente 
admitida por todos los autores, incluye o representa una teoría que juzgo inexac- 
ta. Esa proposición es: «el ajolote mexicano ha permanecido en un período fi- 
lético inferior de desarrollo. » Todos los zoologistas que se han ocupado de las tras- 
formaciones del ajolote mexicano, y que no abrigan ya, como su primer observa- 
dor, las ideas de Cuvier acerca de la inmutabilidad de la especie, se ocuparon del 
asunto, como si se tratara de una especie que por ciertas circunstancias especia- 
les hubiera permanecido atrás en un período inferior de desarrollo, y por ciertas 
influencias se la hubiese estimulado á adelantar hacia un período superior. 7 

Por mucho tiempo yo tampoco creí que el asunto pudiera entenderse de otra 
manera, supuesta la poca facilidad que tenia yo para realizar todos los fenómenos 
en armonía con lo propuesto. Así, pues, en 1872 hice uso de las siguientes expre- 
siones.* «¿Por qué no habría de tener una influencia directa sobre el organismo 
de los ajolotes, un cambio súbito en las relaciones de la vida (el cambio de México 
á París), para que repentinamente alcanzara un estado superior de desarrollo á 
que muchos de su misma especie habían ya llegado anteriormente, lo que á no du- 
darlo, está en la naturaleza de su organismo, y al cual ellos acaso también hubieran 
llegado en sus lugares nativos, aunque en un período posterior? ¿O seria también 
muy de suponerse, que por la súbita traslación de una' altura de ocho mil pies so- 
bre el nivel del mar, en las altas mesas de México, á la altura de París, los órga- 
nos respiratorios hubieran sufrido una conmoción que los hubiera traído al cambio 
efectuado? Así, pues, tenemos que habérnosla con un efecto dimanado de la altera- 
ción en las condiciones de la vida. » 

Debe, pues, también deducirse, del sentido de la última sentencia, como una ver- 
dad emanada de los experimentos antes mencionados, que por la aplicación de una 
influencia exterior definida, está hasta cierto punto á nuestro alcance el violentar 
la trasformacion. Precisamente de este hecho se desprende la luz que han dado los 
nuevos experimentos. ¿Pero debemos también comprender el fenómeno, de la ma- 
nera antes indicada? esto es, ¿como v.n desarrollo filético precoz, de la especie 
que repentinamente se presenta como resultado hasta cierto punto de una con- 
moción! Yo creo que no. Lo que primero me hizo vacilar, relativamente á esta su- 
posición, fué la vista de mis Amblistomas vivientes sacadas de las larvas del ajolo- 
te. Estos individuos no difieren del ajolote únicamente en su aspecto, sino que tara-: 
bien se distinguen de él en sus hábitos. Difieren algo en todas sus partes; ligera- 
mente en unas, y del todo en otras; en una palabra, se han convertido en anima- 
les enteramente diferentes. De acuerdo con esto, su modo de vivir es completa- 

• Ueber den Einfluss der Isolirung auí die Artbildung. (Sobre la influencia de la insolación en la 
formación de especies.) 



LA NATURALEZA 39 

mente distinto; ya no van al agua, pero en el dia prefieren permaná 
en el musgo húmedo de su prisión, saliendo en la noche á buscar su alimento en 
terreno seco. 8 De seguro hubiera yo podido apercibirme de. la gran diferencia en- 
tre los dos períodos de desarrollo, por los datos anatómicos que hacia tiempo me 
eran conocidos, y que Duméril habia dado sobre la estructura de los Ainblistomas; 
pero por muy conocidos que me fueran en detalle, no habia formado una idea exac- 
ta de ellos. Sea de esto lo que fuere, la vista del animal viviente me hizo abrigar 
desde luego la conciencia de lo comprensivo que es el cambio con que tenemos que 
habérnosla; pero de ninguna manera puede esto referirse principalmente á aque- 
llas partes que son directamente afectadas por la alteración en el modo de vivir, 
sino que la mayor parte de los órganos, si no es que todos los del animal, sufren 
una trasformacion que puede muy bien explicarse, en parte, como la adaptación 
morfológica á las nuevas condiciones de vida, y en parte también como consecuen- 
cia de estas adaptaciones (cambios correlativos); pero de ninguna manera es po- 
sible explicarla como el efecto repentino del cambio en las condiciones de la 
vida. Tal es, á lo menos mi opinión, ya que un desarrollo repentino de la» espe- 
cie, tal como en este caso debiera haberse verificado, es enteramente inconcebible. 
Debo decir, que hasta hace pocos años, la cuestión del desarrollo repentino era 
muy clara para mí; pero mis investigaciones me han infuñdido la convicción con- 
traria como más adelante demostraré. Debo, pues, limitarme, al examen de este 
caso individual; caso que me parece, como antes dije, muy propio para dar una 
luz decisiva sobre la principal alternativa en que se encuentran las opiniones acer- 
ca de la doctrina de la descendencia. 

Puedo muy bien asegurar que hasta hoy ha acontecido á todas las personas que 
se han ocupado del estudio de las trasformaciones del ajolote, lo mismo que á mí; 
no han investigado hasta dónde llega la trasformacion, y de aquí es que la im- 
portancia teórica del caso y su valor como base de inferencia, no han sido debi- 
damente apreciados en todas sus fases, y es evidente que es tal caso, de inusitada 
importancia por los principios que envuelve. Creo que puede fácilmente demos- 
trarse, que la explicación generalmente admitida hasta hoy acerca de las trasfor- 
maciones del ajolote de Paris, incluye á la vez el reconocimiento de un principio 
de grande alcance, y es éste: si dicha explicación fuera la verdadera, entonces, á 
juicio mió, seria también exacta la opinión de los que como Kolliker, Askexasy. 
Nageli, y entre los filósofos Hartmann y Huber refieren la trasformacion de la 
especie por de pronto, á un poder motor existente en el mismo organismo, á una 
activa y espontánea «ley de desarrollo,» á un «principio de perfección,» ó como 
yo preferiría nombrar, á una energía vital fúética, en contraste con la corres- 
pondiente energía vital espontánea, del llamado «.philosopher domam* en la na- 
turaleza de la ontogénesis. 

Si los ajolotes que han llegado á convertirse en Ambhstomas son tomados como 
individuos que, estimulados por influencias exteriores se han adelantado á los de- 



40 LA NATURALEZA 

más en su desarrollo filático, entonces este adelanto puede considerarse como el 
resultado de una energía vital filática, pues la trasformacion es repentina y no de- 
ja tiempo para la gradual adaptación en el curso de las generaciones. Según esto, 
la influencia indirecta de las relaciones de vida exteriores^ p. e., la selección na- 
tural está excluida del primer supuesto; pero la influencia directa de las circuns- 
tancias alteradas de la vida, no basta en gran manera para explicar la total tras- 
formacion de toda la estructura, como ya lo he iniciado y más tarde explicaré mi- 
nuciosamente. 

Las diferencias entre el ajolote de Paris y la Amblistoma que de él resultó, son, 
según Duméril, Kólliker y mis propias observaciones, las siguientes: 

1 . — Las agallas desaparecen; los orificios de .éstas se cierran, y sólo la cresta 
más avanzada subsiste, desvaneciéndose las otras. Al mismo tiempo cambia el Os 
hyoidewn. (Duméril.) 

2. — La cresta de la espalda desaparece completamente! (Dumérd.) 

3. — El apéndice que parece cola se trasforma en una cola semejante á la de la 
salamandra (Dumérd), la que sin embargo no es de sección enteramente circular 
como la de la salamandra, sino algo comprimida lateralmente. (Weismann.) 

4. — La piel adquiere manchas blanco-amarillentas, irregularmente distribui- 
das en los costados y en la espalda (Duméril), mientras que á la vez su primitivo 
color terrestre cambia de pardo-oscuro en un brillante color verdinegro (Weis- 
mann), y además se pierde la secreción lustrosa de la piel y sus glándulas también. 
(KGlliker.) 

5. — Los ojos adquieren prominencias, y las pupilas se vuelven pequeñas y se 
forman párpados que pueden cerrar el ojo completamente, mientras que en el 
ajolote, un reborde circular estrecho rodea el ojo y no se puede cerrar. (Weis- 
mann.) 

6. — Los dedos de los pies disminuyen y pierden sus apéndices membranosos 
(Kólliker), ó más bien el tejido membranoso que une la extremidad de los dedos en 
todos los pies. 

7. — Los dientes paladiales en éste, como en todos los Ambhstomas, forman una 
hflera diagonal, mientras que en el ajolote, como en las larvas del Tritón, se en- 
cuentran á los lados de la bóveda palatina formando una faja arqueada, con varias 
hileras de clientes* (Duméril. — Véase la figura. Zeitschrift F. Wissenschaft Zool. 
XXV Bd. Sup. p. 279.) 

8. — En el ajolote, la mandíbula inferior tiene, además de los dientes del borde 

* Duméril pone los dientes del vómer separados de los del hueso palatino por un intervalo vacío. 
Probablemente esto es una cosa artificial, porque Gagenbaur (Friedrich und Gagenbaur, JÜerSchá- 
del des Axolotl.»— El cráneo del ajolote.— -Würzburg, 1849) figúralas hileras de dientes pasando sin 
interrupción de un hueso á otro. Lo mismo acontecía en tres ajolotes que examiné bajo este punto 
de vista; por lo demás, esta pequeña diferencia casi no tiene importancia para la cuestión de que 
aquí se trata. 



LA NATURALEZA 4 i 

superior del hueso, algunos otros muy pequeños dispuestos en varias hileras, des- 
apareciendo estos últimos después de la metamorfosis (Duméril), añadiéndose á 
esto que los dientes permanentes pertenecen al os tiéntale y los temporales al oa 
operculare* 

9. — La faz posterior de cada vértebra es ligeramente cóncava en la parte ex- 
terior, tanto antes como después de la trasformacion; pero la faz anterior es me- 
nos cóncava en la Amblystoma que en el Siredon. (Duméril.) 

No me ha sido posible confirmar por mis propias investigaciones los detalles ci- 
tados tomados de Duméril (7 y 9), pues no tenia gran deseo de dar muerte á nin- 
guno de mis Amblistomas con el sólo objeto de verificar los detalles de un natu- 
ralista que merece entera fe. Por una causa análoga, yo no he visto todavía el 
cambio en los orificios de las agallas. 

Puedo corroborar completamente los demás datos de Kolliker y Duméril. 

Las diferencias de estructura que existen entre el ajolote y el Amblistoma son 
considerablemente mayores y más importantes que las que hay entre géneros in- 
mediatos, y aun mayores que las que se encuentran entre las familias de los 
Urodelos. El género Siredon, sin duda alguna, pertenece á un sub-órden dife- 
rente del género Amblistoma, en el cual se trasforma ocasionalmente. Strauch, 
que ha hecho el último arreglo de este grupo, separa el sub-órden de los Sala- 
mándridos del de los Ichthioideos, por la presencia de los párpados y por la po- 
sición de los dientes palatinos en una sola hilera sobre el borde posterior del hue- 
so del paladar, mientras en los Ichthioideos no hay párpados, y los dientes pa- 
latinos ó están en el borde anterior del hueso del paladar, ó cubren toda la super- 
ficie de éste, á manera de cepillo. No es posible considerar •estos caracteres ana- 
tómicos tan diferentes entre sí, como trasformaciones repentinamente ocasionadas 
por la simple variación de las condiciones de la vida. 

A medida que van cayendo los dientes palatinos y apareciendo los nuevos, se 
verifica un cambio en la estructura anatómica de la columna vertebral, y según 
las cuidadosas observaciones de Kolliker sobre la interrupción de la secreción vis- 
cosa de la piel, se modifica á la vez la estructura histológica de ésta. 

¿Habrá quien pretenda explicar estos profundos cambios como un efecto direc- 
to y repentino de influencias externas que, cualesquiera que sean, no han obrado 
sino una sola vez? Y si alguno tratara de explicarlos, como el resultado de la 
pérdida de las agallas, y por consiguiente como cambios correlativos, ¿cual se- 
ria la correlación, sino la pretendida energía vital de que antes se ha hablado? 
Si con motivo de una sola variación causada por la influencia directa de los agen- 
tes exteriores, el cuerpo en todas sus partes se ha de cambiar en un par de dias. 
y adaptarse á las nuevas condiciones de vida en que ha de encontrarse en lo suce- 

* 0. Hertwig. Ueber das Zahnsystem der Amphibien und seine Beduntung für die Génesis des 
Skelels der Mundbohle. (Sobre el sistema dental de los anfibios y su significación, para la génesis 
del esqueleto de la boca.) Arch. f. Mikroskop. Anat. Bd. XI. Sup.. 1874. 



42 LA NATURALEZA 

sivo, entonces el término correlación no pasa de una palabra que nada explica, y 
que antes bien, estorba para encontrar una explicación mejor, siendo, en conse- 
cuencia más conveniente reconocer la probabilidad de nuestra creencia en una 
energía vital filática. 

Por otra parte, no es posible buscar una explicación por correlación, pues co- 
nocemos algunos Urodelos adultos sin agallas y que poseen todas las demás 
señales de los Ichthyoideos: carencia de párpados, tipo característico de los dien- 
tes paladiales, y de la colocación de los huesos linguales. Tales son los géneros 
Amphiuma,L., Menopoma, Harl., y Criptobranchus , v. d. Hoev. Los dos 
primeros géneros, como es bien sabido, conservan los orificios de las agallas. El 
Criptobranchus por el contrario, ha perdido estos orificios, que han sido cubiertos 
por la piel, como en la Amblistoma, y es, además, según el unánime testimonio 
de todos los zoologistas sistemáticos, un verdadero pez-lagartija, en costumbres, 
arreglo del hueso lingual, dientes paladiales, etc.* Debe agregarse que aun el 
mismo ajolote puede perder las agallas sin que por eso se convierta en Am- 
blistoma. He mencionado en alguna parte, que hay ajolotes que se han conservado 
en agua poco profunda, y sin embargo las agallas han disminuido de tamaño, ha- 
biendo también acontecido que se contraigan completamente. Tengo un ajolote con- 
servado en alcohol, en el que las agallas se han convertido en pequeñas protube- 
rancias irregulares, á la vez que la cresta de la espalda ha desaparecido de tal ma- 
nera, que ha venido á reemplazarla una estría, y en la cola los bordes de la piel se 
han desvanecido completamente en el margen inferior y en la mitad del superior. 
Sin embargo, el animal difiere notablemente de la Amblistoma en su estructura: 
tiene las crestas de las agallas, los dientes paladiales, la piel, etc., del ajolote. Es- 
to demuestra, por consiguiente, que la pérdida de las agallas por ningún mo- 
tivo debe traer siempre tras sí todas las demás variaciones que hemos visto 
efectuarse en la metamorfosis del ajolote, y éstas, por consecuencia, no son 
los resultados debidos necesaria é inmediatamente á esa pérdida. Si acaso 
deben necesariamente aparecer después de una larga sucesión de generaciones, ó 
si acaso también los descendientes del Cryptobranchus toman alguna vez, en lo 
futuro, la estructura de los Salamándridos, es cuestión que no me atrevería yo á 
resolver por la negativa, y que no viene al caso, puesto que solamente estamos 
entrando en consideraciones sobre un resultado posible y repentino de la pérdida 
de las agallas. 

La cuestión, pues, parece ser ésta: Si nuestras sospechas hasta el presente, 
según lo que se dice, acerca de las tras formaciones del ajolote como un des- 
arrollo posterior son exactas, ó si es un hecho la existencia de una energía 
vital fi 11 ética demostrada por el caso del ajolote. 

Ahora, se presenta esta cuestión: si los hechos de esta trasformacion no admi- 

* See Strach, Zeitsch. f. Wissensch. Zool., XXV Bd. Sup., p. 10. "T 



W LA NATURALEZA ¡ .; 

ten otra explicación. Creo que ésta es de cualquier modo posible, y que puede dar- 
se otra interpretación exacta ó con buenos visos de probabilidad. 

Considero á estas Amblistomas procedentes del Siredon Mexicano (sin 
pisciformis) que en casos individuales se han desarrollado en cautiverio, así 
como del ajolote de Paris, no como casos de perfeccionamiento de la especie, 
sino al contrario, de degeneración. Creo que los ajolotes que ahora existen en. 
los lagos de México eran ya Amblistomas en una época geológica (ó más bien 
zoológica) anterior; pero que por alteraciones sufridas en las condiciones de 
vida, volvieron á su primitivo estado de Perennibrauquiados. 

Indudablemente me incliné á esta interpretación, por los resultados que habia 
obtenido en mis estudios sobre la época del dimorfismo de las mariposas.* Se pre- 
senta aquí también la cuestión de las dos formas bajo las cuales aparece siempre 
una misma especie, y de las cuales puede demostrarse con probabilidad, que una 
es filáticamente la mayor, y la otra es la más joven. En mi opinión, la forma 
más joven ó estival proviene de la forma invernal, por el calentamiento gradual 
del clima, y que era la única en una época zoológica anterior; pero esta última, 
la forma primaria, no por eso ba dejado de existir, sino que aun en la actualidad 
se alterna anualmente con la secundaria ó forma estival. 

Abora, es fácil bacer con las mariposas susceptibles de dimorfismo, que la in- 
cubación estival tome la forma de la de invierno, exponiendo sus crisábdas por 
más tiempo á una temperatura más baja, y es más que probable que esta varia- 
ción ó trasformacion, que aparece repentinamente y que rara vez se llega á veri- 
ficar, es repentina solamente en apariencia, y es también aparente el resultado de 
la acción del frió sobre esta generación. No es menos probable que la variación 
dependa de un retroceso á la forma primaria de la especie, y así, el frió, que no 
obra sino en determinado tiempo y no constantemente, es solo el impulso al re- 
troceso, pero no la verdadera causa de la trasformacion. Esta causa debe bus- 
carse en la acción constante del frió, á que por largo tiempo fueron expuestas mi- 
llares de generaciones de los antecesores de nuestras actuales mariposas, y cuyo 
final resultado fué precisamente la forma invernal. 

Si suponemos, por un momento, que es exacta mi interpretación de lo que se 
dice acerca de las trasformaciones del ajolote, ya en esto tenemos relaciones que 
en muebos puntos son análogas á las del dimorfismo estacional. A mayor abun- 
damiento, las dos formas en este caso ya no se alternan mutuamente, sino que la 
forma primaria puede, de cuando en cuando, aparecer en vez de la secundaria, 
resultando esto de la influencia de circunstancias exteriores. Así como allí con- 
seguimos que la incubación de estío tome el aspecto de la invernal, estimulándola 
por la acción del frió, así aquí podemos llevar al ajolote al estado de Ambbsto- 
ma, obbgándole, á cierta edad, á respirar el aire. 

* Studien zur Descendenztheorie. (Estudio sobre la teoría de la descendencia.) Leipsic, iSTo. 

La Natüealeza.— Tomo V.— 6. 



44 LA NATURALEZA 

Además: así como en el dimorfismo estacional puede demostrarse que esta tras- 
formacion obtenida por medios artificiales es solamente en apariencia una nue- 
va formación repentina, pero en verdad una reversión á la más antigua forma in- 
vernal, así aquí hemos tenido también que habérnosla no con una nueva forma- 
ción actual de la especie, sino solamente con una aparente; es decir, una reversión 
á la forma filática más antigua de la especie. Parece, en verdad, paradójico, que 
haya una forma producida por reversión, y sin embargo, debe ser indudablemen- 
te considerada como la más perfectamente desarrollada. Pero creo que conside- 
rando más atentamente la cuestión, deben desaparecer muchas de las paradojas 
que parecen existir en este modo de ver. 

Ante todo, debe considerarse que el desarrollo filático de la especie, no impli- 
ca de ninguna -manera un perfeccionamiento progresivo. Muchos ejemplos tene- 
mos de desarrollo retroprogresivo, aunque en un sentido algo diferente, como en 
los parásitos y otras formas tales, que han pasado de la libre locomoción á la vi- 
da sedentaria. No ignoro la diferencia que hay entre esta clase de desarrollo re- 
troprogresivo por la adherencia de ciertos órganos ó sistemas de órganos, y la re- 
versión propiamente dicha. Esta última es la vuelta á una forma animal ya exis- 
tente, mientras que en el otro caso, á pesar de toda la simplificación en la orga- 
nización, siempre se forma algo enteramente nuevo; pero puedo decir que en prin- 
cipio, no me parece absurdo que se crea posible una reversión propiamente di- 
cha, ya sea en toda una especie ó en algunos individuos de la misma especie en 
ciertos casos. ¿Por qué, por ejemplo, seria tan absolutamente increíble que el ajo- 
lote, en tiempos remotos, hubiera tenido una conformación á propósito para vivir 
en tierra, y que gradualmente, por la acción directa ó indirecta de las condicio- 
nes alteradas de vida haya adquirido la forma de Salamandra, pero que poste- 
riormente, por un nuevo cambio en las circunstancias de la vida, desfavorable 
para su organización presente, ha retrocedido nuevamente á la antigua forma ó 
á una muy inmediata á ella? De cualquier modo, tal suposición no encierra nada 
que pueda estar en contradicción con hechos bien conocidos, sino que puede sos- 
tenerse de diversas maneras. Y finalmente, se recomienda de por sí, supuesto 
que nos proporciona, al menos en mi opinión, la sola explicación posible de los 
hechos que tenemos delante. La existencia antes mencionada de todo un grupo 
de especies de Amblistomas, demuestra desde luego que algunas especies de Si- 
redon pueden llegar á la forma de Salamandra, en la cual pueden propagarse con 
regularidad, y además, que este perfeccionamiento filático ha tenido ya de hecho 
lugar en las diversas especies. 

Pero varias observaciones sobre nuestras Salamandras de agua, demuestran 
también que puede efectuarse igualmente un descenso de este elevado período de 
desarrollo al inferior. 

Es bien sabido que los Tritones en ciertas circunstancias adquieren, como co- 
munmente se dice, «madurez sexual en el estado de larvas.» 



LA NATURALEZA 45 

En el año de 180 1, De Filippi* encontró en un pantano inmediato del Lago 
Mayor, cincuenta Tritones, de los cuales solo dos tenian la estructura de Sala- 
mandra acuática en pleno desarrollo; pero todos los otros conservaban aún sus 
agallas, á pesar de ser animales ya formados y en completo desabollo de sus ór- 
ganos sexuales, y esto en ambos sexos. 

Filippi dio á conocer el hecho de que estas larvas, en estado de madurez sexual, 
al exterior no parecian larvas, precisamente porque tuvieran agallas, sino que 
también presentaban todos los caracteres anatómicos de la larva; esto es, las hi- 
leras características de los dientes paladiales en ambos lados, en vez de la única 
hilera posterior y la columna vertebral que aún conserva la chorda dorsalis, ex- 
tendiéndose en toda su longitud. 

Según mi modo de ver, este seria un caso de reversión del Tritón al período 
filótico que le es más inmediato; esto es, el período Perennibranquiado, y en 
este caso, la mayor parte de los zoologistas que no van de acuerdo con la doctri- 
na de la degeneración, convendrán conmigo en este modo de ver. Al menos, to- 
marla yo como un juego infructuoso de palabras el que alguno viniera aquí ha- 
blando de reproducciones de larvas y creyera haber dado, por este medio, alguna 
expheacion. Más bien conoceremos á fondo la naturaleza del fenómeno, reflexionan- 
do que esta llamada madurez sexual de la larva, tiene precisamente la estructura 
que debe haber tenido el período filético anterior de la especie. Por consiguien- 
te, tenemos una reversión al período filético más remoto de la misma especie. 
Reputo como un error, el que Duméril ponga este caso del Tritón, en paralelo 
con la reproducción larval genuina, de las larvas de la Cecidomyia de Wagner. 
Ciertamente no hay en este caso una reversión á un período filético remoto, que ha- 
ga á las larvas capaz de reproducirse, porque éstas no presentan los caracteres de un 
período filético anterior de la especie, sino que deben haberse producido al mis- 
mo tiempo con la especie, en la forma actual. La gran diferencia entre la es- 
tructura de la larva y del insecto, no se explica admitiendo que éste haya prove- 
nido de aquel de una manera indeclinable, sino que ambos al mismo tiempo se han 
adaptado á condiciones de vida distintas una de otra. 6 Consideradas estas larvas 
filéticamente, no son absolutamente un punto necesario de transición para el orí- 
gen de la mosca. Pueden también ser formadas de un modo enteramente distinto, 
sin que haya necesidad por esto, de que cambie la forma de la mosca, porque los 
períodos de trasformacion de los insectos varían independientemente uno de otro, 
según las condiciones de vida á que estén sujetos, y no ejercen entre sí ninguna in- 
fluencia, ó al menos muy ligera en la determinación de la forma, como procuraré 
demostrar en otro lugar. De cualquier modo, «la aptitud de estas larvas (Ceci- 
domyia) para multiplicarse asexualmente, ha sido al principio considerada como 
secundaria, fundándose en el hecho de que hay numerosas especies del mismo gé- 

a Sulla larva del Tritón alpestris, Archivio per la Zoología, 1861. 

b Compárese también á Lubbock. On the orig'in and Hetamorplioses oí Iasects. Loudon. 1874. 



46 LA NATURALEZA 

ñero de insectos que no alimentan á su cría.» En la forma que ahora tienen, nun- 
ca pueden haber pasado por la parte del período final de ontogénesis, y por con- 
siguiente tampoco pueden haber poseído en otros tiempos el poder de la reproduc- 
ción sexual." En una palabra, este caso podemos considerarlo como una reproduc- 
ción larval genuina, mientras que tratándose de los Tritones, podemos decir que 
es una reversión á un estado filático anterior. 

Tampoco puedo ir de acuerdo con Haeckel, cuando define la reversión de los 
Tritones como «una adaptación á la vida continuada en el agua.» & Únicamente 
puede hablarse de « adaptación » en este caso, en un sentido enteramente diverso 
de aquel con que Darwin y Wallace la han introducido en la ciencia. Estos natu- 
ralistas aplican esa palabra á un perfeccionamiento gradual del cuerpo, que se efec- 
túa en el trascurso de las generaciones, según las exigencias de las nuevas con- 
diciones de vida; ó en otros términos, á la acción de la selección natural, pero no 
al resultado de causas de variación, que desde luego obran repentina y directa- 
mente sobre una generación. 

Precisamente porque la palabra adaptación puede, según el uso del idioma, ad- 
mitirse en diferentes sentidos, seria de desearse que fuese tomada en una acep- 
ción que se fijara con exactitud, y sobre todo, no hablar de adaptación, cuando 
no hay cambio morfológico , sino una especie de trueque de funciones en el 
sentido que indica Dohrn. c Así, por ejemplo, cuando ForeH demuestra que los 
caracoles de agua dulce que respiran en el aire, y cuya organización es apropiada 
para la respiración libre del aire, pueden ir, sin embargo, á las mayores profun- 
didades de los lagos alpinos, haciendo uso de sus pulmones como de agallas. Las 
observaciones de Von Siébold 6 demuestran que con esto no se ha efectuado el 
más ligero cambio en los pulmones. Él vio las Pulmonatas de agua profunda ha- 
cer uso alternativamente de sus pulmones para respirar al aire libre ó dentro del 
agua, según la mayor ó menor cantidad de aire disuelto en ésta. Si con Von 
Siebold aplicase uno la palabra adaptación, simplemente en este caso, perdería 
el sentido que originariamente se le dio; como término técnico, debia desecharse 
esta palabra. 10 

De cualquier modo, hay tan raros casos de adaptación genuina en las larvas de 
los Tritones que fueran capaces de reproducción, como de ajolotes que excepcio- 
nalmente hayan cambiado en Amblistomas. En ambos casos, la trasformacion de 
que se trata, no es absolutamente indispensable para la vida de los individuos . 
Los Tritones desarrollados (sin agallas) viven como yo lo he presenciado, muchos 

a Véase mi obra «Ueber den Saison-Dimorphismus der Sehmelterlinge.» Leipsic, 1873, p. 60. 
6 Véase la Anthropogenia de este autor, p. 449. 

c Der Hursprung der "Wirbelthiere und das Princip des Funetionsweclisels. (Origen de los ver- 
tebrados y principio del cambio de funciones.) Leipsic, 1875. 
d Fauna profunda del lago Leman; Verhandl. d. Schweiz. Naturforsich. Gesellschaft. 1873. 
e Zeiíscbrift f. Wissenscbaftl. Zool. t. XXIII, 1873. 



LA NATURALEZA \' 

meses y aun años enteros en agua profunda, aunque están constituidos para la 
simple respiración en el aire, y los ajolotes, como ya he dicho antes, pueden vi- 
vir perfectamente durante años enteros en agua profunda y tranquila. Sus agallas 
se contraen, es un hecho, y aun desaparecen enteramente; y sin embargo, esto 
tampoco es una adaptación en el sentido Darwiniano, sino un resultado directo de 
influencias externas, y principalmente del menor uso de los mismos órganos. 

Un caso enteramente análogo al de Filippi fué observado en 1809 por Jullien. 
Cuatro larvas hembras, del Lissotriton punctalus Bell, (sin. Tritón tceniatus), 
fueron pescadas en un pantano, y estaban en buen desarrollo sexual; en sus ova- 
rios tenian huevos ya formados y listos para salir, y dos de ellas pusieron en aquel 
entonces sus huevos. Otras cuatro larvas, machos, fueron igualmente tomadas en 
el mismo pantano; estaban bien desarrolladas, relativamente al tamaño, y no te- 
nian zoospermas en sus testículos, sino solamente celdillas seminales." 

Encuentro citado un tercer caso de la misma clase, h por Seydig, en su ensa- 
yo «Sobre las Salamandras de la Fauna de Wurtemberg, » tan rico en detalles inte- 
resantes. Schreibers, el primer Director del Gabinete de Historia Natural de Yie- 
na, encontró también larvas de Tritón, con agallas bien desarrolladas, pero del 
tamaño de machos adultos; y según el examen anatómico, con órganos sexuales 
bien desarrollados, así como ovarios llenos de huevos. Así, pues, queda estable- 
cido, que las especies que con gran anterioridad llegaron al período de Salamán- 
dridos, en el desarrollo filático pueden ocasionalmente retroceder al período de 
Perennibranquiados. Evidentemente, este hecho hace aparecer menos paradójica 
mi opinión de que el ajolote no es sino una forma de reversión, pues los casos de 
reversión en el Tritón son directamente análogos á la trasformacion que supongo 
en el ajolote. 

Supongamos á la Amblistoma en lugar de los Tritones y consideremos los pan- 
tanos en que Filippi encontró sus larvas de Tritón en «madurez sexual,» extendi- 
dos al Lago de México, considerando también como permanentes las causas des- 
conocidas y tal vez en este caso temporales de la reversión, y tendremos todo lo 
que necesita para la restauración del ajolote, tal cual le conocemos hoy; y obten- 
dremos una población de Perennibranquiados del lago. 

No se sabe si acaso en el pantano de De Filippi ya no prevalece en la actualidad 
permanentemente la forma Perennibranquiada del Tritón, porque según sé, no 
se han hecho desde entonces investigaciones sobi-e el particular. 

Pero si concedemos, por un momento, que así fuera en la actualidad, que una 
colonia de Tritones Perennibranquiados habitase allí, ¿nos sorprendería si se pro- 
dujera un Tritón genuino en la cría, si hubiéramos estimulado con éxito á la ma- 
yor parte de los individuos de esta cría impeliéndolos á la metamorfosis en Trito- 
nes, en aguas poco profundas? Pero justamente esto va de acuerdo con mi modo de 

a Compt. Rend., t. LXVIII, p. 938, 939. 
b Archiv. f. Naturgeschichte, 1867. 



48 LA NATURALEZA 

considerar el ajolote mexicano. Pero no debo limitarme á apoyar mi hipótesis, si- 
no que debo examinar la probabilidad de la que se ha emitido, puesto que está en 
oposición con los hechos. Si realmente ocurre en el ajolote repentinamente un 
desarrollo posterior filático, entonces quedaría enteramente incomprensible un he- 
cho: la esterilidad de las Amblistomas. 

De cerca de treinta Amblistomas que Duméril habia tenido hasta el año de 1870, 
en ninguna de ellas habia apariencias de madurez sexual, y ni la cópula, ni la pos- 
tura de huevos se efectuó, y en los individuos que fueron examinados anatómica- 
mente se encontraron los huevos inmaturos, y aunque habia zoospermas carecian 
de las membranas onduladas de los Salamándridos. No carecian del todo de mo- 
vimiento, pero según Quatrefages, éste era imperfecto. 

Las cinco Amblistomas á que aquí he aludido hasta ahora, no presentan seña- 
les de reproducción. Es evidentemente una objeción poco juiciosa la de Sacc, 6 que 
atribuye la esterilidad de las Amblistomas procedentes de los ajolotes, á «mala 
alimentación.» ¿Por qué, pues, los ajolotes, se reproducen tan fácilmente, ali- 
mentándolos de la misma manera? Y puedo asegurar, por otra parte, que mis Am- 
blistomas están perfectamente alimentadas. A mayor abundamiento: si éstas ape- 
nas han alcanzado á vivir año y medio, los ajolotes propagados el siguiente año 
y algunas Amblistomas de Duméril, tenian en 1870 cinco años de edad. El hecho 
de la esterilidad está en abierta oposición con el supuesto de que estas Aniblisto- 
mas son los centinelas avanzados del género Siredon, á medida que se perfeccio- 
na en su desarrollo filético. Por ningún motivo sostendré que mi teoría de rever- 
sión pudiera, de hecho, sostener la esterilidad; pero al menos no está directamen- 
te en contradicción con ella. Las formas meramente de reversión pueden perecer 
sin reproducirse. Una nueva forma producida por la acción de una energía vital 
filática desconocida no puede ser estéril, porque esto contraría el «fin» que se 
propone seguir la energía vital. La idea de la energía vital es del dominio teoló- 
gico. 

Además, mirando la cuestión desde nuestro punto de partida, la esterilidad de 
la Amblistoma puede ser, si no completamente comprendida, sí al menos demos- 
trada que no acontece enteramente sola. En el caso del Lissotriton punctalus ya 
citado, las larvas hembras estaban indudablemente en perfecto desarrollo sexual 
y ponian huevos; pero al mismo tiempo los machos carecian de zoospermas per- 
fectos en los testículos. 

No conozco otros casos análogos á éste: en tiempo en que hacia yo mis experi- 
. mentos con las mariposas no se habia tratado este punto, y por consiguiente me 
descuidé en examinar las formas de reversión producidas artificialmente con rela- 
ción á los órganos genitales. Pero los principios generales nos llevan también á 
la conclusión de que las formas atacisticas (que recuerdan el tipo original de 

a Compt. Rend., t. LXX, 1870. 

b Bull. Soe Neuchátel, t. VIII, p. 192. 



LA NATURALEZA 

la especio en la progenie de sus variedades), pueden -fácilmente permanecer 

toriles. 

Darwin* encuentra las más inmediatas causas de esterilidad, primero, en la in- 
fluencia de circunstancias de vida muy variables; y segundo, en el cruzamiento 
de individuos muy distintos en constitución. Las circunstancias variadas de vida 
son indudablemente las que ocasionan la trasformacion del ajolote, y según esto, 
no seria sorprendente el encontrar que estos individuos sean estériles habiendo da- 
do señas inequívocas de haber sido especialmente afectados por estas condiciones 
alteradas de vida, supuesto que han revertido á la forma de salamandras: mas en 
este razonamiento, por ningún motivo debe entenderse que la reversión va siem- 
pre, y sin excepción, acompañada de la esterilidad. Tampoco puede objetarse ;'* 
mi interpretación de la trasformacion de los ajolotes, que á causa de la reversión, 
nunca pudo haberse producido una colonia de ajolotes aptos para la reproducción. 
Por el contrario, la larva hembra del Tritón de Judien, que ponia huevos, prueba 
exactamente que aun en la reversión la aptitud de la reproducción puede perma- 
necer inalterable. De las causas universales de esterilidad antes mencionadas, 
puede inferirse que por esas mismas causas la fecundidad se puede perder en di- 
ferentes grados, y por consiguiente puede, hasta cierto punto, comprenderse poi- 
qué la fecundidad se pierde en más alto grado en la reversión á la forma de Am- 
blistoma, que en la reversión del Tritón á la forma de Perennibranquiado. Si en 
estos casos la reversión es impulsada por la alteración de las condiciones de vida, 
uno puede tal vez imaginar que la extensión de esta alteración puede también fijar 
el grado de fecundidad que conserve la forma atavística; pero la fecundidad pue- 
de ser aún más influenciada por la magnitud (Ir la transición morfológica que 
se efectúa en la reversión. 

Sabemos que el conjunto de constituciones diversas (por ejemplo, en el cruza- 
miento de diferentes especies) produce la esterilidad. Algo semejante se efectúa 
en la reversión repentina á un período de desarrollo que hace variar en alto gra- 
do toda la estructura. Se efectúa aquí también, hasta cierto límite, la unión de 
dos constituciones muy diferentes en un individuo, una especie de cruzamiento. 
Bajo este punto de vista puede comprenderse con cierta extensión, por qué la es- 
terüidad puede ser el resultado de la reversión; pero por otro lado, no nos expli- 
camos por qué con la misma extensión de variación morfológica, se efectúa en un 
caso completa esterilidad, y en otro fecundidad relativa. El contraste morfológico 
entre el ajolote y la Amblistoma es del mismo carácter que el que hay entre el 
Tritón y su larva en madurez sexual. La diferencia en los dos casos de rever- 
sión se encuentra enteramente en el sentido de la transición, la que en el primer 
caso se efectúa en un sentido enteramente contrario, á aquel en que se verifica en 
el secundo. 



-- 



* Origin oí Species, 5 a edición, p. 32o. 



50 LA NATURALEZA 

Precisamente en eso buscaría yo la razón de la fuerza de variación con que es 
afectado el poder de reproducción; no en el sentido que lleva la transición, sino en 
las diferencias de ontogénesis que dependen de esa transición. 

La reversión del Tritón á un estado fdético anterior, coincide con \& perma- 
nencia en un período ontogenético posterior; ó en otros términos, el estado an- 
terior de filogénesis hacia el cual se efectúa la reversión, está, sin embargo, 
enteramente incluido en el ontogenismo de cada individuo. Todos los Tritones 
son Perennibranquiados durante un tiempo considerable de su vida; el individuo 
en quien se efectúa la reversión, vuelve simplemente á un período fil ético ante- 
rior, permaneciendo en el estado de larva de su desarrollo individual. Sucede lo 
contrario con la reversión del ajolote á la forma de Amblistoma, á que una vez 
se ha llegado en tiempos remotos sin pasar de ella. Esta circunstancia no per- 
tenece á la ontogénesis del ajolote, sino que es extraña á ella. Durante una lar- 
ga serie de generaciones (debemos suponer), la ontogénesis siempre se ha dirigido so- 
lamente á la forma Perennibranquiada. Ahora, si algunos individuos aislados son 
á propósito para volver á la forma de Amblistoma, no se efectúa una transición 
más notable respecto de la morfología, que la que tiene lugar en la reversión de la 
forma de Tritón á la de Perennibranquiado. Al mismo tiempo envuelve esto un 
paso en una dirección opuesta, es decir, un paso fuera de sendero, al través de una 
larga serie de generaciones, retrocediendo á una forma animal no producida du- 
rante mucho tiempo por la especie, y que hasta cierto punto habia llegado á ser 
extraña á ella. 

Tendríamos aquí, por consiguiente, la coincidencia del efecto de una constitu- 
ción muy diferente, sobre la del ajolote, ó si se quiere, la mezcla de dos constitucio- 
nes enteramente distintas. 

Por supuesto, estoy muy lejos de querer que pase por exacta esta explicación. 
Solo pretendo dar á conocer la fuerza en donde debemos buscar la variable exten- 
sión en que puede obrar el poder de reproducción. Debemos dejar para más tarde 
la investigación más profunda y la demostración especial de la manera con que obra 
esta fuerza. Por ahora bastará haber demostrado en esta relación, que existe en lo 
general una diferencia esencial entre las dos clases de reversión, así como haber 
hecho comprender en lo posible, que esta diferencia es la causa de la esterilidad. 
Tal vez la ley aquí indicada, llegue á formularse alguna vez de la manera siguien- 
te: Los individuos atavísticos pierden el poder de reproducción tanto más, 
cuanto más dilatada ha sido la serie de generaciones de sus antepasados , cu- 
ya ontogénesis no contiene ya, el estado fil ético primitivo hacia el cual se ha 
ejecutado la reversión. 

Por consiguiente, nuestra hipótesis, que considera la trasformacion del ajolote 
como una reversión, nos hace más comprensible la esterilidad de la Amblistoma 
provenida del ajolote. Así, por lo contrario, para aquellos que creen que se ha ejer- 
cido una energía vital filática, la esterilidad de estas Amblistomas es, no solo un 



LA NATURALIZA .'51 

«verdadero enigma científico,» como Duméril dijo, sino una completa para- 
doja. 

Según este razonamiento, era de esperarse que hubiera nri principio impulsivo 
que produjera nuevas formas aptas para la vida, y no tan degeneradas que llora- 
ran á desaparecer; y esto con tanta más razón, cuanto que importa una combina- 
ción de particularidades estructurales que cuando reconocen otro origen (princi- 
palmente de otras especies de Siredon), ya se han manifestado con mucha 'in- 
terioridad capaces de vivir y de reproducirse. Conocemos especies de Amblis- 
tomas que se han reproducido como tales, viniendo cada una de una larva, como 
el ajolote. No se puede, por consiguiente, explicar la esterilidad de las Amblisto- 
mas que produjo el ajolote de Paris, como un esfuerzo inútil de energía vital, cu- 
ya explicación seria de por sí, por demás presuntuosa. 

Pero puede preguntarse: ¿qué cambio en las condiciones de pida puede ha- 
ber acontecido, que haya obligado á las Amblistomas del Layo de México," á 
volver á la forma de Siredon? A decir verdad, solo podría contestar á esa pregun- 
ta con conjeturas que no pueden tener gran valor, puesto que no cuentan con el 
apoyo de un conocimiento más exacto de las circunstancias de la localidad y de las 
costumbres, tanto del ajolote como de la Aniblistoma. 

En general, puede presumirse, que las mismas influencias externas eángiéron 
la reversión que en un tiempo más lejano produjo la formación del periodo 
Perennibranquiada . 

En favor de esta conjetura debemos aducir los experimentos que" hemos men- 
cionado, porque evidentemente es el estímulo del aire ambiente el que conduce á 
los ajolotes jóvenes á la reversión á la forma de Amblistoma; por ejemplo, el mis- 
mo estímulo bajo cuya influencia dominante debe haberse producido la forma de 
Amblistoma. 

El caso es enteramente análogo al de las mariposas dimorfo-estacionales. Allí 
la reversión de la cría estival á la forma invernal se obtiene con mucha más facili- 
dad por la acción del frió; por ejemplo, en virtud de la misma influencia bajo cuya 
acción se desarrolló la forma invernal. Sabemos, á no dudar, que la reversión pue- 
de efectuarse también por el cruzamiento de razas y especies, y yo traté de demos- 
trar en ellas, que la reversión puede llevarse adelante por medio de otras influencias 
y no el frió. Pero la presunción más probable es de que la reversión fué producida 
por la vuelta de las mismas causas que dentro de ciertos límites produjeron la forma 
Perennibranquiada. No hay duda que este tipo tomó su forma bajo la. influencia 
de la vida en el agua; así, pues, conjeturo, que la hipotética Aw&lysioma Mexi- 
canum, forma supuesta de los antecesores del Lago de México, debe haberse vis- 
to impelida á la reversión á la forma Perennibranquiada, por haber perdi- 
do la posibilidad de ir d tierra y haberse visto obliyada a permanecer en ei 

* Como no conozco el origen del ajolote de Paris, tengo que restringirme en lo que sigue al Si- 
redon Meoñcanus, Saw. 

La Naturaleza.— Tomo V.— 7. 



52 LA NATURALEZA 

agua. No rechazaré désele luego todas las demás opiniones. Debemos hacer una 
cuidadosa distinción entre las circunstancias causales capaces de producir una 
reversión súbita y las causas actuales de variación, cuyo resultado es directa ó 
indirectamente el modelamiento de una especie. Así, pues, no seria inconcebible, 
a priori, que la reversión se efectuase por la acción de un impulso que nada tiene 
que ver con el origen de la forma filática más anterior. Ciertamente, la tempera- 
tura no tuvo ninguna parte, ó solamente una muy ligera en la modelación de la 
forma Perennibranquiada. Sin embargo, el frió de por sí puede muy bien haber 
sido una. de las circunstancias causales que un dia hicieron á la forma Amblisto- 
ma volver á la forma Siredon, y no se puede, a priori, contradecir á De Saussure, 
cuando dice, que en su opinión, la temperatura baja del invierno en México debe 
impedir la trasformacion (del ajolote á la Amblistoma), que tuvo lugar «en la mo- 
rada caliente del reptil» del Jardin de Plantas de París. 

Apoya su modo de ver de Saussure, en el hecho de que «Tschudi ha encontrado 
la Amblistoma» (por supuesto otra especie), «en los lugares más cálidos de los 
Estados-Unidos.» «En la Mesa Central de México nieva, sin embargo, todos los 
inviernos; y aunque el lago no se hiela, su temperatura debe bajar demasiado cer- 
ca de la superficie. 

Aunque ningunas consideraciones teóricas se oponen á este modo de ver, sin 
embargo, yo no lo admito como exacto. Es para mí asunto cuestionable, que la 
temperatura haya sido la que indujo á la Amblistoma á retroceder á la forma de 
ajolote, ó según la explicación de De Saussure, la que ahora impide la trasforma- 
cion del ajolote en el Lago de México. Hé aquí la razón de mi duda: En todos los 
lugares de los Estados-Unidos, hacia el N. de Nueva- York, se han recogido Am- 
blistomas; prueba de que aun un frió mucho más fuerte que el que pueda sen- 
tirse en la Mesa Central de México, no es un impedimento para la trasformacion 
del ajolote, y que el género no parece más sensible á este respecto, que nuestros 
géneros primitivos de Salamandrida. 

Creo que merecen más consideración las siguientes observaciones de De Saussu- 
re, en que da á conocer el carácter del Lago de México. «El fondo del Lago es 
plano, de manera que pasa uno imperceptiblemente del Lago á una extensa región 
pantanosa, antes de entrar á la tierra firme. Acaso esta circunstancia hace que el 
ajolote no pueda pasar á tierra seca, impidiendo así la trasformacion.» De cual- 
quier modo, el Lago de México presenta condiciones muy particulares de vida pa- 
ra un animal anfibio. Mi estimado amigo, el Dr. V. Frantzius, me hace notar que 
este Lago, lo mismo que otros de México, es salado. En tiempo de la Conquista 
de México por Hernán Cortés, esta circunstancia aceleró la rendición final de la 
plaza, pues los españoles cortaron los acueductos que abastecían á México, y el 
agua de los lagos no era potable. Los antiguos mexicanos tenían ya construidos 
conductos desde montañas distantes, y hasta estos dias todavía está abastecida la 
ciudad por los acueductos. 



LA NATURALEZA 53 

Ahora, lo salobre del agua no pudo de por sí ser la causa del retroceso á la for- 
ma Perennibranquiada, sino en tanto que estuvo relacionada con otras peculia- 
ridades del Lago. Las partes menos profundas del Lago están hacia el Este, y soto 

allí viven los ajolotes. En las fuertes tempestades de invierno, el viento del É. so- 
pla con regularidad y persistencia viniendo de las montañas, arrastrando consigo 
el agua con tal ímpetu hacia las orillas planas de Occidente, que las inunda con 
frecuencia, dejando seco el fondo oriental del Lago, en una extensión de 2,000 
pies.* Si reunimos estas dos peculiaridades, la sal y la sequedad periódica de una 
parte del fondo del Lago por los vientos continuados, resultan condiciones de vi- 
da para el ajolote tales, que apenas se encontrarán en otros lugares. Se podrían 
tomar estas circunstancias como desfavorables á mi teoría, porque la retirada de 
las aguas de una gran parte del fondo del Lago podría (así se puede creer), ser 
más favorable al animal para vivir en tierra, porque de hecho, se ve obligado 
á ello. 

Pero nos olvidamos, sin embargo, que el fondo desecado del Lago es un p lanío 
estéril, sin alimento ni guaridas, y sobre todo sin vegetación, y más que nada, á 
causa de la gran cantidad de sal que contiene el agua (grav. esp. 1.0215), toda la 
superficie descubierta debe tener una costra de sal, condición que hace entera- 
mente imposible la aclimatación en tierra. 11 

El cloruro de sodio y el carbonato de sosa se hallan en disolución en el agua en 
tal cantidad, que se precipita con regularidad como una costra en las orillas del 
Lago, cuya costra es recogida en tiempo de secas é introducida en el mercado con 
el nombre de tequezquite. 

Así, pues, se puede apoyar la conjetura, de que esas circunstancias peculia- 
res hagan para el animal más difícil la vida en la tierra que en el agua, y que es- 
to solo pueda haber sido suficiente para hacerlo retroceder y obligarlo á adquirir 
los hábitos de la vida acuática solamente, y con eso también á la reversión á la 
forma Perennibranquiada ó Ictioidea. 

Aún más conjeturas. No podemos culpar á la distancia y al trascurso del tiem- 
po, de que no podamos definir con certeza las causas que impelieron al ajolote al 
período de Amblistoma, puesto que no podemos resolver el caso de reversión que 
tenemos más inmediato en los Tritones de Füippi y Jullien. Aun aquí también ha 
habido causas universales desde el principio, que afectaron á toda la colonia de Tri- 
tones, puesto que, al menos en el caso de Filippi, la mayor parte de los individuos 
permanecieron en el estado de larva. Los experimentos con las larvas de Tritón 
debían darnos mayor claridad en esto. Habría que determinar, ante todo, si la re- 
versión puede favorecerse artificialmente, y si es así, bajo qué influencias. Según 
las experiencias antes mencionadas, hechas con mariposas, así como los resultados 
obtenidos con ajolotes, seria de esperarse, tratándose de Tritones, que se efectua- 

' Mühlenpfordt, Versuch einer getreuen Schitderung der Republik Méjico. Hanover, 18i4, II. p. 
252. (Ensayo de una verdadera pintura de la Rep. Méx.) 



54 LA NATURALEZA 

ra la reversión á la forma Ictioidea si continuara el estímulo del agua bañando 
las agallas y todo el cuerpo, y al mismo tiempo se apartara el estímulo bajo cuya 
influencia se modeló la forma Salamandrida, — el estímulo del aire sobre las aga- 
llas, la piel y los pulmones. Espero con el tiempo poder dar á conocer algunas ex- 
periencias de esta clase." 

Ninguno objetará á mi hipótesis de la reversión, el que por un lado apoya lo 
que por otro combate: un repentino cambio de estructura. El carácter de la re- 
versión consiste en llegar á un límite antiguo; es decir, á un período filético, exis- 
tiendo anteriormente. Es un hecho que esto se verifica, mientras que nunca se ha 
probado ni hecho probable que se llegue á un límite más avanzado. 

Pero si hemos podido encontrar en el ajolote condiciones manifiestas de fuerza 
vital que hacen su vida terrestre difícil ó enteramente imposible, y que por con- 
siguiente demuestran la razón de esa vuelta que pairee haberse verificado á la 
forma Ictioidea, así también por otra parte puede sostenerse mi hipótesis por la 
presunción de que los antecesores de los ajolotes habian ya sido Amblistomas en 
épocas anteriores. 

Sabemos, por Humboldt, 6 que la superficie del Lago de México era mucho ma- 
yor que ahora, y esto, en tiempo relativamente moderno. Sabemos, además, que 
la Mesa de México estaba cubierta de bosques que han ido desapareciendo á medi- 
da que se han establecido los hombres, principalmente los españoles. Ahora, si 
suponemos que en la época diluviana los bosques se extendian en las orillas del 
Lago, entonces todavía profundo, y con playas abruptas y conteniendo considera- 
blemente menos sal, tenemos indicadas condiciones de vida, no solamente distintas 
en su esencia de las presentes, sino tales cuales debieran ser para la modelación de 
una especie de la Salamandrida. 

Todo esto acaso no sea bastante para que se comprenda mi manera de explicar 
la metamorfosis excepcional del ajolote del Lago de México, atribuyéndolo á una 
fantasía. De cualquier modo, es la única explicación que puede oponerse á aque- 
lla que supone que su trasformacion ocasional no es una reversión, sino una fuer- 
za al mejoramiento. Esta presunción puede, á mi juicio, combatirse, puramente 
en el terreno teórico, por todos aquellos que creen inconcebible una repentina 
trasformacion de especies; al menos, cuando va unida á adaptaciones á nue- 
vas condiciones de vida. Esta presunción debe ser rechazada por todos aquellos 
que ven en la adaptación no el resultado de un golpe mágico repentino, sino el 

a Sea lo que fuere, parece que Schreibers, en su Ensayo citado arriba, comunica experimentos 
de los que se desprende, tal como Leydig los recapitula en el lugar relativo, que el último cambio, 
esto es. la pérdida de las agallas, «puede retardarse por medios violentos.» Ciertamente, deaquino 
se sigue que el animal en experimentación al mismo tiempo se vuelva sexualmenle maduro. Por 
desgracia no pude examinar yo mismo el periódico, porque el volumen del «Iris» de 1833, á que 
se hace referencia, no contiene nada de este género, y he vivido mucho tiempo lejos de una buena 
librería. 

b Véase la obra ya citada: Mühlenpfordt, vol. I. 



LA NATURALEZA :,., 

resultado final de una serie de causas naturales, que separadas, parecen liger 

imperceptibles. 

Si mi interpretación de estos hechos fuese exacta, la historia de la trasformacion 
no tendría un significado tan lato, como si hubiera sido tomado en favor de la crea- 
ción heterogénea: en ese caso, demostrando la existencia de esa creación, queda- 
ría terminada la cuestión entre ella y la trasmutación. Ahora, por el contrario, 
no presenta ninguna decisión definitiva, porque considerada estrictamente, la re- 
futación de la trasformacion repentina en un caso, se limitaría á ese solo caso. I *i - 
ro es, después de todo, una contribución á la reprobación gradual y completa de 
semejante trasformacion repentina. Si parecen insostenibles los casos que sucesi- 
vamente parecen hablar en favor de la creación heterogénea en esa teoría, el ar- 
gumento por inducción debe, al fin, robustecerse, hasta el grado de ser reconocido 
como satisfactorio. Si mi modo de ver estos hechos es exacto, resultan de él algu- 
nos corolarios que mencionaré brevemente para terminar. 

Primero, un punto que es muy visible. Si el Siredon Mexicanas, Shaw, solo 
asume la forma de Amblistoma por reversión ocasional, pero nunca se reproduce co- 
mo tal, sino solamente como Siredon, no podemos aprobar la opinión de los últimos 
escritores sobre zoología sistemática, que simplemente excluyen del sistema al gé- 
nero Siredon, é incluyen el Siredon Mexicanus, como una adición espuria en 
el género Amblystorna. Tan existe el género, cuanto que no hay solamente una 
sino varias especies de Siredon sobre la tierra, que se han reproducido regular- 
mente como tales, y no de otra manera. Si no quitamos del todo ¿í .los escritores 
sistemáticos la esperanza de que algunas veces estas especies de Siredon se convir- 
tieran en Amblistomas, corresponde,' sin embargo, mejor al estado actual deco- 
sas sobre la tierra, si nosotros aun concedemos que el género Siredon esté en- 
tre los géneros de los peces-salamandras y reconocemos en él todas aquellas es- 
pecies que, como el ajolote de París, el Siredon Mexicanus, Shaw, y proba- 
blemente también el Siredon lichenoides, solamente toman la forma de Amblis- 
toma como una excepción ó por medio de influencias artificiales, pero sin repro- 
ducirse en ella. 

Por otro lado, todas esas especies pueden ser probablemente añadidas al géne- 
ro Amblystorna que se reproduce en este estado, y en el cual el período Peren- 
nibranquiado aparece solamente como condición larval. 

La distinción en el caso individual será principalmente la tarea de los natura- 
listas americanos, de cuya actividad, siempre creciente, podemos con justicia es- 
perar detalles más amplios sobre la reproducción de las numerosas especies de Am- 
blistomas en su país natal. Mucho me agradará que mi explicación aquí dada, 
contribuya en algo para tales investigaciones. 

El segundo corolario á que he aludido es puramente teórico. Encierra una adi- 
ción á la ley fundamental sobre el génesis de la vida,, iniciada primeramente 
por Fritz, Müller, y Haeckel. Es bien sabido que ésta descansa en la siguiente 



56 LA NATURALEZA 

proposición: la ontogénesis contiene en sí la filogénesis más ó menos restringida, 
más ó menos modificada. Aunque la proposición no puede ser satisfactoriamente 
probada, porque carecemos de medios para palpar el desarrollo filético, sin embar- 
go, su exactitud y general validez pueden hacerse hasta tal punto probables, de 
una manera indirecta, que pocos de los naturalistas de este tiempo, que se han ocu- 
pado de la historia del desarrollo y la morfología comparativa, pueden abrigar du- 
da acerca de ello. 

Ahora, de acuerdo con esta proposición, cada período del desarrollo filético, 
cuando es reemplazado por uno posterior, debe permanecer incluido en la ontogé- 
nesis, y por consiguiente nace en la forma de un período ontogénico en el desarro- 
llo de cada individuo. Ahora, con esto parece que está en contradicción mi expli- 
cación de la trasformacion del ajolote, porque éste, que ha sido en generaciones 
pasadas una Amblistoma, no contiene nada de ella en su ontogénesis. Sin embar- 
go, la contradicción es simplemente aparente. Tan luego como se trata de un des- 
arrollo más avanzado, y por consiguiente de la consecución de un período todavía 
no realizado, el período más antiguo pertenece á la ontogénesis. Pero no sucede 
así cuando el estado nuevo no es de ahora sino que en un tiempo remoto ha presen- 
tado el período final del desarrollo individual, ó en otros términos, cuando hay una 
reversión, no del individuo aislado, sino de la especie como tal, al período filético 
anterior, y por consiguiente un retroceso filético de la especie. En este caso, el 
período final de la ontogénesis es simplemente eliminado, se aparta, y nos- 
otros pjodemos solamente reconocer su presencia, por el hecho de que puede 
ocasionalmente aparecer como una forma reversionaria. Así, pues, el Tritón 
en ciertas circunstancias retrocede al período Perennibranquiado; pero no de tal 
manera que el individuo haya sido primeramente Tritón, convirtiéndose luego en 
Perennibranquiado, sino como ya he hecho notar de una manera marcada, sim- 
plemente no alcanzando el período de la Salamandrida y permaneciendo en el pe- 
ríodo de la Ictioidea. Así también, de acuerdo con mi hipótesis, la Salamandri- 
da que antiguamente vivía en las playas del Lago de México, la Amblysloma 
Mexicanum, ha degenerado al período de pez-salamandra, y el único vestigio 
que nos queda de su gran desarrollo anterior, es precisamente la inclinación más 
ó menos pronunciada en cada individuo, á alcanzar de nuevo, bajo circunstancias 
favorables, el período de Salamandra. Pero la tercera y última consecuencia que 
trae consigo mi modo de explicar los hechos, es aquella que puede aplicarse á la 
reversión en naturaleza orgánica. Hasta aquí, las formas atavísticas han sido so- 
lamente consideradas como casos excepcionales, aislados, interesantes en alto gra- 
do, no hay duda, para nuestro conocimiento, pero sin significación para el curso 
del desarrollo de la naturaleza orgánica. Ahora, tendremos que concederles gran- 
de importancia en aquel sentido. 

Yo supondría que la reversión puede, de dos maneras, ser un poder ocasional 
de la preservación ó restauración de una forma de vida. En un caso como en el 



LA NATURALEZA :,7 

del ajolote, donde la forma más nueva, orgánicamente superior, parece inadmisi- 
ble que proceda de causas externas, y en que no parece posible que se efectué un 
desarrollo posterior en otra dirección, sucede que en vez de morir simplemente, 
hay una reversión á la especie más antigua y menos bien organizada. Pero de i - 
ta manera la forma filética más antigua no está desechada del todo, mientras que 
la más joven se desarrolla de ella, pero alternándose periódicamente, como vernos 
en las mariposas dimorfo-estacionales. Apenas se puede hacer objeción á esto, si 
se ve la alternación de la forma estival é invernal como una reversión que ocurre 
periódicamente á la forma filáticamente más antigua (la forma invernal). 

Aunque la total reversión de una especie, como be supuesto tratándose del ajo- 
lote, puede ser un caso que ocurra muy rara vez, no sucede lo mismo con la rever- 
sión periódica ó cíclica. Ciertamente toma una parte muy considerable en el orí- 
gen de varias formas, el modo de reproducción, alternado ó cíclico. 



POST-SCRIPTUM. 

Se habia insinuado en el curso de la discusión que antecede, que las causas de 
que derivaba yo la reversión de la hipotética Amblistoma mexicana al ajolote de 
nuestros dias, no me parecían suficientes para la explicación del fenómeno. Por 
una parte me parecieron de naturaleza tan local, que podían ser solo aplicadas con 
exactitud al ajolote del Lago de la Capital de México, mientras que- el ajolote de 
Paris, procedente de otra parte de México, requiere una explicación especial. Pe- 
ro por otro lado no me parecieron bastante convincentes, porque si acaso llegára- 
mos á saber después, que el ajolote de Paris procede también de lago salado que es- 
tá expuesto á vientos semejantes á los del Lago de México, hay después de todo en 
estas peculiaridades de los lagos, solo una fuerza que hace difícil la metamorfosis 
de la larva y la consecución de una nueva habitación favorable en la tierra. La im- 
posibilidad de obtener tal morada, ó la carencia total de ella, no son precisamente 
su resultado. 

Evidentemente seria un apoyo más fuerte para mi hipótesis, si lograra yo seña- 
lar fuerzas en las relaciones físicas del país, que impidiesen allí completamente la 
existencia de la Amblistoma. 12 



(Traducido por el Sr. Joaquín Davis, asociado al Sr. M. Pérez.) 



58 LA NATURALEZA 

ANOTACIONES Y OBSERVACIONES AL TRABAJO 

DEL SEÑOR AUGUSTO WEISMAO, 

SOBRE LA TRASFORMACÍON DEL AJOLOTE MEXICANO EN AMBLISTOMA. 

1. — La trasformacion observada y descrita por A. Duméril, fué anunciada por 
el Sr. Jorge Cuvier, en su Memoria que se publicó en el primer volumen de Hum- 
boldt y Bompland, el año de 1811. Como es bien sabido, por la citada obra, 
recibió dos ejemplares de Siredon del mismo Barón de Humboldt, cuya especie fué 
la que conocemos con el nombre específico de Humboldtii: Con estos ejemplares hi- 
zo un estudio muy minucioso, abrazando en él la descripción exterior del animal, 
y al propio tiempo su organización interna; comprendiendo la osteología, los órga- 
nos de los sentidos, de la circulación, de la respiración, de la digestión y de la ge- 
neración; terminando con algunas consideraciones de bastante importancia, entre 
las que se leen las siguientes: 

«De todas estas señales de juventud, y de esta semejanza íntima de todas sus par- 
«tes con las salamandras y sus larvas, concluyo que el ajolote de los Mexicanos ó 
«Sirena pisciformis de Shaw, no es verdaderamente sino la larva de una grande 
«salamandra; quizás sea precisamente la misma á la cual se refiere Michaux. » (Pág. 
116.) En otro párrafo de la siguiente pág. 117, dice: «Se objetará, sin duda, que 
«es bien difícil que un aparato tan complicado como es el de las branquias, de sus 
«arcos y de sus músculos que los mueven, desaparezcan sin que quede señal al- 
«guna; pero como nuestras larvas de salamandras prueban una revolución seme- 
«jante, la singularidad del fenómeno no impide, pues, que sea posible. Creo, sin 
«embargo, que este es uno de los objetos que merecen ser observados con constan- 
«cia por los naturalistas. » 

Cincuenta y cinco años después, el Sr. Duméril observó y describió la trasfor- 
macion délos ajolotes, en la especie lic7ienoides;y en 1878, es decir, 12 años más 
tarde, la observé en la especie que denominé ti ff riña, que se desarrolla en el lagui- 
to de Santa Isabel, situado al Norte de la capital de México, y como á legua y me- 
dia de distancia de esta población. Y con motivo de la Memoria del Sr. Weismann, 
me dediqué á buscar ejemplares trasformados de la especie Humboldtii, que habita 
los lagos de Xochimilco y Chalco, y la Sociedad ha visto ya los ejemplares que le 
presenté. De los que viven en el de Zumpango, que está al Norte de la capital, y 
á 16 leguas de distancia, el Museo Nacional tiene ejemplares trasformados. A es- 
to debemos agregar, que en los pueblos cercanos á los lagos, son conocidos: en 
Santa Isabel, con el nombre de ajolotes pelones, ó mochos, ó sin aretes, á causa 
de no tener branquias: en los de los lagos de Chalco y Xochimilco. con el de Tía- 



LA NATURALIZA 39 

laxolotl, conservando su antigua denominación en idioma m< \ieano, que qpie 
decir, ajolote de tierra, ó que vive en la tierra; y también le dan algunos el nom- 
bre de ajolote de cerro, porque en las montañas que cierran el Valle «le Méxi 
por el lado S., y que están inmediatas á estos dos Lagos, se les encueuira debajo 
de las piedras y en los lugares húmedos. 

El Sr. Alfredo Dugés, nuestro socio corresponsal en Guanajuato, en su Memo- 
ria publicada en La Naturaleza, tomo I o , pág. 241, en la que describe \33as ee$fc- 
cie nueva de ajolote, que dedicó al Sr. Augusto Duméril y le dio el nombre especi- 
fico dé Dunierilii, nos dice lo siguiente: «Esta nueva especie de ajolote proviene de 
«la laguna de Pátzcuaro: los habitantes de este lugar le llaman Achoque de agua, 
«para distinguirlo de la Bolitoglossa mexicana, al que dan el nombre de Achoque de 
«tierra.» En el pueblo de Lerma les dan el nombre de ajolotes sordos. 

Por lo dicho se ve, que las presunciones del Sr. Cuvier, sobre la trasformacion 
de los Siredones, en la actualidad, están plenamente confirmadas, ya por los he- 
chos observados en Europa, y ya también por los conocidos en México. 

2. — Su metamorfosis ha sido observada en Europa y también en México, y de 
consiguiente en circunstancias muy diversas, puesto que las latitudes donde se han 
estudiado son distintas, así como las alturas lo son también; de consiguiente, es- 
tas circunstancias no obran en ellos de manera que pueda atribuirse á estas in- 
fluencias externas la trasformacion; por el contrario, su constitución anatómica 
está dispuesta de tal modo para sufrir su metamorfosis, que basta estudiarlos en 
sus órganos de la circulación y respiración, para convencerse que este fenómeno 
es debido á causas intrínsecas, sin negar por esto que las extrínsecas puedan in- 
fluir para acelerar ó retardar su completo desarrollo. 

Es un hecho que unas especies se trasforman con más prontitud que otras, y unos 
individuos la verifican siendo jóvenes; otros en su edad adulta, y á otros no se les 
ve hacer cambio alguno, sorprendiéndoles la muerte antes de llegar á este último 
estado. ¿Esto será bastante para negarles á algunos la posibilidad de hacer su me- 
tamorfosis? Claro que no. Los hechos nos lo demuestran con toda evidencia. Los 
ajolotes que viven en el lago de Santa Isabel se trasforman desde que el agua co- 
mienza á agotarse, y cuando se deseca por completo, ni un solo ejemplar se en- 
cuentra muerto, todos han salido á vivir en la tierra. Aunque la desecación de 
este lago sea ayudada artificialmente, no se ve pasar ni uno solo por la boca del 
desagüe, para lo cual se ha puesto una red que cubra toda la abertura, y de noche 
han caido en ella uno que otro Amblistoma arrastrado por la corriente, quizá al 
buscar un lugar para salir con facilidad á tierra. 

En los últimos dias del mes de Febrero, es decir, en los dias en que el agua 
estaba casi agotada en el lago de Santa Isabel, hice que me recogieran con la 
red algunos de los ajolotes que debian permanecer allí, y todos los que caye- 
ron, en número de 40, estaban trasformados; con la particularidad que la ma- 
yor parte no tenían sino de 8 á 10 centímetros de largo, alcanzando algunos á 

La Naturaleza.— Tomo V.— S. 



60 LA NATURALEZA 

18 y 20 centímetros, siendo el tamaño normal de esta especie, de 22 á 25 cen- 
tímetros. 

Esto nos dice con toda verdad, que estos individuos, nacidos y desarrollados en 
este lugar, no pueden durar en él más que algunos meses, puesto que se deseca 
este laguito todos los años completamente. El lago de Zumpango suele desecarse 
algunas veces, cuando las lluvias son escasas. 

En vista de esta circunstancia, y no teniendo más que estos dos sitios donde es- 
tudiar á los Siredones, podria uno desde luego inclinarse algo á la idea de que di- 
cha metamorfosis era debida á la desecación de los lagos, encontrándose obligados 
á salir del agua antes de hallarse sin ese elemento, cuya falta les haría inevitable 
la muerte. Pero los lagos de Xochimilco y Chalco nos destruyen por completo 
aquella idea, jen atención á que sus aguas son permanentes, de muy buena cali- 
dad, cubiertas en muchas partes, casi en su mayor extensión, de una vegetación 
flotante bastantemente rica; así como el fondo, que está también lleno de plantas, 
en las cuales se pueden abrigar perfectamente, y tienen además el alimento en can- 
tidad más que suficiente para nutrirse. Según las observaciones de temperatura 
practicadas en estos lugares, que más adelante apuntamos detalladamente, y cuyas 
observaciones fueron hechas con este exclusivo objeto, demuestran: que las con- 
diciones en que viven dentro del agua, les son más propicias en este lugar que fue- 
ra de ella. 

Siendo esto así, creo no podrá dudarse de que tal cambio es debido á causas in- 
trínsecas, es decir, al desarrollo genuino de estos animales. Las circunstancias en 
que se encuentran en las diversas partes que habitan, pueden influir para, acele- 
rarlo ó retardarlo, como ya dije antes; pero nunca deben tomarse como causas 
únicas determinantes de la trasformacion. En otro lugar estudiaremos este punto 
con la extensión que merece; pero según lo expuesto, creemos que los ajolotes de 
los lagos citados de Chalco y Xochimilco, nos demuestran que están obligados por 
su naturaleza á trasformarse, puesto que lo verifican estando aún en condiciones 
excelentes para permanecer en el agua. ¿Cuál sea la época natural en que deben 
hacerlo? yo no lo sé; pero en la actualidad tenemos como hechos incontestables, 
que no solo se trasforma la especie liquenoides, sino también las demás: y no so- 
lo lo verifican en Europa, también en México sufren ese cambio; ya sea que las 
condiciones que las rodean sean convenientes, ó impropias para que vivan en el 
agua. 

3. — Creo que la Srita. W. Chauvin se ha equivocado al pensar que artificial- 
mente se han trasfo miado sus ejemplares que puso en observación. Ella misma re- 
fiere «que violentando mucho al individuo para acelerar su trasformacion, puede 
ocasionársele la muerte.» Parece que perdió de vista que salen periódicamente á 
respirar al aire, cuya operación pone en juego los pulmones, dando por resultado 
que éstos, á cierto tiempo, nulifiquen las funciones de las branquias. Cuando un 
ajolote se coloca á flor de agua á respirar, es porque las branquias, ó ya no fun- 



LA NATURALEZA i;\ 

cionan, ó lo hacen con tal imperfección, que se encuentran obligados á respirar el 
aire libre. ¿Podrá creerse que en este estado un animal, se le pueda artificialmen- 
te obligar á trasformarse ? En este caso, no solo está inioiada-su metamúrí'o 
podemos asegurar que está muy adelantada. Habiendo llegado á este grado, ¿á 
qué fin colocarlos en agua menos profunda? Si ellos no pudiesen mantenerse en 
la superficie del líquido, habría entonces alguna razón de ayudarles de ese modo; 
pero es todo lo contrario, permanecen en ella el tiempo que quieren y sin hacer 
movimiento alguno, equilibrándose perfectamente con el medio que los rodea. Los 
70 ejemplares que puse en observación el año de 1S78, se trasformaron todos sin 
someterlos á ningún medio artificial. 

4. — En la nota anterior dije que la Srita. Chauvin se habia equivocado al creer 
que sus cinco ajolotes se habían trasformado artificialmente: esto no debe suponer 
que sea absolutamente imposible conseguirla, ayudándola con los medios artificia- 
les; ya hice notar en qué consistió su equivocación. 

Estando ya suficientemente aptos para sufrir ese cambio, yo creo que ayudán- 
dolos se podrá conseguir, siempre que no se comprometa su vida, y también que 
estos mismos medios obren eficazmente para su realización, por ejemplo: si se les 
somete á condiciones semejantes á las que tienen los que se desarrollan en el lago 
de Santa Isabel, es decir, si se ponen desde su estado de larvas en una cantidad de 
agua suficiente para que puedan funcionar sus branquias, de modo querellas solas 
hagan la hemátosis, y una vez que se ha desarrollado la mayor parte de los ani- 
males, al grado que la respiración branquial pueda ser sustituida por-la pulmonar, 
se puede entonces gradualmente ir agolando el agua hasta la completa desecación 
del recipiente, pero sin que ésta se efectúe de una manera brusca, porque si no 
tienen el tiempo bastante para que el cambio anatómico de los órganos de la res- 
piración y circulación se efectúe con la debida regularidad, la muerte de estos ani- 
males será inevitable; pero si se hace del modo indicado, es casi seguro que se lo- 
grará su trasformacion. 

El Sr. Duméril dice que en quince dias se trasforman: yo creo que á los ojos de 
los observadores, á lo más es el tiempo que se les puede dar; pero se debe atender 
á que desde muy pequeños ponen en juego sus pulmones, y es muy difícil saber 
con toda seguridad cuándo las funciones de éstos comienzan á predominar sobre 
las de las branquias, ni cuándo estas últimas han desaparecido enteramente. He 
hecho estudios anatómicos con varios ejemplares, y todavía al mes de estar vi- 
viendo en la tierra, he encontrado vestigios de los arcos; pero poco mas ó menos, 
se puede decir, que en esta época han consumado su metamorfosis. 

No debemos pasar por alto la idea que nos refiere el Sr. ^'eismann, en su tra- 
bajo referente á los ejemplares que el señor preparador del museo zoológico, Herr 
Hehring, sometió á su observación, que habiéndolos colocado en agua profunda, 
cuyo experimento fué contrario al que hizo la Sxita. Chauvin, y no habiendo lo- 
grado el resultado que deseaba con ninguno de sus ejemplares, saca la conclusión 



62 LA NATURALEZA 

deque «toda esta incubación estaba desprovista completamente de disposición 
para experimentar el cambio.-» Yo creo que no carecían de ella, no obstante 
que no se trasformaron. porque con toda seguridad podemos decir, que tanto los 
unos como los otros, tenian una conformación anatómica igual, y de consiguiente, 
todos estaban dispuestos para sufrir el cambio. El hecho de que ambos experi- ' 
mentadores no hayan tenido igual resultado con sus ejemplares, no debe preocu- 
par al grado de negar á los que no hicieron su metamorfosis, la posibilidad que 
tenian de verificarla. 

Los animales, aprisionados y sometidos al régimen que le place ó cree conve- 
niente el observador que los estudia, hace, en nuestro concepto, que no alcancen 
su desarrollo completo y les sorprenda la muerte antes de llegar á ese último es- 
tado. La razón es muy clara, ellos no tienen libertad de buscar los medios que 
les son más favorables á su género de vida, puesto que están á la voluntad del 
que los tiene aprisionados. ¿En los lagos podrá suceder lo mismo? Indudablemen- 
te que no, y lo vemos en los de México, que no en todos se desarrollan. Los en- 
contramos en los de Chalco, Xochimilco, Santa Isabel, Zumpango, y no en el de 
Texcoco ni tampoco en los vastos terrenos inundados de San Bartolo Tenayo y 
otra porción que se encuentran hacia el N. de la Capital, y algunos muy inmedia- 
tos al de Santa Isabel. Esto nos manifiesta que no en todas las aguas pueden vi- 
vir, y su Conveniencia ó inconveniencia debe tener una escala indefinida que ace- 
lere ó retarde su total desarrollo, y aunque los prive de la vida prematuramente. 
Además, la cantidad del agua debe también influir en ellos notablemente, puesto 
que no se desarrollan en los terrenos inundados aunque tengan una grande exten- 
sión, no alcanzando la profundidad que tienen los lagos; pero no basta esta últi- 
ma condición, porque en los canales, aun de corriente poco rápida, y en las ace- 
quias y pozos, no se les encuentra sino por casualidad, y ya de cierta edad son los 
que suelen salir de los lagos cuando aquellos están en comunicación con éstos. 
Por tales hechos debemos creer que las condiciones que necesitan deben ser bien 
apropiadas para que su desarrollo sea completo, y por lo mismo la falta de esta 
circunstancia ha hecho indudablemente que las dos experiencias citadas no hayan 
dado iguales resultados. 

Es tan cierto lo que acabo de decir, que basta colocar algunos ejemplares de 
la especie que denominé ticjrina, en un recipiente que contenga una cantidad cor- 
ta de agua, y se verá desde luego la frecuencia con que salen á respirar á la su- 
perficie del líquido, haciéndolo tan repetidas veces que lo verifican á cada minuto, 
por término medio, cuya observación he hecho en varios dias. En los lagos, po- 
cas veces salen á desempeñar esa función, y se colocan en el dia á una profundi- 
dad que no baja de un metro y medio, y solo de noche se colocan cerca de la su- 
perficie, de cuya circunstancia se aprovechan los pescadores para cogerlos, pin- 
chándolos Con el instrumento que llaman fisga, á la vez que pescan el pescado 
blanco, que también se halla de noche cerca de la superficie deTagua. 



LA NATURALEZA 

Tal costumbre de salir periódicamente á respirar el aire ambiente* y qu< 
encontramos referida en las observaciones que lian servido al Sr. ^'eisrnann pg 
tratar esta cuestión, tiene un grande interés para explicamos de alguna man< 
el por qué los ejemplares que observó la Srita. Chauvin se trasforrnaron, y no lo 
lucieron los que puso en observación el Sr. Herr Hehring. 

Sin pretender, por nuestra parte, dar una explicación fisiológica tan clara y 
convincente respecto de las funciones de respiración en estos animales, que no de- 
je ninguna duda sobre la mayor ó menor influencia que pueda tener sobre los ajo- 
lotes, y la que pueda á la vez ejercer la mayor ó menor cantidad y profundidad 
de la masa de agua en la que se les coloquen ó se hallen en los lagos, procurare- 
mos al menos, hasta donde nos sea posible, atendida nuestra poca pericia en tales 
estudios, entrar en algunas ligeras consideraciones. 

Los dos experimentos citados nos podrán desde luego servir para desarrollar 
nuestras ideas. En ambas experiencias, referidas en la Memoria que nos ocupa, 
notamos tansolo una diferencia en cuanto á las circunstancias en que fueron colo- 
cados los ejemplares, y es que la Srita. Chauvin colocó los suyos en poca agua, y 
el Sr. Herr Hehring en agua profunda: los primeros se trasforrnaron, y los segun- 
dos no dieron ni señales de efectuar ese cambio. Desde luego parece que la falta 
de este líquido los obligó á salir fuera de él; pero, ¿seria, quizá, porque les faltase 
el aire para respirar? En tal circunstancia podría venirles la asfixia, supuesto que 
su respiración en ese estado tiene que ser branquial; pero recordemos que cuando 
están colocados de esta manera, como hice notar antes, salen con frecuencia á res- 
pirar el aire ambiente, haciendo la respiración pulmonar, la que tienen precisión 
de poner en juego siempre que carecen de branquias ó éstas no pueden hacer la he- 
matosis á causa del empobrecimiento rápido en oxígeno que sufre el agua, tanto 
más fuerte cuanto menor es su masa y mayor el número de individuos que en ella 
están contenidos. En la misma proporción es la frecuencia con que salen á la su- 
perficie, y la rapidez con que se trasforman. 

Después de estas consideraciones, no encuentro repugnancia en creer que los 
individuos que viven en una masa considerable de agua, se trasformen después de 
mucho tiempo y algunos no se les vea efectuar su metamorfosis, supuesto que la 
respiración branquial en estas circunstancias les basta para recomponer su san- 
gre, tanto más cuanto que la cantidad de oxígeno que necesitan absorber debe ser 
muy corta, en atención á la baja temperatura que tienen y el muy poco movi- 
miento que hacen en el agua, resultando de esto que sus pulmones no los ponen 
enjuego sino en los dos casos ya indicados. 

Pero la parte más importante es saber cómo puede influir la frecuencia de la res- 
piración pulmonar para operarse la metamorfosis. Si una cantidad determinada 
de oxígeno es la que debe absorberla sangre para hacer su recomposición, y ésta 
es suministrada por las branquias, los pulmones, en este caso, funcionarán como 
vejigas natatorias: pero si la cantidad de oxígeno que contiene el aire, disuelto en 



6i LA NATURALEZA 

el agua, no proporciona al animal toda la que necesita, entonces los pulmones, no 
solo obrarán como acabo de indicar, sino que funcionarán como tales; la energía 
de las branquias habrá disminuido, y proporcionalmente la de los pulmones ba- 
brá aumentado, afluyendo á ellos alguna mayor cantidad de sangre que antes. 

Me parece muy racional suponer, que cuando los pulmones desempeñan por 
completo labematósis, la energía en las funciones de las branquias se nulifica; sus 
vasos nutritivos se atrofian, ocasionando la obliteración de las láminas branquia- 
les, quedando la sangre obligada á pasar por las anastomosis para restablecer su 
circulación; la lámina branquial póstero-superior-interna, careciendo de anasto- 
mosis se oblitera por completo hasta su nacimiento en el bulbo aórtico, engrosán- 
dose la arteria pulmonar. De esta manera queda sustituida la respiración branquial 
por la pulmonar. 

Según esta explicación, parece que su metamorfosis está al arbitrio de cada in- 
dividuo, pudiendo hacerlo á la vez que les parezca conveniente, ya que no nece- 
sitan otra cosa que respirar por los pulmones con mayor frecuencia. Pero hay 
que advertir que no lo hacen sino cuando están obligados á ello; pero dejándolos 
en libertad para esperar á que la trasformacion se inicie en ellos naturalmente, 
porque las branquias decaigan en su energía, como todo órgano que ha funciona- 
do el tiempo que debe, y comienza á debilitarse en sus funciones por su propia 
edad, quizá entonces la trasformacion será menos peligrosa, encontrándose bien 
desarrollados todos sus órganos, y especialmente los pulmones. 

Atendiendo solamente á los hechos que se observan en las costumbres de los 
animales, sin relacionarlos con su constitución anatómica, es muy peligroso hacer 
deducciones, porque ellas pueden alejarse de la ciencia, así como hacerlas con es- 
tudios anatómicos aislados. Creo inútil, y aun fuera de lugar, repetir aquí las que 
hice, y fueron publicadas en el tomo IV de La Naturaleza, pudiendo consultar 
allí el referido trabajo. 

Resumiendo lo expuesto, y en atención á dicho estudio anatómico, tenemos: 
que los reptiles conocidos con el nombre genérico de Siredon, tienen una disposi- 
ción anatómica, á propósito para trasformarse: que los individuos que han habitado 
los lagos de Xochimilco y Chalco, y pertenecen á la especie Humbolcltii, demues- 
tran no tener necesidad para verificarlo, de ninguna circunstancia exterior que 
los apremie para abandonar el agua: que los trasfo miados en Europa, así como 
los del lago de Santa Isabel de México, indican que pueden efectuar ese cambio, 
encontrándose obligados á verificarlo impulsados por las circunstancias en que vi- 
ven; por esto mismo es muy difícil llegar á saber el tiempo preciso en que natural- 
mente se opera su metamorfosis, retardándose en unos más que en otros indivi- 
duos, sorprendiendo la muerte á muchos de los que se tienen en prisión, antes de 
alcanzar ese último estado de su vida. 

5. — Ya hemos dicho varias veces que en México se trasforman los ajolotes, y 
no solo los que viven én un solo lugar, sino todos los que se conocen en los lagos 



LA NATURALEZA 65 

de México. No inculpamos al Sr. Weismarm por esto error, porque no tiene culpa 
alguna ele que los datos que le han servido para desarrollar su trabajo, hayan si- 
do equivocados, él los ha tomado de personas que merecen entera fé, pero elL 
su vez lo estaban también. Por el contrario, creemos que dicho Sr. Weismann 
tiene mérito, porque en su trabajo se nota 1 la intención de ir en pos de la verdad, 
y por lo mismo, al anotar su trabajo, no nos lleva la intención de censurarle su 
artículo, sino contribuir de alguna manera al mismo fin que él deseaba alcanzar, 
cual es el esclarecimiento de la verdad científica. 

6. — Es verdaderamente imposible asegurarse de si todos los ajolotes que viven 
en los lagos que nunca se desecan, y que tienen además una extensión de varias 
leguas, sufren su metamorfosis; creo que solo en estado de libertad es como se de- 
ben estudiar, y creo igualmente que es innecesaria tal exigencia, bastando, en 
nuestro concepto, la seguridad de que se tienen de todas las especies de ajolotes 
ejemplares trasformados, en mayor ó menor número; unida á ésta la que igual- 
mente se tiene hoy en México respecto de los que habitan en el lago de Santa Isa- 
bel, que anualmente se deseca, y salen á vivir fuera del agua ya trasformados. 

7. — Es cierto que en México no se conocia la trasformacion de los ajolotes has- 
ta el año de 1878, que se presentaron a la Sociedad los ejemplares de la especie 
que habita el lago de Santa Isabel, y en este año, 1870, se conoció la de la espe- 
cie Humboldtii, que se halla en los lagos de Chalco y Xochimilco. Como trascur- 
rieron muchos años desde que Cuvier anunció la de los ajolotes en una especie de 
grande salamandra, como ya lo hicimos notar, y no se habia tenido noticia de 
que se efectuara en los individuos que habitan los lagos de México, y además, al- 
gunas personas de reputación aseguraron igual cosa, por esto es que se ha atri- 
buido á un desarrollo filético más avanzado la trasformacion del Siredon liquenoi- 
des, observada en Europa, y que los ajolotes de que antes hemos hecho mención, 
permanecían en un estado filético inferior. 

Bastante dificultoso es hacerse de estos ejemplares, porque salen del agua de 
noche y se ocultan prontamente. Por los últimos informes que hemos adquirido 
de las personas que viven cerca de los lagos, sabemos que se encuentran en las al- 
tas montañas del Sur de México, que limitan el Valle por este rumbo, y también 
se han hallado en las cercanías del pueblo de Juchi, situado en las mismas mon- 
tañas, en la parte meridional, principio de la tierra-caliente. Es fácil que estos 
animales se alejen á grandes distancias de los lagos, y por esto también es difícil 
encontrarlos. 

Sea como fuere, la teoría citada en el trabajo que nos ocupa sobre que el ajolote 
descansa en un período /¡¿ético de desarrollo inferior al de las otras especies 
que se propagan en la forma de Amblistomas, descansando en una base entera- 
mente falsa, cual es la de creer que en México permanecen en el primer estado, es 
decir, en el de ajolotes, no tiene, en nuestro concepto, valor alguno. 

Nos parecen de alguna importancia los hechos observados, tanto en la especie 



66 LA NATURALEZA 

tigrina como en la Humboldtii, por los cuales no repugnamos enteramente la 
idea de que las especies sufren algunas modificaciones; pero que ellas no van tan 
lejos, que hagan desaparecer por completo el tipo de una especie. 

Al sacar los ejemplares del lago de Santa Isabel, cuya agua es muy turbia d 
consecuencia de la mucha arcilla que contiene, se nota en ellos una coloración ge- 
neral verdosa y pálida; sobre este fondo tienen dos clases de manchas: unas negras 
y otras amarillas, con reflejos dorados. Puestos en agua limpia y en un lugar que 
tenga una luz fuerte, con bastante prontitud toman una coloración muy oscura, 
semejante á la de la especie Humboldtii, notándose, entre los muchos ejemplares 
puestos en observación, una escala bastante variada, desde el amarillo uniforme 
con algunas manchas grises sumamente ligeras, y que no se podian notar á prime- 
ra vista, hasta el oscuro más fuerte con unas manchitas claras poco notables. El 
ejemplar amarillo fué sacado del agua teniendo ya ese color: no es raro el albinis- 
mo en este lugar. En el lago de Chalco sabemos que se encuentran también ejem- 
plares bastante manchados de amarillo, y que viven en el agua que está cargada 
de sales: también en el de Xochimilco hemos visto dos tipos, que parece uno de 
ellos ser una variedad de la especie Humboldtii. La más oscura la hemos encon- 
trado en algunos lugares cercanos al pueblo de Xochimilco, y la menos oscura la 
traen á vender al mercado de México, del pueblo de San Lorenzo, situado en h 
parte Sur del lago. 

Por lo dicho, no nos queda duda de que á lo menos sufren una modificación en 
sus colores; pero nos ha parecido muy singular el caso de que mezclados diversos 
individuos, tanto de la especie Humboldtii como de la tigrina, cuya coloración 
era semejante, podian desde luego distinguirse las dos especies, aun por personas 
que no están iniciadas en la historia natural. 

Siendo nuestro propósito el anotar simplemente las ideas que no están confor- 
mes con los hechos naturales observadas respecto de la trasformacion y no comba- 
tir especialmente el Darwinismo, á pesar de que no estamos conformes con esta 
exagerada teoría, encontramos á cada paso hechos que se relacionan muy de cer- 
ca con ella, y nos vemos precisados á tratar esa cuestión, aunque sea muy super- 
ficialmente. 

Los cambios observados en la especie tigrina, nos demuestran con toda eviden- 
cia que de ordinario está sujeta á ellos: tales variaciones en la serie animal, en 
nuestro modo de ver, son las que han dado lugar á creer que unas especies se con- 
vierten en otras muy distintas, cuya opinión la vemos exagerada, al grado que 
se ha creído que la metamorfosis de los ajolotes, era debida á esos mismos cambios 
que la teoría evolucionista toma como el resultado de una energía vital, que tien- 
de al perfeccionamiento. La semejanza en la organización, tanto de unas como de 
otras especies, así como de los géneros, familias, etc., entre sí, han sido tomados 
en apoyo de tal teoría, sin descuidar el estudio de las costumbres de los animales, 
en las diversas edades y condiciones de su vida. No obstante, debemos decir que 



LA NATURALEZA 07 

tal teoría ha dado margen á multitud de estudios que hasta entonces no habían si- 
do emprendidos; los que indudablemente han hecho avanzar en un grado bastan- 
te elevado muchos ramos do las ciencias naturales. Pero respecto del asunto prin- 
cipal de dichos estudios, hasta el dia no pasa de una mera hipótesis el sistema lla- 
mado evolucionista. 

El Sr. Weismann con mucha razón cree que el hecho de que en México los ajo- 
lotes permanezcan en ese estado, y en otras partes del globo se conviertan en 
Amblistomas, tenia mucho interés para probar dicha teoría, porque se creyó ha- 
ber encontrado la prueba más robusta, podemos decir, que desvanecia, ó más bien 
destruía por completo la fuerte objeción que se le ha hecho á esa teoría, cual era 
la de que hasta ahora no se había podido presentar el paso bien definido de una á 
otra especie. Con este caso singular, no solo se pensó demostrar el cambio de una 
en otra especie, sino que podia ir más adelante, convirtiéndose el género Siredon 
en Amblistoma. Se avanzó á suponer, como llevamos dicho, que dependia de un 
estado filático alcanzado en dichas Amblistomas, mientras que los Siredones de 
México estaban en un grado inferior, en cuya idea encontramos lo que antes dije, 
la exageración. 

Es bien sabido que hasta ahora no se tiene un límite bien marcado para deter- 
minar una especie, pasando igual cosa con los géneros y las familias, y no pocas 
ocasiones se vacila para colocar á tal ó cual individuo en su respectivo lugar, 
dependiendo esto de la escala de semejanzas que se encuentran en los seres vi- 
vientes. 

En la clasificación de los Siredones, en varias especies notamos que la diferencia 
de coloración ha sido tomada como carácter para determinarlas: según este sis- 
tema, de la especie tigrina podíanse formar varias, porque la diferencia entre los 
diversos individuos quese tienen aprisionados, bajo este respecto, son muy conside- 
rables. ¿Podría creerse que los ejemplares que antes describí correspondan á una 
misma, siendo evidente la grande diferencia que hay entre los de color amarillo y 
de color negro? Si á esto agregamos la diferencia del tamaño del cuerpo, así como 
el de las branquias, que disminuyen notablemente en algunos que están cercanos 
á su metamorfosis, sin que ésta pueda conocerse aún por el naturalista, indudable- 
mente que se podrían tomar como distintas especies. ¿No pasará cosa semejante 
con los que habitan los lagos de Chalcoy Xochimilco, y que la variedad que se nota 
en estos individuos dependa de las condiciones en que viven, teniendo la seguri- 
dad de que cambia su coloración con bastante facilidad ; pues tenemos allí tres 
tipos bien marcados y en Santa Isabel uno solo, encontrándose de vez en cuan- 
do algún ejemplar amarillo que tiende al albinismo. En estado de libertad conser- 
van más su color, aunque es preciso no perder de vista que en los lagos men- 
cionados del Sur de la capital no tiene el agua una completa uniformidad en todas 
partes, siendo en unos lugares ligeramente salada y en otros dulce, y precisamen- 
te cada tipo vive en cierta clase de agua: las más oscuras de color, viven en la 

La Naturaleza.— Tomo V.— 9. 



68 LA NATURALEZA 

que contiene menos sales, y las manchadas de amarillo en la que está más carga- 
da de ellas. Ahora, ¿podremos tomarlas como especies diferentes, ó como varie- 
dades, ó como simples modificaciones debidas á los medios en que viven? Se con- 
testará á esto que la diferencia de color no basta para tomarlas como especies 
diferentes, y que se necesita un carácter de más importancia que agregar al de su 
coloración; es menester atender á que los tres viven en un solo lago, puede decir- 
se, puesto que los dos solo están divididos por el dique de Tlahuac, y por lo mis- 
mo podrían mezclarse y reproducirse entre sí, y no obstante los encontramos se- 
parados, habitando diversas localidades de ambos lagos. 

De lo dicho podemos deducir que son susceptibles de modificarse, al grado que 
se tiene dificultad para determinar la especie á la cual pertenecen; pero que la tras- 
formacion en Amblistomas, verificándose en todas las especies del género Siredon, 
prueban suficientemente que ella no depende de esa energía vital de perfecciona- 
miento que se 'supone existe en los seres organizados, tal como la consideran los 
partidarios del sistema evolucionista, sino que ella es debida al desarrollo natural 
de estos seres. 

8. — Las Amblistomas que tenemos en número como de cuarenta, con frecuen- 
cia entran al agua y permanecen en ella por mucho tiempo, y aun por varios dias, 
y no solo las de Santa Isabel, sino también las de Xochimilco, es decir, la de la 
especie Humboldtii y la que denominamos tigrina. Del mismo lago hemos saca- 
do algunas Amblistomas que tenían ya algún tiempo de trasformadas, á juzgar por 
la forma última que hemos observado en ellas. 

9. — Con mucha razón el Sr. Weismann cree, que este caso, tan singular, «era 
«muy propio para dar una luz decisiva sobre la principal alternativa en que se en- 
«cuentran las opiniones acerca de la doctrina de la descendencia.» Nosotros abri- 
gamos la misma idea, y con los datos que poseemos acerca de este caso singular, 
procuraremos, á nuestro turno, dar alguna luz sobre tal doctrina. Nos dice en su 
Memoria: «hasta hace pocos añcs, la cuestión del desarrollo repentino me era muy 
«clara; pero mis investigaciones me han infundido la convicción contraria;» (es 
decir, la del desarrollo lento). Pero poco antes nos manifiesta, al hablar de los 
cambios que los órganos sufren por la trasformacion, que «todos ellos pueden ex- 
«plicarse en parte como la adaptación morfológica á las nuevas condiciones de vi- 
«da, y en parte también como consecuencia de esta adaptación (cambios correla- 
«tivos); pero de ninguna manera es posible explicarla como el efecto repen- 
tino del cambio en las condiciones de la vida. Tal es mi opinión, etc.» Para 
darnos cuenta de si tales ideas puedan ser acertadas, debemos entrar en conside- 
raciones que á nuestro modo de ver tienen en este asunto una grande importan- 
cia. ¿Estos individuos sufren estos cambios por adaptación, ó ellos les obligan á 
seguir un sistema de vida distinto al que antes llevaban? Esta es, en nuestro con- 
cepto, la cuestión que tenemos que estudiar. Para resolverla, debemos seguirlos 
en todo su desarrollo y en las condiciones en que efectúan su metamorfosis. 



LA NATURALEZA 09 

En su primera edad los ajolotes no tienen miembros, y -jan á los pesca- 

dos: en este período de su vida parece que están organizados para vivir única- 
mente en el agua: nadan con agilidad, se nutren y desarrollan perfectamente. A 
poco tiempo les vemos aparecer dos miembros y un poco más tarde otros dos, y los 
tenemos entonces provistos de cuatro: si ellos no tenían necesidad alguna de tales 
órganos para este género de vida, ¿á qué fin se producen, si no es que ellos les han 
de servir para la locomoción, y no en la masa de agua sino en la tierral Si los 
examinamos en su interior, les encontraremos dos pulmones que se van gradual- 
mente desarrollando á medida que avanzan en edad, y están organizados de tal 
manera, que pueden utilizarlos como tales y también como vejigas natatorias; 
además, pueden contener el aire dentro de ellos sin esfuerzo alguno, porque sus 
tubos, que reemplazan los bronquios, están comprimidos cuando los músculos ari- 
tenoides están en reposo; y para introducir el aire en el momento de la deglución, 
contrayéndose estos músculos los abren para darle paso. Estos mismos órganos 
tienen en perfecta relación sus arterias y venas con el corazón, y funcionan en 
consonancia con las arterias y venas branquiales: los vasos dichos de los pulmones 
tienen un diámetro reducido, de modo que á estos órganos no llega sino una can- 
tidad de sangre muy limitada. Si estos animales están organizados para vivir en 
el agua, ¿á qué fin nacen y se desarrollan estos órganos que no necesitan para 
operar su hematósis, teniendo el aparato branquial que la desempeña perfecta- 
mente? Tanto estos órganos de da respiración, como los miembros que nacen en 
su cuerpo desde una edad muy temprana, indican que están dispuestos para vivir 
más tarde de un modo distinto del que llevan en su primera edad. Pero veamos lo 
que pasa respecto de las branquias y de las membranas caudales: con las primeras 
respiran en el agua, y con las segundas nadan en ella y se mantienen en una di- 
rección trasversalmente horizontal; su conformación nos dirá si estos órganos es- 
tán constituidos para permanecer en el agua llenando sus funciones solamente en 
cierta época de la vida, es decir, si ellos son provisionales. 

Con respecto á las membranas caudales, están formadas simplemente por 
una prolongación de la piel, y con facilidad se reabsorben, desapareciendo por 
completo más tarde. Pero examinando el aparato branquial, nos llena de admira- 
ción el ver en él esa conformación tan propia para hacer la hematósis mientras el 
individuo vive en el agua, y á cierto tiempo, ó más bien, á la vez que debe aban- 
donar ese medio para salir á tierra se destruye, no quedando aún ni ligeros ves- 
tigios de tal aparato. Para que no quede duda de lo que venimos diciendo, démos- 
le una rápida mirada y tendremos que confesar que está expresamente organizado 
para destruirse después de haberse utilizado en cierta época de la vida. 

Del bulbo aórtico parten seis arterias, distribuyéndose tres de cada lado, y cada 
una de ellas se va á dividir en la lámina branquial respectiva, en una multitud de 
pequeños vasos que recorren sus filamentos, y á su vuelta se reúnen para formar las 
venas branquiales. De las dos arterias posteriores, cerca de su origen, parten dos 



70 LA NATURALEZA 

ramitos muy delgados que llevan la sangre á los pulmones, y en el nacimiento de 
la lámina branquial póstero-superior-interna se desprenden otros dos de cada una 
de estas dos arterías posteriores, que nutren todo el aparato branquial. En las 
cuatro arterías restantes y en las bases de sus correspondientes láminas branquia- 
les, existe una anastomosis que une la arteria con la vena, cuyos vasos anastomó- 
ticos son extremadamente delgados. Las dos arterias anteriores, colocadas una de 
cada lado, nutren la cabeza; las dos medias, distribuidas de la misma manera, 
unidas á los dos ramos de las dos posteriores, se reúnen para formar la aorta dor- 
sal, y los otros dos ramitos que se desprenden de estas dos arterias posteriores se 
asocian de cada lado uno, para auxiliar á los dos ramos que más tarde forman las 
arterias pulmonares; de modo que en este período, es decir, cuando la hematosis 
se hace con las branquias, una parte de la sangre y casi la mayor, es proporcio- 
nada por la vena de la lámina póstero-superior-interna, y por lo mismo recom- 
puesta en ella: de consiguiente, en este período, los pulmones hacen un papel in- 
significante en las funciones de respiración. Ahora, ¿qué. objeto tiene esta tan ad- 
mirable disposición? Las dos láminas posteriores nutren el aparato branquial y 
carecen de vasos anastomóticos: las cuatro restantes están unidas á las venas por 
estos pequeñísimos vasos. ¿Qué quiere decir todo esto? Que llegada la vez de que 
el animal deba ya salir del agua, los pulmones, entrando en ejercicio, destruyen 
las funciones de las branquias, comienzan á marchitarse las extremidades de los 
filamentos de las láminas, y siguen más y más obliterándose á medida que los pul- 
mones obran la hematosis con más energía; entonces la sangre, que debia divi- 
dirse en esos filamentos mediante sus vasos, comienza á abrirse paso por las anas- 
tomosis y restablecen la circulación; ellas se engruesan, y llega la vez en que su 
diámetro es igual al de la arteria y vena que unen, y confundiéndose con éstas for- 
man después un solo vaso arterial. Pero la sangre que debia pasar por la lámina 
posterior, ¿cómo se distribuye? Hé aquí lo más admirable de la conformación de 
este aparato. A medida que los pulmones aumentan su energía disminuye la de 
las branquias, como dije, y no obstante, este aparato podia permanecer aún sin 
hacer la hematosis, puesto que tiene sus vasos propios que lo nutren; pero no su- 
cede tal cosa, sino que una parte de la sangre va á los pulmones, engrosándose la 
arteria pulmonar, y el resto se une á la que llevan las dos arterias medias, en- 
grosándose á su vez, y. de este modo los vasos nutritivos de las branquias se que- 
dan privados de sangre y su completa destrucción es inevitable. 

El aumento de los vasos arteriales va siendo lento y progresivo, lo mismo que 
el de las arterias medias y anastomosis: he examinado muchos ejemplares de los 
que ya han salido fuera del agua, y en los primeros dias el cambio completo aún 
no está consumado, sino hasta muchos dias después; de modo que en esta época 
están estos animales en una situación muy peligrosa, porque la sangre que va á 
los pulmones es en cantidad mayor; pero no es toda la que llevan sus arterias cuan- 
do la metamorfosis está terminada: quizá por esto es que desde luego que comien- 



LA NATURALEZA 7! 

zan á operar su cambio no toman alimento y se están eri - por mu- 

chos dias, á fin de que la sangre no haga una presión demasiado considerable so- 
bre las arterias que deben engrosarse, y pueda verificarse la metamorfosis sin 
comprometer su vida. 

En atención á lo dicho, ¿podremos suponer que estos caminos sean debidos á la 
adaptación del nuevo género de vida que más tarde llevan, es decir, después de 
trasformados ? Pero el Sr. Weismann, por lo que nos dice en su Memoria, pi- 
que no habla de los que hasta ahora llevo referidos, sino de los que preceden á la 
trasformacion, según entiendo, como son: el cambio en la forma de las vértebras, 
del hueso hioides, de los dientes, nacimiento délos párpados, etc., los cuales apun- 
ta en su citado trabajo. 

Es menester, en primer lugar, saber si esos cambios los verifican después de 
hecho el de su respiración y circulación, para decir, en segundo lugar, si ellos 
son debidos á las nuevas condiciones de vida que llevan ya trasformados. Por los 
experimentos mismos de la Srita. Chauvin, por la descripción minuciosa del Sr. 
Duméril y por mis propias observaciones, sabemos que la trasformacion se comien- 
za á efectuar estando aún los animales viviendo dentro del agua: lo primero que 
se nota en ellos, es que el cuerpo se adelgaza, que no toman alimento, que sus 
membranas caudales comienzan á desaparecer, y las láminas branquiales dismi- 
nuyen de tamaño; y sus filamentos, tomando un color gris, se desprenden en pe- 
queñas fracciones: los animales salen con frecuencia á respirar el aire libre, pero 
se sumergen en seguida repitiendo esta operación alternativamente. Un poca más 
tarde, la cola se nota más rígida y gruesa;'las membranas han desaparecido, las 
láminas casi no existen ya, ó permanecen muy reducidas en su longitud; la secre- 
ción viscosa ha disminuido, la cabeza se abulta en su parte superior, y comienzan 
á notarse los huesos del cráneo; los ojos adquieren párpados, extendiéndose la 
piel sobre ellos, y permanece la membrana trasparente que los cubre, etc.: un po- 
co después, las membranas han desaparecido por completo; las láminas solo tie- 
nen ligeros restos arrollados hacia abajo; los párpados están enteramente forma- 
dos; la membrana branquióstega comienza á soldarse en el cuello, y el animal flo- 
ta en el agua los dias y noches, permaneciendo con la nariz fuera para respirar y 
sin mover el cuerpo, con los miembros extendidos: los huesos del paladar se mo- 
difican, aumentando el espacio que hay entre los clientes palatinos y los maxila- 
res, formando los primeros una línea menos curva. El color de la piel, desde que 
puede conocerse la trasformacion, se va oscureciendo más y más, formando ma- 
yor contraste las manchas claras sobre el fondo oscuro. Hasta aquí, ¿qué causas 
han llevado á estos animales al estado de flotar en el agua para respirar al aire 
ambiente? ¿cuáles las que han influido para que las láminos branquiales se destru- 
yan, permaneciendo aún en el agua, y de consiguiente necesitando de ellas para 
respirar? ¿qué correlación, qué adaptación hay aquí para que se verifique todo es- 
te grupo de fenómenos que hemos señalado en estos animales, que se trasforman 



72 LA NATURALEZA 

y que aún no viven en la tierra, sino que están en los momentos de abandonar el 
agua? ¿Podrá decirse que hay adaptación, cuando sufren un cambio que los obli- 
ga á separarse del medio en el cual han vivido y desarrollad ose, operándose tal 
cambio nada menos que en el agua misma donde por mucho tiempo han perma- 
necido? ¿qué adaptación puede ser ésta? Pero no se dice nada de los cambios que 
el animal sufre mientras está en el agua, sino de aquellos que se operan en él cuan- 
do está fuera. Pero creo que en este fenómeno de la trasformacion no podemos 
separar los que experimentan en el agua de los que siguen operándose fuera de 
ella, porque los primeros son los que obligan á los ajolotes á salir de ese medio; los 
segundos son el complemento de la metamorfosis. 

Si en este estado examinamos anatómicamente su aparato branquial, no encon- 
tramos otra cosa que la destrucción de las láminas y de sus vasos nutritivos que 
dallan su nutrición aun á los arcos branquiales: en tales condiciones, podíase ase- 
gurar que los arcos deben destruirse enteramente, supuesto que no tienen arteria 
alguna que los nutra; y en efecto, desaparecen después. Su destrucción no puede, 
por lo mismo, atribuirse á una adaptación á las nuevas condiciones de vida; ella, 
necesariamente, tiene que efectuarse en cualquiera circunstancia en que se encuen- 
tren, y aun permaneciendo por mucho tiempo en el agua misma, para lo cual mu- 
chas veces no tienen inconveniente alguno. 

Esto que nos demuestra su estudio anatómico respecto del aparato branquial 
que está al alcance de nuestra limitada vista, ¿no podrá verificarse en las demás 
partes que con él hacen también sus modificaciones? De la misma manera que tan 
sabiamente están dispuestos los órganos de la circulación. y respiración para efec- 
tuar el citado cambio y poner á dichos animales en la posibilidad de vivir en la 
tierra, los que son de una importancia mucho menor que éstos, ¿no estarán tam- 
bién dispuestos á seguirlos en esos mismos cambios y con el mismo fin? 

Nos dice el Sr. "Weismann: «¿quién podrá explicar estos profundos cambios?» 
Es la verdad; el cómo se efectúan es casi imposible saberlo, ni pretendemos expli- 
carlos tampoco; pero sí nos parece fuera de toda duda que ellos no son debidos si- 
no á su natural organización. Todos se relacionan y no aparecen unos antes 
que otros, sino que se van sucediendo, ó más bien se van verificando con el orden 
mismo en todos y cada uno de los individuos. Le llama mucho la atención que 
varios ajolotes pierdan sus membranas caudales, y que no obstante las láminas 
branquiales permanezcan solamente disminuidas en su tamaño, y concluye dicien- 
do, «que estos cambios tan profundos que se operan en casi todas las partes del 
«animal, no pueden atribuirse á la pérdida de las branquias.» 

Habiendo ya terminado mis observaciones, el Sr. Presidente de la Sociedad, 
Dr. Jesús Sánchez y el Sr. Tesorero Dr. Manuel Villada, me dieron la noticia de 
que en la Revue des Sciences, 22 de Noviembre de 1S79, pág. 395, titulada: 
«La Nature, » habia un artículo en el que se referían algunos experimentos muy 
curiosos, puestos en práctica por la Srita Chauvin. Refiere lo siguiente: «la meta- 



LA NATURALEZA 73 

«mórfosis de los ajolotes da una observación curiosa. í'n ajolote trasformado • 
«enteramente en Amblystoma, fué vuelto á poner en el agua ordinaria: sus bran- 
«quias se desarrollaron de nuevo, y la franja caudal se reformó. I ue- 

«voen agua caliente recobró más completamente la forma dé Amblystoma que 
«la primera vez.» 

Tales experimentos robustecen las ideas que liemos expuesto respecto de los ór- 
ganos de la respiración. Indudablemente que al oir decir que un Amblistoma ha 
recobrado sus branquias, llena de admiración y de sorpresa; porque en efecto, la 
creación de un órgano de esta importancia, debida al simple cambio en las condi- 
ciones en que se le ha puesto, es decir, con solo pasarlo de la agua tibia á la fr 
no es para menos. A la verdad, cuando recibí tal noticia, no tuve el valor de 
creerla, y cometí la falta de pedir se me permitiera la lectura de tal artículo pa- 
. ra cerciorarme de la verdad de este caso con mis propios ojos; pero al verlo me 
encontré con el adverbio casi, que es tanto como decir que estaba próximo á su 
trasformacion completa. De esta manera ya no me hizo la misma impresión, por- 
que en ese estado, cuando aun permanece en el agua, los arcos branquiales exis- 
ten aún; la membrana branquióstega se encuentra libro en el cuello; las anasto- 
mosis poco ó nada han cambiado en su diámetro, y los vasos que nutren todo el 
aparato existen también. Por lo mismo, ya no hay razón para sorprenderse de que 
haya recobrado sus dimensiones perdidas. 

He dicho que tales experimentos obran en favor de nuestras ideas expuestas ya. 
El ajolote fué colocado en agua caliente, y por lo mismo su respiración debió ser 
más activa por la misma temperatura en la cual se le colocó. Además, el agua no 
ha de haber sido bastante para que las branquias recibiesen la cantidad de oxíge- 
no que era menester, y la secreción viscosa de la piel, tendiendo á coagularse con 
el aumento de temperatura, debió entorpecer la respiración cutánea que es de im- 
portancia en todos los animales. 

Si atendemos á que la cantidad de aire disuelto en el agua era escasa é insufi- 
ciente para llenar tales funciones con ej aparato branquial, fué por lo mismo indis- 
pensable que los pulmones se pusiesen en juego para hacer la hematosis que las 
branquias no podían desempeñar: trabajando éstas con una actividad relativamen- 
te corta, respecto á la que necesitan para mantenerse en estado perfecto, dio por 
resultado que ellas comenzaran á atrofiarse, cuyo resultado fué la trasformacion. 
Cuando estaba muy adelantada ya, se le colocó de nuevo en agua ordinaria, y en- 
tonces recobró la parte que había perdido. Su explicación es clara: la secreción 
viscosa, vuelta á su estado normal, dio lugar á que la respiración cutánea se hi- 
ciera con la misma fuerza que antes; las branquias encontrándose con sus fun- 
ciones normales, puesto que podían absorber la cantidad de oxígeno necesario para 
recomponer la sangre, los pulmones no tuvieron, desde entonces, que prestar nin- 
guna ayuda; y las branquias, que habían decrecido por falta de función, restableci- 
da ésta hizo que recobrase la extensión de sus vasos, puesto que en ellos habia 



74 LA NATURALEZA 

nuevamente la energía bastante para que este aparato se mantuviese en su per- 
fecto estado, aumentando de nuevo sus funciones. 

Si su atrofia hubiese sido ocasionada por la debilidad natural de todo órgano en- 
vejecido, y que en tal circunstancia no recobra su fuerza, porque su nutrición 
cada vez se debilita más á medida que la edad avanza, en tal caso el aumento de 
las branquias es imposible: de esto tenemos una experiencia bastante general, que 
los ancianos mueren por agotamiento, aun cuando en ellos no exista enfermedad 
alguna: también la tenemos de que cuando en los jóvenes se debilitan las funciones 
de sus órganos por cualquiera circunstancia que los conduce á ello, recobran su 
robustez perdida cuando las causas desaparecen y se ponen en buenas condicio- 
nes. En el caso que nos ocupa, la fuerza de las funciones del aparato branquial se 
debilitaron por dos motivos: por la falta de la respiración cutánea, y también por- 
que en el agua no existia la cantidad necesaria de oxígeno para que los filamentos 
en la corta extensión que ocupaban pudieran absorberlo de manera que bastase 
para llenar las necesidades del animal en el caso en que se encontraba. Induda- 
blemente que si ellos no tuviesen pulmones que reemplazasen á las branquias en 
tales condiciones, no podrían vivir, y la muerte seria su resultado. Los mismos 
pulmones los salvaban, conduciéndolos á su trasformacion; pero restituidos á las 
buenas condiciones para hacer la hematosis branquial, su natural energía dio lu- 
gar no á la creación de un órgano, puesto que existia, sino solo al aumentó en sus 
dimensiones. 

Volviendo á lo que en su Memoria nos dice el Sr. Weisman respecto á la di- 
minución de las láminas branquiales y de las membranas de la cola, la misma ex- 
periencia que se nos refiere manifiesta que á medida que se atrofian las branquias, 
las membranas tienden á desaparecer. La suspensión del cambio completo de 
ajolotes en Amblistomas, se explica del mismo modo que la destrucción de las 
branquias y el aumento en su tamaño. Si ellas en ese estado recomponen la san- 
gre, auxiliadas de la respiración cutánea, y los pulmones no desplegan una ener- 
gía capaz de destruirlas enteramente, permanecerán así por mucho tiempo. ¿Pe- 
ro esa reducción dependerá de un verdadero principio de trasformacion? No nos 
parece que deba tomarse en rigor como tal, sino solo como el primer cambio que 
en ella se efectúa: su marcha es rápida, pero esto no quita que cuando los pulmo- 
nes se hallan bien desarrollados, conteniendo necesariamente una cierta porción 
de aire, su oxígeno debe ser disuelto en la sangre de sus vasos, ocasionando que 
las branquias decrezcan, así como las franjas de la cola, en proporción al auxilio 
que reciben de los pulmones. En cuanto á la fisonomía que presentan estos anima- 
les, ella es la que les corresponde, como se ha dicho ya. 

Bajo este punto de vista, es muy notable la marcha que siguen desde que se 
inicia la trasformacion hasta que concluye, y puede notarse, si no de un modo 
preciso, á lo menos se puede aproxidamente conocer cuándo es el tiempo en que 
han dado principio á su cambio: fué lo que le sirvió al Sr. Duméril para separar 



</ 



LA NATURALIZA 7:; 

á sus primeros ejemplares del acuario y seguirlos en sus diversas fase*: igualmen- 
te se conoce cuándo han salido del agua, si Id han hecho recientemente, ó si tie- 
nen ya mucho tiempo de estar viviendo en la tierra. Entre el principio y el fin 
de la transformación, ofrecen una escala muy variada en su fisonomía; poro so 
advierte que depende de ligeras modificaciones, pues la única radical es la pérdi- 
da del aparato branquial. 

Los cambios efectuados, en nuestro concepto, no pueden atribuirse como adap- 
taciones á las nuevas condiciones de vida, puesto que se producen precisamente 
cuando éstas aún no han variado, y que se verifican, en'gran parte, en el medio 
que más tarde tienen que abandonar por causa de ellos, estando todos relacionados 
con el principal, es decir, la pérdida de las branquias. Pero ¿serán realmente cor- 
relativos, supuesto que hemos dicho que no pueden atribuirse á adaptación? Cree- 
mos que no, en razón de que la mayor parte no le son quizás propios á su nuevo 
género de vida: nuestra opinión es, que todos esos cambios y modificaciones reco- 
nocen el mismo origen que el de los órganos de la respiración y circulación, es de- 
cir, de una genuina conformación que está expresamente constituida para efectuar 
á cierta época tales variaciones que los obligan á vivir en un medio distinto. 

Nos dice también el Sr. AYeismann que: «todas las personas que se han ocu- 
« pado del estudio de las transformaciones del Ajolote, lo mismo que á mí, no han 
« investigado hasta dónde llega la transformación. » Estas palabras parece que 
en sí mismas envuelven una idea distinta de la que el Sr. AVeismann quiso de- 
cir, pues supone que estos animales siguen cambiando más y más de forma, al 
grado que ninguno ha podido saber hasta dónde llega esa serie de variaciones. 

El cambio total de la forma es rápido con relación á su corta vida; á lo más 
no emplean para ello sino uno ó dos meses, y después solo se les ve aumentar en 
tamaño cuando se han transformado antes de llegar á sus mayores dimensiones, 
conservando más tarde su forma adquirida; quizás quiso dar á entender el au- 
tor citado, que no se conocia su evolución completa desde su estado de larva has- 
ta su reproducción en estado de Amblistoma. Acerca de esto, diré que en la Socie- 
dad de Historia Natural de Paris, uno de sus miembros comunicó que, los huevos 
de las Amblistomas procedentes de los ajolotes habían producido ajolotes también; 
de consiguiente, en la actualidad, se conoce ya su completa evolución. 

Por último, respecto de lo que nos manifiesta al decirnos: «considero á estas 
«Amblistomas procedentes del Siredon mexicano, que en casos individuales se han 
«desarrollado en cautiverio, así como del Ajolote de Paris, no como casos de per- 
«feccionamiento de la especie, sino al contrario, de degeneración. Creo que los 
«ajolotes que ahora existen en los lagos de México, eran ya Amblistomas en una 
«época geológica (ó más bien zoológica) anterior, que por alteraciones sufridas en 
«las condiciones de vida, volvieron á su primitivo estado de Pereuibranquiadas.> 
Conocida ya la completa evolución de los ajolotes, no podemos tomar como anima- 
les distintos los ajolotes y las Amblistomas, así como sus hijos, porque los unes 



La Naturaleza.— Tomo V.— 10. 



76 LA NATURALEZA 

producen á las otras, y éstas á aquellos, y no por causas de perfeccionamiento ni 
tampoco de degeneración, sino eme los ajolotes viviendo en el agua y respirando 
por branquias tienen que conservar esa forma, mientras que las Amblistomas, 
sufriendo un cambio tan radical en los órganos de la respiración y circulación y las 
demás modificaciones consiguientes, toman la de su final desarrollo. Como más 
adelante sigue apoyando sus últimas ideas que hemos copiado, nos detendremos 
especialmente en otro lugar para combatirlas. 

10. — Antes de hablar con respecto á la reversión que procura probar el Sr. 
Weismann en los ajolotes, haré notar, que este mismo señor repugna que estos 
cambios de organización se atribuyan á adaptación, y bien claro explica lo que 
debe entenderse con esta palabra, y aun propone que se excluya del tecnicismo 
científico, porque da lugar á diversas interpretaciones. Ciertamente, si los ajo- 
lotes respirasen con sus branquias el aire libre más ó menos tiempo, se podría 
decir que estos órganos se adaptaban para respirar de esa manera fuera del agua; 
ó que las Amblistomas lo hicieran con sus pulmones en ese medio* estando, sin 
embargo, constituidas para respirar el aire libre fuera del agua. Pero aunque las 
Amblistomas puedan permanecer muchos dias dentro de ella, respirando necesa- 
riamente con esos órganos, no se puede, ni en estos casos, decir que lo hagan por 
adaptación, porque pueden indistintamente estar dentro ó fuera de ese líquido, 
y aun permanecer varios años sin ir al agua, y respirar del mismo modo el aire 
libre como si hubiesen siempre permanecido en ella: pueden hacerlo, porque la dis- 
posición anatómica de sus pulmones, se presta para que estos animales puedan vi- 
vir dentro ó fuera del agua. Los ajolotes, no obstante que tienen pulmones, cuando 
se les tiene fuera de este medio por varias horas, mueren asfixiados sin poderse 
adaptar; procuran desde luego poner en juego los pulmones; pero es tan corta la 
cantidad de sangre que circula en ellos, que solo pueden vivir unas cuantas horas, 
pues son insuficientes para llenar las necesidades de una respiración perfecta. 

1 1 . — Con motivo de lo que aquí se asienta, tomado de De Saussure, hice obser- 
vaciones hora por hora en los lagos de Chalco y Xochimilco, en los dias 16, 17 y 
19 de Octubre de 1879, que es el tiempo en que comienzan las Amblistomas á salir 
del agua. — Los resultados obtenidos en estas observaciones son los siguientes: 

DÍA 16.-LAG0 DE XOCHDIILCO. 

POR LA MAÑANA. TEMPERATURAS. 

Horas. Mints. Aire. Agua. 

Alas 6 ,, Dentro de la canoa cubierta '. 19°K ,, 

7 „ ,. „ ,, descubierta 15° ,, 

7 20 Al aire libre y la sombra 16° „ 

„ 8 „ „ „ „ 17» 19° 

,, 9 .. ., „ „ 19° 19°}* 

„ 10 „ „ „ „ S>0°X 20» 

.,11 „ „ „ „ 22° 19°K 

„ 12 „ „ „ „ 23° 22° 



LA NATURALEZA 



77 



POR LA 


TARDE. 


lloras. 


Mints. 


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POR LA TARDE. 


Horas. 


Mints. 


Ala 1 


» » 


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30 


POR LA MAÑANA. 


Horas. 


Mints. 


Á las 5 


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„ 7 





TEMPERATURAS. 

Aire. Agua. 



Hacia algún aire 21° % 

Aii'ü si'ivno 22 



9'! 



I 



2i j 

1 » » » *• * 

Un ligero viento 22" % 

Sereno 18° X 

19° 

, : 18;, 

DÍA 17 —LAGO DE CHALCO. 



22- 

22°! 

22° 

21"! 

20* 

19° 

19° 



DÍA 19.— LAGO DE CHALCO. 



TEMPERATURAS. 


Aire. 


Agua. 


14° 


17 


11 >x 


18° 


12° y. 


17 ■:, 


16° x 


17° % 


19° 


17" 


22° 


18" x 


21° 


19° x 


22 


20- 


TEMPERATURAS. 


Aire. 


Agua. 


20° % 


19»/: 


23" 





17 ; ; 


19° x 


TEMPERATURAS. 


Aire. 


Agua. 


6 o y. 


li- 


5» 


li 


6° 


14° ; - 



Estas diversas temperaturas que fueron observadas en en el trayecto de la ma- 
yor extensión de dichos lagos, demuestra lo contrario de lo que el Sr. Weismanu 
nos dice respecto de la frialdad de la superficie del agua, puesto que hemos visto 
que el dia 19 en las primeras horas de la mañana, la temperatura del aire bajó á 
+ 5 o , y la del agua tenia + 14°, cuya diferencia es muy notable. Además, este ha 
sido uno de aquellos dias en que la temperatura ha sido casi de las más bajas que se 
observan en el Valle de México, pues en el mismo dia y á la misma hora, en el Ob- 
servatorio Meteorológico Central situado en el Palacio Nacional dejtféxieo, bajó á 
— 2 o ; temperatura que no es frecuente en estos lugares. Desde luego nos llamó 
la atención que en la Capital hubiese sido 7° más baja que en el lago de Chalco: 
pero la explicación de tal diferencia es clara en níiesto concepto. Teniendo la ma- 



78 LA NATURALEZA 

sa de agua 14° de temperatura, el vapor que- se desprendía de ella, le comuni- 
caba su calor á la atmósfera modificándola: de aquí resultó que fuese más alta que 
la de la Capital. 

Pero el principal interés de nuestras observaciones consiste, en que ellas nos 
demuestran, que el agua conserva una temperatura menos variable que la del 
aire, pues no la vimos bajar más que hasta 14°, ni subir más que á 22°% , mien- 
tras que la del aire bajó á 5 o , y subió hasta 24°. Podrá decirse que la superficie 
del agua, experimentando una pérdida constante de calor por la evaporación, de- 
bió abatirse considerablementeisu temperatura, teniendo el aire una de + 5 o , pero 
solo notamos alguna escarcha sobre la canoa y el suelo. Además, los ajolotes casi 
siempre están á una profundidad de 1 á 1 1 / 2 metros, y por consiguiente, están bas- 
tante lejos de la superficie, y envueltos en la masa de agua con la temperatura 
indicada de 14° cent. Queda, pues, demostrado, que el excesivo frío de que nos 
habla el referido autor, no tiene ninguna influencia en el sentido que supone De 
Saussure, de que obra sobre los ajolotes, para impedir su transformación. 

Respecto de las condiciones que señala en el lago de México, que por la can- 
tidad de sal que contiene, suponemos que habla del de Texcoco, debemos desde 
luego decir, que no viven en él los ajolotes, sino en los de Chalco, Xochimilco, 
Sta. Isabel, Zumpango y en uno que otro depósito de agua de algunas de las 
haciendas que están situadas en el Este de los dos primeros. Por lo mismo, nos 
abstenemos de indicar las inexactitudes indicadas respecto de algunas de las con- 
diciones del lago de Texcoco, porque á nada nos conducen supuesto que no lo 
habitan. Pero sí debemos hacer nptar, que las de los lagos donde se les encuen- 
tra, en el Valle de México, como ya lo hemos dicho, son muy diferentes de las 
del lago de Texcoco, y lo son mucho más respecto de las que se indican en la 
Memoria, tomadas de De Saussure. Las buenas condiciones de estos depósitos de 
agua para la permanencia de los ajolotes, obra en favor de las ideas del Sr. "Weis- 
mann, de que ellas les son favorables y por esto no se trasforman; pero tal idea 
queda destruida con el hecho ya mencionado, de que no obstante las excelentes 
condiciones de los lagos en que viven, hacen su metamorfosis, y salen á vivir 
fuera de ellos. 

Inútil nos parece el ocuparnos en refutar la opinión de que las Amblistomas son 
un estado de reversión de los ajolotes; pero quizá las pruebas expuestas en esa 
Memoria, hagan que se les dé algún valor de credibilidad, ó, á lo menos, establez- 
can alguna duda sobre su posibilidad, y por lo mismo, nos ocuparemos de com- 
batirlas. 

Bastaría para nulificar tal supuesto, la descripción que en la anterior nota he- 
mos hecho de la marcha de estos seres, desde su estado de larvas hasta su com- 
pleto desarrollo bajo la forma de Amblistomas y su reproducción, cuyos hijos 
vuelven á pasar por todas las fases que han seguido sus progenitores, teniendo 
en su primera edad la forma de los ajolotes. Dos cosas llaman fuertemente la 



LA NATURALEZA 7'j 

atención de este señor, á saber: la reproducción fácil de los ajo] la infecun- 

didad de las Amldistomas que de ellos han provenido en Europa. Esto i ■ I 
suponer que en los primeros haya un estado de perfeccionamiento del que carecen 
los segundos. Los ajolotes se reproducen con facilidad; en I . Amblisto i se 

ha logrado su propagación, no obstante que se les ha aumentado perfectamen- 
te. Indica después las causas que, según Darwin, producen la infecundidad, 
y entre ellas señala los cruzamientos, y supone que en estos seres hay e 
particularidad. 

Respecto de que los ajolotes se reproduzcan en ese estado, este misino hecho nos 
demuestra que en esa época ya no son larvas; y en efecto, no d ponerse que 

sean tales larvas cuando han adquirido dimensiones que no aumentan más tarde, 
que sus órganos son completos y que se reproducen con una facilidad extraordi- 
naria, pero tampoco ellos han alcanzado su último estado; su misma disposición 
anatómica les obligará á salir del agua más tarde, aunque en ella estén en las 
mejores condiciones. Con mucha frecuencia se ve que la madurez sexual se lleg a á 
alcanzar cuando los individuos viven en condiciones en que se desarrollan con ra- 
pidez, careciendo en caso contrario de esa facultad en toda la época de su vida. De 
lo primero he tenido un ejemplo que me causó grande sorpresa, en unos pequeños 
becerros que, alejados de la madre para impedir que mamasen, los machos han fe- 
cundado á las hembras, en una edad, que si no lo hubiese visto, lo habría tenido 
como imposible, pues su edad era apenas de diez á once meses, debiendo añadir, 
que no fué un solo caso el que observé, sino que se repitió con frecuencia en el es- 
tablo del Sr. D. Urbano Hernández, cuyo ganado fué muy conocido en México por 
su clase superior; pero las hembras que se tenian en el campo, no eran fecunda- 
das, sino de 2 á 3 años de edad, siendo del mismo ganado. ¿Por qué no podrá 
pasar igual cosa con los ajolotes, si ellos se encuentran en buenas circunstancias 
para reproducirse aún siendo jóvenes? Por el contrario, en las gallinas Bramapu- 
tra que se han traido á México de los Estados Unidos, no se ha podido lograr su 
reproducción sino en una escala muy limitada, porque la mayor parte de los hue- 
vos son infecundos, no obstante que copulan y están al parecer en muy buenas 
condiciones. Actualmente tengo cuatro gallinas y dos gallos de esta raza, naci- 
das en casa, muy bien desarrolladas, y no hemos podido tener de ellas ni un solo, 
pollo, habiendo puesto en incubación más de 400 huevos en el espacio de tres 
años: parece que el cambio de clima les es desfavorable, pues se ha observado 
igual cosa con los ejemplares de varios amigos mios; y por otra parte, cuando se 
ha llegado á tener producto de ellas, sus hijos han degenex-ado en su tamaño cada 
vez más. 

Refiriéndonos á las Amblistomas, es menester confesar, que ignoramos si en es- 
tado de libertad se reproducen ó no; y tan solo se las ha estudiado teniéndolas apri- 
sionadas, y en consecuencia, fuera de las condiciones, quizás, que necesitan para 
reproducires. No se sabe si lo harán en agua ó en tierra, ni en qué circunstancias 



80 LA NATURALEZA 

de alimentación, temperatura, &c; y ¿podremos, sin tener datos seguros, afirmar 
que no se reproducen? 

Es natural suponer, que las Amblistomas que han salido á vivir fuera del medio 
en que se desarrollaron, hayan sufrido una cierta adaptación á ese mismo medio: 
salen de él á tierra de repente, encontrándose desde luego en circunstancias entera- 
mente distintas; su reproducción debe, en tal caso, ser difícil, en tanto que no se 
colocan en las condiciones que les sean favorables; quizá por esto es que las vemos 
alejarse délos lagos, probablemente en busca de los lugares más convenientes para 
su género de vida; entonces tal vez se pueden propagar con la misma facilidad que 
los ajolotes. Pero el caso presentado á la Sociedad de Historia Natural de París, 
aleja toda duda de que las -Amblistomas se reproducen aun en estado de cautiverio. 

Este hecho, bajo el punto de vista de la reversión, destruye por completo tal idea; 
pero aun suponiendo que no se reprodujesen, ésta no sería una prueba, pues era pre- 
ciso asegurarse primero si los ajolotes están en un período filético más avanzado, 
para concluir en seguida, con datos enteramente ciertos, que las Amblistomas lo 
están en el de reversión. ¿Por qué suponer que en las épocas zoológicas ó geológi- 
cas, los ajolotes eran Amblistomas? Tal opinión, á la verdad, demuestra que la 
cuestión de la evolución de las especies no se la ve con los ojos de la ciencia, sino á 
través de un cristal que tiene cierto color, y que todo lo colora igualmente. Exa- 
minémosla detenidamente y nos convencéremos que tal idea no puede ser cierta . 

Supongamos que en esa época no existían más que las Amblistomas, y veamos 
si ellas naturalmente pudieran convertirse en perenibranquiadas. En ese estado 
carecian de branquias, de ese aparato tan perfecto y complicado, que está pro- 
visto de ocho aberturas, formadas por cuatro arcos de cada lado, engastados de 
pequeños dientes que los unen para impedir que el agua pase al hacer la deglu- 
ción; de una membrana opercular, libre en el cuello y de seis láminas branquia- 
les, en las que se distribuyen las seis arterias branquiales, y en este aparato se 
va disponiendo todo, y con tan grande inteligencia, para que llegada la vez de 
que las nuevas circunstancias no les sean propicias, vuelvan á su anterior estado. 
¿Cuáles pueden haber sido esas circunstancias que tan sabiamente han dado orí- 
gen á ese órgano de la respiración? El calor, el frío, la luz, el agua; estos elemen- 
tos aislados, todos reunidos, ¿cuáles son, pues, en una palabra, esas circunstan- 
cias que no alcanzo á comprenderlas por más esfuerzos que hago? ¿Serán tan im- 
propias que ellas no podian vivir sin cambiar de forma y de costumbres? ¿Fueron 
lentas ó rápidas? Si lo segundo, debieron privarlas de la vida antes que hacer- 
ge un cambio tan grande en su organización; si lentas, ellas pudieran adaptarse 
más bien al medio en que vivian, porque careciendo de ese órgano, ninguno pudo 
colocarse en condiciones que hubieran originado su creación; porque si las cir- 
cunstancias en que vivian les eran desfavorables, estando organizadas para vivir 
enla tierra, mucho ménes podrían colocarse en otras que indudablemente les hubie- 
ran sido más perjudiciales aún, porque no se prestaban sus órganos de la respira- 



LA NATURALEZA XI 

cion para ese nuevo género de vida, puesto que sus pulmones estaban constitui- 
dos para vivir fuera del agua. ¿Cómo, pues, pudieran ir á ella debiendo necesitar 
un órgano enteramente distinto para respirar del que tenían? 

Además; para que un órgano permanezca y se desarrolle, es menester que fun- 
cione; de lo contrario, no puedo existir. Si estos seres tenían pulmones, y funcio- 
naban, puesto que siguieron viviendo, ¿cómo se pudo destruir en parte la energía 
de ellos, para dar lugar á la creación de un nuevo órgano de respiración que reem- 
plazase á aquel? Se dirá que tenían una respiración difícil en la tierra, y tales 
circunstancias las obligaron á crearse esos órganos: en tal supuesto, la muerte de 
ellas era inevitable. Pero hay además otra cosa que hace increíble tal idea, y 
que si las Amblistomas de esa época estallan conformadas como las actuales, pudie- 
ron muy bien alejarse como lo hacen ahora en busca de mejores condiciones: ¿ñolas 
encontraron porque eran generales en todas partes, en todo el globo? Entonces 
pudieron ir y permanecer en el agua sin necesidad de un órgano nuevo, puesto que 
así lo hacen en la actualidad. 

Pero no es esto todo: cualquiera que haya sido la causa que las haya obligado 
á convertirse en ajolotes, estas causas deben haberse extendido aun á las masas 
de agua: si la impropiedad del aire, el agua que lo toma de la atmósfera debe 
también haber sitio impropio en esa líquido; si el excesivo calor, ellas lo pueden 
destruir con la evaporación cutánea, como lo hacen actualmente, para lo cual 
tienen su aparato bien apropiado, y por eso se mantienen siempre á una tempe- 
ratura baja; si el excesivo frío, en el agua de los lagos generalmente tienen los ani- 
males una temperatura inferior que en el aire, puesto que para mantenerse á una 
temperatura de ese género necesitan poner en la tierra en juego su aparato que 
les destruye el calor mediante la evaporación; si la falta de alimento las obligó á ir 
con frecuencia al agua, no es creíble que hubiesen permanecido más que el tiem- 
po preciso para -alimentarse, no estando aún constituidas para vivir siempre en 
ella, careciendo de branquias; aunque para no incurrir en contradicción, debemos 
repetir aquí, que actualmente las vemos estar sumergidas sin necesidad de las 
branquias, lo que prueba también, que la permanencia en ese medio no les vuel- 
ve las que han perdido cuando se ha consumado su transformación. Hasta ahora 
no vemos cómo pudieran haberse criado ese aparato branquial. 

Se dirá que las Amblistomas permanecían en la tierra y sus hijos fueron adqui- 
riendo al nacer esos órganos, siendo arrastrados los huevos á los lagos, y en ellos 
se desarrollaron con branquias, estando obligados por esta circunstancia á per- 
manecer allí. Tal idea, obra enteramente á nuestro favor, porque indudablemente 
este es el único modo como pueden nutrirse en su primera edad. Estos animales 
nacen sin miembros, y sus padres no les proporcionan la nutrición: si no nacie- 
sen en el agua, ¿cómo podrían buscarla en la tierra careciendo de órganos de lo- 
comoción á propósito? Esta imperiosa necesidad de procrearse en el agua, por su 
propia constitución, nos da la prueba más clara de que en su primera edad han 



82 LA NATURALEZA 

sido ajolotes, debiendo permanecer en ella más ó menos tiempo, para después sa- 
lir á tierra y seguir viviendo de la manera que los conocemos. De lo que resul- 
ta, en útimo análisis, que los ajolotes producen á las Amblistomas y éstas á 
aquellos, y que la reversión, tal como nos la presenta el Sr. Weismann en su 
Memoria, no tiene lugar; siendo la prueba más fuerte en contra de esta opinión, 
que se apoya sobre todo en el supuesto de que en México no se trasforman los 
ajolotes, el hecho contrario, que en todas las especies se verifica dicha tras- 
formacion. 

12. — No dejaremos, para terminar, de decir unas cuantas palabras respecto 
de las últimas ideas expuestas en la Memoria del Sr. Weismann: nos dice, casi al 
concluir: «Las causas de que derivaba yo la reversión de la hipotética Amblistoma 
«mexicana al ajolote de nuestros dias, no me parecían suficientes para la expli- 
«cion del fenómeno. Por una parte me parecieron de naturaleza tan local, que 
«podian ser solo aplicados con exactitud al ajolote del lago de la capital de Mé- 
«xico, mientras que el ajolote de Paris, procedente de otra parte de México, re- 
« quiere una explicación especial.» Ya hemos dicho que este autor procura bus- 
car las razones que expliquen este caso excepcional de la no trasíormacion de los 
ajolotes en los lagos de México; pero á mi vez me llama demasiado la. atención 
la opinión citada muy al principio de mis observaciones, relativa al Sr. J. Cu- 
vier, que sin haber tenido noticia alguna de la transformación de estos animales, ■ 
su estudio anatómico le hizo adquirir la convicción de que los ajolotes que el Ba- 
rón de Humboldt le había dado por estudio, no .eran sino animales que no habían 
alcanzado su último desarrollo, debiéndose trasformar en una especie de grande 
salamandra. Los elementos en que apoya sus ideas el Sr. Weismann, son muy 
distintos de los que le sirvieron á Cuvier: este señor emitió su opinión fundándo- 
la en- hechos innegables, en la estructura anatómica de sus ejemplares; mientras 
que el primero se sirve de noticias que solo merecían algún crédito por las per- 
sonas de quien las tomó, y que podian ser falsas, como evidentemente lo son, 
tanto bajo el punto de vista de la no trasformacion de los ajolotes en los lagos de 
México, como en el de la mayor parte de las condiciones que se les han señalado. 
No obstante que desde el año de 1811, dio á conocer el citado Cuvier, su estu- 
dio anatómico que le sirvió para apoyar su opinión, el Sr. Weismann ni siquiera 
lo menciona, como si la estructura de estos animales no debiera intervenir en la 
marcha de su desarrollo, como si las condiciones en la vida fuesen de tanta in- 
fluencia en estos cambios de organización, que á ellas solas deban atribuirse. 
Nuestro fin no es reprochar á dicho señor su conducta, sino dar á Cuvier la honra 
que se merece por su recto juicio, el que le hizo predecir un hecho que ignoraba 
por completo, y que en la actualidad está plenamente comprobado. 

El dimorfismo de las mariposas que nos refiere en su Memoria, está en conso- 
nancia con nuestro modo de ver la cuestión. Sus mariposas no han dejado de ser- 
lo; solo han cambiado su forma, pero de manera, que ese cambio no las convierte 



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Tom. V 



REVISTA CIENTII 








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Columna de vaporen amonte San Andrés (M¿ 



LA NATURALEZA M 

en animales tan diferentes que se les deba tomar no solo corno de especie», sino 
aún como de géneros distintos. Por el contrario, el cambio de ajolote en Am- 
blistoma es tan profundo, que los colocaría, si él fuese corno los partidario* del 
sistema evolucionista lo entienden, no solo en géneros, sino en familias distin- 
tas; puesto que no se trata solo de los cambios de los clientes, de los ojos, de las 
vértebras, de las membranas cándales, sino del profundísimo de los órganos de la 
respiración y de sus arterias; de modo que con mucha razón le llama la atención 
la diferencia que existe entre los ajolotes y las Amblistomas, no solo por su sim- 
ple aspecto, sino por las diferencias estructurales que él nos indica. 

Si nos hablase de esos cambios que nadie puede negar, debidos á las influen- 
cias exteriores, y á la adaptación de ciertos órganos á su modo habitual de vivir, 
estaríamos conformes con algunas de sus ideas, aunque no con todas, porque no 
repugnará á nadie que el color en ciertas condiciones de luz, cambie; que en lu- 
gar de transformarse á los seis ú ocho meses, lo hagan antes ó después auxiliados 
en su desarrollo por las buenas ó malas condiciones en que vivan; que sus mem- 
branas cándales sean más ó menos desarrolladas, comenzando su nacimiento, en 
algunos, desde el cuello, y en otros desde la región coxal; alguna diferencia en la 
forma de las branquias, de la cabeza, pero sin que ellas impliquen una modifica- 
ción tal, que los cambie esencialmente; repetimos, que tal modo de ver no nos 
repugna, por el contrario, es muy posible; pues las influencias exteriores en ese 
sentido, es decir, en el desarrollo más ó menos rápido y perfecto de los órganos 
existentes son manifiestas. ■ Pero las que se hacen derivar de una marcha filáti- 
ca, provenida de una energía vital existente en el organismo, no pasa de conjetu- 
ras, que á poco andar, son destruidas por nuevas observaciones, como sucede en 
el caso presente. 

No negamos tampoco que en los organismos exista una energía vital de per- 
feccionamiento, es decir, esa energía vital que hace que se desarrollen y funcio- 
nen con regularidad aun en medio de las condiciones que les son adversas, pero 
que ella ni conduce á los mismos organismos hasta una perfección que traspase de 
ciertos límites, ni una imperfección, de tal manera, que los ponga en condiciones 
de perder su tipo; pues en tal caso, pierden la vida antes que originarse nuevos ór- 
ganos que los ponga en posibilidad de permanecer viviendo. Pero esa energía vi- 
tal de perfeccionamiento creciente, que en ciertas condiciones retrocede para avan- 
zar después, que unas especies las convierte en otras, que de unos géneros pasan 
á otros superiores, etc., ni la naturaleza nos da las pruebas ciertas, claras, conclu- 
yentes, de que tales fenómenos pasen en los organismos, ni los conocimientos ac- 
tuales en las ciencias naturales alcanzan á probar tal teoría. 

En atención á las diversas observaciones que nos hemos permitido hacer al tra- 
bajo del Sr. Weismann, sobre la transformación de los ajolotes, concluimos, que 
dicha transformación se ha observado en las diversas especies que habitan los la- 
gos de México; de modo que es falsa la idea de que no la hacían sino en determi- 

La Naturaleza.— Tomo V.— 11. 



84 LA NATURALEZA 

nadas condiciones y solo la especie liqucnoides, estudiada en Europa. Que en el 
lago de Texcoco no se desarrolla ningún individuo de esta especie, sino que ha- 
bitan en lugares muy distintos, cuyas condiciones les son muy favorables para 
permanecer en ellos; y no obstante, á cierto tiempo, su organización los obliga á 
salir del agua al efectuarse su metamorfosis, como sucede con la especie Hum- 
bodlti de los lagos de Chalco y Xochimilco; y por último, estando conocidas en 
todas sus fases de desarrollo, y produciendo las Amblistomas hijos con la forma 
de ajolotes, todos sus cambios provienen de su genuina organización, y por con- 
siguiente, la teoría de la evolución, no solo no se puede apoyar en el presente caso, 
sino que, su misma marcha, observada en las diversas especies, y en los distin- 
tos lugares donde residen, prueba lo contrario de lo que con ella se ha querido 
sostener, y es: la variabilidad sin límites de las especies, perfeccionándose más y 
más hasta convertirse de animales inferiores en otros muy superiores en la escala 
zoológica. 

Concluyo repitiendo lo que al principio se ha dicho, que mi objeto al hacer estas 
observaciones no es otro, que el de contribuir, en alguna manera, al esclarecimien- 
to de lo que pueda haber de cierto respecto de la doctrina de la evolución, y no el 
de refutar la Memoria del Sr. Weismann, que creemos ha sido animado de nues- 
tras mismas intenciones. 

México, Mayo de 1880. 

José M. Velasco, 

Socio de numero. 



CIENCIAS AUXILIARES 
NUEVOS DATOS SOBRE LA LIVINGSTONITA 

POR EL PROFESOR J. W. MALLET F. R. S. 

SOCIO CORRESPONSAL EN VIRGINIA. 



1/ Examen químico de l.\ Livingstojota, de una nueva localidad mexicana. 

Hace cerca de un año que mi amigo el Sr. D. Mariano Barcena, director del 
Observatorio Meteorológico Central de México, describió en una de las sesiones 
de la Sociedad Mexicana de Historia Natural, algunos ejemplares de un mineral 
de Guadalcázar (San Luis Potosí), semejante en muchos puntos á la Livingstonita 
de Huitzuco que ya antes había descrito, y cuya análisis completa, hecha en el La- 
boratorio de la Universidad de Virginia, se publicó el año pasado.* Notándose al- 

* Chem. Xews (Lonclon.)— Oct, 17— 1879— 186.— La Naturaleza, tom. IV, pág. 271. 



LA NATURALEZA 88 

guna diferencia en el aspecto general de las muestras de ambas localidades que 
están muy distantes entre sí, creyó el Sr. Barcena que pudieran ser las muestras 
de Gualdalcázar, una variedad especial, ó una especio que contuviera los sulíü- 
ros constituyentes de antimonio y de mercurio en nuevas proporciones, pues tan 
solo habia examinado los ejemplares cualitativamente. Me mandó algunos para 
practicar una análisis química completa. 

La principal diferencia entre el mineral de la localidad primitiva, Huitzuco, y 
el nuevamente examinado, consiste en que el primero se presenta en prismas pe- 
queños, perfectamente definidos, aislados ó agrupados en direcciones paralelas, en 
tanto que el de Guadalcázar se presenta en pequeñas masas globulares, formadas 
por delicados cristales capilares ó ajugas, enlazados en todas direcciones. El color 
del último es gris de plomo, con lustre metálico, y en la quebradura, rojo de co- 
chinilla. Quebradizo. Dureza = 2. Gravedad específica = 4.41 (la del de Huit- 
zuco = 4.81, pero la de Guadalcázar estaba menos mezclada con matriz terrosa.) 
Muy fácilmente fusible al soplete, produciendo copiosos humos antimoniales blan- 
cos. Produce glóbulos de mercurio cuando se calienta con sosa en un tubo de vi- 
drio. Atacado por el ácido nítrico concentrado y caliente, deja un residuo blanco 
insoluole. Se presenta como en Huitzuco, en una matriz de sulfato de cal, junta- 
tamente con azufre nativo y materia silícica. Estas sustancias extrañas se separa- 
ron mecánicamente con anterioridad, pero algunas pequeñas cantidades, íntima- 
mente mezcladas con la Livingstonita, se separaron en el curso de la análisis, y 
el azufre libre, por la solución en agua regia, se obtuvo por la fusión con azota- 
to de potasa y carbonato de sosa. Se separó el mercurio por la destilación con cal. 

La análisis hecha por Mr. \V. Page, de Norfolk, Virginia, dio el siguiente re- 
sultado: 

Azufre (combinado) 15.12 

„ (libre) 3.67 

Antimonio 32.22 

Mercurio 13.95 

Fierro 0.42 

Yeso (Ca SO. 2 HO) 15.54 

4 2 

Residuo silícico insoluole 18.01 



08.93 



Prescindiendo del fierro y otras sustancias no esenciales, las cifras anteriores 
dan la relación atómica. 

S : Sb: Hg=7.04:4 : 1.04 

Correspondiendo evidentemente, á la fórmulay a establecida para la Livingstonita 

HgS. -SI»; Sa 



86 LA NATURALEZA 

de manera, que no hay razón para dudar de que el mineral de Guadalcázar debe 
referirse á aquella especie como con justicia lo ha hecho el Sr. Barcena, especie 
ciertamente interesante, como se hizo notar en un trabajo anterior, á causa del ca- 
rácter fuertemente ácido del sulfo-antimoniuro que representa. 

2." Examen de una Livingstonita alterada de Guadalcázar. 

Fué examinada otra muestra de la misma localidad que la precedente, pero de 
una apariencia enteramente diversa. Formaba una masa casi compacta, con ves- 
tigios solamente de estructura cristalina, gris de fierro casi negro, gris muy oscu- 
ro en la raspadura y lustre ligeramente submetálico. Dureza =3. Gravedad es- 
pecífica =4.06. Al soplete se conduce casi como la Livingstonita. Imperfecta- 
mente atacada por los ácidos nítrico ó clorohídrico. La matriz formada de los 
mismos materiales que las muestras precedentes contenia, además, una pequeña 
cantidad de materia al parecer arcillosa. 

El curso general de la análisis fué el mismo que en el caso precedente; pero ha- 
biendo revelado una pérdida aparentemente grande la presencia del óxido de anti- 
monio, se determinó el oxígeno de éste, por una cuidadosa reducción en una cor- 
riente lenta de hidrógeno, pesando directamente el agua producida. Sehabiasecado 
el mineral á 100°C, y habia perdido el agua que no era de combinación, llevándolo 
simplemente á una temperatura más alta. 

La análisis de Mr. Page, dio: 

Azufre (combinado) 9.35 

,, (libre) 10.11 

Antimonio 38.23 

Mercurio 18.24 

Oxigeno 4.99 

Yeso (Ca SO. 2 H0) 5.12 

4 2 

Fierro 0.01 

Alúmina 1 .57 

Residuo silícico insoluble 11.01 



98.63 



Prescindiendo como antes, de los ingredientes no esenciales, tenemos la siguien- 
te lalación atómica: 

S : O : Sb : Hg= 12.84 : 13.71 : 14 : 4.01 
En la Livingstonita .,:,,: ., =28 : 16: 4 

No puede obtenerse una fórmula probable, y tenemos á la vista, no una ver- 
dadera especie sino una mezcla. La sustancia en cuestión, parece representar el 
resultado de una alteración química de la Livingstonita, por la sustitución de más 



LA NATURALEZA x; 

de la mitad del azufre por el oxígeno, formando probablemente Sbi I ).., y la a 
ración de otra cantidad de azufre, juntamente con una parte del antimonio. Sien- 
do la raspadura casi negra, sin ningún tinte rojizo, parece que el sulfuro 
mercurio ha quedado libre, en la condición física en que existe en la meta-cina- 
brita de California, ó que existe como un sulfo-antimoniuro básico de una com- 
posición próxima á 2 IIgS. Sb 2 S 8 . 

La oxidación de la misma especie primitiva, acompañada de la bidratacion, 
ocasionó probablemente la formación del mineral llamado liarc-miu, que fui '.-1 
primero en describir. * . 

3." Producción artificial de i.a Livingstonita. 

Siendo interesante la composición de la Livingstonita, por la gran proporción 
de sulfuro ácido de antimonio que contiene, parecía interesante el intentar re- 
producirla artificialmente; con tal fin se hicieron los experimentos necesarios, 
por Mr. A. L. Baker, de Baltimore, quien trabaja en este laboratorio bajo mi 
dirección. Estudiando la manera de fundir juntos los sulfuros de antimonio y de 
mercurio, encontró al principio muchas dificultades, porque el segundo se volati- 
lizaba rápidamente á la temperatura necesaria á la fusión. La misma Livingsto- 
nita natural, se descompone fácilmente calentándola en un tubo de vidrio cerrado 
en un extremo, produciéndose un sublimado de sulfuro de mercurio. 

De dos maneras, sin embargo, se obtuvo buen resultado. La primera (A) con- 
siste en fundir juntos los dos sulfuros, poniendo el de mercurio en exceso, en un 
tubo fuerte de vidrio lleno de bióxido de carbono, y sellado, conservándolo en po- 
sición vertical, manteniendo por algún tiempo'la temperatura de fusión, y des- 
pués de enfriar, separando la parte superior de la masa fundida, dejando en el 
fondo una porción impura en donde se habia depositado el sulfuro de mercurio 
excedente á causa de su mayor densidad. El segundo método (B), consiste en 
fundir los sulfuros mezclados en cantidad considerable, en un crisol abierto de 
Beaufaye, en la parte superior del cual se mantenía una atmósfera de carbono, 
disminuyendo gradualmente la temperatura y poniendo de vez en cuando en el 
interior, un pedazo compacto de cinabrio (artificialmente sublimado), hasta que 
la masa esté á punto de solidificarse; la porción superior de la masa enfriada era 
la única que se tomaba para el examen, dejando en el fondo el exceso de sulfuro 
de mercurio. 

EL producto de cada uno de los dos procedimientos tenia los mismos caracte- 
res físicos que el mineral natural. La estructura era perfectamente cristalina. 
muy semejante al trisulfuro de antimonio común, purificado por la fusión: el co- 
lor era casi el mismo, pero en la raspadura era rojo de cereza oscuro. Grav. 
esp.=4.928 á 32°C. 

* Amer. Jotu-. Sci— Oct. 1878—306. La Naturaleza, tom. IV. pág. 19í. 



88 LA NATURALEZA 

La análisis dio: 

(A) (B) Cale, p» HgS. 2 Sb 2 S 3 . 

Azufre 24.56 24.83 24.78 

Antimonio S2.20 53. 10 

Mercurio 22,40 22.71 22.12 

100.74 100.000 
Universidad de Virginia. Setiembre 8 de 1880. 



FLORULA DEL DEPARTAMENTO DE JALISCO 

ESCRITA EN EL AÑO DE 1859, POR EL SR. DR. LEONARDO OLIVA 

Y COMUNICADA Á ESTA SOCIEDAD, POR EL SR. DR. ALlfREDO DIJGÉS. 



Ranunculáceas. . . Jazmín Clematis triloba Huertos. 

Mano de León Banunculus lanuginosus 

Fraucesita Eanunculns Huertas. 

Tbalictrum aquilegi- 

folium 

Estrella del mar Nigella officinalis Huertas. 

Palomitas Aquilegia vulgaris „ 

Espuelita Delphiniurn Ajacis ., 

Anouáceas Chirimoyo Anona cheriraolia 

Anona glabra 

Abate purpurea 

llama excelsa 

Cabeza de negro muricata 

Niufeáceas Cbacbamole ó cabeza 

de negro Nympbrea pulchella, D. 

C. N. alba, L... 

Papaveráceas Cbicalote Argemone mexicana . . . 

Adormidera Papaver hortense Huertas. 

Amapola de China. . . P. rhoias 

A. amarilla . . Chelidonium majus. . . . 

Fumariáceas Pajarilla Fumaria spicata 

Cruciferas Mostaza Siuapis uigra 

Volantín Cfinandropsis speciosa, 

A. Dug Huertos. 

Carraspique Iberis umbellata 

Nasturtium 

Comida de pajaritos.. Capsella bursa-pastoris. 



LA NATURALEZA 

Cruciferas Sofía de cirujanos Sisymbrium Sopbia 

Col Brassica olerácea 

Nabo B. napas 

Rábano Baphanns sativus 

Lepidium ruderale 

Alhelí Clieirantbus cheiri De ornato. 

Violaríeas Violeta Viola odorata „ 

Trinitaria V. tricolor „ 

Oariofíleaa Clavel ' Dianthus cariopbyllus. . „ 

C. de la nobleza D- barbatus „ 

Minutiza D. plumarias ,, 

Cruz de Jerusalem. . . Lychnis cbalcedonica. . ,, 

Lináceas Lino Linum usitatissimum . . 

Malváceas Algodonero Gossypium vitifolium . . 

Otro G. berbaceum 

Amate Malva? 

Malva de Castilla M. láctea. 

M. de López M. angustifolia 

Huinar M. scoparia 

Otro ¿Sida? ¿vesicaria? 

Violeta del país S. triloba 

Ojo de Venus Hibiscuscaunabinus. . . De ornato. 

Amor de estos tiempos H. mutabilis „ 

Viuda ó Pajiza H. manihot „ 

Obelisco H. azauzre „ 

Monacillo Malvaviscus pentacar- 

pus...' „ 

M. amarillo M. pilosus 

M. blanco M. grandifloras „ 



Encantadora Ingenbouzia triloba „ 

Amapola Altha?a rosea „ 

Bombáceas Pochote Eriodeudron anfractuo- 

sum 

Clavellina Carolinea fastuosa „ 

Camelíeas Camelia Camelia japónica „ 

Auranciáceas Cedrato Citrus medica 

Limero C. limetta 

Limonero C. limonum 

Naranjo de China. ... C. aurantium 

N. agrio C. vulgaris 

Toronjo C. decumaua 

Limoncillo ¿Triphasia? 

Zapote blanCO Casimiroa eduÜS ¡Sera ésta su verdadera íaniilia:' 

Butneriáccas Guacimo Guazuma polybotria. . . 

Cacaotero Theobroma ovatifolia. . 

* Bentharu y Hooker, en su "Genera Plantaratu.'' la colocan en las Rotáceas, ir. V. 



90 


LA NATURALEZA 




.SirimoóTilo 


Tilia heteropbylla 


Gutíferas 


.Palo-fierro 


Mesua férrea 






Hippocratea excelsa. . . 


Malpighiáceas.. . 


. Nauci ó íí anchi 


Malpigbia fagiuea 




Ciruelillo 


Buncbosia sessilifolia. . . 




Grano de oro 


Galpliimia glandulosa. . De ornato. 
Banisteria eglandulosa. 


Sapindáceas 


..Copal jocote 


Sapindus cojialxocotl 
(mibi) 




Amolé de bolita 


S. amolle (mihi) 




Contasquahuil 


S. . . (an genus novum?) 


Meliáceas 




Melia sempervirens „ 




Cedro 






Caobo 


Swieteuia Mabogonii. . . 


Ampelídeas. . . . 




Vitis viuifera 




V. silvestre 






..Geranio 


GerauiumBobertianum. De ornato. 




Malva Luisa ó de olor. 


Pelargonium odoratis- 




M. rubí 


simum 




P. bybridum „ 






Tropteoluní majus ,, 






Balsamina bortensis... ,, 






Oxalis corniculata 




Agritos 








0. violácea 






0. tetraphylla 


Zigofíleas 


. . Guavacan 


Guavacum verticale 




Gobernadora 


Zygopbyllum trideuta- 


Eutáceas 








Yerba del clavo 


Cboysia ternata De ornato. 




Palo mulato 


Xanthoxyllum aífine. . . 




. .Acebo 


Bex 












Ceanotbus mexicanus.. „ 


Terebintáceas . 








Guardalagua 


B. texicodendron 




Copal de piedra 


E. saxatilis 










Ciruelo del país 


Spoudias lútea 




íTobo 6 «Tobo 






Copal chiuo 






Otro 


A? an scbinus therebiu- 
tbifolia? 






Mangifera indica 


Leguminosas. . 




Myrospermum peruife- 



f 



LA NATURALEZA 

Leguminosas Alfalfa Medicago sativa. . . 

Alholva Trigonella -fonum groe- 

cum 

Trébol oloroso Melilotas itálica 

Carretilla Medieagojwtymorpha, 

A. Dug 

Lotus ' 

Añileio Indigofera añil 

Otro L tinctoria 

— acrosinata? I. acuminata 

( >tro I. microphylla 

Clitoria mexicana 

Limoncillo . : Dalea citriodora 

Terciopelillo D. lagopus. De ornato. 

Barbaseo Tepbrosia toxicaría Enyerbad pescado. 

Eysenbardia amorphoi- 

des 

Cacahuananchi Lonchocaipus roseus . . . 

Sesbania 

Viperina Myriadcnos tetraphyllus 

Garbanzo Cicer arietinum 

Haba común Faba vulgaris 

Vicia verticillata 

Lenteja Ervum leus 

Chícharo Pisum sativum 

C. de olor Latbyrus odoiatus De adorno. 

Caracol Phaseolus caracalla. ... „ 

Frijol P. vulgaris 

Yegua P. formosus 

Phaseolus 

Jicama Dolichos tuberosus. . . . 

Cola de zorra Lupinus elegans ,, 

Coloría Erythrina coralloden- 

dron 

Peonía E. coralloides 

Granadillo Brya ebenus 

Garabato Mimosa campechiaua . . 

Sensitiva M. casta 

Tepemezquite M. pseudoschinus 

Escoba colorada M 

Timbe ¿Mf 

Chachalcahuite M 

Cuajiniquil Inga vera 

Cabellos de ángel I. puleherrima et 1. or- De ornato. 

nata 

Flor del moro 1 

Parota I. ciclocarpa 

La Naturaleza.— Tomo V.— 12. 



92 LA NATURALEZA 

Leguminosas Huainúchil I. unguis cati 

Mochiquelite I 

Mezquite Prosopis dulcís 

Tepeguaje Acacia acapulcensis 

Guaje A. aasculeuta 

Tépame A. cornígera 

Leutisco. . . '. A. leutiscifolia 

Uña de gato A. ferox 

Güisache A. albicaus 

Taltacahuate Arachis hypogsea 

Hoja seu del país. . . . Csesalpinia exosteinata. 

Brasil O. echiuata 

Haya C. mexicana 

Cascalote C. coriaria 

Tabachin Poiuciana pulcherritna. . De oruato. 

P 

Campeche H»inatoxyluni campe- 

chiauum . „ 

Tainarindero Tamariudus occidentalis. 

Cañafistolero Cassia fistuloides 

Café del país C. hevigata „ 

Bicho C. sennoides 

Mezquitillo C. occidentalis 

C. diphylla 

Junco C.juncea „ 

Amezquite C Recomendado en la Elefancías!». 

Eetama C. grandiflora De ornato. 

Huevos de toro Cassia 

Cuapinoli Hyrnenea Candolliana . . 

Palo dulce Vareunea polystachia. . 

Coutrayerba ^Eschynonema 

Oreja de ratón. 

Kosáceas Hirtella 

Capulinero Cerasus Capollin 

Duraznero Pérsica vulgaris 

Chabacanero Armeniaca vulgaris 

Zarzamora Bubus fructicosus 

Fresero Fragaria vesca 

Pimpinela Poteriurn sanguisorba. . 

Tej ocotero Cratajgus mexicana 

Trepadora Eosa sempervirens scan- 

dens De ornato. 

Bosa de Castilla Bosa ceutifolia „ 

Jericó B. canina „ 

Flor del Kbrte B. gallica „ 

Peral Pyrus communis 

Manzano P. malus 



LA NATURALEZA '.)! 

líosáccas Níspero Mespilus vulgaris ...... 

Membrillero Cydonia vulgaris 

Granáteas Granado Púnica granatum 

Eizofóreas Maugloro Rhizophora mangle 

Onagrávieas Gama biennis 

Agua de azahar GBnothera rosea De ornato. 

GE. tetraptera 

CE. ¿mínima? 

Jussiuüi ranunculoides . . 

Eusia Fuclisia arborescens „ 

Adelaida F. fnlgens 

Litrárieaa Atlauchán Oupbea lanceolata 

G. Llavea 

O. tricolor 

Filadólfeas Jazmiu Phyladelphua ño ribnn- 

dus 

Mirtáceas . . .Guayabo silvestre Psidium pomiferum 

G. de China P. pyriferum 

G. agrio 

Arrayan Myrtus arrayan 

Otro 

Palillo ¿Campomanesia lineati- 

foliat 

Pié de cabra Eugenia 

Cucurbitáceas . . . Bule Lagenaria vulgaris .-. . . . 

Alacate ó acocote var. /?. L 

Sandillitas Cucumis campechiauus. 

Melonero C. meló 

Pepiuero C. sativus 

Cidracayota C. citrullus 

Abuicbichi Bryonia variegata 

Cbay Otilio Sicyos angulatus 

Chayóte Sechium edule 

Avellana Momordica balsamina. . 

Calabaza Cucúrbita melopepo 

Calabacilla amargosa. C. ftetidissima 



Sandía Auguria trifoliata 

Bixíneas Achiote Bixa orellaua 

Pasiflóreas Granadita de China. . Passiflora serratistipula.. 

Granadilla fétida P. sexflora 

Flor de la pasión P. incarnata De ornato. 

P. xalisciensis |Es la pulchella? 

Loáseas Loasa palmata 

Zazale Mentzelia stipitata ¿Antisifilítica? 

Fouquieráceas. . .Eosalillo Fouquiera formosa De ornato. 

Portulacáceas . . . Verdolaga Portulaca rubricaulis. . . 

Parouíquieas Tianguis Lceflingia renifolia 






94 LA NATURALEZA 

Crasuláceas Siempreviva de árbol. Echeverría coccínea De adorno. 

Bruja Bryophyllum calycinum. „ 

Siempreviva Aizoon canarieusis ,, 

Chismes Sedum acre „ 

Picoídeas Flor del moro „ 

Jlaeíp Mesembryanthemum „ 

eristallinura „ 

M. papulosum 

Flor del Sol 

Cácteas Biznaga Mammillaria magni et 

parvimamma ,, 

Junco. Mammillaria coronaria. . De adorno. 

Pitahaya ú Órgano.. . Cereus reductus -. 

Flor del cuerno C. flagelliformis. . ., „ 

Pitajaya C. trigonus 

Xopalillo C. phyllautoicles „ 

Pitayita de agua O. oxypetalus, affinis, vel 

sp. nov.? 

Garambullo C. Garambullns 

Santa Marta C. speciosissimus „ 

Nopal Opuutia pseiulo-tuna. . . 

Tuna tapona O - 

Nopal de cochinilla. . O. cochiuillifera 

Patilon ^ Pereskiaportulacca'folia. 

Tasajillo 

Saxifragáceas Hortensia Hydraugea hortensia. . . „ 

Vela escamada 

Maravilla de España 

Umbelíferas Sonibrerito de agua. . Hydrocotyle umbellata. 

Yerba del sapo Eryngium gracile 

Acocote Pentacrypta atropurpú- 
rea 

Apio Apium graveolens '. 

Perejil Petroselinum sativum . . 

Heliosciadiumleptophyl- 

lum 

Hinojo Fceniculum dulce 

Eneldo Anethum graveolens . . . 

Cominero Cumiuum cj'minum .... 

Zanahoria Daucus carotta 

Cicuta Conium maculatum. . . . 

Culantro Coriandrum sativum — 

Berros 

Perejil de burro 

Lorantáceas Malojo Lorauthus calyculatus . . 

Tapaojo 

Caprifoliáceas ...Sai'ico Sambucus mexicana — 



LA NATURALEZA 

Caprifoliáceas . . . Azaron ó madreselva. Lonicera cíqmfolium, A. 

Dug De ornato. 

Rubiáceas Campanillo 6 Copalchi. Coutarea latiílora 

Cop. otro Buena 

Rosa de S. Juan Bouvardia longiflora. . . 

Tepopote ¿Condaminea tinctoria?. 

Cafetero Cóffea arábica 

Rubia Rubia ¿Uevigata? 

Gardenia Gardenia florida ,, 

Valeriáneas Valeriana Valeriana I'hu 

V. de jardines Centrantbus ruber De ornato. 

Dipsáceas Ambarina Scabiosa atropurpúrea. . „ 

Escabiosa Se 

Cardencha Dipsacus fullonum 

Compuestas Vara de S. Francisco. Vernouia Karwinskiana. „ 

Yerba de S. Marcos. . . 

Lagascea helianthifolia. 

Y. del tabardillo Piquería trinervia 

Y. de la pulga Stevia viscida 

Tacóte Eupatorium 

E. Scbiedeanum 

E. azureum 

Manzanilla ¿E. conyzoides? 

Erigeron coronopifolium. 

Palancapatli de Mé- 
xico Heterotheca iquloides. . 

Aplopappus ramulosus . 

Jicama del cólera. . . . Dahlia coccínea „ 

Flor de invierno Georgina superflua „ 

Escoba amargosa. . . . Milleria linearifolia 

Ojo de perico Melampodium perfolia- 

tum 

Rosa panal Gomezia melliodora 

Altamisa Ambrosia artemisia?folia. 

Partbenium coronopifo- 
lium 

P. hysterophorus 

Mendezia bicolor 

Mal de ojos Zinnia uniflora 

Wollastouia 

Jpegeria birta 

Zihoapatli Montagnea frutescens . . 

Capitana Verbesina pinnatifkla.. . 

C. otra V. ¿tocata 

Simsia lagasea^formis . . . 

„.. Titbouia tuba^formis. 

Acaute Heliantbus alatus 

La Nattbaleza.— Tomo V.— 13. 



96 LA NATURALEZA 

Compuestas A. otro H. multiflorus 

Maíz meco H. aunuus 

Lampote H. gigauteus 

Aceitilla Bidens tripartita 

B. fteuiculifolia 

Capitaneja B. heterophylla 

B. ranuuculoides 

Mirasol jocoatole. . . . Cosmos bipimiatus 

M. amarillo C. sulphureus 

Sempazuchil Tagetes erecta d» aii«™ y anteimíutico. 

Pastorcita T. patula 

Auisillo T. pusilla 

Yerba de Sta. María. T. lucida 

Limoncillo 

Yerba del veuado Porophylluin raacroce- 

pbalum 

• Rosilla Heleuium mexicauum. . 

Galinsoga parviflora 

Cieuto en rama Leucautbemum vulgare. 

Estáñate Artemisia laciniata 

Gordolobo . . . . , Gnaphaliuui cauesceus. . 

G. otro G 

Peyote ó Pióte Cacaba cordifolia 

Senecio 

Cacaba sinuata 

Cardo santo Cirsium mexicauum.. . . 

Bardana Lappa major 

Pipitzaboac Acourtia rigida 

P. otro Trixis 

Escorzonera Pinaropappus roseus. . . 

Diente de león Taraxacnni mexicauum. De ornato. 

Cerraja Sonchus ciliatus 

Brickellia Scbaflneri 

Sayulquelite 

Panile 

Calea 

Ester Áster chinensis „ 

Mercadela Caléndula officinalis. ... „ 

Manzanilla Autbemis uobilis „ 

Alcachofa Cynara scolimus 

Lechuga Lactuca sativa 

Nahuapastle Solidago montana 

Azafrán romi Oartjhamus tiuctorius. . . 

Lobeliáceas Cardenal Heterotoma lobelioides. . De ornato. 

Zarcillos Tupa Feuillei 

Cola de zorra Lobelia fenestralis „ 

L. sypbilitica 



LA NATURALEZA 97 

Gesncriáceas Gloxinia 

Ericáceas Pingiiica Arctosüiphylos pungen». 

Madrüüo A. tomentosa, M. V. . . . 

¿Ledum lutifolinni? 

Primuláceas Jarrilla Mociuna heterophylla . . 

Sapotáceas Mamey Lúcuma mammosa 

Comíugalo L. splircrocarpa 

Tempizque L. capiri 

„ . . L. ferruginea 

Chico Sapota achias 

Ebenáceas Zapote prieto Dyospyros obtusifolia. . . 

Oleáceas Fresno Fraxinus Schiedeanus . . 

Olivo Olea europsea 

Jazmíneas Jazmín de Arabia . . . Jasminum cordifolium . . De adorno. 

J. mexicano J. officinale „ 

Apocináceas Yoyote Thevetia ovata 

Narciso amarillo T. neriifolia „ 

K encarnado ÍTerium oleander „ 

Eosa. Tabernreinontana arcua- 

ta 

Ozotc ó Palo bobo {Nuevo género? 

Eosal ó Súchil Plumiera rubra 

Echites hypoleuca 

Asclepiádeas Señorita Asclepias incarnata 

Coamecate blanco A. nivea 

A. pratensis , 

Dicthyanthus Pavouii . . 

Talayote Chthamaliapeduuculata. 

C. nummularia 

Loganiáceas Espigelia Spigelia hedyotidea .... 

Bignouiáceas. . . .Bignonia Biguonia tecomoides ... De ornato. 

B 

Sabino ó Ahuejote. . . B 

Trompetilla Pithecoctenium bucciua- 

torium 

Tozcahuite Spathodea 

Palo madera Tecoma 

Flor de S. Pedro T. mollis „ 

Cuastecomate Crescentia alata 

Sesámeas Uña de gato Craniolaria fallax 

Polemoniáceas. . . Huichichile Lceselia coccinea 

L. amplectens 

Caldasia heterophylla. . . 

C. ccerulea 

Flor de la campaua. . Colwa scandeus De ornato. 

Convolvuláceas . . Camote . , Batatas edulis 

Hiedra Convolvulus ipoma\i „ 



98 LA NATURALEZA 

Convolvuláceas . . Ololiqui C. microcalyx 

Cbacuana 

Espantalobos Llavea Xaliscieusis 

Mantención Ipoma?a 

Bvolvulus longifolius. . . 

Zacatascal Cuscuta stylosa 

Borragíneas Borraja Borrago officinalis 

Tournefortia Hartwegia- 

. na 

Heliotropo Heliotropum linibatum . 

H. oloroso H. peruvianum De ornato. 

Hidroláceas Tabaquillo Hydrolea spinosa 

Cbicbicaste Wigandia Kuntbii 

Escrofulariáceas Scropbularia 

Manguita Maurandia semperflo- 

rens „ 

Pentsteruon imberbis. . . 

Azafrancillo Escobedia linearis 

Mimulus pubescens. . . . 

Stemodia pusilla 

Oreja de ratón Castilleja coccínea 

Topoza Buddleia sessiliflora. . . . 

Cuanenepile Gerardia purpurea 

Lamourouxia longiflora. 

Perritos Antirrbinum majus „ 

Acantáceas Muicle Sarotbeca salvireflora. . . 

Dicliptera sexangularis . 

Verbenáceas . . . .Verbena Verbena carolineana . . . 

Alfombrilla V. coccínea „ 

Yerba del aire V. ciliata 

Lippia glaucocepbala . . . 

Cedrón L. lycioides 

L. unibellata 

Jalacate L? 

Matisadilla Lantbana polyacantba. . 

L. velutina 

Hyptis rbytidea 

H. polystacbia 

Volkameria Volkameria japónica ... De ornato. 

Labiadas Albabaca Ocimum basilicuro 

Yerbabuena Mentba rotuudifolia. . . . 

3Iastranzo M. sylvestris 

Poleo M. pulegium 

Orégano Origanum vulgare 

Tomillo Tbymus vulgaris 

T. de Jalapa Micromeria Xalapensis. 

Toronjil Melissa officinalis 



LA NATURALEZA 90 

Rabiadas Hcdcoma pulegioides. . . 

Salvia Salvia polystachia 

S. lasiocephala 

Betónica 8. elongata 

S. praeiifolia 

Hisopo S. axillaria 

Chía S. chian. — S. hispánica . 

Quiebraplato S. tillifflfolia De ornato. 

Almoradux S. grandiflora „ 

Pluma de Sta. Teresa. S. leucantba 

Cbia cimarrona S. angustifblia 

S. thjrsiflora 

Eomero Eosmarinus ofliciualis . . 

Toronjil de China. . . Nepeta citriodora 

Marrubio Marrubium vulgare 

Stachys Lindenii 

Lamium 

Yerba del cáncer 

Maro Teucrium marum 

(Concluirá.) 



DE LAS ESPECIES 

DEL GÉNERO BASSARIS 

• POR J. A. ALLEN. « 

TRADUCCIÓN HECHA POR EL SEÑOR ANICETO MORENO. 
SOCIO CORRESPONSAL. 

Los mamíferos del género Bassaris, fueron durante mucho tiempo, un esco- 
llo para los creadores de sistemas, quienes, no obstante, en su mayor parte los 
comprendieron en los Viverridce, únicos representantes americanos de la familia. 
Algunos autores, entre ellos Gervais, aunque considerándolos como Yiverrinos. 
encontraban en ellos algunas afinidades con los Mustelidcé, mientras otros, ce- 
rno Waterhouse y Turner, apuntaron su parentesco con los Ursinos, especial- 
mente con los géneros Procyon y Nasua. El profesor Flower, que se ha con- 
sagrado al estudio délas afinidades de ese género, termina diciendo: — « En suma, 
importa poco que se haya alegado la evidencia para probar que el Bassaris es 
miembro de la subdivisión Arctoidea en los carnívoros y que entre estos está más 

1 Bulletin of llie United Slates Geológica! and Geographieal Surwej 4c., rol, V. 1875). 

La Natuhaieza.— Tomo V.— 14. 



100 LA NATURALEZA 

cercano á los Procyon y Ñusna. » El Dr. Gilí, en 1872, los elevó al rango ele 
familia (Bassarididce) de los Arctoidea, colocándolos al fin de este grupo en se- 
guida de los Procyonidce. 

HISTORIA GENERAL. 

Aunque los Bassarídeos son comunes en todo México y se encuentran tanto en 
el Sur como en el Norte de ese país, y aunque fueron conocidos de Hernández 
desde mediados del siglo xvn, no lo han sido, sin embargo, délos formadores de 
sistemas sino hasta la mitad del presente. El primer trabajo moderno que acerca 
de ellos se ha publicado es el que Lichtenstein dio á luz en 1830, al cual sirvie- 
ron de base los ejemplares ministrados de México, por el Sr. Deppe en 1826 y en 
los años siguientes, lo que indica que esos ejemplares representan las formas sep- 
tentrionales del género. El mismo Lichtenstein en su Comentario á los mamíferos, 
publicados por Hernández, nombró y describió brevemente el Bassaris astuta, 
reconociendo en él el Cacomiztle ó Caco-miztli de Hernández que éste mencio- 
na con el nombre de Tepe-moxtla. Ambos son aún los nombres de esa especie 
en su país nativo y significan respectivamente gato saltador, gato con guedeja. * 
Pero después el Bassaris astuta fué extensamente descrito y dibujado por Lich- 
tenstein. Durante los últimos treinta años, varios escritores se han ocupado de 
los hábitos del Bassaris astuta y ha sido dibujada la especie, conteniendo las lá- 
minas, figuras coloridas del animal. Todas las noticias publicadas antes del año 
de 1860, se refieren exclusivamente (cosa muy singular) al Bassaris astuta, 
pues hasta ese año se describió por primera vez la segunda especie, ó especie me- 
ridional, el Bassaris Sumichrasti. 

El profesor Baird en 1838 (Mam. N. Am., p. \4T) dice: «Es aún dudoso 
si la América posee una ó dos especies de Bassaris, y es necesario hacer todavía 
nuevas investigaciones para determinar el carácter de la especie de California 
cuyo límite septentrional es el Rio Colorado, Arkansas, en el declive oriental del 
continente; en el occidental llega hasta la latitud de San Francisco; hacia el Sur, 
se extiende por toda la región templada de México. En los Estados Unidos se co- 
noce con el nombre de «Civeta mexicana» ó gato de cola anillada, y con frecuen- 
cia se les amansa en México y California. En este último país son los favoritos 
de los mineros. Añade: solamente se ha recibido de California una piel (N. 2,343) 
cuya autenticidad no es dudosa: fué adquirida de un cazador; pero su mal estado 
no permitió dar una descripción de ella.» — El año siguiente, el Profesor Baird, 
describió (Rep. U. S. and Mex. Bound. Surv., Mam. pp. 1819) con el nombre de 
Bassaris astuta, dos ejemplares de Texas, y otra procedente de localidad desco- 
nocida, que supuso venia de California y lo nombró provisionalmente Bassaris 

1 ¿No seria la palabra cacomiztli corrupción de tlacomizlli significando animal que en sus costum- 
bres ó en otras propiedades se semeje al león? (N. del T.) 



LA NATURALEZA 101 

raptor. Su descripción pormenorizada de los caracteres externos de los de Tejas, 
indica claramente el Bassaris astuta procedente del Nordestei I:< i <-y:\u- 

plar á que dio provisionalmente el nombre de Bassaris raptor, dice: — «En la 
Primavera de 1852 (Abril 23) fué matado un Bassaris eti un gallinero (Arca d<; 

Washington después de haber bocho gran matanza de aves de corral enla vecindad. 
Evidentemente se habia escapado de su prisión, pues conservaba, en el cuello seña- 
les de haber llevado collar. Por consiguiente, no pudieron adquirir noticias acerca 
de su patria, pero se supone que fué traído de California. Es un poco diferente 
de los individuos procedentes de México y Texas, aunque tal vez no sea específi- 
camente distinta. La cola difiere notablemente, pues los anillos negros son me- 
nos numerosos y ocupan mayor extensión que la porción blanca. De aquellos so- 
lamente cinco se marcan distintamente hacia la extremidad de la cola y el último 
ó subterniinal tiene más de dos pulgadas de ancho en vez de tener cerca de una. 
Los anillos negros son casi completos por debajo, y solo están separados en el grue- 
so de las vértebras por lo blanco de la parte inferior. No hay diferencia apreciable 
en el color de las demás partes del cuerpo. Las orejas son visiblemente más peque- 
ñas. El cráneo presenta grandes diferencias entre esta especie y las demás; es 
más ancho, pero más estrecho detrás del proceso orbital del hueso frontal: la 
distancia entre los zigomáticos mucho mayor, y las crestas temporales de los dos 
lados mucho más aproximados: los terigóideos más apartados: la proporción en- 
tre la mayor anchura del cráneo y su longitud es como 63 á 100, en vez de 59 
como en el núm. 4 (hembra) de Texas. Si el examen de otros individuos mostrare 
que estas diferencias pueden ser bastantes para caracterizar un especie diferente, 
será necesario designarla con el nombre de Bassaris rap>ior.y> De paso añadiré, 
que el examen de mayor número de individuos, demuestra que las diferencias en el 
cráneo, indicadas arriba, no son importantes, y únicamente indican las variacio- 
nes comunes que acompañan las diferencias de edad en el Bassaris astuta. El 
color de la cola es mayor, semejante* al del individuo que tengo á la vista proce- 
dente del «Oregon,» coincidiendo más con éste que con los individuos de Texas, de 
donde creo que es originario el Bassaris raptor que se cree ser de California. La 
gran separación de los terigóideos es ciertamente excepcional, pero probablemen- 
te individual, pues encuentro una variación enteramente semejante en esta parte 
en los cráneos de los Bassaris sumichrasli. Por consiguiente, en el Bassaris 
raptor tenemos el primer sinónimo del Bassaris astuta. En 1860 De Saussure 
describió y dio el dibujo (Rev. et Mag. de Zool., 2? ser. XII, Jan. 1860, p. 7. pl. 
1, animal. Fig. sin color) de una nueva especie bajo el nombre de Bassaris Sv- 
michrasti, fundada en un solo individuo muy viejo, cogido por el mismo en Méxi- 
co. No obstante que la descripción De Saussure es esplicitay bien detallada; y á 
pesar de que en su minuciosa comparación de las especies nuevas con el Bassaris 
astuta (de cuya especie ha tenido muchos individuos de distintas edades), lija con 
claridad todos los caracteres diferenciales, el Dr. Peters, en 187 1. (Monatsb. der 



102 LA NATURALEZA 

K. AKad. der Wessensch. zu Berlín 1874, p. 104, sesión deNov. 16 de 1874), 
refiere, aunque con duda, el Bassaris Sumichrasti de De Saussure al Bassaris 
raptor. Baird describe al mismo tiempo el Bassaris Sumichrasti bajo el nombre de 
Bassaris variabilis. De cualquier modo que sea, dice: — «Apenas hasta ahora ha 
sido conocida de una manera cierta una especie de México, el Bassaris astuta, á 
la que hay que agregar una segunda especie de Centro América que yo conozco.» 
Y aun señala entre los caracteres distintivos del Bassaris variabilis la mayor 
parte de los que especialmente menciona De Saussure caracterizando el Bassa- 
ris Sumichrasti, omitiendo, sin embargo, unos, y añadiendo otros no menciona- 
dos por éste. El Bassaris variabilis de Peters, se fundó sobre una piel y un 
cráneo de un macho muy viejo y en una segunda piel que se supone era de hem- 
bra; ambas fueron dibujadas por Peters. Casi al mismo tiempo que se publicaba 
la descripción de Peters, el Sr. Cordero (La Naturaleza, tom. III, pág. 270, con 
una lámina: su fecha, Diciembre 1.° de 1874, publicado en Mayo 31 de 1875) 
describió también el B. Sumichrasti bajo el nombre de Bassaris montícola. 
Su descripción es muy detallada y en su comparación entre el B. montícola 
y el B. astuta hace resaltar los caracteres distintos de ambas especies, compren- 
diendo todos los que mencionan De Saussure y Peters al caracterizar respectiva- 
mente el B. Sumichrasti y el B. variabilis. También trae excelentes dibujos 
comparativos, coloridos, de los caracteres externos de las dos especies, cráneos y 
dentición del B. montícola. Aunque demuestra conocer perfectamente bien las 
dos especies de Bassaris, parece que ignora que su B. montícola habia sido ya 
descrito y determinado por De Saussure. El Dr. Gray en 1869 (Proc. Zoól., Sec. 
Lond. 1864, 512) y en 1859 (Cat. Carn. Pachyd, and Edent. Mam. 1859, 
246) publicó una variedad fulvescens, añadiendo: — «Piel más leonada tal vez 
por la diferente estación. A este Bassaris astuta var fulvescens refirió el B. 
Sumichrasti de De Saussure. La enumeración de los caracteres sacados del crá- 
neo indica que solo tuvo á la vista los del B*. astuta. De lo expuesto se ve que 
la erande especie meridional del Bassaris, ha sido descrita como nueva tres oca- 
siones, y sus cráneos se han figurado dos, y que se han publicado tres láminas 
coloridas (el Dr. Peters publicó dos) representando el animal. 

(Concluirá.) 



LA NATURALEZA IOS 



DESCRIPCIONES DE COLEÓPTEROS INDÍGENAS 

l'OIl El. SEÑOR DOCTO II EUGENIO Dl'CÉS. socio CORRESPONSAL. 



(Co.vn.Ni' \.) 

Cicindela Vasseleti. 

Chev. C. d. M. E. 2. n. 33. 

long. 0,013.— Int. 0,005. 



De color rojo, azul y verde brillante más ó menos subido. Palpos amarillen- 
tos, los dos últimos artejos de los maxilares y el último de los labiales verdes. 
Mandíbulas largas, más en el macho que en la hembra, amarillas en el lado y un 
poco arriba; la extremidad verdes, los dientes negros; la derecha tiene cuatro de 
estos y la izquierda cinco. Labro recto en los lados, con un diente muy avanzado 
en el medio; en el individuo macho que poseo es un poco redondeado y sin diente, 
elevado longitudinalmente; ocho puntos negros y profundos, de los cuales, seis al 
centro y dos cerca de los ángulos con un pelo en cada uno, están colocados cerca 
del borde; amarillos con la base verde ó azul y el borde anterior negro. Epistomo 
un poco anguloso hacia adentro, separado de la frente por un surco impresionado. 

Cabeza alargada, bastante estrecha, arrugada entre los ojos y á lo largo de 
ellos, metálica adelante de las antenas, de un rojo brillante mezclado de verdoso; 
dos líneas frontales prolongadas hacia adelante; azul detrás de los ojos y por debajo. 
Ojos arredondados, más gruesos por debajo, pálidos; el ribete superior bronceado 
con un punto hundido más allá del medio. Antenas tirando á moreno, los cuatro 
primeros artejos verdes, violados en la base y en la punta. Protórax cilindrico, un 
un poco más largo que ancho, redondeado sobre la cabeza, un poco sinuoso en la 
base, de un rojo muy vivo en las extremidades y cerca de los lados; los dos surcos 
traversales poco profundos, éstos y la línea longitudinal azules: el surco posterior 
sube un poco hacia el borde pero sin alcanzarlo, y está más hundido en este punto; 
margen puntuado, azul, cubierto de pelos finos; lados por debajo con una placa ar- 
rendondada de color dorado metálico; el medio es de un azul ultramarino. Es- 
cudete chico, triangular. Élitros abatidos en los lados, la base casi truncado, el 
margen casi recto, un poco arrendodado en medio; costados oblicuamente y fina- 
mente dentados, del ángulo externo á la sutura. Una línea longitudinal nace en la 
espalda, forma un codo sobre la sutura, como en medio, y se termina oblicuamen- 
te cerca déla extremidad de ésta; dicha línea es verde. La sutura aleo levantar 
da en la extremidad y cobriza, color general del élitro rojizo; pero con un fuerte 
aumento se ve que es cobrizo oscuro salpicado de manchitas verdes, más tupi- 
das en el ángulo apical externo y en la extremidad; margen verde. El medio 



104 LA NATURALEZA 

del cuerpo por debajo, así como los lados, azul verdoso, lados del pecho cobrizos 
con pelos blancos. Muslos cob rizo-dorado con pelos blancos también, piernas y 
tarsos de un verde negruzco; trocánteros amarillos. 

Según Chevrolat, esta Cicindela se encuentra en la orilla del mar, y luego que 
el sol desaparece se oculta en la arena. El ejemplar de mi colección proviene 
del Estado de Yeracruz y nos ha sido regalado por el Sr. A. Sallé. 



Cicindela Sallei. 

Chev. C. d. M. C. 2. E. ü. n.° 12G. 

lons. 10 % mil. lat. i mil. 



Negruzca. Cabeza fina y longitudinalmente arrugada cerca de los ojos. Ribete 
de las órbitas cobrizo brillante. Mandíbulas amarillas en la base por fuera, verdes 
más allá del medio, extremidad y dientes negros. Palpos maxilares, verdes, labia- 
les amarillos, pálidos, con el último artejo verde. Labro amarillo, prolongado en 
medio, formando así á veces un dientecito; otras sin diente, negruzco en el borde, 
derecho en los lados; con seis puntos, en cada uno un pelo. Epistomo escotado 
angularmente, separado de la frente por un surco. Antenas nioreno-negruzco 
mate, los cuatro primeros artejos de un verde subido metálico. Ojos oscuros, 
manchados de negro. Protórax bronceado, oscuro, un poco más largo que ancho, 
casi recto en la baso, recto también por delante: de los dos surcos trasversa- 
les el anterior es el más distante del borde, y angular en su punto de unión con 
la línea longitudinal; lados rectos algo ensanchados en la parte comprendida en- 
tre los surcos. Por debajo, base y ápice surcados, azules, y de un color de cobre 
dorado en los lados. El disco presenta algunas.grietas. Escudete triangular, agu- 
do, dorado, oscuro en la base. Élitros tan anchos como la cabeza inclusive los ojos, 
contorneados cuadradamente en la espalda, redondeados, y finamente dentados en 
la extremidad; sutura realzada, verde metálico oscuro, espina terminal muy chi- 
ca, porosos, de un negro azulado, tirando á verde cerca de los bordes; puntos ama- 
rillos, redondeados, bastante gruesos: 1.°, en el ángulo externo de la espalda, 2.", 
abajo, más interior, cuadrado: 3.°, dos unidos entre sí por una ramificación del- 
gada formando una faja oblicua hacia la sutura, pero sin alcanzarla: 4.°, cerca del 
margen, un poco arriba del ángulo posterior externo: 5.°, lúnula apical casi divi- 
dida, delgada en medio. Margen azul delgado, surcado por delante. Epipleuras 
azules, estrechas, cuerpo cubierto de pelos blancos. Abdomen rojizo. Patas verdes, 
velludas; los cuatro muslos anteriores gruesos, los posteriores más largos; los tres 
primeros artejos de los tarsos en el macho, largos, redondeados, apenas dilatados; 
el primero dos veces más ancho que el tercero. 

Dice Chevrolat que fué encontrado por el Sr. Sallé entre Yeracruz y Orizaba. 



LA NATURALEZA 105 

También bastante común en las cercanías de Guannjunto. El examen de un nú- 
mero crecido de ejemplares nos hace pensar qasl&mdrwentris, cuya descripción 
está más adelante, es, á pesar de la duda expresada por Chevrolat, una especie 
del todo distinta, pues nunca hemos hallado aquí una Cicindela que ofrezca la dis- 
posición de manchas de esta especie, no obstante, lo repetimos, el haber tenido ;'i 
la vista muchas de la Sallei. 

Nota.— No liemos visto las Cicindelas cuyas descripciones sicruen á continuación, lo que nos ha 
impedido dar sus figuras. Eslos artículos están simplemente traducidos de Chevrolat. 



Cicindela Cyaniventris. 

CheV. C. d. M. C. 1. E. 2n.°27. 

loncr. 11 mil. lat. 'i mil. 



¡ Negra por arriba, azul por debajo. Palpos (maxilares) verdes, labiales amari- 
llos con el último artejo verde. Labro amarillo, saliente, redondeado, dentado y 
negruzco en los bordes con ocho ó nueve puntos poco profundos, velludos. Episto- 
mo ensanchado angularmente por delante, separado por una línea de la frente. 
Ojos negruzcos en el centro, oscuros; el ribete de la órbita de un rejo subido me- 
tálico. Cabeza muy arrugada entre los ojos, algo metálica por delante. Protórax 
más largo que ancho, redondeado en cilindro sobre la cabeza, cortado en línea rec- 
ta por detrás y en los lados en la parte media, menos ancho en los ángulos; borde 
lateral puntuado y cimbrado; por debajo liso y violado; surcos trasversales bas- 
tante distantes de los bordes, principalmente el anterior; los dos undulosos, el an- 
terior angular en su punto de unión con la línea longitudinal, estrechos y poco 
hondos. — Escudete redondeado por detrás, azulado. Élitros un poco convexos, más 
anchos que el protórax, redondeados en la espalda y en la extremidad; la sutura 
tiene una puntita realzada; espalda elevada con una impresión alargada. Están 
marcadas de un gran número de manchas grises, redondeadas, cinco un poco más 
grandes, estando colocadas 1?, ¡2?, 3?, 4*, en una línea cercana de la sutura, 5?. 
en frente.de la 4? y afuera. Margen ligeramente ribeteado. Patas guarnecidas de 
pelos blancos. Muslos cobrizo metálico; los cuatro posteriores, nzules en la base, 
verdes por dentro. Piernas verdes, un poco cobrizas atrás: tarsos de un verde 
negruzco; los tres primeros artejos de las antenas muy largos y bastante dilatados. 
Cabeza verde por debajo, base del protórax y espalda matizados de varios coloros 
metálicos. Lados con algunos pelos. De ojo chico, cerca de Córdoba. 



iOU LA NATURALEZA 

Cicindela Roseiventris. 

Chev. L. c. E. 2. n.° 29. 

Long. 0,012.— 0,0125.— lat. 0,005. 

Esta especie ofrece muchas variedades en la disposición de los dibujos de los 
élitos; son frecuentemente paralelos, algunas veces se ensanchan debajo de la lú- 
nula y muy redondeados lateralmente. Labro amarillo, saliente, dentado y ne- 
gruzco en los bordes, mas redondeado en la hembra, con cuatro puntos en medio 
y uno en cada lado cerca del ángulo. Mandíbulas largas, muy agudas y arquea- 
das, verdes, amarillas lateralmente en la basé; la derecha guarnecida en el lado 
interno dedos dientes negros, la izquierda, de tres. Palpos (maxilares) verdes, 
los labiales amarillos con el último artejo verde. Antenas, tirando á moreno, los 
cuatro primeros artejos verdes. Ojos salientes aplastados. Epistomo escotado casi 
angularmente por delante, verde subido. Cabeza cob rizo-rojiza, granulosa, ape- 
nas arrugada entre los ojos, ensanchada, ahuecada y un poco elevada en la frente; 
el ribete de las órbitas, como también la base de las antenas, verde metálico, muy 
brillante. Protórax mucho más largo que ancho, cilindrico sobre la cabeza, un 
poco atenuado por delante, cortado casi rectamente en la base; el surco anterior 
distante del mismo borde, angular en su punto de unión con la línea longitudinal, 
posterior profundo y oblicuo en el lado, recto en medio, los tres bastante marca- 
dos y azulados. Escudete triangular rojizo. Élitros verde ceniciento casi del doble, 
más anchos que el protórax, convexos, ensanchándose hacia el medio, cortados 
oblicuamente en el ángulo externo; la extremidad finamente dentada y brillante. * 
sutura con una pequeña espina; la lúnula humeral nace exteriormente del ángulo 
del protórax y ésta un poco adelantada en su extremidad; faja recta hasta la mi- 
tad del élitro, unida oblicuamente con el punto redondeado colocado abajo cerca de 
la sutura; á veces este punto está separado de la faja, otras también la faja se 
prolonga más abajo y oblicuamente; el margen (es decir, el ribete externo del 
élitro) alcanza el vértice del ángulo apical externo, y una mancha redondeada se 
ve debajo: todas son amarillas. La puntuación es bastante numerosa sin ser pro- 
funda. Sutura saliente, margen ribeteado y verde, con unos puntos en serie más 
ó menos distantes. Cuerpo en medio de un rojo violado, lados muy cubiertos de 
pelos, últimos anillos abdominales de color de rosa. Chevrolat piensa que esta Ci- 
cindela debe tener un olor análogo á la C. campestris de Europa, porque los in- 
dios la ponen en infusión en aguardiente con azúcar para obtener un licor de un 
sabor muy agradable. Se encontró en una isla del rio Santorio. 



LA NATURALEZA 107 



Cicindela Fera. 

Chev. I. c. E 2. n.° 30. 

Long! 13 mil. Lat. 5 k mil 



Tiene los mismos dibujos que la albohirla de los Estados-Unidos. Mandíbulas 
muy largas, arqueadas y agudas, verdes en medio, negras en la extremidad y 
amarillas en los lados. La derecha armada adentro de dos dientes, la izquierda, de 
tres. Palpos amarillentos con los últimos artejos verdes. Labro saliente, redon- 
deado lateralmente, cortado en línea recta por delante, guarnecido en medio de un 
diente agudo, con numerosos puntos velludos. Epistomo apenas escotado, sepa- 
rado de la frente por un surco trasversal. Antenas negruzcas, los cinco primeros 
artejos verdes. Ojos salientes, blanquizcos, el ribete de las órbitas verde brillante. 
Cabeza finamente arrugada en su largo, angostada detrás de los ojos. Protórax 
rojizo más alargado que el de la albohirta; los dos surcos trasversales distantes 
de los bordes, el anterior naciendo en el ángulo, sinuosos, después unidos en án- 
gulo con la línea mediana, siendo hundidos y azulados. Los ángulos posteriores se 
encorvan sobre la depresión basal del élitro, lados cubiertos de algunos pelos blan- 
cos esparcidos, iguales en longitud y con el borde lateral un poco arqueado, 
visto por debajo. Escudete chico, triangular. Élitros gris submetálico, algo 
convexos, redondeados en la espalda y en la extremidad, atenuados más allá de la 
lúnula y ensanchándose hasta el vértice. Sutura elevada. La lúnula nace en el 
ángulo del protórax', se encorva por debajo y está más adelantada; la faja pues- 
ta más allá del medio se dirige perpendicularmente en forma de anzuelo; su vér- 
tice está cerca de la sutura, el margen se interrumpe entre esta última y la man- 
cha apical; cuerpo por debajo verde metálico brillante, en medio; lados cubiertos 
de pelos blancos, apretados. Patas del mismo color, velludas, últimos anillos 
abdominales de un amarillo rojizo. 

Véanse las diferencias que siguen entre la albohirta de los Estados L T nidos del 
Norte y esta especie. La primera tiene los élitros puntuados granulosamente; en 
la segunda al contrario, la puntuación está poco señalada; la albohirla tiene el 
labro redondeado, la fera lo tiene cortado en cuadro, también en la primera el 
protórax es menos largo. — De Tulepeck. 

Nota. — Hemos representado en las láminas la C. albohirla para facilitar la inteligencia de la des- 
cripción de Chevrolat. Esta figura está sacada de la «Agricultura of New -York,» por E. Emmons. 
t. V, Lám. 17, y dibujada por E. Emmons Ir. 



La Naturaleza.— Tomo V.— 15. 



108 LA NATURALEZA 

Cicindela Curvata. 

Chev.Lc. E.2.n.°3I. 

long. 0,009.— lat. 0,003o. 

Palpos amarillos con el último artejo verde. Mandíbulas largas y arqueadas, 
amarillas, verdes desde la mitad hasta la extremidad. Labro amarillo, sabiente, 
recto por delante y en los lados; provisto en los bordes de cuatro puntos en el 
centro y dos laterales. Ojos aplastados y salientes, oscuros, manchados de 
negro. Antenas tirando á moreno; los cuatro primeros artejos verde metálico. 
Epistomo un poco arqueado, la línea que lo separa de la frente, arqueada y 
poco marcada. Cabeza finamente arrugada, principalmente entre los ojos, ver- 
de metálico. Protórax convexo, cortado rectamente en las extremidades, base 
mucho más ancha, surco trasversal anterior en el borde, tranguliforme, trasver- 
salmente rugoso en medio; posterior recto y profundo en el margen, siendo roji- 
zos exteriormente; línea longitudinal poco visible. Por debajo se ven muchos 
pelos blancos formando á manera de haz debajo de los ojos, á lo largo de la ca- 
beza; los lados laterales y una pequeña parte del borde anterior cubiertos de pe- 
los blancos, cortos y erizados. Escudete en forma de triángulo redondeado, grande. 
Élitros verde-oscuro abatidos en los lados, poco convexos, ovales; ángulo externo 
cortado oblicuamente y redondeado en la sutura; margen continuo bastante an- 
cho; lúnula humeral naciendo del ángulo del pro tórax, formando en su extremi- 
dad una faja un poco oblicua que no alcanza la sutura, y á veces forma un codo 
que le es paralelo. 2?, Colocada cerca del medio del élitro en forma de anzuelo 
perpendicular, su extremidad se encorva un poco cerca de la sutura; la lúnula 
apical forma una pequeña lengüeta fuera del margen. Un poco más abajo que la 
espalda se ve una depresión en la cual hay dos estrías de puntos en forma de óva- 
lo, también en cada élitro nótanse una línea de puntos distantes que acaba en el 
ángulo. Patas verdes, las cuatro anteriores más gruesas en su nacimiento, cu- 
biertas por debajo de pelos blancos muy tupidos; posteriores largas, ganchos del- 
gados, largos y divergentes. Lados del cuerpo cubiertos de pelos blancos que van 
hasta el nacimiento de las patas; en medio verde. El protórax es redondeado en 
el macho y cónico truncado en la hembra. 

Chevrolat no dice dónde se colectó esta Cicindela; pero como le fué mandada 
por Sallé y Vasselet, está casi seguro que provenia del Estado de Veracruz. 



LA NATURALEZA IV.) 

Cicindela Chlorocephala. 

Chev. I. c. E. 2. N.° 32. 

long. 0,008.— lat. 0,003. 

S Palpos amarillos erizados de pelos blancos con el último artejo verde. Mandí- 
bulas largas y arqueadas, amarillas, verdes en la extremidad. Labro blanco ama- 
rillento, saliente, ancho, sin dientes, con una pequeña espina negra en medio. 
Antenas verdes; muy velludas, quinto artejo rojizo en la base, espinoso; último 
de un negro empañado. Cabeza arrugada longitudinal y oblicuamente en los la- 
dos, verde, escavada por encima. Ojos comprimidos, muy hinchados, más apro- 
ximados por delante. Protórax corto, casi cuadrado, redondeado en el costado, 
aplastado, empero algo convexo en medio, truncado en las extremidades, con 
una pequeña depresión en la base y una línea longitudinal poco marcada, ver- 
de-oscuro, cubierto de pelos lacios en los lados. Escudete verde brillante, bas- 
tante ancho, agudo. Élitros gris-oscuro, apenas más anchos que el protórax, 
parelelos, un poco ensanchados hacia el ápice, redondeados oblicuamente en 
la extremidad, gris oscuro con el fondo metálico; su puntuación bastante dis- 
tante y profunda; sutura con una espina muy pequeña; margen interrumpi- 
do solamente abajo de la lúnula humeral, la cual es entera, sigue la base na- 
ciendo en el escudete y se encorva debajo de la misma longitud; el margen se 
ensancha hacia su medio y presenta una faja trasversal que baja perpendicular- 
mente y se encorva en la extremidad cerca de la sutura. La lúnula apical es bí- 
fida y se adelanta en el ángulo externo, estando casi despegada del margen: todos 
estos dibujos son de un blanco puro. Cuerpo por debajo muy aplastado, verde 
brillante, con los lados cubiertos de pelos blancos y apretados. Muslos anteriores 
gruesos en su base, posteriores muy alargados, verdes y velludos, piernas y tar- 
sos negros; estos últimos así como los ganchos muy largos. Es originaria de Ta- 
cotalpam . 



Cicindela decostigma. 

Chev. 1. c. E. 3. N.° 47. 

long. 0,011 — lal. 0.00't — 0,00't5. 



Oscura; cabeza finamente arrugada. Mandíbulas largas, negras en la extremi- 
dad, verdes en medio, amarillas al exterior de la base; dientes negros. Labro, 
trasverso, sinuoso por delante y arredondado; seis puntos profundos cerca del 
borde, velludos. Epistomo escotado un poco en ángulo por delante: separado de 



110 LA NATURALEZA 

la frente por un surco trasversal. Antenas con los cuatro primeros artejos verde 
subido, los otros negruzcos. Ojos oscuros, ribete de las órbitas verde. Protórax 
más largo que ancho, paralelo; surco anterior naciendo en los ángulos y avanza- 
do angularmente; el posterior, bastante distante del borde; línea longitudinal más 
ó menos hundida. Escudete triangular, ancho en la base. Élitros largos un poco 
más de dos veces y medio que el protórax, pero más anchos, casi rectos lateral- 
mente, oblicuos en la extremidad partiendo del margen, finamente dentados y agu- 
dos en la sutura, acribillados de manchas en forma de lentejuelas porosas; cinco 
manchas amarillo-blanquizcas en cada élitro: 1?, fuera de la espalda, 2* y 3? 
aproximadas al margen, igualmente distantes entre sí; 3?, colocada como en medio; 
5?, cerca del ángulo apical externo, y 4?, aproximada á la sutura; debe algunas 
veces juntarse con la 3? y formar así una lúnula. Sutura elevada arredondada, 
lisa y rojiza. Cuerpo por debajo azul violado en medio, lados rojos, cubiertos de 
pelos blancos, ano color de rosa. Patas verdes. Tarsos del macho en los tres pri- 
meros artejos dilatados, disminuyendo sucesivamente de longitud, el 3.° la mitad 
del segundo, pelos plateados en el lado interno. 
¿Minas de Zimapam? 



Cicindela rubriventris. 

Chev. 1. c. E. o. N.° 101. 

SIN.— 76' pimctata? Klug. var? Jahrbücher der insektenkunrle, p. 32. 1834. 

long. 0,011. lat. 0,004. 

De un azul subido negruzco, más claro en los lados. Cabeza azul muy brillan- 
te por delante, fuertemente arrugada encima de los ojos, convexa encima. La- 
bro amarillo de marfil, desigual y redondeado oblicuamente en los lados, y esco- 
tado en su parte anterior; seis pequeños puntos cerca del borde, con un pelo cada 
uno. Mandíbulas negro-brillante desde la extremidad hasta el último diente, an- 
chas, amarillas por fuera. Palpos rojizos (maxilares), labiales leonados, los últimos 
artejos de todos, verdes. Epistomo cimbrado en la cabeza, jiboso, separado de la 
frente por un surco trasversal. Antenas moreno-ceniciento; los cuatro primeros 
artejos, azul subido. Ojos oscuros, con un fuerte hinchamiento por debajo, arruga- 
do y verde claro. Protórax azul negruzco, cilindrico, más largo que ancho, un poco 
ensanchado en los lados adentro de los dos surcos trasversales; el anterior de estos 
muy profundo, su parte exterior vista de lado, muy inclinada; nace en el ángulo 
externo y marcha angularmente hasta el medio; el posterior también distante del 
margen, flexuoso, angular en el centro, profundo en los lados, línea longitudinal 



LA NATURALEZA 111 

poco hundida, las tres de un bonito azul subido; algunos pelos blancos cecea de 
los bordes, quilla lateral, por debajo verde con una línea un poco impresionada 
en el margen. Escudete, ancho, agudo abajo. Élitros tan anchos como la cabeza 
inclusive los ojos, casi rectos en los .lados, redondeados algo oblicuamente en la 
extremidad del margen; muy finamente dentados; extremidad de la sutura con 
una larga espina; puntuación porosa, bordes de un azul subido; ocho manchas pe- 
queñas, amarillas, irregulares: 1*, en el ángulo humeral externo; 2*, abajo y 
adentro del quinto de la longitud del élitro; 3?, un poco después debajo de la hu- 
meral; 4?, aproximada á la sutura; 5?, mucho muy chica, cerca del margen, y 
á los dos tercios; 6*, cerca de la sutura; 7*, en el ángulo apical externo, y 8*, en 
el ángulo sutural: estas dos últimas deben reunirse algunas veces para formar una 
lúnula. Patas y pecho con pelos blancos, rojo-cobrizo más oscuro en las prime- 
ras. Cabeza y protórax por debajo verde cambiante en azul. Abdomen todo rojo. 
Hembra. . ¿Minas de Zimapam? 



Cicindela Hydrophoba. 

Chev. 1. c. E. 6. N.° 12o. 

long. 0,010o — lat. 0,00o. 



9 Cabeza finamente arrugada por arriba, de un rojo muy vivo mezclado de co- 
brizo, azul á lo largo de los ojos; dos manchas de este color en medio de la órbita. 
Labro amarillo, saliente, arredondado, desigual, sin dientes aparentes, seis pun- 
tos velludos; un poco angular en el lado, en la hembra es longitudinalmente ele- 
vado en medio. Mandíbulas amarillas en la base, último diente y extremidad ne- 
gras, el resto verde. Palpos maxilares verdes, los labiales en el macho amarillos 
con el último artejo verde, todos de este último color en la hembra. Epistemo 
angularmente escotado, separado de la cabeza por una línea trasversal. Antenas 
morenas; los cuatro primeros artejos lisos, negros, con brillantes reflejos metálicos. 
Ojos hinchados, lívidos. Protórax una vez y media tan largo como ancho, recto 
en los cuatro bordes, de un bonito rojo vivo, mezclado de cobrizo dorado; surco 
anterior trasversal, anguloso en medio, posterior bastante aproximado á la base. 
recto, los dos profundos de un azul subido en el macho, verdes en la hembra; sur- 
co longitudinal poco hundido, arrugado trasversalmente, y en los lados con unos 
cuantos pelos cortos y blancos. Escudete triangular un poco ensanchado antes de 
la extremidad, de un rojo vivo con un cerco azulado. Élitros negro moreno, rec- 
tos adelante de la espalda, paralelos, un poco más anchos hacia arriba, redondea- 
dos y finamente dentados en la extremidad, angulosos en el ápice de la sutura 



112 LA NATURALEZA 

que es apenas espinosa; manchas amarillas: 1 ? , fuera de la espalda; 2?, abajo mi 
poco cuadrada; 3?, faja en medio, trasversal, flexuosa, no tocando ni el margen 
ni la sutura, más distante de esta última; 4% abajo, punto marginal muy chico; 
5f, lúnula apical entera, subiendo en medio de cada élitro en el que forma un 
punto ensanchado. Patas largas con algunos pelos blancos, muslos rojo-cobrizo; 
piernas verdes con dos espinas terminales; los tres artejos de los tarsos anteriores 
del macho, largos, velludos de un lado, poco ensanchados. El protórax por deba- 
jo rojo-purpúreo, base azul, pecho rojo, verde y dorado; cobrizo-dorado en la hem- 
bra. Abdomen color de rosa amarillento. — Se encontró cerca de Veracruz, lejos 
del agua, sobre la arena y las hojas. 



Cicindela incerta. 
Chev. I. c. E. 6. N.° 127. 
long. 0,010o. lat. 0,004o. 



Gris moreno, con el fondo rojizo, mezclado de verde y azul. Cabeza apenas 
arrugada, por encima roja, verde y azul; estos colores son más vivos en su par- 
te anterior; ribete de las órbitas aplastado, verde metálico. Mandíbulas muy lar- 
gas, arqueadas, agudas, amarillas, extremidad y dientes negros con algo de verde 
en la base. Labro amarillo oscuro, saliente, un poco desigual por delante, sin 
dientes distintos, recto en el lado; seis puntos velludos. Palpos maxilares verdes, 
labiales amarillo claro, erizados de pelos blancos; último artejo verde brillante. 
Epistomo escotado en ángulo obtuso, separado de la frente por un surco profundo 
y azul. Antenas moreno-apagado, los cuatro primeros artejos de un verde subidu 
brillante. Ojos amarillos oscuros, finamente reticulados, cabeza verde por deba- 
jo con arrugas delgadas, apretadasy longitudinales. Protórax casi tan ancho como 
largo, borde anterior recto, posterior un poco cimbrado en el escudete, encorva- 
do en cada extremidad; sus bordes rojos purpúreos; lados con pelos blancos cortos, 
verdes, con la quilla arqueada por arriba, y en este punto de un violado muy bri- 
llante. Los dos surcos trasversales bastante profundos, distantes del borde ante- 
rior y del posterior; el anterior dirigido angularmente hacia el centro, unido á 
la línea longitudinal, la cual es poco marcada. Escudete trianguliforme, agudo, 
azul en la base, verde en la extremidad. Élitros del ancho de la cabeza, inclusos 
los ojos, tres veces tan largos como el protórax, redondeados en la espalda, un 
poco más estrechos en la extremidad, cortados oblicuamente; sutura algo realza- 
da con una pequeña espina; depresión encima de la espalda, un poco adentro, con 
dos series de puntos azulados, otra línea debajo, más próxima á la sutura que del 
margen; el fondo de los élitros color de moho, con puntos rodeados de verde en 



LA NATURALEZA 113 

forma de lentejuelas. Epipleuras lisas, verdes, estrechas, sinuosas y salientes en 
la extremidad del pecho. El cuerpo por debajo cubierto de pelos blancos; lados 
del pecho cobrizos y rojos; ano amarillo rosado. Patas erizadas de pelos blancos; 
muslos verde-cobrizo con una serie de puntos en su longitud; piernas verdes, an- 
teriores violadas; tarsos largos, estrechos, apenas dilatados en el macho; el tercero 
mitad menos largo que el primero; segundo y tercero velludos interiormente. — 
De Tutepec. 



Cicindela Hemichrysea. 

Chev. 1. c. E. 6. N.° 129. 
long. 0,008— lat. 0,002o. 



Cabeza color de bronce, dorada, finamente estriada, desigual por encima; ri- 
bete de las órbitas brillante con un punto hundido, Mandíbulas largas, arquea- 
das, amarillas, extremidad y dientes negros. Palpos leonados, el último artejo 
verde-oscuro. Labro amarillo subido, estrecho, recto en los lados y por delante, 
elevado en medio. Seis puntos velludos, los cuatro del centro más aproximados. 
Epistomo escotado angularmente por delante, separado de la frente por una línea 
recta, poco marcada. Antenas morenas, los cinco primeros artejos de un verde 
metálico; el tercero guarnecido en la extremidad de un pelo interno, cuarto, de un 
pelo externo. Ojos hinchados, redondeados, lívidos en los bordes y atrás. Protó- 
rax cilindrico, más largo que ancho, del color de la cabeza, muy finamente arru- 
gado trasversalmente, línea longitudinal verde no entera; recto en la base y la 
extremidad anterior, las cuales tienen cada una una línea profunda. Escudete do- 
rado triangular. Élitros tan anchos como la cabeza, inclusos los ojos, redondea- 
dos oblicuamente en la extremidad, casi angulares en la sutura, de un moreno 
negruzco, fuliginosos en la extremidad, cubiertos de lentejuelas verdes y azules, 
las verdes más numerosas; punto ó mancha redondeada, amarilla más allá del 
medio, cerca de la sutura. El cuerpo por debajo verde-azulado, cubierto de pe- 
los blancos, abdomen de un bonito color azul. Muslos verde-cobrizo, anteriores 
gruesos, erizados de pelos; piernas verde oscuro; tarsos del mismo color; los tres 
primeros artejos del macho, ensanchados, muy largos, disminuyendo sucesiva- 
mente de longitud, velludos y con cejas en el lado, ganchos alargados. De las 
cercanías de México. Mes de Agosto. 



114 LA NATURALEZA 

Cicindela inspersa. 
Chev. 1. c. E. 6. N.° 130. 
long. 0,008 — lat. 0,0033. 

Del tartaño de la C. hemichrysea con la cual tiene muchas relaciones. Ca- 
beza dorada, finamente arrugada, elevada trasversalmente entre los ojos, ribete 
de la órbita verde con dos puntos. Mandíbulas amarillo-subido, muy agudas, ex- 
tremidad y dientes verdes. Palpos largos, amarillo subido, con el último artejo 
verde. Labro amarillento, espeso, abatido en los lados, recto, sin dientes, eleva- 
do en medio, con algunos pelos (los puntos están aquí apenas visibles). Episto- 
mo escotado angularmente; un surco poco marcado lo separa de la frente. An- 
tenas con una depresión en la base, llegando hasta la mitad de los élitros, more- 
nas; primer artejo hinchado, cobrizo, un punto en su extremidad; segundo, 
tercero, cuarto y quinto verdes; segundo corto; el tercero es el más largo de todos 
y tiene una vez y media la longitud del cuarto. Ojos amarillo-pálido, muy hin- 
chados, finamente reticulados. Protórax del color de la cabeza, cilindroide, un 
poco más grueso en medio, más largo que ancho, ribeteado y recto en la base 
como en el borde anterior, granulado, con delicadas arrugas trasversales; línea 
longitudinal poco marcada; es verde por debajo con la base y el ápice estrechos, 
algunas arrugas á lo largo de los bordes. Escudete, triangular, dorado, verde por 
encima y en los lados. Élitros del tamaño de la cabeza, inclusos los ojos, redon- 
deados en la espalda, oblicuos en la extremidad apical y angulares en la sutural, 
oscuros, con manchitas verdes; faja trasversal amarilla, encorvada, abatida cer- 
ca de la sutui^a, colocada más allá del medio, un pequeño punto redondeado abajo 
del mismo color, en el centro de cada élitro enfrente del ángulo marginal. Con 
un fuerte lente se ve arriba, á distancia igual de la faja, un punto amarillento. 
Cuerpo azul por debajo, lados del pecho verdes, velludos. Patas con pelos cortos, 
blancos, los cuatro muslos anteriores gruesos, con mezcla de colores metálicos co- 
brizos, verdes y azules. Piernas y apéndices leonado tirando á color de pez, la 
extremidad de los muslos posteriores con un anillo del mismo color, verde pálido 
en su extremidad, la cual está guarnecida de dos espinas rígidas. Los dos primeros 
artejos de los tarsos anteriores en el macho, largos, estrechos, con cejas en un 
lado, tercero, mitad menos largos que los otros dos. Chevrolat no indica su mo- 
rada, pero es muy probable que sea el Estado de Veracruz. 



LA NATURALEZA US 

Cicindela Catharince. 

Chev.l.c.E.8.n.°178. 
long. 0,0095— lat. 0,0047. 

Verde, tierno. Cabeza aplastada, bastante ancha, poco an por encima, 

azulada por delante. Palpos maxilares con los dos últii . el úl- 

timo de los labiales del mismo color, los oíros amarillo claro. Mandíbulas amari- 
llas con la extremidad verde negruzco. Labro levantado en su longitud, rectoen 
los lados, angular por delante, menos en la hembra que lo tiene desigual; borde 
negruzco, seis puntos velludos. Epistomo de furnia un poco cimbrada, surco su- 
perior poco marcado. Antenas morenas; los cuatro primeros artejos, cobrizo más 
ó menos oscuro, el tercero es el más largo y apenas más que el quinto; tienen la mi- 
tad déla longitud del cuerpo. Ojos moreno-lívido. Protórax plano, un poco más 
alto que ancho, recto en la base, con las extremidades algo encorvaí oto por 

delante, lados (probablemente ángulos?) anteriores redondeados, finamente granu- 
loso, poco elevado entre la línea dorsal y los surcos; de estos, el anterior nace en 
los ángulos; es angular en su punto de unión con la línea longitudinal, la cual es 
estrecha y profunda; el posterior aproximado al borde, menos recto en la hembra 
que en el macho. Escudete triangular, un poco redondeado en la hembra, de un 
color verde más claro que el de los élitros. Élitros apenas más anchos que la ca- 
beza, inclusive los ojos, dos veces y media, tan largos como el protórax, en óvalo 
alargado, paralelos, redondeados en la extremidad del -margen; una espina corta, 
aguda en la sutura; margen amarillo, interrumpido arriba de la lúnula apical; en 
medio se ve un principio de faja que se encorva luego en anzuelo, pero las más 
veces solo existe el rudimento de una faja unida al margen con un punto oscuro 
debajo; otras, pero raras veces, la lúnula humeral está separada del margen, y su 
extremidad no está adelantada, el ribete exterior es delgado y verde; tienen una 
puntuación poco profunda, bastante esparcida y como granulosa. Cuerpo, por de- 
bajo, de un verde metálico, cubierto de pelos blancos, cortos y apretados. Patas 
cob rizo-dorado; rodillas (extremidad de los muslos) á veces rojo-brillante; los tres 
primeros artejos de los tarsos anteriores bastante largos. Algunas hembras tienen 
el pecho rojo. 

Chevrolat dedicó esta Cicindela á la Sra. Catherine Caillard, viuda de Sallé, que 
la descubrió cuando acompañó á su hijo, el sabio entomologista. Augusto Sallé en 
su primer viaje á esta República. Fué colectada en el camino de Veracruz á 
México. 



La Naturaleza.— Tomo V.— 16, 



116 LA NATURALEZA 

Cicindela Smai-agdina. 

Cliev. 1. c. E. 8. n.° 179. 

long. 0,009— 0,010 — lal. 0,0035 — 0,0045. 

Verde esmeralda mate, muy brillante en los lados. Cabeza ancha, deprimida 
por arriba, apenas arrugada, azul por delante, base de las antenas verde claro 
brillante. Palpos verde-metálico. Labro amarillo, elevado en medio, recto late- 
ralmente, redondeado y desigual por delante; seis puntos velludos, de los cuales 
cuatro están en el centro. Antenas moreno-negruzco, los cuatro primeros arte- 
jos verde y rojo-cobrizo. Ojos moreno lívido. Protórax corto, redondeado en los 
lados que son velludos; recto en las extremidades y un poco saliente en medio 
bácia la cabeza, los dos surcos trasversales aproximados de los bordes, línea lon- 
gitudinal poco distinta, finamente escabrosa. Escudete ancho, triangular. Élitros 
del ancho de la cabeza, inclusive los ojos, paralelos, un poco ensanchados en la 
extremidad, algo convexos; espina aguda en la sutura, con unos puntos dis- 
tantes, de forma porosa y de un verde mate aterciopelado; el margen es muy bri- 
llante; en medio de cada élitro se ve una línea longitudinal, irregular, corta y ne- 
gra. El cuerpo por debajo es de un azul agradable. Epipleuras y patas, verde 
brillante. 

Camino de Veracruz á México en el mes de Junio. 



Cicindela Viatica. 

Cliev. 1. c. E. 8. n. " 180. 

long. 0,011. — hit. 0,0045. 



i De un verde agradable, igual y subido. Cabeza deprimida, arrugada regu- 
larmente por encima en su longitud. Palpos verde-oscuro. Mandíbulas amarillen- 
tas, negras en la extremidad. Labro amarillo de marfil, redondeado y desigual 
en los bordes, un diente muy pequeño por delante; seis puntos, cuatro en el cen- 
tro y uno en cada lado, con un pelo en cada uno. Epistomo casi rectc. Ojos lívi- 
dos. Antenas negruzcas; los cuatro primeros artejos de un verde metálico. Pro- 
tórax tan ancho como largo, recto en las extremidades, aplastado, ensanchado y 
redondeado en el medio lateral; dos débiles surcos trasversales distantes de los 
bordes, principalmente el anterior; angulares en su punto de unión con la línea 
longitudinal; ésta se detiene en un punto colocado en el surco posterior. Escude- 
te triangular. Élitros ovalai'es, convexos, con una pequeña espina en la extremi- 
dad de la sutura; son de un color verde, á veces azulado en el margen, más ó 
menos puntuados y con una serie de puntos cerca de la sutura; depresión basal 



LA NATURALEZA 117 

adentro de la espalda. Cuerpo por debajo azul-violado. Patas erizadas de pelos 
cortos; rodillas cobrizas, piernas de un verde metálico. Tarsos negruzcos. 
Camino de Veracruz á México; mes de Junio. 



GEN. Odontoclieila. 

Castelnau. Rev. ent. d. Silbermann T. 2. p. 34.— Th. Lac. G. d. C. i. 1. p. 22. 

Sin. Therates, Fischer de Waldh. 

Ent. (I. G. Russie, gen. 1. p. 10. — Plockiocera, Hopo the Col. Man. 2, p. 18. 

Cicindela Chevrolat. I. c. E. 8. n.° 176. 

Este género difíere del Cicindela solo por. las particularidades siguientes: 
labro oval en bóveda, ocultando una gran parte de las mandíbulas, en general 
guarnecido de siete dientes por delante; tercer artejo de los palpos labiales algo 
hinchado en la mayor parte. — Tarsos surcados por arriba; los tres primeros ar- 
tejos de los anteriores menos dilatados y más largos, con cejas de los dos lados. 

Odontoclieíla Mexicana. 

Castelnau. El. ent. 
long. 0,007.— Iat. 0,0023. - 

Metálica, roja, azul, amarilla, violada por arriba, azul por debajo. Mandíbu- 
las largas, amarillo-rojizo más oscuro en la extremidad. Palpos maxilares y la- 
biales blanquizcos con el último artejo verde, y el cual no está más hinchado en 
los labiales que en los maxilares. Labro largo, sub-angular, muy elevado en bóve- 
da en medio y á lo largo; siete dientecitos: uno en medio bastante saliente, dos 
más chicos de cada lado de éste; después, el borde se dirige muy oblicuamente 
hacia atrás y un poco antes de la base se ve un dientecito y cuatro puntos, dos de 
cada lado, uno cerca de la base del segundo diente y el otro en la base del diente 
inferior. El extremo del borde, negro, después una faja amarilla y el resto negro. 
Epistomo anchamente escotado por delante, un poco cimbrado trasversalmente, 
separado por un surco, de la frente; azul vivo con una mancha violada cerca del 
ángulo externo. Cabeza muy deprimida entre los ojos, arrugada longitudinalmen- 
te. En la frente una mancha rojiza, rodeada de amarillo, verde y azul, el resto 
cobrizo mezclado de violado: ribete de la órbita nulo. Ojos lívidos; antenas con 
los cuatro primeros artejos violados, los otros negruzcos. Protórax mucho más 
largo que ancho, surcos trasversales bastante distantes de los bordes, angulares en 
su punto de unión con la línea mediana; bordes laterales sin quilla; color azul muy 
vivo con reflejos rojos, dominando este último en los surcos y en los lados. Es- 



118 LA NATURALEZA 

cuídete agudo, un poco deprimido en medio, verde. Élitros más anchos que el 
protórax, casi rectos en la espalda, paralelos, cortados oblicuamente en la extre- 
midad y truncados en el ángulo sutural, el cual tiene una espinita; superficie fuer- 
temente puntuada; en el ángulo sutural son muy deprimidos y también en la es- 
palda. La sutura es verde, después se ve una ancha faja amarilla que nace en la de- 
presión humeral, se dirige oblicuamente hacia la sutura y termina como á los tres 
cuartos; á continuación sigue algo de verde y azul con reflejos violados, el cual 
ocupa todo el resto del élitro: el violado domina en los bordes. Tres manchas 
blanco-puro; 1?, en el ángulo humeral externo; 2?, cerca del margen un poco 
más allá del medio; 3 ? , en el ángulo apical externo. Muslos violados; sus extre- 
midades, las piernas y tarsos, moreno-claro. Trocánteres de este mismo color. El 
cuerpo, por debajo, azul verdoso; el azul domina en el abdomen, el verde en las 
otras partes. Este bonito insecto es originario del Estado de Veracruz y me ha 
sido remitido por el Sr. A. Sallé. 



Odontocheila Quadrina. 

Chev. 1. e. E. 8. N.° 176. 
long. 0,010— lat. 0,0035. 



Visto á media luz parece enteramente azul; empero tiene por arriba varios co- 
lores metálicos brillantes, entre los cuales dominan el rojo-cobrizo y el verde. Ca- 
beza gruesa muy deprimida y arrugada por encima, roja y verde metálicos, muy 
vivos. Palpos leonados, oscuros en la extremidad. Mandíbulas color de pez. La- 
bro del mismo color, saliente y acabando en punta aguda, guarnecida de siete dien- 
tes. Epistomo angular, separado de la frente por un surco profundo; antenas delga- 
das, tan largas como la mitad del cuerpo, de color de pez oscuro; el tercer artejo 
muy largo, arqueado; su extremidady la del cuarto, con la base del segundo, ama- 
rillentos. Ojos pálidos, muy grandes. Protórax más largo que ancho, cilindrico, 
recto y muy estrecho en las extremidades; línea dorsal poco profunda; su color es 
muy brillante y liso, azul ultramarino en los lados, con la parte superior cobrizo- 
dorado: algunas veces tiene arrugas trasversales. Escudete azul, grande, triangu- 
lar, arrugado trasversalmente. Élitros dos veces más largos que el protórax, tan 
anchos como la cabeza, inclusive los ojos, paralelos, cortados oblicuamente en la 
extremidad, un poco redondeados antes de llegar á la sutura, espina muy peque- 
ña en la terminación de esta última, están cubiertos de gruesos puntos escabrosos, 
contiguos, y con dos manchas marginales blancas: 1?, más allá del medio, 2?, api- 
cal. Cuerpo por debajo y labro muy liso, de un agradable color azul. Patas, tro- 



LA NATURALIZA ti! 

canteres y apéndices color de pez; muslos cubiertos de pelos y en su base unís 
pálidos; trocánteres anteriores, verdes; tarsos negruzcos. 
Tutepec, mes de Junio. No he visto este insecto. 



FAM. Curculiónidos. 
Th. Lac, G. <1. C. t. VI. p. 1. 



Cabeza prolongada por un rostro, llevando en su extremidad los órganos buca- 
les: todos estos existen, salvo el labro que í'alta: barba colocada en una escotadu- 
ra de la sub-barba ó llevada por un pedúnculo que sale del fondo de esta última. 
— Lengüeta ocultada por la barba ó descubierta. — Maxilas generalmente con un 
solo lóbulo. — Palpos muy cortos, cónicos ó subeilíndricos; los labiales de tres, los 
maxilares de cuatro artejos. — Mandíbulas cortas, de forma variable. — Antenas 
insertadas en el rostro, de ocho hasta doce artejos, encorvadas desde el 2.° en la 
mayoría de los casos y acabando casi siempre en maza. Ojos muy variables. — 
Pronoto confundido con los lados del protórax. — Ancas anteriores, contiguas ó 
no, con sus cavidades cotiloides cerradas por atrás, las otras distantes; tarsos ge- 
neralmente espongiosospor debajo, sub-pentámeros (salvo el género Bryophtobus); 
su tercer artejo las más veces bilobulado. — Abdomen compuesto de cinco, raras 
veces de seis segmentos; el 3.° y el 4.° generalmente más cortos que lo.s otros. 

Legión 2. a — Curculiónidos Fanerognalos. 
Th. Lac. 1. c. t. VI. p. 286. 

Barba, dejándolas maxilas enteramente á descubierto. — Sub-barba las más ve- 
ces guarnecida de un pedúnculo más ó menos saliente. — Rostro de forma muy 
variable, lo mismo que sus escrobos. 

Cohorte 2. a — Curculiónidos Fanerognalos apostasimeridos. 
Th. Lac. 1. c. 1. VIL p. i. 

Ancas anteriores más ó menos distantes, raras veces contiguas; el prosternon 
muchas veces surcado entre ellas. 

Falange 2. a 

Cuadro bucal variable, las más veces anormal. — Funículo de las antenas desde 
cuatro hasta siete artejos; su maza, compacta, muy raras veces sub-articulada, en 
general córnea en súbase y espongiosa por delante, á veces enteramente espon- 
giosa. — Tarsos, incompletamente, ó no espongiosos por debajo; su tercer artejo 



120 LA NATURALEZA 

entero, y recibiendo el cuarto en una cavidad de su cara superior ó de su extremi- 
dad anterior, raras veces trilobulado. 



TRIBU 68.— CALANDRIDOS. 
Th. Lac. 1. c. t. VIL p. 207. 

Cuadro bucal profundamente escotado, pedúnculo de la sub-barba alcanzando 
el borde anterior de la escotadura, dejando las maxilas enteramente á descubier- 
to. — Mandíbulas variables. — Antenas insertadas al máximum en el primer ter- 
cio del rostro, en general mucho más cerca de su base; funículo de seis artejos; 
maza córnea en su base, espongiosa por delante, las más veces securiforme. — 
Ojos finamente granulados, muy graneles, deprimidos, trasversales, casi siempre 
subcontínuos por debajo. Élitros dejando el pigidio á descubierto. — Piernas un- 
guiculadas ó mucronadas en la extremidad, tercer artejo de los tarsos mucho más 
ancho que el segundo en el mayor número, jamás bilobulado. — Episternon y epí- 
meros del mesotórax, de forma muy variable. — Epímeros mesotorácicos, las más 
veces ascendentes. — Cuerpo variable, raras veces escamoso. 

Grupo IV. — Esfenoforidos. 

Mandíbulas en forma de tenazas, sin lóbulo. Cabeza redondeada. — Antenas 
medianas ó cortas, su maza securiforme en general. — Escudete, cuando más me- 
diano, de forma variable. Episternon del metatórax más ó menos ancho; sus epí- 
meros medianos ó chicos. — Epímeros mesotorácicos truncados ú obtusamente re- 
dondeados en su extremidad superior, no ascendentes. Prosternon muy raras 
veces armado de un reborde post-coxal. 

GEN. Splienophorus. 

Schcenh. Cucurl. Disp. meth. p. :)2. 
Th. Lac, 1. c. t. VII. p. 29o. 

Como daremos en seguida la característica del género Hcyphophorus, vamos á 
copiar á Lacordaire en su comparación del género Üplienophorus con aquel; 
dice así: 

«Antenas menos robustas y relativamente más largas; su funículo no aumen- 
tando, ó muy poco por delante; sus artejos jamás excesivamente trasversales; ma- 
za más estrecha, de forma variable; su parte espongiosa más ó menos grande y 
filosa. Piernas con su ángulo terminal externo, oblicuamente redondeado, muy 
raras veces truncadas en su extremidad; ésta nunca bi-espinosa. » 



LA NATURALEZA 121 

Sphenophorus Spinolse, Schcenherr. 
I o n g . 0,023 — 0,017. I a 1 . 0.008 — 0,00G. 

Este insecto es enteramente negro con unas manchas rojas más ó menos ama- 
rillentas. 

Rostro largo puntuado con un surco longitudinal, empezando como á la mitad 
y acabando al nivel de los ojos por un hoyuelo alargado. 

Protórax tan ancho como la cabeza, formando en su parte anterior una espe- 
cie de cuello, pero que se ensancha muy pronto; finamente puntuado, salvo en la 
parte estrechada que tiene unos puntos bastante gruesos; negro con dos manchas 
rojas, triangulares, dirigidas de adentro hacia afuera y colocadas una de cada la- 
do de su parte anterior, en el punto donde empieza á ensancharse. 

Escudete negro, en triángulo alargado, liso, pero sub-surcado longitudinalmente. 

Élitros con diez estrías de puntos alargados y profundos; negro con dos fajas 
de un rojo amarillento ó anaranjado claro: la primera colocada como al sexto 
anterior, y la segunda como al tercio posterior, no tocando ni la sutura ni el 
margen; un poco oblicuas por abajo y por afuera, y al parecer formadas de puntos 
cuadrados, más ó menos largos, lo que proviene de las estrías que las dividen. 

Cuerpo por debajo negro, salvo dos manchas rojas rectangulares colocadas cada 
una sobre las parapleuras (episternones) metatorácicas, arriba de las ancas pos- 
teriores. 

Pigidio excesivamente puntuado, como también el último anillo abdominal; 
todo el resto del cuerpo y de los miembros ofrece una puntuación fina. He encon- 
trado la larva de este Coleóptero en los tallos podridos de los nopales, Opuntia 
pseudo-tuna, Oliva; tiene generalmente como 0,25 centímetros de largo, y es de 
un color blanquizco que se oscurece al momento del paso al estado de ninfa. 

Su cabeza es grande, córnea, morena, redondeada atrás y aplastada. Labro 
ligeramente redondeado por delante con su borde libre guarnecido de muchas es- 
pinas; epistomo cuadrado, más ancho que largo, separado de la frente por una 
sutura que va de la base de una mandíbula á la otra, y de un color más claro que 
las otras partes; frente grande negruzca, separada del vértice por una sutura 
triangular con el ángulo dirigido hacia atrás é inclinada en sus extremidades an- 
teiiores sobre los lados de la cabeza, fina y longitudinalmente surcada: arriba de 
la base de las mandíbulas se ve una depresión irregular, profunda, guarnecida 
de un pelo grueso. De cada lado del surco mediano, hay una depresión profunda, 
dirigida de adelante atrás y con un pelo grueso en su parte anterior. 

El vértice es de color más claro que la frente, teniendo en su parte mediana 
un surco que continúa el frontal, y tres puntos, dos al lado de la linea oblicua y 
uno cerca del surco longitudinal. 

En los lados y arriba de la base de las mandíbulas, se ven dos tuberculitos. de 



122 LA NATURALEZA 

los cuales, el más interno, presenta en la extremidad un surco circular, del centro 
del cual sale un tuberculito más chico. (¿Antenas?) 

Imposible me ha sido encontrar ojos ú ocelos, lo que no es de admirar, pues se 
sabe que estos órganos faltan con frecuencia en las larvas de los Curculiónidos. 
Las mandíbulas son grandes, fuertes, bastante agudas, piramidales y con la ex- 
tremidad aloro encorvada. Las maxilas de forma triangular, ofrecen un tubérculo 
grueso como pegado á la parte principal; después otro libre, encimado de una 
puntita ovalar (palpos maxilares de tres artejos?); al lado interno se ve una espe- 
cie de lámina chica, ligeramente redondeada y espinosa. (¿Lóbulo?) 

La barba es triangular, carnosa, teniendo dos tubérculos cónicos y chicos en 
la parte ligular (lengüeta?), y en sus extremidades externas un grueso tubérculo 
encimado de un pequeño tuberculito cónico (palpos labiales de dos artejos?); por 
ésto se ve que la lengüeta está formada verdaderamente por los dos tubérculos 
medianos, pero está completamente confundida con la barba, no pudiendo separar 
estas dos piezas sin romper el tejido. 

El cuerpo se ensancha poco á poco hasta el tercio posterior, y de este punto se 
estrecha hasta la extremidad. Se compone de doce anillos, sin contar la cabeza 
que ya hemos descrito. Los anillos torácicos no presentan vestigio alguno de 
apéndices locomotores; la larva anda por un especie de movimiento de reptacion; 
el primero es liso en su parte ó mitad superior, en los lados tiene un tubérculo 
triangular llevando un estigma; en seguida dos tubérculos, y en la mitad inferior 
se ve uno ancho, dividido por un surquito longitudinal y detrás una grande de- 
presión; los anillos segundo y tercero carecen de estigmas; su mitad inferior es 
lisa, pero la superior tiene dos repliegues guarnecidos de espinitas y de algunos 
pelos gruesos presentando en los lados cuatro tubérculos. 

Los 4.°, 5.° y 6.° (1.°, 2.° y 3.° abdominales) tienen tres repliegues espinosos 
en su parte superior; en los lados un estigma colocado sobre un tubérculo trian- 
gular, y cuatro más con una elevación central y un punto en medio; la parte in- 
ferior presenta un ancho tubérculo notablemente surcado á través. El 7.° difiere 
de los precedentes por tener un tubérculo lateral más; ó más bien, por sus lados 
como arrugados. Los 8.° y 9.° son semejantes al 7.°, salvo que los tubérculos 
laterales son más estrechos, más espinosos, y que el surco de la parte ventral es- 
tá más profundo y guarnecido todo el rededor de finas espinas. El 10.° se pare- 
ce por la forma al 3.°, pero los repliegues dorsales son lisos, sin espinas. El 11.° 
se dirige un poco hacia abajo; su parte superior está formada por una especie de 
placa semi-córnea y arqueada; en medio se ve un espacio bastante grande, cua- 
drado; después un surco longitudinal y una elevación sobre la cual hay un estig- 
ma, otro surco y un espacio de ribete; en los lados una superficie cuadrangular, 
seguido de dos tubérculos: la parte ventral está surcada trasversalmente. El 12.° 
está completamente dirigido hacia abajo; la parte superior en óvalo trasversal, con 
tres surcos longitudinales; el borde posterior tiene cuatro pelos rígidos de cada 



LA NATURALEZA 123 

lado; en fin, la parte inferior lleva el ano formado adelante por un grueso ribete 
trasversal, atrás por un tubérculo triangular con el ángulo anterior libre, y de 
cada lado un tuberculito de la misma forma que este último, cuyo ángulo pene- 
tra entre aquellos dos. Pienso que los surcos ventrales, más ó menos espinosos de 
que be hablado, deben servir á la locomoción. 

Las larvas del Sphenophorus ¿¡¡pinolce viven en el interior de los tallos délos 
nopales, y al momento de trasformarse en ninfas, se forman con los haces fibro- 
sos de este vegetal una especie de capullo. Esta ninfa no presenta de notable más 
que el último anillo abdominal que está bifurcado trasversalmente, y que visto 
por el lado abdominal, es el más grande de todos, terminando por una especie de 
tubérculo. — Creo que los dibujos que doy darán una idea más clara de su con- 
formación que cualquiera descripción que se haga. Se puede decir que es el insec- 
to perfecto envuelto en una membrana delgada y trasparente. 



GEN. Scyphopüorus. 
Schcenh.Curcul. IV. p. 855.— Th. Lac. I. c. VIL p. 29o. 

Rostro bastante largo, medianamente arqueado, en un poco más de su tercio 
basilar engrosado, bastante robusto y cilindrico por delante, sus escrobas inferio- 
res, profundas y rectas. — Antenas cortas, robustas; escapo sobrepasando mucho 
el borde anterior del protórax; funículo con el 1 . er artejo un poco más largo que los 
otros; 2 y 6 trasversales, ensanchados poco á poco y fuertemente; maza mediana, 
trapeciforme; su parte espongiosa nada saliente, sub-cóncava. — Protórax más largo 
que ancho, poco convexo, sub-paralelo en los lados, brusca y demasiadamente tubu- 
loso por delante, con un surco trasversal poco marcado, oblicuamente truncado de 
cada ladoen súbase, consu parte mediana redondeada. — Escudete bastante grande, 
en triángulo alargado. — Élitros bastante convexos, oblongo-ovales, juntay débil- 
mente escotados atrás, fuertemente escotados en arco en su base, con los hombros 
un poco callosos; sus epipleuras apenas ensanchadas en su mitad basilar. — Patas 
cortas muy robustas, las anteriores algo separadas, muslos y piernas comprimi- 
das, velludas interiormente, las primeras fuertemente en maza; las segundas de- 
rechas, truncadas en' la extremidad, con su ángulo externo bi-espinoso y el inter- 
no mucronado; tarsos medianos, vellosos por debajo, con los artejos, 1 un poco 
mayor que 2, 3 medianamente ancho, cordiforme, 4 grande, así como sus ganchos. 
Pigidio declive, subtrasversal, en triángulo curvilíneo; el intervalo intercoxal 
ancho, un poco redondeado por delante. — Metasternon plano, ancho y truncado 
entre las ancas intermedias; sus episternones bastante anchos, sus epímeros me- 
dianos. — Realce mesosternal ancho, paralelo, truncado atrás. Prosternon sin 
realce post-coxal. Cuerpo oblongo, glabro. 

La Naturaleza. — Tomo V.— 17. 



124 LA NATURALEZA 

Este género pertenece alas mismas divisiones que el género Sphenophorus, y 
por tal motivo he dado sus descripciones. 



Scyphophorus acupunctatus. 
Scliccnh. loe. cit. p. 806— Long. 0,014. — lal. 0,006. 

Este insecto tiene todos los caracteres del género, su color es de un negro in- 
tenso. Rostro liso en la extremidad, presentando más arriba unos puntitos que 
van engrosando poco á poco hasta encima de la cabeza; en su base, entre los ojos, 
se ve una depresión bastante fuerte. 

Protórax apenas puntuado sobre su parte estrecha, pero excesivamente en to- 
do el resto de su superficie. 

Escudete liso, pero demasiado surcado longitudinalmente. 

Élitros con 9 estrías de puntos bastante gruesos, no contando la marginal. De 
estas estrías las 2 primeras están libres en su extremidad; la 3? y la 8^ se unen 
antes de llegar é ella; lo mismo sucede con las 4^ y 7? y también con las 5? y 6? 
Los intervalos de las estrías son bastante puntuados. 

Pigidio y todo el cuerpo por debajo, inclusive los muslos, demasiadamente pun- 
tuados. En las piernas la puntuación es lineal y los intervalos forman como unas 
quillas delgadas. 

La descripción detallada de la larva del Sphenophorus Spinolce que he dado 
ya, me va á permitir describir la del Scyphophorus acupunctus en pocas pala- 
bras. En efecto, estas dos larvas presentan mucha semejanza, lo que era de supo- 
nerse por los puntos de contacto tan íntimos que tienen los dos insectos perfectos. 

Hé aquí sus diferencias: en las partes bucales no hay nada de notable y los di- 
bujos las presentan con bastante claridad á mi entender; en el vértice de la cabeza 

existen tres surcos longitudinales en lugar de uno solo, y cerca de la base del 

tubérculo antenífero un pezoncito que quizás es un ocelo. 

El cuerpo todo es glabro, es decir, sin presentar espinas como en la larva del 
Sphenophorus Spiuolce, y en general ofrece las mismas disposiciones de replie- 
gues; pero lo que separa bastante estas dos larvas es la forma del último anillo 
abdominal. Éste, en la primera, como se ha visto, acaba por un ribete recto y 
liso; aquí se ve salir de cada ángulo posterior como un cuerno carnoso, elevado 
hacia arriba, ligeramente redondeado en la punta y fuertemente velludo. El ano 
ofrece la misma disposición, pero los tubérculos son más gruesos. 

La ninfa no difiere sino por el forro de las antenas que es como estrechado en 
medio é indica mejor así la división en escapo y funículo. El último anillo abdo- 
minal es sencillo, redondeado y muestra las cuatro divisiones anales. He encon- 
trado la larva y la ninfa en compañía del insecto perfecto en un maguey, Agave 
Cubensis. 



LA NATURALEZA 125 

Me pareció útil dar la descripción de estas larvas, por la tendencia que tienen 
hoy los entomologista de clasificar los insectos, estribándose sobre los caracteres que 
presentan en sus primeros estados. Aquí se ve, por la diferencia que se not:¡. i.-ntre 
ellas, que la separación de los géneros Sphenojph.or.us j Seyp.hoph.orus. eítá bien 
fundada. 

EXPLICACIÓN DE LA LÁMINA. 



Figura l.°—Cicindrta Vmaclcli; a 1, labro.— Fie. 2. a C. Salid; a 2, labro.— Fig. 3." C. albohirlo, 
de los E. U. (como punto de comparación). — Fm. 4. a Odontocheila mexicuw, a 4, labro. — Fig. 5.* 
Sphenophorw Spinolce; a 5, roslro visto por debajo; b 5, larva vista por encima; c .7, id., de lado; 
d 5, id., por debajo; e 5, pierna; f J, cabeza de la larva con el labro y las mandíbulas; g ~>, sus 
maxilas, lengüeta, barba y palpos; h 5, maxila; i 5, capullo; j 5, ninfa vista del lado abdominal: k 5, 
id., de lado; l 5, antena en su estudie; m5, tarso en su estudie. — Fig:'6.-* Seyphopñorus acupunc- 
talus; a 6, antena; b G, pierna; c 6, larva; d 6, su ultimó anillo abdominal visto por encima; e 6, id., 
visto por debajo; f G, cabeza; y G, maxila; h G, lengüeta; i G, ninfa; j G, tarso y antena de la ninfa. 



SINONIMIA vulgar y científica de algunas plantas silvestres y de varias de las que se 
cultivan en México, dispuestas en orden alfabético, ' por el Sr. D. Alfonso Herrera, 

SOCiO de número.— (Continúa.) 

NOMBRES VULGARES. NOMBRES CIENTÍEICOS. FAMILIAS. 

Gallitos, véase Grama 

Gayuba, véase Piugüica 

Garambullo Eosa Moctezuma?, H. B. K . . Eosáceas. 

Garatuza „ Verbeua flogiflora, Cham Verbenáceas. 

Garbancillo Duran ta Plumieri, Jacq Id. 

Id. id Lupinus elegans, H. B. K . . . Leguminosas. 

* Garbanzo Cicer arietinum, L Id. 

Garrapata ó Jaboncillo Symplocos citrea, La Llave. . Estiráceas. 

* Geranio de olor ó geranio rosa. Pelargonium capitatum, Ait. Gerauiáceas. 

* Id. de la reina „ speciosum, AVild . . . . Id. 

* Ginkgo de Cbina Salisburia adianthifolia, Sm. . Coniferas. 

Guiquilite, véase Aüil 

Girasol morado Cosmos bipinnatus, Cav Compuestas. 

Id. amarillo, Acahual, Mira- 
sol, Cbinialatl. Mcx Helianthus aunuus, L Id. 

Girasol de agua Bideus beliantoides, H. B. K. Id. 

* Gitomate. Xitotomatl, Mex. 

Xitomac Lycopersicum esculentum, 

Mili Solanáceas. 

1 Las plantas marcadas eou uu asterisco son las cultivadas. 



126 LA NATURALEZA 



* Gitomate redondo Id. ceracifonne, Dun . . . Solanáceas. 

Id. guajito Id. piriforme, Dun Id. 

* Gloria, véase Guía de jazminci- 

11o 

Gobernadora de México ó Falsa 

alcaparra Zygophyllum fabago, L Zigofiláceas. 

Gobernadora de Puebla Eupatorium veronicsefolium, 

Kunt Compuestas. 

Golondrina, Xnabmucui. Maya Eupliorbia polycarpa Euforbiáceas. 

* Gordolobo extranjero Verbascum pyramidatum, 

Bieb Escrofulariáceas. 

Id. del monte Verbesina virgata, Alam .... Compuestas. 

Id. del país, Papaconi, 

Tzopotonic. Tlacocbicbic. 

Mex Gnapbalium canescens, D. C. Id. 

Id. de la sierra Solidago glauca, Schaff Id. 

Grama, Acazacabuistli. Mex.. Triticum repens, L Gramíneas. 

Id. gallitos, Pata de pollo, 

Zacapatlachtli. Mex Cyuodou dactylon, Bich Id. 

* Granado Púnica granatum, L Granáteas. 

Granadillo ó Palo-fierro Brya ebenus, D. C. . Leguminosas. 

Granadita de China , Passiflora ccerulea, L Pasiflóreas. 

Grama, véase Eubia 

Guacamote, Yuca dulce, Hua- 

camotli. Mex Mauibot aipi, Pohl Euforbiáceas. 

Guacanalá ó Árbol de la cera. Myrica cerífera, L. et M. Jala- 

pensis, H. B. K Miricáceas. 

Guaco de Guatemala ó de Ta- 

basco Mikania guaco, H. B. K Compuestas. 

Id. de Jalapa Id. dentieulata, Willd Id. 

Id. de México ó Flor del pato Aristolochia grandiflora, 

Swartz „ _ Aristolóquieas. 

Id. de Veracrnz Id. Houstonis, Willd Id. 

Id. de Mérida Id. pentandria, L Id. 

Guajiote ó Ouajiote Kbus perniciosa, H. B. K Terebintáceas. 

Guamacbi Inga pungens, Willd Leguminosas. 

Gualda ó Cbalcaxihuitl. Mex. . Eeseda luteola, L Eesedáceas. 

Guapaque Ostrya mexicana, Wild Coriláceas. 

Guardalagua ó Mala-mujer. .. . Ehus toxicodendron, L Terebintáceas. 

Guanábano ó Cabeza de negro. Anona muricata, L Anonáceas. 

Guau ó Zumaque Ehus radicans, L Terebintáceas. 

Guauchi, véase Llora sangre. . 

Guayabo, Xalxocotl. Mex Psidium piriferum et pomife- 

rum, L Miitáceas. 

Guayacan, Hoaxacan ó Matlal- 

quabuitl. Mex. ó Palo Santo. Guayacum verticale, D. C Zigofiláceas. 

Guayo Melicocca bijuga, L Sapindáceas. 



LA NATUHALEZA 127 

Guazimo ó Pixoy. M:iya Guazuma tomentosa, Kunt. . Bntnertácea*. 

Guía de jazmincillo, Dulcamara 

ó Gloria Solanum dulcamara, L . . Solanáceas. 

Guindo Cerasus capioniana, D. O. í. Bosáceas. 

Guiñe ó Yerba de las gallinitas. Petiveria alliacia, L Atripléxeaa. 

Güiro, véase Cuabtecomate. . . . 

Id. de Yucatán Cresentia cujete, L Bignoniácea». 

{Continuará, i 



FLÓRULA DEL DEPARTAMENTO DE JALISCO 

ESCRITA EJi EL AÑO DE 18X9, POR EL SR. DR. LEONARDO OLIVA 
Y COMUNICADA i ESTA SOCIEDAD, POR EL SU. DR. ALFREDO DÜGÉ8. 



(CONCLUYK.) 

Labiadas Hedeoma pulegioides . . 

Salvia Salvia polystacliia 

S. lasioeepbala 

Betónica S. elongata 

S. prasiifolia 

Hisopo S. axillaris 

Obía S. cbian. — S. hispánica. 

Quiebraplato S. tilliaefolia De ornato. 



Almoradux S. grandiflora. 



Pluma de Sta. Teresa. S. leucantba 

Obía cimarrona S. angustifolia 

S. tbyrsiflora 

Romero Eos marinns officinalis . 

Toronjil de Cbiua. . .. Nepeta citriodora 

Marrubio Marrubium vulgare. . . . 

Stacbys Lindenii 

Laminm 

Yerba del cáncer 

Maro Teucrinm marum 

Plunibagináceas. . Plumbago Plumbago cuuulea 

P. pulcbella. 

Yerba del alacrán P. scandens 

Solanáceas Gitouiate Lycopersicum esculen- 

tum 

Baquerillo. Solanum dubiuro 

Yerba del ratón S. pseudocapsicum 

Tomate de Sosa S 

La Nati'r\i,k/.*. — Tomo V.— 17.-2? 



128 



LA NATURALEZA 



Solanáceas. 



. Yerbamora 

Guía de jazmincillo.. 

Papa 

Berengena 

Maná ó flor del huevo. 

Conoca 

Chinchilegua 

Tomate de culebra.. . 

Tabaco 

T. otro 



Tinguara 



Chile 

C. ancho 

Chiltecpiu 

J ahórnate 

Tomate 

Chichi de gato.. 



Toloache 

Floripondio 

Tabaquillo 

Huele de noche. 



Plantagináceas 

Xictagináceas . 
Amarantáeeas.. 



Manga de clérigo. 



.Llantén 

Zaragatona 

.Maravilla 

.Madroño 

Cordón del Obispo. . . 
Qual ó Quelite morado 

Q. espinoso 

Quiltonile 



Salsoláceas. 



.Acelga 

Betabel 

Ahuizoutli..' 

Quelite de comer. 

Epazote 

Quauzontetl 

Quelite de puerco. 
Alcanforada 



Baseláceas . 



Iíonieritos. 
.Zacasile... 



S. nigrum 

S. dulcamara 

S. tuberosum 

S. melongena 

S. ovigerum, A. Duges. 

S. torvum 

S. aculeatissimum 

Nicandra physaloides . . 
Nieotiana mexicana.. . . 

N. Cavanillesii 

¿Solanum? 

Witheringia 

Capsicum annuum 

C. conoideum 

C. microcarpum 

Saracha den tata 

Physalis angulata 

P. triloba 

Dunalia ramiflora 

Datura stramouium 

D. fastuosa 

Petunia nyctaginiflora . 

Cestrum nocturnum 

C 

C 

Plautago Galeottiana. . 

P. psyllium 

Mirabilis dichotoma 

Celosía Moquiui 

Amaranthus caudatus... 

A. hybridus 

A. spinosus 

A. hypochondriacus 

Ireneis iuterrupta 

Beta vulgaris cicla 

B. v. rubra 

Chenopodium álbum.. . 

C. mexicanum 

C. ambrosioides 

C. hon us Henriciis, M. V. 
Atriplex purshiana. . . . 
Camphorosma monspe- 

liaca. 

ClienopodinalineariSjM. 

Villada 

¿Boussingaultia leptos- 

tachys? 



De ornato. 



i» 



LA NATUIIALKZA i*J 

Baaeláceas Arrfedera Bcandens . . . . 

Pitolacáceas Congelan Ffiytolacca decandra.. . 

Tepezapote Pireunia dioica 

Poligonáceas .... Pimienta de agua. . . . Polygonum hydropiper.. 

Persicaria P. persicaria 

Ooamecate Antigonuin mexicannm. Do adorno. 

Lengua de vaca Raines obtusií'olius . . . . 

Ruibarbo de frailes.. . R. patientia 

Laurináceas Laurel Latiros Cervantesii .... 

Aguacatero Persea gratissinia 



Tonalaguaeatero P. mínima 

Aristoloquiáoeas. Huaco Aristolochia fragantissi- 

nia 

Tacopaste A. mexicana 

Yerba del Indio A 

Y. de la Cuiji A 

Begoniáceas Jocoyoli de víbora. . . Begonia obliqua ¿Es la Balroisiauaf 

Euforbiáceas . . . .Catalina Eupliorbia hcterophylla. De adorno. 

Yerba de la golondri- 
na „ E. niaculata 

Otra E. falcata 

Euforbio brillante E. splendens „ 

E. portblandia 

E. hypericifolia 

¿Pericos? Es un Pedilón thus, A. 

Du S 

¿Candelilla? 

Yerba del Pastor. . . . Acalipba prunifolia 

Zorrillerá Crotón vulpinuní 

Sangre de Drago. ... C. sanguifluUm 



Azafrán de bolita 

Dominguilla C. glanduliferum . 



Tenguanete. 



Piñoncillo Jatropba curcas 

Hüacamote J. manihot 

Árbol del Chilte J. quiuqueloba 

Chiuchis ¿J?.. 

J 

ILibilIa Hura crepitans 

Higuerilla Ricinnus coinmunis 

Timeláceas Margarita Daphne laureola 

Moráceas Tescakuna Fióüs nyinplneifolia. . . . 

Higuera silvestre .... F 

H. cultivada F. carica 

Zalate F 

Tepezalate F 

Catnichin F. sphanocarpa 



130 LA NATUKALEZA 

Moráeeas Tepecamicbin F 

Moral Monis nigra 

Barbudilla Diorstenia contrayerba.. 

Ganabináceas . . .Marihuana Oannabis indica 

Yugtaiidáceas . . .Nogal Juglans mucronata. . . . 

N. otro J. regia 

N". otro Pterocarya fusiforinis . . 

N. de uriqni Juglans 

Salicáceas Sauce Salix Bomplandia 

S. llorón S. babylonica. 

Ulmáceas Álamo Populus 

Oupulíferas Roble Quercus 



Encino Q. rubia. 



Coniferas Pinabete Abies excelsa 

Ahuehuete ó Sabino.. Scbubertiav. Taxodium 

disticbum 

Ocote Pinus teocote 

Pino P. religiosa 

Orquidáceas Vainilla Vanilla aromática 

Neottia 

Zaucle Dendrobium 

Vara de. S. Miguel Aretbusa ophioglossoi- 

dea De ornato. 

Drimirizáceas . . .Ajengibre Zingiber ollicinale 

Canáceas .Frutilla Caima indica „ 

Musáceas Plátano grande Musa paradisiaca 

P. dominico M. regia 

P. guineo M. sapientium 

Iridáceas Cacomite Tigridia cacomite 

Bermudiana Sisirynchium palmifo- 

lium 

Lirio Iris germánica „ 

Ajo Allium sativum 

Cebolla A. cepa 

Amarilidáceas Zagalejo ó Venera de 

Santiago Amaryllis formosissima. „ 

Asparagáceas . . .Espárrago Asparagus officinalis 

Esmiláceas Zarzaparrilla Smilax medica 

Cocolmeca S. rotundifolia 

Liliáceas Vara de San José Polyantbes tuberosa. . . 

Azucena Lilium candidum 

Fritillaria 

Zabida Aloes variegata. ...... 

Maguey de pulque . . . Agave cubensis 

M. mezcal A. americana 

M. meco A. lútea 

Amolé de raíz A. mexicana 






LA NATURALEZA V.'A 

Liliáceas Pita Furcra;a fietida 

Barbas de gato Pancratiuin Illyricum. . 

Estrella de S. Nicolás. P. ringens 

Antbericum 

Commelmáceas. .Yerba del Pollo Tradescantia erecta. . . . 

Bromeliáceas. . . .Pina Ananassa sativa 

Jocuistle Broinelia pinguin 

Guamara B. karataá 

Heno Tillandsia usneoides . . . 

Bonapartea 

Colcbicáceas Tempranilla Oolcbicum alpiunm .... freí i»,t¡us meiicaimmi 

Melantáceas . . . .Cebadilla Assagra'.a officinalis. . . . 

Aráceas Colomo-anona Calladium auritnm .... 

Alcatraz Arnra sagittíefolium ... De ornato. 

Palmeros Datilero Pbcenix dactylifera 

Cocotero Coccos nuccifera 

Cuacoyol C. pinnatifolia 

Zoyate ó Palma dulce. Coripha edulis 

Palma de sombreros. C. tectornm 

P. de sudaderos 

P. real Oreodoxa 

Coquito de aceite. . . . Alfousia oleífera 

Gramíneas Maíz Zea mays 

Trigo Triticum hibernum 

Cebada Hordeum vulgare 

Avena Avena .' 

Arroz Oryza sativa 

Mijo Milium sativum 

Alpiste Pbalaris canarieusis 

Cola de zorra ¿Luzula alopecurus? 

Zacate pataste 

Vilí'a atropurpúrea 

Setaria viridis 

Poa anima 

Huisapole Holcus muricatus 

Agrostis stolonifera 

Paspalum distycbum. . . 

Molinada ccerulea 

Yerba del Rosario. . . Litbagrostislacryma Jo- 
vis 

Panicum arborescens. . . 



Calamagrostis mexicana 

Grama común Hilaria cenchroides. . . . 

Gr. otra Cynodon dactylon 

Caña de azúcar Sacbarum mexicanum. . 

C. de Otaiti S. fatuum 

Camelote Oplismeua balisformis. . 

La Naturalkza. — T<iruo V. — 18. 



132 LA NATURALIZA 

Ciperáceas Peonía Cyperus rotuudus 

C. compactas 

O 

Tale O. triangularás 

T. otro C. longiíblius 

Cohetes 

Btseocaris Huinboldtii . . 

FinibristUis perenuis. . . 

Bambusáceag Otate Bambusa arundiuacea. . 

Carrizo Chasquea Galeottiana.. 

Yuecáceas Izote Yucca latifolia 



Alismáceas Colomo Sagittariasagittsefolia. 



Hidrocaridáceas .Lechuguilla. Pistia stratiotes 

Equisetáceas Cola de caballo Equisetum arvense. . 



Potamogetón natans. . 



P. angustifoliura 

Marsileáceas Marsilea quadrifolia 

Salvinia 

Hepáticas Marchantía occideutalis. 

Liquenáceas Pulmonaria Lobaria pulmonaria. . . . 

Barba de viejo Usuea barbata 

Hongos. . . : . . . .Yesca Polyporus fomenta-ñus . 

Licopodiáceas. . .Doradilla Lycopodium eircinale. . 

Heléchos Aspidium heraclseifolium 1 ^ 1 p ^^"" ra 80,,re el ni " 

Aueimia hirsuta He 2,000 á 6,000 p. 

Culantrillo Adiantum afíiue „ 2,500 á 3,000 p. 

A. fragüe 

Acrostichum piloselloi- 

des „ 3,000 á 8,000 p. 

Alosurus ciliatus 

A. pulchellus 

Aspleuiumheterocbroum „ 1,500 á 2,000 p. 

Blecbnum occidentale . . „ 3,000 p. 

Cheilauthes leudigera. . „ 4,000 p. 

C. candida „ 2,500 á 4,000 p. 

Grammitis pilosa „ 1,500 p. 

Ligodium mexicanum . . ,, 1,000 p. 

iNotoclama siuuata „ 3,000 á 4,000 p. 

N. palmata 

Polipodio „ . „ Polypodium aureum ... „ 1,000 á 7,000 p. 

P. ineanum „ 7,000 á 7,500 p. 

Calaguala P. vulgare 

Plecosurus mexicanus. . 

Helécho hembra Pteris aquilina 

Selaginela cuspidata . . . 

S. íurcata 

Nayadáceas Lenteja de agua Lenma minor 



LA NATURALEZA Wí 

Musgos Bryum múrale 

I'olvl ricuin ii.. 

Algas Algas de agua dulcí; . Spvrogyra, Nostoc, II})- 

//*vt//í/'///m \ rirurAa Varia* aún DO CUMifletdM Di 
HliMHilWH) t\. l-"l£' O. 

hODgOS. 



AUMENTO 



Leguminosas (bis) Carretilla Medkago fiolymorpTia, 

A. Dug. 

Rubiáceas (bis) . . Faisán De ornato. 

Salsoláceas (bis) Axyris 

Papayaceas Melouzapote Carica papaya 

Cuaguayote C. quaubuayote 

Poligonáceas. . . .G-uayacan otro ó Palo Triplaris octandra 

santo 



INGERTA SEDIS, 



Huisilacate 

Masagua 

Grangeno 

Caporuo 

Cbibuilinquabuitl . 

Tintilagua 

Tasasane 

Ahuejote 



Nota. — Del texto original se modificó la desinencia en los nombres de algunas familias, y se 
agregaron las determinaciones que están de letra cursiva. 



134 LA NATURALEZA 



DE LAS ESPECIES 

DEL GÉNERO BASSARIS 

POR J. A. ALLEN. 

TRADUCCIÓN HECHA POR EL SEÑOR ANICETO MORENO, 

SOCIO CORRESPONSAL. 



(CONCLUYE.) 

CARACTERES DIFERENCIALES DE AMBAS ESPECIES. 

Los caracteres externos y los craneales de los Basarídeos son tan bien conoci- 
dos, que no creemos necesario especificarlos sino en cuanto sea conveniente para 
marcar con claridad los rasgos distintivos de las dos especies conocidas hasta hoy 
que constituyen el género Bassaris. Tienen, como es sabido, el aspecto general 
de pequeñas zorras, de pelaje suave y flojo, hocico y orejas puntiagudas, cola 
anillada, tan larga como el cuerpo, formando un todo intermediario entre los Coa- 
tis y los Racones por una parte y las Zorras por la otra, pero menos corpulen- 
tas que las últimas. Los caracteres distintivos de las especies se expresan en la 
siguiente diagnosis. 

SINOPSIS DE LAS ESPECTES. 

Caracteres comunes. — Cola cubierta de pelo igual ó más larga que la cabeza 
y el cuerpo; color de éste, en la parte superior gris, más ó menos mezclado con 
moreno amarillento con una mancha negra de dimensión variable producida por 
las extremidades negras de los pelos más largos, generalmente más marcada en 
la parte mediana del lomo: por la parte inferior, su color es blanquizco, más ó 
menos teñido de amarillo bajo. Alrededor de los ojos hay un círculo ancho, de 
moreno-oscuro. Detrás y encima de cada ojo, una gran mancha, á veces indis- 
tinta, de gris amarillento y otras más pequeñas del mismo color abajo de cada 
ojo. Cola con anülos blancos ó gris-blanquizco alternando con anillos negros, de 
cuyo color es también la extremidad. El número de los anillos de ambos colores 
generalmente es de 7 á 9. Las hembras son notablemente más pequeñas que los 
machos. 



LA NATÜKALKZA 



135 



Bassaris astuta. 

Orejas angostas y puntiagudas. Tahuas 
y plantas con pelo suave y corto en los bor- 
des y base de los dedos, y desnudos en el 
resto. 

Superficie superior de los dedos ligera- 
mente ó no del todo negruzca. 



Anillos claros de la cola, anchos, de un 
blanco puro ó ligeramente grises ó blanco 
amarillentos, casi tan anchos como los in- 
termedios, de color negro. Estos, divididos 
por debajo por una banda blanca en el cen- 
tro más ó menos ancha, que recorre la cola 
casi en toda su longitud. Esta es inferior- 
mente blanca, festonada de negro en sus 
lados. 

Cara anterior de los incisivos superiores 
lisa, lo mismo que la parte cortante. 



Primer par de molares superiores, de bor- 
des más grandes y más angostos que en el 
Bassaris Sumichrasti; los más interiores 
con dos puntas y otra en el ángulo poste- 
rior y exterior del diente. 

Segundo par de id., con el diámetro trans- 
versal comparado con el áutero -posterior, 
relativamente mayor que en el Bassaris 
Sumichrasti. 

Ultimo par de molares inferiores con una 
pequeña punta accesoria en el borde pos- 
terior. 

Caninos y todos los demás dientes rela- 
tivamente más débiles, molares más angos- 
tos y sus puntas más agudas y más numero- 
sas que en el B. Sumichrasti: comparados 
individuos de edades semejantes y cuyos 
dientes se hallaban igualmente usados. 

Pabellón de la oreja muy inflado, esférico, 
y el conducto auditivo muy aucho. 



Bassaris Sumichrasti. 

Orejas más anchas y más cortas, tanto 
absoluta como relativamente y menos agu- 
das. Palmas y plantas completamente des- 
nudas. 

Superficie superior de los dedos negro ó 
negruzca, y el color general de la superficie 
dorsal mucho más oscura que en el Bassa- 
ris astuta. 

Anillos claros de la cola, angostos, grises, 
á veces teñidos de pardo. Los negros mu- 
cho más anchos que los blancos, enteros, 
rodeando completamente la cola, cuya parte 
inferior apenas difiere de la superior en 
color. 



La cara anterior de los incisivos superio- 
res, con dos surcos longitudinales superficia- 
les que se ahondan en el ápice y dan á la 
extremidad cortante el aspecto almenado. 

Primer par -de molares superiores más 
cortos y más gruesos que en el Bassaris 
astuta, sin puntas accesorias en el ángulo 
posterior externo, careciendo de los que se 
encuentran en el ángulo interior de los dien- 
tes del B. astuta. 

Segundo par de idem, más compacto que 
en el astuta, de diámetro trasversal relati- 
vamente más corto. 

Id., id., sin puntas accesorias en el borde 
superior. 



Id., id., menos levantado, aplastado en 
su faz áu tero-posterior, y conducto auditivo 
mucho más pequeño. 



-136 LA NATURALEZA 

Dimensiones menores que en el Sumí- Dimensioues mayores; long. de la cabeza 

chrasti; longitud de la cabeza y cuerpo 14 y cuerpo 15¿ pulgadas (9) á 19 J ¿: vérte- 

( i ) á 17 pulgadas í ; vértebras de la cola de bras de la cola 10 á 20; cola, basta la ex- 

12 á 15; cola, basta la extremidad de los tretuidad del pelo, 18 á 22. Cráneo, long. 

pelos, casi igual á la cabeza y cuerpo. Crá- 3.25 á 3.G0; ancb. 2.25 á 2.50. 
neo de 3.00 á 3.25 de long.; ancb. 1.85 á 
2.05. 

BASSARIS ASTUTA, Lichtenstein. 

Sinonimia. — B. astuta ¡i. fulveeeas, Gray; B. raptor, Baird; Caca-miztle, Cace— mixtle, y Tepe- 
rnaxtlatou, Hernández; Cacomixtle, Cacamiztli y Cuapiote, de los mexicanos; Katzeufret, de los autores alemanes; 

Civet Cat, &c, &c, de los americanos. 

Los caracteres comparativos que acabamos de enumerar marcan bien las dife- 
rencias específicas; pero en una serie de ocho individuos de esta especie, se en- 
cuentran variaciones considerables en el color y otros detalles. Con excepción del 
menor tamaño de la hembra, no he encontrado otras diferencias sexuales de 
importancia. El número de los anillos blancos de la cola en el B. astuta, varía 
de 6 á 9, siendo más común el de 7 á 8. Varian también en anchura, pero en 
general, son más angostos que los negros; á veces iguales á éstos y pocas veces 
más anchos. El color general en la parte de abajo es gris ó gris moreno y en al- 
gunos moreno amarillento; la mitad anterior del cuerpo, es, por lo general, de 
un gris más puro (ó menos mezclado con moreno amarillento) que la posterior. El 
color negro de la extremidad de los pelos largos, varía mucho en su tinte, pe- 
ro siempre es negruzco en la superficie dorsal, mientras que en algunos el co- 
lor predominante, en medio del lomo, es el negro. En estos individuos la su- 
perficie superior de los pies, es más ó menos negruzca ó moreno-negruzca; los 
anillos negros de la cola más anchos, y la porción negra terminal más extensa. 
Una sola piel del Oregon, es toda oscura, y tan negra como en los individuos más 
negros del B. sxanichrasti, y contrasta mucho con los de color claro originarios 
de Texas y de la parte Nordeste de México, de los que el más oscuro procede de 
(Drizaba (México). La parte inferior es á veces de un blanco casi puro; pero por 
lo general está teñido de amarillo claro, que en algunos individuos cambia en mo- 
reno amarillento pálido, especialmente en la barba y garganta. En los de color 
claro, la mayor parte de la cola es inferiormente blanco puro; en otros, los ani- 
llos negros están divididos por una banda blanca angosta. En los del Oregon son 
casi continuos (los dos últimos del ápice son enteros), aunque más angostos que por 
encima. Los anillos generalmente más anchos de la base al ápice de la cola, es- 
pecialmente los negros. 

Los ejemplares que difieren más en el color, son los marcados con los números 
11,849 de Camp Grant, Arizona(E. Palmer), y 12,846 del Oregon (A. H. Wood). 
El del Arizona es de un gris moreno pálido por encima, mezclado con negruzco, 
especialmente en la línea mediana á causa de las extremidades negras de los pe- 



LA NATURALIZA i:j7 

los negros; por debajo es de un blanco amarillento pálido; La cola, por encima, 
es negra en su mayor parte, estando lo blanco limitado á la cara inferior donde 
forma medios anillos. El color en estos dos ejemplares (concuerda con laa fases 
peculiares de las variaciones geográficas de color) que en lo general caracterizan 
los mamíferos y aves de las dos regiones citadas. Si el ejemplar del Oregon que 
queda descrito indicara el verdadero tipo de las especies do la costa septentrional 
del Pacífico (como parece. probable), seria preciso distinguirlo de la forma predo- 
minante en esa región como variedad, bajo el nombre de rnj>lor, Baird; pues este 
nombre se refiere sin dudaá la forma de la costa del Pacífico como queda explicado. 
Cinco ejemplares de las inmediaciones del límite meridional de Texas, se le seme- 
jan en que son más oscuros que el de Arizona y presentan una gradación sucesi- 
va en el cambio de color. Un ejemplar de Orizaba, núm. 8,567 ¿ Botteri, es más 
bien oscuro; la parte inferior, de amarillo más subido y lo blanco de la cola lige- 
ramente teñido de amarillo. 

En un individuo joven, que solo babia llegado al cuarto de su estatura y aún 
conservaba los dientes de leche, el pelo es suave, largo y lanoso; el color, enci- 
ma, moreno pálido, amarillento, mezclado con moreno más oscuro pero sin negro; 
por debajo, gris blanco, ligeramente teñido, anteriormente, de amarillo. La cola 
tiene siete anillos blancos, y las manchas de encima y debajo del ojo son casi de 
un blanco puro. 

En los cráneos de las hembras viejas cuyos dientes están muy gastados, no se 
observa ya señal alguna de crestas. Probablemente sucederá lo mismo en los 
machos viejos, pues los únicos ejemplares que tengo a la vista son machos de 
media edad. La variación más notable en los cráneos del B. astuta, consiste en 
la extraordinaria separación de los huesos íerigoides, y por consiguiente en la 
anchura extraordinaria de las aberturas nasales en el cráneo del B. raptor, de 
Baird. Como este es un rasgo sujeto á variar y en mi colección de cráneos del B. 
sumichrasti tengo un ejemplar de una aberración semejante, lo considero solamen- 
te como variación individual que se encuentra más ó menos en otros mamíferos. 

Distribución Geográfica. — El Civet Cat, del Norte, parece estar circunscrita 
á las porciones templadas de México, extendiéndose lejos, hacia el Norte, en los 
Estados Unidos. Las localidades más meridionales representadas por los ejempla- 
res que poseo son: Orizaba, en el Estado de Yeracruz; San Luis Potosí, en el 
Interior y Sierra de Santiago, cerca de las costas del Pacífico. Se dice que es muy 
conocido de los habitantes de la California y se encuentra al Norte y Suroeste del 
Oregon, donde, sin embargo, se cree que es raro. Mas hacia el Este se encuentra 
en Arizona, y es bien sabido que existe en la mayor parte del Estado de Texas. 
También es muy conocido en Middle Kansas, donde se han colectado algunos 
ejemplares diferentes ocasiones, á la longitud y latitud del Ohio. Aunque al pa- 
recer en ninguna parte es abundante, es más común al Norte de México y en Te- 
xas; pero más al Norte ó al Este es ya raro. 



138 LA NATURALEZA 

BASSARIS SUMICHRASTI, De Saussure. 

Sin. — B. variabilis, Peters; B. montícola, Cordero; Tepochichi del cofre de Perote, 
Cacomistle de monte, id.; Souteru Civet Cat, de Alien. 

El Bassaris Sumichrasti presenta en el color general las mismas variaciones 
<jue el B. astuta. El color general, por debajo, varía del gris casi puro á more- 
no amarillento y aun dorado, y el lavado de negro á veces es bastante para que 
prevalezca este tinte en la parte dorsal: el primer color siempre es más fuerte en 
la mitad posterior del cuerpo que en la anterior. El color del vientre varía de un 
blanco casi puro á un amarillo de goma-gutta pálido. La parte dorsal de los 
pies generalmente es negro-oscura en todos los ejemplares que se han examina- 
do. La porción terminal, como una cuarta parte ó más de la cola, es por lo re- 
gular de un negro subido, marcándose á veces ligeramente uno ó dos anillos gri- 
ses en la cara inferior. Los anillos claros son más angostos que los intermedios 
negros, y varían, en los diferentes individuos, de gris puro á gris blanquizco ó 
amarillento. Por lo general son más anchos en la cara inferior de la cola que en la 
superior. El número de los claros que se marcan más ó menos distintamente, va- 
ría de 6 á 10 y más frecuentemente son 8 ó 9. Estos pormenores han sido toma- 
dos del examen de siete pieles, procedentes del Sur de México y de Costa Rica. 

De los dos individuos cogidos en Tehuantepec, Enero 15, 1869, y de los que el 
colector (Prof. F. Sumichrast) marcó, dice haber sido cogidos en el coito; el ma- 
cho es mucho más grande, gris moreno por encima, mezclado con negro y des- 
vanecido de leonado en la parte posterior; por debajo es amarillo pálido: la ter- 
cera parte terminal de la cola, completamente negra; los anillos claro-grises: 
longitud de la cabeza y del cuerpo 19% pulgadas; de las vértebras de la cola 20 
pulgadas; de ésta hasta la extremidad de los pelos, 22 pulgadas. La hembra es 
superiormente de un gris más puro, con un tinte ligero de leonado oscuro poste- 
riormente; por debajo, amarillo pálido: los anillos claros de la cola, gris blanquiz- 
co. Longitud de la cabeza y cuerpo 15% pulgadas; de las vértebras de la cola, 
18; toda ella, hasta la extremidad de los pelos, mide 20 pulgadas. Otro macho 
de la misma localidad, capturado en Marzo de 1872, conviene en color con el 
que queda descrito, pero tiene menos leonado morenuzco; los anillos claros, son 
blancos tirando á gris, y la última quinta parte de la cola es del todo negra. Otro 
ejemplar (sexo ignorado), del Mirador (Dr. Sartorius) es mucho más oscuro en 
todo el dorso, prevaleciendo el color negro; los anillos claros de la cola son más 
angostos y menos distintos, y el tercio terminal completamente negro. Este co- 
lor predomina de tal modo, que por encima solo están bien marcados los anillos 
claros, cerca de la base de la cola. Dos ejemplares de la Palma, Costa Rica, co- 
lectados en Diciembre de 1876 (T. C. Zeledon), difieren muy poco del anterior, 
siendo los anillos claros de la cola más distintos y de un gris blanquizco. 



LA NATURALEZA i:;'i 

Así pues, se ve que el B. Sumichrasti es mucho más grande que el />'. astuta, 
de un color más negro ó más oscuro, con cola relativamente mayor, y que en 
éste los anillos claros son más angostos ó más bien más numerosos y continuos 
por debajo, por donde se angostan más que por encima; las orejas más angostas, 
menos agudas y como un quinto más cortas que en el B. astuta, no obstante ser 
especie menos corpulenta. 

El Dr. Dugos, en algunas observaciones que sirven de apéndice á la descrip- 
ción hecha por Cordero del 7?. montícola, duda de la importancia de algunos de 
los caracteres que distinguen á esta especie del B. astuta, especialmente por lo que 
hace á los surcos de los incisivos, afirmando que se encuentran también en los jó- 
venes de este último, y que es carácter que desaparece probablemente con la edad. 

Las observaciones del Dr. Dugés, tanto sobre este carácter como sobre otros, 
muestran que ha confundido las dos especies. Por lo que hace al borde trílobo de 
los incisivos que Cordero dice tienen la figura de una «flor de lis,» 1 solamente 
diré: que no he podido encontrar señal alguna de este carácter en los dientes no 
gastados del B. astuta, mientras que en el B. Sumichrasti persiste aún en los 
individuos más viejos y hasta en un ejemplar cuyos dientes están muy usados, 
teniendo rotos algunos incisivos; los dos ó tres que le quedan, muestran todavía 
los surcos y corte lobulado que es su consecuencia. 

Distribución geográfica. — Ni De Saussure, ni Peters, ni Cordero fijan con 
exactitud de dónde han recibido ejemplares de este animal. El primero dice úni- 
camente de México: Peters, de Centro América, y Cordero, en su introducción, 
parece indicar que esos ejemplares fueron conseguidos en las inmediaciones de 
Jalapa. No menciona esta especie Tomes como existente en la colección de ma- 
míferos que hizo el Sr. Salvin en Dueñas, Guatemala; ni el Dr. Von Frantzius, 
en su catálogo de los mamíferos de Costa Rica. Por consiguiente, las únicas no- 
ticias que puedo dar, están limitadas á los datos que he tomado de los trabajos que 
he podido examinar. Las localidades mencionadas en ellas son: Jalapa, el Mira- 
dor y Tehuantepec en la República Mexicana, y la Palma en Costa Rica. Como 
Cordero dice que ha examinado ocho ó diez individuos, debe de ser indudable- 
mente común cerca de Jalapa, y probablemente habita la parte meridional de Mé- 
xico, Guatemala y Costa Rica. Aún no está bien determinado el límite de la ha- 
bitación de las dos especies de Bassaris. El ejemplar procedente de Orizaba 
indica que ambos se encuentran á la vez en el Estado de Veracruz, y es de in- 
ferirse que el Bassaris astuta debe ser la especie dominante en los alredores de 
la ciudad de México. 2 

Orizaba, Julio 20 de 1880. 

1 En español en el original. 

2 El Bassaris asíala es común en esta ciudad, llegando hasta los patios de las casas, por la noche, 
j es frecuente verle retozar las noche de luna á las orillas del rio de (Drizaba por los pueriles Nuevo J 
de Santa Anita. Nunca he visto en los alrededores el fí. Sumichrasti. 

La Naturaleza. — Tomo V. — 19. 



140 LA NATURALEZA 



DESCRIPCIÓN DE ALGUNOS MELOIDEOS INDÍGENAS 

POR EL SEÑOR DOCTOR EUGENIO DUGES. 



.SOCIO CORUESPON.SAL. 



Tetraonyx ocliraceoguttatus. Deyr. — Long. 0,0á0""\ — lal. 0.010""". 

Partes bucales, normales, negras. Cabeza triangular, cubierta de puntitos muy 
apretados y con una línea débil realzada y longitudinal, negro-azul con pelos ne- 
gros. Antenas moniliformes, gruesas y cortas, 2.° artejo el menor, los demás 
cónicos, sub-iguales hasta el 11 que es doble del 10 y en cono alargado: negras. 

Protórax un poco más ancho que la cabeza, en rectángulo trasversal; estrecho 
por delante para recibir el cuello de la cabeza; subredondeado en el borde poste- 
rior y un poco escotado en los laterales, de modo que parece tener 4 ángulos 
agudos, con un surco dorsal cubierto de puntitos como la cabeza: de color negro- 
azul submetálico. Escudete en triángulo, truncado en la extremidad, punteado 
como el protórax y del mismo color. Élitros mucho más anchos que el protórax; 
anchos y cortos, finamente granulosos, negro-mate, cada uno con tres manchas 
color de ocro rojo: 1? irregularmente redondeada, empezando como al cuarto an- 
terior y terminando poco antes de la mitad, del ancho de la mitad del élitro, apoya- 
da interiormente sobre la sutura, y afuera separada por una rayita negra de la 
2? mancha; ésta del mismo tamaño que la primera y situada un poco más atrás 
formando como un medio círculo cuya cuerda corresponde al margen; la 3? man- 
cha es trasversal, nace como á los tres cuartos, no toca ni á la sutura ni al mar- 
gen y se extiende en longitud hasta el último cuarto, de modo que representa un 
óvalo trasversal bastante irregular. 

Cuerpo negro-azul, submetálico, puntuado y con pelos negros. Miembros ne- 
gros. Espolón externo de las piernas posteriores espiniforme. Cuarto artejo dor- 
sal, escotado. 

Este insecto me fué regalado por el Sr. A. Sallé, y proviene del Estado de Ve- 
racruz. 



Cantharis bivirgata. Alf. Dugés. 
Long. 0,007— 0,014 — lal. 0,002—0,004. 



x Labro grande, fuertemente escotado en medio; sus ángulos redondeados, 
puntuado; mandíbulas sub-escotadas en la extremidad; último artejo de los pal- 
pos maxilares un poco triangular, el de los labiales demasiado cónico y trunca- 



LA NATURALEZA Hí 

do en la punta, el resto normal: todas estas partes son negras. Antenas negras 
con el l. er artejo largo, 2 muy pequeño, 3 triangular, 4, 5 y subtriangulares 
con el borde interno más ó menos redondeado, dos veces tan largos y anchos co- 
mo el 3, puntuados y algo brillantes; 7, 8, 9 y 10 cónicos, subiguales mucho rnás 
estrechos y cortos que los precedentes; 11 ovoideo y agudo; todos estos últimos 
están cubiertos de puntos apretados y mates; cabeza de forma normal, puntuada, 
velluda y brillante, negra, con una mancha trian guiar roja en la frente; ojos nopiros. 

Protórax subcuadrado, subredondeado por delante, liso brillante, leonado, con 
4 puntos negros; primeros, uno de cada lado, muy pequeños, como en el tercio 
anterior del borde lateral; segundos, sub-ovales de cada lado del disco, bastante 
gruesos y ocupando como el tercio intermedio. 

Escudete negro. 

Élitros normales, granulosos, leonados, con 4 fajas negras longitudinales, dos 
en cada estuche; lí presutural, extendida desde el tercio anterior hasta el quinto 
posterior; 2 ? , premarginal, empezando un poco después de la 1 ? y llegando hasta 
el ángulo apical externo; la sutura es negra en su tercio anterior. Cuerpo ne- 
gro, con los dos últimos anillos abdominales más ó menos rojos; ancas leonadas, 
trocánteres negros, muslos leonados con sus extremidades negras, sin escotaduras; 
piernas leonado-apagado por los pelos, con las extremidades más ó menos negras, 
sin escotadura, tarsos negros, ganchos partidos; espolón externo de las piernas 
posteriores en forma de cuchara; penúltimo anillo abdominal anchamente escotado, 
el último sub triangular, profundamente escotado, con dos puntos al parecer; pi- 
gidio redondeado. £> Antenas con los artejos desde 7 hasta 11, aumentando poco 
á poco; último anillo abdominal apenas escotado. 

Hemos colectado esta cantárida cerca de Silao, en el mes de Setiembre, sobre 
la planta nombrada vulgarmente «Sin collar.» Mi hermano, el Dr. D. Alfredo 
Dugés, á quien comuniqué este insecto, le impuso el nombre expresado. Las prin- 
cipales variedades son: 

A. Cabeza amarilla, salvo una raya media-posterior y el contorno de los ojos, 
que son negros. 

B. Las manchas posteriores del protórax, forman dos fajitas oblicuas. 

C. Estas fajas tocan al borde posterior. 

D. Éstas forman una mancha posterior profundamente escotada en medio. 

E. Esta mancha es ligeramente escotada. 

F. Los dos puntos posteriores del protórax son muy pequeños y los anteriores 
casi han desparecido. 

(1. Las fajas délos élitros se acercan mucho. 
H. Las fajas están confundidas pero no alcanzan la sutura. 
I. Las fajas están confundidas y alcanzan la sutura. 

J. Al fin estas fajas unidas dejan solo una fajita marginal; algo la extremidad 
apical y el hombro amarillos: todo el rostro negro. 



142 LA NATURALEZA 

Cantharis monilicomis. Eug. Dug. 
Lóng. 0,010 — 0,015. lat. 0,003—0,005. 

Negra. Labro avanzado, subanguloso en los lados, fuertemente escotado en 
medio, hacia adelante, puntuado y velludo; mandíbulas inermes, agudas en la ex- 
tremidad; maxilas normales con el último artejo de los palpos en triángulo alar- 
gado; barba y lengüeta normales; el último artejo de los palpos labiales cuadrilon- 
go. Epistomo avanzado. Antenas moniliformes en la hembra; en el macho los 
artejos 4, 5 y 6 están más desarrollados'que los demás, y entre sí el 4 es el mayor; 
los otros están más ó menos redondeados y disminuyen un poco hasta el 11 que es 
en cono agudo. En la hembra los artejos van al contrario, aumentando hasta el 
último. 

Cabeza cuadrada, cubierta de pequeñas erosiones apretadas y granulosas. Pro- 
tórax cuadrado, estrecho por delante, con un surco dorsal irregular y una depre- 
sión longitudinal, también irregular de cada lado déla base; su superficie es muy 
rugosa y tiene unas erosiones semejantes á las de la cabeza, pero mucho más es- 
parcidas. 

Escudete en triángulo truncado en la extremidad, surcado. 

Élitros fuertemente rugosos con tres nervaduras muy poco señaladas. 

Cuerpo negro; piernas anteriores sin escotadura; espolón externo de las piernas 
posteriores en forma de lanceta. Ultimo anillo abdominal del macho demasiado 
escotado; el de la hembra entero. 

Esta cantárida ha sido descubierta en Uruapan por los jóvenes doctores D. Ma- 
nuel Sobreyra y D. J. M. Reynoso, que tuvieron á bien regalármela. 

Cantharis rufescens. Eug. Dug. 
Long. 0,018 — lat. 0,006. 

Moreno-rojiza. Labro fuertemente escotado en medio del borde libre, oscuro, 
con el centro rojo, punteado; mandíbulas morenas con la extremidad negra, iner- 
mes por dentro; maxilas normales; los palpos ferruginosos con el último artejo 
triangular; barba ferruginosa, en óvalo trasversal; lengüeta normal con sus palpos 
ferruginosos y el último artejo cuadrado. Epistomo punteado, negro y con pelos 
amarillos. 

Cabeza sub-cuadrada, punteada, surcada longitudinalmente; negra, con pelos 
amarillos y la mitad anterior del surco, roja. 

Protórax campanuliforme, con un surco dorsal, negro, con pelos amarillos y 
una faja de pelos blanquizcos en el borde posterior. Escudete en triángulo alarga- 
do, estrecho y truncado en la punta, cubierto de pelos blanquizcos. 

Élitros largos, cubiertos de pelos moreno-rojizo, y todo el rededor del élitro con 
una fajita de pelos blanquizcos. 



LA NATURALEZA 143 

( ¡uerpo cubierto de pelos gris-amarillento. 

Miembro ferruginoso bajo, con las extremidades de los muslos, de las piernas 
y de los artejos tarsales más oscuros. Piernas anteriores, sencillas. Espolón 

temo de las piernas posteriores, en forma de cuchara. 

Vive en Cotija y fué colectada por los mismos Doctores I). Manuel Sobreyra y 
1). J. M. Reynoso. 



Cantharis croceicincta, Eug. Duf 
Long. 0,013— lat. 0,003. 



Negra. Labro normal; mandíbulas sinuosas por dentro y sub-escotadas cerca 
déla punta; último artejo de los palpos maxilares en triángulo redondeado; bar- 
ba trasversal; último artejo de los palpos labiales, securiforme. 

Epistomo normal, con puntos bastante gruesos. 

Antenas hiliformes, adelgazándose poco á poco hasta la extremidad, siendo el 
artejo 2 el menor. 

Cabeza sub-cuadrada, cubierta de puntos apretados, con una línea longitudinal 
un poco realzada y roja en su mitad posterior. 

Protórax campanuliforme, cubierto de puntos como la cabeza, con un surco 
dorsal, negro, con una fajita de pelos amarillos en el borde posterior. 

Élitros alargados, granulosos, negros en todo el rede'dor, con una fajita de pe- 
los amarillo subido. 

Cuerpo granuloso, negro, con el borde libre de los anillos abdominales, tenien- 
do una fajita de pelos amarillos como los de los élitros. Miembros negros; muslos 
anteriores escotados en su parte inferior, y con pelos dorados en la escotadura. 
Espolón de las piernas posteriores en forma de lanceta estrecha. 

Un primer ejemplar fué encontrado en Guanajuato y un segundo en la hacien- 
da de Tupátaro. 



Cantharis sobrina, Éhg. Dug. 
Long. 0,010.— Iat. 0,003. 

Sepia oscuro. Patas bucales, normales, salvo los últimos artejos de los palpos 
que están menos triangulares que de costumbre. 

Cabeza cubierta de puntos gruesos irregularmente esparcidos; borde anterior 
del epistomo moreno, y la frente con un punto rojo central. 

Antenas moniliformes y acaso aumentando un poco hasta la extremidad. 

Protórax campanuliforme, con un vestigio de surco dorsal y una depresión en 

La Naturaleza.— Tomo V.— 19.-2? 



144 LA NATURALEZA 

medio de la base, punteado. De cada lado, en la parte intermedia, hay un espa- 
cio liso y brillante, un poco realzado. 

Escudete pequeño, sub-anguloso. 

Élitros ensanchándose poco á poco hasta la extremidad apical, granulosos, con 
dos nervaduras poco notables. 

Cuerpo subgranuloso, muslos anteriores sin escotadura; espolón externo de las 
piernas posteriores en forma de cuchara grande. Ultimo anillo abdominal del 
macho, bilobulado, y el penúltimo escotado en ángulo. En la hembra los dos 
son enteros. 

Vive en Pénjamo. 

Cantliaris basalis, Chev. 
LflOg, 0,020.— lal. 0.000o. 

Gris. Labro fuertemente escotado en medio del borde libre, sub-anguloso en 
los lados, punteado, de color sepia; mandíbulas fuertes, inermes, del mismo color; 
maxilas normales con los palpos leonados y con el último artejo securiforme, bar- 
ba y lengüeta normales; palpos labiales, leonados, con el útimo artejo sub-cua- 
drado. Epistomo recto por delante, separado de la frente por un surco sub-angu- 
lar; borde libre, amarillo, con una raya negruzca trasversal que divide este color 
en dos fajitas; lo demás es negro y cubierto de pelos grises. 

Cabeza sub-redondeada atrás, un poco deprimida en la frente y con un vestigio 
de surco longitudinal; negra, cubierta de pelos grises; antenas ferruginosas, so- 
brepasando un poco los muslos posteriores, hiliformes, con los artejos 1 tan largo 
como el ancho de la frente, 2 la mitad de 1, 3 del tamaño de 2, los demás dis- 
minuyen poco á poco en longitud y grueso, hasta 11 que es subredondeado en la 
extremidad. 

Pro tórax sub-campanuliforme, con un surco dorsal muy marcado en la mitad 
posterior y una depresión de cada lado de la base, cubierta de pelos grises. 

Élitros normales, grises. 

Cuerpo gris, con algunas partes negras por la falta de pelos. 

¡Muslos anteriores, escotados, teniendo en la escotadura unos pelos dorado- 
grises; piernas y tarsos negros, con pelos grises; espolón externo de las piernas 
posteriores, espiniforme. Esta cantárida debe su color gris á los pelos tupidos que 
la cubren del todo. 

Vive en el Estado de Veracruz y me ha sido regalada por el Sr. A. Sallé. 



LA NATI ¡RALEZA 145 

Cantharis labialis, Eug. Dug. 
Log. 0,013. lal. 0,0033. 

Negra. Cabeza triangular, recordando por su aspecto La de una hormiga, 1" 
que es debido al desarrollo del labro y de las mandíbulas; negra con un punto 
rojo en el centro y cubierta de puntos gruesos muy apretados- 
Labro muy desarrollado, bastante largo, anguloso en los lados, y escotado de 
tal modo, que se puede decir que es bilobulado, cubierto de puntos en los lóbulos 
y liso en medio de la base; mandíbulas largas, agudas y desprovistas de dientes, 
pudiéndose aplicar la una sobre la otra por su cara interna; maxilas normales, 
con el último artejo de sus palpos, triangular, alargado; barba casi cuadrada; 
lengüeta normal, con el último artejo de los palpos, triangular. Epistomo fuer- 
temente trasversal y llevado por una prolongación de la frente, lo que hace que 
el labro parezca más largo de lo que es en realidad; frente con una depresión 
triangular en el ángulo posterior. Antenas del macho con el 1 er artejo bastante 
desarrollado, aplastado, encorvado atrás y anguloso en medio, por delante; el 2.° 
á pesar de ser el menor, parece más desarrollado que de costumbre; 3.° bastante 
grande, en triángulo muy alargado, los demás, de la misma forma y disminu- 
yendo poco á poco: esta parte de la antena es verdaderamente sub-filiforme en 
la hembra, siendo ésta así. Protórax más estrecho que la cabeza, y los élitros, 
más bien cuadrado que campanuliforme; su parte anterior estrechada para recibir 
el cuello, con un surco dorsal y cubierto de puntos numerosos y apretados. Escu- 
dete triangular con la extremidad un poco alargada y truncada. 
Élitros normales, granulosos, con cuatro nervaduras poco distintas. 
Cuerpo finamente granuloso, miembros normales; muslo anterior escotado por 
delante con pelos dorados en la escotadura; espolón externo de las piernas poste- 
riores apenas más desarrollado que el interno. 

Como he dicho, esta cantárida es negra, pero acaso en vida esté cubierta de 
pelos grises, pues no la he tenido sino mezclada con una gran cantidad de can- 
táridas de otras especies, y pudiera muy bien ser que la pubescencia hubiera des- 
aparecido por el frotamiento. 

Vive en Pénjamo y me ha sido regalada por mi amigo el farmacéutico Don 
Ilomobono González. 



Cantharis Borrei, Eug. Dug. 
Long. 0.015. lal. 0.004. 

Negra y gris. Labro fuertemente redondeado en los lados, un poco avanzado 
y escotado en medio; epistomo recto por delante, separado de la frente por un 
surco arqueado; mandíbulas escotadas en la punta y armadas por dentro de 3 ó 1 



146 LA NATURALEZA 

dientecitos; maxilas normales, con el último artejo de los palpos triangular; barba 
y lengüeta normales, el último artejo de los palpos labiales en triángulo subcun- 
drado. Cabeza de forma normal, surcada longitudinalmente y con un punto rojo 
en medio; antenas alcanzando como el 1 er quinto .de los élitros; el macho tiene 
el artejo 1 muy grande, con la mitad interna un poco encorvado y formando 
un ángulo recto con la 2? mitad (externa); 2, largo de la mitad del 1, un poco 
encorvado, convexo en su parte externa, y cóncavo en la interna; 3, pequeño, 
casi del tercio del 2, triangular; 4, idem; 5, un poco más largo; los demás au- 
mentando poco á poco en longitud, pero disminuyendo de grueso; de manera que 
esta parte de la antena es sub-ñliforme. En la hembra, los artejos 2, 3 y 4 son 
casi iguales y triangulares, los demás como en el macho. 

Protórax campanuliforme, con un surco dorsal, más estrecho que la cabeza y 
los élitros. 

Élitros normales. Muslos anteriores escotados en su mitad inferior, con pelos 
dorados en la escotadura; espolón externo de las piernas posteriores en forma de 
lanceta. 

Es, como he dicho, negra, peix» cubierta de pelos grises y negros, formando 
una mezcla que recuerda la de ciertos paños. 

Fué encontrada, por primera vez, por un dependiente de la hacienda de Tu- 
pátaro, el Sr. D. Ignacio Abad, al pié del cerro tan conocido bajo el nombre de 
«Fuerte de San Gregorio y Cueva del Padre Torres.» 

He dedicado esta especie al Sr. A. Preudhomme de Borre, el sabio Secretario 
de la Sociedad Entomológica belga, en prueba de mi gratitud. 



Zonitis atra, Eug. Dug. 
Long. 0,012. lat. 0,004. 

IVegra. Labro en cuadro alargado, escotado en medio del borde libre, con un 
manojito de pelos en cada ángulo, de modo, que parece como bilobulado; man- 
díbulas casi tan largas como la cabeza, muy agudas y sinuosas solo interiormente; 
maxilas alargadas de dos lóbulos; el interno poco desarrollado; el externo pare- 
ciendo una continuación del primero, en forma de triángulo alargado, sobrepa- 
sando apenas los palpos labiales; palpos maxilares largos, con los artejos 2 y 3 
en triángulo muy alargado, como también el 4 que está muy poco ensanchado en 
la extremidad; barba en trapecio alargado; lengüeta bilobulada, con cada lóbulo 
delgado, agudo y más ó menos velludo; palpos labiales con los artejos 1 peque- 
ño, 2 muy largo, 3 un poco menos, pero algo ensanchado cerca déla extremidad. 

Cabeza fuertemente triangular, con los ángulos posteriores redondeados, pero 
salientes, como también el borde posterior en medio. Está cubierta de puntos y 
depresiones irregulares; en una palabra, más bien esculpida que puntuada. 



LA NATURALEZA 147 

Antenas bastante largas, sub-filiformes, los artejos un poco triangulares, y el 
último más grueso y más ancho que los demás y agudo. Protórax cuadrada, más 
estrecho que la cabeza, y los élitros, algo redondeado por delante, con un surco 
dorsal y cubierto de puntos apretados. 

Escudete en triángulo, truncado en la punta, puntuado. 

Élitros fuertemente granulosos. 

Cuerpo apenas granuloso; último anillo abdominal bilobulado, ganchos con b 
mitad superior pectinada y la inferior filiforme. 

Es negra, pero se ven algunos pelos amarillos en los miembros, el cuerpo, y 
principalmente en el borde libre de los anillos abdominales. 

Fué encontrada muerta y mutilada en un cerro de Guanajuato, por un buen 
amigo, D. Enrique Palassou. 



Zouitis flavicollis, Eug. Dug. 
Long. 0,008. lal. 0,0028. 



Negra y amarilla. Labro alargado, estrechado por delante, apenas escotado, bri- 
llante, morenusco; mandíbulas muy grandes, agudas, sinuosas interiormente; ma- 
xilas con el lóbulo externo en triángulo bastante largo, palpos con los artejos 1, 
pequeño; 2, largo y delgado; 3, menor; 4, bastante largo, cilindrico y truncado 
en la punta; barba bastante larga, trapezoidal; lengüeta sub-bilobulada; palpos 
con los artejos 1, pequeño, 2 y 3 sub-iguales, largos; el último truncado en la 
extremidad. 

Epistomo recto per delante, separado de la frente por un surco arqueado, ne- 
gro y esculpido. Cabeza esculpida, negra, triangular, con los ángulos posteriores 
redondeados y un surco longitudinal. Antenas negras, setáceas, con el artejo 2 
apenas menor que los demás. 

Protórax campanuliforme, bastante largo, sub-puntuado, con un surco dorsal 
bien notable, amarillo bajo. 

Escudete negro en triángulo alargado y redondeado en la extremidad. 

Élitros negros, más anchos que el pro tórax, granulosos. 

Cuerpo negro con el protórax amarillo. Ganchos con la mitad superior pecti- 
nada, la inferior delgada. Espolón externo de las piernas posteriores, anchos y 
sub-iguales. 

Vive en Guanajuato. 

Nota. — El Sr. A. Sallé, habiéndome hecho notar que el nombre de Cinérea habia sido dado ya á 
una cantárida de los Estados Unidos, se debía cambiar el nombre de la une designamos asi en mies- 
Ira primera Memoria, y la llamaremos: C. Vicina. 



La Naturaleza. — Tomo V.— 20. 



148 LA NATURALEZA 



EXPLICACIÓN DE LA LAMINA. 



Figura 1. a , Télraonyx ochraceógüllátús, E. Dug. — Fin. 2. a , Canlharis biririjala, Alf. Dug.; 
A. B. C. D. E. F.. variedades torácicas; G. H. I. .1., id. elitráTés; a 2, antena del macho; b 2. id. de 
la hembra; c 2, cabeza normal; d 2, labro y mandíbula; e 2, lengüeta; f 2, maxila; y 2, último anillo 
abdominal del macho; /; 2, id., de la hembra; i 2, espolón de la pierna posterior. — Fie. 3. a Can- 
illen is mónUicornis, E. Dug.; a 3, cabeza; 6 3, maxila y labio inferior. — Fu;. 4. a , Canlharis rúfes- 
cens; a 4, labro, mandíbula y antena; b 4. lengüeta; c 4, último artejo de los palpos maxilares. — 
Fio. o. a , Cantháris croceicincla, E. Dug.; a J, labro, mandíbula y antena; b 5, lengüeta; c .7, último 
artejo de los palpos maxilares. — Fig. 6. a , Canlharis sobrina, E. Dug.; a 6, labro, mandíbula y ante- 
na; b 6, lengüeta; c G, último artejo de los palpos maxilares; d 6, mandíbula; c O, último anillo ab- 
dominal de la hembra; f G, id., del macho. — Fio. 7. a , Canlharis basalis, Chev.; a 7, labro y antena; 
b 7, último artejo de los palpos maxilares; c 7, id., id., délos labiales; di, espolón de la pierna pos- 
terior. — Fio. 8. a , Canll/aris Borrei, E. Dug.; a 8, labro; 6 8, mandíbula; c 8, último artejo de lgs 
palpos maxilares; d 8, lengüeta. — Fig. 9. a , Canlharis labialis. E. Dug.; a 9, labro y antena del ma- 
<:ho; b 9, antena de la hembra; c 9, último artejo de los palpos maxilares; d 9, lengüeta y barba. 
— Fig. 10. Canlharis siiíjmala, Sturm; a JO, antena del macho. — Fig. 11, Zonilis aira, E. Dug.; 
a 11, labro, mandíbula y antena; b 11, labio inferior y maxila; c 11, gancho. — Fig. 12, Zonilis 
flaricollis, E. Dug.; a 12, labro, mandíbula y antena; b 12, labio inferior y maxila; c 12, gancho. — 
Fig. 13, Macrobasis anlennalis, Deysolle; « 13, labro y mandíbula; b 13, maxila y su palpo; c 13, 
labio inferior con sus diferentes partes; d 13, antena del macho: e 13, id. de la hembra; f 13, 
gancho. 



Tomo ' 



LA NATURALLV 



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Meloideos indígenas. 



INFORME 



Ql K lil.Mili Eii PRIMER SECRETARIO A I.A SOCIEDAD i\Il..\li.A.\A DE HISTORIA .YvilKAL 
DE LOS TRABAJOS PRESENTADOS ES LOS AÑOS DE 1 S7i) V 18S0. 



Señores: 




p||£ L presente Informe no tiene otro objeto que el de llenar el deber 
que tengo impuesto por nuestro Reglamento, cuya obligación me 
es grato satisfacer. 

No quiero detenerme en consideraciones de ningún género, por- 
que ellas me desviarían del asunto á que debe ceñirse esta Memo- 
ria. Con tal fin, daré desde luego principio á mi tarea. 

Comenzaré á informar con los datos que he tomado de las actas. 
El Sr. José Ramos habló sobre las interesantes investigaciones de Frederieg, 
relativas ala sangre de los invertebrados; dicho autor ha experimentado sobre los 
pulpos, y encentró, en la parte líquida de la sangre, una sustancia alljuminoide, 
la que llama hemocianina, por el color azul que toma al contacto con el oxígeno; 
así, cargada de este gas, la sangre va á servir para la hematosis, perdiendo su 
coloración al cargarse de ácido carbónico en su paso, á través de los í ejidos. 

Esta sustancia representa el papel de la hemoglobina que se encuentra en los 
glóbulos rojos de los vertebrados, siendo de notar, que en la hemocianina hay 
una pequeña cantidad de cobre que representa el mismo papel que el fierro en la 
hemoglobina. Cree útil proseguir estas investigaciones en diversos animales de 
sangre blanca. 

El Sr. D. José Ramírez, después de haber dado lectura á su traducción sobre 
la naturaleza y fisiología de la Clorofila, dio de palabra el dictamen que se le en- 
cargó, en compañía del Sr. Sánchez, de los trabajos sobre los Ajolotes: uno del 
Sr. Weismann, y el otro del que suscribe. Respecto del primero, hizo notar que 
nada trae de nuevo sino que Weismann es darwinista, y cree, sin embargo, que 
el ajolote transformado ha retrocedido; cuya opinión es contraria á la teoría de 
Darwin; en consecuencia tiende á destruirla. Esta extraña idea, la deduce de he- 
chos poco conocidos para él, porque ignoraba que los ajolotes se transforman en 
México. En cuanto al trabajo del que suscribe, dijo: que le parecía interesante 
por los hechos que refiere, nuevamente observados, y también por la refutación 



ISO LA NATURALEZA 

del trabajo del Sr. "Weismann. Manifestó no estar conforme con la que se hace 
de la teoría de Darwin, y concluyó pidiendo fuesen publicadas íntegras las ano- 
taciones, y de la Memoria solo los párrafos á que se refieren aquellas. 

Después de una ligera discusión, en la que tomaron parte los Sres. Sánchez, 
Herrera, Villada, Ramírez y el que suscribe, se acordó, á moción del Sr. Herrera, 
pasara á la Comisión de publicaciones, asociada á la del dictamen, para que ar- 
reglasen lo concerniente respecto de su publicación. 

El Sr. Joaquín Arriaga manifestó que está arreglando para la Sociedad, una 
colección de plantas y animales, cuyo trabajo no ha podido terminar por sus mul- 
tiplicadas atenciones, estando dedicado al estudio de la hidrografía, en la hacienda 
de Queréndaro. 

El Sr. Herrera dio noticia de un escrito de Pasteur; habla acerca del cólera de 
las gallinas, y pidió se tradujese, por las aplicaciones que pueden hacerse con res- 
pecto á las enfermedades epidémicas en el hombre. Refiere experiencias muy in- 
teresantes. 

El Sr. Villada ha estudiado la langosta que devasta el país, y que parece ser 
el Acridium peregrinuni, por haberse visto el mismo Acridium en Europa y en 
Asia. Dijo que se presenta en los Estados Unidos, hacia el Sur, e\ Acridium ame- 
ricanum; y hacia el Norte, el Coloptenus Spretus. El Acridium peregrinum es 
el mismo que se presentó el año de 1855. El Sr. Herrera recomendó al Sr. Villa- 
da una monografía, que sobre langostas publicó el Sr. Nieto. 

El Sr. Ruíz Sandoval hizo notar, que la langosta que describió el Sr. Nieto, 
recibió de este señor el nombre de Acridium Velazquezi, y que se distingue por 
el color de sus alas que son violadas. 

El Sr. Ortega Reyes hizo presente, que en el trabajo que ha escrito sobre la 
materia, salió una lámina de la langosta igual á la del Sr. Nieto. 

Informó el Sr. Ramírez, que estudiando los ajolotes que le regaló el que sus- 
cribe, pudo ver en uno ya transformado, que había en sus ovarios, huevos per- 
fectamente desarrollados, lo que demuestra que el animal es susceptible de repro- 
ducirse en estado de amblistoma. 

Al Sr. Herrera le pareció que lo referido por el Sr. Ramírez está de acuerdo 
con lo observado en Europa; hecho muy importante, pues es raro que el animal 
se reproduzca en sus dos estados. 

El Sr. Crescencio García mandó un objeto curioso acompañado de una carta. 
Es un capullo llamado vulgarmente borreguito, que se encuentra adherido á una 
rama de árbol. Está formado por un conjunto de larvas pertenecientes al orden 
de los himenópteros abrigados en él; y á la vez es un capullo de un lepidóptero. 
En la carta hace explicaciones de este ejemplar y promete mandar algunos otros 
cerrados. 

El Sr. Barcena recordó haber visto capullos semejantes, envolviéndolas ramas 
de los huisaches. 



LA NATURALKZA !M 

Se dio lectura á un trabajo sobre la descripción del Adelophis Copei, género 
nuevo del Sr. A. Dugés; pasó ala sección de Zoología, para que diese su dictamen. 

El Sr. Villada presentó, á nombre del que suscribe, un insecto curioso, traído 
de Chiapas, y regalado por el Sr. Genaro López. Es la Fulgora lantemaria de la 
América del Sur. Sobre sus propiedades fosforescentes no están de acuerdo los 
autores. Dio cuenta de dos exploraciones, una á los lagos de Xochimilco y ( 'bal- 
eo, la que hizo en compañía del que suscribe, y la otra al Volcan del Popoeate- 
petl. Ofreció presentar sus estudios, lo que no ha podido efectuar á causa de te- 
ner que hacer algunas rectificaciones. 

Se dio lectura á una carta del Sr. Alfredo Dugos, en la que describe una hi- 
bridizacion, fecundando la Nicotiana tabacum, con el polen de la Nicotiana gl<m- 
ca; resultando de este cruzamiento una planta con los caracteres de la última. 

El Sr. Fernando Altamirano creyó conveniente, que al publicar la nota del 
Sr. Dugés, se agregue el estudio que un alumno de la Escuela de Medicina pre- 
sentó en su tesis; hizo el análisis de la Nicotiana glauca y encontró un alcaloide 
entre las sustancias que contiene. 

El Sr. González informó sobre una expedición que hizo á la hacienda de Joco. 
Trajo tres ejemplares de encinas y una especie de capulin que parece ser una 
monstruosidad, é hizo su descripción. 

El Sr. Alfonso Herrera hizo uso de la palabra para decir: que la Ju&sicea cul- 
tivada por el Sr. Droege, es un efecto muy diferente de la que se desarrolla es- 
pontáneamente en el Valle de México; que en lugar de rastrera, es .erguida, y 
aun las hojas son distintas de forma; que se propone hacer algunas experiencias 
para ver si recobra su forma anterior. Respecto del capulin de que habló el Sr. 
González, le parece, que debido á un exceso de fertilidad, las hojas se han vuelto 
más carnosas, y las yemas florales, en lugar de nacer una en cada axila, brotan 
dos ó más. 

En la sesión del 29 de Abril, el Sr. Bárcerna habló acerca del calendario bo- 
tánico. Manifestó haber pasado una circular á sus corresponsales, con el objeto 
de que en dicho calendario se fijara la época de la floración, ya ordinaria como 
anormal, á la vez que las demás circunstancias dignas de notarse respecto al des- 
arrollo de las plantas, así también con relación á los sembrados, el precio de las 
semillas, etc., para lo que les remitió esqueletos que puedan llenar, á fin de unifor- 
marlos diversos calendarios que remitan al Observatorio. Varios habían obsequia- 
do sus deseos, sobre todo en Tlacotalpam y otros puntos como los del Valle de León, 
(enMichoacan), hacienda de Ibarrilla (en el Estado de Guanajuato). De Tlacotal- 
pam le hablaron sobre las siembras de algodón, y de un insecto que lo destruye. 

También se dirigió á los telegrafistas de diversas líneas para que contribuye- 
ran, con sus observaciones, al estudio de la meteorología, aparición de diversas 
aves, insectos, etc.; todo lo cual dará una idea, del estado general de la agricul- 
tura en la República. 



152 LA NATURALEZA 

En los Valles de México, Puebla y León, casi concluyó la florescencia por los 
fríos pasados. En Cuernavaca dominan las Rosáceas, y ha notado que en ios 
diversos lugares donde crecen, no tienen sobre de ellas los cambios de tempera- 
tura una influencia marcada como en las otras plantas, de modo que no son es- 
tacionales. 

Hizo en seguida una descripción del estado atmosférico que en esos dias domina- 
ba, y concluyó haciendo una extensa apreciación sobre los resultados que habían 
producido los fenómenos eléctricos sobre la vegetación, la que juzgó anormal en 
este año. 

En seguida se dirigió al Sr. Villada para que dijese algo sobre su expedición á 
Cuernavaca. El Sr. Villada manifestó que lo había llevado a ese lugar una co- 
misión que lo imposibilitó de estudiar aquella región como habría deseado; pero 
que sin embargo, daría por escrito el estudio que está haciendo ele un pequeño 
herbario que colectó, y que aún no tenia determinadas todas las especies de plan- 
tas que contiene, así como de algunos insectos y reptiles que trajo. 

El Sr. Ramírez, en cumplimiento de lo acordado por la Sociedad, dio cuenta 
de un artículo que se ocupa con especialidad de las floras alpinas. En su Informe 
dijo: que al principio las floras consistían en simples listas de plantas sin ninguna 
observación; más tarde, se tuvieron en cuenta la dirección de los vientos y otros 
fenómenos meteorológicos, después que Darwin publicó su obra sobre el origen 
de las especies; entonces se recogieron datos geológicos y compararon unas floras 
con otras. En México pudieran hacerse estudios comparativos, auxiliándose de 
los que se hacen en el Observatorio Meteorológico. Actualmente está estudiando 
la acción de los anestésicos sobre algunas plantas, con los Oxalis especialmente. 
Ha visto que el éter retarda la hora del sueño y despierta la planta más tarde. 

En seguida informó sobre una planta que trajo del Popocatepetl (^-lrenana brioi- 
des), cuyos caracteres específicos cambian aquí notablemente, pues allá, sus hojas 
son imbricadas, y aquí no lo son, porque los entrenudos del tallo se alargan; tam- 
bién se nota algún vello, aunque escaso, en los nudos mismos; en su estado na- 
tural es completamente lampiña. Es de las últimas que se hallan en aquella mon- 
taña, y las distintas condiciones que hay en uno y otro lugar, debe ser la causa 
de la diferencia de caracteres. 

Llamaron la atención del Sr. Herrera el alargamiento del tallo y la aparición 
del vello; las plantas que crecen en lugares escasos de luz, alargan considerable- 
mente sus tallos como se observa en los bosques; probablemente el Sr. Ramírez 
colocó su planta en un lugar poco iluminado; pero la aparición del vello es aún 
más singular, porque el frío es una de las causas que obran con energía para su 
desarrollo; quizá sea un efecto de adaptación por haberse alargado los entrenudos 

y dejado, en consecuencia, desnudos los tallos; lo que no pasa en el volcan, es- 
tando cubiertos con las mismas hojas. 

Refiriéndose á la Flora alpina, manifestó estar de acuerdo con la opinión del 



LA NATURA LEZA 153 

Sr. Ramírez en cuanto á su importancia; refiere, que cuando se hallan en dos 
lugares distintos plantas de una misma especie, es probable que hayan estado uni- 
das, listo es aplicable á la flora de Cuba y México que son muy análogas. Agre- 
ga, además, que en tiempos remotos, las floras alpinas deben haber ocupado los 
valles, cuya temperatura les ha de haber sido muy favorable; y que habiendo 
cambiado ésta, situáronse entóneos en las altas montañas, donde encontraron la 
temperatura que antes tenían. 

El Sr. Ferrari presentó una especie de Combretácea; por el estudio que hizo 
de ella, encontró, que pertenece al género Combretum, pero difieren algunos ca- 
racteres de la especie descrita por Ilumboldty Bompland, por loque vaciló entre 
si se trataba de una especie nueva, ó solo de una variedad: pasó á dictamen á la 
Comisión de Botánica. 

El Sr. Barcena habló respecto á una consulta que se le hizo desde el extranjero 
con relación á las llores de madera que se desarrollan en el guayabo; cree sean 
producidas por un parásito. 

El Sr. Herrera dice: que tiene razón el Sr. Barcena, pues realmente estas ex- 
crecencias son producidas por un parásito (Loraathus):\o% pájaros comen el fruto, 
y al arrojar el excremento, las semillas que pasan intactas por el tubo digestivo, 
van á incrustarse sobre la madera en que los pájaros arrojan las materias fecales, 
formándose las excrecencias y deteniéndose el crecimiento del ramo; agrega, que 
también las ha visto sobre la madera del Chirimoyo y de algún otro árbol, siendo 
de notar que su forma varía según el árbol en que se desarrolla. 

El Sr. Barcena recordó que la semilla es glutinosa, lo que facilita su adhesión 
y su implantación sobre la madera. 

Al Sr. Villada le pareció que la cuestión no estaba del todo resuelta; que no 
basta la presencia del parásito para explicar la formación de las excrecencias; que 
debe contribuir alguna otra causa desconocida, pues él ha visto en Cuernavaca 
algunos parásitos que no ofrecen ninguna excrecencia. 

El Sr. Herrera aceptó la opinión del Sr. Yillada, pues hay distintas especies de 
LorantJms que pueden darse de distinto modo, según el árbol donde se desar- 
rollan; tal vez en el mango se limitan á detener el crecimiento del ramo sin pro- 
ducir excrecencias. 

El Sr. Peñafiel ha visto en Jalisco á este parásito implantado sobre los mez- 
quites, y comunmente le llaman ingerto. Cree, que cayendo sobre el árbol, se 
implanta en él, verificándose una especie de placentacion. 

Anunció el Sr. Sánchez que el Sr. Felliére posee una colección de 200 á 300 
flores de madera, y que puede conseguir que la Sociedad vea esta colección. 

Se le ocurrió al Sr. Herrera una explicación para dar cuenta de las variedades 
que ofrecen: las raíces del Lorant/ius deben penetrar el árbol siguiendo los rayos 
medulares, que como se sabe, están formados de tejido celular blando y conteniendo 
jugo nutritivo. Como el número y disposición de estos rayos medulares varían en 



154 LA NATURALEZA 

los diversos árboles, deben presentarse variaciones correspondientes en el fenó- 
meno de que se habla; los frutos del parásito tienen una sustancia glutinosa y ad- 
hesiva que favorece su adhesión sobre los árboles. Se debe contar, además, con 
que hay varias especies de Loranthus, como el caliculatus y el mexicanus; todo 
lo cual basta, en su concepto, para explicar las diferencias de que se ha habla- 
do. Recordó, á propósito de esto, que existen algunos ocotes cuyos conos son ver- 
daderamente monstruosos, lo cual es debido á la existencia de unos hongos que 
los hipertrofian. 

El Sr. Barcena participó á la Sociedad haber visto el maíz primitivo en las rui- 
nas de Xochicalco, lo que ofrece gran interés histórico, pues tal vez crecía allí 
esta planta desde tiempos muy anteriores. También existe en gran cantidad, en 
Tuxtla, según le han dicho: puso á la disposición de la Sociedad este maíz que 
recogió con sus tallos, hojas y espigas. 

El Sr. Villada mostró los granos de una gramínea, que con el nombre de maíz 
primitivo envió el Si**. Ruíz, de Irapuato, con el objeto de que se estudie. El Sr. 
Herrera hizo notar la importancia de su estudio, pues tal vez sea, en efecto, el 
maíz primitivo, que bajo la influencia del cultivo se modifica al grado que lo co- 
nocemos. El Sr. Mendoza que ha estudiado este punto, cree que dicha gramínea 
en cuestión parece ser distinta del género Zea. El Sr. Villada recordó haber visto 
un artículo impreso en Bélgica, en el que se trata de este asunto y que va unido 
á un grabado. 

El Sr. Schaffner remitió una carta en la que comunica el envió del herbario 
que recibió la Sociedad, y la planta que hacia tiempo pidió se dibujase, la Leg- 
noa cerúlea; indica las inexactitudes que encierra la lámina dibujada en la obra 
de H. y B. 

La Comisión de Botánica pidió á la Sociedad se le acordase al Sr. Schaffner 
un premio por la numerosa colección de plantas, determinadas la más de ellas, 
cuyo trabajo ha sido obra de mucho empeño y laboriosidad. Fué aprobada por 
unanimidad esta proposición. 

El Sr. Villada, con motivo de la Legnoa, se expresó del modo siguiente: creí 
al principio que la Legnoa de Cuernavaca era la madreporoides, pero parece ser 
la misma que la que ha estudiado el Sr. Schaffner, la cerúlea. La encontré sobre 
la raíz del HeliantJms annvs. Anunció que habia traído las flores de madera de 
Cuernavaca y que las presentaría próximamente, 

En otra sesión pidió constase en el acta, que la Legnoa de Cuernavaca no es 
parásita del Helianthus annus, sino de la Tilhonia tubceformis. 

Presentó el Sr. Barcena un caso de faciacion y división de la Lceselia coccínea 
llamada vulgarmente espinosilla; el ejemplar lo presentó disecado y colocado en 
un marco, y lo regaló á la Sociedad acompañado de su correspondiente descripción. 

El Sr. Herrera creyó importante recoger la planta viva, para ver si las semi- 
llas reproducen el fenómeno. 



LA NATURALEZA 155 

En una de las últimas sesiones dio cuenta el Sr. Barcena con algunas ol 
vaciónos: notó que á causa do la suavidad del invierno, empezaron á florecer al- 
gunas plantas invernantes; después bajó la temperatura y vid que las hojas üen 
se entristecieron; lasque no habían acabado desecarse cayeron. Había un proble- 
ma pendiente: si se detenia la evolución, y se notó que hubo detención en algui 
yemas. Así, la vegetación marcó un carácter primaveral, y la temperatura un 
carácter invernal. El año de 1880 ha sido muy propicio para la vegetación; en el 
mes de Noviembre algunos árboles tenían tanta savia, que la corteza se rompía 
dejando escapar el jugo. Ha lomado nota de las [dantas que resistieron á diversas 
temperaturas y á distintas exposiciones. Los Tropeolus resistieron al principio, 
pero después se tostaron. Lasiempreviva ha seguido su período exacto de floración 
aunen las que se colocaron en forma de coronas en el monumento que se acaba 
de construir en Chapul tepec. 

El Sr. Herrera advirtió que es necesario tener en cuenta si las plantas están en 
la sombra, pues cuando reciben los rayos del sol después de una helada, se despren- 
den súbitamente los gases y desgarran las paredes de las celdillas de los vegetales. 
Así, las que reciben los primeros rayos del sol de la mañana, están más expuestas á 
secarse que las que están en la sombra. EISr. Barcena manifestó haber observado la 
influencia de la exposición, y notó que el año de 1879, la mejor fué la de Sur Oeste. 

Dio noticia el Sr. Barcena de un artículo publicado en «El Monitor Republi- 
cano» del 17 de Marzo de 1880, sobre criaderos de oro, plata y carbón de pie- 
dra en el Valle fie México. Cree sea una equivocación del autor de ese artículo, 
porque la formación del Valle no es á propósito para que haya tales criaderos; qui- 
zá confunda la turba producida por la vegetación del lago de Xochimilco con el 
carbón de piedra. También dio cuenta de un artículo publicado en el «American 
Journal,» en el que se da noticia de un criadero de óxido de antimonio en el Es- 
tado de Sonora; es amarillo ó negro-pardusco, muy reducible y fácil de beneficiar; 
se encuentra entre la roca caliza y el cuarzo. 

El Sr. Ruiz Sandoval presentó unos ejemplares de piedras recogidas en el tajo 
de Nochistongo. El Sr. Barcena, refiriéndose á ellas, dijo que eran calizas con- 
crecionadas que muchas veces toman la forma radiada. 

El mismo Sr. Barcena presentó un importante trabajo geológico; el primero 
en su género que se emprende en México. Sobre la Carta de la República, ha in- 
dicado con colores las diversas formaciones de las rocas, cuyos datos los ha sa- 
cado de los muchos apuntes que tiene coleccionados en sus carteras, hechos en 
los lugares marcados en el plano. Hay algunos aislados que los ha determinado 
por los ejemplares fósiles que ha estudiado de esos lugares. Cada color manifies- 
ta una época distinta; están indicadas las formaciones secundarias, posterciarias 
y modernas: este trabajo lo dedicó á la Sociedad. El 21 de Octubre del año pa- 
sado, dio lectura á una nota sobre geología, contenida en su Memoria de la Ex- 
posición de Guadalajara. 

La Naturaleza. — Tomo V. — 31. 



156 LA NATURALEZA 

En 1879 dio un extenso Informe sobre la periodicidad y dirección que siguen 
los temblores en México; informó también sobre las canteras de la barranca del 
Cristo, sobre la. formación del pedregal do San Ángel, é hizo una extensa y mi- 
nuciosa descripción de los fenómenos geológicos acaecidos en Cacahuamilpa, di- 
bujando sobre el pizarrón la topografía do aquella región, para que la Sociedad 
pudiera apreciar con mayor facilidad la dislocación que se habia efectuado, así 
como la dirección, tanto de las dos grutas, como de los ríos que atraviesan la 
montaña y el sitio donde están situados los monumentos antiguos que fueron en- 
contrados en su expedición. 

El Sr. Sánchez, con motivo del estudio que hizo para probar la existencia del 
cobre en México y que fué conocido y elaborado este metal por los antiguos me- 
xicanos, pidió á la Sociedad los datos que pudiera suministrarle, y dio noticia á 
la vez de todos los que hasta entonces habia encontrado. 

El Sr. Altamirano pidió al Sr. Herrera su opinión acerca del principio acre del 
maguey; este señor dijo que le pai'ecia ser un principio volátil, como tiende á 
probarlo un hecho que le refirió el Sr. A. Ortega, el que describió minuciosamente. 

Expuso el Sr. Altamirano, que experimentando sobre el maguey, habia creido 
deducir que su acritud no es debida á un principio volátil, sino más bien á una 
infinidad de eristalitos insolubles. El Sr. Herrera refirió que estos cristalitos, for- 
mados de oxalato de cal (ráfidas), habían sido encontrados en el maguey por la 
Comisión científica que vino en tiempo del Imperio; dichos cristalitos pueden que- 
darse en la ropa que se ha lavado con el maguey é irritar mecánicamente la piel; 
pero cree que además debe haber un principio volátil que explicaría la irritación 
á distancia. 

El Sr. Altamirano insistió en su opinión, no habiendo tenido ningún efecto con 
el extracto acuoso ni con la tintura, en tanto que con los cristalitos siempre ha 
visto aparecer la erupción. 

Le pareció al Sr. Ramos que existe un principio soluble acre, además de los 
cristales insolubles: refirió un caso que le pasó en San Luis Potosí, que le apare- 
ció una extensa erupción después de haberse mojado accidentalmente en un rio 
con el agua que habían empleado para lavar con maguey. 

Le pareció al Sr. Herrera que existe probablemente en el maguey ácido máli- 
co tan común en las plantas grasas, y tal vez ácido fórmico, lo que explicaría la 
acción irritante además de la producida por las ráfidas; también la saponina como 
en el amolé. 

El Sr. Altamirano dijo: que realmente hay un jugo ácido y una goma, pero 
independientemente del ácido las ráfidas ejercen una acción especial, porque des- 
pués de haberlas lavado perfectamente, producen, no obstante, una irritación 
muy marcada. 

En la sesión del 2 de Diciembre de 1880 se hicieron funcionar varios aparatos 
con el fin de observar los fenómenos que produce la materia radiante. En varias 



LA NATURALEZA 197 

sesiones se han leído artículos sobre este asunto, cuya obra fué regalada á la So- 
ciedad por el Si 1 Barcena. El Sr. Director del Museo, I). Gumesindo Mendoza 

tuvo la bondad de prestar dichos aparatos. 

Debo hacer notar con mucha especialidad, los Informes rendidos por loa Sres. 
( krtega Reyes y lluiz Sandoval respecto é la glosa de las cuentas de la Tesorería 

de los dos años. El primero de estos señores la hizo en 187s y el segundo <-n 
1879. Propusieron se aprobasen las cuentas presentadas por el Tesorero, lasque 
revisaron con atención, así como sus comprobantes, encontrado iodo perfectamen- 
te arreglado y llevado con exactitud. Fueron aprobadas por aclamación, eada 

una en su ano respectivo. 

El Sr. Tillada leyó una carta del Sr. Sohaffner, en la que dice remite 24 pe- 
sos para que con ellos se pueda emprender la lámina do la Legnoa cerúlea. Dio 
cuenta de la cantidad colectada entre los socios para los inundados de Matamoros; 
acordó la Sociedad que délos fondos se aumentasen los 21 pesos recogidos hasta 25. 

El Sr. Barcena regaló á la Sociedad 50 pesos con el fin de auxiliar ¡i la Teso- 
rería en el gasto del ornato del salón de sesiones. 

El que suscribe presentó, á petición del Sr. Barcena, el dibujo de la Leí/muí 
cerúlea, que hizo por encargo de la Comisión de publicaciones. 

El Sr. Montes de Oca, leyó la Memoria de su viaje al Estado de Chiapas, en 
la que se ocupa en describir las costumbres de los indígenas, la topografía, la 
flora y fauna de aquella región. Esta Memoria fué hecha con el objeto de agre- 
garla a la general que la Comisión de límites entre México y Guatemala presen- 
tará al Gobierno. Su objeto fué el de oir la opinión de la Sociedad acerca de 
ese trabajo. Entre los diversos animales que citó, hizo la descripción de un Sar- 
coramphus que le pareció ser una especie nueva; dijo que el Sr. Tillada se ocu- 
paba de estudiarlo, y si resultaba ser en efecto no conocido, proponía se le diese 
el nombre de Ilarregui, dedicándola al jefe de la Comisión de límites. Después de 
leer la descripción de un colibrí, llamó la atención de la Sociedad, diciendo: que 
esa especie, aunque estaba descrita, se creía no existiese en México, y por lo 
tanto, pedia se publicara su descripción. 

El Sr. Sánchez dijo: que acerca del colibrí no había inconveniente en publi- 
carlo, pero que respecto al Sarcoranip/tus, era menester asegurarse bien si era 
en efecto ó no una nueva especie; opinó porque sea tal vez la hembra del Sarco- 
ramphus papa . 

Advirtió el Sr. Montes de Oca que el color de las patas y del pico son iguales 
en los dos sexos, cuyo carácter no se halla en su ejemplar, con relación á la es- 
pecie con que se compara. 

El Sr. Sánchez interrogó al Sr. Montes de Oca, si le constaba de alguna ma- 
nera que no diese lugar á duda del hecho que refiere en su Memoria, de que los 
murciélagos matan á los niños y á los animales chupándoles la sangre, porque 
pudiera ser más bien que la emigración de las poblaciones de que ha hablado haya 



158 LA NATURALEZA 

sido motivada por la molestia que su grande número ocasionaba, á lo que contestó, 
que personas verídicas se lo habían asegurado. 

Agregó el Sr. Sánchez, que era muy conveniente informarse sobre lo que haya 
en realidad acerca de lo que se refiere; porque se encuentra combatida esa idea 
con razones muy atendibles. El Sr. Brehm dice que no es posible que los mur- 
ciélagos ocasionen la muerte á los niños y á los animales, por la corta cantidad 
de sangre que puede extraer uno solo; que para ello seria necesario que se agru- 
pasen muchos á la vez, para que una considerable pérdida les produjese la muerte, 
lo que nunca sucede; son tan pequeños sus dientes, que no pueden penetrar más 
allá de la epidermis, y de consiguiente, sus heridas se limitan á romper los capila- 
res, lo que no puede dar lugar á ninguna hemorragia que los pueda privar de la 
vida. El Sr. Montes de Oca ofreció informar á su vuelta sobre el particular. 

El Sr. Ramos José dijo haber leido en un periódico científico, una fórmula de 
un líquido para conservar piezas anatómicas. Se compone de agua, alumbre, sal 
marina, nitro, potasa, ácido arsenioso, glycerina y alcohol metylico; suplicó al 
Sr. Sánchez lo experimente para ver si da resultado; á lo que contestó que ya ha- 
bía experimentado dicho líquido conservador sin obtener el resultado que se decia. 
Habia puesto algunos frutos, como mangos y algunas flores rojas, unos y otras ha- 
bían perdido su color; las flores se pusieron negras al cabo de poco tiempo. 

En la sesión de 15 de Agosto, se trató de un asunto de mucho interés para la 
marcha de la Sociedad. El Sr. Altamirano manifestó que seria muy conveniente 
organizar comisiones exploradoras que colectaran y estudiaran la flora del Valle 
de México. Los Sres. Iglesias y Monroy aprobaron la idea; el primero prometió 
influir con las empresas ferrocarrileras para obtener una rebaja, de precios en los 
pasajes para facilitar las expediciones. El segundo opuso una dificultad, que no 
se podrían erogar los fuertes gastos que demandan esta clase de trabajos, y para 
salvarla, propuso se consiguiese del Gobierno los fondos necesarios para hacerlos 
realizables. 

Le ocurrió al Sr. Altamirano se nombrase una Comisión para que examinase 
el asunto é hiciese las reflexiones que juzgare convenientes. Quedaron nombra- 
dos con tal objeto, los Sres. Villada ó Iglesias. 

El Sr. Monroy notó alguna apatía en la Sociedad, y para animarla, pensó re- 
currir á las Comisiones especiales que están nombradas para hablar á la Sociedad 
de los asuntos que se les tiene encomendados. Que seria bueno hacer una exci- 
tativa para traer la animación que tanta falta hace, y que en gran parte contri- 
buye á la decadencia en que se halla la Sociedad. 

El Sr. Monroy, al expresarse así, le guiaba la buena idea de alentarla: des- 
pués de varios años de ausencia, y de consiguiente, no estando al tanto de su 
marcha, la veía languidecer. El Sr. Villada hizo presente que las Comisiones á 
que aludia el Sr. Monroy, habían dado cumplimiento con lo que se les habia en- 
cargado; que en cuanto al periódico tenia el material suficiente; y aunque sale 



LA NATURALIZA 19É 

con algún retardo, la causa no está en lafaMa de material, sino depende de otras 
circunstancias. 

El Sr. Altamirano fué de parecer se aceptase la idea expuesta pot di 8?. V¡- 
llada, de que se le autorice para que, como Tesorero, haga loe de una pe- 

queña Comisión, para empezar por una ó dos expediciones al mes. 

Ofreció el Sr. Iglesias hablarle al Sr. Ministro de Justicia, en compañía del 
Sr. Villada, acerca del proyecto de la Sociedad, y solicitar afta subvención, si- 
quiera de cien pesos mensuales, porque sus fundos son insuficientes para empren- 
der esta clase de trabajos. 

El 19 de Agosto, con motivo de lo anterior, decia el Sr. Peñafiel: que para 
dar animación á la Sociedad, era menester ir á buscar material fuera de México. 
El estudio de los diversos productos que encierran los listados de la República, 
tienen el mayor interés para la prosperidad del país; es indispensable expensar 
Comisiones nombradas por la Sociedad; pero para ello es menester contar con 
fondos, no para pagarles sus trabajos, sino para remunerar dos Comisiones que 
se ocupen de estudiar, por ejemplo, una de Enero á Julio y otra de Julio á Di- 
ciembre; bastaría para ello dos mil pesos al año. Añadió, que á un Gobierno ilus- 
trado, no le importa gastar una cantidad tan corta como es la que ha indicado. 

El Sr. Altamirano creyó necesario esperar el dictamen de la Comisión nombra- 
da anteriormente con motivo de este asunto. Manifestó el Sr. Villada que la Co- 
misión aún no se había podido reunir; que las ideas manifestadas por el Sr. Pe- 
ñafiel le parecían buenas. 

Al Sr. Peñafiel le parece que con 100 pesos al mes poco se podrá hacer en un 
estudio que es por su naturaleza muy vasto, y terminó diciendo, que el Gobierno 
y la sociedad reportarían los beneficios que deben resultar de tales trabajos. For- 
muló en seguida la proposición siguiente: 

«Se hará una iniciativa al Congreso de la Union, pidiéndole una subvención 
de 2,000 pesos para gratificar á dos Comisiones que nombre esta Sociedad, para 
explorar algunos puntos del país, en los ramos de Historia Natural. > 

Puesta á discusión, en laque tomaron parte los Sres. Ramírez, Peñafiel, Al- 
tamirano, Villada, Alcacio, Ferrari. Ortega Reyes y el que suscribe, á moción 
del Sr. Villada, la retiró su autor, quedando nombrado para formar parte de la 
Comisión nombrada en la sesión anterior, para que sus ideas fuesen discutidas en 
el seno de la misma. 

El Sr. Ferrari invitó á la Sociedad para que vea los objetos que ha traído de 
su expedición al Estado de Puebla, comisionado por el Gobierno. 

No habiendo estado el Sr. Herrera en la sesión anterior, después de oír la lec- 
tura de la acta, se expresó así: Ya que se trata de hacer exploraciones, con el 
fin de estudiar la flora y fauna de algunas regiones del país, indicaré una idea 
que me parece más realizable. Debemos empezar por lo más fácil; por hacer la 
flora del Valle de México, y terminada ésta, se puede ir saliendo hacia los Esta- 

La Naturaleza. — Tomo V.— 21-2? 



160 LA NATURALEZA 

dos, tomando la Capital como punto de partida. Yo creo, así como se ha dicho 
en el acta y con razón, que carecemos por ahora de recursos y aun de personas 
que con cortos auxilios se atrevan á salir á grandes distancias. Creo que hecha 
la Flora del Valle, se irá poco á poco, como he dicho, hacia los Estados más próxi- 
mos á la Capital, y de este modo se conseguirán los resultados que se desean. 

Del Sr. Hugo Fink se recibió una extensa Memoria relativa á una expedición 
á la Costa de Sotavento, algunos mármoles y otros diversos minerales, conchas 
y unas piedras con sedimentos salinos, recogidas en Santecomapan (Tuxtla). El 
Sr. Villada dio lectura al citado trabajo. 

El Sr. Ortega Reyes, presentó unaOrquidea implantada en una corteza, cuyo 
ejemplar le parece curioso. Cree que la semilla de la Orquídea cayó en un tallo 
de Copalchi y germinó dentro, formándole la cubierta que envuelve los tubérculos. 

El Sr. Manrique regaló unas conchas terrestres y unos colmillos de Lagarto. 
El Sr. D. Juan Cordero recaló un retrato de su finado hermano I). Francisco 
Cordero. 

El 29 de Abril de 1880, presentó el Sr. Villada, á nombre de la Comisión de 
publicaciones, la última entrega del cuarto tomo de «La Naturaleza.» El Pre- 
sidente, Sr. Barcena, se dirigió á la Sociedad en los siguientes términos: «Es un 
acontecimiento agradable el que se haya terminado el cuarto tomo de la publica- 
ción; causa verdadera satisfacción verlo concluido; en ella no solo se publican los 
trabajos de los socios, sino que las más veces se acompañan de sus respectivos 
dictámenes, lo que da una garantía al público. Aunque al parecer, la Sociedad 
esto fuera de toda responsabilidad acerca de los mismos trabajos, no obstante, 
colectivamente la tiene; por tanto, es de reglamento que sean revisados por las 
Comisiones respectivas.» 

El 10 de Julio del mismo año, el mismo Sr. Villada presentó la primera entre- 
ga del tomo quinto, y dio cuenta con las reformas que se le han hecho á la pu- 
blicación. A la fecha, se lleva publicado hasta la sexta entrega y próximamente 
saldrá á luz la sétima. 



CONTINUACIÓN DEL INFORME 
CON LOS DATOS TOMADOS DE LA PUBLICACIÓN. 



SECCIÓN DE ZOOLOGÍA. 

En esta sección tenemos un trabajo escrito por el Sr. Dr. Eugeniq Dng . ■ 
que se ocupa de la descripción de Coleópteros indígenas. Este trabajo, como tan- 
tos otros que han sido publicados en «La Naturaleza,» del propio autor y sobre 
el mismo asunto, está ilustrado con una lámina colorida que lleva 10 figuras para 
dar idea de la forma y coloración de cada especie y los correspondientes detalles 
que las caracterizan. Los géneros de que se ocupa son tres, según el Informe que 
con este motivo se halla publicado en la entrega 1 ? del tomo quinto, suscrito por 
el Sr. Dr. Manuel Villada: el Tclracha, Cicindela y OdontocheUa. De las es- 
pecies descritas, dos corresponden al primero, veinticuatro al segundo y dos al 
tercero, tornadas algunas de ellas de la obra escrita por Chevrolat acerca de los 
Coleópteros mexicanos, y teniendo su radicación en regiones templadas y calien- 
tes de la República. 

El Sr. Dr. Alfredo Dugés remitió tres trabajos: uno de ellos se ocupa del perro 
llamado vulgarmente de Chihuahua, Canis gibbus. En la lámina que acompaña 
á este artículo, hay tres figuras: una da idea del aspecto exterior del perro, y 
las otras dos indican la confiíniracion de los huesos del cráneo. 

Otro de sus trabajos es referente á la Rata negra. Se ha observado que esta 
rata persigue y ahuyenta á los ratones, y que ella es, á su vez, la víctima de la 
rata común. Refiere, además, haber visto en el largo período de 25 años que ha 
vivido en Guanajuato, la mejor armonía entre estos roedores. 

El tercer trabajo lo remitió en una nota dirigida á la Sociedad, en la que dice 
haber encontrado en el útero de una hembra de armadillo, tres fetos bien desar- 
rollados y una placenta discoidal. Las palabras siguientes son copiadas textual- 
mente de la nota referida. «Aunque algo superficial (el estudio), me ha parecido 
interesante esta observación, pues no conozco ninguna otra sobre el particular; 
ella demuestra con evidencia que los desdentados desapídeos, á lo menos el que 
hace el objeto de mi nota, están verdaderamente provistos de una placenta discoi- 
dal y no difusa como podría creerse por las analogías. 

El Sr. Dr. Jesús Sánchez presentó un artículo de bastante interés, sobre la 
concha Madre-perla, de la Baja California, reuniendo en él todo lo que pudo co- 
leccionar sobre este asunto, que es sin duda de grande porvenir para nuestro país. 
No se limita á tratar en su escrito de la concha de la Baja California, sino señala 



162 LA NATURALEZA 

también los diversos lugares del globo donde se explota en abundancia. Ofrece 
ocuparse después del buceo y principalmente de la estadística sobre la concha de la 
Baja California. 

El Sr. I)r. José Ramírez nos leyó un trabajo sobre el origen teratológico de las 
variedades, razas y especies, en el que expresa minuciosamente las diversas leyes 
que rigen á los tipos hereditarios, así como el diverso desarrollo de los embriones 
y los distintos modos de génesis ó reproducción. Trata también de las leyes so- 
bre adaptación. 

El Sr. Aniceto Moreno hizo una traducción del trabajo escrito por el Sr. J. A. 
Alien, de los E. U., sobre las especies del género Bassaris. Se juzgó de interés 
por tratarse de este género de animales tan comunes en México. 

El último de los trabajos, por su mérito, es el que se publicó en el IV tomo, 
llevando por título: « Descripción, Metamorfosis y costumbres de una nueva es- 
pecie del género Siredon, » presentado á la Sociedad por el que suscribe. En él 
se trata de los cambios que los órganos de la respiración y circulación sufren este 
género de Batracios, á la vez que de sus costumbres en estado de libertad y tam- 
bién aprisionados. Está acompañado de tres láminas acuareladas; dos para dar 
idea del tipo diverso que presentan en sus distintas fases de desarrollo, y la ter-: 
cera que representa los cambios anatómicos ya referidos. 

La Comisión que dictaminó sobre este trabajo, llama la atención acerca de la 
formación de los párpados horizontales y las vértebras anfiseles que se hallan en 
los ajolotes transformados, así como la coloración característica de ciertos gru- 
pos de los no transformados y sus derivaciones en otros tonos, cuyos matices se 
aproximan. 

En el mismo año fué leida una importante y bien escrita traducción hecha por 
nuestro consocio, el Sr. Miguel Pérez, encargada por la Sociedad, sobre el tra- 
bajo escrito por el Sr. Dr. Augusto Weismann, profesor de Zoología, en Ereiburg 
Breisgau; trata de la transformación del ajolote en Amblistoma. Habiéndome 
ocupado ya de este asunto en el trabajo anterior, la Sociedad creyó conveniente 
estudiara dicho artículo, y con este motivo presenté las anatocianes y observa- 
ciones que acaban de ser publicadas^ 

En la sección de Revista ha sido publicada una extensa traducción hecha por 
el Sr. Ferrari, sobre la introducción y sucesión de los vertebrados en América: 
trabajo escrito por el Sr. O. C. Marsh, miembro corresponsal en New Haben. 

SECCIÓN DE BOTÁNICA. 

EISr. Mariano Barcena, presentó un Calendario Botánico, que fué publicado en 
la sección de Revista, en el que ha apuntado la Sinonimia vulgar y científica, y 
el lugar donde se desarrolla cada planta. Va acompañado de una serie de reflexio- 
nes sobre la utilidad práctica que puede sacarse del estudio de la floración, reía- 



LA NATUIIALKZA 1<H 

cionándolo con el de los fenómenos meteorológicos. No es el fínico trabajo de este 
género que ha leído en el seno de la Sociedad, y cuyo estadio le ha hecho adi- 
cionarlo con importantes datos, acerca de la época en que comienzan á florecer las 
plantas, la en que están en plena florescencia y también aquella en que termina, 
para conocer por comparación la influencia que sobre ellas ejercen dichos fenóme- 
nos; meteorológicos. Ha extendido, además, sus observaciones en otros Estados de 
la República. 

El inteligente profesor, Sr. Alfonso Herrera, presentó una descripción de una 
monstruosidad observada en un fruto de la Cucúrbita pepo. Hace una serie de 
reflexiones sobre la organogenia de los ovarios ínferos, estudiada en diversas 
plantas, y cita los varios casos que se han presentado, estudiados por autores de 
reputación, y concluye apoyando la teoría de Schlciden sobre dicha organogenia, 
por bailarse comprobada con este caso de teratología vegetal. 

Por medio de un corto artículo, que fué publicado en la sección de Revista, llamó 
la atención de la Sociedad el Sr. Dr. Altamirano, sobre una planta muy común lla- 
mada tabaquillo, Nicotiana glauca. Esta planta que fué estudiada por el Sr. En- 
rique Muñoz en 1876, es venenosa, según lo demuestra el análisis practicado por 
este señor. Encierrra, entreoirás sustancias, un principio tóxico y volátil; 30 á 
40 gramos de extracto, matan á un perro, y el agua destilada, inyectada á una 
rana y á un conejo, les ha producido convulsiones y en seguida la muerte. 

El Sr. Dr. Alfredo Dugés, dedicó al Sr. Barcena un género nuevo de la fami- 
lia de las Ramnáceas: le ha llamado Barcena Guanajuatensis . Este trabajo, como 
todos los que remiten los Sres. Dugés, viene acompañado de su lámina corres- 
pondiente, dibujada con esmero y no escasa en detalles científicos. 

El dictamen de este trabajo fué presentado por el inteligente naturalista, Sr. 
Dr. Manuel Villada, quien coloca á este nuevo género en el lugar que debe ocu- 
par en la quinta tribu de las seis en que Endlicher divide á esta familia. Después 
de fundar las razones en que se apoya para aceptar el nuevo género, hace en la- 
tín su descripción metódica, y la coloca al frente de la del género Columbróla 
por ser al que más se aproxima, á fin de que no quede duda de las diferencias 
genéricas de los dos. 

El mismo Sr. Dugos, i). Alfredo, remitió la flórula del Departamento de Jalis- 
co, hecha por el Sr. 1). Leonardo Oliva en 1859. Está indicada la sinonimia 
vulgar y científica de cada planta. 

Un trabajo que se está publicando, por acuerdo de la Sociedad, es el Opúsculo 
de Botánica de los eminentes naturalistas La Llave y Lejarza, agotado desde hace 
mucho tiempo y es solicitado con empeño por los botanistas, por contener nuevos 
géneros y especies que han sido, en su mayor número, aceptados por los sabios 
extranjeros, y cuyas descripciones originales tienen bastante interés. 

El Sr. Dr. José Ramírez presentó un extracto de un trabajo publicado en la 
«Revue Scientifique» sobre la clorofila. En este artículo se hace resaltar la im- 

Lá. Naturalkza.— Tomo V.— 22. 



164 LA NATURALEZA 

portancia de la clorofila en las funciones que desempeña en los vegetales donde 
casi exclusivamente se encuentra. Se hace notar también, que no solo se forma 
bajo la acción directa de los rayos luminosos, cuya condición no se cree necesaria 
produciéndose también en la más completa oscuridad, en los heléchos y granos 
de los pinos. Se detiene el autor en una serie de observaciones curiosas acerca 
de la influencia más ó menos decisiva que tiene la luz para su formación, descom- 
poniéndola, para observar cuáles son los rayos luminosos que más influencia ejer- 
cen sobre ella, en relación con el grado de calor que cada color tiene. 

El Sr. Dr. Guillermo Schaffner remitió á la Sociedad una copia de la tribu de 
las Helenioideas, publicada en la Genera plantarum, de Benthan y Hooker, y 
que lleva el nombre de Oíivace, propuesto por el mismo Sr. Schaffner. Este se- 
ñor dedicó al Sr. Barcena las cuatro especies nuevas colectados por él en San Luis 
Potosí, de los géneros Marsilea, Condroshim, Ephedra y Bouvardia. 

mineralogía y geología. 

No obstante que estos ramos cuentan por ahora con un reducido número de 
colaboradores, se han publicado diversos trabajos, que con justicia lucen en las 
páginas de nuestra publicación. 

El distinguido sopletista, Sr. Severo Navia, remitió un nuevo trabajo, semejante 
á otros que han sido publicados en años anteriores, sobre los caracteres que pre- 
sentan, tratados al soplete, sobre el carbón, los cuerpos simples que son suscepti- 
bles de dar pegaduras. 

El Sr. Barcena dedicó á la Sociedad el artículo que leyó sobre una nueva espe- 
cie mineral, á la que dio el nombre de Livingstonita. Describe los caracteres físicos 
que la distinguen, y presenta su análisis químico cualitativo y cuantitativo. 

No estando plenamente seguro del resultado de su estudio, por no haber te- 
nido en sus manos ejemplares perfectamente puros, encargó los revisase el Se- 
ñor Dr. Rammlesberg, de Berlín, por conducto del Sr. Profesor Burkart, de Bonn; 
pero habiendo muerto este señor los ejemplares no llegaron á manos del expre- 
sado Dr. Rammlesberg. 

Habiendo recibido más tarde el Sr. Barcena ejemplares más puros, emprendió 
de nuevo su estudio, del cual dio noticia á la Sociedad; pero no pidiendo termi- 
narlo por causas que se lo impidieron, encargó hiciese el análisis del referido mi- 
neral al célebre mineralogista, Sr. Mallet, conformándose el Sr. Barcena con la 
fórmula que estableciese, no teniendo seguridad en el estudio que habia practicado. 
Es digno de referirse, que los resultados del análisis practicado por el Sr. Mallet, 
se aproximen, en lo esencial, á los que obtuvo por su análisis el Sr. Barcena. 
Ambos trabajos están publicados en el IV tomo de la Naturaleza. 

En Setiembre de 1879 comunicó el propio Sr. Barcena, que no solo se encon- 
traba este mineral, la Livingstonita, en Huitzuco, sino también en Guadalcázar, 



LA NATURALEZA M 

según unas muestras que le regalaron en San Luis Potosí. Refiriéndose á ella», 
dijo lo siguiente: «Como se ve, algunos de los caracteres físicos y las reacciones 
químicas, parecen identificar ese compuesto que describí con el nombre de Li- 

vingstonita. Se nota, sin embargo, una excepción más prominente, yes el modo 
con que aquel mineral se presenta en Gnadaloázar; y no pudiendo resolver si ese 
diferente estado físico indica solamente una variedad, ó es consecuencia de ana 
distinta relación atómica que la que constituye la Livingstonita, por hoy me re- 
duzco á presentar esta descripción, etc. » 

En una nota que le dirigió el Sr. Mallet, que también se publicó en el mismo 
tomo, le comunica el resultado del análisis de los nuevos ejemplares de Guadal- 
cazar: confirma las ideas del Sr. Barcena de ser un mineral alterado, no carac- 
terizando, por lo mismo, una especie diferente como lo indican las palabras del 
Sr. Mallet que copio textualmente: « Correspondiendo evidentemente á la fórmu- 
la ya establecida para Livingstonita, de manera que no hay razón para dudar de 
que el mineral de Guadalcázar debe referirse á aquella especie como con justicia 
lo ha hecho el Sr. Barcena. » 

El Sr. Mallet describió una nueva especie mineral que dedicó al Sr. Barcena, 
derivada de la Livingstonita mediante la oxidación. La Barcenita es un com- 
puesto, un sulfuro de antimonio, procedente de Iluitzuco. También la Memoria 
referente á este mineral fué publicada en el IV tomo, en la que consta el análisis 
y la fórmula que le corresponde. 

CIENCIAS AUXILIARES. 

En esta sección tenemos publicado un trabajo escrito por el Sr. Severo Navia. 
Se refiere á los estudios sobre análisis hechos con la tintura de Guayacan, la que 
propone como reactivo de los óxidos de manganeso. Cree el Sr. Navia que po- 
drá utilizarse tal vez para reconocer otras sustancias minerales, si nuevas obser- 
vaciones descubren caracteres que puedan distinguirlos con la citada tintura de 
Guayacan. 

En el dictamen presentado con motivo del- estudio anterior, suscrito por el Se- 
ñor Andrés Almaraz, se lee lo siguiente: «El empleo de la tintura (de Guayacan) 
como reactivo de un gran número de minerales manganíferos, presentará muy 
buenos servicios á las personas que se dediquen al estudio déla mineralogía, pues 
les proporciona un medio fácil y sencillo para poder distinguir estos minerales de 
algunos otros, cuyos caracteres fisonómicos semejantes les hacen confundir. > 

« Las propiedades de la resina de Guayacan vienen á ser aumentadas con el 
notable estudio del Sr. Navia. Las reacciones que dicha resina da con los mine- 
rales manganífei'os, son el enunciado de un problema que tendrán que resolver 
las personas dedicadas al cultivo de la química general. > 

Además de los trabajos mencionados, tenemos otros dos que han sido colocados 



166 LA NATURALEZA 

por la Comisión de publicaciones en una sección especial, que le da el nombre de 
Apéndice. Uno es del Sr. Vicente Fernández y el otro del Sr. Miguel Pérez. El 
primero es un extenso escrito sobre la práctica del beneficio de minerales aurí- 
feros usado en el Distrito de Guanajuato, llamado de Patio; conteniendo algunas 
teorías con las que se procura explicar científicamente los fenómenos químicos en 
que está fundado. Este trabajo se publicó con una paginación separada, por su 
extensión, y va acompañado de una lámina dibujada á pluma, que representa un 
molino que grancea 80 cargas en 24 horas. 

El segundo es un discurso que fué pronunciado por su autor en la velada que 
la Sociedad de Geografía y Estadística dedicó á la memoria de su ilustre miem- 
bro corresponsal, el Padre Angelo Secbi. Este notable discurso, no solo revela 
los conocimientos científicos que posee el Sr. Pérez, sino á la vez los literarios á 
que se ha dedicado: dejó por lo mismo bien puesto el nombre de nuestra Sociedad 
ante aquella ilustrada reunión, al desempeñar con tan notable acierto el encargo 
que se le confió. 

El Sr. Mariano Barcena, al tomar posesión de la Presidencia de la Sociedad 
en Enero de 1880, leyó un notable discurso, en el que hace resaltar á los más 
distinguidos naturalistas del país, así como á los extranjeros que se han ocupado 
del estudio de nuestro suelo, á la vez que á los distinguidos profesores que emplean 
su tiempo con tanta abnegación, digna de elogio, á la enseñanza de las ciencias 
naturales. 

SOCIOS QUE HAN INGRESADO EN 1880. 

Ascendieron á socios de número los Sres. Donaciano Alcacio y Miguel Pérez. 
Se nombraron socios honorarios á los Sres. José María Gaona, Prof. W. B. He- 
moley, Juan Quintas Arroyo, Manuel Aragón; y corresponsales, á los Sres. Libra- 
do Palomino, Dr. Rafael Montano Ramiro, Prof. Atanasio Mier y Prof. Landlei. 

Las publicaciones recibidas en el mismo año son las siguientes: 

Diario Oficial. — Boletín del Ministerio de Fomento. — Memoria de la Secretaría 
de Hacienda 1878-1879. — Gaceta Médica. — Escuela de Medicina. — Gaceta 
Agrícolo- Veterinaria. — Escuela Preparatoria. — Tesis escrita por el socio Manuel 
Ramos. — Independencia Médica. — Escuela de Agricultura. — Primera Memoria 
del Observatorio Astronómico de Chapultepec. — EscueladeJurisprudencia. — Re- 
forma Médica. — Mecánica aplicada al molino de viento, por el Sr. Santiago Ramí- 
rez. — Escuela de Artes y Oficios. — Boletín de la Sociedad de Geografía y Estadís- 
tica. — El Método. — Minero Mexicano. — Boletín del Consejo Superior de Salubri- 
dad. — Enciclopedia de la Sociedad Quatimotzin. — Revista Científica Médica. — 
Revista Científica Mexicana. — Sociedad Agrícolo-Mexicana. — Clases Productoras 
de Guadalajara. — El Observador Médico. — La Tribuna de Pachuca. — El Estu- 



LA NATURALEZA !67 

diante. — Estandarte Nacional de Yucatán. — Reglamento de la Sociedad [atro- 

délfica de San Luis Potosí. — Memoria de la Comisión í!eográfif-a rpic se ocupa de 
hacer el plano del Estado de Puebla. — El Lucifer de Tepic. — Crónica Médico- 
quirúrgica de la Habana. — Monografía de los Hemípteros de la República Ar- 
gentina, por Berg. — Boletín del Museo de Florencia. — Seis volúmenes de la So- 
ciedad de jO|encias, de Conecticut. — Boletín de Zoología Comparad;!, de Cam- 
bridge. — Anales de la Sociedad de Historia Natural de España. — Un cuaderno 
del Instituto Geográfico Argentino. — El Grande Occidental. — Anales de la Su- 
ciedad Geográfica y Zoológica de los E. TI. — La Voz del Pacífico. — El Nuevo 
Occidental de los E. II. — Informe de la Sociedad de Ciencias Naturales de Bu- 
ten. — Boletín de la Sociedad de Naturalistas de Mosco w. — Boletín de Zoología 
comparada, de Harvard. — Boletín del Instituto Geográfico Argentino. — Gaceta de 
Panamá. — Un catálogo de plantas de Alemania. — Estatutos de la Sociedad Bo- 
tánica de Prusia. — American Journal. — Historia Natural de América, por Asaph 
Alien. — El Médico Cirujano de Centro América. — Boletín de la Comisión Geo- 
gráfica de los Estados Unidos. — Belacion Anual del Museo de Zoología Compara- 
da, de Cambridge. 

Publicaciones remitidas por el Instituto Smithsoniano de los E. I'. 

Relación de la Comisión Geográfica délos E. U., 5 volúmenes en folio, n, ni, 
ív, vi y un Atlas. — Relación Anual del Instituto Smithsoniano, 1878, un volu- 
men en 4.°, empastado. — Colección Miscelánea del mismo, 2 volúmenes en 4.°, 
á la rústica, tomos xvi y xvn. — Contribución á los conocimientos del mismo, un 
volumen en folio, á la rústica; tomo xxn. — Comisión Geológica de losE. II., un 
volumen en folio, empastado; tomo xn. — Actas de la Sociedad de Historia Natu- 
ral, de Boston; dos cuadernos en 4.°, á la rústica, tomo xx. — Memorias de la 
misma, un cuaderno á la rústica, tomo m, parte 1% núm. 3. — Déla misma, un 
volumen en 4.°, á la rústica. — De la Academia de Ciencias, de San Luis, 1 vol. 
en 4.°, á la rústica, tom. 4.°, núm. 1. 

De Alemania por el mismo conducto. 

Anales de la Sociedad de Naturalistas, de Wurttemberg, 7 cuadernos en 8.°, 
á la rústica. — Leopoldino Organano, de la Real Academia Alemana. — Leopoldi- 
no Carolinense de ciencias naturales. — Un cuaderno en folio mayor de la misma, 
sobre fósiles. — Archivos del Museo Teyler, en Harlem, 1 cuaderno en 4.° mayor, 
á la rústica. 

De Francia. 

Boletín Mensual de la Sociedad de Aclimatación de París, "20 cuadernos y un 
volumen en 4.°, á la rústica. — Boletín de la Sociedad de Estudios Científicos de 
Lyon, 4 cuadernos en 4.°, á la rústica. 



168 LA NATURALEZA 

De Bélgica. 

Anales de la Sociedad Entomológica de Bélgica, 1 vol. en 4.°, á la rústica; 
tom. xxn. — Atlas de la misma, 4 cuadernos, id., id. 

Socios que han concurrido :l las Sesiones en el año de 1880. 

El número de sesiones fué de 34. Asistieron los Sres. Vilhida, Ramos José, 
Ramírez, Sánchez, el que suscribe, Barcena, Altamirano, Herrera,. Ortega Re- 
yes, Alcacio. Ruiz Sandoval, Ramos Manuel, Peñafiel, Castro, Pérez, Manri- 
que, Montes de Oca, Ferrari, Cárdenas, Amador, González, López Monroy, 
Campos, Iglesias, Ramón de la Peña, Andrade, Quintas Arroyo, y Mendoza. 

Réstame decir que mi Informe es demasiado incompleto, pero lo es mucho más 
con respecto al del año de 1879, á causa de no haber podido disponer de todos los 
datos de ese período de sesiones. 

Debo dar las más expresivas gracias al Sr. José Ramos, nuestro segundo Se- 
cretario, por la eficaz cooperación que me ha prestado en las labores de la Secre- 
taría; y con mucha especialidad á la Sociedad Mexicana de Historia Natural, por 
haberme nombrado su primer Secretario en el año que hoy finaliza. Quiera Dios 
que en lo sucesivo se conserve la buena armonía con que hasta aquí ha camina- 
do esta Corporación, para que sus trabajos puedan dar el fruto que se propuso 
desde su fundación. 

México, Enero 27 de 1881. 

José M. Velasco. 



SINONIMIA vulgar y científica de algunas plantas silvestres y de varias de las que se 
cultivan en México, dispuestas eu orden alfabético, ' por el Sr. O. Alfonso Herrera, 

SOCiO de niímero. — (Continúa.) 

NOMBRES VULGARES. NOMBRES CIENTÍFICOS FAMILIAS. 



* 



Haba Vicia faba, L Leguminosas. 

Id. de la Costa Entada gigalobium, D. G. . . , Id. 

Id. de San Ignacio, v. Habilla. 

Habilla ó Pepita de San Igna- 
cio, (la semilla) árbol del dia- 
blo. Quauhtlatlatzin. Méx. Hura crepitans, L Euforbiáceas. 

Habichuela, Frijol ó Judía. . . Phaseolus vulgaris, L Leguminosas. 

Hachichinoa ó Patlahuac Tournefortia sumucticosa, L. Borragíneas. 

1 Las plantas marcadas con un asterisco son las cultivadas. 



LA NATURALEZA 166 

Halan tlaquacuitlapile Oonvolvuliis opciculutus, 06- 

moz Oonvolvoláa 

Hanchinol, Hanchinoli, ¡5 

Haucbinal Heimia syphilitica, I). O. et • 

H. salicifolia, Link Litrariáceas. 

FTaya Caesalpinia mexicana Leguminosas. 

Hediondilla 6 vulvaria Ohenopodium val varia, L.... Quenopodiáce 

„ 6 Heliotropo cimar- 
rón ó Rabo de mico. Heliotropum curassavicum 

H. B. K Borragíneas. 

Id. ó belladona del país. . . Cestrum roseum, H. B. K. . . .Solanáceas. 

Helecbo hembra Pteris aquilina, L Heledlos. 

„ macbo ó palmitas.. . Polypodium pseudo filix mas, 

Schaf Id. 

* Heliotropo Heliotropum peruvianum, L . Borragíneas. 

Id. cimarrón, v. hediondilla. 

Id., id ,, limbatum Id. 

Henequén blanco, Jenequen ó 

Sacci (Maya) Agave americana, L A marilídeas. 

Id. verde, Saxci (id.) Agave ¿sissaliana? Id. 

Heno, Pastle, Barba española, 

Salvagina Tillandsia usneoides, L Bromeliáceas. 

Id. pequeüo, ó Agave palo. . Id. recurvata, L Id. 

Hicaco ó Icaco Orysobalanus icaco, L Bosáceas. 

* Hiedra morada ó Flor de la 

Campana Oobsea scaudens, Oav Polemoniáceas. 

* Id. extranjera Hederá belix, L Araliáceas. 

* Id. roja ó Oundeamor Quamoclit vulgaris Cbois Convolvuláceas. 

* Id. terrestre, v. Manto de la 

Virgen 

Id., id Hydrocotyle americana, L . . . Umbelíferas. 

Id., id Sida triloba, L Malváceas. 

* Higuera Ficus carica, L Móreas. 

Id. de Indias, v. Nopal 

Higuerilla, Palma Cbristi. Hi- 
guera del diablo, Rici- 
no, Tlapatl, Huei po- 
cho ti. (Mex.) Degba 

(Otomí) XKocb. (Maya) Ricinus commuuis, L Euforbiáceas. 

Higneron, Higuerote, Arnacos- 
tic, Tescalamatl, (Mex.) 

Tescalama, (la resina que Ficus nyrnptud folia, L Móreas. 

produce) 

Hinojo Fceniculum vulgare, Garn . . . Umbelíferas. 

Hipericon Hypericum formosum, H. B. 

K. H. fastigiatum, H. BK. 

et H. perforatum. H. B. K. Hipericíneas. 



170 LA NATURALEZA 

Hisopo Salvia axiluris Moc. y Sessé et 

S. polystaehia Ort Labiadas. 

Hoacaxoclritl Arutn ¿sp? Aroídeas. 

Hoaxin, v. Huaje 

Hoaxiuue, v. Tamarindo 

Hoayacan v. Guayacan 

Hobo, -lobo, Ciruelo agrio, 

Mombin, Costilxocotl. Mex. Spondias mombin, L Terebintáceas. 

Hocipoebotli, v. Poebote 

Hoieachinquahuitl, v. Huiza- 

cbe 

Hoitzcolotli Érimgíum fcetidum, L Umbelíferas. 

Hoitziloxitl, v. Palo bálsamo. . 
Hoitzmamazali, v. Tepame. .. 
Hoitzitzilxochitl, v. Espinosilla. 
Hoitzquahuitl, véase Palo del 

Brasil 

Hojas de Pascua, v. Papagallo. 

„ de pescado Limnanthemum nympboides, 

Link Geucianáceas. 

„ peludas Witheringia strámonifo'lia . . . Solanáceas. 

„ de San Pedro Dapnosis salicifolia Meinn . . . Dapnáceas. 

„ sen del país Cpesalpinia exostemata Leguminosas. 

Holquabuitl, v Hule 

Hombrecillo, v. Lúpulo 

Hongo Agaricus campestris, L. etc . . Hongos. 

Id. de huevo Lycoperdou ¿sp? Id. 

Hortensia Hidrangea hortensia, D. G.. i Saxifrágeas. 

Huacamote, v. Guacamote . . . 

Huaco, v. Guaco. 

Huamuchil Mimosa unguis cati. Willd... Leguminosas. 

Huanita ó Izquixochitl Morelosia huanita, La Llave. Borragíneas. 

Huano, Xoan (Maya), Palma 

abanico Latania borbónica. . .' Palmeras. 

* Huachacata, Ichiculili ó Ma- 

zorca Bignouia stans, L Bignoniáceas. 

Huaje, Hoaxin (Mex.) 6 Guaje. Acacia esculenta. Moc.etSesse" Leguminosas. 
Huaje cirian, v. Cuautecomate. 

HueytoclitlinacaztlióTlalayotl Asclepias cornuti. Decaime. . Asclepiádeas. 
Huey pochotl, v. Higuerilla.. . 

* Huele de noche, Pipiloxihuitl 

Mex. Parxi Cestrum nocturumn. Murray. Solanáceas. 

Hueso de fraile, v. Yoyote .... 

Huevos de toro Cassia ¿sp? Leguminosas. 

Huezotl, v. Sauce 

Huichichile, v. Espinosilla. . . . 

Huichin Verbesina piuuatiíida Compuestas. 



LA NATURALEZA 171 

Huinar, Popotalagua, Apilzat- 
patli. (Mex.) Malva scoparia Oav , . . Malváwis. 

Huinari Sida romboidea Id. 

Huiquilitl, v. Añil 

Huiro, v. Cuautecomatc 

Huizache, Hoitzachinquahuitl. Acacia albicans, K Leguminosas. 

Huizapole Holcus muricatus Gramíneas. 

Huitz tomatziti. (Mex.) ... Solanuní Hernandesii, Moc. y 

Sessé Solanáceas. 

Huitzquizontecomatl, v. Alca- 
chofa 

Huitlacoche, Cuitlacocbe, Po- 
poiotl. Mex. Tizón de Maíz. 
Cuervos Uredo rnaydis. D. C Hongos. 

Huitztomatl, v. Jitomate 



Icaco, v. Hicaco 

Icohueyo ó Iztactepetzacuxo- 

cbitl Maxillaria liliácea, La Llave y 

Lex „ Orquídeas. 

Icotli, v. Codo de fraile. >¿ 

Iczotl, Iczotli Iucca filamentosa, L Liliáceas. 

Tcbiculili, v. Huachacata 

Igamollin, v. Amolé de bolita. 

* Ignamé ó Iñamé Dioscorea alata, L Dioscóreas. 

llama ó Uamazapotl Anona excelsa, (según Oliva). Anonáceas. 

Imperatoria Angélica verticilata, L Umbelíferas. 

* Imperial ó corona imperial Amorpbopballus sativus, 

Blum Aroídeas. 

Incienso del país ¿ Amiris sp? Terebintáceas. 

índigo, v. Añil 

Inmortal, v. Amor seco 

* Id. ó sempiterna Helicbrysum oriéntale, Gaern. Compuestas. 

Iñamé, v. Ignamé 

Iocroma Iochroma tubulosum, Benth . Solanáceas. 

Ipecacuana de Jalapa Psicothria excelsa, Will Rubiáceas. 

Id. de México „ mexicana, H. B. K. 

et Cephaílis cyano- 

carpa, Fl. Mex Id. 

Id. Id Ionidium poligalajfolium, Vent Violáceas. 

Itamo real, v. Díctamo real. . . 

Itz, v. Cbile 

Itzcuinpatli, v. Yerba de la Pue- 
bla 

Itzumacua, v. Flor de Corpus . 

La Naturaleza.— Tomo V.— 23. 



172 LA NATURALEZA 

Ixtli ó Iscle Agave ixtli, Korw Amarilídeas. 

Izote Iucca latifolia, (segua Oliva) . Liliáceas. 

Izquixochitl, v. Huanita 

Iztaccoanenepilli Pereira ira- 
va ó Butua Cissampelos pereira, L Meuispermáceas. 

Iztactepetzacuxochitl, v. Ico- 
hueyo 

Iztaukyatl, v. Estáñate 

(Continuará.) 



DISCURSO 



EL ESTUDIO DE LA BOTÁNICA, 

DIUIGIDO Á LOS ALUMNOS DE LA ESCUELA DE MEDICINA DE MONTEREY, POR EL DOCTOR 
J. ELEUTERIO GONZÁLEZ, DIRECTOR DE LA MISMA ESCUELA. 

El hombre toma una gran parte de su alimentación del reino vegetal, y los 
animales que le son más útiles se alimentan de yerbas: por eso los griegos, del 
verbo boskóo (yo nutro, yo apaciento) derivaron la palabra botos (alimento) y de 
ella botáne y botanike, que los latinos tradujeron herba y res herbaria. Así, 
pues, la Botánica es la ciencia de las yerbas, ó más bien, el estudio y conoci- 
miento del reino vegetal. El origen mismo del nombre de esta ciencia está dicien- 
do cuánta es su importancia: en efecto, solamente al que no le importe comer, 
no le importará conocer las plantas. Desde el principio del mundo los hombres 
se dedicaron á conocerlas y cultivarlas. La experiencia les enseñó cuáles eran 
útiles y cuáles eran dañosas; por eso dice Celso: «Sic medicinam oriam, subin- 
de aliorum sal ule, aliorum interitu, perniciosa discernentem a salutaribus.-» 

Tanto apreciaban los hombres de la antigüedad el conocimiento de las plantas 
útiles, que divinizaron á Céres porque les enseñó á cultivar el trigo y las demás 
plantas, que aún hoy conocemos, en honor de esta diosa, con el nombre de ce- 
reales: divinizaron á Baco que les enseñó el cultivo y los usos de la viña: inmor- 
talizaban el nombre de cualquiera que les daba á conocer una yerba. Hasta hoy 
conocemos con el nombre de Melampodio la planta que usaba el médico Melampo; 
hasta hoy conocemos con el nombre de Centaurea la yerba con que se curaba la 
úlcera de su pierna el Centauro Quiron; hasta hoy conocemos con el nombre de 
Aquilegia la yerba que usaba el grande Aquiles; y hasta hoy todavía una familia 



LA NATURALEZA 173 

entera de plantas que llamamos Asclepiádeas, nos recuerda el nombre de Ascle- 
pion ó Esculapio, Dios de la medicina. Los Egipcios, que pretendían ser el pue- 
blo más antiguo del mundo, y que allí habían nacido todas las ciencias, decian, 
que su Dios Hérmes Trimegisto habia escrito un libro sobre las virtudes de las 
plantas. Lo cierto es que el pueblo egipcio era muy dado ala cultura de los ve- 
getales, y que los tenian en tal estimación que, creyendo que también en las plan- 
tas se infundía el espíritu divino, las adoraban como á Dioses, y era común ver en 
sus altares, como objetos de su culto, los rábanos, los puerros, los ajos y las cebollas: 
bien conocida es la exclamación de Juvenal sobre este desatino de los egipcios: 
¡Oh sánelas gentes quibus hoec nascuntur in hortis Numina! 

La Escuela alejandrina, á pesar de su esplendor, y de haber dado tan grande 
impulso á las ciencias, no produjo ningún botánico célebre; y solo se dice que la 
reina Cleopatra II estudió mucho los venenos, que para conocer bien sus efectos 
los administraba á los reos condenados á muerte; y que Juba II, rey de Mauri- 
tania, su yerno, se ocupó de estudiar la historia natural y escribió un tratado so- 
bre una planta de la África, á la que llamó Euforbio, para inmortalizar el nom- 
bre de su médico favorito, que así se llamaba. 

Los israelitas, que tomaron sus ciencias y sus artes de los egipcios, conocían, 
cultivaban y usaban muchas plantas, no solamente alimenticias, sino también 
testiles y tintóreas que usaban en sus artes: sabían escoger las maderas y las re- 
sinas; tenian perfumistas de profesión que cultivaban los aromas; la esposa de 
los Cantares compara las mejillas del esposo á eras de aromas plantadas por los 
perfumeros: «Gence Ulitis sicut areola? aromatum consita? á pigmentariis.» 
Conocían bien las plantas que les servían de jabón, y las que como remedios usa- 
ban sus médicos; pero lo que dá más alta idea del grado á que llegaron en los 
conocimientos botánicos, es lo que se lee en el libro III de los Reyes, en donde di- 
ce hablando de Salomón: «Et disputavit super lignis á cedro, qua? est in Lí- 
bano, usque ad hyssopum, quee egreditur de pariete.» 

La Grecia, que fué la cuna de las ciencias, recibió los conocimientos del Egip- 
to, y los cultivó y desarrolló de una manera prodigiosa. La botánica, como las 
otras ciencias, tuvo allí grandes creces. Homero, más de un siglo posterior á 
Salomón, nos conservó en sus inmortales poemas los nombres de muchas plantas 
útiles, y hasta el del meconio, que era un extracto que hacían de las adormide- 
ras con el cual apaciguaban los dolores. Habia hombres que se dedicaban á re- 
coger las plantas útiles y eran llamados herboristas. Cratevas era uno de estos, 
y se dice que escribió un tratado que se perdió. De este Cratevas se valia el 
grande Hipócrates para que le trajera en abundancia las plantas medicinales que 
habia menester. El mismo Hipócrates nos dejó en sus inmortales escritos, la des- 
cripción de doscientas treinta y cuatro plantas. Aristóteles, el gran filósofo, no 
'se desdeñó de insertar en sus obras las noticias de las plantas que se conocian y 
usaban en su tiempo; y su discípulo Teofrasto nos ha dejado seis libros de bota- 



174 LA NATURALEZA 

nica. Mitrídates Eupator, rey del Ponto, fué, como Cleopatra, amante de estu- 
diar los venenos, y además, escribió sobre las virtudes de una planta que de su 
nombre llamó Eupatorium. Dioscórides, médico deAnazarbe, ya en el primer si- 
glo de la Era cristiana, escribió su «Colectánea délos medicamentos,» en la que 
nos dejó las noticias de seiscientas plantas. Esta obra es la colección más com- 
pleta y mejor ordenada que tenemos de la botánica de los griegos. 

Entre los romanos hubo también famosos herboristas, que estudiaron y dieron 
á conocer muchas plantas: las obras de estos sabios se perdieron, y solamente los 
conocemos por lo que de ellos cita Plinio: estos fueron Valgio, Muza, Emilio Ma- 
eer, Julio Baso, Sextio Níger y Euforbio, el célebre médico del rey Juba. En el 
primer siglo del cristianismo, Columela, español natural de Cádiz, escribió en 
Roma su grande obra de agricultura, en la que da muy buenas descripciones de 
muchas plantas. A fines del mismo siglo escribió Plinio el mayor su Historia Natu- 
ral, obra la más completa y célebre de su tiempo: en ella hizo la descripción 
de un millar de plantas. 

Galeno, á quien se puede considerar tanto entre los médicos griegos como entre 
los latinos, pues aunquenació y fué educado en Pérgamo, ciudad griega, y sus obras 
están en griego, vivió, practicó y escribió en Piorna. Este hombre extraordinario 
y privilegiado, este luminar de la ciencia, después de haber viajado mucho por 
el Egipto, Grecia y Roma, recogiendo cuantos conocimientos pudo adquirir su 
vastísimo talento, escribió sus admirables obras á fines del segundo siglo; y en 
ellas se encuentra, sobre todo en sus libros de Alimentoriim facullaiibus , de 
anlidotis y de Medie amentorum conipositione, un tratado completo de la botá- 
nica de su tiempo aplicada al arte de curar. Sus descripciones están hechas con 
el mayor cuidado, y ya se encuentran en ellas muchos términos técnicos de que 
usamos en la actualidad. 

A este punto habia llegado la botánica, al par de las demás ciencias, cuando 
sobrevino la Edad Media: los bárbaros del Norte destruyeron el imperio romano 
á sangre y fuego, acabaron con las escuelas, con los libros, con los monumentos 
de las artes, é hicieron que la ignorancia se sobrepusiera al saber y la fuerza bru- 
ta á la razón. ¡Mil años de tinieblas para el mundo, esto fué la Edad Media! En 
este largo período de tiempo, las ciencias y las artes que no se aniquilaron, re- 
trocedieron; y las más afortunadas quedaron estacionarias. La Botánica fué de 
estas últimas, porque entre los pocos libros que escaparon del terrible cataclismo 
se encuentran las obras de Hipócrates, Aristóteles, Teofrasto, Dioscórides, Colu- 
mela, Plinio y Galeno, que tanto sirvieron después para facilitar el renacimiento 
de las ciencias. En los diez siglos que duró este lapso de tiempo, la Botánica ade- 
lantó muy poco, únicamente los árabes añadieron el conocimiento de algunas plantas, 
que se encuentran en las obras de Serapion,Rhazis, Averroes, Albeitar y Avicena. 

La ruina del imperio romano produjo la oscuridad de la Edad Media, derraman- 
do millones de bárbaros del Norte sobre el Sur; y la ruina del imperio griego pro- 



LA NATURALIZA 17:¡ 

(lujo la luz del renacimiento de las letras, enviando dos hombrea sabios del 
Oriente al Occidente: Constantino y Juan Lascaris, descendientes de los empera- 
dores de Constantinopla, huyeron después de la ruina de su patria por no sufrir 
la tiranía de los Turcos, y se vinieron á Italia trayendo los preciosos manuscritos 
que allá se habían conservado. Constantino Lascaris enseñó el griego en Milán, 
en Ñapóles y en Roma; y Juan fué mandado á Orecia por Lorenzo el Magnífico 
para que á toda costa recogiera los demás manuscritos que sabia existían en Até- 
nas; asilo hizo y volvió con el precioso tesoro que había ido á buscar: enseñó en 
Florencia, en Buda, en París y en Roma; gozó del favor de Carlos YIII, Luis 
XII y Francisco I en Francia, y del de León X en Italia: habia venido á Europa 
muy joven y murió de 90 años, de modo que tuvo tiempo de enseñar mucho. El 
descubrimiento de la imprenta facilitó singularmente los trabajos de estos sabios; 
multiplicando los libros se multiplicaron los discípulos y las escuelas, y el estudio 
de los clásicos griegos y latinos hizo renacer el buen gusto y el deseo de cultivar 
las letras: ¡cuánto es el poder de la ciencia! ¡Para oscurecerla en Europa se ne- 
cesitaron millones de ignorantes; y para volverla de nuevo á la luz bastaron dos 
hombres sabios! 

No tardó entonces la Botánica en salir de las tinieblas por los trabajos de al- 
gunos hombres eminentes que se dedicaron á cultivarla: Mathiolo, Mart-Mathée, 
Andrés Laguna y Amato Lusitano, tradujeron y comentaron á Dioscórides; y Be- 
Ion tradujo también á Teofrasto. El estudio de estas dos obras despertó en muchos 
el gusto por la Botánica, y algunos hombres insignes se dedicaron á recoger los 
antiguos conocimientos y mejorarlos con sus propias observaciones. Trágus, en 
1532, publicó su «Historia Stirpium,» y poco después Conrado Gesner y Adán 
Lonicer dieron á luz muy buenos Tratados de Botánica: Dodoens, á mediados de 
aquel siglo, escribió su «Stirpium Pemptades sex,» es decir, treinta libros, ó sean 
seis pemptades de á cinco libros cada una: Belon, Matías Lobel, Clusio, Andrés 
Cesalpino, siguiendo las huellas de sus ilustres predecesores nos han dejado bellí- 
simos trabajos botánicos; y en 1587 Delechamp publicó su grande obra Historia 
generalis plantarían. Ilustraron con sus escritos los últimos años del siglo XVI 
los célebres botánicos Porta, Próspero Alpino, Saluzianski, CamerarioyMillington. 

El siglo XVII fué no menos fecundo en buenos botánicos que el anterior, co- 
mo lo atestiguan los imperecederos nombres de Gaspar y Juan Bahuin, Guiller- 
mo Lauremberg, Parkinson, Johnston, Rheede., Morison, JuanRay, Grew, Bo- 
bart, Knaut, Magnol, Paul Hermán, Rivin y otros muchos. Es de notarse que 
Tomás Millington, Joaquin Carnerario, Juan Ray, Nehemias Grew y Jacobo Bo- 
bart comprobaron con irrecusables observaciones, razones indestructibles y de- 
mostraciones perfectas, que las plantas tenían órganos masculinos y femeninos, y 
que el polen contenido en los órganos machos fecundizaba los óvulos contenidos 
en los órganos hembras. 

Los botánicos antiguos solo se ocuparon en estudiar las plantas del mundo co- 
la Naturaleza.— Tomo V.— 23.-2? 



176 LA NATURALEZA 

nocido de los romanos; mas Cristóbal Colon descubriendo el Nuevo Mundo en 
1492 y Vasco de Gama doblando el Cabo de Bueña-Esperanza en 1497, abrie- 
ron á los modernos ancha vía para que extendieran sus investigaciones á la Amé- 
rica, á la África meridional, á la India oriental, á la China, al Japón y á las is- 
las del Mar Pacífico. Los repetidos viajes hechos á estos países durante el siglo 
XVI dieron á conocer al mundo la existencia de tan ricas como vastas regiones, 
y á los naturalistas dieron también abundante materia para que ejercitaran sus 
talentos. Los misioneros, tan ilustrados como verídicos, que comenzaron á intro- 
ducirse en la China en el año de 1580, llenaron la Europa con noticias exactas 
y minuciosas de aquellos países y con la descripción de los objetos naturales que 
allí veían. Entre otros el jesuita Jartoux, mandó, en 1711, una relación y un 
dibujo del Gin-seng, que es la planta más célebre de la China, y otro jesuita, el 
P. D'Entrecolles, en 1736, extractó un Tratado de Botánica de la China, intitu- 
lado El Herbario, cuyo extracto puede verse en el tomo 14 de las Cartas Edifi- 
cantes. Pero á pesar de esto, y á pesar de que César Cantú dice, que la escritu- 
ra figurativa de la China es muy propia para proporcionar los elementos de una 
clasificación regular, para fijar en la imaginación los caracteres distintivos délos 
cuerpos, y que ofrece como un esbozo de clasificación para la historia natural, los 
sabios poco han utilizado de esto; y el resultado final es, que solamente cono- 
cemos de la China, lo mismo que de los demás países del mundo, las plantas que 
los botánicos han podido ver y ajustar á las clasificaciones científicas de la Europa. 

Mientras el número de las plantas conocidas fué corto, cualquier clasificación 
bastaba para estudiarlas, porque por defectuosa que fuera, las excepciones que 
resultaban eran poco numerosas; para el tiempo de que vamos hablando ya as- 
cendía el número de plantas conocidas á muchos millares, y se echó de ver la 
necesidad de una buena clasificación. Por fortuna apareció á fines del siglo XVII 
un botánico no menos famoso por sus dilatados viajes que por sus grandes talen- 
tos: este fué José Pitton de Tournefort, que adoptó en sus «Instilutiones rei her- 
barice,» publicadas de 1694 á 1700, una clasificación nueva fundada en las di- 
ferencias de los tallos, de las flores y de los frutos. Este método, á pesar de sus 
defectos, hizo adelantar algo la Botánica facilitando su estudio. 

A principios del siglo XVIII se hicieron célebres los botánicos Boerhave, Ru- 
pius, Pontedra, Andrés Thevecio, Buxbaum, Ludwig, Siegesbeck, y algunos 
otros. De 1735 á 1751 aparecieron en el mundo las inmortales obras del mayor 
de los botánicos conocidos, del caballero Carlos Linneo, autor del sistema sexual, 
tan célebre entre los botánicos, y autor también de la nomenclatura botánica que 
usamos actualmente. Linneo conoció desde luego que no era posible hallar un 
nombre sustantivo para cada planta, y discurrió nombrarlas con dos palabras, la 
una es el nombre sustantivo que determina el género á que la planta pertenece, 
y la otra es un adjetivo que designa la especie: así, los sustantivos quedaron reser- 
vados á los géneros, que siempre han de ser mucho menores que las especies; y 



LA NATURALEZA 177 

como los mismos adjetivos pueden repetirse en todos los géneros, resulta que no es 
posible agotarlos. Haber dotado á la ciencia de los veg de una nomencla- 

tura tan filosófica, tan fácil y tan bien aplicada á las ocho mil especies de plan- 
tas que clasificó, es el justo título de gloria que ha colocado á Linneo en el alto 
lugar que ocupa, y que ha hecho que le llamen Padre y Príncipe de la Bo- 
tánica. 

Adiian Royen, Ilaller, Sauvages de Croix, Morandi, Seguier, Yachendorí, 
Ileister, Gleditsch, de Bergen, Dtihamel, Allioni, Adanson y otros varios enri- 
quecieron la Botánica siguiendo los pasos de Linneo. 

Aunque la clasificación de este gran botánico por el sistema sexual era tan des- 
lumbradora y habia hecho cambiar la faz de la ciencia, produciendo muchos y 
grandes adelantos; sin embargo se echó de ver que en muchos casos rompía las 
relaciones más naturales y más visibles de las plantas, y se pensó desde luego en 
buscar otra. 

Una familia de botánicos eminentes apareció en París á fines del decimoctavo 
siglo, la familia Jussieu, Antonio, Bernardo y José, hermanos, y Antonio Loren- 
zo sobrino de ellos; todos cultivaron con asiduidad la ciencia de las plantas. Ber- 
nardo, de quien se dice que escribia muy poco y pensaba mucho, concibió el plan 
de una clasificación enteramente natural, la cual fué expuesta por Antonio Lo- 
renzo en su obra titulada: «Genera ptantarum secimdum ordines naturales 
disjwsita,» que vio la luz pública de 1778 á 1789. El método de Jussieu tiene 
sobre todos los otros la ventaja de conservar la división en familias naturales, de 
reunir las plantas análogas por sus virtudes, y presentar un cuadro graduado de 
la organización vegetal desde la planta más simple hasta la más complicada. 

Lamarck inventó después su método analítico ó dicotómico, que consiste en 
dividir el reino vegetal en dos, y cada una de las dos divisiones en otras dos, y 
cada una de las cuatro que resultan en otras dos; y seguir así dividiendo siempre 
en dos hasta llegar á las últimas divisiones, que ya no puedan dividirse sino en 
individuos. Si la naturaleza fuera tan dócil que se dejara siempre dividir por par- 
tes alícuotas, este método, más matemático que natural, seria el mejor. 

Las clasificaciones ó métodos son el resultado de la facultad que tiene nuestro 
espíritu de considerar en un objeto ciertas propiedades, haciendo abstracción de 
otras. Aplicados estos métodos á la Historia Natural, y más particularmente á la 
Botánica, consisten en catálogos razonados, en los que se presentan reunidos to- 
dos los seres que se quieren estudiar, y luego se dividen, según sus diferencias, 
en grandes porciones reunidas según sus analogías: á estas porciones se les llama 
secciones ó clases, luego cada clase se divide por el mismo método en otros gru- 
pos menores que se han llamado familias; á su vez las familias se dividen en gé- 
neros, los géneros en especies y las especies en variedades. 

Aunque á primera vista parece muy sencillo y fácil reducir á la práctica este 
modo de divisiones en el reino vegetal; no ha sido así, sino que ha resultado una 



178 LA NATURALEZA 

multitud de métodos ó clasificaciones, según los diversos principios á que los bo- 
tánicos se han ajustado para su formación. Sin embargo de ser muchos los mé- 
todos inventados, pueden reducirse á tres clases: primera, los métodos analíticos, 
como el de Lamarck: segunda, los métodos artificiales, comunmente llamados sis- 
temas, que consisten en tomar por base de la división los caracteres de muy po- 
cos órganos de las plantas, despreciando los demás; tales son los sistemas de Tour- 
nefort y de Linneo: y tercera, los métodos naturales que consisten en valerse de 
todos los caracteres, de todos los órganos de las plantas para hacer las divisiones; 
tal es el método de Jussieu. 

Muchos botánicos insignes, á más de haber hecho grandes adelantos en la cien- 
cia, se han aplicado á mejorar los métodos de clasificación modificándolos: los tres 
De Candolle, Deslongechamps, Maquis, Mirbel, Brown, Casini, Humboldt, Des- 
fontainesy algunos más, han modificado el método de Jussieu: Sprengel, Richard 
y Merat se encuentran entre los modificadores del sistema de Linneo: Guiart re- 
formó el de Tournefort, y solo el método de Lamarck no ha sido modificado. 

Hoy dia el método más seguido es el de Jussieu con las modificaciones que los 
sabios citados le han hecho; pero seria de desear un método único y sencillo que 
viniera á reemplazar á todos los que hay, y sirviera de guía en el laberinto de 
clasificaciones que hacen tan fatigoso el estudio de la Botánica. 

En los tiempos modernos son dignos de memoria, á más de los citados, Don, 
Lindley, Palisot, Pee, Miquel, Moquin Tandon, Bompland yKunt. 

Entre los botánicos viajeros los más célebres son, sin duda alguna, el insigne 
Barón de Humboldt, que recorrió herborizando desde Freiberg al mar del Sur, 
y del mar del Sur al lago Aral; y Commerson que dio la vuelta al mundo, reco- 
giendo en este viaje muchos géneros de plantas con que enriqueció la ciencia. De 
este botánico se cuenta que tuvo la peregrina ocurrencia de poner á unas plantas 
los nombres de sus amigos y á otras los de sus enemigos: á una planta cuyo fru- 
to contiene dos almendras cordiformes muy unidas, le puso: «Pulcheria com- 
mersonia,-» para perpetuar el nombre de su mujer; á otra planta, cuyas flores se 
marchitan muy presto, le puso: « Verronia tristiflora,» para honrar el nombre 
de su amigo Verrón que habia muerto hacia poco tiempo; y á una planta espi- 
nosísima la llamó: tColletia hórrida,*» del nombre de Ccllet que era su enemigo. 

Muy tardío fué el movimiento literario en América, porque los conquistadores, 
más parecidos á sus ascendientes los bárbaros que á los sabios Lascaris, vinieron 
destruyendo cuanto encontraban al paso, quemando los libros y matando á los 
sacerdotes que eran los depositarios del saber; y cuando para introducir aquí la 
civilización europea fundaron escuelas y universidades, lo hicieron poniéndolas 
en manos del clero, que en lo general era entonces ignorante y supersticioso; 
¿qué esperanza podría haber de que cultivaran la Botánica hombres que creían 
que á las brujas el demonio les revelaba las virtudes de las yerbas? Ni á los mé- 
dicos que vinieron en tiempo de Hernán Cortés, y que fueron el Br. Escobar y el 



LA NATURALEZA 179 

Dr. Cristóbal de Ojeda, les ocurrió estudiar una sola planta, ni cosa alguna del 
país, á pesar de la novedad que debieron ofrecerles. 

Cuando ya las cosas tomaron algún asiento, y pasados cosa de cincuenta años 
después déla conquista del imperio mexicano, el rey Felipe II qui o saber, qué 
cosas naturales habia en la Nueva España dignas de saberse; y con este fin man- 
dó que viniera el Dr. Francisco Hernández, su médico de cámara, para que vien- 
do y examinando lo que hubiera de notable en esta tierra lo diera á conocer. 
Yino este insigne naturalista, que con tan justa razón ha sido llamado el Plinio de 
México; y habiendo cumplido fielmente con su encargo, después de muy exquisitas 
investigaciones, escribió su obra intitulada: «Francisci Hernández rerum me- 
dicarum Novce Hispanice thesaurus, sive plantarum, animalium, et minera- 
lium mexicanorum historia.» Volvió á España, entregó la obra al rey, y éste 
le mandó poner en la biblioteca del Escorial, en donde permaneció desconocida 
casi un siglo, hasta que con notas de Juan Terencio se publicó en Roma por los 
años de 1648 á 1652, en dos tomos de á folio. El servicio que hizo Hernández 
á la Historia Natural es inmenso, es imponderable: basta decir que salvó del ol- 
vido no solo los nombres indígenas de los animales, minerales y plantas de esta 
región, sino también las tradiciones de la medicina azteca, pues al describir y 
nombrar cada cosa señala los usos que de ella hacían los indios. 

Después de los trabajos de Hernández el Gobierno español nada hizo para im- 
pulsar el estudio de la Historia Natural. La decadencia de la monarquía española 
que comenzó con la muerte de Felipe II, que creció bajo los Felipes III y IV, y 
llegó al extremo en el reinado de Carlos II, alcanzó también á las letras: - se des- 
atendió la enseñanza, el mal gusto cundió por todas partes, y las escuelas se pla- 
garon de los embrollos de la dialéctica y de las sutilezas de la Teología, desaten- 
diendo lo principal en todas las ciencias. El advenimiento de Felipe V al trono es- 
pañol fué la señal del renacimiento de las letras en España. « Las reformas litera- 
rias, dice D. Modesto de la Lafuente, comenzaron en el reinado de Felipe V, conti- 
nuaron en el de Fernando VI, y produjeron la brillante época literaria del reinado 
de Carlos III. » En efecto, bajo el cetro de este gran rey todas las ciencias re- 
cibieron un benéfico impulso. La Botánica participa de este gran bien. El jardin 
botánico de Madrid fué restaurado y puesto bajo el cuidado y dirección de los in- 
teligentes Profesores D. Casimiro Gómez Ortega y D. Antonio Palau, que res- 
tablecieron el estudio de la Botánica y continuaron la Flora española, que habia 
comenzado treinta años antes D. José Quer. Florecieron por este tiempo en Es- 
paña botánicos muy célebres, tales fueron Bernades, Cañáis, Villanova, Asso, 
Lo rente y el clérigo valenciano D. Antonio José Cavanilles. 

Entretanto vino á Nueva España el padre Juan Esteynefer, jesuíta aloman, 
discípulo de Boerhave, recorrió las provincias de Sonora y Sinaloa, y dio á co- 
nocer algunas plantas de aquella región: al mismo tiempo el Br. Yenegas, el Dr. 
Montaña y el Padre Álzate se aplicaron á estudiar algunas otras plantas de México. 

La Naturaleza. — Tomo V. — 24. 



180 LA NATURALEZA 

En el año de 1787 mandó el rey que se establecieran jardines botánicos en va- 
rias ciudades de sus dominios, y que en ellos se enseñara la ciencia de las plantas: 
entre las ciudades agraciadas con este beneficio se encontraron México, Santa Fé 
y Lima. También ordenó que se mandaran expediciones botánicas á todas las 
provincias de España y de América. En cumplimiento de estos mandatos fueron 
enviados á México D. Vicente Cervantes, y D. Martin Sessé; y á Lima lo fueron 
los Sres. Ruiz y Pavón. 

En 1.° de Mayo de 1788 se abrió en México el Jardin botánico, con su cáte- 
dra correspondiente, bajo la dirección de D. Vicente Cervantes, que enseñó allí 
la Botánica por el largo espacio de treinta y cinco años. De la venida de Her- 
nández á la de Cervantes mediaron doscientos años: tan lentas así fueron las dis- 
posiciones de aquel Gobierno para el estudio de las ciencias naturales. 

El impulso que recibió entonces la Botánica fué muy grande, y los resultados 
fueron mayores que lo que podia esperarse. A propósito de esto dice en una nota 
el citado Lamente: «Mutis y su discípulo Zea estudiaron las plantas de Santa Fé 
de Bogotá; R,uiz y Pavón, y su discípulo Tafalla las del Perú y Cbile; Sessé, Mo- 
ciño y Cervantes las de Nueva España; Boldo las de la Isla de Cuba; Cuellar las 
de las Islas Filipinas; y viajaron alrededor del mundo Pineda y Née. » 

En tiempo de Cervantes vinieron á México los ilustres viajeros Humboldt y 
Bompland, á quienes tanto deben las ciencias, y principalmente la Botánica del 
Nuevo Mundo. 

De los primeros discípulos de Cervantes se distinguieron por sus grandes ade- 
lantos Mociño, Maldonado, Bustamante, Cervantes (hijo), Lorreategui, Bernat, 
Peña y Monroy, bien conocidos todos por los buenos servicios que hicieron á la 
ciencia. A los Sres. Sessé y Mociño se debe la formación de la Flora Mexicana. 
Mas luego se hicieron célebres los botánicos Mayoli, Teran, los Cal; y sobre todo 
D. Pablo de La Llave y D. Juan Lejarza por sus Fascículos publicados en 1824 
y 1825. Por este mismo tiempo pasó á la frontera del Norte D. Luis Berlandier, 
botánico de la Comisión de límites que regenteó el General Mier y Teran, y es- 
tudió y dio á conocer algunas plantas de Texas, Tamaulipas y Nuevo-Leon. 

Pronto hará un siglo que se plantó en México la enseñanza de la Botánica, y 
en ese tiempo la generación de sabios naturalistas, producida por Cervantes y 
Sessé, se ha multiplicado y engrandecido de tal manera, que hoy no es posible 
dar la nómina de los que en la capital de la República y en los Estados se ocu- 
pan del estudio de la naturaleza. 

El 6 de Setiembre de 1868 se fundó la Sociedad Mexicana de Historia Na- 
tural, por unos cuantos hombres tan desinteresados como sabios, y tan constan- 
tes como entusiastas: doce años lleva de existencia esta ilustre Sociedad, y en 
ellos sus fructuosos trabajos han llevado la ciencia que cultivan á un grado de 
adelanto antes no visto entre nosotros. Hoy se encuentra esta corporación in- 
signe ramificada en toda la República, y en contacto con las principales Socieda- 



LA NATURALEZA 181 

des científicas del mundo sabio. Atendidas la calidad de las personas que forman 
tau importante asociación, las relaciones que ha sabido crearse y los métodos á 
que somete sus trabajos, no es difícil profetizar cuál será el resultado de sus in- 
fatigables tareas; y yo creo que dentro de pocos años podrá decirse con verdad: 
Hernández echó los fundamentos del estudio de la Historia Natural Mexicana, 
Cervantes y sus numerosos discípulos la cultivaron con asiduidad; y la Sociedad 
Mexicana de Historia Natural la puso al nivel en que se encuentra en las nacio- 
nes más cultas de la Europa. 

Imperecederos serán en los fastos de la ciencia los nombres de Arriaga, Cas- 
tillo, Cordero, Herrera, Mendoza, Peñafiel, Rio de la Loza, Sánchez, Urbina, y 
Villada que concibieron y ejecutaron la luminosa idea de fundar tan ilustre cor- 
poración, para engrandecimiento de la ciencia, propagación de los conocimientos 
útiles, y para honra de la magnánima nación mexicana. 

Ojalá y sirvan estas escasas mal coleccionadas noticias, ó más bien, este catá- 
logo incompleto de nombres preeminentes, para que, familiarizándose con ellos 
los jóvenes estudiantes, despierten en su espíritu el deseo del saber y el amor al 
estudio. Ojalá y la consideración de los valiosos trabajos de tantos hombres in- 
signes les infunda en el ánimo la constancia necesaria para continuar con decidi- 
do empeño el estudio de una ciencia que tanto les importa cultivar; pues aunque 
á todos igualmente aprovecha el conocimiento de las cosas naturales, no á todos 
les obliga el tenerlo: las ignorancias y los errores de los que se dedican al arte de 
curar refluyen en perjuicio de los enfermos, y las ignorancias y los errores de los 
demás á ellos solo perjudican. Pague, en buen hora, cada uno la pena de sus yer- 
ros; pero que no paguen los enfermos la pena de los yerros del médico: por eso la 
razón y la ley obligan á éstos á saber cuanto deben saber. La Botánica es uno de 
los más importantes ramos del saber médico, porque el reino vegetal es el más 
abundoso de los arsenales en donde están las armas con que se combaten las enfer- 
medades. Así, pues, conviene que los médicos y boticarios jóvenes se dediquen con 
tesón al estudio de la Botánica, que, por otra parte, tanto facilita el estudio de los 
otros ramos de la historia natural. Los elementos que de la ciencia de las plantas se 
aprenden en los colegios son demasiado pequeños, y solo pueden servir para em- 
prender después un estudio formal y metódico de ella; pero si esto no se hace, si 
se abandona este estudio, hasta los escasos elementos que se aprendieron en el 
colegio se olvidan. Muchos médicos conozco tan ignorantes en Botánica como el 
hombre más vulgar: yo pienso que la causa de este atraso es la ignorancia de la 
lengua latina: la tecnología botánica, como la de todas las ciencias, es greco-la- 
tina, compuesta de palabras griegas, alemanas, inglesas, francesas y de otros 
idiomas, pero todas latinizadas; y esta nomenclatura es incapaz de traducirse á 
los idiomas vulgares, porque si se tradujera perdería el carácter de universal que 
debe tener, y resultaría un fárrago ininteligible. Lo mejor seria saber las dos len- 
guas, griega y latina; pero si esto no se puede, á lo menos conviene tener cono- 



182 LA NATURALEZA 

cimientos ligeros del griego y profundos del latin. El que comienza el estudio de 
la Botánica, sin este preliminar, se encuentra desde luego con una multitud de 
nombres que no puede pronunciar y cuya significación ignora: ¿y qué cabeza ha- 
brá que pueda conservar en la memoria palabras que no entiende y que ni aun 
articularlas sabe? Así es que no se pueden emprender estos estudios sin el auxi- 
lio de las lenguas sabias. Con frecuencia les sucede á los jóvenes con la lengua 
latina lo mismo que con la Botánica; estudian los elementos, se abandonan, no 
vuelven á verlos jamás, encuentran una frase latina y no piensan en traducirla, 
y hasta los elementos que aprendieron olvidan. Sucede también en muchos jó- 
venes que la pereza y las distracciones les enervan el entendimiento, les embo- 
tan la memoria; en tal estado el estudio los fastidia; y lo peor es, que el perezoso 
se halla bien con la ignorancia, y renuncia el saber porque cuesta trabajo estudiar. 
Necesarísimo es, por tanto, que los jóvenes se acostumbren al trabajo, de tal ma- 
nera, que contraigan un hábito inveterado é invencible de estudiar, porque solo 
así pueden cultivar con igual empeño todos y cada uno de los ramos de la cien- 
cia que están obligados á saber. 

Además, importa mucho estudiar las cosas que tenemos á la mano, las cosas de 
nuestro país, para usarlas; y solo en defecto de ellas usar de las extranjeras. Apre- 
ciar solo las cosas que vienen de otros países, y despreciar lo que la naturaleza nos 
ofrece á manos llenas, es cosa de gente ignorante y fútil. Lo racional y filosófico es 
apreciar igualmente todos los productos de la tierra, escoger los que sean más con- 
venientes, y de ellos usar los que con más facilidad y á menos costo se adquieran. 

Por otra parte, en conciencia y por bien de la humanidad, debemos estudiar 
con todo esmero, y dar á conocer al. mundo las cosas que produce nuestro país; 
para que así como nosotros utilizamos cuando nos conviene los productos de otros 
países, los moradores de otros países utilicen á su vez lo que les convenga de los 
productos del nuestro. 

Hay también que considerar lo que el hombre debe á la sociedad en que vive: 
habita en casas que no construyó, se alimenta de plantas que no cultiva, y de ani- 
males que no apacienta, se cubre de telas que no ha tejido; en suma, se aprovecha 
de cuantos beneficios le proporciona una sociedad establecida hace muchos siglos. 
¿Y solo el hombre de letras se^aprovechará del trabajo de todos sin trabajar él 
para nadie? Ciertamente que no debe ser así. ¿Y si escogió la carrera de las le- 
tras para trabajar en ella, cómo podrá hacerlo si no estudia? Esto no puede ser. 
Así es que el que se dedica á una profesión literaria, le es útil, conveniente, ne- 
cesario y obligatorio estudiar dia y noche por toda su vida, para poder cultivar 
todos y cada uno de los ramos de su incumbencia; so pena de que si así no lo ha- 
ce, no cumple con sus deberes; y por consiguiente, no merece más que el des- 
precio de la sociedad en que vive. 

Finalmente, conviene que los jóvenes no olviden jamás, que no hay sacrificio 
que el hombre no deba hacer por conservar su honor y por honrar á su patria. 



LA NATURALEZA 



183 



CALENDARIO BOTÁNICO DEL VALLE DE MÉXICO 



Ü&3íS-S£> 



NOT1CIA DE ALGUNAS PLANTAS Ql 1 1; CARACTERIZARON LA PLORAI 

EN EL ANO DE 1879. 



ENERO 



Familias 



Xonibro vulgar 



Período 
floral 



Nombro científico 



Lugares en que fueron observadas 



OrchidacEE, 



Lirio parásito. 



Euphorbiaose .. 
PofygonaosB.. .. 
Convolvulácea . 
GentianaosB 



Polomoniacíc.. 



Solauacre 

Apocynacse. 



Flor Noche Bu? 

Chilillo 

Palo del muerto 
Flor do hielo... 

Espinosilla 

Banderilla 

Cantua 



Scrophulariacse .. 



Laurel rosa. . . 
Cola de Borrego. 
Bella Inés 



Bydroleaceat . 
Oleácea? 



LabiateíB. 



Primulacen?. 
Ericáceas.-. 



Lobellaeerc . 
RnbiaeeEB . . 



Sinautereee - 



Tepozancillo . . 



Trueno 

Fresno 

Mirto rojo. 



Pluma Sta. Tes? 
Primavera 



Azalea. 



Gallito rojo .. 
Trompetilla . . 

ídem 

Limpia tima.. 
Cachisdá 



Girasol amarillo 



Cioutilla 

Cempoaxochitl. 






Amallo 

Periquillo 

Tlemolito 

Cinco llagas 

Papaloquolito... 

Ojo de gallo 

(iirasol morado 



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V 



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Odontoglossum Eremberghi. V. 

* Lojlia auoeps y varieds. Lindl. 

* Epidendron Cavendishiauum .. 

* ídem cochleatum. L 

* Oncidium omithoruynchum. U. B 
k Oncidium ineurvum. Bark 

* ídem splendidum. Reieh 

* Euphorbia heterophylla. L... 

Polygonum bydropiper L 

Ipoina?a muracoides. Rceni 

Gentiana calyoulata 

Lcecelia cocciuea. G 

ídem (¡cerúlea. G 

* Cantua buxiíblia. D 

Leptophragma prostrata. Bent 

* Nerium oleander. L 

Castilleja coinmunis. D. C 

Castilleja cauesceus. D. C 

Lamourouxia linearis. T). C 

Mauraudia semperflorens. Ort 

* Lopbospermum seandens. Don. 

Biulleia sesiliflora. H. B. K 

Wigardia kuuthii. Chois 

Ligustrum japonicum. Tbum 

* Fraxinns juglandilblia. W 

* Salvia microphylla. Kuut 

* Salvia Sessei. Bent 

* Salvia eryocalix. Bent 

* Prímula sinensis. Lind 

* Cyclamen enropreuni. L 

* Azalea indica. W 

Lobeliapauciflora. H. B. K 

Lobelia fenestralis. Cav 

* Syphocampilus grandidontata?. . 

Bouvardia Jaquiui. H. B. K 

Bouvardia quaternifolia. D. C 

Ferdinanda augusta. Las' 

Aploppapus disooideus. D. C 

llelianthus budleiceformis. D. C. 

Holianthus annus. L 

Verbesiua heliauthoides. II. B. K 

Eupatorium deltoidem. Jaq 

Eupatorium Bustamautce. D. C 

Eupatorium pulchellum. B. B 

Stevia microcephala. B. C 

Stevia tomentosa. H.B. K 

Parteniura histerofbrus. L 

Tagetes erecta. L 

Tagetes peduncnlaris. Las 

Tagetes pusilla. 11. B. K 

Tagetes lucida. Cav 

Tagetes patula. L 

Tagetes lunulata 

Porophylram tagetoides. I). C 

Sanvitalia procumbens. Lam 

Cosmos bipiunatus. Cav 



I Sr. Manrique. 

Jardín de San Frai 

Casa del Sr. Manrique. 

ídem, ídem. 

ídem, ídem. 

ídem, idem. 

ídem, idem. 

Jardines. 

Acequias. 

Cerros de Guadalupe. 

Monte Ajusco. 

Todo el Valle. 

ídem, idem. 

Jardín de San Francisco. 

Todo el Valle. 

Jardines. 

Todo el Valle. 

ídem, idem. 

Moute Ajusco. 

Cerros de la Villa. ' 

Jardín de Droege. 

Cerros de la Villa. 

Lomas de Taeubaya. 

Calles de México. 

Jardín del Zócalo. 

Jardines. 

Jardín de Droege. 

Jardines. 

ídem. 

Ídem. 

ídem. 

Hacienda de la Lechería. 

Ídem, idem. 

Jardín de Sau Francisco. 

Todo el Valle. 

ídem, ídem. 

Ídem. ídem. 

Cerros de Guadalupe. 

Baeienda do la Lechería. 

Todo el Valle. 

Cerro do Tezeotzingo. 

Todo el Valle. 

Cbapultepec. 

Cerro de la Esmeralda 

Todo el Valle. 

Ídem. idem. 

Mein. idem. 

Jardines. 

Todo el Valle. 

Zarcpango. 

Todo el valle. 

Jardines. 

Cerros de la Villa. 

idem. idem. 

Todo el Valle. 

Haoienda de la Lechería. 



Ija Naturaleza. — Tomo V. — 24.- 



184 



LA NATURALIZA 



Familias 



Sinanterea: . 



Myrtacere 

Fouquieracea;. 

Crassulaoefe. . 



Leguminosea;. 



Cruciferea: 

Caryophylleas 

Malvacea: 



Malpighiacea; 
Papavaracea; . 



-i 



Nombre vulgar 



Estrellitas 

Estrella de agua 

Mirto 

Gigante 



Oreja de ratón. 
Siempreviva. .. 



Sonadora. 



Paniquesíllo 

Sisimbrio 

Pipiloxochitl 

Violeta campo.. 
Monacill. amar? 



Yerba del negro 
Huinari 



Período 
floral 



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Nombro científico 



Galisonga parviflora. Car 

Aganipea bel! id i flora. Moo 

* Myrtus eominunis. L 

* Eucalyptus globulus. Lab 

Ponquiena formosa. K 

Echeverría imbrieata 

Echeverría coccínea. D. C 

Umbillieus sedoides 

Phaoa mollis. H. B. K 

* Cassia falcata. L 

* Swainsonia albida 

* Swainsonia floribunda 

Capsela bursa-pastorís. Meen 

Sisymbrium taraxiíblium. D. C... 

Sileue catesbfei. Walt 

Anoda triaugularis. D. C 

Hibiscns tubiflorus. Moc 

* HibiscuB syriacus. L 

* Hibiscus speciosus. Ait 

Malva anguetifolia. Cav 

Sida romboidea 

Gaudicbaudia cynanchoides. L... 
ídem Enrico Martinezii. Barcena. 

* Bocconia frutescens. L 



Logares en que fueron observadas 



Todo el Valle. 

Acequias. 

Jardín de San Francisco. 

Jardines. 

Cerros de la Villa. 

Jardines. 

Cerros de la Lechería. 

ídem, ídem. 

Cerros de Guadalupe. 

Jardín de P/roege. 

ídem, idem. 

Jardín de San Francisco. 

Todo el Valle. 

Ídem. idem. 

Cerros de la Lechería. 

Todo el Valle. 

Cerro de Chapultepec. 

Jardin de Droege. 

ídem, idem. 

Todo el Valle. 

ídem, idem. 

Cerros de Guadalupe. 

Tajo de Xoehistougo. 

Jardines. 



FEBRERO 



Liliácea 1 

Amaryllydea; < 



Irideaj . 
Aroidea: . 



Orchidere. 



Salicinea; 

Protaceae 

Laurácea? 

Pbytolaccace.'e. 
Nygtaginea? — 



Polemoniacea; . 



Solanáceas 



Apocynea;. .. 
Acanthacew. 



SorophulariacesB . 



Hydrolacece . 

Oleácea; 

Primulacea;. . 
Ericáceas 



Sinanterea; . 



Caprifoliácea; 

CEnotberacea; ? 

Crassulacese < 



Jacinto 

Azucena roja... 
Id. disciplinada. 
Lirio morado . . . 



Lirio parásito. 

Epidendro 

ídem 

Álamo 

Grevillea 

Aguacate 

Congeran 



Cantua. 
ídem .. 



Taba? cimarrón. 
Laurel rosa. . . 

Libonia 

Acanto 



Tepozan peque? 
Mimulo 



Trueno. 
Fresno. 



Azalea. 



Papaloquelite 

Jarilla 

Cineraria 

Yerba del carb? 

Cerraja 

Madreselva... 



Siempreviva 

ídem 



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* Hyacinthus oríentalis. L 

Amaryllis pediculata. L 

* Amaryllis hybrida 

* Iris germánica. L 

* Calla etiópica. Gaer 

* Oncidium ornitboryncbum. H. B. 

* ídem splendidum. Reihc 

* Odontoglossum Eremberghi. V.. 

* Lcelia anceps y variedades. LindI 

* Epidendron Cavendisbianum 

* ídem cochleatum. L 

* Populus alba. L 

* Grevillea robusta. Cum 

* Persea gratissima. Gart 

Phytolacca ootandra. D. C 

* Bugaiuvillea spectabibs. Vild. .. 

* Cautua dependeus 

* Cantua busiíblia. Lam 

* Phlox Prumoudi Ilook 

Leptophragma prostrata Bent 

Cestrum termínale. D. C 

Nicotiaua glauca Grab 

* Nerium oleander. L 

* Libonia floribunda 

* Acauthus spinosus. P. S 

Verónica agrestis. L 

Budleia sessiílora. II. B. K 

Maurandia semperflorens Ort 

Mimulus glabratus. H. B. K 

Wigaudia kunthii. Chois 

* Ligustrum japonicum Thu 

* Praxinus juglandifolia. W 

* Cyclameu persicum. Mili 

Azalea iudica. W 

Eupatorium Bustamantee. D. C 

Poropbilum tagetoides. D. C 

Senecio vernus. D. C 

* Cineraria caudidissima? 

Baceharis multiflora. H. B. K 

Taraxacum dens-leonis. Desf 

* Leonieera caprifolium. L 

O3nothera rosea. Ait 

Epilobium denticulatuiu 

Sedum dendroideum 

EcheveiTÍa coccínea. D. C 

Umbillieus sedoides 



Jardin de Droege. 

Jardines. 

Jardín de Droege. 

Chapultepec. 

Jardin de Droege. 

Jardines. 

ídem. 

Idein. 

ídem. 

ídem. 

ídem. 

ídem. 

Jardin de San Francisco. 

Huertas. 

Todo el Vallo. 

Jardin de San Francisco. 

ídem, idem. 

ídem, ídem. 

Jardin de Droege. 

Todo el Valle. 

Chapultepec. 

Tlalnepantla. 

Jardines. 

Jardin de Droege. 

ídem, idem. 

Escuela de Agricultura. 

Todo el Valle. 

Cerros de Guadalupe. 

Arquería de San Cosme. 

Lomas de Tacubaya. 

Jardines. 

ídem. 

Jardin de Droege. 

Jardines. 

Chapultepec. 

Cerros de la Villa. 

Todo el Valle. 

Jardín de Droege. 

Monte AjuSco. 

Todo el Valle. 

Jardines. 

Todo el Valle. 

San Jacinto. 

Cerro de Chapultepec. 

Jardines. 

Cerros de la Lechería. 



I.\ NATURALEZA 






('inniliilK 



Rosaceas . 



Leguminoseaj, . . 

Cactácea 

MesembryacesB . 
l''ini(|uieraoeie... 
Caryophylleas. . . 
Violáceas 



Cruciferas. 



Papaveráceas 

Fumariaceas 

Terustrosmiaceas . 
Aceraceie 



Nombra vulgar 



Ko .i da Castilla 

Manzano 

Durazno 

( ¡habaoano . .. 
Capulín 



Huisache. . - 
Dioclea 

Biznaga. - .. 
Rocío 



Clavel 

Pensamientos. 
Paniquesillo. . 

Sisimbrio 

Comid? do pajr° 

Adormidera 

Amapola roja... 



Camelia. 
Eraulo . . 



roricds 
floral 



P 

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m 



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ni 



Nombre > !■ ntrfho 



Ro ;i centifolia. 1/ 

i'yi ii malí - i. 

Pérsica rulgaris. Mili 

" Prunos armeniaca. Ii 

I lera a i capolin. I). C 

Cydonia japónica. Pers 

ioaeía fteí ida. II. I! 

Dioclea glioinoidea 

M amilana espbasrica 

Messembvyanthemun cristalinum. I. 
Fouquiera formosa. K 

* Dianthus chinensis. L 

Viola tricolor. L 

Capsolla bursa-pastoris. Mffin. .. 
Sisymbrium taraxil'nliuin. D. 0.. 
Lepidium ruderalo L 

* Papavor Bomnifernm. L 

* I'apaver rhreas. L 

Fumaria parvillora. Lam 

' Camelia japónica. L 

* ¡Segundo fraxmifoliuui. Nut. . . 



I.ugir<>« un que fueron ouMrrul» 



Jardií 

llueil 

Mein. 

.íardin de Dri 
(.'ampo- de i I 

Jardín de Dn 

1 . .pe. 

Tacuba. 

de Guadalupe. 
Jardines. 

liii-in. 

Todo el Valle. 
ídem, ideai. 
ídem. Ídem. 

Chinampas de Sania Auita. 

ídem. idem. 

.San .Jacinto. 

Jardines. 

ídem. 



MARZO 



Asparageas... 

Liliáceas 

Amaryllideai . 

Irideas 

Carmeas 



Orcbidefc. . 



Betulaceas 

Juglandere 

Salicíneas 

Lauráceas 

Phytolaccaceas. 
•Nygtagíneíe . . . 



Polernoniaceífi.. . < 

Apocyiiefe 

Primuláceas \ 



Aeantaceoe . 
Solauaeeíe. . 



Serophulariacea: . • 

Ilydroleaceos 

Oleácea; ¡ 



Plumbaginea? . 
Ericacese 



Synautereas . 



Caprifoliácea'... 

Cünotheraceas. . . 
Crassulaceas 

Rosaeeas 



Dracena 

Jacinto 

Azucena roja. 
Lirio morado . 
Platanillo 



Lirio parásito. 

Aile 

Nogal 

Álamo 

Aguacate 

Congueran 



Espinosilla.. 

Cantua 

Laurel rosa. . 

Jabonera 

Primavera... 
Acanto 



Mimulo 

Tepozan peqño. 



Olivo 

Trueno 

Plumbago 

Azalea 

Bododendron.. 

Palo bobo 

Jarilla 



Yerba carboner 
Cerraja 



Zoapatle . .. 

Madreselva. 



Linda tarde 



Siempreviva 

Rosa de Castilla. 

Rosa tho 

Rosa pimpinela. 
Manzano 



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111 

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* Draccena spectabilis 

* Hyaeinthus orientalis. L 

Amaryllis pediculata. L 

* Iris germánica. L 

* Caima indica. L 

* Oncidium ornitborynchum. H. B. 

* ídem splendidum. Keich 

* Odoutoglossum Erembergbi. V.. 

* Lcelia aueeps. Lindl 

Alnus aouminata. Kunt 

* Juglans regia. L 

* Populus alba. L 

* Persea gratissima. Grat 

Phytolaeca octandra. D. C 

* Bugainvillea spectabilis. AY. M.. 
Losselia coccínea G 

* Cantua depeudens 

* Neriuní oleander. L 

Anagallis arvensis. L 

* Prímula sinensis. Lind 

* Acanthus spinosus. L 

Solanum fontanesiauum. l)um 

Mimulus luteus. AY 

Mimulus glabratus. H. B. K 

Budleia sessiflora. H. B. K 

AVigaudia kunthii Chois 

* Olea europrea. L 

* Ligustrum japonicum. Tlmm - - 

* Plumbago europsea 

* Azalea indica. W 

* Khododetidrou arboreum. Sou. 

Senecio prcecox. D. C 

Seuecio vernus. D. C 

Eupatorium Bustamantas. D. C. 

Bacoharis multiilora. H. B. K 

Taraxacum dens-leonis. Best'... 

Áster califomíous. Les 

Moutagnea tomentosa. Lall 

* Lonicera caprilblium. L 

" Viburnum tinus. L 

(Enothcra sinsiana.' 

lEnothera rosea. Ait 

Epilobium denticulatum 

Sedum dendroideam 

' Rosa centifolia. L 

Rosa fragans 

* liosa pimpinellasfolia. L 

I'ynis malus. L 



Jardines. 

ídem. 

ídem. 

ídem. 

Ídem. 

Jardín de San Francisco. 

Jardín de Droege. 

ídem. 

ídem. 

Campos de Atzcapotzalco. 

Los Morales. 

Calzadas. 

Huertas. 

Todo el Talle. 

Jardín de San Frai 

Todo el Valle. 

Jardín de San Francisco. 

Jardines. 

Los Morales. 

Jardines. 

Jardín de Droege. 

Escuela de Agricultura. 

ídem, idem. 

Acueducto. 

Todo el Valle. 

Lomas de Taoubaya. 

Los Morales. 

Jardines. 

ídem. 

ídem. 

Jardín do San Francisco. 

Pedregal. 

Todo el Valle. 

ídem. ídem. 

Montañas. 

Todo el Valle. 

Acueducto. 

Escuela de Agricultura. 

Jardines. 

ídem. 

Esouela do Agricultura. 

Todo el Valle". 

Ídem. idem. 

Corro de Chapultepec. 

Jardines. 

ídem. 

ídem. 

Huerb 



186 



LA NATURALEZA 



Familias 



Nombre vulgar 



Periodo 
floril 



Nomine científico 



Lugares en que fueron ouservnilas 



Rosacc.-i' . 



Peral 

Chabacano . 
Durazno.. . 
Membrillo.. 



Capulín . . 
Tej ocote. 



Leguminosea\ 



Cactácea; 

MeseinbryaceíE . 
Carophylíea; 



Crucifera;. 



Resedaces 

Papaveráceas 

Ternstrcemiacea; . 
Pumariacea; 

Anrantíacea; 

Aceraeete 



Retama delgad. 

Colorín 

Glicina 

Mezquite 

Huisache 

Biznaga 

Flor de cuerno. 

Rocío 

Clavel 

Alhelí 

Sisimbrio 

Paniquesillo 

Comida pajarit?. 

Gualda 

Adormidera 

Amapola roja... 

Cliicalote 

Camelia 



o 

m 

m 

m 

m 

c 

c 

c 

m 



Naranjo. 
Lima 



* Pyrus eommunis. L 

l'iunus anueniaea. L 

* Pérsica vulgaris. Mili 

' Cydonia vulgaris. Pera 

* Cydonia japónica. Pera 

Cerasus eapolin. 1). C 

Oratoegus mexicauus. Moc 

* Iverria japónica. D. C 

' Genista junceum 

* Erytrina coraloides. Moc 

* Glycine sinensis 

Prosopis dulcis. Kunt 

Acacia fcetida. H 

Mamilaria sphrcriea 

* Cereus flajelilbrmis. L 

Messernbryanthemum cristalinum 

* Dianthus sinensis. L 

* Cheiranthus cheiri. L 

Sisymbriuin taraxifolium. D. 0... 

Capsella bursa-pastoris. Meen. 

Lepidium ruderale. L 

Reseda luteola. D. C 

* Papaver somuií'ernm. L 

* Papaver rhreas. L 

Argemone mexicana. L 

* Camelia japónica y variedades. . 
Fumaria parviflora. L 

* Citrus aurantium. Ris 

Citrus limetta. Rix 

* Uegundo fraxinifolímn. Nust... 



Huertas. 

ídem, 
ídem, 
ídem. 
Jardín de Droege. 

Huertas. 

Los Morales. 

Jardín de San Francisco. 

Jardines. 

ídem. 

Jardín de San Francisco. 

lluehuetoea. 

ídem. 

Cerros de Guadalupe. 

Jardín de San Francisco. 

Jardines. 

ídem. 

Chinampas. 

Todo el Valle. 

ídem, ídem. 

ídem, ídem. 

ídem, idem. 

Chinampas. 

ídem. 

Todo el Valle. 

Jardines. 

San Jacinto. 

Jardines. 

ídem. 

Escuela de Agricultura. 



ABRIL 



Gramínea; 

Liliácea; 

Amai-yUide* .. 

Iridea; 

Canuca: 

Musaeeie 

Orchideas 

Betulacea 1 

Saliciucie 

Phytolaccacese 

Polemoniaceaj... < 

Borragineaj 

Primulacea; < 

Aoauthaceie 

Solauacerc 

Scrophulariacca».. 

Orobauchece 

Oleácea: < 

Plumbaginere 

Bignouiaeere 

Ericacea» < 



Synanterere. . . 



Avena 

Trigo 

Cebada 

Azucena blanca. 

Jacinto 

Azucena roja.. . 

Lirio morado 

Platanillo 

Pájaro azul 

Aííe. .... ...... 

Sauz llorón 

Congueran 

Espinosilla 

Cantua 

Heliotr? silvest. 

Coralillo 

Primavera 

Acanto 

Mimulo 

Perritos 

Tcpozanpeq'?. .. 
Mazorca cuervo. 

Olivo 

Trueno 

Plumbago 

Borla de S. Pedro 
Azalea 

Rododendro 

Palo bobo 

Jarilla 

Motitas 

Yerba del carb?. 
Cerraja 



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m 

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Avena sativa. L 

* Triticum sativum. Lam 

Ordenm vulgare. L 

* Lilium candidum. L 

* Hyacinthus orientalis. L 

Amaryllis pediculata. L 

* Iris germánica. L 

* Canna indica. L 

* Strelitzia regina: 

* Oncidium ornithorynehum. H. B 

:> ídem splendidum. Reich 

Alnus acuminata. Runt 

* Salix babilónica. L 

Phytolacca octaudra. D. C 

Lceselia coccínea. G 

* Cantua bicolor 

Eeliotropum curasavicum. L 

Anagallis arvensis. L 

* Primilla sinensis. Lind 

* Acanthus mollis 

* Yochroma cerúlea 

Solanum foutanesiauum Bun 

Solanum Cervautesii Lag 

Mimulus glabratus. H. B 

* Antirrhíuum majus. L 

Budleia sessiflora. H. B. K 

Conophila americana 

* Olea europea. L 

* Ligustrum japonicum. Thu 

* Plumbago enropsea. L 

Bignonia í'ragsiuea. Desf 

* Azalea indica. W 

* Azalea mollis. Blum 

* Rhododendron máximum. L 

Senecio pra:cox. D. C 

Senecio vernus. 1). C 

* Eupatorium odoratissimum 

Baccnaris multiflora. B. B. K 

Taraxacum dens-leonis. Desf. 

Áster californicus. Les 



Campos. 

Terrenos cultivados. 

ídem. 

Jardín de San Francisco. 

Jardines. 

ídem. 

ídem. 

ídem. 

Jardín de San Francisco. 

ídem. 

Jardín de Droege. 

Campos de Atzcapotzaleo. 

Calzadas. 

Todo el Valle. 

ídem, idem. 

Jardín de San Francisco. 

Todo el Valle. 

ídem, idem. 

Jardines. 

Jardín de Droege. 

Jardín de San Francisco. 

Escuela de Agricultura. 

Lomas de Tacubaya. 

Acueducto de San Cosme. 

Alameda. 

Todo el Valle. 

La Cañada. 

Los Morales. 

Jardines. 

ídem. 

Crno de Ohapultepec. 

Jardines. 

ídem. 

Jardín de San Francisco. 

Pedregal. 

Todo el Valle. 

Jardines 

Montañas. 

Todo el Valle. 

Acueducto. 



LA NATURALEZA 



187 



Familias 



Sinanterete . .. 
Caprifoliáceas . 

CEnotheraoera. 
Sa ifragacese. 



Rosaco¿e . 



ílyrtaceas.. 
Rubiáceas.. 



Leguminosere. 



Grossulari acece. 
Cactácea? 



Caryophyllece. . 
Cruciferas 

Resedáceas 



Papaveráceas . 



Aurautiacere... 

Malvaeece 

Magnoliáceas .. 

Berberideaj.. .. 
Melíacea; 



Geraniaoeso. 



Ranunculáceas. 



Xomliro vulgar 



Zoapatlo 



Hortensia 



Rosa do Castilla 

Rosa Mus 

Garambullo 

Rosa pimpinela. 

Manzano 

Peral 

Chabacano 

Durazno 

Fresa 

Membrillo 

Capulín 

Tejocote 



Metrooidro .. 
Trompetilla . 

Lupino 

Haba 



Pericia 
flersl 



Colorín 

Mezquite 

Huisache 

Chícharo do olor 



Tuna 

Biznaga 

Flor de cuerno, 
Clavel 



Alhelí 

Comida pajarito 

Gualda 

Reseda 

Adormidera 

Amapola roja... 
Chicalote 



Naranjo . . 

Lima 

Obelisco. 
Magnolia. 



Árbol paraíso. .. 
Geranio de olor 
Geranio 



Espuela de cabV 



111 
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Nombre eientífleo 



tfontagnea Comento a. Lall 

Viliiiniiini tinus. L 

CEnotbera rosea. ,\¡i 

Gpilobinm denticulatnm 

Hydrangea hortensia, i). C 

Hydrangea arbore cen . L 

Botteia japónica 

Rosa ceatifolia. L 

Rosa fragans 

Rosa Moctezumas. II. 1¡. K 

Rosa pimpinellofolia. L 

i'vriis malus. L 

Piras eommunis. L 

* Prunus armeuiaca. i; 

* Pérsica vulgaris. Ij 

Fragaria vesca. L 

* Cydonia vulgaris. Pers 

Cerasus Capolin. 1). C 

Cratasgus mexicanus. Moc 

* Kerria japónica. 1). C 

* Metrosideros vellosis. I). C 

Bouvardia Jaquini. 11. B. K 

Lupinus albus. L 

* Vicia faba. L 

* Swainsonia alba 

* Erytriua coraloides. II 

Prosopis dulcís. Kunt 

Acacia fcetida. II 

* Latirus odoraus. L 

Ribes campanulatus 

Opuntia Hernandezi 

Mamilaria sposrica Dio 

* Cereus llajeliformis. L 

* Dianthus sinensis. L 

* Liehnes Eageana 

* Cheirauthus eheiri. L 

Lepidium ruderal e. L 

Reseda Lateóla, i). C 

* Reseda odorata. L 

* Papaver somuii'erum. L 

* Papaver rhreas 

Argemoue grandiflora. Ij 

Argomone mexicana. L 

* Citrus aurantium. L 

Citrus limetta. Ris 

* Hibiscus rosasinensis. L 

* Magnolia grandiflora. L 

* Magnolia fuschata. And 

* Mahonia fascicularis. D. C... -. 

* Helia azederaeh. L 

* Pelargonium odoratissim. Ait.. 

* Pelargonium zonale. Wist 

* Pelargonium fulgidinm. Ait — 

* Pelargonium anémonsefol. Jaq.. 

* Belphinum ajaxis. L 



|,ucaris 111 QOi rra/lia 



r de Agricultura. 
Janlii 1 

Todo el Valle. 
Ídem, idem. 
Jardine . 

.lardin de San J'ra.. 
Jardín de Dri 
.lariJine . 

Ídem. 

Todo el Valle. 

Jardín 

l¡ le-: 1., 

[dem. 
Ídem, 
[dem. 
La Cañada. 

Huerta . 

ídem. 

Los Morales. 

Jardines. 

Jardín de San Fraie-Í ico. 

Lomas de Taeubaya. 

San Ángel. 

Terrenos cultivados. 

.lardin de Dn 

Jardines. 

líuehuetoca. 

ídem. 

Chinampas de Santa Anita. 

La Cañada. 

Cerros do Barrientes. 

ídem. idem. 

ídem, idem. 

Jardines. 

Jardín de Droege. 

Chinampas de Santa Anita. 

Todo el Valle. 

ídem, idem. 

Jardines. 

Chinampas y jardines. 

ídem, idem. 

Campos de Mixco 

Todo el Valle. 

Jardines. 

Jardín del Museo. 

Jardín de San Francisco. 

Jardines. 

Jardín de San Francisco. 

Jardín de Droege. 

Jardin del Zócalo 

Jardines. 

ídem. 

ídem. 

Jardin de San Francisco. 

Jardines. 



MAYO 




Avena 

Trigo 

Cebada 

Izotl , 

ta blanca 

Maguey 

Lirio del monte 

Piñoncillo 

Camotito 

Ortiga 



Avena saliva- L 

* Tritieum sativum. Lam 

* Ordeum vulgarc. L 

Iturbidca augusta? 

* Lilium candidum. L 

Agave americana. L 

Lelia majalis. Lindl 

* Od&nthoglosum maculatum. Lind! 
' Oilontlioijlosuin citmaunt. Lindl.. 

Odouthoglosnm nebulosum. Liudl 

* Brasavola pescatori 

* Cattleya citrina. Lindl 

Euphorhía lathvris. L 

Euphorbia radians. Benl 

TJrtica nrens. L 



Campos. 

Terrenos cultivados 

Ídem, ídem. 

Varios lugares. 

Jardines. 

Todo el Valle. 

Jardin de San Francisoo. 

[dem, idem. 

Ídem, idem. 

ídem. ídem. 

Ídem. idem. 

ídem. idem. 

Taeubaya. 

Lomas de idem. 

Todo el Valle. 



La Naturaleza.— Touio V.— 25. 



188 



LA NATURALEZA 



Fiuiiilins 



Proteacen?. . . 
Polygoneíe . . 
WygtagiueEE . 

Asclepiadea>. 



Apocineío 

Polemoniacea; . 

Borraginea?. 

Primuláceas ... 



Solanacere. 



Synanterese . 



Caprifoliácea! . 

(Euotheracea;. 
Saxifragaceon . 



Rosacess . 



Rubiáceas . 



Caryopillea! 

Cruciferea: 

Resedaceaj 

Papaveraccfe .. 



Scropbulariaceai . 

Plantaginete 

Oleácea; 

Orobanchea; 

Bignoniacea! 

TJtriculariese 

Verbenacea? 



Leguniiuoseaj • 



Grossulariacea!. 
Terebinthacere.. 
Umbelliferepe.. 
Cactáceas 



Malvacea; . 



Geraniaeea; . 



Rauuuculaceai. 
Oxalideaj 



Nombro vulgar 



Grevillea - 
Cbilillü... 



Komerillu. 



Maraví do Esp? 

Espinosilla. 

Cola de mico .. 

Coralillo 

Torito 



Llantén 

Olivo 

Haz. de Cuervo 
Borla de S. Pedr. 



Verbena 

Estrella del agua 

Gordolobo 

Botón do oro. 
Lechuga 



Yerba del carb? 

Cerraja 

Zoapatle 

Jarilla 

Palo bobo 



Período 
floral 



Saúco 

Linda tarde. 



Hortensia . 



Rosa de Castilla- 
Rosa the 

Garambullo 

Manzano 

Peral 

Chabacano 

Durazno 

Presa 

Membrillo 

Cerezo 

Tejoeote 

Trompetilla 



Colorín . 



Chícharo de olor 

Retama 

Grosellero silvt. 
Árbol del Perú. . 

Cicuta 

Tuna 

Clavel 

Arenaria 

Alhelí 

Gualda 

Chicalote 



Yerba del negro, 



Obelisco 

Geranio de olor. 
Geranio 



Espuela de cab? 
Agrito 



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Nombre cietitífleo 



Grevillea robusta 

Polygonum hydropiper. L 

Boerhavia discolor. Kunt 

Aselepias linaria. Cav 

Asolepias lanuginosa. II. B. K... 

* Lochnera rosea 

Losselia coccinea. G 

Heliotropum curasavicum. L 

Anagallis arvensis. L 

tíolauum coruutum. Lam 

Solanum fontanesiauum. Dum... 

Solanum Cervantesii. Lag 

Leptophragma prostrata. Bent... 

Silvia serpyllil'olia. B. C 

Plantago miuor 

* Olea europsea. L 

Couophila americana 

Bignonia frasinea. Besf 

TJtricularia intermedia. Hay 

Verbena Erhembergiana 

Aganipea bellidiflora. (Moe^ 

Gnaphalium canescens. D. C 

Spilanthes becabunga. D. C 

* Lactuca sativa. L 

Áster caricifolium. H. B. K 

Baecharis multiflora. H. B. K. .. 

Taraxacum dens-leonis. Besf 

Montagnea tomentosa. Lall 

Senecio vernus. D. C 

Senecio pnecox. D. C 

* Viburnum pronsefolium. L 

Yibumum glabratum. H. B 

* Sambucus mexicana. Prest 

CBnothera tetraptera 

Cánothera siusiana? 

CE nothera rosea. Ait 

* Hydrangea hortensia. B. C 

* Hydrangea arborescens. L 

* Rosa ceutifolia. L 

* Rosa fragans 

Rosa Moctezuma!. H 

* Pyrus malus. L 

* Pyrus communis. L 

* Pruuus armeniaca. L 

* Pérsica vulgaris. L 

Fragaria vesca. L 

* Cydonia vulgaris. Pers 

* Cerasus vulgaris 

Cratajgus mexicanus. Moc 

Bouvardia Jaquini. H. B 

Bouvardia quatemifolia. D. C. K 

* Erytrina coraloides. H 

* Erytrina cristagalli. L 

* Lathyrus odoratus. L 

* Genista júncea 

Ribos campanulatus 

Sehinus molle. L 

Conium maculatum (var?) 

Opuutia Hornandezi 

* Bianthus sinensis. L 

Arenaria prostrata 

* Cheirauthus eheiri. L 

Reseda luteola. D. C 

Argomoue mexicana. L 

Argemono grandiflora. L 

Malva leprosa. Ort 

Malva angustifolia. Cav 

Malva caroliuiana. L 

Hibiscus tubiflorus. Moc 

* Hibiscus rosasinensis. L 

* Pelargonium odoratissimum. Ait. 

* Pelargonium zouale. "Will 

* Pelargonium fulgidium. Ait. . . 

* Pelargoniumanemoncefolium. Jaq 

* Delphinium ajaxis. L 

Oxalis acetosella. ^L 

Oxalis umbellata 



Ijugnros en que fueron observniluu 



Jardín de San Francisco. 

Acequias. 

San Bartolomé. 

Todo el Talle. 

San Bartolomé. 

Jardín de San Francisco. 

Todo el Valle. 

[dem, ídem. 

ídem, ¡dem. 

ídem, idem. 

Escuela de Agricultura. 

Todo el Valle'. 

San Isidro. 

Todo el Valle. 

ídem, idem. 

Huortos. 

La Cañada. 

Cerro de Chapultepec. 

Lagos de Chapultepec. 

Lomas <lo Tacubaya. 

Lago de Chalco. 

Todo el Valle. 

Escuela de Agricultura. 

ídem, idem. 

Islotes del lago do Chalco. 

Montañas. 

Todo el Valle. 

Escuela de Agricultura. 

Todo el Valle. 

Pedregal. 

San Bartolomé. 

ídem. 

Jardines. 

Todo el Valle. 

ídem, idem. 

ídem, idem. 

Jardines. 

Jardin de San Francisco. 

Jardines. 

ídem. 

Todo el Valle. 

Huertas. 

ídem. 

ídem. 

ídem. 

La Cañada. 

Huertas. 

Jardiu de San Francisco. 

Campos. 

ídem. 

ídem. 

Jardines. 

Jardiu do San Francisco. 

Chinampas de Santa Anita. 

Jardines. 

La Cañada. 

Todo el Valle. 

Chapultepec. 

Cerros do Barrientes. 

Jardines. 

Campos. 

Chinampas. 

Todo el Valle. 

ídem, idem. 

ídem. idem. 

Calzadas. 

Todo el Valle. 

ídem, idem. 

Cerro do Chapultepec. 

Jardines. 

ídem. 

ídem. 

ídem. 

ídem. 

ídem. 

Campos. 

Escuela do Agricultura. 



I, A NATURALEZA 



189 



JUNIO 



Familias 



Nombro vulgar 



roríodo 
floral 



IS'oinlirn científico 



fugaren en que faeron ubnerrailii 



Liliácea 

Colcbioaoece. 

Amaryllidaa . 

OyperaoetB .- 
JunoaoesB. .. 
A reidero 

CannciB 



Tempranilla... 

Maguey 

Pata do gallo.. 
Tulillo 



Maranta 

Lirio dul monte. 



Orchidero. 



ürticero 

Polygoneíe . 



Oruga.. 
Chilillo. 



JSTygtagineBe. 
Asclepiadeffl. 



Maravilla . 



Flor tío cera. 
Romerillo 



PolemoniacsB . 
Borraginese. . . 

Primulacere. - 



Iluitzízílín 

Cola de Mico . .. 

Coralillo 

Torito 

Matiz? do amor 



Solanacese. 



Jaltomato. 
Toloacho . . 
Colono 



Scrophulariacero.. . 



Labiatero 

Convolvulacero .. 

Cuscutacero 

Bignoniacero 

Utrieulariere 

Verbenacero 

Oleacre 



Yerba Inés 
Cliia azul... 



Campanilla 

Zaeatlaxcale. . . 
Loria S. Pedro. 



Synanterere. 



Verbena 

Duran ta 

Trueno 

Pelitre 

Podante 

Estrella de agua 

Gordolobo 

Botón de oro. .. 



Viburno 



Caprifoliácea). - 



CEnotheraee.c. . . 

PhiladelphiaeeEe .. 

Myrtaoeee 

Malastoinaoeas 



Verdolagíaouát, 

Linda tarde.. .. 



Mosqueta . 



LythrarieEe 

Grauatca'- 

Saxifragaoece. .. 



Resácete . . 
Rubiáceas 



Atlancliau. 
Granado . . 
Hortensia . 



Losa de Castilla 
Garambullo .. 



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Uomerocallin (lava. L 

Colchicnm alpinum? 

Agave: americana L 

AmarylliB formosissima. L 

Cyperus thyrsiflorns. Soh 

.1 uncus oompresus. 11 

* Anthurium Sehertzianum 

* Maranta metálica 

* Maranta cebrina 

* Lelia majalis. Liudl 

* Sobraba uiachrantha 

* Odonthoglosum maculatiun Lind. 

* Odonthoglosum citrosnm. Lindl.. 

* Odonthoglosum nobulosuiii. Lind. 

* Cattloya citrina. Liudl 

TJrtica urens. L 

Polygonum bydropiper. L 

Polygonum acre. II. B 

Polygonum aviculare. L 

Mirabilis dichotoma. L 

Boerhavia discolor. Kunt 

* Hoya carnosa. Br 

Asclepias linaria. Cav 

Asclepias lanuginosa. II. B. K 

Lceselia coccínea. G 

Heliotropum eurasavicum. L 

Anagallis arvonsis. L 

Solanum cornutura. Lain 

* Solanum pseudo-capsicum. L 

Leptophragma postrata. Benth 

Saracha jal tomata. Schle 

Datura stramonium. L 

* Hyooiamns uiger. L 

Silvia serpyllifolia. D. C 

* Penstemon gentianoides. G 

Penstomon barbatus. Nut 

Castilleja scorzonaarefolia. H. D... 

Salvia patens (var?) Cav 

Salvia polystaehya. Art 

Ipomroa arvensis 

Cuscuta americana. L 

Biguonia fraxinea. Desf. 

Utricularia intermedia. Hay 

Verbena Erhembergiana 

* Duran ta spinosa 

* Ligustrum japonicum. Tliu 

Brigeron affine. D. C 

* Rodautho atro-sauguínoa 

Aganipea bellidiflora. Moo 

Guapbalium canescens. D. C 

Spilanthos becabunga. I). C 

Áster caricifolium. H. B. K 

* Vibunram tinus. I) 

Viburnum prunsefólium L 

Viburuum glabratum. H. B 

Simphoricarpus glaucecens. H. B.. 

Jnssirea Swartziana 

(Knolhora tetraptera 

CEnothera sinsiana? 

CEnothera rosea. Ait 

l'hiludolphus mexicanus 

* Jambosa vulgaris. D. C 

* Lasiandra maohrantha 

Lythrum alatum 

Guppbea lanceolata. Ait. 

■ Púnica granatum. L 

* Hydrangoa hortensia 

* ídem idem var. albo-rosea 

* Hydrangea arborescans. L 

1 Rosa centifolitt. L 

Rosa Moctezuma». Red 

Bouvardia Bareeniaoa. Scbaf 



Jardín de Sun Pra 
Cerro de Chapnlb 
Todo el Valle. 
Jardín de Droege. 
Acequia i, 

Terreno búmedo . 
Jardín de San i ', .■ ■ 
ídem, 
ídem. 

Iilem. 

[dem. 

ídem. 

ídem. 

Iileni. 

Ídem. 

Todo el Valle. 

Acequias. 

[dem. 

Toilo el Valle. 

('alzadas de Tacuba. 

San Bartolomé. 

Jardín de San Francisco. 

Todo el Valle. 

ídem. 

ídem. 

[dem. 

[dem. 

Esencia de Agricultura. 

ídem. 

Observatorio Central. 

Escuela de Agricultura. 

ídem. 

Jamaica. 

Todo el Valle. 

Jardín de Droege. . 

Observatorio Central. 

Pedregal. 

Jardín de Droege. 

Toilo el Valle. 

Campos. 

Varios lugares. 

Cerro de Chapultepee. 

Lagos de Chapultepee. 

Lomas de Taeubaya. 

Jardines. 

ídem. 

Todo el Valle. 

Jardín de Droege. 

Lago de Chalen. 

Todo el Valle. 

Escuela de Agrículi ara. 

Calzada de la Reforma. 

Jardines. 

San Bartolomé. 

ídem. 

Monte Ajnsco. 

Acequias. 

Todo el Valle. 

ídem. 

Ídem. 

Río de San Ángel. 

Jardín de Sau Francisco. 

ídem. 

Aoeqnias. 

[dem. 

Jardines. 

Ídem. 

Jardín de San francisco. 

[dem. 

Jardines. 
Todo el Valle. 
Monte Ajusco. 



190 



LA NATURALEZA 



Familias 



Nombre vulgar 



Periodo 
floral 



Nombre científico 



Lugares en que fueron observadas 



Rubiáceas - 



Trompetilla ... 



Cornea) 

Legurninoseas. . 

Lobeliaceas 

Terebinthaceas . 
Cactacece 



Rosa de S. Juai 



Caryophylleas . 

Resedáceas .. . 
Papaveráceas . 

Malvaceas... . 



J 



Cresta de gallo.. 

Amorfa 

Jarritos 

Árbol del Perú. 

Tuna 

Arenaria 

Estrellita 



Reseda... 
Chiealote. 



Linea 1 . 



Yerba del negro 
Linaza 



Crucifera. 



Lepidio 

Paniquesillo.. . 



Ranunculáceas. 
Geraniaceas 



Berro 

Ranúnculo . 
Alfilerillo .. 
A grito 



Oxalideas. 



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Bouvardia Jaquini. II. 1!. E... 
Bouvardia quaternifolia. B. C. . 

Bouvardia triflora. B. B 

Bouvardia longiilora. H. B 

Cornus striata. Lam 

' Brytrina oristagalli 

* Amorpha glabra. Besf 

Lobelia laxiflora (var. aug. fol.) 

Schinus molle. L 

Opuntia Hernandezi 

Arenaria postrata'? Ser 

Stellaria inedia. Smitb 

Stellaria elegans. Ser 

Reseda luteola. B. C 

Argemone mexicana. L 

Argemone grandiflora. L 

Malva leprosa. Ort 

Malva caroliniana. L 

Malva angustifolia. Cav 

Hibiscus tubiflorus. Moc 

* Linum usitassimurn. "W 

* Linum grandiflorum. Besf.... 

Lepidium latifolium. L 

Capsella bursapastoris. Meen... 
Sisymbrium taraxifolium. D. C. 
ISTastursium officinalis. Brow. . . 

Rauunculus acris? L 

Erodium cioutarium . Lem 

Oxalis decapbilla. H. B. K 

Oxalis tetraphilla. Cav 

Oxalis acetosella. L 

Oxalis verticillata. Moe 



Todo el Valle. 

ídem. 

Jardín de San Francisco. 

Cerros de Tízayuca. 

Pedregal. 

San Ángel. 

Jardín de Droege. 

Todo el Valle. 

ídem. 

Varios lugares. 

Todo el Valle. 

Buertas. 

ídem. 

Todo el Valle. 

ídem. 

Varios lugares. 

Calzada de la Reforma. 

Varios lugares. 

Todo el Valle. 

Cerro de Chapultepec. 

Escuela de Agricultura. 

Jardines . 

Canal de la Viga. 

Buertas. 

ídem. 

Acequias. 

ídem. 

Todo el Valle. 

Lugares húmedos. 

ídem. 

ídem. 

Escuela do Agricultura. 



JULIO 



Alismaceas 

Cyperaceasi 

Gramíneas 

Palmea? 

Commelineas 

Juncácea 

Tillandsiacea? ? 

Lüiaceíe < 

l 

Iiidaceas 

Orchidacese 

Salicáceas 

Urticáceas 

Phytolaeaceas ... 

Polygonaceas 



Nygtaginaceas. 

Polemoniaceas. 
Convolvuláceas 



Borraginaoeas 



Asclepiadaceas. 



Solanáceas. 



Sagitaria 

Tulillo 

Maíz 

Dátil 

Verba del pollo 

Tulillo 

Heno-Paxtle. . 
ídem pequeño . 
Azuc? amarilla 
Elor de cristal-, 

Tritona 

Agapaudo 

Gladiola 

Lirio del monte 

Sauz 

Ortiga 

Cáñamo 

Mazorquilla 

Chilillo 

ídem 

Lengua de Vaca 
Maravilla 

Buitzizilin 

Biedra ó Camp?. 
Cola de mico. 

Romerillo 

Elor verde 

Jal tomate 

Toloache 

Torito 



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Sagittaria sagittasfolia. L 

Cy perus thyrseflorus. Sch 

* Zea maiz. L 

* Phoanix dactylifera. L 

Tradescantia erecta. Jac 

Juncus compresus. H 

Tillandsia usneoides. L 

Tillandsia recurbata. H. B. E... 

* Hemerocallis flava. L 

* Eucomis regia. Ait 

* Tritouia uvaria. Gaw 

* Agapanthus umbellatus. Hér.. 

* Gladiolus commuuis. L 

* Sobralia machranta 

Salix pentandria. L 

Urtica urens. L 

* Canuabis sativa. L 

Phytolacca octandra. B. C 

Polygonum hydropiper. L 

Polygonum acre. B. B. K 

Polygonum aviculare. L 

Rumex obtusifolium. L 

Mirabilis diehotoma. L 

Boerhavia discolor. Kunt 

Lceselia coccínea. G 

Ipomeea arvensis 

Beliotropum curasavieum. L 

Lithospermum strigosa. Bieb 

Onosmodium strigosum. G 

Myosotis grandiflorum. B. B. K 

Asclepias linaria. Cav 

Asclepias lanuginosa. H. B. JX_. 

Asclepias verticillata. L 

Gonolobus uniflorus. H. B. K... 
Leptophragma postrata. Bent. .. 

Saracba jaítomata. Schl 

Batura strammonium. L 

Solauum cornutum. Lam 



Lagos y canales. 
Acequias. 

Terrenos cultivados. 
Jardin del Museo. 
Pedregal. 

Acequias y terrenos húmedos. 
Bosque de Chapultepec. 
ídem. 

Jardín de San Francisco, 
ídem, 
ídem. 
Jardines, 
ídem. 

Jardín de San Francisco. 
Calzadas. 
Todo el Valle. 
Escuela de Agricultura. 
Chapultepec. 
Acequias, 
ídem. 

Todo el Valle. 
Terrenos cultivados- 
Todo el Valle. 
Pedregal. 
Todo el Valle, 
ídem, 
ídem. 
Pedregal. 
Monte Ajusco. 
ídem. 

Todo el Valle. 
Pedregal. 

Campos de Tacubaya. 
Chapultepec. 
Observatorio Central. 
Escuela de Agricultura. 
Campos. 
Todo el Valle. 



LA NATURALEZA 



l!il 



Familias 



SolanaceíB ■; 



Sci'ophulariaceas.. 

BignouiaceíE 

Verbenáceas 

Oleaose 



Labiatero. 



Rubiáceas . 



Caryophjdlea 1 . . 

Resedáceas 

Cruoiferete 



Papaveráceas . 
Nympheaceíe. 

Oxalidease 



Malvaceas . 



Primuláceas 



Synanthereae 



Caprifoliáceas — 
Saxifragaceas. .. . 
Philadeiphiacese . 
Melastoinaceas . .. 



CEnntheraeeai. . . 



Lythrariese.. .- 

Leguminoseas. . 

Cucurbitáceas 

Pasifloráceas . - - 
Loasaceas 



Nombro vulgar 



Verla del perra 



yerba Inés 

ídem 

Vela escamada , 
Borla San Pedn 



Verbena 

[dern 

Troeno 

Chia, azul 



Cordón cío Jesús. 

Marruliio 

Coralillo 

Peritre 

Estrella agua... 

Gordolobo 

Botón de oro. .. 



Poríod.0 

fiorií 



Yorba amarga . 

Ídem 

Mal de ojo 



Perú cimarrón. 



Motita 

Estrellita 

Té milpa amar? 
ídem blanco — 



Pericón 

Rosa San Juan. 



Trompetilla, 
ídem 



Hortensia . . . 
Mosqueta — 



Verdolg? agua. 
Linda tarde... . 

ídem 

Viuda 



Atlauehau . 



Palo dulce. 
Ohayotillo . 



Pegaropa. 
Arenaria . 
Estrellita. 
Gualda. .. 

Berro 

Cbiealote. 

ídem 

Ninfa.... 
Xoooyole. 

ídem 

ídem 



Malva 

Yerba del negro 



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Nombro olentfflro 



Solanum Cei ■ .o ¡ i ■ ■■ ... 

tíeutoxia fu rao a. H. B 

Peii (linón barbal mu. Nul 

Castillcja scorzoioriiloüíi. II. B 

Castilleja cauescens. 0. O 

Verbasoum pirgatum. U'ii 

Bignonia Eraxinea. Desf 

Priva áspera. II. B, K 

Verbena Erhembergiaua. D. O 

Verbena graoilia 

" ¡jigustrum japonicum. Tbum — 

Salvia patena (var?) Cav 

Salvia polyslaehya. Ort 

* Salvia eryocalix. Bert 

Mentba rotuadifolia. L 

Anagallis arvensis. L 

Brygeron alune. D. C 

Aganipea bellidiflora. Moc 

(Inapbalium canescens. D. C 

Spllanthes becabunga. D. O 

Áster carieifolium. H. B. K 

Ambrosia artemisiefolia. L 

Parthenium histerophorus. L 

Zinnia uniflora. L 

Euphrosyne parthenifolia. D. C 

Solidago velutina. D. C 

Simsia aurlculata. D. C 

Pinaropappus roseus. Lep 

Galisonga parviflora. Cav 

Bidens tetragona. I) C 

Bidens leucautba. Willd 

Sogalginia triloba. Cass 

Polynmia áspera (var?) Mart 

Cirsium inexieauus. D. C 

Tagetes Incida. Cav 

Senecio cineraroides. H. B. K 

Bouvardia lougiflora. H. B. K 

Bouvardia Barceniana. (var?) 

Bouvardia J aquini. H. B 

Bouvardia quatemil'olia. D. C 

Bouvardia triflora. H. B. K 

Viburuum prumefolium. L 

* Hydrangea hortensia. D. C 

Phiiadelphus mexicanus 

* Lasiandra machrantba 

Jussiasa Swartziaua. D. C 

(Bnothera tetraptera. Cav 

(Euothera Simsiana? 

CE uotbera grandiflora. Lind 

CEnothera rosea. Ait 

Ganra odorata. Ses 

Cuphea lanceolata. Ait 

Lythrum alatum . Pnrs 

Eyseubardtla amorpboides. H 

Sycios augulatus. L 

Taesonia mollisima. II. B. K 

Mentzelia hispida. Will 

Arenaria postrata 

Stellaria media. YVill 

Resoda luteola. D. C 

Nasturtium otficiualis. Brow 

Argemone mexicana. L 

A rgemone grandiflora. Salm 

Nymphcea alba? 

Oxalis Netzahualcotli (Barcena)... 

Oxalis violácea. L 

Oxalis tetraphylla. Cav 

Oxalis deoaphylla 

Oxalis verticullata. Moc 

Oxalis acetosella. L 

Malva leprosa. Ort 

Malva augustifolia. Cav 



.11 <| <■ •- fui-ron iiliwrndu 



laya. 
1 • i Central. 

Pedn ; 

Hura. 
Chapall 

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Lomas de Tacnb 
i íbapultepcc. 
Jain tica. 

.lardiu de I'" 

Campos. 

Jardine 

Escuela de 1 gi i< altara. 

Todo el Valle. 

[ileni. 

Lago . o males. 

Todo el Valle. 

Escuela de Agricultura. 

Calzada de la Reforma. 

Todo el Valle. 

ídem. 

Olivar de Mixcoac. 

Escuela de Agricultura. 

Rio del Consulado. 

Escuela de Agricultura. 

Tacubaya. 

Escuela de Agricultura. 

Campos. 

ídem. 

Tacubaya. 

Escuela de Agricultura. 

Todo el Valle" 

San Ángel. 

ídem. 

Cerros. 

Monte Ajusco. 

Todo el Valle. 

ídem. 

Jardín de San Fwmi i i 

San Bartolomé. 

Jardines. 

Rio de San Ángel. 

Jardin de San Francisco. 

Lagos y canales. 

Todo el Valle. 

ídem. 

Chapul tepec. 

Todo el Valle. 

ídem. 

ídem. 

Acequias. 

San Ángel. 

Todo el Valle. 

Mixcoae. 

Pedregal. 

Todo el Valle. 

Huertas. 

Canal de la Viga. 

Acequias. 

Todo el Valle. 

ídem. 

Lagos. 

Cbapultepec. 

Todo el Valle. 

ídem. 

ídem. 

ídem. 

ídem. 

Calzadas. 

Todo el Valle. 



La Naturaleza. — Tomo V. — 25.-2! 



192 



LA NATURALEZA 



AGOSTO 



Familias 



Jiomlire migar 



Período 
floral 



Nombre científico 



Lugares en que fueron oliKerradas 



Alismaeeíc . . 
Cyperacese .. 
Graminese. .. 
Commelinese 



Liliácea;. 



Amaryllidacese . 
Orchidaceae 



Urticaceaí 

Phytolacaceffi . 

Polygonacese - - 



r 

NygtaginaoesB--. { 

l 

Polemoniaese 

Convolvulácea 

\ 



Hydrolacea; . 



Borraginacese 



Asclepiadaeen?, 



\ 



Si il anace». 



Scrophulariacese 



Bignoni acere. . 

Sesameae 

Aeanthacea? . 

Labiatece 



Primuláceas.. . 
Caprifoliácea; . 



Sagitaria 

Tulillo 

Maíz 

Yerba del pullo. 

Ayatito 

Cebollin 

Azucena amallr- 
Estrella de .S.Pedro 
Lirio del Japón. 



S\ nautherea?. 



Reina de la herma! 

Torito 

ídem 

Ortiga 

Mazorquilla 

Chilillo 

ídem 



Maravilla 

ídem 

ídem 

Yerba del golpe 



Bspinosilla. 

Banderilla.. 
Hiedra roja. 



Cola de mico. . 



Romerillo. 



Flor verde. 



Chile 

Tomate . . 
Gloria- .. 
Torito.. . 
Toloache . 



Zacate de la playa. 

Tepozan 

Salvia real 



Yerba Inés . 



Borla de San Pedro 

Cabeza de vaca. 
Pluma de oro 

Chia azul 

Chía 

Coralillo 



Botón de oro . . 
Estrella del agua- 
Gordolobo 



Yerba amarga. 

ídem 

Mal de ojo 



Perú cimarrón . 



Motita 

Estrellita 

Té milpa amarillo. . 



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III 
III 
III 
III 



Sagittaria sagittaajfolia. L 

( lyperae thyrsiftorus. Secb 

* Zea maíz. L 

Tiadcscantia erecta. Jaq 

Cyclobothra flava. Lind 

Aliuiu scaposum. Bent 

* Hemerocállis flava. L 

Milla biflora. Cav 

* Liliuní japonicum. Thun 

* Alstroemería hirtella. H. B. K. 
' Amarillis Josephina?. Ked 

* Stanhopea trigina. Bate 

* Stanhopea spléndens 

Uitica ürens; L 

Phy tolaca octandra. D. C 

Polygonum hydropiper. L 

Poly gouum acre. II. B 

Polygonum aviculare. L 

Mirabilis dichotoma. L 

Mirabilis Jalapa. L 

Mirabilis longiflora. L 

Albinia iucarnata L 

Boerhavia discolor. Kunt 

LcBselia coccínea. G 

Looselia cerúlea. G 

* Quamoclit cocciuea. Mfen 

Ñama dichotoma 

Ñama undulata 

Heliotropum curasavicum. L 

Onosmodíum strígosum. G ,. 

Lithospermum strigoaa. Bieb. .. 
Myosotis grandiflorum. H. B. K. 

Asclepias linaria. Cav 

Asclepias lanuginosa. H. B. K.. 
Asclepias verticillata 

* Asclepias iucarnata. L 

Gonolobus unifloras. H. B. E... 
Sarcosteroma elegaus. D. C 

Capsicnín (varias especies) 

Phy sallis costomatl 

Solauum machranterum. Dun. .. 

Solanmu cornutnm. Lam 

Datura strannnoniuni. L 

Nentoxia fbrmosa. H. B 

* Rouselia junceum 

Budleia americana. L 

Budleia globosa. Lam. 

Luiiinurouxia mnltifida. H. B... 
Liniiiiiiroiuia rliiiiantifoUa.il. B. K 
Castilleja scorzoucTiil'iilia. H. B.. 

Penstemon barbatum. Nut 

Biguonia fraxinea. Dest 

Marthyuia fragans. Lind 

* Aphelaudra aurantiaea 

Salvia patens (var?) Cav 

Salvia polystachya. Ort 

Anagallis arvensis. L 

Sinvphoñca/rpusglaucescens. HB.K 

Spilanthes becabunga. D. C 

Aganipea bellidiflora. Moc 

Gnap'nalium canescens. D. C 

Áster caricifoliivm. H. B. K. 

Ambrosia artemisfefolia. L 

Partheuium histeroporus. L 

Zinnia uniflora. L 

Euphrosyne parthenifolia. D. C. 

Solidago velutina. D. C 

Solidago gonoclada. D. C 

Simsia auriculata. D. C 

Pinaropappus roseus. Lep 

Galisouga parviflora. Cav 

Bidens tetragona. D. C 



Lagos y canales. 

Acequias. 

Terrenos cultivados. 

Todo el Valle. 

Lomas de Santa Pé. 

Campos de 'i'eotihuaean. 

Jardín de San Francisco. 

Todo el Valle. 

Jardin de Sau Francisco. 

Pedregal. 

Jardin de San Francisco. 

Observatorio Central. 

Jardin de San Francisco. 

Todo el Valle. 

Chapultepee. 

Acequias y terrenos húmedos. 

ídem, idem. 

Todo el Valle. 

ídem. idem. 

Jardines. 

San Bartolo. 

Pirámide del Sol (Teotihuac.) 

ídem, idem. 

Todo el Valle. 

Teotihuacan. 

Jardines. 

Cerro de Chapultepee. 

Teotihuacan. 

Todo el Valle. 

Cerro de Ajusco. 

Tlalpam. 

Cerro de Ajusco. 

Todo el Valle. 

ídem, idem. 

Campos de Tacubaya. 

Jardin de Droege. 

Chapultepee. 

San Augel. 

Terrenos cultivados. 

Campos. 

Jardines. 

Todo el Valle. 

ídem, idem. 

Chapultepee. 

Jardines. 

Todo el Valle. 

Teotihuacan. 

Santa Fé. 

Monte Ajusco. 

Todo el Valle. 

Observatorio Central. 

Cerro de Chapultepee. 

Teotihuacan. 

Jardin de San Francisco. 

Jardin de Droege. 

Todo el Valle. 

Campos. 

Monte Ajusco. 

Escuela de Agricultura. 

Lagos v canales. 

Todo el Valle. 

Calzada de la Reforma. 

Todo el Valle. 

ídem, idem. 

ídem, idem. 

Escuela de Agricultura. 

Rio del Consuelo. 

Campos. 

Escuela de Agricultura. 

Campos. 

Todo el Valle. 

ídem, idem. 



LA NATURALEZA 



193 



lamillas 



Synanthereí 



Rubiaceai . 



Philadelphiaces 
MelastomacesE. 



(Euoteracere. 



Lythrariese 

Leguminosese 

CúourbitaceEe 



Loasacepe. 
Resedacea 1 



Papaveráceas . 



Oxalidea-. 



Malvace*. 



Nomlire Fulgor 



Té milpa blanco. 



Pericón 

Ailisillo 

Cetnpoaxochiltl 
Cenicienta 

[ioxnsdá 

Alcanfor 

Pelitre 

Dalia 

Ilusa de S. Juan 



Trompetilla 
ídem 



Verdolaga do agua 

Linda tardo 

ídem 

Viuda 



Atlauohau. 



Tabaoliin amarillo. 

Palo dulce 

Chayotíllo 

Cayote 

Calabaza 

Pegaropa 

Gualda 

Chicalote 

ídem 

Xocoyole 

ídem 

ídem 

ídem 

ídem 

Yerba del negro 
Malva 



Período 
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Nombre clontífleo 



Bidens leueanl ba. Wil I 

Solalginia triloba. Casi 

Polymnia áspera ( rorf). Mari . . 

Cirsum mexicanas. II. C 

Tagetes lucida. Cav 

Tagetes pueilla. ii. B. l< 

Tagetes erecta, Ii 

Benecio oineraroides. II. li. K. .. 

Aplopappns discoideas. D. C 

Aohiftea millefolium. L 

Eiyeeron affine. D. C 

Dahlia Cervantesi. I.og 

Bouvardia longiflora. ii. B. K... 
Bouvardia Barceniana. Schaf... 

Bouvardia Jaquini. B. B. K 

Bouvardia quatrifoliata. I;. C . .. 
Bouvardia triflora. II. B 

* Deutzia creuata. Sieb 

Lasiandra maehrantba 

Jussipea Swartzíana. D. C 

Uínnthera tetraptera. Cav 

GEnotbera Simsiana? Ser 

CEnothera grandiflora Lind 

CEnothera rosea. Ait 

Ganda odorata. Ses 

Cuphea lacoolata. Ait 

* Cuphea coccínea. D. C 

* Poiutiana Gillesi. Hook 

Eysenhardtia amorphoides. H... 
Sycios augulatus. L 

* Seehnn edule. Sw 

* Cucúrbita máxima. Duch 

Mentzelia hispida. Will 

Koseda luteola. D. C 

Argemone mexicana. L 

Argemone grandiflora. Salm 

Oxalis Netzahualcotli (Barcena). 

Oxalis violácea. L 

Oxalis tetraphylla. Cav 

Oxalis verticillata. Moc 

Oxalis decaphy lia 

Malva angustifolia. Cav 

Malva rotundifolic. L 



Lagareí ra que fueron «l<«rrrid»« 



el Valle. 
1 

de Agricnltora-. 
Todo "I Valle, 
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ídem. 

( Ihapultepee. 

Cerros. 

Monte AJUSCO. 
TodO 61 Valle. 

Ídem, idem. 
Jardín de San Fim 

Jardín de Droege. 

Jardín de San Fran 
Lagos y canales. 

Campos. 

ídem. 

Chapnltepec. 

Campos. 

San Juan Teotihuaean. 

Todo el Talle. 

Jardín de Droege. 

Jardín de Palacio. 

Santa Pé. 

Todo el Valle. 

Huertas. 

Campos cultivados. 

Todo el Valle. 

ídem, idem. 

ídem, idem. 

ídem. idem. 

Chapnltepec. 

Todo el Valle. 

ídem, idem. 

ídem, idem. 

ídem, idem. 

ídem, ídem. 

ídem, ídem. 



SETIEMBRE 



Gramínea; 2 

Commelínefe 

Liliácea; < 

Mnsacese..' 

Iridacese 

Orchidacere < 

Polygonaoea).. .. J 

Amarantbacea-... ! 



NygtaginacetE . 



Plumbagíuacefe. 
PolemoniaoesB . . 

BydroleaceEe. .. 



Maíz 

Ginerio 

Yerba del pollo 

Ayatito 

Estll? S. Nícolái 

Pajaro azul 

Ca comité 

Torito 

ChiliiloV.V. '.'.'.'. 

ídem 

Yerba del cáncer 
Cresta de gallo.. 

Maravilla 

ídem 

ídem 

Yerba del golpe 

Yerba alacrán.. 

Espinosilla 

Banderilla 



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* Zea maíz. L 

* Gynerimn argenteura. Nes 

Tradescantia erecta. Jaq 

Kchianda lerníflora. Ort 

Cyclobóthra flava. Lind 

Milla biflora. Cav 

* Strelitzia regina. Ast 

Trigidia Pavoni. Red 

* Stanhópea trigina. Bate 

* Epidendron vitelinum. Lindl. 

* Odontoglosum bulbosum 

Polygonum hidropiper. L 

Polygonum acre. H. B. K 

Gromphrena decumbens. Jae 

* Celosia cristata. L 

Mirabilis dichotoma. L 

Mirabilis Jalapa. L 

Mirabilis longiflora. L 

Allionía incamata. L 

Oxibaphus agregata. Wahl 

Boerhavia discolor. Kunt 

Pisonia birtella. Kunt 

Plumbago scandens 

Lceselia coccíneo. G 

LoBSelia cerúlea G 

Ñama dichotoma 

Ñama undulata 



Terrenos cultivados. 

Jardines. 

Todo el Valle. 

Lugares húmedos. 

Barrientes. 

ídem. 

ídem. 

Malparo. 

Jardín de San Pram 

Observatorio Central. 

ídem. 

Acequias y terrenos húmedos 

ídem. 

Todo el Valle. 

Escuela Preparatoria. 

Todo el Valle. 

Jardines. 

San Bartolo. 

Pirámide del Sol (TeotihuaO.) 

San Ángel. 

Pedregal. 

Chapnltepec. 

Pedregal. 

Todo el Valle. 

Teotihuaean. 

Chapnltepec. 

Teotihuaean. 



194 



LA NATUHALKZA 



Familias 



Borraginacese. 
Solanacese — 



Scrophulariacees - 



Bignoníacere. 

Sesamese 

Acautacea? . . 



Labiatea 

Valeríanaeea; . 



Svnauthereíe . . 



Lobeliacese. 



Rubiacese. ... 
Saxifragacese . 



(Enoteracese. 



Cucurbitáceas. 



Papayaceas . . . 

Loasaceae 

Portulacaleee . 
Nympheacese . 
Oxalidees 



Lythrarieíe 

Crassulace» < 

Legumiñoseae 



Nombre vulgar 



Torito 

Toloaehe 

Vola escamada. 

Tepozan 

Salvia real 



Azafraneillo. .. . 
BorlaS. Pedro.. 
Cabeza de vaca. 
Ojo de Venus. .. 

Obia 

ídem 

Ocuares 

Girasol 

ídem morado... 
ídem pequeño. . 
ídem acuático.. 
Té milpa amarl? 
ídem blanco — 
Cempoalxiiehitl. 
ídem pequeño.. 



Anisillo 

Pericón 

Rosilla 

Plumajillo 

Limpiatunas - . . 

Mota morada. . 
Ojo de gallo 



Dalia 

ídem 

Botou de agua.. 
Estrll? del agua. 
Gordolobo 



Yerba amarga . 

ídem 

Mal de ojo. ... 
Perú cimarrón. 



Estrellita. 



Cenicienta. 
Boxosdá . . 
Pelitre... . 
Zoapatle . . 
Cárdena) . . 



Jarritos. 



Trompetilla 



Escalonia . 



Perlilla ó zancd 
Atlauchan 



Tebachinamarll. 

Calabaza 

Cbayote 

Chayotillo 

Papaya 

Pegaropa 

Verdolaga 

Cabeza de negro 
Xocoyole 



Periodo 
floral 



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Nombre rieiitlfli'O 



Onosmodium strigoRum. G 

LithoRpennum strigosa. 1-iieb 

M/yosotis grandiflorum. 11. B. K.. 

Solannm comutntn. Lam 

Datura stramonium. L 

* Verbascuiu lapsus. Ij 

Budleia americana. L 

Budleia globosa. Lam 

Lamourouxia multiñda. H. B. K.. 
LamouiMuxia rhinantilolia. 11. i!.. 

Esoobedia linearás. D. C... 

Bignonia fraxinea. Desf 

Martbyiiia l'ragans. Lindl 

* Thumbergia alata. Hook 

Salvia polistaehya. Ort 

Salvia patena, (varí) Cav 

Valeriana toluoana 

Helianthus annns. L 

Cosan is bepinatus. Cav 

Cosmos paivillorns. H B 

Bidens beliantoides. H. B, E 

Bidens tetragona. D. C 

Bidens leucantha. WilUl 

Tagetes erecta. L 

Tagetes peduncularis. Lag 

Tagetes líatela. L ' 

Tagetes pusilla. II. B. K 

Tagetes lucida. Cav 

Helenium antonmale. L 

Acbillea niülefolium. L 

Ferdinaiula augusta. Lag 

Celestina ageratoides. B. B. K 

Sauvitaha proeumbens. Lam 

Melampodium perfbliatum. H. B-. 

Dablia variabilis. Desf 

Dablia Cervantesi. Lag 

Spiianthes becabunga. D. C 

Agauipea bellidiflora. Moc 

Gnapbaliuin cauesceus. D. C 

Áster carioifolium. H. B. E 

Ambrosia avtemissefolia. L 

Parthenium histerophorus. L 

Zinnia uniflora. L 

Solidago velutina. D. C 

Solidago gonaclada. D. C 

Galisi mga parviflora. Cav 

Pulvmnia áspera ivar?) Mart 

Cirsum mexicanus. D. C 

Senecio eineraroides. n. B. E 

Aplopappus discoideos. D. C 

Erygeron alune. D. C 

Montagnea tomentosa. Lall 

Lobelia fulgens? 

Lobelia Alzatei (Barcena) 

Lobelia laxiílora 

Lobelia paueiflora. H 

Lobelia fenestralis. Cav 

Bouvardia Jaquini. H. B. E 

Bouvardia quati'ifoliata. D. C 

Bouvardia Barceniana. Schaf 

* Escalonia floribunda. H. B. E. .. 

CEnothera rosea Ait 

Gaura odorata. Ses 

Lopezia racemosa. Cav 

Cuphea lauceolata. Ait 

* Cuphea strigulosa. H. B. E 

Umbilicus sedoifles. I). C 

Echeverría pulverulenta 

* Poineinna Gmllesi. Hook 

* Cucúrbita máxima. Duch 

* Sechium edule. Sw 

Sycios angulatus. L 

* Carica papaya. L 

Mentzelia hispida. Vfill 

Portulaca olerácea. L 

Nymphpea alba? 

Oxalis Netzabualeotli (Barcena). .. 



Logares en o,ue fueron observadas 



Monte Ajusco 

ídem. 

ídem. 

Todo el Valle. 

I iliiii. 

Escuela Preparatoria. 

Diversos lugares. 

Camilos de Teotihnacan. 

Santa Fé. 

Monte Ajusco 

Tlahuac. 

Chapul tepee. 

Teotihuacan. 

Escuela Preparatoria. 

Todo el Valle. 

Varios lugares. 

lili-in. 

Todo el Valle. 

Barrientes. 

Pedregal. 

Lago de Xochimilco. 

Todo el Valle. 

ídem. 

Jardines. 

Todo el Valle. 

Jardines. 

Todo el Valle. 

ídem. 

Campos de Cnautitlan. 

Varios lugares. 

Todo el Valle. 

Cuautitlan. 

Todo el Valle. 

ídem. 

Jardines. 

Cañada de San Lorenzo. 

Terrenos húmedos. 

Lagos v canales. 

Todo el Valle. 

Hacienda de la Teja. 

Todo el Valle. 

ídem. 

ídem. 

Rio del Consulado. 

Varios lugares. 

Todo el Valle. 

ídem. 

ídem. 

Pedregal. 

Campos. 

ídem. 

Ayotzingo. 

Lago de Xochimilco. 

Jardín de Droege. 

Mixcoac. 

La Lechería. 

ídem. 

Todo el Valle. 

ídem. 

Monte Ajusco. 

Jardín de San Francisco. 

Todo el Valle. 

ídem. 

ídem. 

ídem. 

Escuela Preparatoria. 

Observatorio Central. 

Escuela Preparatoria. 

Jardín de Palacio. 

Campos cultivados. 

Huertas. 

Campos. 

Escuela Preparatoria. 

Todo el Valle. 

ídem. 

Lago de Xochimilco. 

Campos. 



LA NATüKALi:Z\ 



I9B 



Famillu» 



Naniliro ralglK 



Tcriodo 

floral 



Xomlirii científico 



l.ijLMri-i en 'jiií- fueron obterudM 



Oxalidere. 



Malvacere. 



Xocoyolo 

Ídem 

ídom 

ídem 

Malva 

ídem 

Violeta campo 



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Oxalis violácea 

Oxalis tetraphylla. Cay. . 
Oxalis rertioillata, Moc. 

Oxalis decaphylla 

Malva rotundíiolia. \j... 

Malva láctea. Ait 

Amida triangularía. D. C 



1 pos. 
[dem. 

ídem, 
ídem. 
ídem. 
Ohapnltepec. 

Todo el Valle. 



OCTUBRE 



Alismacefo 

Aracero 

Kestiacero 

Gramineíe 

Commeliuete. .. 
Tillandsiacere.. 

Lemnaceai 

Orchidacece 

Euphorbiacea). 
LauraceíB 



Polygonaceai , 



Amarautacere . 



NyjitagiiieíR . 



Polemoniaceaí . 
Solauacere 



Scrophulariaeere . 



Bignoniacere 

Lentibulari acere . 
Labiateee 



Synantheroffi 



... 



Sagitaria. 
Colecita.. 



Maíz 

Yerba del pollo, 
lleno pequeño.. 

Lentejilla 

Torito 

Flor Nocb. buen 

Aguacate 

Cbilillo 

ídem 

Yerba cáncer.. 
Quelite común. 

Maravilla 

Yerba del golpe. 



Flor do campan? 

Espinosilla 

Banderilla 

Toloacbe 

Perrito silvestre. 

Tepozan 

Salvia real. .. 



Azanfrancillo. .. 
BorlaS. Pedro.. 



Chia 

Ahuehuexotl. .. 

Girasol rojo 

ídem acuático.. 
Té milpa amarill 

ídem blanco 

Girasol amarill? 

Oco tillo 

Girasol morado . 
ídem pequeño.. 
Cempoalxochitl . 
ídem pequeño.. 

Pastora 

Auisillo 

Pericón 

Kosilla 

Plumajillo 

Limpiatuuas 

Mota morada . . . 
Ojo do gallo 



Dalia 

[dem 

Botón do oro... 
EBtrel? del agua. 

Gordolobo 

Verba amarga. . 

ídem 

Mal do ojo 

Peni cimarrón.. 



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Sagitaria sagitsefolia. L 

Pistia stratoides 

['Iriocaulnn Boutbami 

* Zea maiz. L 

Tradescantia erecta. Jaq 

Tillandsia rocurbata. H. B 

Lemna trisulca. L 

* Stanhopea tigrina. Bate 

* Enphorbia heterophilla. L 

* Persea gratissima. Gart 

Polygonum hydropiper. L 

Polygonum acre. II. B 

Gomphrena decumbens. Jaq 

Amaranthus hypochondriacus. Z. . 

Mirabilis dichotoma. L 

Alliona incarnata. L 

Oxibapbus agregatus. "Waht 

Boerhavia discolor. Kunt 

Pisonia hirtella. Kunt 

* Cobcea scaudens. Cav 

Lcoselía coecinea. G 

Loeselia cerúlea. G 

Datura strammonium. L 

Penstemon campanulatus. "W. M. 

Budleia americana. L 

Budleia globosa. Lam 

Lamourouxia multifida. H. B. K. 
Larnonronxia rhinantifolia. H. B. 

Lamouroxia linearis. D. C 

Escobedia linearis. Sebe 

Bignonia fraxinea. Desf 

Utricularia ceruus 

Utricularia mexic? (Scbaffner)... 

Salvia polystacbya. Ort 

Bidens cernua. TV. M 

Bidens purpurea. D. C 

Bidens beliantoides. H. B. E 

Bidens tetragona. D. C 

Bidens leueantba. VVül 

Heliantbus aunus. L 

Verbesine virgata. Cav 

Cosmos bipinatus. Cav 

Cosmos parviflorus 

Tagetes erecta. L 

Tagetes pednncularis. Lag 

Tagetes patilla. L 

Tagetes pusilla. H. B 

Tagetes lucida. Cav 

llelenium automnale. L 

Acbillea millefolium. L 

Perdinanda augusta. Lag 

Celestina agoratoides. H. B 

Sanvitalia procumbens. Lam 

Melainpodiuin perfoliatuin. H. B. 

Dablia variabilis. Best' 

Dahlia Cervantosi. Lag 

Spilautbos becabnuga. D. C 

Aganipea bellidillora. líos 

Gnapbaliuiu oanesoens. D. C 

Ambrosia artemissefolia. L 

l'artbeiiium bisteropborus. L 

Zinnia uniflora. L 

Solidago velutina. D. C 



Lago do Xocbimilco. 

ídem. 

ídem. 

Terrenos cultivado?. 

Todo el Valle. 

Cbapultepec. 

Lagos y canales. 

Jardín de San Francisco. 

Escuela Preparatoria. 

Jardiu de Droege. 

Acequias y terrenos húmedos. 

ídem. 

Todo el Valle. 

ídem. 

ídem. 

ídem. 

ídem. 

Pedregal. 

Cbapultepec. 

Jardiu del Mineo. 

Todo el Talle. 

Teotihuacau. 

Campos. 

Monte Ajusco. 

Todo el Valle. 

Teotihuacau. 

Santa Fé. 

Monte Ajnsco. 

Lomas de Tacubaya. 

Lagos de Chalco y Sochimilc 

Varios lugares. 

Lagos de Chalco y Sochimilc 

ídem. 

Tlalnepantla. 

Lago de Xochimilco. 

Monte Ajusco. 

Lagos. 

Todo el Valle. 

ídem. 

ídem. 

Cerro de Tlapacoya. 

Barrientes. 

Pedregal. 

Jardines. 

Todo el Valle. 

Jardines. 

Santa Fé. 

ídem. 

Cuautitlan. 

Varios locares. 

Todo el Valle. 

Cnautitlan. 

Todo el Valle. 

Varios lugares. 

Jardines. 

Vanos lugares. 

s,m Jacinto. 

Lagos y canales. 

Todo el Valle. 

ídem. 

Ídem. 

Varios lugares. 

Rio del Consulado. 



La Naturaleza.— Tomo V.— 26. 



1 01 i 



LA NATURALEZA 



ramilias 



Nombre vulgar 



Synautherea> . . 



Lobeliaceíe. 



Rubiáceas 

I 

Umbelliferere 

Saxifragacea; 

MyrtaoesE } 

(Euotheracea;. ... < 



Lythrarica: 

Crassulaceae. .. 

Cucurbitace < 

( 

Papayaceas 

Loasacea; 

Portulacaceas 

CaryophylleEe 

KTympheaoeaB 

Malvacea" { 

{ 



Estrellita 

Cenicienta 

Boxosdá 

Zoapatle 

Cardenal 

Trompetilla 

ídem 

Sombrerit. agua 

Escalonia 

Mirto 

Gigante 

Perlilla ó zancd . 

Atlauchau 

Siempreviva 

Calabaza 

Chayotillo 

Cbayote 

Papaya 

Pegaropa 

Terdolaga 

Pipiloixochil 

Cabeza de negro. 

Malva 

ídem 

Violeta campo.. 
Iluinari 



Psríeio 
floral 



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Nombro científico 



Solidago gonoclada. T). C 

Galísonga parviflora. Cav 

I'olymnia áspera (var?) Mart.. 

Senecio cineraroides. H. 1! 

Aplopappus discoideos. U. C... 

Montaguea tomentosa. Lall 

Stevia microcepbala. D. C 

Stevia tomentosa. H. B. K 

Lobelia ñilgens? 

Lobelia Alzatei (Barcena')-- - 

Lobelia pauciílora. H 

Lobelia i'enestralis. Cav 

Borreria tampicana. D. C 

Borreria psylloides. H. B. K. . - 

Gallium aparine. L 

Bouvardia Jaquini. H. B. K... 
Bouvardia quaternifolia. D. C. . 
Bydrocotitle fluitants. D. C 

* Escalonia floribunda. U. B. K 

* Myrtns commuuis. L 

* Euealyptus globulus. Lab 

Lopezia racemosa. Cav 

CEuothera rosea. Ait 

Cuphea lanceolata. Ait 

* Cupbea strigulosa. H. B. K.. 

Lytrbum álbum. B. B. K 

Ecbeverria coeeinea. D. C 

* Cucúrbita máxima. Ducb 

Sycios angulatus. L 

* Sechium edule. Sir 

* Carica papaya. L 

Mentzelia hispida. "Will 

Portulaca oleracEea. L 

Sileue eatesbau. Walt 

Nymphaea alba? 

Malva rotundifolia. L 

Malva láctea. Ait 

Anoda triangularis. D. C 

Sida rombifolia. L 



Lagares en que fueron observadas 



Varios lugares. 

ídem. 

Todo el Valle. 

Lomas de Tacubaya. 

Campos. 

Taños lugares. 

La Lacharía. 

ídem. 

Lago do Chaleo. 

Jardín do Droege. 

Monte Ajusco 

La Lechería. 

Cbapultepec. 

ídem. 

Campos. 

Todo el Valle. 

ídem. 

Lago de Cbalco. 

Escuela Preparatoria. 

Jardin de San Francisco. 

ídem del Zócalo. 

Campos. 

ídem. 

Todo el Valle. 

Jardines. 

La Lecbería. 

Jardines. 

Campos cultivados. 

Todo el Valle. 

Huertas. 

Escuela Preparatoria. 

Varios lugares. 

ídem. 

Cerros do Guadalupe. 

Lagos. 

Varios lugares. 

ídem. 

Todo el Valle. 

ídem. 



NOVIEMBRE 



Araceaí . 



Restiaeere . . 
Lemnacete. 



OrehidaceíP. 



Coniferese 

Euphorbiacea' . 
Laurácea; 

Poligonáceas. 

Amarantbacea? . 
Nygtaginaceaí . 



-! 



Polemoniaceee.. . 



Scropbulariaceaj . <{ 



Leutibulariacea?. 



Anturio 

Pina anona. 
Coleeita 



Lentejilla 

Lirio del monte. 
ElorS.Prancisc? 



Abuebete . 
FlorNoch. 
Aguacate.. 
OhiUUo ... 
ídem 



Buen 



Yerba del golpe. 

Espinosilla 

Banderilla 

Flor de campan? 
Perrito silvestre. 

Tepozan 

Salvia real 



Azafrancillo 



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* Anthurium magnifieum 

* Tornelia fragaus 

Pistia stratoides 

Erioeaulon Bentbami- 

Lemna trisulca. L..-.. 

* Loelia anceps. Lind 

* Lcelia albida. Lind 

* Loaba automale. Lind 

* Loelia acumiuata. Lind 

* Oncidium ornytboryncbum .. . 

* Oncidium splendidum. Reicb. 

* Oncidium straminium 

* Oncidium rosei" 

* Odontboglosum Rosi. Lind... 
Taxodium disticha. Ricb 

* Euphorbia heterophilla. L 

* Persea gratissima. Gart 

Polygonum bydropiper. L 

Polygonum acre. H. B. K 

Alternantbera latifolia? D. C... 

Allionia incarnata. L 

Lrcselia coeeinea. G 

Loeselia cerúlea. G 

* Cobcea scandens. Cav 

Penstemon campanulatus. Will 

Budleia americana. L 

Budleia globosa. Lam 

Lamourouxia liuearis. D. C 

Escobedia liuearis. Scbl 

TTtricularia cernus 



Jardín de San Francisco. 

Jardines. 

Lagos. 

ídem. 

ídem. 

Jardín de San Francisco. 

ídem, idem. 

Jardin del Museo. 

Casa del Sr. F. Manrique. 

ídem, idem. 

ídem, idem. 

ídem, idem. 

ídem, idem. 

ídem, idem. 

Bosque de Cbapultepec. 

Jardines. 

Jardin de Droege. 

Acequias y terrenos húmedos 

ídem, idem. 

Cerro de Chapultepec. 

Varios lugares. 

Todo el Valle. 

Varios lugares. 

Jardin del Museo. 

Monte Ajusco. 

Varios lugares. 

Regiones N". E. 

Lomas de Tacubaya. 

Lago de Chaleo. 

ídem, idem. 



LA NATURALEZA 



\'.h 



FuniilliiH 



Lentibulari 
Labiatece. . 



Convolvuláceas .. 
GentianaceeB 



Nombre migar 



Poríodo 

floral 



Casahuato. ... 
ii iedra roja. -- 
Flor do hielo. 



Synanthereaa 



Lobeliaceas. 

Rubiáceas . . 



Umbelliferea; 

Saxiíracaeeffl- .. . < 



Myrtacca; . 



CEuotheracece. . . 

Crassulacea; 

Loasacea? 

Caryophylleaj . . 
Nyiuphaeea; 



Malvaceaa . 



Aliuohllczoll. . . 

Girasol rojo 

Idom acuático. 
Té milpa amar? 

Ídem blanco 

Ocotillo 



Girasol morado. 
Pastura 

Cempoalxochilt. 
ídem pequeño. . 

Rosilla 

bimpiatunas 

Mota morada... 
Ojo do gallo 

Estrella del agua 



Boxosdá 

Zoapatle 

Yerba del iíngol. 



Cardenal. 



Trompetilla .. 

Ídem 

Sombrt? de agua 

Escalonia 

Hortensia 

Gigante 

Mirto' 

Perlilla ó zanedo 



Siemprv? amar? 
Siemprev? roja.. 

Pegaropa 

Pipilolxochil 

Cabeza de negro 

Malva 

ídem 

ídem 

lluinari 



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Nombre rli-ntlflro 



i brioalaría mexic? (Schaffner) 

Salvia 8a isei. Benl 

[pomea mnroonide i. Roem 

" Quamoclít coccínea, Ucon 

G i-ii liana calcúlala. Llav 

Helianthus buléis fbnnis 

Bidens carnua. \\ r il I 

Bidens purpurea. I). 

neliantnoides. II. B. K 

Bidens tetragona. D. C 

Bidens lcucantba. WiU 

\ erbesine virgula. Cav 

\ erhesine hehanthoides. 11. B. K.. 

Cosmos bipinatus. Cav 

Tagetes patnla. L 

Tagetes erecta. L 

Tagetes pedunoulads. Lag 

llelenium automale. L 

Ferdinauda augusta. Lag 

Celestina ageratoides. it. B. K 

Sanvitalia proeumbeus Lam 

Aganipea bellidillora. Moc 

Soíidago gouoclada. I). C 

Aplopappus discoideus. D. C 

Montaguea tomentosa. Lall 

Eupatorium sauctum 

Enpatorium Bustamantoe. D. C 

Eupatorium deltoidem. Jaq 

Lobelia fulgens? 

Lobelia pauciflora. n 

Gallium aparóle. L 

Bouvardia Jaquini. H. B. K 

Bouvardia quaterm'folia. D. C 

Hydrocotilo lluitans. B. C 

* Escalonia floribunda. H. B. K... 

* Hydrangea arborescens. L 

* Eucalyptus globulus. Lab 

* Myrtus communis. L 

Lopezia raeemosa. Cav 

* Syphocampilus graudidentata.'. .. 

Sedum dendroideum 

Echeverría coccínea. D. C 

Meutzelia hispida. TVill 

Suene catesba;i. Walt 

Nympbaja alba? 

Malva rotundilblia. L 

Malva sp 

Malva láctea. Ait 

Sida rhombifblia. L 

Hibiscus tubiflorus. Moc 



I.ugtrm ra (U fueron obotrrulu 



■ aleo. 

Jardín de Droege. 

1 la'lulnpe. 

Jardín 

1 

¡ .lian. 

I 

Monto Ajo 

í 

Bosque di: Chapultepec. 

ídem. 

Campos. 

ídem. 

Jardines. 

ídem. 

ídem. 

Bosque do Chapultepcc. 

La Lechería. 

Cerros do Barrientes. 

( 'ampos. 

Todo el Valle. 

Lagos y can 

Cuautitlan. 

Cerros. 

Chapnltcpec. 

Varios lugar 

ídem, idem. 

Cbapnltepee. 

Lagos de Xochimileo. 

Monto Ajuseo. 

Varios lagares. 

ídem, ídem. 

ídem, idem. 

Lago de Xochimileo. 

Jardin do Sau Francisco. 

ídem, idem. 

Jardines. 

Jardin de San Francisco. 

Varios lugares. 

Jardin de San Francisco. 

Cerro do Chapultepec. 

Jardines. 

Cañadas. 

ídem. 

Lagos. 

Varios lugares. 

Chapultepec. 

Varios lugares. 

Chapultepec. 

ídem. 



DICIEMBRE 



Hydroeharidaeere . 
Aracea: ■ 



Lemnaeere .. 
Amoniacea» . 



Orchidacee. 



Coniferese 

Euphorbiaceo' . . 

Laurácea 1 

Proteacese 

Amarantha. •■ 
Polemoniacea> .. 



Pina anona .. 

Alcatraz 

Colecita 

Lentejilla 

Platanillo p 

Lirio del monte, m 
Flor San Frauc? «f 
ídem »¡ 



m 
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Ahuehueto c 

Flor Xoeh. buen n, 

Aguaeatei d 

Grevilea e 

Cresta do gallo . n, 

Espinosilla d 



Hydrocharis morsns-rana'? 

* Tornelia fragaus 

* Calla etiópica. L 

Pistia stratoides 

Lemua trisulca. L 

'* Canna indica. L 

* Lce.lia auceps. Liud 

* Lo.lia albida. Liud 

* Loalia automualis. Lind 

* Onoidium ornythorynchum. II... 

* Onoidium splendidnm. Keích 

* Onoidium Straminium 

* Onoidium rosei 

* Odonthoglosum Rosi. Lind 

Taxodinni disticha. Reioh 

* Euphorbia heterophilla. L. 

* Persea gratissima. Grat 

Grevíllea robusta. Cun 

1 Celosía cristata. L 

Livselia coccínea, ti 



Lago de Xochimileo. 

Jardines. 

Escuela Preparatoria. 

Lagos. 

ídem. 

Escuela Preparatoria. 

Jardin do Sau Francisco. 

ídem. 

Casa del Sr. F. Manrique. 

ídem, idem. 

idem. 

idem. 

ídem. 

idem. 

Bosque de Chapultepec. 
Jardines. 

Jardin de Droege. 
Jardín de San FraJ) 
i Preparatoria. 

Chapultepec. 



ídem 
ídem 

ídem 
ídem 



198 



LA NATURALEZA 



Familias 



Nombre vulgar 



Periodo 
¿oral 



VhiiI.iv científico 



Lagares en qur fueron observadas 



Polemoniacese 

Convolvulaceae... ) 

Borraginacece 

Geuti añacea; 

Labiatea; 

Acantáceas 

Bignoniaceai 

Solanáceas 



Scrophulariacea; . 



Flor de campan? 

Palo bobo 

Hiedra roja 

Heliotropo 

Flor de Hielo... 

Globitos 

Libonia 

Borla San Pedro 

Gloria 

Verónica 

Tepozan 

ídem 



Verbenáceas . 
Ericáceas 

Oleácea 



Synautherese.-- 



Matizadilla 

Azalea 

Olivo 

Fresno 

Pastora 

Cempoalxocbitl. 

Limpiatunas 

Mota morada... 

Ojo de gallo 

Yerba del ángel. 



Mercadela. 



Kubiaceee. ... 

Lobeliacese.- . 
Umbellifereffi. 

Saxifragacea; . 



Trompetilla . 
ídem 



"i 



Myrtaceffi. 



CEuotheraceie. 



Hinojo 

Hortensia . . 

ídem „. 

Escalonia .. 

Gigante 

Metrocidro . 

Fuschia 

Aretillo 

ídem 

ídem 



Crassulacese . . 

Kosacete 

Leguiniuosefe. 

Cactácea) 

Papayaceas. . 

Violáceas 



Sieniprví'amarl? 
Siempreví roja, 
Rosa blanca... 



Papaya 

Violeta 

Pensamiento . 



Crucifereee 

Nymphacea; 

Ternstrceraiacea)- .. 
Polygalaceas 



Malvacea;. 



Cabeza de negro 

Camelia 

Polígala 

Malva 

ídem 

Obelisco rojo 



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* Cobcea scandens. Cav 

Ipomea murocoides, lloem 

* Quamoclit coccínea. Moen 

* Heliotropnm peruvianum 

Gentiana calyculata. Llav 

* Salvia Sesseí 

* Libonia floribunda 

Bignonia fraxinea. Desf. 

* Solanum dulcamara. L 

* Verónica speciosa. Cun 

Budleia americana. L 

Budleia sesiflora. H. B. K 

Lamourouxia linearis. D. C 

Lantana Cámara. L 

* Azalea indica. TV 

* Olea Europcoa. L 

* Fraxiuus juglandífolia. TV" 

Tagetes patula. L 

Tagetes erecta. L 

Ferdlnanda augusta. Lag 

Celestina ageratoides. H. B. K.. 

Sanvitalia procumbens. Lam 

Eupatorium sanetum 

Enpatorium Bustamanta:. D. C. 
Eupatorium deltoideum. Jaq 

* Caléndula oíficinalis. L 

* Matricaria cinarocefala 

Bouvardia Jaquiui. H. B 

Bouvardia quaternífolia. D. C... 
Lobelia pauciflora. H 

* Fceniculum vulgaris. Gart 

* Hydrangea hortensia. I). C 

* Hydrangea arborescens. L 

* Escalonia floribunda. H. B. K. 

* Eucalyptus globiüus. Lab 

* Metrosideros billosis 

* Fuchsia fulgens. D. C 

* Fuchsia serratifolia. Euíz 

* Fuchsia arbórea 

Fuchsia microphilla. Hort 

* Syphocampilus grandidentata?. 

Sedum dendroideum 

Echeverría coccinea. D. C 

* Posa alba. L 

* Swainsonía alba 

* Echinocactus cornigerus. 2. C, 

* Carica papaya. L 

* Viola adorata. L 

* Viola tricolor. L 

* Alyssum maritünum. Lam 

Nymphfea alba? 

* Camelia Japónica. L 

* Polygala vulgaris. L 

Malva rotundifolia. L 

Malva láctea. Ait 

* Hibiscus rosa-sinensis. L 

Hibiscus turbiflorus. Moc 



Jardín del Museo. 

Cerro de Chapultepec. 

Jardines. 

ídem. 

Cerros. 

Jardín de Droege. 

Jardines. 

Escuela Preparatoria. 

ídem. 

ídem. 

Varios lugares. 

Bosque de Chapultepec. 

Lomas de Tacubaya. 

Jardines. 

ídem. 

Huertos. 

Varios lugares. 

Jardines. 

ídem. 

Cerros de Barrientes. 

Cañadas. 

ídem. 

Varios lugares. 

ídem. 

Chapultepec. 

Escuela Preparatoria. 

ídem. 

Varios lugares. 

ídem. 

Cañadas. 

Escuela Preparatoria. 

ídem. 

Jardín de San Francisco. 

ídem. 

Jardines. 

ídem. 

Escuela Preparatoria. 

ídem. 

ídem. 

Monte Ajusco. 

Jardin do San Francisco. 

CeiTo de Chapultepec. 

Jardines. 

Escuela Preparatoria. 

Jardines. 

Escuela Preparatoria. 

ídem. 

Jardines. 

ídem. 

Escuela Preparatoria. 

Lagos. 

Jardines. 

Escuela Preparatoria. 

Varios lugares. 

ídem. 

Jardines. 

Bosque de Chapultepec. 



Notas. — Las plantas marcadas con * son cultivadas; las otras creceu silvestres en el Valle. Las iniciales que 
se refieren al período floral, indican: c comienza, m máximum, p persiste y d decrece. 



M~ariano Tiárcena. 



ENUMERACH >N 



/ 



ESPECIES DE MAMÍFEROS, AVES, REPTILES Y BATRACIOS 

OBSERVADOS EN LA PARTE CENTRAL V MERIDIONAL 
DE LA REPÚBLICA MEXICANA, 

POR F. SUMICHRAST. 



El objeto del presente trabajo que el que suscribe tiene la honra de ofrecer á 
la Sociedad Mexicana de Historia Natural es de dar á conocer, como su título lo 
indica, las especies animales pertenecientes á las cuatro primeras clases de los 
Vertebrados que han sido observadas y colectadas por él en las partes de la Re- 
pública Mexicana que ha visitado desde el año de 1855 á esta fecha, añadiéndose á 
la enumeración de las especies las observaciones críticas que le han sugerido sus 
propios estudios y otras referentes á sus hábitos y distribución geográfica. Muy 
incompleto por cierto hubiera sido este bosquejo de la vida animal en México, si 
su autor no hubiese podido aprovechar las luces de varios eminentes naturalistas 
interesados en sus trabajos: bástele citar entre ellos los Síes. Baird, Lawrencey 
Cope, de los Estados Unidos; los Sres. Hilne-Edwards y Bocourt de París y el 
Sr. Enrique de Saussure, de Ginebra, en cuya compañía hizo sus primeras, explo- 
raciones zoológicas en México. A los auxilios de toda clase que le han prestado 
dichos sabios y á las obras referentes á la materia que han estado á su alcance, 
ha debido el que firma este incompleto ensayo la posibilidad de emprenderlo, ani- 
mado por el único deseo de que, á pesar de sus defectos, sirva á añadir algo alo 
que se conoce ya de la Fauna de nuestra hermosa patria. 
Tonalá. Mayo de 1881. — F. S. 



I.-MAMIFEROS. 

ORDEN PRIMERO.— PRIMATES. 

1. Mycetes vülostiS. Gray. Catalogue of Monkeys. etc., p. 41. Alston. Biología Centrali 
americana, p. 5. 

La existencia de un mono perteneciente al género Mycetes en la República 
Mexicana parece haber quedado enteramente ignorada hasta hoy dia de los na- 
turalistas extranjeros; pero no abrigo la menor duda de que una especie del re- 
ferido género se encuentre en los departamentos meridionales del país, siendo el 
rio Goazacoalcos el límite más setentrional de su extensión geográfica; en las 
orillas de dicho rio y de su afluente el Uspanapa. existe en efecto, además del 

La Naturaleza.— Tomo V.«-26.-2? 



200 LA NATURALEZA 

Áteles vellerosus, una especie de mono conocida en el país bajo el nombre de 
mono zambo, y, á no dudarlo, es la misma que el Sr. Alston refiere (loe. cit.) 
al Mycetes villosus Gray.* Aunque no me ha sido posible colectar ejemplares 
del mono zambo en las orillas del Goazacoalcos, he tenido varias ocasiones de oir 
la voz de este animal, y lo' que me han contado de sus costumbres varios habitan- 
tes de la comarca, no puede referirse sino á un Mycetes. Al despuntar el dia y 
cuando el sol desaparece en el horizonte, la voz de los zambos se deja oir en las 
inmediaciones del rio, dominando todos los ruidos indescribibles y á veces terrí- 
ficos que turban en estas horas el solemne silencio de la naturaleza; ningún via- 
jero, oyéndola por primera vez, dejará de sentirse conmovido por esos extraños 
aullidos que repercuten las misteriosas profundidades de los bosques primitivos. 

2. Aleles vellerosus. Gray. Cat. ofMoukeys^p. 44. Alston. Biol. Centrali-americaua, p. 10. 

Aunque muy abundante en la parte meridional de la República, esta especie 
de mono (conocida bajo los nombres de mono, mico y machín) ha quedado has- 
ta estos últimos tiempos imperfectamente conocida de los naturalistas: según los 
Sres. Sclater y Alston es idéntica á la que el Dr. Gray llamó Aleles vellerosus, 
y según toda probabilidad esta denominación es la que debe conservar el Áteles 
mexicano. El carácter de este mono en cautividad es muy dócil en los individuos 
jóvenes, pero al avanzar éstos en edad, llegan á ser muy caprichosos y á veces 
intratables. En el estado silvestre viven en bandadas, compuestos de diez á vein- 
te ó más individuos, cuyas peregrinaciones parecen ser generalmente dirigidas 
por los viejos y de conformidad sin duda con la época de madurez de ciertos fru- 
tos de que con preferencia se alimentan. En los alrededores de la hacienda de 
Santa Efigenia, á dos leguas del pueblo de Tápana (Oaxaca), abundan los monos, 
y antes que el cultivo del añil hubiese despoblado de sus hermosos bosques las in- 
mediaciones de la finca, llegaban aquellos animales hasta las casas de habitación: 
allí es en donde me ha sido fácil observar diariamente sus costumbres. ¿Cuán- 
tas veces, durante mis cacerías en las solitarias cañadas del cerro del Coscomate, 
me han divertido con sus juegos esos hijos de las selvas? 

Exasperados á veces por los ladridos de mis perros bajaban los monos de las 
frondosas copas de los árboles en que hacian su siesta en las calurosas horas 
del dia y hacian cara de querer llegar hasta el suelo; pero detenidos bien pronto 
por la determinada postura y blancos colmillos de mis fieles compañeros, volvían 
á subir á gran prisa, contentándose con enseñar los dientes y sacudir frenéti- 
camente las ramas acompañando esta gimnasia de mil gestos grotescos y quebran- 
do pedazos de ramas secas que dejaban caer á modo de proyectiles. Tienen estos 
pobres animales la vida muy dura, y es á todas veras un espectáculo que con- 

* El Mycetes villosus ha sido observado por los Sres. Salvin y Godman en la Baja Verapaz y en las inmediacio- 
nes del lago Peten: interesantes pormenores sobre su modo de vivir y una excelente figura del animal se encuentran 
en la grande obra de estos naturalistas, sobre la Fauna Centro-Americana. 



LA NATURALEZA 20! 

movería al más acerado Nemrod cuando, heridos de muerte, e lea ve detener con 
una mano sus entrañas sangrientas, sostener con la otra, su cabeza semí-humana 
y dirigir á su asesino una mirada melancólica y casi compasiva: debo coi.! 
en despecho de la sonrisa burlona que alguno de mis hermanos naturalistas no 
podrá quizás reprimir, he lamentado aveces amargamente el tiro pueril dirigi 
á un inofensivo machín; debo confesar igualmente que, por una de estas contra- 
dicciones tan frecuentes en nosotros, reyes lámanos de la creación, he tornado, 
en más de una ocasión, la libertad de poner á la broche uno de mis cuadruma- 
nos subditos y que, lejos de horrorizarse mi estómago de esta fiesta caníbal, se 
ha sentido agradablemente conmovido por el delicioso fumet de la carne del Áte- 
les vellerosus. 



ORDEN SEGUNDO.— QUIRÓPTEROS. (CHIROPTERA.) 

3. Vesperugo Serótinas. Screber. Alston. Biología Centrali-Americana, p. 20. Scotophilus 
fuscus. Alien (ex Beauvois). Monograph of Norlli-American Bats., p. 31. 

Según Mr. Dubson, autor del Catálogo de los Quirópteros del Museo Británi- 
co, el Vespertilio fuscus, de Beauvois y Alien, considerado hasta ahora como 
una especie propia á la América Setentrional, no es distinto del Vesp. scrotinus 
cuya extensión geográfica comprende la mayor parte del Antiguo Mundo.. Sea lo 
que fuere, el murciélago americano á que generalmente se ha dado el nombre de 
Vespertilio (Scotophilus) fuscus, es uno de los quirópteros más comunes en el 
Sur de México, particularmente en las tierras frías y templadas de los Estados 
de Veracruz y Oaxaea: he recogido numerosos ejemplares en el Mirador, en las 
cuevas de Tilapa, Cuautlapa y Tuxpango, cerca de (Drizaba, y en el Centro del 
Istmo de Tehuantepec. 

4. Vespertilio párvulas. Alien. Proceediugs ofthe Acadenry of Natural Sciences ofPhila- 
delphia, 18GG, p. 285 (bajo la denominación de Rhogeessa párvula). Alston. Biol. Ceñir. 
Amer., p. 21. 

Los ejemplares en corto número que he logrado colectar de esta diminuta es- 
pecie, lo fueron en las imediaciones de Tápana (Distrito de Juchitan, Oaxaca). 

5. Atalapha noveboracensis. Erxl. Alston. Biol. Centr. Amer. p. 2*2. Lavaras noveb. 
Alien. Cat. of. N. A. Bats., p. lo. 

No han llegado á mis manos más que dos individuos de esta bonita especie: 
los cogí en el cerro de la Peñuela, cerca de Córdoba, en la claridad del dia; se 
hacían notables por su color de un rojizo encendido. 



202 LA NATURALEZA 

O. Alaktpha cinérea. Petera. Alston (loe. cit.) p. 23. 

Este hermoso murciélago no es raro en la región alpina de Orizaba: durante 
mi permanencia en esta ciudad la recibía á menudo de los indígenas del pueblo 
de Necostla. 

7. Natalus stramineus. Gray. Alston (loe. cit.) p. 20. 

Los ejemplares que recogí de esta pequeña especie en las cuevas de Tilapa, 
cerca de Orizaba, fueron bondadosamente determinados por el Prof. Sp. Tr. 
Baird. 

8. Saccoptenjx bilineata. Peters. Alston (loe. cit.) p. 28. 

Este murciélago notable, además de la particularidad que ofrece la membrana 
de sus alas de ser provista cerca del antebrazo de una bolsa glandular que secre- 
ta en el macho un humor untuoso y almizclado, por las dos líneas blancas que 
recorren los lados de la parte superior del cuerpo, no habia sido hasta la fecha 
mencionado como indígena de México: lo he encontrado, sin embargo en varias 
partes del país, en la hacienda de la Estanzuela y en las Orillas del rio Goaza- 
coalcos (Veracruz) y en Santa Efigenia, Cacoprieto y Tápana (Oaxaca): en el cam- 
po vive debajo de las cascaras ó en los huecos de los árboles añosos, pero se en- 
cuentra igualmente en las habitaciones, á veces en compañía de la especie siguiente. 

O. Saccoptenjx (Balantiopteryx) plicata. Peters. Alston (loe. cit. p. 29.) 

Este es quizás el murciélago más común en las partes occidentales del Istmo 
de Tehuantepec y en la costa del Estado de Chiapas: en Tápana y Tonalá viene 
á ser, por su abundancia, un muy incómodo comensal de las habitaciones que 
ensucia con sus excrementos: aunque no lo he observado en el Estado de Ve- 
racruz, es probable que sea indígena de ambas costas de la República. 

10. Molossm rufas. Geoffroij. Alston (loe. cit.) p. 31. 

He colectado esta especie en varias partes de la República, en Tuxpango, cer- 
ca de Orizaba (Veracruz), en el barrio de Petapa (Istmo de Tehuantepe), etc., 
pero en ninguna parte con tanta abundancia como en Tonalá (Chiapas); aquí vi- 
ve en número considerable debajo del techo de las habitaciones, en los edificios 
arruinados y en los árboles huecos. Poco después de puesto el sol se les ve salir 
de sus guaridas y entregarse á la caza de los insectos nocturnos; su vuelo, debi- 
do al corte agudo de sus membranas alares, es sumamente rápido y parecido al 
de los Aviones (Chaetura); al amanecer y aun antes, vuelven á entrar en sus 
abrigos. El carácter de estos murciélagos es muy iracundo: cuando se les guarda 
vivos se enfurecen, muerden con obstinación y se devoran las alas y los pies, y 
entre ellos se baten con encarnizamiento. — Se nota en la parte anterior de la 



LA NATURALEZA WS 

garganta de los individuos machos una abertura que da salida ¡i una materia un- 
tuosa y almizclada, secretada por una glándula decolcr amarillento oculta deba- 
jo de la piel: esta abertura, muy pronunciada en los machos, no está representada 
en las hembras mas que por una tuberculosidad apenas perceptible. Además de 
este carácter se distinguen los machos de las hembras por una hilada de pelos 
tiesos, á modo de finas cerdas que rodean la rabadilla: el uso de la glandular sub- 
gular y de estas cerdas no parece ser conocido, pero, según creí observarlo, tie- 
nen su mayor desarrollo en la época de la unión sexual. — Observaré de paso, que 
el epíteto de rufiis aplicado á esta especie, no es muy apropiado, supuesto que el 
color de su pelo varía del rojizo ahumado al negro intenso. 

11. Nijctinomus brasiliensis. Geoffroy. Alston (loe. cit.) p. 33. Molossus mexicanas y .17. 
aztecas. Saussure (Qde Alston.) Dinops sp. Dugos. La Naturaleza, I, 137 (fide Alstouj. 

Este murciélago, bastante común en la mesa central de México lo es igual- 
mente en las tierras templadas del Estado de Veracruz, en donde he recogido nu- 
merosos ejemplares: hasta la fecha no lo he observado en el Istmo de Tehuante- 
pec ni en la Costa de Chiapas. 

12. Hormops megallophylla. Peters. Alston (loe. cit.) p. 37. M. Blaincillei. Saussure, 
Dagés. (fide Alston, loe. cit.) 

Este murciélago es muy común en México; lo he colectado en considerable nú- 
mero en las inmediaciones de Orizaba, de San Andrés Tuxtla (Veracruz), de 
Santa Efigenia y Tápana (Oaxaca), en las cuevas de Santo Domingo, en-el cen- 
tro del Istmo de Tehuantepec, etc., etc. En las cuevas de Tilapa, cerca de Ori- 
zaba, he tenido ocasión hace años de hacer, en compañía de nuestros colegas los 
Sres. Aniceto Moreno y Mateo Botteri, abundante cosecha de ellos, bastándonos 
para ello, colocar en la entrada de los agujeros que les daban abrigo una red 
en que los animales, espantados por la luz de nuestras antorchas, venían á en- 
cerrarse en gran número. En Tuxpango he visto diariamente estos murciélagos 
volando á flor de agua en el crepúsculo sobre las aguas del rio Blanco, para dar 
caza á los insectos. 

13. Chilonycteris rubiginosa. Wagner. Alston (loe. cit.) p. 3o. 

He colectado un solo individuo de esta especie en el barrio de Petapa (Tehuan- 
tepec) y no sé por lo mismo nada de sus hábitos. 

14. Chilonycteris Davyi. Gray. Alston (loe. cit.) p. 36. 

Este murciélago se hace notable á primera vista, por la particularidad de que 
la membrana de sus alas, en vez de originar de los lados del cuerpo, nace de la 
línea mediana del dorso, que así queda enteramente desprovisto de pelo. He co- 
lectado individuos de esta especie en todas las partes meridionales del Estado de 



204 LA NATURALEZA 

Oaxaca, y entre otros uno volando en la claridad del dia á orillas del rio Sala- 
do, cerca de Tecomabaca: lo he encontrado igualmente á menudo en Tápana, 
Cacoprieto y Santa Eugenia (Oaxaca). Entra de noche en las casas atraído por 
la claridad de las luces, y la delicadeza de sus membranas alares é interfemora- 
les hacen de él una presa muy fácil: se alimenta exclusivamente de insectos de 
pequeño tamaño.* 

lo. Macrotus Waterhousii. Gray. Alslon (op. cit.) p. 38. M. mexicanas. Saussure. 

El único ejemplar de este murciélago que tuve ocasión de conocer fué el que 
el Sr. de Saussure, á quien entonces tenia el gusto de acompañar, recogió en la 
hacienda de Yautepec, cerca de Cuernavaca en el año de 1855. No he vuelto á 
verlo después. 

16. Trachyops cirrhosus. Spix. fide Alston (op. cit.) p. 41 . Tglostoma mexicana. Saussure. 

No he encontrado de esta especie más que un solo individuo en Cacoprieto, 
cerca de Tápana (Oaxaca) y no sé nada de sus costumbres. 

17. Carollia brevicauda. Wied. Pelers. Alston (op. cit.) p. 43. Carollia azteca. Saus- 
sure. (fide Alston loe. cit.) 

Este murciélago no es raro en el Sur de México; vive en pequeñas colonias en 
árboles huecos y en cuevas. Las siguientes localidades son las en que he tenido 
ocasión de observarlo: Córdoba, Minatitlan, Juchitan, Santa Efigenia y Tápana. 

18. Glossophaga Soricina. Pallas. Monoplujllus Leachie. Dugés (ex Gray) La Naturaleza, 
I, p. 137, üde Alston (loe cit.) 

Es esta especie abundante en todo el Sur de la República; la he colectado en 
los alrededores de Córdoba, en Tehuacan y en toda la extensión del Istmo de 
Tehuantepec: vive en las iglesias, en los edificios arruinados, en los árboles hue- 
cos y en las cavernas. Se le ha atribuido un régimen frugívoro (vide Alston loe. 
cit.), pero hasta más completa averiguación, considero esta opinión como en parte 
infundada. (Véase adelante al artículo Desmoches una observación relativa á la 
especie presente.) 

10. Glossonycteris lasiopijga. Peters. Alston (op. cit.) p. 45. Anura ecaudata. Saussu- 
re (fide Alston loe. cit). 

La única localidad en que tengo recuerdo de haber recogido individuos de esta 
especie, es la de San Gerónimo (Istmo de Tehuantepec). 

* La determinación de esta especie, así como de varias otras me ha sido conranicada por el Sr. Prof. A. Milne- 
Edwards: en el catálogo manuscrito de mi colección yo lo tenia escrito como Vespertilio (Mormops) gymnonotiis, 
sin saber que el célebre viajero naturalista Xattererle había impuesto la misma denominación muchos años antes. 



LA NATURALIZA 205 

20. Artibceus perspicillatus. (jray (ex Linnseo). Alston. (Loe. cit!) p. 47. Art. jamaitoensis. 

Saussure. 

Este murciélago abunda en ambas costas de la República y ■vive á vecea en 
prodigioso número en las cavernas, en los edificios en ruin;) y aun en los casas 
habitadas. Se alimenta de la carne ó pulpa de ciertos frutos, particularmente de 
los del Zapotillo y del higo silvestre. A la caida de la tarde salen de sus gu <- 
ridas en busca de dichas frutas y las trasportan entre los dientes á su domicilio 
para comerlas: el suelo de las cavernas s"e ve generalmente cubierto de huesos de 
zapotillo, y las paredes de las casas en donde se alojan los Artibeos están conti- 
nuamente ensuciadas por sus excrementos, que atestiguan un régimen enteramen- 
te vegetal. Se baten estos animales á menudo entre sí para quitarse las frutas 
que traen de sus razzias, y emiten entonces agudos gritos de cólera. El Arliibesus 
perspicillatus es quizás de todos los murciélagos indígenas el que mayores pro- 
porciones adquiere: no es raro encontrar individuos que midan medio metro de 
una extremidad á otra de las alas con un antebrazo de SO á 90 milímetros de 
largo. 

21. Artibceus cinereus. Dobson (ex Blaiuville) fide Alston (loe. cit.) p. 47. Stenoderma 
tolteca. Saussure. (íide Alston.) 

No es tan abundante en México esta especie como la anterior y rara vez se halla 
en lugares habitados, viviendo de preferencia en los bosques y en las cavernas. 

22. Centurio senex. Gray. Alston (loe. cit. p. 51.) C. mexicanas. Saussure. 

La fisonomía de este murciélago es muy particular, debido á las excrecencias 
dérmicas que forman en su hocico pliegues muy complicados y que no mal re- 
presentan la cara de una vieja decrépita. No he podido averiguar nada de sus 
hábitos por no haber recogido más que individuos aislados en Orizaba, Minati- 
tlan, Santa Efigenia y Cacoprieto. 

23. Desmodas rufus. Wied, Alston (loo. cit.) p. 52. 

Esta especie, que parece diseminada en toda la América intertropical, no es 
rara en el Sur de la República y merece ser objeto de particular interés en razón 
de la propensión que tiene de chupar la sangre de los animales sin exceptuar la 
del hombre. En Santa Efigenia, en donde abunda, he podido cerciorarme de este 
último hecho, habiéndose cogido allí individuos en el acto de chupar la sangre de 
personas que dormian en el corredor de la habitación. Chupan estos murciélagos, 
ó como se dice, sangran caballos, becerros, y, según me han asegurado, hasta 
aves de corral: llegan así á ser á veces, en las localidades, en donde particular- 
mente abundan, verdaderos enemigos délos crianderos de ganado, porque las he- 
ridas, aunque leves al principio, que causan á las crias, no tardan en convertir- 



206 LA NATURALEZA 

se en una madriguera de gusanos que las ocasionan la muerte. En el dia se al- 
bergan los Desmoclus en cuevas ó en árboles añosos y huecos: he observado que 
cuando se desalojan de allí, vuelan en la claridad del dia con mucha destreza y 
se posan á veces en las ramas de los arbustos sin suspenderse por los pies, al ins- 
tar de los demás quirópteros, sino agachándose á lo largo de las ramas como lo ha- 
cen el Nycübius jámate ensis y varias otras aves nocturnas. 



ORDEN TERCERO.— INSECTÍVOROS. (INSECTÍVORA.) 

He observado en los alrededores de (Drizaba y de Huatusco, en el Estado de 
Veracruz, dos especies de Soricidce, pertenecientes al género Blarina, Gray; pe- 
ro como no me ha sido posible fijar con certeza su determinación específica, no 
se mencionan aquí más que por memorándum: una de ellas es probablemente 
idéntica á la Bl. mexicana. Coves. (ex Baird.) 



ORDEN CUARTO.— CARNÍVOROS. (CARNÍVORA.) 

24. Felis onca. Lin. Leopardus Hernandezii, Gray. Nombre vulgar tigre. 

Aunque la persecución que se hace á los tigres haya disminuido considerable- 
mente su número, no dejan de encontrarse á menudo en las partes despobladas 
de la República. En las espesas selvas que se extienden á lo largo de los ríos de 
Goazacoalcos y Uspanapa, y que, por otra parte, cubren las faldas de la Sierra 
Madre, es donde quizás abundan más hoy dia estos animales; pero de allí llevan 
sus correrías hasta las inmediaciones de lugares habitados, sobre todo en las ha- 
ciendas de crianza de ambas costas. En varias de dichas haciendas se suele tener 
un librero, cuyo oficio es de perseguir á todo trance los tigres, leones y demás 
animales carniceros. Tan luego como se encuentra en el campo alguna res muer- 
ta por ellos, se pone el tigrero en campaña para descubrir el autor del delito: una 
vez en el rastro, el perro maestro no tarda en llegar al paraje en donde la fiera ha 
hecho alto: al verse ésta embestida por los perros, se planta (es decir, hace frente á 
sus enemigos), ó bien se trepa á algún árbol vecino, en cuyo caso nada es más fácil 
que despacharla á balazos. Varios rancheros atrevidos prefieren atacar al tigre 
con un cuchillo sujetado en la extremidad de un palo largo, á modo de lanza, ó si 
encuentran el animal en un campo abierto, lo cogen y ahorcan con el lazo. 

Rara vez ataca el tigre al hombre: he conocido, sin embargo, varios individuos 
heridos y estropeados por sus colmillos, y en las monterías del Goazacoalcos sue- 
len, aunque en remotos intervalos, llegar los tigres hasta los campamentos de los 



LA NATURALEZA W¡ 

cortadores de caoba y llevarse de allí personas dormidas. La fuerza del tigre es 
considerable: arrastra con facilidad un toro de dos años y so lleva á toda carrera 
hasta su guarida un becerro ó potro de más de año. 

En algunas localidades del Sur de la República distinguen los cazadores dos 
clases de tigres, el común y el petatillo, pero esta distinción se funda en varia- 
ciones de color puramente individuales. 

25. Felis concolor. Lin. Vulgarmente león. 

El león es más extensamente diseminado que el tigre en la superficie de la Re- 
pública y sube á mayor altura en sus peregrinaciones; 'se han matado leones á 
más de 3,000 metros en las cercanías de Orizaba. 

26. Felis par dalis. Lin. Vulgarmente ocelotl. 

El ocelotl es bastante común en todas las regiones cubiertas de bosques de la 
República. * Busca su alimento en los árboles como en el suelo á expensas de los 
pájaros ó de mamíferos de pequeño tamaño; un individuo muy adulto que hace 
poco tuve ocasión de disecar, no tenia en el estómago más que los restos de dos 
ratas silvestres. (Hesperomys palustris, Baird.) 

27. Felis tigrina. Schreber. ¿Felis mexicana? Saussure. (fide Alston. Biologia Centrali- 
americana, p. 61. 

Después de un detenido examen de las pequeñas especies de gatos americanos 
cuyos despojos existen en los Museos de Londres y de Paris, los Sres. Elliot y 
Alston han reunido, bajo la denominación de F. tigrina, varios tigrillos (Felis 
macrura, mitis, etc.) que otros autores consideraban como representando especies 
distintas, y opinan igualmente que el Felis mexicana, Sauss., no es sino una va- 
riedad del F. tigrina. Sin querer discutir aquí una cuestión resuelta por los emi- 
nentes naturalistas que acabo de nombrar, diré tan solo que según el Dr. Gray 
(Véase su Catalogue of Carnivorous mammalia), los F. macrura, mitis y tigri- 
na tendrían, según la característica del género Felis (sensa stricto) las órbitas 
incompletas, es decir, abiertas por detrás: ahora bien, en varios cráneos de mi 
colección (pertenecientes á tigrillos colectados en Tápana y Tonalá) la fossa or- 
bitalis está completamente cerrada por detrás, como se ve, según el mismo Dr. 
Gray, en ciertos gatos de la India con que formó un género particular (Yiverri- 
ceps). ¿Será esta particularidad efecto de la edad ó indicio de la existencia de dos 
especies de tigrillos en México? Es esta una cuestión que seria interesante resol- 
ver y á la que, á mi pesar, no he podido dar hasta ahora la atención que mere- 

* Para dar una idea de su abundancia en ciertas localidades, diré de paso que en una sola mañana encontré cin- 
co de estos animales entro la Huallaga y Jalapa, en el Istmo de Tehuantepec. 

La Naturaleza.— Tomo V.— 27. 



208 LA NATURALEZA 

ce. Sea lo que fuere, el tigrillo indígena de la parte S. O. de México no es de 
mucho tan común allí como el ocelotl, del que se distingue desde luego, además 
de los distintos matices de su piel, por lo largo de la cola. Habita en los bosques, 
en donde se alimenta particularmente de aves, como perdices (Tinamus) de Cha- 
chalacas (Ortalida, etc). Rara vez se acerca á los lugares habitados. 

28. Felis yaguarondi. Lacépéde. 

Este gato, que en el Estado de Veracruz se llama vulgarmente tamalayota, y 
en el de Chiapas onza, es uno de los más abundantes de los Felidce mexicanos y 
al mismo tiempo uno de los más execrados de su raza por las depredaciones que co- 
mete en los gallineros de las habitaciones rústicas. No se alberga en los bosques 
como los Ocelotes y Tigrillos, sino en los matorrales, en los desmontes viejos y 
en las barrancas: de allí sale, aun en la mayor claridad del dia, y acercándose á 
los ranchos, hace razzia de los guajolotes y gallinas, bastante incautos para ale- 
jarse del techo protector de su dueño. La hembra pare dos hijos en cada carnada, 
y tan luego como éstos se hallan en estado de seguirla, ella los guía en sus pri- 
meras correrías, y si se ve entonces sorprendida por algún transeúnte, le disputa 
el terreno hasta que sus hijuelos hayan buscado asilo en un matorral cercano. 
Cogida en tierna edad la onza, se amansa con suma facilidad y demuestra más 
gentileza y docilidad que un gato doméstico. El color del pelo de la onza varía 
de un pardo-oscuro á un negro aplomado. 

29. Felis eyra. Desmarest. Vulgarmente onza ó koncillo. 

Aunque no es tan común en México como el yaguarondi, el leoncillo no es 
tampoco muy raro en las tierras calientes del Sur: he visto y colectado ejemplares 
de este animal en las inmediaciones de San Andrés Tuxtla, en el centro del Istmo 
de Tehuantepec y en Chiapas. Vive en los bosques y en los matorrales, y es un 
gran destructor de aves domésticas y silvestres como los mustelidce, con quienes 
se dan cierta analogía sus hábitos y fisonomía. 

30. Canis lupus. Lid. Canis occidenlalis var. mexicanus. Baird. 

El lobo no se encuentra con alguna frecuencia sino en los bosques de pinos de 
la región alpina de México, en las faldas de los volcanes de Puebla y de México, 
en donde sube hasta los últimos límites de la vegetación, etc. Vive también, se- 
gún se me ha dicho, en las serranías del Istmo de Tehuantepec. 

31. Canis latrans. Say. Vulgarmente coyote. 

El coyote existe en abundancia en los llanos de ambas costas de la República. 
Sus costumbres son demasiado conocidas para que sea necesario repetir aquí lo 



LA NATURALIZA 200 

que se ha dicho de ellas en casi todas las obras en que se ha. hecho mención de 
este carnívoro: diré tan solo que en las playas del golfo de Tehuantepec desplega 
tanta astucia para satisfacer su hambre á expensas de los animales costeños, 
como en el interior del país para hacer presa de animales domésticos ú otros. 
Cuando en ciertas épocas salen del mar las tortugas marinas ó parlo/mas para po- 
ner sus huevos en la arena, caen muy á menudo víctimas de la voracidad de los 
coyotes que continuamente recorren la playa. Aunque sepultados en la arena á 
una profundidad de dos ó tres pies los huevos de dichas parlamas, no escapan al 
delicado olfato de los coyotes, que tienen particular afición á este bocado: hacen 
estos además igual destrucción de las tortugas tiernas cuando éstas, al sahr del 
cascaron, se van á la mar en busca de su elemento natural. Recorren igualmen- 
te los coyotes las orillas de las lagunas saladas que se extienden á lo largo de la 
costa, y si descubren á su alcance en el agua alguna jaiva (Callinectes nitidus, 
M. Edw.), la sacan á tierra de un manazo con la mayor destreza y con sumo cui- 
dado de no dejarse coger la pata por las poderosas pinzas del crustáceo. 

32. Vulpes (Urocyon) virginianus. Schreber. Vulgarmente zorro. 

Este zorro, conocido en el S. O. de México por el nombre de gato de monte, 
es abundante en toda la costa del golfo de Tehuantepec: vive en los matorrales, 
en donde se alimenta particularmente de codornices (Ortyxcoyolcos), de peque- 
ños mamíferos y con frecuencia se acerca á las habitaciones para hacer allí presa 
de aves de corral. 

33. Procyon lotor, L. Proc. Hernandezii, Baird. Vulgarmente mapache. 

Este animal es, desgraciadamente para los agricultores, harto abundante en el 
Sur de México. No diré nada de sus costumbres, habiéndolo hecho con la mayor 
exactitud nuestro estimado colega, el Sr. Manuel Villada en el tomo I, pág. 291 
de «. La Naturaleza. » 

34. Nasua nasica. Lin. Vulgarmente tejón. 

En todas partes de la República conocen, ó mejor dicho, distinguen los caza- 
dores dos clases ó variedades de tejones, el de manada y el dicho tejón solo ó 
anda solo, fundándose esta distinción en el hecho de que unos van en bandadas 
mientras que de los otros se encuentran solamente individuos aislados. Por más 
confianza que se pueda tener en la nomenclatura de los cazadores indígenas, debo 
confesar que mi experiencia personal no favorece la distinción que establecen, y 
hasta averiguaciones más extensas sobre este punto adoptaré como bien fundada 
la opinión de los Sres. Alien y Alston, quienes no reconocen sino una sola especie 
de Nasua en la América Central, á saber: la que Linneo llamó A", narica. El 
hecho de que en los animales que viven en sociedad los individuos viejos suelen 



210 LA NATURALEZA 

apartarse de los demás y andan solos, es bien conocido de ambos cazadores y 
naturalistas: se observa en los elefantes, en los jabalíes (Dicotyles), etc. Puedo 
decir además que infinidad de veces he encontrado en los bosques del Sur de la 
República manadas de 10 á 20 tejones, y que todos eran muy adultos y poseían 
los caracteres asignados por los autores al Nasua narica. Lin. (N. fusca, Des- 
marest.) 

En domesticidad, como en el estado silvestre, el tejones un animal tan inteli- 
gente como caprichoso; desplega, en la satisfacción de sus necesidades, una ac- 
tividad incesante, y, si se puede llamar así, febril: la fineza de su olfato, admira- 
blemente servido por un hocico prolongado y en extremo móvil, le permite des- 
cubrir la presa mejor oculta en las grietas de los árboles añosos ó de las rocallas. 
Si se encuentra en los bosques una bandada de tejones recorriendo algún árbol 
corpulento,- se les ve correr con agilidad de una rama á otra é introducir su ho- 
cico y sus uñas en las menores concavidades ó debajo de las cascaras sueltas para 
sacar de allí cuanto pueda satisfacer su omnívoro apetito. Son muy ávidos de la 
carne de avecillas y de sus huevos, de frutas y aun de insectos, * y en cautividad 
comen de cuanto llega á su alcance. 

36. Bassaris astuta. Licht. Vulgarmente cacomistle. 

Este animal, tan común en la mesa central de México, es de muy rara ocur- 
rencia en los alrededores de Orizaba: no se conoce en las tierras calientes y tem- 
pladas de las costas. 

36. Bassaris Sumichrasti, de Saussure. 

La sinonimia de este Bassaris es algo embrollada. En 1856 remití al Museo 
de Ginebra dos ejemplares adultos procedentes del Mirador, cerca de Huatusco 
(Veracruz): el Sr. de Saussure describió uno de ellos bajo el nombre que enca- 
beza este artículo, dando de él una figura algo defectuosa por la coloración. Desde 
entonces fué indicado por el Dr. Gray (Catalogue of Carnivorous Mammalia) co- 
mo variedad (Bass. fulvescens) del Bassaris astuta, y en seguida descrito como 
especie distinta por el sabio naturalista alemán Peters, bajo el nombre de B. va- 
riabais: el Sr. Cordero, en fin, lo describió de nuevo en «La Naturaleza» apli- 
cándole el epíteto de B. montícola. ** He tenido ocasiones de colectar numerosos 
individuos de esta especie; y si bien he notado en ellos ciertas variaciones de ta- 
maño y de color, no pueden ser consideradas sino como puramente accidentales. 

* En su interesante obra titulada: "The Xaturalist in Nicaragua," el Sr. Belt, al describir las costumbres del 
tejón ó, corno se llama en la América Central, del pisoti, le atribuye la costumbre de cazar las iguanas para alimen- 
tarse de ellas: con la mayor deferencia, por el talento de observación del autor, no puedo menos de creer que habrá 
sido engañado por las relaciones de los indígenas ó por una observación superficial. 

** No he tenido hasta ahora la oportunidad de leer la descripción del Sr. Cordero; el tomo de "La Naturaleza" 
en que se encuentra, no habiendo llegado á mis manos, y al referir esta especie al B. Sumichrasti, no hago más que 
seguir la opinión de los Sres. Alien y Alston. 



LA NATURALEZA 211 

El cacomistle de monte ó mico de noche, como so llama on el Istmo de Te- 
huantopec, no vive, como el B. astuta, en localidades habitadas ó en campos abier- 
tos, sino únicamente en los bosques. Es un animal crepuscular ó nocturno que 
raras veces se deja ver en la claridad del dia, que pasa durmiendo en los árboles 
huecos: se alimenta en gran parte de pájaros y de sus huevos que caza de noche, 
recorriendo las ramas de los árboles y soltando de tiempo á otro un grito agudo 
que, por sus lúgubres entonaciones, no deja de hacer estremecer al viajero ó al 
cazador sorprendido por la noche en las soledades de la Sierra Madre. 

37. Cercoleptes caudivoloulus. Pallas. 

En varias partes del Estado de Veracruz se llama este animal Martucha y en 
el Istmo de Tehuantepec comparte con la especie anterior el nombre de Mico de 
noche. Sus hábitos son análogos á los del Bass. Sumichrasti, es decir, que es un 
animal nocturno cuya alimentación consiste principalmente en frutos, pero tam- 
bién en huevos de pájaros y miel silvestre. Pasa el dia en su madriguera, que no 
es otra que el hueco de un árbol, y sale de noche en busca de presa. Suele en sus 
excursiones emitir un grito agudo parecido á un silbido. Su carácter es muy 
manso, y cuando el animal es joven demuestra mucha docilidad y cariño á su 
dueño. He encontrado la Martucha abundante en los alrededores de Huatusco 
(Veracruz) y la he matado igualmente en el cerro de la Gineta (Chiapas). En los 
Proceedings of ' the Zoological Society ofLondon, 1836, el Sr. Martin distin- 
guió bajo los nombres de Cerc. megalotus y brachyotus dos especies de- Cerco- 
leptes, fundándose para ello en la mayor ó menor dimensión de las orejas que 
observó en varios individuos. Esta diferencia entre lo largo de las orejas no es, 
como lo supone el Dr. Gray, en su «Catologue of Carnivorous Mammalia, » con- 
secuencia de una mala preparación de las pieles observadas por el Sr. Martin: 
hace cerca de veinte años que mi excelente y lamentado amigo, el Sr. Mateo 
Botteri me señaló esta particularidad en varios individuos de su colección, y desde 
entonces he podido observarla igualmente en individuos vivos ó recientemente 
muertos. Esta diferencia es, sin embargo, enteramente accidental y no tiene va- 
lor suficiente para fundar en ella una distinción específica. 

38. Galera barbara. Lin. Vulgarmente viejo de monte ó zonislac. 

El zonislac * habita gran parte de las tierras calientes y templadas de la Re- 
pública y se deja ver por individuos aislados, á una altura de dos mil metros en 
la región alpina de (Drizaba. Es bastante común en los distritos de Huatusco y 
Córdoba (Veracruz), en los grandes bosques del Istmo de Tehuantepec y en la 
Sierra Madre de Chiapas. Vive en las selvas y se alimenta sobre todo de huevos 

* Esta palabra es sin duda corrupción do las voces aztecas teontecon, cabeza, é istac, blanco. 
La Naturaleza.— Tomo V. — 88. 



212 LA NATURALEZA 

de pájaros y de miel de las abejas silvestres (Trígona); es sin duda igualmente 
carnívoro. Aunque no tan social como el tejón, se encuentra en manadas de diez 
ó más individuos; y si en sus peregrinaciones encuentran algún rio, lo pasan na- 
dando con la mayor facilidad. 

39. Mustela brasiliensis Sewastianof. Mustela frenata. Licht. Baird. Villada. 

Los autores más recientes consideran la M. frenata como una simple variedad 
local de la Must. brasiliensis, y aunque carezca de datos suficientes para emitir 
una opinión sobre este asunto de nomenclatura, considero la de dichos autores 
como justificada por el hecho de que en México se observan numerosas variedades 
de tamaño y de color, según proceden los individuos observados de las regiones 
frias ó calientes. 

Este pequeño animal que, según las localidades, he oido nombrar onza, coma- 
dreja ó hurón es bastante común en la mesa central de México y en las tierras 
templadas de la Costa de Veracruz, pero hasta la fecha no he podido observarlo, 
ni aun tener noticia de la existencia en la parte occidental del Istmo de Tehuante- 
pec. Nuestro estimado consocio, el Sr. Villada, ha dado de él una excelente des- 
cripción é interesantes pormenores de sus costumbres, en el tomo I de «La Natu- 
raleza, » p. 294. 

40. Mephitis vitatta. Licht. 

41. Mephitis macrura. Licht. 

42. Mephitis bicolor. Gray 

43. Conepatns (Thiosmus) mesoleucus. Licht. 

He colectado en los Estados de Veracruz y de Oaxaca, así como en la parte 
central y occidental del Istmo de Tehuantepec, ejemplares bastante numerosos de 
zorrillos, y según las descripciones que han estado á mi alcance, se refieren con 
toda probabilidad á las especies arriba indicadas. La determinación de las especies 
del género Mephitis es en extremo dificultosa en razón de las numerosas variacio- 
nes de color que presentan estos animales, y sin duda, á pesar de los recientes 
trabajos sobre la materia, queda aún alguna oscuridad en la exacta determinación 
característica de las especies. 

44. Lutra felina. Goues (ex Molina). Vulgarmente perro de agua. 

El perro de agua, como se llama comunmente este animal, en México es indí- 
gena de ambas costas de la República, sin ser abundante en ninguna parte: ignoro 
si se encuentra en la parte central y setentrional del país/ He recogido ejempla- 

* Nuestro sabio consocio, el Dr. Dugos, no incluye el perro de agua en su interesante Catálogo" de los Verte- 
brados observados por él en la Repiiblica. 



LA NATURALEZA 2LJ 

res de él en el rio Jamapa, cerca de Iluatusco; en el rio Blanco, abajo de Orneal- 
ca, y en los rios de Ostuta y del Novillero (Tebuantepec). KÍ perro de agua vive 
de preferencia en los rios de orillas rocallosas, y en los de poco fondo busca las 
pozas ú honduras en donde hay más abundancia de pescado. No es muy raro 
encontrar individuos pintos, es decir, cuya pelliza está manchada de blanco. 



Orden quinto.— sirenios, csirenia.) 

45. Manatus americanas. Lin. Vulgarmente Manatí. 

No me ha cabido la buena fortuna de ver Manatíes, sino tan solo la de comer su 
carne, que me ha parecido de excelente sabor. No es muy escaso este singular ani- 
mal en la embocadura de los rios que desaguan en el Golfo Mexicano, en el de Al- 
varado, de Goazacoalcos, etc.; cuando estos rios causan inundaciones en la esta- 
ción de aguas, suben los Manatíes hasta muy lejos de sus embocaduras, y á veces, 
cuando las aguas se retiran, quedan aprisionados en las lagunas que se forman 
en las llanuras. No se conoce el Manatí en la costa del Pacífico, en donde sin 
duda no existe. Los interesantes pormenores dados por el célebre navegante in- 
glés, Dampier, sobre la caza, ó mejor dicho, la pesca de este animal en Campeche, 
Tabasco y en la costa de Mosquitos, y que cita el Sr. Alston en la Biología- Cen- 
trali-Americana, son del todo conformes á lo que he oído contar en Minatitlan de 
la pesca que actualmente se le hace. 

FIX DE LA 1. a PAUTE DE LOS MAMÍFEROS. 



APUNTES RELATIVOS 

A LA LENNOA CÍERULEA (CORALLOPHYLLUM), H. B. y K. 

Por el Sr. Dr. Manuel M. Villada, socio de número. 



La existencia parasitaria de esta curiosa planta de la flora mexicana se tuvo 
por algún tiempo como dudosa, y más tarde se la creyó parásita de árbol. Su 
aspecto recuerda en algo el de una coliflor, boirytis cairfifíora, ofreciendo nor- 
malmente toda ella, lo mismo que la inflorescencia de esta crucifera cultivada, 
sus ejes deformados y carnosos, como para restablecer el equilibrio orgánico; pues 
sus hojas, careciendo casi de papel fisiológico, degeneran en escamas; y sus flores, 



214 LA NATURALEZA 

aunque numerosas, son bastante pequeñas. El Sr. Dr. Guillermo Schaffner la bus- 
có en vano durante catorce años en las ramas de los árboles, hasta que la descubrió 
casualmente vegetando sobre los rizomns del Perymenium parviflorum, Gray, 
de la familia de las Compuestas que crece en el Valle de San Luis Potosí, y en 
donde los indígenas designan á la planta parásita con el nombre de Angielote: 
voz híbrida que quiere decir elote de ángel, pues es alimenticia y de un gusto 
excelente. La figura colorida que acompaña á la descripción de Humboldt en su 
grande obra Nov. gen. et sp.plant. es bastante imperfecta, y por tal motivo, el 
referido Dr. Schaffner tomó el mayor empeño para que de ella se hiciese un dibujo 
lo más correcto posible, á fin de que viese la luz pública en el periódico de la «So- 
ciedad», siendo esta la causa de reproducirlo ahora, y lo que pudo realizarse mer- 
ced al diestro lápiz de nuestro consocio el Sr. José M. Velasco. 

En un viaje que hice en Abril del año próximo pasado á la Escuela regional 
de Acapantzingo, cerca de Cuernavaca, la encontré en floración en algunas de las 
sementeras de maíz, vegetando sobre los tallos rizomatosos de la Tithonia tabee- 
flora, D. C. de la familia también de las Compuestas, como se ve en la lámina; 
siendo llamada mosaico en aquel lugar por tener quizás aglomeradas sus peque- 
ñas flores violetas, cuya tez es algo aterciopelada. El Dr. Schaffner, á quien di 
noticia de esta nueva planta-nodriza de nuestra Leñoa, me manifestó que tal he- 
cho le parecía poco verosímil, porque siendo la Titonia anual, tenia su raíz que 
trabajar demasiado para penetrar derecha en el suelo, no pudiendo, por 
lo mismo, dar lugar á la adherencia de otra; termina dicho señor recomendán- 
dome rectifique la clasificación mencionada, en la que según él hay un error. A lo 
primero contestaré que tienen que ser anuales, al menos en su porción aérea, todas 
las plantas que tienen por estación un terreno cultivado con la citada gramínea 
á cuyo lado vive nuestra parásita ; estando en cuanto á lo segundo enteramente 
seguro de la exactitud de la clasificación, en lo que toca al menos al género. 

De la especie madreporoides de La Llave y Lexarza, cree el repetido Doctor 
Schaffner, que bien estudiada podría quizás formar un género distinto del de la caz- 
rulea de H. y B.; siendo de conservarse, si tal cosa fuese exacta, el nombre gené- 
rico de Corallophgllum dado á la última especie por sus descubridores, reserván- 
dose solo el de Lennoa para la primera; la cual recuerda el mismo Doctor haberla 
visto en Orizaba hace algunos años viviendo sobre las ramas de un árbol, con un 
aspecto más fino y elegante que la otra. Su nombre provincial, según parece es: 
<c Flor de San Andrés, » y el indígena Tlalchilotl. Siento no haber podido con- 
sultar el estudio de nuestro consocio en París, el Dr. E. Fournier, relativo á las 
dos especies, y entiendo que también de la familia, en general á que pertenecen, 
publicado en 1S69 en el « Boletín de la Sociedad Botánica de Francia, » pues con 
él habría dado mayor interés á la presente noticia. La diagnosis, de la L. c&rulea, 
según el «Pródromo, » es como sigue: 

biflor es centia? ramis primariis elongatis , ápice tantum dense florifens 



Lam b ; 



LA NATURALEZA. 



TOM.V 





I & 



^^H^^^^^H 






flv> 





LENNOA CCERULEA. 



LA NATURALEZA 213 

squamis obsitis, floribus illis prcecedentis speciei (madreporoides) 8ub dimv- 
dio minoribus, corollis limbo post. anthesin sub explánalo mar c/inc reetiusculo 
instrucüs. © 

EXPLICACIÓN DE LA LÁMINA. 



1, Planta del tamaño natural con un fragmento de la que le sirve de nodriza.— 2, Corola abier- 
ta.— 3, Androceo.— 4, Pistilo.— 5, Flor cerrada para mostrar los pliegues de la corola y el cáliz.— 
6, Corte trasverso del ovario. 



SINONIMIA vulgar y científica de algunas plantas silvestres y de varias de las qne se 
cnltivan en México, dispuestas en urden alfabético, 1 por el Sr. D. Alfonso Herrera, 
socio de numero. — (Continúa.) 

NOMBRES. yüLGARES. NOMBRES CIENTÍFICOS FAMILIAS. 

Jaboncillo Sapindus saponaria, L. (según 

Barroso) Sapindaceas. 

Id. v. Garrapata 

Jabonera, Mazorquilla, Amolé 

amargo. Ñamóle Pbytolacca decandra, L Fitolaceas. 

Jacaloxocbil, v. Cacaloxocbitl. 

* Jacinto Hyacintbus orientalis, L Liliáceas. 

Jagua Genipa americana, L Kubiaceas. 

Jaguacte Calanius spinosus, L Palmeras. 

Jalacate ¿Lippia sp? Verbenáceas. 

Jalapa bembra, Limoncillo, 

Purga, Tolonpatl. Mex Ipomoea purga, Cboisy Convolvuláceas. 

Jalapa macbo, purga de las áni- 
mas „ Ipornasa orizabensis, Ledanois. Id. 

Id. de Querétaro Id. triflora, Yelasco Id. 

Id. de Tampico Id. simulaus, Hanbury Id. 

Jalocote, Oyamel, Oyametl, 
Xalocotl ó Acxoyatl. Mex. 

Bansu Otomí Pinus religiosa, H. B. K Coniferas. 

Jaltomate, Xaltomatl. Mex.. Saracba jal tomata, Scblect... Solanáceas. 

Jamaica Hibiscus sabdariífa, L Malvaeeas. 

Jara Lobelia ¿sp? Lobeliaceas. 

Id. v. Jarilla 

* Jara amarga, Algarrobilla, Al- 
verja, Veza Vicia Sativa, L Leguminosas. 

Jarilla, Jara, Axocbiatl Senecio vernus, L Compuestas. 

Jámila Moccinna betcropbyla Primuláceas. 

1 Las plantas marcadas con nn asterisco son las cultivadas. 



216 LA NATURALEZA 

Jarritas, Cebadilla falsa, Chil- 

pantlacol. Mex Pentstemon barbatum, Eutt et 

P. imberbis, Stend Escrofulariaceas . 

Id. o Cbicbilpac Gmelina iucarnata Verbenáceas. 

* Jazmín Oleniatis triloba, Eotb Eauunculaceas. 

* Id. de Arabia Jazminum sambac, Ait Jazmíneas. 

* Id. de Jalisco Phyladelphus floribundus Filadelfaceas. 

* Id. de México Jazminum officinale, L Jazmíneas. 

* Id. de olor. Id. grandiflorum, L Id. 

Id. de perro Taberuomontaua amygdalifo- 

lia, Jacq Apocineas. 

Jenequen, v. Henequén 

Jengibre, Ancoas Mex. Sitlií 

Otomí. Labitz Huasteco . . . Zingiber officinale, Eoscoe . . . Zinziberaceas. 

Jericó v. Uña de gato 

Jicama, Oazotl. Mex Dolicbos tuberosus, Lam. et 

D. palmatilobus, Moc Leguminosas. 

Jicama del cólera Dablia coccínea, Cav Compuestas. 

Jicametl, v. Dahlia 

Jicamilla Eupborvia ¿sp? Euforviaceas. 

Id. de Zacatecas ¿Ipomea sp? Convolvuláceas. 

Jicara Crecencia cujete, Liu Biguoniaceas. 

Id. de Yucatán, Huas. Maya. . Id. cuneifolia, Gardn Id. 

Jinicuil Inga jinicuili, Scbl Leguminosas. 

Jitomate, v. Gitomate 

Jobo, v. Hobo 

Jocoatole, v. Mirasol 

Jocoyo!, Xocoyol, Socoyol, Xo- 
coyolin, Mex. Xarimpscua 

Tarasco Oxalis verticillata , Moc . et 

Sessé et O. angustifolia, H. 
B. K. et O. corniculata, L. 
et O. violácea, L Oxalideas. 

* Jocoyol de víbora Begonia acuminata, Dryand . Begoniaceas. 

Jocuistle, v. Timbiricbe 

Jolosin, v. Henequén 

Judía, v. Habicbuela 

Juguito, v. Flor de la Pasión . 

Juliana, v. Clavo de olor 

Jumete, v. Candelilla 

Juncia, v. Tule 

Junco, v. Cuerno 

Id Mamilaria coronaria Cácteas. 

Id Cassia júncea, según Oliva. . Leguminosas. 



Labitz, v. Jengibre 

* Lágrima de San Pedro Coix lachrima, L. Gramíneas. 



LA NATURALEZA 217 

Lampote, Gigantón, Mirasol ó 

Accaliual TTelianthus annus, L Compuestas. 

Id., v. Mirasol 

Id Id. cornifolius, H. B. K Id. 

Lampazo, v. Ninfa 

Lantana, Matizadilla ó Tozis- 

quiut Lantana cámara, L Verbenáceas. 

Lantén, Llantén, Plataxihuitl 

Totoncapatli. Mex Plantago galeottiana, según 

Oliva Plantagíneas. 

Laurel , . . . Laurus cervantessi, seg. Oliva Lauríneas. 

* Id. de la India Ficus iudica, Lamk Morcas. 

Id. de México Misanteca laurel, Schaff.. . . . Lauríneas. 

* Id. rosa, Eosa laurel ó Adelfa. Nerium oleander, L Apociuaceas. 

* Lechuga Lactuca sativa, L Compuestas. 

* Id. romanita Id., id., var. longre. . . . Id. 

Lechuguilla ó Metometl. Mex. Agave lechuguilla, Torney. . . Amarilideas. 
Id. Chichicaquilitl ó Tlamatza- 

lin. Mex Sonchus oleraceus, L. et S. 

ciliatus, L Compuestas. 

Id., v. Chichicastle 

Lenguamoia Ehus cavanillesn, D. C. . . . . . Terebintáceas. 

Lengua de ciervo ó Mananepile. Polypodium lanceolatum, L . . Heléchos. 

Lengua de pajaro Polygonuin aviculare, L Poligonáceas. 

Id. ó Tlacoquilitl Pauderia sp Quenopodiaceas. 

Id. de vaca, Amamastlaó Isqua. Eumex obtusifolius, L Id. 

* Lenteja Ervum leus, L Leguminosas. 

Lentejilla ó lepidio Lepidium ruderale, L Cruciferas. 

Id. de agua Lemna minor, L Lemnáceas. 

Lentisco ó Lantrisco Acacia lenticifolia, seg. Oliva. Leguminosas. 

Lepidio Lepidium latifolium, L Cruciferas. 

Id., v. lentejilla 

* Libón ia Libonia floribunda, Hort Acantáceas. 

Licopodio Lycopodium clavatum, L Licopodiaceas. 

Liga, v. Eaíz del Manso 

Id., v. Mal ojo 

* Lila ó Clavo Pittosporum tobira, H. K. . . Pitosporcas. 

* Lima Citrus limetta, Eis Auranciaceas. 

* Limonero ó Limón Id. limouum, L Id. 

* Limón real Id. medica, L. ¿var? Id. 

Limoncillo Simplocos limoncillo, H. B. K Estiraceas. 

Id. de Córdoba Calophyllum limoncillo, según 

Fink Gutiferas. 

Id. de Jalisco ¿Triphania? Auranciaceas. 

Id. de México ó Euda capraria. Dalea citriodora, Willd Leguminosas. 

Id. de Mextitlan Ternstrremia ¿sp? Ternstroemiaceas. 

Limpiatunas Molinia multiflora, Cerv Gramíneas. 



218 LA NATURALEZA 

Lináloe Amyris linaloce, La Llave, seu 

Elapbrium alcexylon, Schied Terebintáceas. 

* Liuo ó Linaza Linum usitatisimum, L Lineas. 

* Id. de Nueva Zelanda Phormium tenax, Forst Liliáceas. 

Linda tarde CEnothera ¿tetraptera? Onograriaceas. 

Liquidámbar, Xocbicotzoqua- 

buitl (el bálsamo que pro- 
duce Oloxotl) Liquidámbar styraciflua, L. . Balsamifluas. 

Lirio, v. Flor de Corpus 

* Id. ú Omixocbitl. Mex Iris germánica, L Irideas. 

* Id. dorado Lilium auratum, Lind Liliáceas. 

* Id. listado Crinum americanum, L Amarilideas. 

* Id. del Japón Lilium trigrinum, Ker Liliáceas. 

* Lobelia Lobelia cardiualis, L Lobeliaceas. 

Id Id. fulgens, W. et L. splen- 

dens, W Id. 

Lúpulo ú Hombrecillo Humulus Lupulus, L Urticáceas. 

(Continuará.) 



LA THEVETIA ICCOTLI ¥ SUS GLUCÓSIDOS, 1 

POR EL SEÑOR DAVID CERNA. 



Artículo traducido por el Sit. D. Aniceto Moreno., socio corresponsal. 

YOYOTE, narciso amarillo y yoyotli, son los varios nombres que se dan á este 
árbol cuyas propiedades venenosas han fijado últimamente la atención de los quí- 
micos de México. Yoyote, en idioma mexicano ó azteca, significa cascabel, y se 
supone por algunos que el nombre vulgar le ha sido dado por la creencia de ser 
un antídoto para el veneno de la serpiente de cascabel. Se conocen sus semillas 
con el nombre de codo de fraile por su semejanza con el codo humano. 

Se dice que esta planta fué usada por los aztecas en las enfermedades de la piel, 
en las úlceras, en las afecciones del oído y especialmente en la sordera, y sus 
hojas se aplicaban en cataplasmas para los dolores de muelas. Actualmente usa 
el pueblo bajo de México una mezcla del fruto y sebo en el tratamiento de las he- 
morroides. 

El Profesor Alfonso Herrera encontró en la planta aceite no secante, caseina 
vegetal, materia extractiva y thevetina. 

1 Tomado del Medical Times, de Filadelfia. 



LA NATURALEZA 219 

THEVETIN. — Después de extraer por presión el aceite de la semilla, se fil- 
tró el residuo con éter y se evaporó el líquido: en seguida se dejó el residuo con 
una pequeña cantidad de aceite, igual á la que se extrajo por la presión; fué tra- 
tado con agua destilada, y finalmente, la sustancia agotada se trató con alcohol. 
Evaporado espontáneamente el líquido, después de filtrado, dejó una sustancia 
blanca cristalina, compuesta de prismas cuadrangulares: las cristalizaciones eran 
inodoras, de sabor picante y acre, insolubles en el agua, ligeramente solubles en 
el éter, bien solubles en el alcohol y algunas veces también en los aceites fijo ó 
volátiles y bisulfato de carbón. Cuando se le trata por el ácido sulfúrico diluido 
de la manera común, produce, según el profesor Herrera, glucosa y una sustan- 
cia resinosa. Este investigador lo declaró un glucósido y le dio el nombre de 
Thevetin. 

El thevetin no produce reacción característica con los ácidos nítrico é hidrocló- 
rico, ni con el nitrato de plata, cloruro de platina, de oro ó bronce, yoduro de 
potasio, tanino, potasa, amoniaco, carbonates alcalinos ni en los ferri ó ferro- 
cianuro de potasio. 

He encontrado una reacción peculiar en los casos siguientes: Cuando al the- 
vetin en polvo se le agrega ácido sulfúrico, toma inmediatamente un color ama- 
rillo-verdoso que pasa gradualmente á pardusco, y á veces á un tinte violado, y 
finalmente se convierte en un moreno-oscuro color de cereza, que queda perma- 
nentemente. Si á esta solución se agrega bicromato de potasa, se produce un cam- 
bio notable, tomando un hermoso color verde esmeralda que después de algún 
tiempo pasa á un tinte verde amarillento; el que á su vez después de algunas 
horas se cambia en verde sucio. Si se toma una pequeña cantidad en una probe- 
ta y se pone al fuego, adquiere primero una forma líquida; y continuando el ca- 
lor se escapa una parte bajo la forma de vapor de agua, y la otra queda en las pa- 
redes del tubo convertida en una sustancia negruzca y pegajosa. 

Acción fisiológica del thevetin. — Acción general. — Los primeros experi- 
mentos hechos con el principio activo de la Thevetiaiccotli, son los del profesor 
Luis Hidalgo Carpió (Amer. Jour. Pharm. 1877). Los síntomas más constantes 
del envenenamiento de los animales con el thevetin son los siguientes: al princi- 
pio una simple tendencia á la quietud, poco á poco aparecen tensiones muscula- 
res muy marcadas que regularmente comienzan en las extremidades y llegan 
gradualmente al tronco: después se presenta la insalivación que precede á las 
náuseas y vómitos violentos. En seguida viene una especie de parálisis general 
acompañada de anestesia cutánea bien marcada, como si el animal hubiera sitio 
pellizcado y aun quemado, sin que se note apariencia de excitación. Después de 
este estado vienen convulsiones clónicas irregulares ó tetánicas (con más frecuen- 
cia las primeras) seguidas á su vez de descargas fecales involuntarias, gran disp- 
nea, y si la dosis ha sido suficientemente alta, la muerte. No siempre se han pre- 
sentado las convulsiones, aunque si con frecuencia y aun en la misma clase de 

La Naturaleza. — Tomo V. — 29. 



220 LA NATURALEZA 

animales han dejado de presentarse, así ha sucedido en el conejo, el gato, el 
perro y la rana. Se han producido generalmente en los pocos pichones y galli- 
nas de Guinea en que se ha experimentado. El thevetin mata probablemente de 
dos maneras: por asfixia y por la parálisis del corazón, pues en muchos casos el 
último continuaba latiendo después de haber cesado del todo los movimientos 
respiratorios: en otros el corazón estaba completamente paralizado mientras la 
respiración seguía su curso normal. Así sucedió especialmente en la rana, que 
continuó viviendo largo tiempo después que el corazón habia cesado de obrar, con- 
tinuando la respiración en su estado normal. La acción respiratoria del veneno 
es sin embargo regularmente la más importante. La parálisis del corazón se pro- 
duce de dos modos: en la diastole cuando se administra sobre la piel ó entra di- 
rectamente en la circulación; pero cuando se aplica el veneno directamente al 
corazón como en las ranas, el órgano comienza á latir irregularmente hasta que 
se detiene del todo su movimiento, y entonces queda blanco y muy contraído. Se 
han hecho experimentos poniendo la sustancia en solo una parte del corazón, y 
después que éste ha cesado de latir, la parte que sufrió la influencia directa del 
veneno solamente se encuentra contraída y sin sangre, deduciéndose de esto que 
el glucósido tiene una acción marcada en los músculos del corazón. Nunca se ha 
notado cambio alguno en la pupila, ni se ha notado acción sobre los músculos y 
nervios, que responden después de la muerte á la excitación galvánica. Los re- 
conocimientos practicados después de la muerte nunca han demostrado lesiones 
visibles de los órganos internos, con excepción del corazón, que, como queda di- 
cho, en el diastole se ha encontrado lleno de sangre oscura ó color de escarlata: 
éste con frecuencia tiene un color rojo brillante, mientras que otras veces es muy 
oscuro, probablemente según que la muerte haya sido ocasionada por la parálisis 
ó por la asfixia. La sangre en ambos casos se coagula menos rápidamente que 
en condiciones normales. Puede asegurarse que la muerte es precedida en am- 
bos casos por convulsiones clónicas ó tetánicas. La dosis más pequeña de theve- 
tin, según los experimentos hechos, es para la rana de 6 \ de centigramos. 

Acción local. — Poco hay que decir sobre este punto. No produce, como se 
ha dicho, efectos aparentes en los músculos ni en los nervios; pues ambos res- 
ponden á la irritación galvánica lo mismo que antes de la aplicación local del 
veneno. Cuando el thevetin es aplicado derechamente á la piel ó en alguna es- 
coriación, se produce desde luego irritación y á poco una sensación de quemadura. 
Sobre la lengua tiene una acción semejante, acompañada de adormecimiento que 
á veces perturba la exquisita sensibilidad de ese órgano. 

Sobre el corazón. — He visto que cuando se aplica el thevetin directamente 
al corazón descubierto de la rana, se produce inmediatamente irregularidad de ac- 
ción y completa parálisis, quedando á pocos minutos ese órgano sin sangre y muy 
contraido. 

Sobre el pulso. — Disminuye el número de las pulsaciones en grandes dosis; 



LA NATURALEZA 22! 

es muy marcada su acción depresiva. El retardo de los latidos del corazón se de- 
be al cambio de la presión de la sangre, á la influencia que el veneno tiene sobre 
el aparato cardio-inhibitorio (estimulándolo), á la acción depresiva sobre los 
ganglios cardio-motores ó á la que ejerce sobre el mismo corazón. Se ha no- 
tado que el thevetin puede aun minorar las pulsaciones cortado el nervio vago y 
aun después de separados del corazón todos los nervios, como lo demuestran los 
siguientes experimentos: 



NUMERO 49. PERRO. 

TIEMPO. DOSIS. PULSO. NOTAS. 



75 



11.12 



y- centig. 



.13 


72 


.14 


72 


.15.30 


68 


.16 


69 


.16.15 


67 


.18 


54 


.18.35 


52 


.20 


M 



Cortados antes los 
neumogástricos. 

Inyección en la ve- 
na femoral. 



Temblor muscular. 
Convulsiones. 



Muerte. 



NUMERO 52. GATO. 

TIEMPO. DOSIS. PULSO. NOTAS. 







73 


í Se cortaron to 
\ das las conexio- 
< nesuorviosasdel 
j corazón: respira- 
[ cion artificial. 


12.3 a 

.5 
.5.30 


cenlig. 


70 
69 


En la vena femoral. 


.6 




69 




.6.15 




68 




.7.15 




60 




.8 




64 




.9.15 




52 




.9.45 










En los experimentos 50 y 51 se siguió igual método y se obtuvieron iguales resultados. 

El thevetin, pues, según parecen probables las anteriores experiencias, dismi- 
nuye el número de las pulsaciones del corazón por su influencia sobre el mismo 
corazón ó sobre sus ganglios; pero como hemos visto, obra poderosamente sobre 
el músculo cardíaco en la aplicación local, por lo que seguramente se puede de- 
ducir que no produce su efecto en los ganglios é inferir que reduce las pulsacio- 
nes por su acción sobre el corazón mismo. 

Presión de la. sangre. — El thevetin hace subir la columna de mercurio en el 
cardiómetro sobre su altura normal. Este elevamiento es constante, como lo de- 
muestran los siguientes experimentos. El mercurio permanece estacionario, pe- 
ro en seguida baja á consecuencia indudablemente de la parálisis del corazón 
cuando la dosis ha sido bastante para causar la muerte. De los veinte experi- 
mentos que se han hecho sobre perros, gatos y conejos, solo unos cuantos men- 
cionaremos aquí. Se hizo uso del manómetro para las arterias carótidas y femo- 
rales: el veneno se introdujo en la vena yugular exterior y en las femorales: sin 
embargo, se han obtenido resultados semejantes con la inyección subcutánea. 
Parece que las dosis grandes y pequeñas producen iguales efectos (proporcional- 
mente) en la presión arterial. 



222 LA NATURALEZA 

NUMERO 53. CONEJO. 

TIEMPO. DOSIS PRESIÓN. NOTAS. 



NUMERO 54. CONEJO. 

TIEMPO. DOSIS. PRESIÓN. NOTAS. 







185 






183 




.18 


í cenlig. 


) y 


Inyección en la 
yugular. 


ii.i4 a 


centig. ,, 


En la vena fe- 
moral. 


.19 




190 




.16 


210 




.19.30 




192 




.16.45 


205-210 




.20.15 




194 




.17.15 


210-215 




.22.00 




195 




.17.30 


215-220 




.23.00 




196 




.17.45 


225 




25.00 




200 




.20 


165 




28 




200 




.20.15 


160-165 


Convulsiones 


28.30 




165 


Convulsiones. 






clónicas. 


29 




172 


Id. continuas. 


.20.30 


)» 


Continuas, id 


31 




>j 


Muerte. 






Muerte. 



El aumento de la presión arterial debe ser ocasionada por la aceleración de la 
acción del corazón ó por la del mismo corazón, que hace que este órgano impulse 
más sangre, ó á la contracción de los capilares, debida al estímulo del centro vaso- 
motor en la médula ó á la acción directa de los nervios vaso-motores. El thevetin 
puede elevar la presión de la sangre, cortados los neumogástricas y aun la médu- 
la, es decir, después que el vaso-motor se ha paralizado: así, pues, su acción debe 
efectuarse sobre el corazón mismo ó sobre los nervios vaso-motores, cuya irritación 
podria producir una diminución de calibre en los vasos capilares de la sangre y 
aumentar de este modo la presión. En todos los casos en que se practicó la divi- 
sión de la médula espinal, el examen después de la muerte mostró la completa 
reacción de la cuerda. De todos ellos detallaremos tres. 



NUMERO 60. CONEJO. 

TIEMPO. DOSIS. PRESIÓN. NOTAS. 



NUMERO 61. PERRO. 

TIEMPO. DOSIS. PRESIÓN. NOTAS. 



0.00 




195-205 


Se cortaron am- 


12.53 


200-212 










bos vagos. 


.54 1 cenlig. 


j í 


En la vena fe- 


3.47 5 


í cenlig. 


) j 


Inyección en la 






moral. 


.48 




200-210 


yugular. 


.55 


225 




48.30 




205-210 




.56 


260-270 


Ansiedad. 


.49 




210-215 




.56.15 


260 




.50 




210-220 




.56.30 
.57.30 


280 
290 




.53 > 


í cenlig 


J í 


En la vena sa- 
fen a. 


.57.45 


160 




.54 




220-225 




.58 


170 




.54.45 




225-230 




.58.15 


, * 


Suspensión del 


.55 




175 


Convulsiones. 






pulso. 


.56 




160 


Opistótonos. 


1.4 


> j 


Muerte. 


.57 




» » 


Cesó de latir el 
corazón. 








.59 




,, 


Muerte. 









LA NATURALIZA 
NUMERO 02. PEBJttO. 



223 



TIEMPO. Dosis. PRESIÓN. 


NOTAS. 


TIEMPO. 


DOSIS. 


PRESIÓN. 




Cortarlos los 
vagón; dividida 
la médula entre 


.550.30 
.80.48 




280 
280-260 




el atlas el y oc- 
cipital; respira- 
ción artificial, 


.81 

.."i:! 




260-270 
260-270 


11.48 210-2 12 




.33.30 




270 


.48.30 y, cenlíg'. ,, 


IOii la vena yu- 
gular. 


.84 




273 



[VOTAS. 



Muerte. 

Se han hecho varios experimentos aplicando localmente la sustancia ó .subcu- 
táneamente en la rana, y observando pacientemente al microscopio los tejidos do 
la pata para ver si se producía algún cambio en las dimensiones de los vasos ca- 
pilares sanguíneos (se usó en esta experiencia del micómetro); pero no se notó 
Gambio alguno en los capilares, demostrándose así que ni los músculos de las pa- 
redes de los vasos, ni los nervios vaso-motores resentían iniluencia alguna del 
veneno. Así, pues, debemos asentar, que el thevetin aumenta la presión arterial 
por la acción del corazón, estimulando probablemente sus ganglios intra-cardíacos. 

Sistema respiratorio. — El envenenamiento con el thevetin produce irregula- 
ridades en las funciones respiratorias: á veces aumenta al principio el número de 
los movimientos respiratorios: otras decrecen primero, y en seguida aumentan. 
En los más, sin embargo, se presenta desde luego un aumento notable en esos 
movimientos que van disminuyendo hasta que cesan completamente, como puede 
verse por los siguientes casos: 

NUMERO 65. PERRO. NUMERO 68. GALLINA DE GUINEA. 



TIEMPO. DOSIS. 



Respiración 
por minutos. NOTAS. 



00.00 
10.88 

11. 

.1 

.3 

.7 
.10 
.23 
.2o 



TIEMPO. 



5 ccnlip:. 



DOSIS. 



28 

32 
32 
2'.) 
27 
26 
23 
20 



Respiración 
por minutos. 

140 



Subcutánea. 



TIEMPO. 



4.19 

22 
24 
26 
30 
33 
34 
3o 



DOSIS 



Respiración 
por minutos. 

70 



a cenlie. 



114 
90 

- 9Ü 

70 

21 

13 





NOTAS. 



Inyección sub- 

cutáuea. 
Convulsiones. 



Los mismos resultados se obtuvieron los netimo-gáa trieos. 
NUMERO 66. RATÓN. 



11.1 



centis:. 



.49 
.80 



160 
160 



SOTAS. 



Inyección sub 
cutánea. 



Convulsiones 
irregulares. 
La. Naturaleza.— Tomo Y.— 30. 



TIEMPO. 



DOSIS. 



51 
84 

57 
89 



Respiración 
por uiiuutos. 

181 
108 

10 





NOTAS. 



C'ouvuN 
Parálisis. 



224 



TIEMPO. 



DOSIS. 



LA NAT 


URALEZA 






NUMERO 7 


2. CONEJO. 






Respiración 

por minutos. NOTAS. 


TIEMPO. DOSIS. 


Respiración 
por minutos 

64 

72 


NOTAS. 


24 Nervios vagos. 


18 
19 


Parálisis. 


,, En las venas fe- 
morales. 


21 
24 


4 




Convulsiones 
Muerte. 



10.14 

16 % centíg. 



Pero como puede verse en la experiencia siguiente que la aceleración en los 
movimientos respiratorios no sobrevienen después de cortada la cuerda, lo cual 
demuestra que el aumento primero del número de estos movimientos proviene 
evidentemente de la excitación de los centros respiratorios en la médula alargada. 
La dimensión subsecuente y la cesación completa de los movimientos se debe pro- 
bablemente á la acción que se ejerce sobre los músculos y nervios respiratorios, 
siendo posible que la sustancia tóxica obre sobre esas partes especiales. 



TIEMPO. 



DOSIS. 



Respiración 
por minutos. 



NUMERO 75. CONEJO. 



NOTAS. 



10.42 
.43 



centíg. 



128 



84 



Se cortó la médu- 
la en la región 
cervical; inyec- 
ción en la yugu- 
lar externa. 







Respiración 




TIEMPO. 


DOSIS. 


por minutos. 


NOTAS. 


.46 




82 




.48 




64 




.55 




50 


Parálisis. 


.57 




48 


Convulsiones 


58 




36 




11.2 







Muerte. 



Acción sobre el sistema nervioso. — Por los experimentos anteriores se ha 
visto que el thevetin produce convulsiones en los mamíferos con frecuencia, me- 
nos en las aves (exceptuando tal vez los pichones); mas raras veces en los batra- 
cios: que las convulsiones son clónicas ó tetánicas, siendo mucho menos frecuen- 
tes las primeras. Que las convulsiones producidas por el thevetin no se deben á 
la acción de esa sustancia en los músculos mismos, ó sobre las extremidades pe- 
riféricas de los nervios sensitivos ó motores, como se prueban por los siguientes 
experimentos: 

Experimento núm. 77. Gato. — Se ligó la arteria femoral derecha y se le inyecto % centíg. 
en la yugular externa á las 12.5 del día: á las 12.9 fué atacado de violentas convulsiones clónicas y 
murió á las 12.11. 

Experimento núm. 78. Perro.— Ligada la aorta abdominal y después de asegurado de que no 
había circulación en la extremidad inferior, se hizo una inyección subcutánea de dos centíg. de the- 
vetin á las 9.35 de la mañana; á las 10.45 convulsiones clónicas muy marcadas en todo el cuerpo, 
por 5 minutos, al cabo de los que sobrevino la muerte. 

Las convulsiones fueron producidas por la acción del thevetin en la cuerda es- 
pinal ó en el cerebro. He notado en cuatro experimentos, que no sobrevinieron 
cuando se cortó la cuerda abajo del punto de división. De lo que se infiere que 
las producidas por el thevetin son cerebrales. 



LA NATURALEZA 2£i 

Parálisis. — Queda ya asentado que los músculos y los nervios después de la 
muerte ocasionada por el thevetin, responden fácilmente á la irritación galvánica: 
es pues evidente que la parálisis producida por esa sustancia no es muscular sino 
que debe ser espinal ó central. Se ha hecho una serie de experimentos para fijar 
este punto, y de los resultados se ve que es espinal. 

Experimento núm. 83. Gatito.— Ligadura de todos los vasos de la pierna izquier la é inyec- 
ción hipodérnÚca de un centigramo; á las 10.23 parálisis inmediata: á las 11.43 muerto. El nervio 
sciálico derecho se encontró irritado, respondiendo igualmente que el izquierdo. Aplicada la cor- 
riente galvánica á los músculos de la pierna derecha, produjeron contracciones musculares tan li- 
hremente como los del miembro izquierdo. 

Experimentos núms. 84 y 85.— Dieron iguales resultados. 

Repetimos que el hecho de perderse la acción refleja después de la sección de la 
cuerda tan fácilmente como en el estado normal del animal, muestra que la pará- 
lisis debe ser espinal. 

Experimento núm. 86. — Tomadas dos ranas de igual tamaño A y B. A la primera se le cortó 
la cuerda muy arriba dejándola reponerse. Después se inyectó subcutáneamente, un centig. de the- 
vetin á cada una á las 11.10 de la mañana. A las 11.59 se extinguió en ambas la acción refleja, que 
no se pudo obtener ni con estimulante químico ni con la irritación galvánica. 

Otros experimentos semejantes dieron resultados iguales: luego la parálisis pro- 
ducida por el thevetin es especial. 

Acción en el canal alimenticio. — Parálisis. — Se aumenta notablemente por 
la acción del thevetin. Llamó fuertemente nuestra atención que después de la 
muerte conservaban por largo tiempo los intestinos la facultad de moverse. Se 
hicieron varios experimentos en perros, gatos y conejos inyectando el veneno de- 
bajo de la piel ó en las venas; observando el abdomen ó abriendo sus paredes para 
ver los movimientos peristáticos de los intestinos y notar si la acción del veneno 
era constante, y en todos se ha observado que estaban notablemente desarrollados. 

Vómitos. — Para determinar si los vómitos ocasionados por el thevetin son el 
resultado de una acción local irritante sobre el estómago, esto es, en la membrana 
mucosa, ó si se deben á una excitación refleja de los centros de la médula alarga- 
da, se estableció una serie de experimentos ligando la aorta de varios animales y 
procurando impedir que el veneno entrase al estómago. Por ejemplo: 

Experimento núm. 87. Perro.— Ligada la aorla abdominal á las 4.50, se inyectaron subcutá- 
neamente H de centigramo de thevetin. A las 5 se presentó la salivación, no observándose otros 
síntomas marcados durante mucho tiempo. A las 6.6 de la tarde vómitos. 

Experimento núm. 88. Perro. — Se ligó la aorta en el punto en que atraviesa el diafracma \ 
á la 10.53 inyección hipodénnica de un centig.; 11, salivación; 11.8 vómitos. 

Experimento núm. 89. Gatito. — Ligada la arteria se le administró un centig. á las 2.48 de la 
larde. A las 3 y 5 murió el animal con gran disnea. No hubo vómito tal vez por la acción rápida de la 
sustancia sobre el corazón, y la respiración produjo la muerte antes de presentarse los otros efectos. 

Experimento núm. 90. Perro.— Se hizo la ligadura en la aorta precisamente en el punto en 
que se separa del diafracma: invección debajo de la piel á las 11.34 la centig. de thevetin: á las 
12.40 vino la salivación muy abundante seguida del vómito. 

Sin embargo, estos experimentos no fueron decisivos porque en el examen post 



226 LA NATURALEZA 

mortem se encontró que algunos pequeños vasos estaban en cumunicacion con 
el estómago, por lo que probablemente alguna cantidad de veneno pudo tener 
acceso á la entraña. Si los experimentos no prueban otra cosa, al menos demues- 
tran que la operación que debe producir una gran sacudida no impide la acción 
emética de la sustancia. 

Sobre la temperatura. — Como otros muchos venenos el thevetin hace bajar 
la temperatura. Para mostrar su influenciase detallan los siguientes experimentos: 



NUMERO 91. PERRO. 



TIEMPO. DOSIS. Temp! (Kscl? centíg.) NOTAS. 



39.3 
11.28.30 % Centíg. ,, Subcutánea, 

.31 39.2o 



TIEMPO. 


.36 


.47.30 


12.47 



DOSIS. Temp? (Escli centíg.) NOTAS. 



39.12 

39. 

39.3 



Acción en la piel. — Se ha hecho una serie de experimentos para determinar- 
la acción de la sustancia sobre la pupila con los siguientes resultados. 

No se nota cambio alguno en la pupila cuando el thevetin se inyecta debajo de 
la piel ó en las venas. Su aplicación local ocasiona conjuntivitis intensa y entonces 
se contrae la pupila, á causa por su puesto de una irritación refleja. 

Acción en el sistema glandular. — Uno de los efectos más marcados del the- 
vetin es el de estimular las glándulas salivares y aumentar mucho su secreción. 
Así sucede, como se ha visto, siempre que se inyecta debajo déla piel ó directa- 
mente en la circulación; de modo que el aumento no se debe á la acción local, y 
probablemente es el resultado de una acción en el nervio del tímpano: se ignora 
si el thevetin ejerce alguna acción en las glándulas cutáneas, no habiendo sido 
fácil observarlo en los animales sobre los que se han hecho los experimentos. La 
secreción de la bilis tampoco parece afectarse por el veneno puesto que no se ha 
observado lesiones en el examen post mortem. Nada puede decirse todavía respec- 
to á las demás secreciones. 

CONCLUSIÓN. 

Daremos un resumen de todas las proposiciones asentadas arriba: 

I. El thevetin es un veneno poderosísimo, siendo el mínimum fatal pava la 
rana común, Rana cscubenta, de 6 a de centigramo. 

II. Produce la muerte por asfixia y por parálisis cardíaca; más fuertemente 
por la primera. 

III. Es un irritante aplicado localmente sobre la piel, produciendo una sensa- 
ción peculiar de quemadura. 

IV. La diminución en las pulsaciones del corazón es ocasionada por la acción 
del thevetin en el músculo cardíaco, pareciendo que el veneno no tiene acción so- 
bre los neumogástricos. 



LA NATURALEZA 2» 

V. La presión arterial aumenta por la acción de la sustancia sobre el cora 
mismo, es decir, por una acción estimulante sobre loa ganglios intracardíac 

VI. La aceleración primaria en el número de las experiencias producidas por 
el thevetin se debe á la excitación del centro en la médula alarg ida, el decrecimien- 
to subsecuente y la final cesación de los movimientos respiratorios, á su acción 
en los nervios funcionales, y probablemente también á lina acción particular 
bre los músculos de la respiración. 

VIL Las convulsiones producidas por el thevetin son cerebrales. 

VIII. La parálisis producida por la misma es espinal. 

IX. Piérdese la sensibilidad antes que los movimientos, y permanecen intactos 
los nervios después de la muerte; es evidente que la abolición de la actividad re- 
fleja es de origen espinal é independiente de la acción de la sustancia en el tra- 
yecto sensorio de la cuerda. 

X. El thevetin aumenta la peristalsis intestinal. 

XI. Como la mayor parte de los venenos hace bajar la temperatura. 

XII. Aplicada localmente produce contracción de la pupila á causa de su irri- 
tación periférica. 

XIII. Eti el envenenamiento con el thevetin la secreción salival es la únicn 
que aumenta. 

Al concluir este escrito debo dar las más expresivas gracias á mi compatriota 
y amigo el Dr. Plutarco Órnelas, por haberme suministrado la sustancia y ha- 
berme animado á hacer este estudio, y también á mi distinguido amigo el Dr. B. 
F. Lautenbach, por su cooperación importante, pues los experimentos los he ve- 
rificado bajo su inmediata dirección. 

Laboratorio fisiológico en |a Universidad de Pensilvania. 



ENUMERACIÓN 

DE LIS m% OBSERVADAS EN EL TERRITOIÍIÜ DE LA REPÚBLICA IIIMi 

POREL SR. F. SUMICHRAST, 



SOCIO CORRESPONSAL KN CH] \PAS. 



En esta enumeración de las aves observadas en la República no es mi intento 
entrar en pormenores sobre sus hábitos: semejante biografía ornitológica exigiría 
mucho más tiempo que el que me es lícito consagrarla, y excedería los límites de 

El autor, nuestro ¡lustrado corresponsal el Sr. Sumichrast, nos dice que no termina aún !;i 
2/ parte dé los mamíferos observados en la República Mexicana, cuya l.* parte publicamos ya en 
i La Naturaleza. ■ Por oslo motivo continuamos hoy ron las Aves, reservando para más lardé la pu- 
blicación de la citada 2." parte de los mamíferos mexicanos.— Por la Comisión do publicaciones, 
./. Sanche:. 



228 



LA NATURALEZA 



un simple catálogo; debo, pues, limitarme á dar á continuación la lista de las es- 
pecies sin sinonimia, añadiendo tan solo á sus nombres científicos y vulgares 
(cuando estos merezcan una mención) la indicación de los lugares ó altitudes en 
que han sido encontradas. En cuanto á la clasificación adoptaré para los órdenes 
y familias, la de mi amigo el Sr. Ad. Boucard, en su Catalogus Avium, publi- 
cado en en Londres en 1876. Para mayor brevedad daré como sigue el nombre 
de las principales localidades. 



Alv. 

Cacop. 

Chim. 

Córd. 

Cosam . 

C. Or. 

C. Occ. 

Goaz. 

Guich. 

Huam. 

Huat. 

Juch. 

Mir. 

Moyoap. 

Om. 

Oriz. 

Potr. 

Pte. Col. 

Reg. alp. 

S. M. M. 

Tap. 

Tehn. 

Tehpc. 

Tehpc. Or 



Tehpc. Occ. 

Tlacot. 
Ton. 
Uv. 

S. Efig. 
V. de Méx. 



or. 



Alvar ado (Estado de Veracruz). 

Cacoprieto (rancho de) á 3 leguas S. de Tapanatepec (Oaxaca). 
Chimalapa (pueblo de) en el centro del Istmo de Tehuantepec. 
Córdoba (villa de) (Veracruz). 
Cosamaloapam (villa de) (Veracruz). 
Costa oriental de México. 
Costa occidental de México. 
Rio Goazacoalcos. 

Giáchicovi (pueblo de) en la parte central del Istmo (Oaxaca). 
Huamehda (pueblo de) al Norte de Tehuantepec (Oaxaca). 
Huatiisco (villa de) (Veracruz). 
Juchitan (villa de) (Oaxaca). 

Mirador (hacienda del), entre Huatusco y Jídapa (Veracruz). 
Moyoapam, localidad á 4 leguas de Orizava. 
Omealca (hacienda de) á 12 leguas de Orizava (Veracruz). 
Orizava (ciudad de). 

Potrero (hacienda del) á 3 leguas E de Córdoba. 
Puente Colorado, en las cumbres de Aculzingo. 
Per/ion alpina ó montañas de Orizava. 

Santa María del Mar (pueblo de) á 8 leguas de Tehuantepec. 
Tapanatepec (pueblo de) entre Tehuantepec y Tonalá (Oaxaca). 
Tchuacan (villa de) (Puebla). 
Tehuantepec (villa de) Oaxaca. 

Parle oriental del Istmo de Tehuantepec , de Minatitlan al 

Barrio. 
,, occidental ,, ,, del Barrio al Pa- 

cífico. 
Tlacotalpam (villa de) Veracruz. 
Tonalá (villa de) Chiapas. 

Uvero, localidad entre Alvarado y Santiago Tuxtla (Veracruz). 
Santa Efigenia (hacienda de), á 2 leguas de Tapanatepec, Oax. 
Valle de México. 



LA NATURALEZA 229 



ORDEN CRYPTURI. 

Familia Tinamid.'C. 



1. Tinamus robustus . Sel. Vul. perdiz real. (Potr. Etriquehuite, Om). 

2. Tinamus Sallcei. Bp. (Potr. Cord. Ora. S. Efig. Tap. Cacop. Ton.) 

3. Tinamus Boucardi. Sallé. (Uv.) 

ORDEN RALLI. 

Familia Rallidío. 

4. Aramus scolopaceus. Gm. Vulg. toleche. (Alv. Uv. S. Efig. Cacop.) 

5. Aramides albiventris. Laur. Vulg. Gallina de Moctezuma ó popooccal. 

Ave común en los manglares de ambas costas, en los bosques húme- 
dos y en la orilla de los ríos. 

6. Por zana Carolina. Lin. (Oríz. V. de México, Cacop.) 

Familia Gallinulidíe. 

7. Gallínula galeata. Licht. Vulg. Gallina de agua. (Tehpc.) 

8. Fúlica americana. Gm. (V. deMéx., S. MM., Tehpc.) 

9. Heliomis surinamensis . Bp. ex Gm. — No he visto mas que dos ejempla- 

res de esta especie en el rio Goazacoalcos. 

10. Parra gymnosioma. Wagl. Vulg. monjita, viudita. (Cosam. Alv. S. 

Efig. Ton.) 

ORDEN GALLIN.E. 

Familia Cracidre. 

11. Penelope purpurascens, Wagl. Vulg. Faisán gritón, Cojolite, Paro. 

Ave abundante en los bosques de ambas costas. 

12. Ortalida vetilla. Wagl. Vulg. chachalaca. (C. or. Cord. Oriz. Uv. 

Chim. Guich.) 

13. Ortalida poliocephala. "Wagl. (C. occ. Tonillo, Barrio, S. Efig. Tap. 

Ton.) 

14. Crax globicera. Lin. Vulg. Faisanreal. En los bosques de ambas costas. 

Familia Phasianida". 

15. Meleagris? mexicana, Gld. Vulg. Guajolote cimarrón. (Estados de Ve- 

racruz y Oaxaca, Paso del Macho, La Soledad. Mir.): se mantienen 
principalmente en los encinales. 

Familia Tetraonidre. 

16. Odontophorus thoracicus. Gamb. (Cerro de la Defensa, cerca de Córdoba). 

17. Dcndrortyx macrurus. Jard. (R. alp. de Oriz.) 

18. Dcndrortyx barbaius. Licht. (R. alp. de Oriz.) 



230 LA NATURALEZA 

19. Cyrtonyx Massena. Less. No he tenido ocasión de cazar esta hermosa 

ave, pero he ohtenido ejemplares de ella en la plaza de mercado de la 
capital. 

20. Cyrtonyx Sumichrasti. Lawr. Yulg. perdiz de jáquima. ¿;Cvrt. ocel- 

latüs. Gld? 

Como la determinación específica de esta ave ha dado lugar á dudas, no con- 
sidero fuera de propósito de dar aquí algunos pormenores sobre ella. En 1809 
los vaqueros de la hacienda de Santa Efigenia me indicaron la existencia de una 
perdiz que llamaban de jáquima en las montañas que confinan con dicha hacien- 
da por el lado del Norte, pero á pesar del vehemente deseo que tenia de colectar 
ejemplares de ella, no me fué posible hacerlo hasta el mes de Febrero de 1877; 
después de haber acampado cuatro dias en la serranía que se me había señalado 
como principal morada de dicha perdiz no pude conseguir mas que un solo indi- 
viduo macho, adulto y en excelente condición de plumaje. No queriendo desha- 
cerme desde luego de este unicum hice de él una descripción pormenorizada que 
comuniqué á mi excelente amigo y sabio ornitólogo, el Sr. Geo. N. Lawrence, de 
New- York, suplicándole me dijese si, en vista de la referida descripción, conside- 
raba esta especie como inédita ó no. El Sr. Lawrence me hizo el honor de publi- 
car mi descripción en los Annales of the New-York Academy o f Sciences, 
indicando al mismo tiempo los puntos en que se diferenciaba el C. Sumichrasti de 
las otras tres especies entonces conocidas, á saber: los C. Massena, C. Sallcei y 
C. occellatus. Deseando por mi parte elucidar la cuestión, pedí al Sr. Boucard, de 
Londres, una copia de las diagnosis originales de las tres últimas especies. Des- 
pués de una minuciosa comparación de dichas diagnosis con el ejemplar de la ave 
en mi posesión, no pude menos de considerar el Cyrtonyx de Santa Efigenia co- 
mo especie distinta; tal fué igualmente la opinión del Sr. Lavrence, cuando des- 
pués de poco tiempo tuvo á la vista mi único ejemplar: se cercioró de que, á pesar 
de ser su especie quizás algo análoga al C. occellatus. Gld., no se podia referir á 
ella ni la figura ni la descripción que habia dado el Sr. Gould del C. occellatus: 
el ejemplar típico de esta última no existe ya en el Museo británico, y el Sr. Sal- 
vin supone, sin duda con buen fundamento, que la descripción y figura del Señor 
Gould, fueron hechas en vista de un bosquejo quizás inexacto. 

Dejando á un lado una cuestión que no está en mi poder elucidar, daré en se- 
guida la descripción original que hice del C. Sumichrasti, Lawr. y las diagnosis 
del C. occellatus, Gld., que debo á la amistad del Sr. Boucard. 

Macho adulto. Cabeza de un negro intenso y listada de blanco (como en el 
('. Massena); las plumas occipitales forman como una cresta floja de color more- 
no ceniciento pálido; las del lomo son de un gris aplomado claro y recorridas en 
el centro por un rasgo color de canela claro que ocupa toda la longitud del astil 
de la pluma y con manchas trasversales negras en ambos lados; coberteras de las 
alas de un cris ceniciento claro con un rasera color de canela á lo lanj-0 del astil 



LA NATURALEZA 231 

y con manchas negras en cada lado; remeras de un negro pardusco, manchadas 
de blanco en la parte exterior (en las primarias) y de blanco rojizo (en las secun- 
darias); pecho de un rojizo claro, las plumas de los lados de un gris aplomado en 
sus bases; parte superior del abdomen, de un hermoso color rojo de canela, las 
plumas de los flancos manchadas de gris aplomado y señaladas con manchas tras- 
versales salpicadas del mismo color gris; vientre, región anal y coberteras infe- 
riores de la cola, de un negro intenso y opaco; pico con la mandíbula superior 
negra, la inferior blanquecina; pies, gris aplomado; iris pardo-oscuro. Largo to- 
tal O\20.— Ala m , 13.— Tarso m ,025. 

Hé aquí ahora la diagnosis original del C. occellatus, Gld. 

Abdomine medio pallide castaneo; lateribus inferior ibus splendide casta- 
neis, transversim nigro-fasciatis; corporis superioris plumis linea lata cen- 
trali ad apicem latiore omalis. * 

Long. Q l / 2 poli. Rostrum % poli. Ala 4% poli, tarsus 1% poli. Habitat in 
Guatemala (!) 

21. Ortyxpectoralis. Gld. Vulg. Codorniz (C. or. de México: abundante en 

los llanos de Paso de Ovejas, La Estanzuela, etc.) 

22. Ortyx coyolcos. Gm. (C. occ. de México, Juch. S. Efig. Cacop. Ton.) 

23. Callipepla squamala. Vig. No he visto de esta especie originaria de los 

Estados setentrionales de la República mas que los ejemplares que 
compré vivos en el mercado de la capital. 

24. Lagopus leucurus. Lu. He visto en 1854 un ejemplar de esta ave en el 

Museo de México, cuya procedencia era, según se decia, el Popocate- 
petl: es probable, sin embargo, que debia ser de alguna parte más se- 
tentrional de la República. 

ORDEN C0LUMR;E. 

Familia Coluuibida 1 . 

25. Lepidcenas speciosa. Gm. Esta hermosa paloma es bastante común en 

los bosques de las inmediaciones de Córdoba. (Potr. Chiquihuite.) 

26. Columba fasciata. Say. Vulg. paloma volcanera. (Reg. alp. Oriz.) 

27. Columba flavirostris. Wagl. (Tierras calientes y templadas de ambas cos- 

tas; Oriz. Córd. Potr. S. Efig. Tap. Ton.) 

28. Z enaidura carolinensis. Lin. Vulg. chicalotera. Se halla en invierno 

en toda la República en considerable número. 

29. Chamwpelia passerina. Lin. Vulg. tortolita. (Común en casi toda la 

República. 

30. Chamepelia rufipennis. Gr. (T. cal. de Veracruz. Potr. Om.) 

' En esta diagnosis no se indica el color de la linea central de las plumas del lomo, ni se men- 
ciona el color negro de la parte inferior del abdomen, carácter por cierto mu\ notable en el C. Su- 
michrasti. 

La Naturaleza.— Tomo V.— 31. 



232 LA NATURALEZA 

31. Scardaf ella inca. Less. (C. or. C. occ. Córd. Oriz. Tehpc. Tap.) 

32. Helopelia leucoptera. Lin. (Parte occ. y centr. de la República. V. de 

Méx. Tehn. Oaxaca, Tehpc. Juch. Tap.) 

33. Peristera mondctonra. Bp. Especie rara: no he visto de ella mas que 

pocos ejemplares colectados en Omealca y Jocuila, en la tierra tem- 
plada del Estado de Veracruz. 
• 34. Leptotila albifrons. Bp. Común en los bosques de ambas costas. 

35. Geotrygon albifacies. Gr. Vulg. Mateo (en Orizaba) (Oriz. Córd.) 

36. Geotrygon montana. Lin. (Potr. Chiquihuite.) 

ORDEN LIMICOLJE. 

Familia Charadriadít. 

37. (Edicnemus bistriatus. \Vagl. Vulg. Alcaraban. Ave muy común en 

los llanos de ambas costas. 

38. Squatarola helvesica. Lin. En ambas costas de la República, en las pla- 

yas del mar. 

39. Oxyechus vociferus. Wils. Vulg. tildio. En casi toda la extensión de 

la República, en las llanuras de la mesa central como en las costas. 

40. ^Egialitis semipalmatus. Bp. (Tehpc. S. M. M.) 

41. ^Egialitis collaris. Vieill. (Tehpc.) 

Familia Hscmotopodidíe. 

42. Hcematopus pallaius . Tem. (Tehpc. S. M. M. Ton.) 

43. Strepsilas inierpres. Lin. En las mismas localidades que el anterior. 

Familia Phalaropidn;. 

•44. Lobipes hyperboreus. Lin. Bahía de la Ventosa. 

Familia Scolopacida?. 

45. Macroramphus griseus. Var. Scoloptaceus. Say. (C. occ. Tehpc.) 

46. Actilurus Bartranici. Wils. Vulg. ganga. (En ambas costas y en el in- 

terior. Oriz. Cacop. Tap.) 

47. Hicropalama himantopus . Bp. * 

48. Ereunetes pusillus, Var occidentalis. Laur. 

49. Actodromas minutilla. Vieill. 

50. Calidris arenaria. Lin. 

51. Limosa fecloa. Lin. 

52. Symphemia semipalmala. Gm. 

53. Gambetta mesano Ineca. Gm. 

* Siendo esta especie y las doce siguientes umversalmente extendidas en gran parte del Con- 
tinente Norte-Americano, no indico las localidades en que recogí ejemplares de ellas. 



LA NATURALEZA 

54. Gambcttti flacipcs. (irn. 

55. Ryacophilus solitarius Wils. 

56. Tringoides macularius . Lin. 

57. Numenius longiroslris . Wils. 

58. Numenius hudsonicus. Lnth. 

59. Gallinago Wilsoni. B. 

60. Recurvirostra americana. Grn. (C. or. Alv. Cord.) 

61. Himanlopus nigricollis. Vieill. (En toda la República.) 

ORDEN HERODIONES. 

Familia TantalidíC. 

62. Tantalus loculator. Lin. Vulg. galambao. (T. cal. y T. templ. de am- 

bas costas y. en muchas localidades del interior. 

63. Ibis alba. Lin. (T. cal. de ambas costas.) 

64. Ibis ordi. Bp. (México central, or. y occid.) 

Familia Artleidre. 

65. Árdea herodias. Lin. (México centr. or. y occ.) 

66. Egretta leuce. Bp. Vulg. garza blanca. (Méx. centr. or. occ.) 

67. Garzetia candidissima. Gm. (En toda la República.) 

68. Demiegrelta leucogasíra. Licht. (Tampico, Tehpc.) 

69. Demiegrelta rufa. Bodd. (Ríos y lagos de ambas costas.) 

70. Demiegretta Pealei. Bp. (Tehpc. Ventosa.) 

71. Florida coeridea. Lin. Vulg. garza azul (de ambas costas). 

72. Agamia picta. Reich. Especie rai'a en México; del Rio Goazacoalcos y 

de Tuxpango, cerca de Orizaba, procedían los dos únicos ejemplares 
que he visto de esta garza. 

73. Rutorides virescens. Lin. (Abundante en ambas costas.) 

74. Ar delta exilis. Gm. (Tehpc.) 

75. Nyctiardea grísea. Vulg. perro de agua. (V. de Méx. Oriz. Tehpc.) 

76. Nyctherodius violaceus. Lin. (Tampico, Cosam. Tehpc.) 

77. Rotaurus minor. (V. de Méx. Oriz.) 

78. Tigrisoma Cabanisi. Reine, Vulg. come culebras, garzón. (Ambas 

costas de la República.) 

79. Cancroma cochlearia. Lin. Vulg. cuchareta (de ambas costas). 

80. Phitalea ajaja. Lin. Vulg. cuchareta (de ambas costas y del interior). 

URDEN ANSERES. 

Familia Anatida 1 . 

81. Avéser? Gambeli? Hartl. Vulg. ganso. Innumerables bandadas de gan- 

sos que con alguna duda refiero á esta especie, permanecen desde Oc- 



234 LA NATURALEZA 

tubre hasta Mayo en los llanos de Nopalapara, etc., (Veracruz) y de 
Santa María del Mar, cerca de Tehuantepec. 

82. Anser hyperboreus. Pall. (Llanos del Pacífico en Invierno.) 

83. Dendrocygna autunmalis . Vulg. Pichichí. Especie común en los lla- 

nos húmedos de ambas costas. 

84. Marcea americana. Gm. Valle de México. 

85. Anas boschas. Lin. ,, ,, ,, 

86. Dafila acula. Lin. ,, ,, ,, 

87. Querquedula cliscors. Lm. ,, ,, ,, 

88. Querquedula cyanoptera. Vieill. Vulg. Sarcela. (En las lagunas y rios 

de ambas costas.) 

89. Catrina moschala. Lin. Bastante común en ambas costas. 

90. Fulioo affinis. Eyt. (Orizaba.) 

91. Mergus cucullatus. Lin. (Oriz.) 

ORDEN PYG0P0DES. 

Familia Podicipidai. 

92. Podiceps dominicus. Lin. Vulg. Zambullidor. (Común en las lagunas 

de ambas costas y en las de las montañas y del interior.) 

93. Podilymbus podiceps. Lin. (V. de Méx.j 

ORDEN GAVI/E. 

Familia Laridíe. 

94. Larus delawarensis. Ord. Vulg. Gavióla. He colectado esta especie, 

así como las diez siguientes, en las costas del golfo de Tehuantepec. 

95. Laurus californicus. Lawr. 

96. Chroicocephalus alricilla. Lin. 

97. Gelochelidon anglica. Mont. 

98. Thalasseus maximus. Bodd. 

99. Thalasseus cantiacus. Gm. 

100. Slerna Forsteri. Nutt. 

101. Sterna Dougalli. Mont. 

102. Sterna superciliaris. Vieill. (St. frenata, Gamb.) 

103. Hydrochelidon fissipes. Lin. 

104. Rhynchops nigra. Lin. 

URDEN STEGANOPUÜES. 

Familia Plotida 1 . 

105. Plotus anhinga. Lin. Vulg. pato marlu. zambullidor. (C'osfim. S. 

Efig. Ton.) 



LA NATURALEZA 

'nnan 

, ,i.i;l Pelccanidfe. 

MI! 

106. Gracuhis mexicanas. Rramlt. V\úg.pato marin. Ave muy abundan- 

te en ambas costas de la República, de donde sube, siguiendo el cur- 
so de los ríos, hasta el interior. (Lago de Pátzcuaro, Cosam. Tehpc. 
Tap. Ton.) 

107. Pelecanus fuscus. Lin. Vul. Alcatraz, pelicano , Muy común en las 

costas. 
IOS. Pelecanus trachyrynchus . Lath. Val»'. Alcatraz blanca. No es tan 
común como el anterior; se aleja mucho de las costas y se encuentra 
en lagos de Agua dulce. (V. de Méx. Oriz.) 

109. Tachypetcs aquilas. Lin. Vulg. Colalijera. (Abundante en ambas 

costas; Santecomapam, Tehpc, S. M. AL Ton.) 

ORDEN ACCIP1TRES. ' 

Familia Vnltaridse. 

110. Cathartes papa. Lin. Vulg. Zopilote rey ó rey de zopilotes. En am- 

bas costas de la República, hasta una altura de 1,000 á 1.500 me- 
tros. (Oriz. Goaz. S. Efig. Cacop. Ton.) 

111. Catharisles atratus. Bartr. Vulg. Zopilote. En toda la. República. 

113. (Enojos aura. Lin. Vulg. Aura (Veracruz) ó Patatuco (Tehpc). Des- 

de el nivel del mar hasta una altura de 14,000 pies en los flancos del 
Pico de Orizaba, del Popocatepetl, etc. 

Familia Falcomdflj. 

114. Polyborus cheriicay. Jacq (P. Auduboni Cass.) Vulg. Quebranta hue- 

sos. Común por doquiera, aunque más abundante en las tierras ca- 
lientes y templadas de las costas. 

115. Circus hudsonius. Lin. Vulg. Rastrojero. (En toda la República, de 

Setiembre á Abril.) 
110. Micrastur semitorquatus. Vieill. Vulg. Vaquero (Veracruz) ó Lla- 

manorte (Tehpc). Tierras calientes y templadas de ambas costas. 
117. Micrastur guerilla. Cali. (Oriz. Córd. T T v.) 
US. Geranospizias niger. Du Rus. (Tierras cal. de ambas costas.) 
119. Erythrocnema (anterior) unicineta. Tem. Esta especie os particular- 
mente común en los Estados occidentales do la República. (Tehn. 
Oaxaca. Tehpc. Tap.) 

Por las especies do este orden y del siguiente lie adoptado enteramente la nomenclatura del 
Sr. R. Bowdler Sharpe en su excelente obra titulada: nGatalogtiQ oí lije Accipilres io the collection 

of the Britsh Mus ¡um, > 1804, lomos I \ II. 
La Naturaleza.— Tomo V.— 31.-2? 



236 LA NATURIA 

120. Accipiter fuscus. Gm. Vulg. Ven Nopaksde Setiembre á Abril en casi 

toda la extensión de la República. uar 

121. Accipiter Cooperi. Bp. No tan común como el anterior: de Setiembre 

á Abril. (Üriz. S. Efig. Ton.) 

122. Accipiter bicolor. Vieill. No muy común en México: en muclios años 

de residencia no be colectado más que dos individuos, el uno (9 ) en los 
encinales del Potrero y otro (<?) cerca de Tapanatepec. 

123. Tachytriorchis albicaudatus . Vieill. Extensamente distribuida en Mé- 

xico (Mirador, Puebla, Oaxaca, Telipc. Tap. Ton). 

124. Buteo borealis. Gm. (Micboacan, Oriz. Tebpc.) 

125. Buteo borealis. var. monianus. Nutt. (Tebpc.) 

126. Buteo laiissimus. AVils. (Oriz. S. Efig.) 

127. Buteola brachuyra. Vieill. (Tehpc. Ton.) 

128. Asturina plagíala. Scbl. Una de las aves de rapiña más abundantes en 

todo el Sur, liste y Oeste del país. 

129. Asturina magnirostris. Var. griseocauda. Pudgw. Vulg. gavilán 

pollero. Muy común en las costas, basta una altura de 1,200 metros. 

130. Busarellus nigricollis. Latb. Especie de rara ocurrencia en México: 

no he colectado más que dos ejemplares en Los Ventorrillos cerca de 
Tlacotalpam. 

131. Ürubitinga zonura. Shaw. Vulg. aguilucho. 

132. Ürubitinga anthracina. Nitsch. Estas dos especies son muy comunes 

en los tierras calientes y templadas de las costas, hasta una altura de 
1,000 metros. (Mir. Oriz. Córd. S. Efig. Tap. Ton.) 

133. Ürubitinga Ghisbreghti. Du Bus. Vulg. gavilán blanco. Se halla con 

frecuencia esta especie en los bosques de la tierra caliente y templada 
de Veracruz (Mir. Huat. Uv.), pero hasta la fecha no la he encontra- 
do en la costa del Pacífico. 

134. Thrascetus harpya. Lin. Vulg. Águila coronada. Durante mi larga 

residencia en México no he tenido oportunidad de ver más que tres 
ejemplares de esta poderosa ave de rapiña, cuya verdadera patria pa- 
rece ser la América del Sur: el primero se conservaba vivo en Tacu- 
baya en los años de 1854 á 1855; el segundo fué capturado en Ori- 
zaba en 1862, y me cupo la buena fortuna de matar el tercero en el 
cerro de Guichilona, en el centro del Istmo de Tehuantepec en 1868. 

135. Spiziaslur melanoleucus. Vieill. Este rapaz, uno de los más hermosos 

entre los indígenas, parece raro en México: lo he capturado en la cos- 
ta del Golfo y en la del Pacífico. (Uv. S. Efig.) 

136. Sp>izcetus mauduyti. Daud. Vulg. Águila. Vive en los bosques de am- 

bas costas. (Mir. Uv. S. Efig.) 

137. Spizwtus tyrannus. Wied. Vulg. águila. (Mir.'Potr.) 



LA NATURALEZA 237 

138. HerpetolJieres cachinnans. Lin. Vulg. Vaquero (Y eracruz) ó Llama- 

norte (Tehpc). Común en los llanos de ambas costas, hasta la altura 
de 1,000 metros. 

139. Elanoides furcatus. Lin. Especie poco común en México en donde no 

he logrado colectar más que un solo individuo en Cacoprieto. 

140. Rostrhamus sociabilis. Orb. (Catemaco, cerca de San Andrés Tuxtla, 

Cosam.) 

141. Leptodon uncinalus . Tem. (Uv. Cosam. S. Efig. Cacop. Ton.) 

142. Leptodon cayennensis. Gm. (Tlacot. Cacop. Tap.) 
142 bis. Elamts leucurus. Vieill. (Mir. Oriz.) 

143. Harpagus fasciatus. Lawr. (Potr. S. Efíg. Cacop.) 

144. Ictinia plúmbea. Vieill. (Uv. China.) 

145. Falco fusco-cosrulescens . Vieill. (Om. Tehpc.) 

146. Falco albigularis. Daud. (Mir. Oriz. S. Efig. Tap. Cacop.) 

147. Falco columbarius. Lin. Especie norte-americana que emigra á Mé- 

xico en Invierno. (V. de Méx. Oriz. Tehn.) 

148. Cerchneis sparveria. Lin. Vulg. chilero. En toda la superficie de la 

República, dé Octubre á Abril: llega generalmente en el Sur de la 
República hacia el 29 de Setiembre. 

149. Pandion halicetus var. Carolinensis. Ridgw. Vulg. Águila pesca- 

dora. Común en ambas costas de la República, en las orillas del mar 
de donde sube siguiendo el curso de los rios hasta cierta distancia en 
el interior. 

ORDEN STRIGES. 

Familia Bubouidfe. 

150. Buho virginianus. Sw. Vulg. buho, tecolote. Este buho se encuentra 

en casi toda la República, á todas las alturas y bajo todos los climas. 
(V. de Méx. Chapultepec, Monte Alto, San Rafael, Angangueo, Oriz. 
Tehpc. Cacop., etc.) 

151. Scopts flammeolus. Licht. (Reg. alp. Oriz.) 

152. Scops trichopsis. Wagl. (Cacop.) 

153. Lophostrix stricklandi. Sclat. (Cacop.) 

154. Speoiyto cunicularia. Mol. (Perote, Oriz. Juch. Cacop.) 

155. Glaucidium gnoma. Wagl. (Oriz. Tehpc. Tap.) 

156. Glaucidium Ridgicayi. Sharpe. (Oriz. S. Efig. Ton. y Gineta. Chiapas. ) 

157. Asió americanus. Heph. (V. de Méx. Oriz.) 

158. Asió accipitrinus. Pall. (V. de Méx.) 

159. Syrnium? nebulosum? Refiero á esta especie, aunque con alguna duda. 

un Syrnium colectado en los bosques de Monte Alto, cerca de México. 

160. Syrnium virgatum. Cass. (Oriz. Tehpc. S. Efig. Tap. Cacop.) 

161. Syrnium squamulatinn. Licht. (Tehpc.) Varios autores y entre ellos 



238 LA NATURALEZA 

el sabio autor del «.Catalogue of Striges in the Brit. Musen m, * 
refieren esta especie al S. virgatum. El Sr. Lawrence la considera 
distinta y ha dado de ella una descripción en el Bv.lletin of the Uni- 
ted States National Museum, nv'un. 4, indicando al mismo tiempo 
las diferencias de color que se notan entre ambas especies. 

162. Syrnium nigrolinealum. Sclat. (S. Efig. Cacop.) 

163. Syrnium perspicillaiurn. Latb. (Om. Uv. S. Efig.) 

Familia Strigida. 

164. Sirix flammea. V ar. pratíncola. Ridgw. Vulg. Lechuza. (Oriz. Tehpe. 

Cacop. Ton.) 

ORDEN PSITTACI. 

ramilia Psittacirtíe. 

165. Ara macao. Lin. Vulg. Guacamaya. Común en ambas costas de Mé- 

xico, pero sobre todo, en la del Pacífico. (Tampico, Tuxpan, Uvero, 
Thepc. S. Efig. Cacop. Ton.) 

166. Ara militaris. Lin. Vulg. Guacamaya verde. Especie residente par- 

ticularmente en las montañas. (Reg. alp. de Oriz. y de Zapotitlan, 
cerca de Huamelula.) 

167. Rhynchopssilta pachyryncha. Sw. Vulg. Cacarita. Especie igual- 

mente confinada en los bosques de la región alpina. (Cofre de Perote, 
Popocatepetl. Moyoap.) 

168. Conurus aztec. Souancé. Vulg. perriquiia. (Om. Cosam. Guich.) 

169. Conurus holochlorus. Sclat. (Om.) 

170. Conurus Petzi. Leibl. (Costa del Pacífico, Tehpc. Juch. Tap. Ton.) 

171. Brotogeris tovi. Gm. Vulg. Catarinita. S. Efig. Cacop. Ton.) 

172. Pionus senilis. Spix. (Mir. Potr. Oriz.) 

173. Chrysotis farinosa. Bodd. (Potr. Chim.) 

174. Chrysotis auripalliata. Less. (S. Efig. Tap. Cacop. Ton.) 

175. Chrysotis Levaillanti. Gr. (T. C. de Veracruz.) 

176. Chrysotis áutumnalis. Lin. (T. C. de Veracruz.) 

177. Chrysotis albifrons. Sparm. (Tehpc. Juch. S. Efig. Cacop. Ton.) 

178. Chrysotis Finschi. Sel. (Ventosa, Tehpc. Zanatepec.) 

URDEN COCCYGES. 

Familia Ramphastidíe. 

179. Ramphastos carinatus. Sw. Vulg. pico de canoa. (Costa or. de Mé 

xico hasta una altura de 1,000 metros. Cosam. Uv. Córd.)] 

180. Pteroglossus torquatus. Gm. Vulg. pito real. Indígena de ambas cos- 

tas. (Uv. Cosam. Córd. Om. S. Efig. Tap. Ton.) 



LA NATURALEZA 280 

181. Aulacoramphus prasinus. Licht. Particularmente residente á una al- 

tura de 900 1,300 metros en la Reg. alpina. (Oriz. Mir.) 

Familia Bncconidie. 

182. Buceo Dysoni. Sel. (S. Efig. Táp.) 

Familia Cuculidfe, 

183. Geococcyx meocicanus. Gm. (Mesa central.) Vulg. Correeamino. 

184. Geococcyx affinis. Ilartl. (Soledad, Potr. Juch. Cacop.) 

185. Dromococcyx phasianellus. Spix. (Potr. S. Efig. Cacop.) 

186. Crolophaga sulcirostris. S\v. Vulg. Garrapalero, pihui. (Común en 

las tierras calientes y templadas. 

187. Coccyzus erythrophlalmus . Wils. Vulg. platero. (Oriz. occidental.) 

188. Coccyzus minor. Gm. (Tap. Cacop.) 

189. Piay a cayana. Lin. Vulg. pájaro bobo. (Chihuitan, Barrio.) 

190. Piaya ridibunda. Gm. (Tehpc.) 

191. Piaya Mehleri. Bp. (Córd.) 

192. Morococcyx erythropygius. Less. (Tehpc. Jucb. S. Efig. Ton.) 

Familia Trogonidre. 

193. Trogon mexicanas. Sw. (Monte Alto, Popocatepetl. R. alp. Oriz.) 

194. Trogon ambiguus. Gld. (Reg. alp. Oriz.) 

195. Trogon puella. Gld. (Uv. Chima!.) 

196. Trogon braccatus. Cab. (Guich.) 

197. Trogon caligalus. Gld. (Uv. Om. Cacop.) 

198. Trogon melanocephalus . Gld. (Uv.) 

199. Trogon citreolus. Gld. (Tehpc. occ. Jucb. S. Efig. Tap. Cacop. Ton.) 

200. Trogon massena. Gld. (Uvero.) 

Familia Aleedmidíc. 

201. Ceryle torquata. Lin. Vulg. pescador. De ambas costas. 

202. Ceryle aleyon. Lin. En todo México en Invierno. 

203. Ceryle amazona. Lin. (Tehpc. or. y occid.) 

204. Ceryle cabanisi. Tsch. (V. de Méx. Oriz. Córd. S. Efig. Tap.) 

205. Ceryle superciliosa. Lin. (Uv. Om. S. Efig.) 

Familia Momotidíc. 

206. Momolus Lessoni. Less. (Córd. Guich.) 

207. Momoius mexicanits. Sw. (Tehpc. occ. S. Efig. Tap. Ton.) 

208. Hylomanes momotiila. Licht. (Uv.) 

209. Eumomoia siipcrciliaris. Sw. (S. Efig. Tap. Cacop.) 

La Naturaleza. — Tomo V.— 32. 



240 LA NATURALEZA 

ORDEN PICI. 

Familia Picidae. 

210. Picus Harrisü. Aud. (Reg. alp. Oriz.) 

211. Picus scalaris. Wagl. (V. de Méx. Oriz. Pte. col.) 

212. Picus varius. Lin. (V. de Méx. Oriz. S. Efig.) 

213. Catnpephilies guatemalensis. Hartl. (Oriz. Uv. Tehpc. S. Efig.) 

214. Bryocopus scapidaris. Vig. (Mir. Córd. Uv. Cacop.) 

215. Celeus castaneus. Licht. (Uv. Om.) 

216. Centurus Pucherani. Malh. (Uv.) 

217. Centurus aurifrons. Wagl. (Oriz. Córd. Juch. S. Efig. Ton.) 

218. Centurus hypopolius. Wagl. (Chapulco, Tehn.) 

219. Chloronerpes ceruginosus. Licht. (Oriz. Guich. Tap.) 

220. Chloronerpes oleaginus. Licht. (Uv. Potr. Oriz.) 

221. Melanerpes formicivorus . Sw. (Michoacan, Potr. Oaxaca, Gineta.) 

222. Colectes mexicanus. Sw. (Monte Alto, R,eal del Monte, Perote.) 

ORDEN PASSERES. 

Familia Turdidre. 

223. Catharus Melpomene. Cab. (Oriz. Moyoap.) 

224. Catharus occidentalis. Sel. (Oriz. Zapotitlan, cerca de Huamelula.) 

225. Catharus mexicanus . Bp. (Mir. Oriz.) 

226. Turdus mustelinus . Gm. (Oriz. Tehpc.) 

227. Turdus Swainsoni. Cab. (Tap.) A esta especie refiere el Sr. Geo. N. 

Lawrence ejemplares de un Hylocichla colectados por mí en Tapana- 
tepec, en Abril de 1869: el Sr. Salvin supone, fundándose en las 
observaciones que él mismo hizo en Guatemala sobre la repartición geo- 
gráfica en aquel país, de ambas especies, que pertenecían probable- 
mente dichos ejemplares al T. ustulatus. Nutt. 

228. Turdus Auduboni. Baird. (Reg. alp. Oriz.) 

229. Turdus tristis. Sw. (T. assimilis. Cab.) Vulg. Mirlo. (Uv. Potr. 

Córd. Oriz.) 

230. Turdus Grayi. Bp. Vulg. Primavera. Especie común en ambas costas 

de la República. 

231. Turdus migratorius. Lin. (V. de Méx. Reg. alp. Oriz.) 

232. Turdus flavirostris. Sw. Especie particular á la costa occidental de 

México. (Tehpec.) 

233. Tvrdus pinicola. Sel. (Reg. alp. Oriz.) 

234. Turdus infuscatus. Lafr. (Reg. alp. Oriz.) 

235. Galeoscoples carolinensis. Lin. (Mir. Oriz.) 

236. Melanotis cosridescens. Sw. Vulg. Mulato. (Oriz. Zapotitlan.) 



LA NATURALEZA 241 

237. Harporynchus ¿ongiroslris. Lafr. (Oriz.) 

238. Harporynchus occellatus. Sel. Especie rara; he colectado un ejemplar- 

único de ella cerca de San Andrés Chalcliicomula. 

239. Harporynchus curvirostris . Sw. Vulg. cuitlacoche. (Perotó, Chal- 

chicomula, Tlin.) 

240. Mimus polyglottus. Lin. Vulg. Zenzontle. (Oriz. Tehpc. S. Efig. Tap.) 

241. Mimus gilvus. VieiU. Vulg. Zenzontle. (Tehpc.) 

242. Myadectes * obscurus. Lafr. Vulg. Jilguero. Monte Alto, Reg. alp. 

Oriz.) 

243. Myadectes unicolor. Sel. Vulg. Jilguero fino, clarín. (T. T. Vcruz., 

Zongolica, Mir. Zapotitlan.) 

Familia Cinolidffi. 

244. Cinclus mexicanus. Sw. (Popocatepetl, Oriz.) 

Familia Sylviidre. 

245. Sialia Sialis. Lin. (Oriz.) 

246. Sialia mexicana. Sw. (Popoc. Reg. alp. Oriz.) 

247. Regulus sátrapa. Licht. (Oriz.) 

248. Regulus caléndula. Lin. (Oriz.) Aunque no he colectado personalmente 

esta especie he visto ejemplares de ella en la colección del Sr. Botteri 
que habian sido capturados en las inmediaciones de Orizaba. 

249. Polioptila coerulea. Lin. (Oriz. Tehn. Tehpc.) 

250. Polioptila nigriceps. Baird. (Quiotepec, S. Efig. Tap. Ton.) 

251. Polioptila albiloris. Sel. y Salv. (Tehpc. S. Efig. Cacop.) 

Familia Parid». 

252. Lophophanes Wolhoeberi. Bp. (Aculzingo.) 

253. Par us meridionalis. Sel. (Popoc. Volcan de Oriz.) 

254. Psaltripariis melanotis. Hartl. (Reg. alp. Oriz.) 

255. Sitta aculeata. Cass. (Popoc. Reg. alp. Oriz.) 

256. Sitta pygmcea. Vig. (Popoc.) 

Familia Certhiidte. 

257. Certhia mexicana. Reich. (Popoc. Reg. alp. Oriz.) 

Familia Tróglodytidte. 

258. Campylorynchus capistratus. Less. (Ton.) 

259. C ampylorynchus humilis. Sel. (Tehpc. Juch. S. Efig. Ton.) 

" El género Hyadecles (ó como so escribe generalmente por un error ortográfico Hyadestes) 
fué largo tiempo considerado romo perteneciente á la familia de los Ampelid»; pero hoy dia se coo- 
sldera como más vecino de los Turdidae: es cuando menos la opinión de los Sres. Baird y Salvia. 



242 LA NATURALEZA 

260. Campylorynchus jocosus. Sel. (Thn.) 

261. Campylorynchus Zonatus. Less. Vulg. Matraca. (Mir. Oriz. Guich.) 

262. Campylorynchus pallescens. Lafr. (Reg. alp. Oriz.) 

263. Salpincles obsoletus. Say. Vulg. Saltapared. (V. de Méx. Cacop.) 

264. Catherpes meocicanus. Sw. Vulg. Saltapared. (V. de Méx. Cholula, 

Oriz. S. Efig.) 

265. Catherpes Sumichrasti, Lauwr. El ejemplar que sirvió al Sr. Lawren- 

ce para la descripción de esta especie, es el único que llegó á mis ma- 
nos; lo debia á la amistad del Sr. J. Labarraque, de Córdoba, quien 
lo mató en Mata Bejuco (Veracruz). 

266. Henicorhina leucosticta. Cab. (Uv. Oriz. Guich.) 

267. Henicorhina leucophrys. Tsch. (Reg. alp. Oriz.) 

26S. Tryophilus pleurosticlus •. Sel. y Salv. Esta especie parece confinada en 
la costa del Pacífico. (Guich. S. Efig. Cacop. Ton.) 

269. Tryothorus maculipectus. (Oriz. Córd. Uv. Guich.) 

270. Tryothorus Bairdi. Salvin. (Pte. Col.) 

271. Troglodytes a?don. Vieill. (Oriz.) 

272. Troglodytes brumeicollis . Sel. (Monte Alto, Reg. alp. Oriz.) 

273. Cistothorus polyglottus. Vieill. (Oriz.) 

Familia Motacillidaí. 

274. Anthus ludovicianus . Gm. (Oriz. Tehpc.) 

Familia Muiotiltidre. 

275. Mniotilta varia. Lin. (Uv. Córd. Oriz. Guich. Cacop.) 

276. Helminthotherus vermivorus. Gm. (Reg. alp. Oriz.) 

277. Helminthophaga ruficapiUa. Wils. (Oriz. S. Efig.) 

278. Helminthophaga célala. Say. (Oriz.) 

279. Helmintliopliag a peregrina. Wils. (S. Efig. Cacop.) 

280. Parida americana. Lin. (Oriz. S. Efig.) 

281. Parida super cilio sa. Hartl. (Reg. alp. Oriz.) 

282. Dendrwca estiva. Gm. Especie común, de Setiembre á Abril, en gran 

parte de la República: es esta una de las aves norte americanas que 
llegan primero á México en sus emigraciones hacia el Sur: he colectado 
ejemplares á mediados de Agosto, y no seria de extrañar que fuese 
aún residente en varias partes de la República. 

283. Dendrajca corónala. Lin. (Oriz. S. Efig. Gineta.) 

284. Dendrceca Audoboni. TWns. (Oriz. Tecamaluca.) 

285. Dcndraeca virens. Gm. (Oriz. S. Efig.) 

286. Dendrceca occidentalis. Towns. (Reg. alp. Oriz.) 

287. Dendr&ca nigrescens. Towns. (Reg. alp. Oriz.) 



LA NATURALEZA 213 

288. Dendrceca Blackburnice. Gm. (Oriz. Juch.) 

289. Dendrceca castanea. Wils. (Tehpc.) 

290. Dendrceca olivácea. Gir. (Popoc. Reg. alp. Oriz.) 

291. Dendrceca maculosa. Gm. (S. Efig. Cacop.) 

292. Dendrceca dominica. Lin. (Oriz. S. Efig.) 

293. Dendrceca grecice. Coues. (Sierra Madre, cerca de Iluamelula.) 

294. Seirus auricapillus . Lin. (Oriz. Guich.) 

295. Seirus noveboracensis. Gm. (Oriz. Tap. Cacop.) 

296. Seirus ludovicianus . Aud. (Mir. Barrio, S. Efig.) 

297. Oporomis formosus. Wils. (Guich.) 

298. Geothlypis trichas. Lin. (Oriz.) 

299. Geothlypis Mcegillivrayi. Aud. (Tehpc. Oriz.) 

300. Icteria virens. Lin. (Córd. Oriz. S. Efig. Tap. Ton.) 

301. Granatellus Sallcui. Bp. (Potr.) 

301 bis. Granatellus venustus. Du Bus. (S. Efig.) 

302. Myodioctes mitratus. Gm. (Oriz.) 

303. Myodioctes pusillus. Wils. (Oriz. Guich.) 

304. Myodioctes ccerulescens. Gm. (Dendrteca, id., Baird.) (Barrio, Guich.) 
304 bis. Basileuterus culicivorus. Licht. (Oriz.) 

305. Basileuterus rajifrons. Sw. (Oriz. Guich.) 

306. Basileuterus Belli. Gir. (Oriz.) 

307. Setophaga ridicula. Lin. (Potr. S. Efig.) 

308. Setophaga picta. Sw. (Chapultepec, Gineta.) 

309. Setophaga miniata. Sw. (Oriz. Zapotitlan.) 

310. Setophaga lachrymosa. Bon. (Córdoba, S. Efig.) 

311. Carclellina rubra. Sw. (Popoc. Reg. alp. Oriz.) 

Familia Hirundinida:. 

312. Progne subis. Lin. (Monte Alto, Reg. alp. Oriz.) 

313. Progne leucogaster. Baird. (Córd. Oriz. Juch. Tehpc. Ton.) 

314. Petrochelidon Sivainsoni. Sel. (V. de Méx. Thpec.) 

315. Hirundo horreorum. Bart. (V. de Méx. Tehpc. Tap.) 

316. Tachycineta bicolor. Viell. (V. de Mex. Oriz. Cacop.) 

317. Tachycineta thalassina. (Y. de Méx. Oriz.) 

318. Stelgidopteryx fulvipennis. Sel. (Oriz.) 

319. Coiyle riparia. Lin. (Tehpc.) 

Familia Yireoiiidíe. 

320. Vireosylvia flavoviridis. Cass. (Oriz. S. Efig. Tap. Cacop.) 

321. Vireosylvia gilva. Yiell. (Oriz. S. Efig.) 

322. Vireosylvia flavi/rons. Yiell. (S. Efig. Gineta.) 

La Natüraleia.— Tomo V.— 3'2.-29 



244 LA NATURALEZA 

323. Vireosylvia solitaria. Wils. (Oriz. Tehpc. S. Efig.) 

324. Vireo Huttoni. Cass. (Oriz.) 

325. Vireo noveborascensis. Gm. (S. Efig.) 

326. Vireo Belli. Aud. (Tehpc. S. Efig.) 

327. Vireo hypochryseus. Sel. (Quiotepec.) 

328. Neochloe brevipennis. Sel. De esta rara especie no he visto mas que 

dos ejemplares colectados en Orizaba y pertenecientes á la colección 
del Sr. Botteri. 

329. Hylophilus decurtatus. Bp. (Uv. Chim.) 

330. Cychloris flaviventris. Lafr. (Mir. Oriz. Guich.) 

331. Vireolaniusmelitophrys. Bp. Especie rara. (Oriz.) 

Familia Lanudo?. 

332. Collurio ludovicianus. Var. excubitoroidés. Sw. (Oriz. Tehpc.) 

Familia Ampelida?. 

333. Ampelis cedrorum. Viell. (V. de Méx. Oriz. Tehpc.) 

334. Ptilogonys cinereus. Sw. (Reg. alp. Oriz.) 

335. Phcenopepla nitens. (Sw. V. de Méx. Tehn.) 

Familia Crerebida). 

336. Diglossa bariiula. "Wagl. (Agangueo, Oriz.) 

337. Ccereba carneipes. Sel. (Uv. Córd. Cacop. 

Familia Tanagridfe. 

338. Chlorophonia occipitalis. Du Bus. (Oriz. Gineta.) 

339. Euphonia Gouldi Sel. (Omealca.) 

340. Euphonia el eg antis sima. Gir. (V. de Méx. Oriz.) 

341. Euphonia afpnis. Less. (Córd. Uv. Barrio, Tehpc.) 

342. Euphonia hirundinacea. Bp. (Córd. Om. Guich.) 

343. Tanagra diaconus. Less. (Uv. Córd. Om.) 

344. Tanagra abbas. Licht. (Córd. Oriz. Uv. Guich.) 

345. Phlogothraupis sanguinolenta. Less. (Uv. Córd.) 

346. Pyranga rubra. L. (Oriz.) 

347. Pyranga (estiva. Gm. (Oriz. Chihuitan, S. Efig.) 

348. Pyranga hepática. Sw. (V. de Méx. Oriz.) 

349. Pyranga ludoviciana. Wils. (Oriz. Córd. Tehn. S. Efig.) 

350. Pyranga cnjthromelcena. Licht. (Mir. Potr. Om.) 

351. Pyranga bidentata. Sw. (Córd.) 

352. Phcenicothraupis rubicoides. Lafr. (Uv. Potr. Córd. Guich.) 

353. Phmiicothravpis fuscicaiida. Cab. (Guich. Tap.) 



LA NATURALEZA 

354. Lanío auranlius. Lafr. (Uv. Guich.) 

355. Chlorospingus ophtahnicus . Du Bus. (Mir. Oriz.) 

356. Buarremon albinuchus. Lafr. (Oriz*) 

357. Buarremon brunneinuchus . Lafr. (Mir. Oriz.) 

358. Sallator atriceps. Less. (Córd. Potr. Guich. S. Efig. Ton.) 

359. Sallator magnoides. Lafr. (Uv.) 

360. Sallator grandis. Licht. (Mir. Uv. S. Efig. Tap. Gacop.) 

361. Püylus poiiogaster. Du Bus. (Uv. Oriz.) 

Familia Friugilliclít. 

362. Chrysomitms meocicanus. Sw. (V. de Méx.) 

363. Chrysomitris notatus. Du Bus. (Orizava.) 

364. Sycalis chrysops. Sclat. (Om.) 

365. Coccothraustes Abeillci. Less. (Oriz.) 

366. Coccothraustes vespertinus. Coop. (Monte Alto, Reg. alp. Oriz.) 

367. Embernagra rufivirgata. Laur. (Huamelula.) 

368. Hwmophila rufescens. Sw. (Oriz. Guich.) 

369. Haimophila superciliosa. Sw. (Popoc. Reg. alp. Oriz.) 

370. Hcemophila ruficauda. Bp. (Tehpc. Juch. S. Efig. Tap. Ton.) 

371. Haimophila Sumíchrasti. Lawr. (Juchitan.) 

372. C hamaco spíz a torquala. Du Bus. (R,eg. alp. Oriz.) 

373. Atlapetes píleatus. "Wagl. (Reg. alp. Oriz.) 

374. Euspíza americana. Gm. (Oriz. Tehpc. Guich. Cacop.) 

375. Pipilo maculaius. Sw. (Reg. alp. Oriz. Cieneguilla.) 

376. Pipilo albicollis. Sel. (Oaxaca.) 

377. Pipnlo fuscus. Sw. (Tecamaluca, Aculzingo.) 

378. Junco cinereus. Sw. (Popoc. R.eg. alp. Oriz.) 

379. ¿Zonotrichia leucophrys't Torst. (V. de Méx.) 

380. Zonotrichia mystacalis. Hartl. (Oaxaca.) 

381. Melospiza melodía. Var. Mexicana. Ridgw. (V. de Méx.) 

382. Spizella socialis. Wils. (Oriz. Gineta.) 

383. Spizella socialis. Var. Arizona^. Coues. (Guich.) 

384. Spizella atrigularis. Cah. (Chapulco, cerca de Tehuacan.) 

385. Passerculus alaudinus. (Oriz. Tehpc.) 

386. Coturniculus passerinus. (Oriz. Tehpc.) 

387. Peuccea ruficeps. Cass. (Oriz.) 

388. Peuccea ruficeps. Var. Boucardi. Sel. (Pte. col.) 

389. Volaiinia jacarina. Lin. (Córd. Oriz. Guich.) 

390. Phonipara pusilla. Sw. (Córd. Oriz. Oax.) 

391. Cganospiza cyanea. Lin. (Oriz. S. Efig.) 

392. Cganospiza ciris. Lin. (Oriz. Tehpc. S. Efig. Cacop.) 



246 . LA NATURALEZA 

393. Cyanospiza versicolor. Bp. (Tehn. V. deMéx.) 

394. Cyanospiza Leclancheri. Lafr. (Tehpc. S. Efig. Tap. Cacop.) 

395. Cyanospiza Rositce. Law. (Cacoprieto.) 

396. Carpodacus Jwmorrhous . Licht. (V. de Méx.) 

397. Cardinalis virginianus. Lin. (Córd. Uv. Tehpc. Huamelula.) 

398. Guiraca cceridea. Lin. (Uv. Oriz. Cumbres, S. Efig. Tap.) 

399. Guiraca concreta. Du Bus. (Uv.) 

400. Guiraca parellina. Licht. (Om. Uv. Tehpc. Huallago.) 

401. Guiraca ludoviciana. Lin. (Coscomatepec. Córd. S. Efig. Ton.) 

402. Guiraca melanocephala . Sw. (Popoc. Reg. alp. Oriz.) 

403. Spermophila Moreleti. Puch. (Oriz. Córd.) 

404. Spermophila corvina. Sel. (Om.) 

405. Loxia americana. Wils. (Reg. alp. Oriz. Moyoap.) 

406. Chondestes grammaca. Say. (Chihuitan, S. Efig.) 

407. Pleetrophanes melanomus. Baird. (Y. de Méx. Oriz.) 

Familia Ioteridse. 

408. Ocijalus Wagleri. Gray. (Cerro.de la defensa, cerca de Córdoba.) 

409. Oslinops Montezuma?. Less. (Santecomapam, Cosom. Uv.) 

410. Cassiculus melanicterus. Bp. (Tehpc. S. Efig. Tap. Ton.) 

411. Cassicus Prevosti. Less. (Zongolica, Córd. Guich. S. Efig.) 

412. Icterus baltimore. Lin. (Oriz.) 

413. Icterus Abeillei. Less. (V. de Méx.) 

414. Icterus spurius . Yar. afpnis. Laur. (V. deMéx. Oriz. Tehpc. S. Efig. 

Ton.) 

415. Icterus Wagleri. Sel. (Potr. Tehn.) 

416. Icterus prosthemelas . Strickl. (Chihuitan.) 

417. Icterus cucidlatus. Sw. (Mir. Oriz.) 

418. Icterus Parisorum. Bp. (V. de Méx. Reg. alp. Oriz.) 

419. Icterus melanocephalus . Wagl. (Mir. Oriz. Guich.) 

420. Icterus Auduboni. Gir. (Mir. Córd. Oriz.) 

421. Icterus mesomelas. Wagl. (Om. Uv. Córd. Guich.) 

422. Icterus pectoralis. Wagl. (Juch. S. Efig. Cacop. Ton.) 

423. Icterus gularis. Less. (Tehpc. Juch. S. Efig. Tap. Ton.) 

424. Icterus formosus. Lawr. (Juch. S. Efig. Tap. Cacop. Ton.) 

425. Icterus pustulatus. Wagl. (Córd. Potr. Oriz.) 

426. Molothrus ceneus. Waglr. (Córd. Oriz. S. Efig. Tap. Cacop. Ton.) 

427. Molothrus pecoris. Yar. obscurus. Gm. (Oriz. Tehpc.) 

428. Agelccus phmúceus. Lin. (Y. deMéx.) 

429. Xantoce/dialus icterocephalus. Bp. (V. de Méx. Chalco.) 

430. Sturnella ludoviciana. Lin. (Y. deMéx. Oriz. S. Efig.) 



LA NATURALEZA 2'» 7 

431. Scolecophagus cyanoccphalus. (V. de Méx. Oriz.) 

432. Lampropsar divos. Cab. (Om.) 

433. Quiscalus macrurus. Sw. (Gran parte de la República y en ambas 

costas.) 

434. Quiscalus mexicanus. Cass. (Guicb.) 

Familia Córvido 1 . 

435. Cyanocitta corónala. Sw. (Reg. alp. Oriz. y Oaxaca.) 
43G. Cyanocitta califomica. Vig. (Reg. alp. Oriz. Popoc.) 

437. Cyanocitta califomica. Var. Sumichrasli. Riclgw. (Oaxaca.) 

438. Cyanocitta sórdida. Sw. (Reg. alp. de Oriz.) 

439. Cyanocitta órnala. Less. (Reg. alp. Oriz.) 

440. Cyanocitta nana. DuBus. (Reg. alp. Oriz.) 

441. Calocitta formosa. Sw. (Tehpc. Tap. Cacop. Ton.) 

442. Xantlmra guatemalensis. Bp. (S. Efig. Cacop. Ton.) 

443. Psilorhinus morio. Licht. Vulg. pepe. (Córd. Oriz. Guich.) 

444. Corvus corax. Lin. Vulg. cacalote. (V. de Méx. Telm. Oriz. Cacop.) 

La determinación de los Cuervos mexicanos es en extremo dificultosa 
en razón de las diferencias de coloración, y aún más, de dimensiones 
que se notan entre los individuos que se estudian: esta dificultad ha 
dado lugar á la creación de varias especies, como son las Corvus ca- 
calotl y sinuatus de Wagler, y los Corvus nobilis y splendens de 
Gould, formadas todas en vista de cuervos procedentes de México. 
El Sr. R. Bowler Sharpe, en su Catálogo de los Córvida? de la colec- 
ción del Museo Británico, 1S77, refiere todas esas pretendidas espe- 
cies al Corvus corax, Lin., y sin duda nuevas observaciones no ha- 
rán sino fortalecer la opinión del sabio ornitólogo inglés que se acaba 
de citar. 

Familia Alaudidte. 

445. Eremophila alpestris. Var. Clirysolmma. Wagl. (Mesa central de 

México, Oriz. S. M. M. Tehpc.) 

Familia Dendrocolaptidre. 

446. Sclerurus mexicanus. Sel. (Oriz. Potr.) 

447. Synallaxis erythrothorax. Sel. (Uv. Om.) 
413. Automolus rubiginosus. Sel. (Uv.) 

449. Automolus cervinigularis. Sel. (Om. Chim.) 

450. Anabazenops variegaticeps. Sel. (Uv. Om. Chim.) 

451. Xenops mexicanus. Sel. (Uv.) 

452. Sittasomus olivaceus. Wd. (Potr. S. Efig.) 

La Naturaleza.— Tomo V.— 33. 



248 LA NATURALEZA 

453. Glyphorynchus cunealus. Lich. (Uv.) 

454. Xiphocolaptes emigrans. Sel. (Reg. alp. Oriz.) 

455. Dendromis ebumeirostris. Less. (S. Efig. Tap. Cacop.) 

456. Picolaptes leucogaster. Sw. (Reg. alp. Oriz.) 

457. Picolaptes affinis. Lafr. (Oni.) 

Familia Fonuicarids. 

458. Thamnojphilus melano cris sus. Sel. (Om.) 

459. Thamnoplúlus dolialus. Lin. (Córd. Oriz. S. Efig. Tap.) 

460. Formicarius moniliger. Sel. (Potr.) 

461. Grallaria guatemalensis . Geo. (Córd. Om.) 

462. Grallaria? mexicana?? Sel. (Reg. alp. Oriz.) 

Familia Tyrannidae. 

463. Sayornis nigricans. Sw. (Córd. Oriz. Zanatepec.) 

464. Sayornis Sayus. Bp. (Orizava, Tehn.) 

465. Platyrynchus cancrominus . Sel. (Uv. Om.) 

466. Todirostrum schistaceipceps. Sel. (Guich.) 

467. Ancostoma cinereigulare. Sel. (Guich. S. Efig. Tap. Cacop.) 

468. Mionectes oleagineus. Cab. (Potr. Om.) 

469. Ornithion incanescens. Wied. (S. Efig. Cacop.) 

470. Tyrannulus semiflavus. Sel. (Uvero.) 

471. E lamia pagana. Licht. (Oriz.) 

472. Elainia placens. Sel. (Oriz.) 

473. Le g alus variegatus. Sel. (Córd. Om.) 

474. Myozeieles lexensis. Gir. (Córd. Oriz. Juch. S. Efig. Ton.) 

475. Rhynchocyclus breviroslris. Cab. (Om. S. Efig.) 

476. Rhynchocyclus cinereiceps. Sel. (S. Efig. Cacop.) 

477. Pitangus derbyanus. Kp. (Córd. Uv. S. Efig. Tap. Ton.) 

478. Myiodynastes luteivenlris. Sel. (Potr. Córd. Oriz. S. Efig. Cacop.) 

479. Megarynchus mexicanus. Lafr. (Guicb. S. Efig. Cacop.) 

480. Muscívora mexicana. Sel. (S. Efig. Cacop.) 

481. Myobius sulphureipygius. Sel. (Uv. Om.) 

482. Pyrocepjhalus mexicanus. Sel. (En gran parte de la República; V. de 

Méx. Oriz. Tehn. Tebpc. S. Efig. Cacop. Ton.) 

483. Miirephorus plueocereus. Sel. (Reg. alp. Oriz.) 

484. Empidonax pjusillus . Sw. (Oriz. Tebpc.) 

485. Empidonax minimus. Bd. (S. Efig. Tap. Guich.) 

486. Empidonax Hammondi. Xantus. (Oriz. Gineta.) . 

487. Empidonax flavivenlris. Bd. (Oriz. Guich. S. Efig.) 

488. Empidonax obscurus. Sw. (Oriz.) 



LA NATURALEZA 249 

489. Empidonax fulvifrons. Gir. (Rcg. alp. Oriz.) 

490. Contopus borealis. Sw. (Oriz. Cacop.) 

491. Contopus virens. Lin. (Reg. alp. Oriz. Tap.) 

492. Contopus Richards oni. Sw. (Tehpc. Tap. Cacop.) 

493. Contopus pertinax. Cab. (Gineta.) 

494. Myarchus crinitus. Lin. (Tehpc.) 

495. Myarchus Cooperi. Kp. (Tap. S. Efig. Cacop.) 

496. Myarchus cinerasccns. Lawr. (Tehpc. Tap. S. Efig. Cacop.) 

497. Myarchus Laivrencii. Gir. (Oriz. S. Efig.) 

498. Myarchus flammulalus . Laur. (Cacoprieto.) 

499. Tyrannus vocifcrans. Sw. (V. de Méx. Oriz.) 

500. Tyrannus vcrticalis. Say. (Oriz. Cacop.) 

501. Tyrannus melancholicus . "Vieil. (Teh. S. Efig. Cacop.) 

502. Tyrannus carolinensis . Gm. (S. Efig.) 

503. Tyrannus crassirostris. Sw. (Oax. Tehpc. Cacop. Ton.) 

504. Milvidus tyrannus. Lin. (Llanos de la Costa de Veracruz.) 

505. Milvulus forficatus. Gm. (Oriz. Tehpc. Cacop.) 

Familia Cotiugida!. 

506. Tityr a per sonata. Jard. (Uv. Córd. S. Efig. Cacop.) 

507. Tityra albitorques. Du Bus. (Potr.) 

508. Hadrosiomus aglaia?. Lafr. (Córd. Oax. S. Efig. Cacop. Ton.) • 

509. Pachyramphus major. Cab. (Oriz. S. Efig. Cacop.) 

510. Lipaugus unviufus. Sel. (Uv. Om.) 

511. Aitila citreopygius. Bp. (Uv. Om. S. Efig. Cacop.) 

Familia Pipriclíp. 

512. Pipra menlalis. Sel. (Uv. Om. Potr.) 

513. Choiomachceris Vandcéi. P. (Om. Uv.) 

514. Chiroxiphia linearis. Bp. (S. Efig. Cacop.) 

ORDEN MACRÜCHIRES. 

Familia Caprimulgida;. 

515. Nyctibius jamaicensis. Gm. En los últimos dias del año de 1855 tuve 

ocasión de matar, en los alrededores de la capital, un individuo de 
esta especie, cuyo habitates la tierra caliente de ambas costas: había- 
se sin duda alejado este individuo de su morada natural en conse- 
cuencia de una fuerte tempestad. (V. de Méx. por accidente! Om. 
Cacop. S. Efig. Tap.) 

516. Chordeiles texensis. Laur. (S. Efig. Tap. Cacop. Ton.) 



230 LA NATURALEZA 

517. Antrostomus vociferas. Wils. (Oriz. Tehpc.) 

518. Nyctidromus albicollis. Gm. (Tierras cal. y templ. de ambas costas.) 

Familia CypselidEe. 

519. Chcetura Yauxi. Towns. (V. de Méx. Oriz. Guich.) 

520. Chcetura rutila. Vieill. (Tuxpango, cerca de Orizava.) 

521. Hemiprocne zonaris. Sh. (Tierras cal. y templ. de ambas costas. Mir. 

Uv. Córd. S. Efig. Cacop.) 

522. Hemiprocne semicoilaris. De Sauss. He colectado los ejemplares típi- 

cos de esta especie en los potreros de San Joaquín, cerca de la capi- 
tal: parece rara. 

ORDEN TROCHILI. 

Familia Trochilida. 

523. Campylopterus hemileucurus . Licht. (Oriz. Gineta.) 

524. Eugenes fulgens. Sw. (Reg. alp. Oriz.) 

525. Cceligena Clemencice. Less. (Oriz.) 

526. Lamprolama Rhami. Less. (Reg. alp. Oriz.) 

527. Lampomis Prevosti. Less. (Uv. Córd.) 

528. Petasophora thalassina. Sw. (Oriz.) 

529. Florisuga mellivora. (Oriz.) 

530. Heliomaster pallidiceps. Gld. (S. Efig. Tap. Ton.) 

531. Heliomaster Leocadia. Bourc. (Tehpc.) 

532. Heliomaster Constanli. Del. (Gineta.) 

533. Calothorax lucifer. Sw. (V. de Méx. Oriz.) 

534. Trochilus colubris. Lin. (V. de Méx. Oriz Tehpc. S. Efig.) 

535. Selasphorus rufus. Gm. (V. de Méx.) 

536. Selasphorus platycercus. Sw. (V. de Méx. Reg. alp. Oriz.) 

537. Cyanomya cyanocephala. Less. (Oriz. Guich.) 

538. Cyanomya violiceps. Gld. (S. Efig. Tap.) 

539. Thaumatias candidas. Bourc. (Guich.) 

540. Pyrrhoph&na cinnamomea. Less. (Potr. S. Efig. Tap.) 

541. Pyrrhophmna Riefferi. Bourc. (Guich.) 

542. Pyrrhophcena Devillei. Bourc. (Gineta.) 

543. Circe latir ostris. Sw. (Reg. alp. Oriz.) 

544. Circe Doubledayi. Bourc. (Chihuitan, Juch. Tehpc.) 

545. Ckloroldmpis Caniveti. Less. (Córd. Guich.) 

FIN DE LAS AVES. 



ensayo 

DE UNA CLASIFICACIÓN ANATÓMICA DE LOS FRUTOS. 

roí;. EL SE. DE, ALFBEDO DUGÉS, SOCIO COEEESPON8AL. 



§■ 1 



Al proponer esta modificación á las clasificaciones ya admitidas, no abri- 
go la pretensión de creer que sea completa é irreprochable: la presento como un 
simple ensayo, porque creoque algunas de las denominaciones nuevas que se no- 
tarán en ella eran indispensables para separar varios frutos que no era conve- 
niente confundir como se ha hecho con otros más ó menos análogos. Para esta- 
blecer las divisiones y darles un nombre especial, he tomado en consideración la 
estructura anatómica del conjunto y de cada una de sus partes, y me he valido de 
"vocablos griegos para que con facilidad se encuéntrela etimología de las palabras 
nuevas: en cuanto á las que no explico se hallarán en los « Nouv. élém. de Bot.,» 
de Richard, anotados por Ch. Martins y J. de Seynes, 1876. 

Divido primeramente los frutos en dos grandes clases: los Monánteos son aque- 
llos que están formados por una sola flor, y los Poliánteos, que provienen de un 
conjunto de flores. Los primeros se separan en monocarpados, que resultan del 
desarrollo de un carpelo solo, sea que la flor haya tenido primitivamente varios ó 
sea que haya tenido uno solo; diacarpados, que están formados por varios car- 
pelos distintos ó fácilmente separables; y sincarpados, en los cuales varios carpelos 
están soldados entre sí de una manera más ó menos completa. En cuanto á los 
Poliánteos se deben considerar como transformaciones de una inflorescencia en la 
cual los carpelos adheridos ó no entre sí, van acompañados de alguna otra parte 
de la flor ó de la inflorescencia que puede ó no confundirse con ellos. 

VA pluvl folículo no se debe considerar comu un fruto sincarpado, pues vién- 
dolo con atención se nota que cada carpelo queda bien distinto de los otros, y por 
este motivo he indicado esta división. 

Llamo foraqueno al fruto del fresal, porque los pequeños aquenos de que está 
formado descansan sobre un ginóforo carnoso; importante por dar lugar á un fru- 
to sin analogía con los demás frutos carnosos. 

La Xaturalkza.— Tomo V.— 33.-¿° 



282 LA NATURALEZA 

Por criptaqueao entiendo una cúpula carnosa dentro de la cual están ocultos 
los aquenos, y de consiguiente el reverso del precedente. 

La voz polidrupo indica que los drupos no forman una masa común, y debe 
separarse de la sórose. 

Sarcocono es el cono carnoso vulgarmente llamado baya del enebro, en que 
las brácteas se han llenado de jugo y confundido entre sí. 

En fin, doy el nombre de sinanto al fruto de la mora, porque la mayor parte de 
las piezas florales concurren en su formación. 

Al citar la silicua debería tal vez haber añadido el fruto especial de algunas Pa- 
paveráceas que es silicuiforme, pero en el cual las placentas alternan con las divi- 
siones del estigma: Lindley llama este fruto, ceralium. 

En las melodinas debe advertirse que hay dos modificaciones: cuando contienen 
pepitas y su endocarpo es escarioso, como en la manzana, se les dice melodinas de 
pepitas; las de núculos, como el tejocote y el níspero, difieren en que el endocar- 
po de los lóculos se vuelve leñoso, de manera que estos frutos parecen como drupos 
multinucleolados. 

Algunos autores distinguen con el nombre de gálbulo el cono del ciprés por 
ser esférico: no he conservado esta expresión porque se encuentran transiciones 
de una forma á otra y no hay entre ellas ninguna diferencia de estructura: la de- 
nominación de cono, siendo la más antigua, debe ser preferida. 



§r II- 



El cuadro sinóptico adjunto se comprenderá fácilmente con las advertencias 
que preceden. Los nombres vulgares de las plantas citadas como ejemplos, van 
acompañadas con un número que se refiere á la lista de nombres científicos que 
sigue después del cuadro. 



LA NATUHALKZA 



253 



indehiscentcs. 



Secos. 



Mouocarpados...J 



Dehiscentes. 



Carnosos. 



ludebisceutes. 



Secos. 



Diacarpados. 



Dehiscentes . 



Carnosos. 



1 

a 



ludebisceutes. 



Secos. 



Delúscentes. 



Sincarpados ¡ 



Carnosos. 



Secos Dehiscentes 



Sinantocarpados . 



Carnosos 



Nombres di; los fruto*. Kjciiiplos. 

Cariopso Trigo. 1. 

Aqueno \ MafeáeToJa*. 2. 

( Cualmecate. 3. 

Esfaleroearpo Dásela. 4. 

Diclesil Maravilla. .".. 

Sámara Fresno. (>. 

Folículo ÚHollej ¡ ¡55** *«■■» 

*■«*" ía.v 

Píxide Mota. 11. 

Dnipo Durazno. 12. 

í Copo, 13. 

Nuez < Nuez. 14. 

( Almendra. 15. 

Polaqueno \ 82*¿¡* w 

1 ( Mastuerzo. 1/. 

Cremoearpo Hinojo, ih. 

Plurifolíeulo Aguilera. 19. 

Foraqueno Fresa. 30. 

Criptaqueuo Rosa. 21. 

Polidruno 5 Zarzamora. 22. 

^ " mupo i Frambuesa. 23. 

Samaridio Arce. 24. 

Bellota ó Glande \ %™Í?t*L 

( Castaua. 26. 

Carcelilla Tila. 27. 

Balaustia Grauada. 28. 

Silicua ó Vaina \ t^ 12 ?;., 

I Rábano. 30. 

Silícula Miel virgen. 31. 

Pixidia í Bo,eño - 3 " 

nxlclia \ Anagálide. 33. 

„, . ■ S Ricino. 34. 

Elateno \ Habilla.35. 

r Quina. 36. 

„. . . ,, . ) Toloaehi. 37, 

Capsula o Caja, i Amapüla . gg. 

(. Trinitaria. 39. 

, < Zapote blanco. 40. 

fulano \ Sauoo. 41. 

„ S Baobab. 42. 

Amfisarco } Huaje cirial . 43. 

Peponida Pepiuo. 44. 

í Pera. 45. 

Melodiua ó Pomo ■? Níspero. 46. 

( Tejooote. 47. 

Hesperidia Naranja. 48. 

f Jitomate. 49. 
D ) Guavaba. 50. 

Ba ^ ft ) Fucsia. 51, 

(. Chile. 52. 

Sincarpo Chirimoya. 53. 

Cono Piüa de pino. 54. 

Estróbilo Lúpulo. 55. 

Sarcocouo Enebro. 56. 

a . < Higo. 57. 

blcom> } Coutrayerba. 58, 

Sórose Pina. 59. 

Sinauto Mora. 60. 



254 LA NATURALEZA 

§■ III. 

1, Triticum vulgar e, Vill. — 2, Helianthus annuus, L. — 3, Antigonum me- 
xicanum. — 4, Basella rubra, L. — 5, Nyctago Jalapa, D. C. — 6, Fraxinus 
juglandi folia. — 7, Delphinium Ajacis, L. — 8, Grevillea Thclemannii, Hüg. 
— 9, Phaseolus vulgaris, L. — 10, Cassia floribunda, Cav. — 11, Celosía 
cristata, L. — 12, Pérsica vulgaris, Mili. — 13, Cocos nucífera, L. — 14, Ju- 
glans regia, L. — 15, Amygdalus dulcís, J. Bauli. — 16, Borrago officinalis, 
L. — 17, Tropazolum majus, L. — 18, Fveniculum dulce, L. — 19, Aquilegia 
vulgaris, L. — 20, Fragaria vesca, L. — 21, Rosa indica, L. — 22, Bubas 
fruticosus, L. — 23, Bubus Ida^us, L. — 24, Acer campestre, L. — 25, Quer- 
cus con ferti folia, H. Bp. — 26, Castanea vulgaris, Lamk. — 27, Tilia rnicro- 
phylla, Vent. — 28, Púnica granatum, L. — 29, Cheiranthus Cheiri, L. — 30, 
Baphanus sativus, L. — 31, Koniga marítima, Lamk. — 32, Hyoscyamus ni- 
ger, L. — 33, Anagallis arvensis, L. — 34, Bicinus communis, L. — 35, Hura 
crepitans, L. — 36, Chichona officinalis, L. — 37, Datura stramonium, L. — 
38, Papaver rliwas, L. — 39, Viola (Melanium) tricolor, L. — 40, Casimiroa 
edulis,IA8.Y.. et Lexarz. — 41, Sambucus nigra, L. — 42, Adansonia baobab. 
43, Crescentia alata, L. — 44, Cucumis sativus, L. — 45, Pyrus communis , 
L. — 46, Mespilus germánica, L. — 47, Crataigus mexicana. — 48, Citrus 
aurantium, Risso. — 49, Ijycopersicum esculentum, Mili. — 50, Psidium po- 
miferum, L. — 51, Fuchsia fulgens, DC. — 52, Capsicum annuum, L. — 53, 
Annona muricata, L. — 54, Ananassa vulgaris, Lindl. — 55, Humulus lupu- 
lus, L. — 56., Juniperus communis, L. — 57, Ficas carica, L. — 58, Dorstenia 
contrayerba, L. — 59, Pinus pinea, L. — 60, Morus nigra, L. 

Al concluir este Ensayo comprendo más que nunca sus imperfecciones; pero 

espero que mis lectores apreciarán las dificultades del asunto y no verán otra cosa 

en este pequeño trabajo, sino una tentativa que otros más felices y más sabios 

podrán tal vez aprovechar para llegar á un resultado más completo y satisfactorio. 

Guanajuato, Oi-lubre de 1880. 



DICTAMEN ACERCA DEL TRABAJO ANTERIOR. 



El escollo con que hasta ahora han tropezado los botanistas para la clasifica- 
ción metódica de los frutos, es la heterogeneidad que se advierte, aun entre aque- 
llos que están fundamentalmente constituidos de la misma manera, y la gradación, 
á veces insensible, que suele existir de unos á otros; la resolución de aquel pro- 



LA NATURALEZA SS8 

blema, es pues, uno de los desiderala en la carpología, y por lo mismo son de 

no es caso interés los trabajos que con tal objeto se emprendan. 

El Sr. Dr. Dugés establece en su clasificación dos grupos primordiales que por 
su alto grado de comprensibilidad realizan, entro los propuestos por los auto; . 
alguna mejora; sin embargo, podría reprochárseles el no ser estrictamente corre- 
lativos - , pues los géneros colocados en la segunda rama * no son verdaderos fru- 
tos en la rigurosa acepción de la palabra, en razón, como dice Duchártre, de que 
no provienen solo del pistilo ó pistilos de una misma flor, sino de toda una inflo- 
rescencia, y por esto han recibido el nombre especial de infrutescencias. 

El número de clases que establece en la clasificación que analizamos es el de 
cuatro, como lo hacen muchos autores empleándose solo distintos nombres para 
designarlas: así, á los Apocarpos se les llama Monocarpados; á las Multíplices ó 
Agregados, Diacarpados, y á los Sincarpios, Sincarpados. La ventaja de estas 
nuevas expresiones consiste en la uniformidad de su estructura filológica. En los 
géneros comprendidos en la primera clase, el Dr. Dugés restablece el diclesio y 
el esfalerocarpo de Desvaux que quizá haya utilidad en volverlos á admitir: el 
primero proviene de ovarios súperos y más tarde adheridos al periantio endu- 
recido ó algo jugoso, y el segundo, llamado también nuez abayada, tiene una en- 
voltura algo carnosa, ambos incluidos hoy en el aquenio ó aquena que se origina 
más bien de ovarios ínferos. En estos últimos nombres, así como en la cariopsis 
ó cariopside, el Dr. Dugés adopta otras desinencias como puede verse en su cua- 
dro. Algunos botanistas cosideran solo como aquenio al fruto monospermo é in- 
dehiscente que resulta de ovarios súperos y^que no contraen adherencias ni inter- 
nas ni externas. De los demás frutos monocarpados que se adoptan en la nueva 
clasificación, nada tendremos que añadir, pues son por demás conocidos, faltando, 
sin embargo, entre ellos el hemigiro que es realmente un folículo coriáceo ó le- 
ñoso, mono ó dispermo y el ¿omento que es una legumbre ó ejote dividido tras- 
versalmente en trozos monospermos: es de advertir que la ruptura trasversal del 
pixide, palabra que no acostumbramos pronunciar como esdrújula, de las Ama- 
rantaceas, se hace más bien por efecto del choque que por dehiscencia natural: 
y, en fin, decimos drupa en vez de drupo. 

Entre los Diacarpados se coloca el polaqueno ó polaquenio, cuyo nombre ha 
sido dado ya á frutos verdaderamente sincarpios que en la madurez se separan 
en otros tantos frutos simples ó verdaderos aquenios; mientras en los de que nos 
ocupamos los carpelos libres en el fruto, y algunas veces aun en la flor, se reú- 
nen en el primero por intermedio de algunos de los órganos de la segunda. El 
polaquenio, cuyas partes ó aquenios han sido designados con el nombre de me- 
ricarpios, ha recibido el de diaquenio cuando contiene dos de ellos como en las 

' Para evitar confusiones advertiré que el cuadro sinóptico del Dr. Dugés considera como ramas 
las divisiones primarias, las que les siguen como clases, y generes los nombres propi >s de los frutos. 
La Naturaleza.— Tomo V.— 34. 



256 LA NATURALEZA 

Umbelíferas; triaquenio si tres, como en las Tropeoladas; letraquenio si cuatro, 
como en las Labiadas y las Borraginaceas, y pentaquenio ó polaquenio propia- 
mente dicbo si es de cinco como en las Araliaceas. Sigue después el cremocar- 
pio de Mirbel, que corresponde al diaquenio, y por lo mismo debe pasar tam- 
bién á la siguiente clase. El pluri folículo que pertenece á especies de la tribu de 
las Heleboreas y Peonieas en la familia de las Ranunculáceas, es en realidad un 
fruto diacarpado ó multíplice, al que los autores no habian creido necesario darle 
un nombre especial, expresando solo al describirlo si los carpelos estaban reunidos 
en capítulo ó en espiga: el nombre propuesto por el Dr. Dugés tiene la ventaja 
de evitar una perífrasis. Mas ahora bien; como en las tribus de las Anemoneas 
y Ranunculeas de la citada familia, los frutos simples que forman el multíplice 
son más bien aquenios, habia que designarlo más bien con el nombre &q pluria- 
quenio. En cuanto al foraqueno y polidrupo han sido llamados ya por los au- 
tores con el de eterio, el cual ofrece tres variedades, que son: de carpelos y re- 
ceptáculos secos como en el ranúnculo; de carpelos secos y receptáculo carnoso 
como en la fresa, de carpelos carnosos y receptáculo seco como en la zarzamora. 
El nombre de criptaqueno propuesto para el fruto del rosal es bastante expre- 
sivo, y al cual, por su conformación particular, bien merece se le haya asignado; 
mas siendo ya conocido con el de cinarrodon tiene éste, por su prioridad, que 
preferirse á aquel. Suprime el Dr. Dugés en esta clase, para colocarlo en la si- 
guiente, el sincarpio que proviene de un conjunto de carpelos libres en la flor y 
que después se reúnen formando un fruto pezonoso como el de la magnolia y el 
del chirimoyo; distinguiéndose el del primero con el sobrenombre de capsular y 
carnoso el del segundo, al queDesvaux habia llamado asimina: la palabra sin- 
carpio ofrece el inconveniente de aplicarse también á toda una clase de frutos, 
como arriba se ha dicho, pudiendo ser el primero dehiscente ó indehiscente. En 
cuanto á la justificación del cambio propuesto hablaremos de ella más adelante. 
En los frutos sincarpados se incluyen los admitidos por los autores, con excep- 
ción del polaquenio que se colocó en la clase anterior, pero que quizá corresponda 
más bien á la que ahora nos ocupa, pues en los diacarpados, los carpelos separados 
en la flor se unen en el fruto aunque de una manera mediata, y en el polaquenio, 
como en otros muchos sincarpios secos, se hallan aquellos unidos en la primera, 
pero separándose en el segundo; en el diaquenio quedan siempre reunidos por in- 
termedio de un carpóforo filiforme que se desdobla ó permanece simple. En la be- 
llota ó glande caben muy bien dos variedades, según que la cúpula sea propia á 
cada fruto como en el encino ó á varios como en el castaño: la primera seria uni- 
carpada,j\asegnnás.2)luricarpada, yála que Desvaux llamaba nucida. Tocan- 
te á la carcelillay balaustia(carcerulo y balausta para nosotros) es conveniente 
la separación de una y otra contra la opinión de los autores que han incluido la 
segunda en la primera. En \& pixidia ó pixidio la dehiscencia es naturalmente 
transversal, lo inverso del pixide. La silicua puede ser articulada y se le llama 



LA NATURALEZA HfJ 

entonces lomenlacea; al elaterio, según los partes ó cocoí bipalves en que 

divide, se lo agrega el sobrenombre de bicoco, tricoco ó muí lima,. La '-■"/" ó 
cápsula puede ser en efecto silicui forme por su forma, y por su dehiscencia /-";- 
ricida, denticida y valvicida: no creyendo en efecto conforme con los autoras 
que la caja que resulta de ovario infero deba recibir el nombre especial de diplos- 
tegio con que la designó Desvaux. En cuanto al nueulano ó mseulamo, el a«- 
fisarco ó anfisarca que algunos autores como Duchártre no admiten ya, creo 
ventajoso adoptarlos, pues á no ser así, el primero tendría que incluirse en la 
baya y el segundo en la peponida, lo que en verdad seria muy poco natural á 
pesar de que en aquella se han colocado frutos de muy diverso aspecto, que no 
han podido referirse á ningún otro de los sincarpios carnosos, lo que igualmente 
ha sucedido con la caja respecto á los sincarpios secos y dehiscentes. De la hes- 
peridia ó Jiesperidio, de l&pjejjonida ó pepón, de la melonada (que ignoro por qué 
la habrá cambiado elDr. Dugés en melodina (¡pomo) que son demasiado conocidas 
y admitidas por todos los autores, diré tan solo que el pomo de huesecillos fué lla- 
mado pirenario por Desvaux. En cuanto á las cápsulas hay algunas carnosas que 
reciben el nombre de bayas capsulares, así como también drupas dehiscentes á 
las que se les agrega el sobrenombre de capsulares: como ejemplo de las prime- 
ras tenemos el fruto de los chinos, Balsamina hortensis, y de las segundas la 
nuez moscada, Myristica fragrans. Respecto al sincarpio para mí es un fruto 
de transición, entre los Multíplices y Sincarpios; pero creo, como el Dr. Dug^s. 
que debe colocarse más bien en los segundos, pues sus carpelos más ó menos adhe- 
rentes en la flor, acaban por soldarse á veces en el fruto de tal manera, que es 
imposible referirlos aisladamente á ninguno de los apocarpios, como sucede, entre 
otros, en las especies del género Anona. 

En los frutos agregados ó policanto-carpios que el Dr. Dugés designa con el 
nombre de Sinantocarpados, Richard, Sinantocarpios ó Compuestas y Duchártre 
simplemente Antocarpios, están incluidos los géneros admitidos por los autores, 
separándose, y en mi concepto con razón, el cono del estróbilo, que hasta hoy se 
ha confundido en uno solo. Mas si estamos conformes en que no deba imponerse 
nombre especial al cono del ciprés, opinamos lo mismo en cuanto al del enebro al 
que el Dr. Dugés impone el de sarcocono, pues creo que á lo más podría agregár- 
sele el calificativo de abayado, sin necesidad de formar género distinto como a 
Desveaux se le habia ocurrido también llamarlo arcesiida. Del sicono y la soro- 
sis, como acostumbramos decirles y que respectivamente se refieren al higo, im- 
pubescencia del Ficus carica y á la mora y pina, que la son la primera del Mo- 
rus alba y ¡tigra, y la segunda déla Brornelia ananas, nada nuevo nos ocurre 
agregar. 

Antes de concluir no puedo menos de manifestar, que para mi queda siempre 
en pié el problema de la clasificación de los frutos, y por lo que más especialmen- 
te toca á los tropicales, no desconociendo, como dije al principio, que son por de- 



258 LA NATURALEZA 

más laudables los esfuerzos que en esta vía se intenten, como el que motiva este 

escrito, y muy digno por lo mismo déla publicidad; advirtiendo, por último, á su 

apreciable cuanto ilustrado autor, que las modificaciones ortográficas de algunos 

nombres que he puesto en contraposición con los suyos, muy lejos están de tener el 

carácter de corrección, para lo que me declaro incompetente, sino tan solo para 

que se vea la distinta manera de decirlos entre nosotros. 

Toluca, Octubre 30 de 1881. 

Manuel M. Villada. 



ALGO SOBRE MICROORGANISMOS 

POR EL SR. DK. ALFREDO DTJGÉS, SOCIO CORRESPONSAL. 



En el momento en que la tendencia, general en medicina es buscar la causa de 
las enfermedades en microbios específicos, generalmente en micrófitos, me parece 
á propósito propalar las ideas de un micrógrafo autorizado, el sabio profesor Cooke, 
siquiera para que una prudente reflexión venga á moderar exageraciones que le- 
jos de servir á la ciencia no hacen más que atrasarla, dando lugar á reacciones ul- 
teriores proporcionadas y tan absolutas como las teorías en cuestión. 

Traduzco lo más literalmente posible las líneas siguientes sacadas de « Les 
Champignons, por M. C. Cooke, sousla direction deM. J. Berkeley; Paris 1875, 
pág. 194 et suivantes. » Después de haber concedido que varias dermatosis son 
producidas por hongos, prosigue así: 

« Aun admitiendo que hay enfermedades de esta clase, es preciso convenir que 
algunas otras han sido atribuidas á unos hongos obrando como causa primera, 
sin que ninguna prueba venga á justificar esta conclusión. La difteria y las aftas 
han sido consideradas como debidas á los estragos de ciertos hongos; pero se en- 
cuentra positivamente la difteria sin apariencia de hongos. Algunas fiebres pue- 
den ir acompañadas por cuerpos fungoideos en las evacuaciones; mas es muy 
difícil determinarlos. La teoría que atribuye las enfermedades epidémicas á la 
presencia de hongos no parece .fundada sino sobre pruebas muy incompletas. El 
Dr. Salisbury pensaba que el sarampión de los ejércitos pro venia de la Puccinia 
graminis cuyas seudosporas germinan en la paja húmeda, esparcen en el aire 
los cuerpos secundarios que nacen de ellas y causan la enfermedad. Esto nunca 
se ha averiguado. El sarampión así como la escarlatina (Hallier y Zurn), han 
sido también atribuidas corrientemente á unas influencias fúngicas, y esfuerzos 
para explicar el cólera; por la misma causa han sido intentados con una obsti- 
nación que no ha sido coronada por el éxito. La presencia de algunos cistos, pre- 
sentadas como siendo los del TJrocystis, parásito del arroz, ha sido señalada por 



LA NATURALEZA 280 

el Dr. Ilallier: mas cuando se demostró que este hongo no lentra sobre 

el arroz, se desplomó esta parte de la teoría. Peritos especiales y competentes 
fueron enviados de Inglaterra para examinar Las preparaciones y oir las expli- 
caciones del Dr. Ilallier sobre su teoría del contagio del cólera; pero ellos no 
fueron convencidos ni satisfechos. Desde 1853 el I )r. Lauder Lindsay inspec- 
cionó las evacuaciones coléricas, y en 1850 él hizo está declaración: «evidente- 
mente no veo ningún fundamento sólido para la teoría que relaciona el cólera 
con los hongos, y me admira mucho que tenga todavía defensores tan autoriza- 
dos. » Hablando de sus exámenes, el autor escribe: «el micelio y las espórulas 
de varias especies de hongos, constituyendo diferentes formas de moho vegetal, 
han sido encontradas en la espuma de los vómitos y de las heces, pero única- 
mente en una fase de descomposición. Se hallan en semejantes circunstancias en 
las deyecciones que provienen de otras enfermedades, y en realidad en todos los 
líquidos animales en vía de descomposición. Están, pues, muy lejos de ser espe- 
ciales al cólera. » 

Algunos autores han sostenido que la atmósfera está muy frecuentemente car- 
gada de esporas de hongos; otros han negado la presencia de cualquier cuerpo 
orgánico en el aire. Las experiencias del Dr. Cunningham en la India, son bas- 
tante perentorias. El dictamen de este sabio asienta, que esporas y células seme- 
jantes se observan constantemente en el aire, y generalmente en número consi- 
derable. Ha sido probado que la mayor parte de estas celdillas estaban vivas y 
próximas á desarrollarse luego que hallaban un medio favorable: así, en el caso 
en que las preparaciones se mantenían en observación durante un tiempo bastan- 
te largo, la germinación se verificaba en muchas celdillas: muchas esporas ya 
germinando se depositaban sobre las placas de vidrio. Raras veces el desarrollo 
pasaba de la formación del micelio ó de grupos de células torulóides; pero en uno 
ó dos casos, unas espórulas distintas nacieron sobre los filamentos salidos de al- 
gunas de las esporas mayores tabiqueadas: algunas veces aparecieron fructifica- 
ciones características de Penicillium y de Aspergillus. 

En cuanto á la naturaleza de las esporas y otras celdillas presentes en varios 
casos, poco se puede decir, pues si no se sigue su desarrollo con cuidado en to- 
das sus fases, es imposible referirlas correctamente á sus especies y aun á sus 
géneros. El mayor número parece que pertenece á los hongos Es feronemados, 
Melanconados, Toruláceos, Dematíeos y Mucedíneos; mases probable que va- 
rios de ellos se refieren á las Puccinias y Geomaceas. Entre las que se colocan 

en las Tomlaceas, la más interesante era del raro género Tctraploa siguen 

después en el dictamen del Dr. Cunningham observaciones pormenorizadas sobre 
el crecimiento y decrecimiento de las enfermedades: entre otras, la diarrea, la 
disenteria; el cólera, la fiebre, fueron estudiadas aisladamente y comparadas con 
el aumento ó la diminución del número de las celdillas atmosféricas. Las con- 
clusiones son como sigue: 



£60 LA NATURALEZA 

« Se hallan constantemente en los polvos atmosféricos, y generalmente en nú- 
mero considerable, esporas y otras celdillas vegetales; la mayor parte vivas y aptas 
á crecer y desarrollarse. El número de estos cuerpos parece independiente de la 
rapidez y dirección del viento, y la humedad no disminuye su proporción. 

«No se puede observar relación alguna entre el número de bacterias, de espo- 
ras, etc., presentes en el aire, y la aparición de la diarrea, de la disenteria, del 
cólera, de la fiebre; ni tampoco entre la presencia ó la abundancia de ninguna 
forma especial de celdillas, y la existencia de una de estas enfermedades. 

« La cantidad de partículas inorgánicas y amorfas, así como de otros desechos 
suspendidos en la atmósfera, depende directamente de condiciones de humedad y 
rapidez del viento. » 

Creemos haber dado á conocer la influencia de los hongos sobre el hombre, 
tanto como lo permite el estado actual de la cuestión. La presencia de algunas 
formas de moho al principio de su desarrollo en varias partes enfermas del cuer- 
po humano, al exterior ó al interior, no obliga á concluir que estos vegetales sean 
en alguna manera la causa de las enfermedades de los tejidos, salvo en ciertos casos 
ya indicados. Aquí toca hablar de la podredumbre de hospital: esta afección pue- 
de provenir de algún hongo vecino de las manchas carmesí (lluvia de sangre) que 
se observan sobre las sustancias vegetales moribundas y sobre la carne al des- 
componerse, liste hongo, considerado en un tiempo como una alga y en otro co- 
mo un animal, representa con más probabilidad el estadio inferior de algún moho 
común. La facilidad con que las esporas de los hongos suspendidas en la atmós- 
fera, se fijan y establecen sobre todas las sustancias pútridas ó corrompidas, es 
conocida por experiencia de todos las que se ocupan en curaciones de llagas; en 
estos casos es de la mayor importancia evitar cuanto se pueda el contacto del aire. 

Un caso bastante nuevo acaba de presenciarse en los Jardines botánicos de 
Edimburgo. El preparador del profesor de botánica preparaba para una demos- 
tración algunas muestras secas de un gran Lycoperdon llenas de esporas pulve- 
runtas: las aspiró por casualidad y tuvo que ver á un médico y curarse por algún 
tiempo de la irritación ocasionada por este accidente. Este hecho parece probar 
que las esporas de algunos hongos pueden, respirándolas en gran cantidad, dañar 
la economía; pero es probable que, en condiciones ordinarias y naturales, no hay 
en la atmósfera una cantidad suficiente de estas esporas para que de ellas resulte 
alffun inconveniente. Durante el otoño, el aire de los montes debe contener un 
gran número de Casidiósporas; no hay, sin embargo, motivo de pensar que sea 
más malsano respirar la atmósfera de un bosque en Setiembre ó en Octubre que en 
Enero ó en Mayo. Se habla de los terribles efectos producidos por una especie de 
chahuistli negro que ataca el Anuido donax ó gran carrizo del Sur de Europa. 
Es probablemente la misma especie que hallamos en nuestro país sobre el Arundo 
phragmitis, y cuyas esporas determinan violentos dolores de cabeza y otros des- 
órdenes en los peones que cortan estos carrizos para hacer techados de chozas. 



LA NATURALEZA 201 

M. Michel dice que las esporas del parásito del Arundo donax, respiradas ó in- 
troducidas, producen una intensa erupción en la cara, acompañada de hinchazón 
y varios síntomas alarmantes en varias partes del cuerpo. Tal vez, si la Barcina 
fuese decididamente considerada como un hongo, la ppdriamos añadir á la lista 
de los que agravan, sino determinan como causa primera, las enfermedades del 
cuerpo humano. 



Los hongos ejercen una influencia mala en el hombre: 

1.° Cuando se comen sin precaución, 

2.° Porque destruyen los alimentos naturales, y 

3.° Porque causan ó empeoran las enfermedades de la piel. 

Mas no está probado que determinen enfermedades epidémicas en el hombre y 
los animales, ni tampoco que la diseminación de sus innumerables esporas en la 
atmósfera tenga alguna influencia apreciable sobre la salud del hombre. Así es 
que su relación, como causa productora ó agravante, con el cólera, la diarrea, el 
sarampión, la escarlatina y las numerosas enfermedades que son el lote de la hu- 
manidad, debe, en el estado actual de nuestros conocimientos, ser considerada 
como quimérica.» 

N. B. Siendo mi intención no entablar una polémica sobre cuestiones que ca- 
da uno está libre de entender á su modo, y queriendo únicamente dar á conocer 
la opinión del célebre micólogo inglés para que interviniera esta luz más en el de- 
bate, me abstengo de toda interpretación y reflexiones que bien poco interés ten- 
drían después de las sabias observaciones de los Sres. Cooke y Berkeley. 
Guanajuato, Noviembre 10 de 1881. 



TECNOLOGÍA 



DE 



LAS FIBRAS DEL CÁÑAMO Y DEL LINO 



DICTAMEN PERICIAL, POR EL DR. ANTONIO PEÑAFIEL, 

PROFESOR DE QUÍMICA APLICADA EN LA ESCUELA N. DE AGRICULTURA Y SOCIO FUNDADOR 
DE LA SOCIEDAD DE HISTORIA NATURAL. 

C. Juez 2.° de Distrito de esta capital: 

Tengo, la honra de exponer ante vd. el resultado del examen pericial que tuvo 
á bien encomendarme, con el fin de determinar la naturaleza de las fibras de un 
hilo en madejas, perteneciente á la casa importadora de los Señores. ... y que 



262 LA NATURALEZA 

ha dado lugar á opiniones divergentes sobre su origen tecnológico entre personas 
científicas muy competentes, afirmándose por una parte c[\xe el hilo mencionado 
es de lino y por la otra que es de cáñamo. 

Nuevas dificultades se presentan cada dia con los progresos de la industria mo- 
derna en la resolución de esta clase de cuestiones, sencillas antes, hoy complicadas 
y difíciles; pues se versan sobre más de quinientas cincuenta especies de testiles, 
sin tener en cuenta las de México, en su mayor parte desconocidas científica- 
mente y algunas poco estudiadas. 

Pero la ciencia tiene datos y procedimientos seguros para resolver en el caso 
presente si el hilo en cuestión es de cáñamo ó de lino, ó bien originario de otra 
planta. Las dificultades de esta resolución, tratándose del cáñamo y del lino, 
provienen del procedimiento seguido para obtener industrialmente los filamentos; 
pues consiste, en lo general, en la maceracion en agua corriente, ó bien calenta- 
da por medio del vapor para quitar la materia incrustante de un modo más ó 
menos perfecto, hasta dejar las celdillas limpias y de celulosa casi pura. 

Siguen después las diferentes operaciones del hilado y tejido, en donde los hi- 
los sufren algún menoscabo ó detrimento en su forma, con perjuicio de sus ca- 
racteres morfológicos. Agrégase también que el aderezo ó engomado de las telas, 
practicado fraudulentamente por el sulfato de magnesia, después de blanqueadas 
por los cloruros decolorantes, deja á las fibras en un estado de deformidad, de 
difícil clasificación. 

Mas en el caso presente los filamentos del hilo en cuestión han sido torcidos 
sin detrimento de la forma, por cuyo motivo con seguridad deben encontrarse en 
ellos los caracteres morfológicos de alguno de los filamentos usados como testiles 
en las artes. En el estudio microscópico y en los recursos de la química se en- 
cuentran los elementos de la resolución que se me ha pedido. 

Después de una exposición pormenorizada de todos los procedimientos que he 
seguido, expondré las conclusiones que á mi juicio deban deducirse. 

I. Procedí, en primer lugar, á preparar fibras de cáñamo de cuya naturaleza 
no podia dudarse, y para esto tomé algunas ramas de cáñamo de la Escuela N. 
de Agricultura, que pertenecen al Cannabis sativa. 

Hirviendo la corteza ó liber en una solución de carbonato de potasa, 20 gra- 
mos para 180 de agua destilada, después del tiempo conveniente de ebullición, 
los filamentos fueron bien lavados y blanqueados, y en seguida macerados en 
alicerina; estas fibras fueron sometidas á numerosas observaciones en el micros- 
copio para ver cuidadosamente el valor de los caracteres que dan al cáñamo las 
obras de Tecnología de Europa. El resultado final fué la apreciación de los ca- 
racteres morfológicos de ese filamento, muy interesantes para distinguirlos del 
lino y otras fibras en el caso presente. 

II. Fueron examinados en el microscopio la forma longitudinal de este cáña- 
mo tipo, los cortes transversales hechos con el microtomo y las formas de las ex- 



TOM° V 



LA NATURALEZA 



Lam 6. 




LA NATURALEZA 

tremidades naturales de las fibras; además, por la importancia de la medición 
en la comparación de los diferentes filamentos entre sí, fueron medidos sus diá- 
metros por medio del micrómetro. 

La fibra del cáñamo de la Escuela de Agricultura es de forma cilíndi i ■ ■. ■ - 
triada en su parte más gruesa, á veces lisa cerca de las puntas; la luz ocupa un 
tercio del diámetro, con nudos y tabiques que son más visibles por medio del pro- 
cedimiento micro-químico del yodo aplicado según el método (Je Vétillard. La 
fibra es lisa cerca de las extremidades del filamento, sin apéndices ó vellosidades, 
y muy parecida en este lugar á las fibras del lino. Recorriendo un filamento de 
la parte media para una extremidad, se ven los nudos, salientes en la forma ci- 
lindrica, como los de un carrizo, después tabiques oscuros; los nudos prominen- 
tes solos ó con filamentos adheridos en su circunferencia, no se hallan en el lino, 
en donde solamente pueden verse los tabiques celulares. Las extremidades del 
cáñamo necesitan cuidados especiales para observarse. Debe tomarse una fibra 
entera sin rupturas en las puntas, arrollada y colocada en una gota deglicerina, 
después cubierta con el vidrio muselina para ver sus caracteres. Las extremi- 
dades del cáñamo son redondeadas ó espatuladas; las fibras ligeramente torcidas 
cerca de la punta, y por su misma forma da lugar á errores cuando no se ve de 
frente ó ligeramente inclinada en el campo del microscopio; pues vista lateral- 
mente parece terminar en punta agudísima como el lino. Es trabajoso hallar este 
carácter, que bien estudiado, es decisivo en cuestiones como la presente; pues las 
puntas de los filamentos ó celdillas primordiales por lo general están desgarradas, 
reventadas ó trozadas, principalmente en el cáñamo del comercio, preparado con 
peines de fierro; fuera de estos casos, las extremidades intactas se parecen á una 
espátula antigua (dibujos adjuntos). 

Las vellosidades ó filamentos adheridas á los nudos, son delgados, sencillos ó 
divididos, rodean por completo la fibra: hay veces que consiste en trozos lacera- 
dos de otras fibras que estuvieron adheridas á la primera. 

Láminas transversas ó cortes, de la fibra del cáñamo tipo, preparados conve- 
nientemente con una navaja de barba, cuyo filo fué glicerinado, fueron compa- 
radas con otras del mismo género, perteneciendo al lino; las primeras fueron 
poligonales irregulares, y reunidas varias dan una imagen de las circunvolucio- 
nes cerebrales; el centro de los cortes es una hendedura; en el lino un pequeño 
círculo oscuro. En más de veinte mediciones practicadas con el micrómetro en la 
parte más gruesa de la fibra de cáñamo y del lino, la relación de los diámetros 
fué de 7 á 4. Medidas también las espátulas ó puntas redondeadas del primero y 
las extremidades del lino, fué hallada la relación de 3 á una fracción de unidad 
y algunas veces de tres á una. 

El modesto cuanto inteligente profesor de farmacia, D. José D. Morales, tuvo 
la bondad de rectificar estas medidas. 

III. Para tomar el tipo del filamento del lino, las dificultades practicas son 

La Naturaleza.— Tomo V. — 35. 



264 LA NATURALEZA 

menores que para el cáñamo, que tiene más sustitutos en las artes que el primero; 
pues no debo ni mencionar el algodón por ser el más fácil de distinguir entre to- 
dos los filamentos vegetales, sea solo ó mezclado con otros filamentos, por medio 
del microscopio. 

La tela conocida en el comercio con el nombre de Holanda cruda es de lino 
legítimo, pues tiene los caracteres morfológicos de esa planta y sirvió de término 
de comparación, por ser fabricada con toscos filamentos en que se conservan los 
caracteres microscópicos de la forma con toda exactitud, como en las recientemente 
preparadas con el líber de la planta, por medio del carbonato de potasa. 

Fueron también convenientemente preparados varios filamentos y telas blan- 
cas del lino del comercio, desde las más gruesas hasta las más finas, sin mezcla 
de filamentos extraños, previo reconocimiento de la trama y cadena por medio del 
microscopio. 

Las clases de fibras utilizadas en la industria europea pueden reducirse á lino 
grueso, de granos, para las telas comunes, y á lino delgado, muchas veces cul- 
tivado de especial manera, para la fábrica de finísimas telas. El lino grueso es el 
que tiene grandes semejanzas con el cáñamo; sin embargo, sus caracteres de for- 
ma bastan para la distinción de los demás filamentos. El hilo de lino no tiene sus 
fibras ásperas y rígidas como el cáñamo, son menos largas; el cuerpo del filamen- 
to es liso ó ligeramente estriado, de aspecto cilindrico, con una ligera línea os- 
cura en el centro vista con grandes aumentos; hay depresiones oscuras, irregu- 
lares, no siempre transversas; no hay nudos propiamente dichos, pero sí anillos 
de los tabiques, visibles con el yodo y sin él. Las puntas agudas; uniformemente 
disminuye el cilindro de la fibra, de la mitad á la extremidad y termina en pun- 
ta aguda como la cola de una serpiente. 

Estas fibras tienen filamentos ó vellosidades laterales, simples ó divididas, ó 
ramosas muy finas, pero no arregladas circularmente como en los nudos del cá- 
ñamo; el diámetro más grueso de la fibra es al mismo del cáñamo, como 4 á 7, 
y menor todavía en los filamentos de las telas de cambray y de lino de Silesia. 
El corte es poligonal, regular ó circular con un pequeño punto en el centro. 

Las fibras de las telas de Silesia y otras parecidas han pasado por multitud de 
operaciones manufactureras que han estropeado su forma primordial, y sin em- 
bargo pueden determinarse con exactitud los caracteres morfológicos que les per- 
tenecen. Si se comparan estos filamentos con los del lino tipo, se ve que los 
tubos son machacados, deshebrados, fuertemente torcidos, con más vellosida- 
des ó apéndices que en el lino crudo. En resumen, el cáñamo y el lino tienen 
caracteres morfológicos propios, tan importantes y de tanto valor, como otros que 
agrupados convenientemente establecen diferencias capitales entre los filamentos 
de origen animal. 

IV. Se ha dado una grande importancia á los caracteres micro-químicos de las 
fibras sometidas á la acción de los reactivos; efectivamente, son de gran valor cuan- 



LA NATURALEZA 263 

do se aplican á los cortes transversos muy delgados de las fibras y cuando se trata 
de distinguir un solo color; pero por lo general están sujetas estas observaciones 
á grandes errores, efectos del cromatismo, muy frecuente en los instrumentos de 
óptica, y otras causas do descomposición de la luz, y veces hay que en los resul- 
tados influyen hasta la naturaleza de la luz refleja que se aprovecha en el micros- 
copio. Sin embargo, los importantes trabajos modernos del Profesor Pennetier, 
en sus « Lecciones sobre las materias primas orgánicas, » vienen á resolver nues- 
tras dudas sobre las distinciones, como la que en el presente caso se trata de es- 
tablecer. 

V. Llegamos al punto capital de donde, en mi concepto, provienen las diver- 
gencias en opiniones del presente negocio, á la aplicación de los reactivos ó á los 
recursos empleados de la química. 

La aplicación del yodo y el ácido sulfúrico para distinguir en lo general el cá- 
ñamo del lino, da resultados muy diferentes con variar el estado de concentración 
de esos reactivos; esto me obligó á buscar un nuevo medio sencillo y de tan fácil 
apreciación, que en mi concepto, resuelve de una manera satisfactoria la cuestión 
pendiente. 

Escogidos los tipos legítimos del cáñamo y del lino, preparados idénticos ma- 
teriales del comercio en hilos y telas, procedí á ensayar los reactivos más usados 
y principalmente el yodo y el ácido sulfúrico, y el resultado es que al comparar 
el valor de los caracteres químicos con los del microscopio, en el caso presente, 
la superioridad está del lado del microscopio. 

Los filamentos del lino de la tela de Holanda cruda y el cáñamo de la Es- 
cuela de Agricultura, dieron una coloración amarilla igual por el ácido nítrico 
puro, debida á la materia incrustante de las fibras; lo mismo puede decirse de la 
coloración negra de las mismas fibras originada por el cloruro de estaño. 

El yodo y el ácido sulfúrico aplicados, según el procedimiento micro-químico 
de Bolley y Kopp, no dan los mismos resultados que usados como el Dr. Penne- 
tier, bajo la forma de los reactivos de Vétillard. 

VI. Estos líquidos fueron preparados del modo siguiente: agua destilada 100 
gramos, yoduro de potasio puro 1 gramo, yodo en exceso para saturar constan- 
temente el reactivo. Reactivo sulfúrico glicerinado, agua destilada un volumen, 
glicerina2 volúmenes, ácido sulfúrico á 66°, 3 volúmenes. 

Preparadas las fibras, bien hervidas en agua destilada y convenientemente la- 
vadas y desecadas, puse unas gotas de la tintura de yodo anterior sobre varias 
preparaciones, de algodón, lino y cáñamo blancos; después de cuatro minutos de 
contacto, fué quitado el sobrante de reactivo con papel poroso de filtrar; se pu- 
sieron encima cuatro gotas de ácido sulfúrico glicerinado en cada preparación: 
todas guardaban un mismo aspecto; una coloración violeta oscurísima, casi negra, 
debida á la acción del yodo sobre el almidón, formado por la celulosa y el ácido 
sulfúrico durante un minuto de contacto. Las preparaciones colocadas en cápsu- 



266 LA NATURALEZA 

las de porcelana, blancas, de fondo plano, fueron lavadas á grande agua y se 
obtuvieron los resultados siguientes, nuevos y de una seguridad que no tienen los 
procedimientos conocidos. 

El algodón pasó del violeta oscurísimo al moreno, al gris de cáñamo crudo y 
luego al blanco en el espacio de un minuto; el cáñamo del violeta oscuro al gris 
verdoso del hilo crudo y se conserva hasta algunas horas; el lino, sea en filamen- 
tos, en hilos ó tejidos blancos, del violeta oscuro al violeta claro, en seguida al 
azul violado, color de flor de romero, característico, si se suspende luego el la- 
vado, y dura desde un cuarto de hora hasta varias horas, desapareciendo por el 
agua y por la luz. Después de secas y blancas las preparaciones se pueden repe- 
tir los mismos caracteres. 

Este carácter ha sido obtenido en más de cien experimentos comparativos, sir- 
viendo siempre hilos y telas de origen legítimo, comprobado por el microscopio y 
previa la consiguiente preparación para quitar las materias extrañas á las fibras. 
El procedimiento que propongo puede ejecutarse en menos de una hora, y no ne- 
cesita como los demás de difíciles comparaciones y apreciaciones de colores en el 
microscopio. 

VIL Después de estos estudios preliminares, pasé al examen comparativo de 
los hilos en cuestión. 

No cabia duda que se trataba de un hilo vegetal, pero para proceder con mé- 
todo, preparé el hilo en la casa de los Señores convenientemente; ya seco, 

tomó unos hilos y los quemé para observar la combustión, cuyos fenómenos, bien 
apreciados, bastan para distinguirlos de las fibras animales: no hubo olor de cuerno 
quemado, ni abultamiento de la pavesa quemada, como sucede en los filamentos 
de origen animal; los gases de la combustión tuvieron las propiedades acidas de 
las materias vegetales. Deshebrados algunos hilos fueron macerados en glicerina 
como todas las preparaciones que he usado, en razón de su índice de refracción, 
y arreglados en la misma glicerina para verlos en el microscopio. 

Los caracteres hallados fueron dibujados conforme fueron encontrados, siendo 
el cuerpo de la fibra, los cortes transversos, nudos, anillos, puntas, vellosidades 
y diámetros micrométricos enteramente iguales á los del cáñamo tipo de la Es- 
cuela de Agricultura y á otros filamentos de cáñamo del comercio: tratados los 
hilos torcidos ó deshebrados, por el reactivo del yodo y el ácido sulfúrico gliceri- 
nado, conforme á las experiencias comparativas (mencionadas en el VI), pasaron 
al color gris verdoso del cáñamo crudo y no al azul característico del lino. 

VIII. Las obras científicas que me han guiado en la resolución del presente 
negocio, fueron principalmente las siguientes: 

«Lecciones sobre las materias pilmas orgánicas, » por el Dr. Pennetier, 1881; 
«Química Industrial,» por Wagner, 1879; «Análisis Química Industrial,» por 
Bolley y Kopp, y la « Química Usual » aplicada á la agricultura y las artes, por 
Stockhardt. 



LA NATURALEZA 207 

IX. Délo expuesto anteriormente, puedo deducir las conclusiones siguicn - 

1* La tecnología de las fibras testiles tiene datos suficientes y procedimientos 
seguros para distinguir en el microscopio las formas del lino y del cáñamo, y para 
establecer su diferencia por medio del estudio comparativo de la longitud, diáme- 
tro micrométrico, cortes y extremidades naturales de una y otra celdilla testal. 

2? A pesar de que la celulosa es un mismo principio químico en el lino, el cáña- 
mo y el algodón y otras fibras bien preparadas, el yodo forma, en presencia del 
ácido sulfúrico glicerinado, una coloración azul violeta, flor de romero, caracte- 
rística para el lino. 

3* Los filamentos del hilo de la casa de comercio de los Señores que se me 

han dado á reconocer, tienen los caracteres morfológicos y químicos del cáñamo 
y pertenecen á esta planta. 
México. 31 de Octubre de 1881. 

TECNOLOGÍA DE LAS FIBRAS DEL CÁÑAMO Y DEL LINO. 

Explicación de la lámina 6. 

CÁÑAMO TIPO DE LA ESCUELA DE AGRICULTURA. 

1 , nudos de la fibra de cáñamo. 

2, vellosidades. 

3, anillo y extremidad. 

4, 5, 6, puntas. 

7, 8, corles trasversales. 

9, unión de dos fibras. 

Lino de Holanda cruda. 

10. 11, 12, cuerpo, vellosidad y extremidades de los filamentos del lino. 
13, 14, cortes trasversales. 

Hilo de la casa de comercio de los Señores 

10, nudos sin vellosidades. 

16, vellosidades. 

17, anillo y extremidad. 

18, 19, puntas. 

20, 21, cortes trasversales. 



CONTRIBUCIÓN Á LA HISTORIA NATURAL DE MÉXICO 



I. NOTAS ACERCA DE UNA COLECCIÓN DE REPTILES V BATRACIOS DE LA PARTE OCCIDENTAL 
DEL ISTMO DETEHUANTEPEC, POR F. SUMICHRAST. 



(Sesión del dia 13 de Julio de 1880.) 

Habiéndome ocupado hace muchos años, en formar una colección de Reptiles 
y Batracios de esta parte de México, y considerándola hoy como suficiente para 
fijar el carácter de una pequeña fauna local, he recogido las notas siguientes, con 
la esperanza de que servirían para completar lo que se conoce ya de las produc- 
ciones herpetológicas de la costa occidental de México. 

La porción muy limitada de territorio á la cual estas notas se refieren, se ex- 
tiende desde la ciudad de Tehuantepec hasta la frontera meridional del Estado de 
Oaxaca, sobre una longitud de cerca de cuarenta leguas; su latitud media es de 
cinco á seis leguas, del borde del mar hasta las rampas inferiores de la Sierra Ma- 
dre. Su superficie es ocupada por un planío continuo y generalmente árido; está 
regada por dos rios de alguna importancia, el Chicapa y el Ostuta, y por los arro- 
yos que descienden de las pendientes de la Cordillera y van á perderse en el pla- 
nío, á poca distancia de su origen. 

A pesar de la poca extensión de la área de que se trata y el carácter de aridez 
que la distingue, se verá por la lista siguiente, que la clase de los Reptiles, en 
particular, está ampliamente representada: 

quelonios. Sphcerodactylus glaucus. 

Anolis nebulosus. 
Chelopus incisus. — Sallwi. 

Chelopus mexicanus. Basiliscus vittalus. 

Callechelys calloroslris. Iguana rhinolopha. 

Claudias severw. Ctenosaura peclinata. 

Cinoslernon Shamanum. — ind. 

— quinqué carinala. 
cocodrílidos. Phymalolepis bicarinalus. 

Sccloporus melanorhinus. 
Alligator chiapasius. — siniferus. 

Crocodilus pacificus. — variabais, 

Balracltosoma asió. 
saurios. Ameiva undulóla. 

Cnemidophorus microlepidopus. 
Coleonyx elegans. — unicolor. 

Phyllodaclytus tuberculosus. — immutabilis. 



LA NATURALEZA 



26» 



Cnemidophorus lativittü. 

— Deppii. 

Heloderma horridum. 
Lepidophym a Smilh ii. 
Mabouia unimarginala. 
Mocoa asíala. 
Epaphelus Sumichrasli. 

OFIDIOS. 

Stenostoma phenops. 

Boa imperalor. 
Loxocemus Sumichrasli. 
Geagras redimilus. 
Enulius? (indét.) 
Stenorhiua aplata. 

— (indét.) 
TantUla rubra. 
Coiüophanes fissidens. 

— piceirillis. 
Ophibolus polyzonus. 

— (indét.) 
Enicógnathus annulalus. 
Leplognalus fascialus. 
Coluber (indét.) 



Coluber ¡mi. 
Matticophit (indét.) 
Drimobuü margal iíifei us. 

Bascan i um iiiniloiaiium. 
Conophis Sumirlnasli. 
Tomodon nasalus. 
Spiloles variabilis. 

— melanurus. 
Leplophü mexicanus. 

— diplolropis. 
Dipsas gemmislralus. 
Leplodira myslacina. 

— anntdala. 
Trimorphodon majar. 
Dryophis fulgidus. 
Oxybelis acuminalus. 
Symphimus leucoslomus. 
Enlama próxima. 

— marciana. 
Olyrrhopus clmlia. 
Elaps nigrocinctus. 

— (indét.) 
Botliriopsis brachystomá. 
A ncislrodon büinealus. 
Crolulus durissus. 



Una ojeada sobre la lista que precede basta para demostrar que el carácter 
de la fauna que nos ocupa es esencialmente, aunque no exclusivamente, tropi- 
cal. En efecto, de cincuenta y cuatro géneros que comprende, siete solamente 
tienen su máximum de desarrollo en la región neártica (Sceloporus, Phrynoso- 
rna, Coluber, Bascanium, Eutcenia, Ancistroclon, Crotalus), mientras que 
quince por lo menos (Callichelys, Claudins, Ctenosaura, Phymatolepis, Le- 
pidophyma, Heloderma, Loxocemus, Geagras, Stenorhina, Coniophanes, 
Enicógnathus, Conophis, Tomodon, Trimorphodon, Symphimus, etc.) son 
característicos del distrito mexicano de la región neo-tropical: la mayor parte de 
los géneros restantes son esencialmente neo-tropicales. 

Sobre treinta y siete especies de Reptiles y de Batracios enumerados por M. 
Cope, como habiendo sido recogidos en Nicaragua por M. ¡Me Niel (Eepori ofthe 
Peabody Academy o f Sciences, 1869, p. 80), veintidós se encuentran idénti- 
cas sobre los bordes del Golfo de Tehuantepec; estas son: 



Crocodilus aculus (pacificas Boc.) 
Iguana rhinolopha. 
Cyclura pectinata. 
— ■ acanlhura. 
Sceloporus siniferus. 
Phyllodaciylus luberculosus. 
Mabouia unimarginala. 
Boa. 



Leplodira annidala. 
— mystacina. 
Spiloles melanurus. 
Masticophis margaritiferus. 

Thrasops (Leplophis) mexicanas. 
Oxybelis ucuminalus. 
EIups nigrocinctus. 
Ancislrodon bilinealus. 



270 LA NATURALEZA 

Caudisona durissus. Bufo agua. 

Chclops rubidus (C. incisas Boc.) Hyla Slaufferii. 

Kinoslernon mexieanum [Shawiamm.) Siphonops mcxkanus. 

De ciento treinta especies de Reptiles y de Batracios que pertenecen á la fauna 
de Costarica, según M. Cope (On the BatracJiia and Repulía of Costarica. 
Journal of the Academy of natural Sciences of Phyladelphya 1875), veinte sola- 
mente pertenecen también á la de Tehuantepec; estos son: 

Bufo slernosignatus. Leplodeira annulala. 

— agua. Oxibrtis acumhulus. 

Hyla Baudinii. Leplophis mexicanus. 

Mocoa assala. DryncoUus margaritiferus. 

Coleonyx elegans. Spilolcs pulíalas (rariabilis.) 
Sphcerodaciylus glaucus. — melanurus. 

Iguana rhinolopha. Coniophanes fissidens. 

Cyclura acaníhura. Stenorhina renlralis. 

Basiliscus vittaíus. Elaps nigrocinctus. 

Dipsas gemmislratus. Crotalus durissus. 

En compensación, de 257 especies de Reptiles y 101 especies de Batracios que, 

según M. Cope (Check List of North American Batracliia and Repulid. 

Bulle tin n.° 1 of the United States National Museum, p. 59) componen la fauna 

herpetológica de los Estados Unidos, seis solamente se encuentran el oeste del 

Istmo, y son: 

Bufo valliceps (Texas.) Phyllodaclylus lubemdosus. 

Hyla Baudinii (Rio-Grande.) Eulamia próxima. 

Baña haluina, var. Berlandieri. — marciana. 

Terminando esta revista zoogeográfíca comparativa, haré notar que muchos 
géneros (Lcemanctus, Cliamceleopsis, Gerrlionotus, Plesíiodon, Oligosoma, 
Diploglossus, Pliocercus, Catostorna, Ninia, Craspedocephalus (Bothrops 
atrox), Agalychnis, etc.) que habitan la costa del Golfo mexicano ó la región 
alpina, faltan en las planicies del Pacífico aunque se encuentren á algunas leguas 
solamente del litoral en las selvas de la Cordillera. Entre los Quelonios, los gé- 
neros Staurotypus , Clielydra y Dermatemys, que son representados cada uno 
por una especie en los pantanos ó los rios de la parte oriental del Istmo, faltan 
en la costa del Pacífico. 



QUELONIOS. 

1. Chelopus incisus Bocourt, Mission scientifique du Mexique, p. 11, pl. 
XJJ. — JoÜrnal de Zoologie de P. Gervais, tome V, 1876. 

Chelopus rubidus Cope, Proceedings oftlie Acad. Nat. Sciences Piulad., 
1869, p. 148. 



LA NATURALEZA 271 

Esto pequeño Emys ha sido descrito casi simultáneamente por M.M. Cope y 
Bocourt, según ejemplares que provenían, los unos de Tehuantcpec y los otros 
de la República del Salvador. El bello dibujo colorido que ha hechOjM. Bocourt, 
da una idea muy exacta de su coloración que es más brillante aún en los indivi- 
duos jóvenes. El iris es de un azul pálido sobre el cual se continúan las r 
rojas de la región preorbitaria; está oscurecido hacia adelante y hacia atrás por 
una mancha de un color subido. 

Esta especie vive casi tanto en la tierra como en el agua cuya privación resis- 
te mucho tiempo sin sufrimiento aparente. Sin embargo, ella no es absolutamen- 
te terrestre, pues no se aleja de los riachuelos sino cuando éstos se secan completa- 
mente; entonces busca otros ó se entierra en los lugares húmedos ó bajo las raíces de 
los árboles. Muy dulce de carácter, se deja coger y manejar sin manifestar te- 
mor, y en cautividad, demuestra adhesión á la persona que la cuida. En el es- 
tado salvaje su nutrición es casi exclusivamente vegetal; el fruto de las higueras 
y las hojas viscosas de una Malvacea (Sida) forman su principal alimento. La 
puesta tiene lugar á fines de Noviembre : en esta época he encontrado en los ovi- 
ductos huevos bien desarrollados y cubiertos ya de una incrustación calcárea; son 
grandes en proporción del cuerpo del animal y de forma cilindrica. 

2. Chelopus (Rinocleynmys) mexicanus Gray, Proceed. Zool. Soc. Loa- 
don. 1870, p 723. — Supplemenl of the Catalogue of Tortoises, 1870, p. 30. 

Bocourt. Journal de Zoologie, tome V, 1876. 

Esta tortuga tiene costumbres del todo terrestres; no se le encuentra nunca en 
el agua, solamente en los lugares descubiertos, en las sabanas y hasta sobre las 
colinas pedregosas. Ella vive de frutos, bayas y hojas. El iris es de un amarillo 
subido con una mancha oscura hacia adelante y hacia atrás. 

3. Callichelys callirostris Gray, Catalogue of Shield Repules, p. 25, 
pl. XII, 1855.— Sttpplem. lo the Cat. ofSh. Rept., 1870, p. -19. 

Bocourt, Journal de Zoologie, t. V. 1876. 

El género Callichelys ha sido formado por el Sr. Dr. Gray (loe. cit.) á ex- 
pensas del género Emys de los autores para recibir con el E. omata Bell, que es 
el tipo otras dos ó tres especies de México y de la América Central. La de que 
se trata aquí y que M. Bocourt considera como idéntica al C. callorostris Gray ,* 
es muy común en los lagos y pantanos de la parte occidental del istmo de Tehuan- 
tepec. Ella llega á tener una talla bastante grande y crece á más de medio me- 
tro de longitud. Los machos son siempre más pequeños que las hembras, de las 
que se distinguen á primera vista por la cola más gruesa y el hocico más puntia- 
gudo, la escotadura más pronunciada de las placas anales y su coloración más 

* El Sr. Prof. Cope la refiere al tipo del género Emys omata, Bell. 
La Naturaleza. — Tomo V.— 36. 



272 LA NATURALEZA 

"viva, tirando con frecuencia al melanismo. En las hembras, el carapacho es de 
un color pardo de aceituna más ó menos subido, sobre el cual las manchas negras 
de las costales se perciben fácilmente; el peto es de un amarillo sucio y las man- 
chas que le oscurecen son difusas. En los machos, el carapacho es más bien acei- 
tunado que pardo, y las manchas características de las costales son menos distin- 
tas á causa del tinte oscuro del fondo: el peto es de un amarillo más claro y más 
vivo que en las hembras, y las manchas de un negro intenso que le adornan lle- 
gan á ser tan confluentes que la vuelven casi enteramente negra. Las bandas 
longitudinales de que están adornados los maxilares y el cuello, son de un tinte 
más vivo en los machos; el iris es amarillo y atravesado de cada lado por una lí- 
nea negra. La forma general del carapacho es bastante variable en el mismo 
sexo; algunos individuos la tienen oval oblonga, mientras que en otros el disco 
se ensancha mucho sobre los lados y hacia atrás. 

Este Emys, el único de esta parte de México al cual se pueda aplicar el epíte- 
to de paludino, vive en las lagunas de agua dulce y lodosa; pero también, aun- 
que más raro, en los riachuelos de lecho arenoso. A pesar de la excelente calidad 
de su carne y la delicadeza de sus huevos, es poco buscada de las gentes del país, 
que prefieren la carne y los huevos de iguana. La época de la puesta es á me- 
diados de Marzo; se compone de 16 á 18 huevos de forma oval oblonga; su gran 
diámetro es de 45 milímetros; el pequeño cerca de 26 milímetros. El régimen de 
esta tortuga es esencialmente vegetal; se encuentran ordinariamente mezclados 
á los restos vegetales y á la arcilla lodosa que contienen los intestinos los restos de 
insectos acuáticos. Es ávida de los frutos del Amate, grande especie de higuera 
que crece de preferencia en el borde de los rios, y cuando estos frutos son madu- 
ros y caen de los árboles se encuentra á las tortugas ocupadas en comérselos. En 
ninguna otra época salen del agua sino para poner ó calentarse al sol. 

4. Claudius severus Cope, Proceed. oftheAcad. of Nal. Sciences Philad. 
1872. p. 24. 

Rocourt, Revuc de Zoologie, tome V, 1876. 

Por la analogía que parece existir entre esta especie y el Quelonio, por el Sr. 
Dr. Gray (Proceed. Zool. Soc. London, 1864, pág. 127), bajo el nombre de 
Stauremys Salvinii, parece necesaria una comparación de tipos. Las únicas di- 
ferencias de alguna importancia que se pueden señalar entre la descripción de M. 
Gray (Supplement to the Catal, o f Shield Reptiles,^. 65) y los numerosos 
ejemplares del Cl. severus que tengo bajo la vista, pueden ser resumidos como 
sigue : 



LA NATUBALEZA 

Staiiiikmvs Sai.vinii. Cui DlUfi I VI l-.l B 

Tubérculos do la cola rfistínfis- ( sobre tros hilcns ' nna ,lors:i1 - v sol "' ( ' cualro hilcras > ''" s ,| "'" 
lUDWi oíos (K. ia eoia aiepues- 1 dos lalerales , muy pronun : , -iaterales 5 dos laleí ¡ 

( ciadas * poco salientes. 

{mnv Tnúvil v non Ai híi-ia -„Ip n,ovil ;i1 ,:S|; "1" freSCO J D)Í»0 

muj moni 5 agudo nSua a.le- m . |]ns ,.,.,,„„,,,..,,,;, )|;]( ,, 

U " UI - adelante. 

La cola del Cl. severus no presenta siempre los tubérculos al misino grado de 
desarrollo: en los individuos viejos se atrofian y acaban por desaparecer entera- 
mente. En cuanto á la movilidad del lóbulo anterior del peto, existe á un grado 
más ó menos notable en el Claudius vivo: en algunos individuos es muy marca- 
da, aunque nunca tan completamente como en los Cinosternos; en fin, la forma 
de este mismo lóbulo varía se°un los individuos por la mayor ó menor agudeza 
ó redondez de su contorno. 

Aparte de las diferencias señaladas anteriormente, la descripción de M. Gray 
parece en un todo aplicable al Cl. severas: 1.°, el número, la forma y la dispo- 
sición de las placas extérnales son idénticas; 2.°, la forma del cráneo y la de las 
superficies alveolares que M. Gray figura, es exactamente la de las mismas par- 
tes en el Claudius; 3.°, la coloración de la cabeza y de los miembros es también 
análoga. 

Sin querer concluir por esto en la identidad específica del Stauremys Salrinii 
y del Claudius severus Cope, no seria permitido suponer que el género Staure- 
mys es sinónimo del de Claudius que es anterior en fecha? 

M. Bocourt (loe. cit.J cree poder referir específicamente el Cl. severus al Cl. 
picius Cope,** especie queM. Bocourt mismo suponía primero,*** idéntica úStau- 
remys Salvinü Gray. El bello dibujo colorido que representa el Cl.pictus (bajo 
el nombre de Staurotypus Salvinü) sobre la plancha V, fig. 3 de la Mission 
Scientifique du Mexique me parece indicar una especie bien distinta del Cl. se- 
verus. No he visto jamás en alguno de los numerosos ejemplares que he recogido 
de este último, tintes tan vivos como los que presenta el dibujo en cuestión; ade- 
más, en el Cl. severus la placa abdominal se extiende sobre todo el ancho de la 
mitad interna déla frente que une el peto al carapacho, sin dejar tras ella lugar 
para un prolongamiento lateral de las femorales, como se observa en el Cl. jjictus. 

Se ve en los machos de nuestra especie, á la parte posterior del muslo y sobre 
la pantorrilla un tapiz de tubérculos aplanados, análogo á aquel que se nota en el 



' Gray dice, en la característica del género Stauremys: «lail crested as in Clielydr'a.» lo que pa- 
rece indicar que los tubérculos son muy salientes. 

"* Synopsis of lite species of Ihe Chelidrina. Proced of the Acad. Nat. Sciences. Philad. April 
1872. 

*" Mission scientifique du Me\ique, p. 22. 



274 LA NATURALEZA 

mismo punto en los machos de ciertos Ceriosternos y Staurotypos. El iris es circu- 
lar, de un pardo amarillento y sin manchas laterales. 

El Cl. severus no vive sino en los mares de agua cenagosa. Su nutrición se 
compone de pequeños animales acuáticos y sobre todo de ampollarías, que abun- 
dan en las ciénagas del istmo; yo he encontrado en el estómago de un individuo 
más de cuarenta opérculos córneos, proviniendo del molusco en cuestión, mezcla- 
dos á los restos del animal y arcilla. La puesta tiene lugar en Setiembre; los hue- 
vos puestos son en número de dos; su forma es la de un cilindro de cabos redon- 
deados; la concha está revestida de un depósito calcáreo resistente; el gran diáme- 
tro es de 38 milímetros, el pequeño de cerca de 23 milímetros. 

Esta tortuga es de un natural voraz é irritable; cuando se le coge se enfurece 
é intenta con obstinación el morder, alargando el cuello y lanzando su cabeza de 
un lado y otro y silbando de cólera. Su marcha en tierra es fácil y aun corre con 
bastante velocidad, gracias á la comodidad que para esto le presta la forma del 
peto, que deja á los miembros toda su libertad de movimientos. 

La parte oriental del istmo nutre otra especie de Claudias, Cl. angustatus Co- 
pe, cuyas costumbres son idénticas á las de la especie de que acabamos de hablar. 

5. Ciniosternon Shawianum Bell, Agassiz. 

Bocourt, Revue de Zoologie, tome V, 1876. 

Especie muy abundante en los pantanos de este lugar; vive de pequeños anima- 
les acuáticos, de insectos y de moluscos. Las carenas dorsales, muy pronuncia- 
das en los individuos jóvenes, desaparecen por el uso en los muy viejos. 

Obs. Tres especies al menos de Thalassitas viven en las aguas del golfo de Te- 
huantepec. La primera conocida con el nombre vulgar de Carey, es rara, y solo 
á largos intervalos cae en las redes de los pescadores; es probablemente idéntica 
á la Chelonia imbricata L. Otras dos especies, que llevan en común el nombre 
vulgar áe,parlama, la una pertenece al grupo de las Caouannes, y me parece se 
debe referir á la C. olivácea Esch.; la otra es vecina de la Chelonia virgata, del 
grupo de las Quelonias francas. 



COCODRÍLIDOS. 



6. ALLiGATORf./ac«r^)cHiAPASius Bocourt, Revue de Zoologie, tom. V, 1876. 

Esta especie, descubierta primero por mí en el valle de Tonalá (Chiapas), ha- 
bita también en la parte meridional del Estado de Oaxaca, donde lo he encontrado 
cerca de Tapanatepec. Es probable que también viva en la América central, 
aunque, que yo sepa, ninguno de los viajeros que han recorrido este país hace 
mención de ella. 



LA NATURALEZA 275 

Según M. Bocourt, que la ha descrito según los ejemplares que le he enviado al 
Museo de Paris, este Alligator seria vecino del Jacaré ¡tu a (luíalas Spix, del 
Brasil; parece acercarse también por la coloración á los Jacaré longiseutáía et 
ocellata Gray (Synopsis ofthe receñí species of Crocodiles Transactiona Lina. 
Soc. London, 1807, p. 1G4 pl. XXXÍ11 et XXXIV), teniendo como estos últi- 
mos el lado de los maxilares marcado con muchas manchas negras. 

Mientras que el Cocodrilo indígena (Cr. pacificus) vive indiferentemente en 
las aguas dulces ó saladas, en los rios, los estuarios y las lagunas, el Alligator 
ó Huüizil * al contrario, no habita jamás las aguas corrientes ó salobres, sino úni- 
camente los riachuelos poco profundos y de fondo fangoso, en los llanos ó char- 
cos de agua estancada en los bosques; se alberga allí, en madrigueras ahuecadas 
á lo largo de los ribazos bajo las raíces sumergidas de los grandes árboles. De un 
carácter mucho más feroz que el Cocodrilo, sale de su retrete cuando se le inquie- 
ta y no teme atacar á su agresor, lo cual hace rara vez el Cocodrilo. La hembra 
defiende con valor á sus hijos, sea contra los ataques del macho que no deja de 
devorarlos cuando se le presenta oportunidad, ó contra los de cualquier otro ene- 
migo. Los Cocodrilos viven frecuentemente en reunión numerosa en los estua- 
rios de la orilla del mar; el Alligator, al contrario, vive aislado y tiene hábitos 
más nocturnos. Cuando se siente prisionero entra en furor, da violentos colazos 
y lanza un gruñido sordo y amenazador: aunque no llegue nunca á una talla tan 
considerable como el Cocodrilo, * * es más difícil de capturar. Su nutrición se com- 
pone de Peces, de Crustáceos y de Insectos acuáticos; he encontrado su estómago 
lleno de arena, pequeños guijarros y plantas acuáticas. 

El iris es como en el Cocodrilo, de un verde glauco. 

La edad no trae grandes cambios en la forma y las proporciones de la cabeza, 
como se puede juzgar por las dimensiones de esta parte en dos individuos, el uno 
aún muy joven (n.° 1), largo de m 73, y el otro (n.° 2), largo de l m 60y llega á 
poco á su completo desarrollo. 

Numero!. Numero 2. 

Longitud de la cabeza de la extremidad del hocico al borde posterior de la 

tablilla del cráneo m 083 0™195 

Longitud de la arista interorbital á la extremidad del hocico 0. 045 0. 110 

Ancho del hocico al nivel del décimo diente superior 0. 033 0. 070 

7. Crocodilus pacificus Bocourt, Mission scienti fique du Mexigue. Reptiles, 
p. 31 et pl. IX, fig. 5. 

Crocodilus americanus Gray, Cope. 

Este Cocodrilo, que habita probablemente toda la costa occidental de la Améri- 
ca central, ha sido generalmente considerado como idéntico al Cr. amcricaiiusSe- 

' La palabra huitzizü es de origen azteca: en los antiguos mexicanos se aplicaba á los Colibiis. 
'* Los más grandes individuos que yo he observado no pasaban de l m 7¿?. 
La Naturaleza.— Tomo V.— 36.-2? 



276 LA NATURALEZA 

"ba (C. acutus Geoíf. ) originario de las Antillas. El doctor Gray (Synopsis ofthe 
recent species of Crocodiles) refiere en efecto á esta última especie ejemplares 
del Museo británico provenientes de la costa occidental del Ecuador, de Nicaragua 
y de Guatemala occidental, M. Cope otros recogidos en Tehuantepec, en Nicara- 
gua y en Guayaquil. M. Bocourt, fundándose en ciertas particularidades en la for- 
ma particular de la cabeza, la disposición de los huesos nasales, etc., que ha obser- 
vado en los individuos traidos de Guatemala occidental por la Comisión científica 
francesa, los considera como distintos del Cr. acutus, de las Antillas, y los ha dis- 
tinguido bajo el uombre de Cr. Pacificus. Esta distinción parece tanto más moti- 
vada cuanto que es dudoso que el verdadero Cr. acutus de las Antillas se encuentre 
sobre la costa oriental de México donde viven otras tres especies, Cr. mexicanus 
Boc, Cr. rhombifer Cuv., Cr.Moreleti A. Dumeril. Según las descripciones muy 
precisas de Bibron (Erpétologie genérale) y de Cocteau (Reptiles de Cuba), el 
Cocodrilo de las Antillas tendría casi constantemente entre las órbitas, una arista 
longitudinal de la que no he encontrado alguna huella en los numerosos ejemplares 
de diferente sexo y edad que he recogido á la orilla del Golfo de Tehuantepec. 

La forma general del hocico varia sensiblemente con la edad; los individuos jóve- 
nes y los de edad avanzada tienen esta parte proporcionalmente menos alargada 
que los demedia edad. El número de escudetes nuoales y cervicales varia de tal ma- 
nera que rara vez se encuentran dos individuos idénticos bajo este punto de vista. 



GEKOTIDOS. 

8. Coleonyx elegans Gray, Ármales and magas. Nat. Hist., 1845. tom. 
XVI, p. 142. 

Bocourt, Mission scienii fique duMexique, p. 49, pl. X, fig. 7. 

Este Geko parece bastante raro; su nombre zapoteco es Guchachiguishi. Vive 
en los bosques y habita las dos costas opuestas de la América central: M. Morelet 
lo ha encontrado en Peten, M. A. Schott en Yucatán y yo en el Estado de Veracruz, 
cerca de Orizaba; se le indica también en Costarica. 

9. Phyllodactustuberculosus Wiegmann, Beitragezur Zoologie, 1835. 
Duméril et Bibron, Erpétologie genérale, tome III, p. 396. 

Bocourt. Mission scientifique duMexique, p. 43, pl. 10, fig. 3. 

Este Geko es conocido de los habitantes del Istmo con el nombre español Sala- 
manquesaóconeláe G opa-id, que es zapoteco y significa « Guarda de las Casas.» 
Abundante en las habitaciones, es un huésped benéfico, un verdadero guardián, 
porque no daña á nadie y hace una caza activa á los insectos. Sale poco durante el 
dia de los numerosos albergues que encuentra en las grietas de las paredes y en los 



LA NATURA LKZA 277 

techos; mas luego que cao la noche, se le ve correr á lo largo de las paredes activan 
mente ocupado en la caza de insectos y en sus amoríos. Si el incentivo de un exqui- 
sito bocado pone á dos machos en presencia, se contentan con rivalizar en destroza 
para alcanzarla; mas si se trata de una hembra vienen á las manos, y muchas ve- 
ces, durante la lucha, uno de los campeones pierde el equilibrio y cae del techo de- 
jando entre los maxilares de su rival un pedazo de cola ó un colgajo de piel . 

Esta especie parece confinada á la región litoral del Pacífico, donde se encuentra 
desde Sonora hasta Nicaragua. 

10. SpH/ERODACTYLUSGLAueusCope, Proceed. Acad. Nat.Sc. Philad.,l&6h, 
p. 192. 

Bocourt, Mission scientifique du Mexique, p. 46. 
Id. Journal de Zoologie, tom. V, 1876. 

Este pequeño Lagarto se encuentra rara vez en las casas; prefiere permanecer 
en los bosques, guareciéndose en las grietas y bajo la corteza de los árboles viejos. 
Se le ha encontrado en Yucatán, en Tabasco, en Nicaragua y en Costarica. 

Se ha observado, según los individuos, algunas variaciones en los colores de esta 
especie. La parte superior de la cabeza y del cuerpo es ordinariamente de un gris 
moreno; la cabeza detrás de los ojos y la nuca son recorridas en longitud por rayas 
más claras que el fondo; el dorso es vermiculado y manchado de negro; sobre el sa- 
cro se ven dos manchas gemelas, algunas veces reunidas, de un blanco rojizo con 
bordes negros; la cola lleva arriba tres medios anillos de un rojo pálido con bordes 
igualmente negros; abajo, ella esde un rojo naranjado. Los miembros tienen por de- 
bajo manchas anuliformes másclaras que el fondo; la barba y la garganta son fina- 
mente puntilladas de negro; el iris, de pupila circular, es moreno claro. 



IGUANIANOS. 



Anolis Salljei Günther, Proceed. Zool. Soc. London, 1859, p. 421. 

Id. 1860, p. 423. 

Bocourt, Misión scientifique du Mexique, p. 90, pl. XIII, fig. 3a y pl. XVI, 
fig. 21 a b. 

Esta pequeña especie, la sola del género que sea común en la región que nos ocu- 
pa, lo es también en la costa del Golfo Mexicano. Tiene formas esbeltas y el macho 
se hace notar por la vivacidad de los colores de su papera que es anaranjado con 
una mancha central de un bello azul ultramar. Tiene la facultad de distender con- 
siderablemente esta papera en los momentos en que le irrita la presencia de un ri- 
val y aun á veces "por simple coquetería. Los machos se entregan á combates vio- 
lentos, y su furor es entonces tal que con frecuencia caen délos árboles asidos entre 



278 LA NATURALEZA 

sí, sin que la caida ponga fin á sus ataques; en estos momentos de exasperación, la 
papera (fanón) está anchamente desplegada y la piel de la nuca y de la base de la 
cola se levanta formando dos pliegues semi-circularesque dan al animal una fisono- 
mía del todo extraña. Poco tímido este Anolis se deja coger con la mano sobre el 
tronco de los árboles ó en el recinto de las habitaciones. Cambia de color con mucha 
facilidad, y su vestidura pasa, según la intensidad de la luz, de un tono de bistre al 
amarillo dorado. 

Anolis nebulosus Wiegm., Herp. mexic, p. 47. 

Bocourt, Miss. scient. du Mexique, p. 70, pl. XIII y XVI. 

Tiene mucha relación en la forma con el precedente; sin embargo, se distingue 
fácilmente por la disposición de las escamas supracefálicas y su coloración más 
sombría. No se encuentra en los llanos sino sobre el flanco de las montañas y en 
las barrancas sombrías, y yaciendo entre las rocas y las grietas de los grandes ár- 
boles. La papera es muy desarrollada en los machos; es de un color carmin os- 
curo que se vuelve amarillo sucio después de la inmersión en el alcohol. 

Basiliscús vittatus Wiegm, Isis, 1828, p. 373. 
Bocourt, Miss. scient. du Mexique, p. 129, pl. XVII, fig. 3. 
Sumichrast, Bill. univ. et Revue Suisse, t. XIX., 1864. 
Muy esparcido en toda la región caliente y templada de México. 

Iguana rhinolapha Wiegm, Herp. Mex., p. 44. 
Bocourt, Miss. scient. du Mex., p. 129. 
Sumichrast, Bibl. univ., t. XIX, 1864. 

Nada tengo que añadir á las observaciones respecto de sus costumbres, que ya 
hice anteriormente. 

Ctenosaura. pectinata Wiegm., Herp. Mex., p. 42, tab. 2. 

Bocourt, Miss. scient du Mexique, p. 129. 

Este Saurio, muy común en la parte occidental del istmo, vive en los lugares 
áridos, en los bosques, en las barrancas y en el interior mismo de las ciudades, 
donde establece su habitación en los escombros y bajo los techos: también apro- 
vecha, ensanchándolos, los agujeros hechos en el borde de las barrancas por los 
Motmots (momotus mexicanus), ó bien él mismo lo fabrica entre las raíces de los 
árboles ó en las cavidades de sus troncos. Vive de hojas, de bayas, de flores, á 
veces de insectos, y se asegura que no desdeña las materias fecales, lo que hace 
que no se coma la carne de los que viven cerca de lugares habitados. 

Esta especie parece habitar también en Yucatán, Nicaragua y otros puntos de 
la América Central. 

Ctenosaura acanthura Cope (ex Shaw) nec Bocourt. 

Cope, Seventh Contrib. to the Herpet. of Trop. America, 1869. 

Sumichrast, Bibliot. univ. et Revue Suisse, 1864, p. 49. 



LA NATURALEZA 279 

? Cten. cycluroydks Wieg., Boc. 

La sinonimia do esta especie parece no estar fijada definitivamente. M. el Profe- 
sor Cope refiere al C. acanlhura Shawlos ejemplares que yo le remití de Tehuan- 
tepec (loe. cit.), y con este mismo nombre indica también Ctenosauros recogidos 
en Yucatán, en Nicaragua y en Costarica. — En h.Mission Scientifque du Mexi- 
que, p. 138, M. Bocourt describe la C. Acanlhura, según ejemplares recogidos en 
California por M. Botta; su descripción no se aplica en ningún modo á los Cteno- 
sauros indígenas de Tebuantepec, á los cuales M. Cope aplica este nombre. Por otra 
parte, M. Cope (Check List of North American Balrachia and Reptilia) no 
menciona como Norte Americana mas de una sola especie de Cyclura (C. hernilo- 
pha), indígena de la Baja California. ¿No seria posible que los ejemplares referi- 
dos por M. Botta sean de este lugar y bembras del C. hemilojjha? En espera de po- 
der asegurarme de esto con la adquisición de nuevos ejemplares, estoy tentado á 
creer que la especie de que se trata aquí se refiere al Ct. eyeluroides Bocourt ex 
Wiegm. 

Sea como fuere, este Ctenosauro es aquel acerca del cual publiqué en otra oca- 
sión (loe. cit.) observaciones relativas á sus costumbres; nada tengo abora que 
añadir, más de que vive de preferencia en los bordes del mar, de donde le ha veni- 
do el nombre de Iguana playera ó de las playas. 

Ctenosaura quinque-carinata Gray, Cat ofLizards in the Brit Mus., 1845, 
p. 192. 

Surnichrast, Bibl. univ. et Revue Suisse, 1873, p. 259. 

Bocourt, Journal de Zoologie, t. V, 1876. 

La área de distribución geográfica de esta especie está limitada á los cantones 
más meridionales del Istmo, desde los alrededores de Tebuantepec hasta la ciudad 
de Zanatepec, á una distancia de treinta leguas casi de la costa delsud-este. 

Phymatolepis bicarinatus A. Dum., Archives du Muséum, 1856, p. 549. 

Bocourt, Miss. scient. du Mexique, p. 165. 

Muy común en los distritos occidentales del Istmo, este pequeño saurio no vive 
sobre el suelo, como podria hacerlo suponer la forma aplastada desu cuerpo, sinoso- 
bre los árboles, principalmente en aquellos cuya corteza gris les presta un medio de 
escapar á la vista de sus enemigos: cuando se intenta cogerlos, se contentan con pa- 
sar al lado opuesto del tronco ó trepan á mayor altura. En la época de los amo- 
res la garganta del macho es de un amarillo naranjado vivo y el vientre de un be- 
llo azul celeste. 

Sceloporusmklanorhinus Bocourt, Journal de Zoologie deP. Gervais,tova. 
V, 1876. 

Esta especie, de gran tamaño, vive de preferencia en los bosques poco espesos, 

La Naturaleza. — Tomo V. — 37. 



280 LA NATURALEZA 

encontrándosele frecuentemente en las anfractuosidades del tronco de las higue- 
ras salvajes (Amate); sale temprano para dar caza á los insectos y vuelve á su ma- 
driguera cuando el calor se hace fuerte. Como es muy desconfiado, solo se le puede 
coger cazándolo con el fusil ó por medio de un lazo corredizo fijado á la extremi- 
dad de una larga varilla. 

Los colores del macho son elegantes. La barba es negra con una mancha blan- 
ca; sobre la garganta, el negro se funde en azul oscuro y éste en azul claro; lo al- 
to del pecho y la línea medio-abdominal son de color rojo saturno; los lados del 
abdomen son de un azul de cobalto y limitadas hacia afuera por un verde pálido; 
la parte inferior de los miembros inferiores y de la cola son de un rojo pálido. 

Sceloporus variabilis "Wiegm, Herp. Mex., p. 51. 

Bocourt, Mis scient. du Mex., p. 200. 

Esta especie habita las dos costas de México. Los individuos que provienen de 
la costa del Pacífico son más vivamente coloridos que los del litoral opuesto; en la 
época de los amores, los machos se hacen notables por el tinte de un rojo de Sa- 
turno muy vivo que cubre la cabeza y la garganta y el amarillo vivo de las ban- 
das laterales del tronco. El mismo tinte rojo colora la cola de los individuos jóve- 
nes. Vive principalmente entre las rocas, en las barrancas ó al borde de los ria- 
chuelos. 

Sceloporus siniferus Cope, Seventh Contrib. to the Herp. of Trop. Ame- 
rica, 1869. 

Este pequeño lagarto, muy vecino del Se. squamosus Boc, de la costa occi- 
dental de Guatemala, es muy abundante en el Istmo. 

Phrynosoma (Batrachosoma) asió Cope, Proceed.Acad. Nat. Se. Philad., 
1864, p. 178. 

Bocourt, Miss. scient. du Mex., p. 241, pl. XVII. 

Sumichrast, Bibl. univ. et Revue Suisse, 1873. 

Esta especie es probablemente el representante más meridional de la familia de 
los Phrynosomianos. 



LACERTIANOS. 



Ameiva undulata Weigm., Herpet. Mex. p. 27. 

Bocourt, Miss. scientific du Mex., p. 254, pl. XX yXXB. 

Después de la excelente descripción, las observaciones de costumbres y el be- 
llo dibujo que M. Bocourt (loe cit.J ha dado de esta especie, queda poco que de- 
cir, solo que en el Istmo vive en los bosques y que es muy común. 



LA NATURALEZA 28Í 

Cnemidophorus miorolepidopus Cope, Tenth. Conlrib. to theHerp. ofTrop. 

America, 1877. 

CNEMmoPHORus unicolor Cope Id. 

Cnemidophorus immutabilis Cope Id. 

Cnemidophorus lativittis Cope Id. 

De las cuatro especies que preceden, las dos primeras provienen de los alrede- 
dores de Tehuantepec, las dos últimas de los alrededores de Juchitan y de Tá- 
pana. 

Cnemidophorus Deppii Wiegm., Herp. Mece., p. 28. 
Bocourt, Miss scient. du Mece., p. 281, pl. XX y XXC. 
Esta especie, que M. Bocourt dice haber recibido de Tehuantepec me parece ser 
muy vecina, si no idéntica al C. lativittis Cope. 



HELODERMIANOS. 



Heloderma horridum AVieg., Herp. Mece., p. 23 á 25. 
Bocourt, Miss. scient. du Mex., p. 297. 
Sumichrast, Bibl. univ. et Revue Suisse. 

? Hel suspectum Cope. 

Poco tengo que añadir á las observaciones de costumbres acerca de esta espe- 
cie, que publiqué hace algunos años, si no es que, después de nuevas experiencias 
acerca de su mordedura, he llegado á la convicción de que ocasiona rara vez la 
muerte en los animales de un cierto tamaño, y que, en la mayor parte de los ca- 
sos, no es seguida más que de una ligera hinchazón de la parte mordida, que des- 
aparece á las veinticuatro horas cuando más; por lo menos, este es solo efecto que 
ha producido en varios perros jóvenes que hice morder últimamente. 

Esta especie seria la única de su género, si la forma que M. Cope ha llamado 
Hel. suspectum (Check. List of North America Reptilia, p. 47), y que pro- 
viene de la Arizona, no es distinta. 



LEPIDOPHYMIANOS. 



Lepidophyma Smithii Bocourt, Miss. scient. duMexique, p. 309, pl. XX F 
et 20 G. 

* M. Bocourt (Mistión scientifique du Mexique) comprendo el Heloderma y el Lepidophyma en la 
familia de los Frachydermianos, fundada por Wiegman. Con la mejor voluntad del mundo de no so- 



282 LA NATURALEZA 

Lep. flavlmaculatüm Sumichrast, Bill. univ. et Revue Suisse, 1873, pági- 
na 261. 

Dando algunos detalles acerca de las costumbres de esta especie (loe. cit.), 
por error la he referido al Lep. flavimaculatiim A. Dum., indicando de paso la 
presencia de poros femorales que M. Dumeril rehusaba ásu especie. 



SCINCOIDIANOS. 

Mabouia unimarginata Cope. 

Especie común bajo los troncos, bajo las piedras y en las casas. Nombre vul- 
gar, Lagartija lisa. 

Moco a assata Cope. 

Esta pequeña especie es muy común en las cercanías de Santa Efigenia y de 
Tápana: vive en los lugares húmedos y sombríos, bajo las hojas secas y los tron- 
cos podridos. 

Epaphelus Sumichrastii Cope. Reptil, and Batr. of Costarica. 

Este Gymnophtalmo de muy pequeña talla, parece raro: solamente he encon- 
trado dos ó tres individuos en Cacoprieto, bajo los troncos podridos en el bosque. 



OFIDIOS. 

1 . Stenostoma phenops Cope. On the Batrachia and Reptilia of Costarica, 
p. 128, note. 

Este Typhlopiano es común en el Itsmo; vive bajo los troncos podridos en las 
maderas bajo las piedras en los lugares áridos y aun en las habitaciones. Su nom- 
bre zapoteco es Benda-gusé ouini, es decir, serpiente pequeña. 

2. Boa imperator Daud. 

Común por todas partes. Habita en sus madrigueras al pié de los árboles, ó so- 
bre el borde de las barrancas. No lo he visto jamás trepar á los árboles, costumbre 
generalmente atribuida á su congénere, el B. constrictor; en compensación, lo 
he encontrado una vez enteramente sumergido en el fondo de una balsa, de don- 
de lo retiré tomándolo por una gruesa anguila. Se nutre de pequeños mamíferos, 



brecargar la nomenclatura zoológica con nuevos términos adaptados á nuevas subdivisiones, me pa- 
rece imposible no considerar sino absolutamente necesario, al menos muy fundada la erección de los 
géneros Heloderma y Lepidopliyma á la dignidad de familias naturales: esta convicción explica la ape- 
lación á que se refiere esta nota. Si el género Xanthusia Baird es, como parece creerlo M. Bocourt, 
sinónimo del Lepidophyma, la familia de los Lepidophymianos seria sinónima de la de los Xantusida 
Baird. 



LA NATURALEZA 283 

liebres, ratas y ardillas. Se le llama Mazacaatl en lengua azteca, y Gvbisé- 
gopé en zapoteco. 

3. Loxocemus Sumichrasti Bocourt Revue de Zologic, tomo V. 1 K70. 

?Loxockmus bicolor Cope, Proceded. Acad. Nat. Se. Pialad, 1801, pá- 
gina. 304. 

Los ejemplares de esta serpiente que he enviado hace algunos años á el Insti- 
tuto Smithsoniano han sido referidos (in Hit.) por M. Cope á su Lox bicolfp: 
otros enviados al Museo de París, han sido considerados por M. Bocourt, como 
específicamente distintos de esta última especie. Será necesario ver en las dife- 
rencias observadas por el segundo de estos herpetólogos, simples variaciones indi- 
viduales, ó son constantes y por esto suficientes para establecer la validez especí- 
fica de el Lox. Sumichrasti? es lo que solo la comparación de un cierto núme- 
ro de ejemplares podrá aclarar. La coloración de las partes inferiores del animal 
varía, según el sexo, del blanco puro al gris cenizo: es casi la única diferencia que 
puedo notar actualmente entre los individuos que poseo; el número, la forma, y 
la disposición de las placas cefálicas están en estos, tales como lo indica la descrip- 
ción de M. Bocourt. 

Esta serpiente habita terrenos profundos al borde de las barrancas; no sale mas 
que en la noche para volver al amanecer. Vive de ratas y de ardillas. Su nom- 
bre zapoteca es Benda Cuba. 

4. Geagras redimitus Cope Bat. and Rept. of Costarica, p. 141. 

Esta serpiente, de muy pequeña talla, parece rara; no la he encontrado sino 
una sola vez cerca de la Huallaga, en el interior de un tronco de árbol podrido. 

5. ¿Enulius. indeterminado. 

Refiero á este género establecido por M. Cope {Report ofthe Peabody Acad. 
o f Science, 1809), una serpiente calamariana encontrada en un pozo natural 
en Cacoprieto. 

0. Stenorhina Degenhardtii Berth., var. apiata Cope, Rept. and Batr, of 
Costarica, p. 142, 

Sten. Freminvillei var. Cope, Seventh Contrib. to the Herpet. of Trop. 
America, 1809. 

De Barrio. 

7. Stenorhina sp. nov? 
De Tápana. 

8. Tantilla rubra Cope Batrachia and ReptiHa of Costarica, p. 1 14 (note). 
Esta pequeña y bonita serpiente, proviene de los alrededores de Tápana y de 

Santa Efigenia; no es común. 

La Naturaleza.— Tomo V.— 37.— 2? 



284 LA NATURALEZA 

9. Coniophanes fissidens Günther, Catal of Colubrina Snakes, p. 36 Cope, 
Repulía of Costarica, p. 137. 

Este Ofidiano, es uno délos más comunes en el lugar, vive en los bosques. Ha- 
bita también en el litoral del Golfo Mexicano. 

10. Coniophanes piceivittis Cope, Sevcnth Contrib. loihe Herp. o f Tropi- 
cal America, p. 869. — Id. Report of Costarica, p. 137. 

Bastante común en los bosques. En Barrio, Juchitan, Tápana. Iris bronceado 
claro, salpicado de moreno. Su nombre zapoteco es Benda-dushka ó Serpiente 
de cintas. 

11. Ophibolus polyzonus Cope, Proceed. Acad. Nat. Se. Philad. 1860, 
p. 258. 

Esta especie vive en las tierras calientes y templadas de las dos costas de México. 
Su coloración análoga á la de los Elaps la hace injustamente acusar de venenosa 
por los habitantes que le llaman Coralillo. 

12. Elicoonatus annulatus Dum. et Bibr., Erpétol. gen., t. VIL 

Esta serpiente, cuya coloración es tan anómala que á primera vista estaría uno 
tentado á considerarla como el resultado de una hibridación, se encuentra sobre las 
dos costas de México, sin ser común en alguna parte. Presenta dos variedades 
muy distintas de color, á saber: 

Var. A. Collar occipital blanco; sobre el primer tercio del tronco (que es rojo 
vivo), seis anchos medios anillos negros, separados por un anillo blanco. 

Var. B. Collar occipital, así como los cuatro ó cinco anchos medios anillos or- 
lados de negro que le siguen, amarillo. Esta última variedad proviene de Caco- 
prieto. 

El conocimiento de las costumbres de esta serpiente sería tanto más interesan- 
te que daria sin duda alguna hipótesis sobre el origen probable de un modo de 
coloración puede ser único en los Ofidianos: todo lo que he podido aprender, es que 
como los Elaps, frecuenta los lugares herbosos y que no se le encuentra sino en la 
estación de las lluvias. 

13. Conophis Sumichrasti Cope Balr. and Rept. of Costarica p. 137. 
CoNOPHisvnTATusCope*S'cyen¿A. Contrib. tolheHerp.ofTrop. Amer. 1869. 
Bocourt Revue de Zoologie, t. V, 1876. 

La especie de que se trata aquí habia sido primero considerada por MM. Cope et 
Bocourt como idéntico al C. vittatus Peters. El primero de estos herpetólogos la ha 
distinguido más tarde comprendiendo dos variedades ó subespecies: la primera (C. 
Sumichrasti, sensu striclo) en la cual la banda lateral negra no desciende sino 
hasta la segunda hilera de escamos, la segunda (C. S. viduus) donde esta se- 



LA NATUHALliZA 285 

gunda hilera no está cubierta por la banda en cuestión. Los individuos de la pri- 
mera variedad provienen de los alrededores de Tápana y los de la segunda da 
Barrio. 

Estas serpientes, generalmente conocidas bajo el nombre de Savaneras viven 
sobretodo en los planíos y habitan agujeros. 

14. Tomodon nasutus Cope Proceded. Acad. Nat. Se. Philad. 1864. pá- 
gina 166. 

Sumichrast, BibV imiv. et Revue Suisse, 1873, p. 262. 
Esta especie de la que he recogido muchos individuos á la orilla del Rio Ver- 
de y en la Huallaga, me ha parecido tener las costumbres de los Tropidonotes. 

15. Eutjsnia próxima Baird et Girard, Catal. of North Amer. Serpents. 

16. Eut^nia marciana Baird et Girard, Catal, of North Amer. Serpents. 
Estas dos especies, únicos Ofidianos de la América del Norte que se encuentran 

en el Istmo, no son comunes. Sus costumbres semi-acuáticas le han valido el nom- 
bre común de Cantil de agua. 

17. Coluber sp. nov? 

Esta especie de gran talla, ha sido encontrada cerca de Tápana. 

18. Coluber (indeterminada). 

19. Spilotes variabilis Wied. 

20. Spilotes melanurus Dum et Bibr. 

Habiendo dado, hace algunos años algunos detalles sobre las costumbres de es- 
tas dos especies, he indicado por error, la segunda bajo el nombre de Sp. ere- 
bennus Cope (Bibl, univ. et revue Suisse, Marzo 1873). 

21. Bascanium mento-varium Dum et Bibr, Erpélol. gen., t. VII. 

Esta serpiente, que llega á una talla tan fuerte como el B. conslrictor, L. de 
los Estados-Unidos, vive habitualmente en las planicies húmedas, de donde le ha 
venido el nombre de Savanera. Se nutre de reptiles y de ranas. 

22. Masticophis (indeterminado). 
Be Cacoprieto, cerca de Tápana. 

23. Drymobius margaritifkrus Schleg. Essai, II, p. 184. 

Este reptil se encuentra en todos los lugares templados y calientes de México. 
Vive en los lugares descubiertos y sobre el borde de las aguas. Se nutre de Ba- 
tracios anouros. 



286 LA NATURALEZA 

24. Symphimus leucostomus Cope, Sventh Contrib. to the Herp. of Trop. 
Amer. 1869. 

He encontrado esta serpiente, que parece genéricamente vecina del Cyclophis, 
en la vecindad de Barrio, donde se le llama Savanera. 

25. Leptophis mexicanus Dum. etBibr., Erp. gen. t. Vil, p. 153. 
Indígena de las dos costas de México. 

26. Leptophis diplotrapis Cope. 

He encontrado esta hermosa serpiente en Juchitan, en Santa Efigenia y en Tá- 
pana. 

Estas dos especies de Leptophis son, como la mayor parte de sus congéneres, 
notables por las bellas tintas verdes de su vestido, que presenta además frecuen- 
temente reflejos metálicos. Tienen la costumbre de trepar sobre los matorrales, se 
enredan al derredor de los ramos ó de las lianas, para estar en acecho de peque- 
ños animales ó dar la caza á los Anolis y á las Rubetas. 

27. Dryophis fulgidus Daud. 

De las dos costas de México. Nombre vulgar, Bejuquillo, verde. 

28. OXYBELIS ACUMINATUS "Wied. 

La misma habitación que la precedente. Nombre vulgar, Bejuquillo,. 

29. Leptognatus fasciatus Günther, Cat. of Col. Snakes, p. 181. 
Cope Proceed. Acacl. Nat,Sc. Piulad., 1868, p. 109, 137. 

Esta serpiente habita también las dos costas de México: en el Istmo la he en- 
contrado en Santa Efigenia y Cacoprieto donde no es común y vive exclusivamen- 
te en los bosques. 

30. Leptodira mystacina Cope, Seventh Contrib. to the Herp. of Trop. 
Amer. 1869. 

Especie común. 

31. Leptodira annulata Lin. 

Esta serpiente cuya zona de habitación es muy extendida, es muy común en el 
Istmo. 

32. Trimorphodon BiscuTATUsDum. et Bibr., Erp. génér. t. VII, p. 1153. 
Tr. major Cope, Sevent Contr. to the Herp). o f Trop. Amer., 1869. 
Sumichrast, Bibliot. univ. et Bevue Suisse, 1873, p. 253. 

El Señor Profesor Cope, considerando otras veces esta serpiente como distinta 
del Tr. (Dipsas), biscutatus D. B., la describió (loe. cit.) bajo el nombre de Tr. 
major, según ejemplares enviados por mí al Instituto Smithsoniano. Más tarde 



LA NATURALEZA 287 

(Balr. and Reptil, of Costarica, p. 131, note) abandonó esta opinión suponien- 
do lo que es probable, que los autores de la Erpélologie genérale habían indi- 
cado por error el número de 23 como el de las series dorsales de escamas, en lu- 
gar de 25 ó 27 que le presentan todos los ejemplares provenientes del Istmo. 

33. HlMANTODES GEMMISTRATUS Copo. 

Especie común en los bosques de los alrededores de Tápana, bajo las cortezas 
y en las grietas de los árboles. 

34. Oxyrrhopus Cl.elia Lin. 
De Barrio. 

35. Elaps? nigrocintus Gir., Cope., Proced. Ac. Nat. Se. P hilad., 1859, 
p. 345. 

36. Elaps agl.eope Cope, Proc. Ac Nat. Se. Phil., 1859, p. 344. — Id. 
Seventh Contr. to the Herp. of Trop. Amer. 18G9. 

37. Elaps? diastema D. B. 

La determinación de las tres especies de Elaps que he encontrado en el Istmo 
me ha dejado dudas. La primera que creo ser idéntica á E. nigrocinctus Gir., 
es la más común: habita los alrededores de Tápana. Santa Eugenia y Cacoprieto. 

38. Bothrops (Bothriopsis) brachystoma Cope, roe. Ac. Nat. Se. Phil., 
1859, p. 339. 

Bocourt, Revue de Zoologie, tom. V, 1876. 

A pesar de su pequeña talla, este Bothrops no es menos temible por su mor- 
dida que produce frecuentemente accidentes graves. Vive, sobre todo, en luga- 
res secos y pedregosos, los bosques no espesos y los antiguos desmontes. Nom- 
bre vulgar Chatilla (español) y Benda-gubisi ó Serpiente peligrosa (zapoteco). 

39. Ancistrodon bilineatus Günther, Annals and Mag .Nat. Hist., 1863. 
p. 334. 

Este Solénoglypho, felizmente bastante raro, no vive sino en las localidades 
boscosas. Es muy temido por la violencia de su veneno que parece ser mucho 
más activo que el de los Crótalos. Su carácter es muy irascible, y se asegura 
que ataca frecuentemente sin provocación á los que pasan cerca del punto donde 
está agazapado. Nombre vulgar Cantil. 

40. Crotalus durissus Lin . 

C. horridus Latr., Schl.. Dum. et Bibr., etc. 

La Naturaleza.— Tomo V.— 38. 



LA NATURALEZA 



C. cascavella Wagler. 

Este Crótalo, muy esparcido en toda la América tropical, es común en el Ist- 
mo, donde se le llama víbora de cascabel (español) ó Shunu (zapoteco). 



BATRACIOS. 

Rhinophrynus dorsalis Dum. etBibr., Erpélol, génér., t. VIII, p. 758. 

Günther, Catal. o f Batr. Salientia, 1858, p. 127, pl. XII; Proceed. Zol. 
Soc. Lond., June 1858. 

Este curioso Batracio ha sido descrito por la primera vez, hace más de treinta 
años, por los autores de la Erpótologie genérale, más tarde por el Sr. Dr. Gün- 
ther, que dio una descripción zoológica y anatómica. En el sistema de los erpetó- 
ogos franceses cierra la serie de los Phanéroglosos bufoniformes; en el adoptado 
para el Catálogo del Museo británico, compone él solo el grupo de los Protero- 
glossa y la única familia de este grupo, la de los Rhinophrynidae . En 1865, el 
Señor profesor Cope (Sketch of the primary groups of Balrachia Salientia. 
In Nat. Hisl. Revieio) forma con los géneros Rhinophrynus y Hemisus una 
familia, Rhinophrynidce; más tarde en 1875, (Check List of North American 
Batr. and Reptilia) no deja más en esta familia sino el género Rhinophryno. 

La forma casi cuadrangular del cuerpo del Riñnophryno, su hocico en forma de 
trompa, la pequenez de sus ojos, y su existencia subterránea, hacen éntrelos an- 
fibios un análogo del topo. Pero mientras que, en el Mamífero, el tren delantero 
es el que está especialmente adaptado á la acción de huir, en el Batracio, es el pos- 
terior, que está encargado particularmente de esta función, y que, grueso y vigoro- 
so, está provisto además de un instrumento especial; quiero hablar de dos hincha- 
mi entos estriados que se observan sobre el vestigio del primer dedo, y sobre la sa- 
lida del primer hueso cuneiforme, y que llenan el oficio de rastrillos para rechazar 
la tierra sobre los bordes del agujero que el animal quiere ahuecar. Si se coloca, 
en efecto, un RMnophryno sobre un terrero blando y húmedo, se pone luego en 
aptitud de enterrarse; para esto se arquea sobre los pies anteriores y, por el juego 
alternativo de los posteriores llega á ahuecar en algunos minutos una excavación 
suficiente para ocultarse enteramente á la vista. 

Durante toda la estación seca, de Octubre á Junio, no se encuentra uno solo de 
estos animales, pero á los primeros aguaceros de la estación lluviosa, salen en la 
noche de sus madrigueras para entregarse al acto de la propagación. Su voz que 
no hacen oir sino durante la noche ó en la tarde después de un fuerte aguacero, es 
un sonido gutural y profundo, bastante análogo al que acompaña los esfuerzos 
que hace un hombre para vomitar; al momento de la emisión del sonido, el hin- 



LA NATURALEZA 289 

chaniiento de la garganta y de las partes laterales del cuello es considerable y 
forma en este lugar enormes vejigas. 

El cuerpo del Rliinophryno exsuda una materia viscosa, que se pega fuerte- 
mente á las manos cuando se le maneja y exhala un olor nauseabundo; no es so- 
luble en el alcohol y se desprende con dificultad de la epidermis. Esta materia, 
análoga á la que escurre del cuerpo de los Siphonops y de los QJdipus, no ex- 
suda de parótidas distintas y salientes, como en los Sapos, sino de una masa de 
glándulas subcutáneas que se abren al exterior por una infinidad de pequeños 
poros que sirven de conductos excretores. ** 

La cópula de los sexos tiene lugar en una época determinada exclusivamente 
por las primeras lluvias: es inguinal, es decir, que durante este acto, el macho 
toma á la hembra por los lomos, y se trepa tan fuertemente que la marca de sus 
pulgares queda impresa largo tiempo después de la inmersión en el alcohol. Igno- 
ro cuál es la duraciou de esta cópula, pero yo puedo asegurar que tiene lugar en 
la tierra y no en el agua. 

El Rliinophryno habita las tierras calientes de las dos costas de México: es muy 
común sobre los bordes del Golfo de Tehuantepec, donde se le llama Sapo tam- 
bucu ó Nandú; su nombre zapoteco es Bidgl-querungu ó Sapo de pequeña ca- 
beza. En el Estado de Veracruz lleva indistintamente los nombres de Foche ó 
Sapo sin huesos; esta última denominación da cuenta fielmente de la fisonomía 
del Rhinophryno, porque la piel de su cuerpo es tan floja y desborda de tal mane- 
ra la parte muscular, que á cada movimiento se abate como una odre medio llena, 
y sugiere también la idea de un animal sin huesos. 

Engystoma ustum Cope, Proceed. Acad. Nat. Se. Piulad. 1866, p. 131. 

E. mexicanum Peters (fide Cope). 

Este Batracio, descrito primero por M. Cope sobre ejemplares provenientes de 
Guadalajara, es también indígena del Istmo de Tehuantepec. Durante largo tiem- 
po lo creía raro, no habiendo podido recoger primero sino un pequeño número de 
ejemplares bajo los troncos podridos, pero he podido después convencerme que 
no es así, y que su rareza aparente no es debida sino á su pequenez que lo oculta 
fácilmente á la vista, á sus costumbres nocturnas y á la circunstancia de que du- 

" El Sr. Dr. Günther (loe. cit.) dice: «Si se examina la cavidad de la boca, se verá que es tan es- 
« paciosa como es estrecha la entrada natural. Hacia atrás de la articulación de la mandíbula. y so- 
« bre el lado de la inserción posterior de la lengua se abre una vasta cavidad, cubierta interiormente 
« por una mucosa muy plegada, y exteriormente por una capa de fibras musculares; la extremidad 
« del fondo de esta cavidad se extiende hasta atrás de la cabeza, y se encuentra situada cerca de la 
a inserción del músculo supraespinal al hueso del hombro. Como yo supongo que esta envidad es un 
o saeo vocal, no pienso que deba encontrarse en las hembras, etc. » 

* « Exteriormente no hay señal de parótidas, pero haciendo una incisión se encuentra un agre 
« gado de glándulas situadas arriba y abajo del hombro, y de la misma circunferencia que el cráneo, 
« etc.» {Günther, loe. cit.) 



290 LA NATURALEZA 

rante la mayor parte del año, queda confinado en un agujero profundo. El año 
último (hacia mediados de Mayo) cerca de Santa Efigenia, mi atención fué llamada 
por un sonido débil (análogo al rechinamiento producido por una lámina de cuchi- 
llo que se hace pasar sobre los dientes de un peine) que parecía salir de las raíces de 
un grueso árbol que bañaba la agua lodosa de una balsa; al cabo de algunos ins- 
tantes de investigación retiró una treintena de Engystomos, la mayor parte co- 
pulados. El macho toma á la hembra bajo las axilas, y esto tan fuertemente, que 
muchos pares así sorprendidos no se desunieron aun después de haber sido su- 
mergidos en el alcohol. Esta unión de sexos se completa aún de la manera si- 
guiente: la piel del pecho del macho es muy extensible: se pega sobre la del dorso 
de la hembra, y haciendo el vacío como una ventosa, ofrece bastante resistencia 
para que sea bastante difícil separar los dos cuerpos aun después de que las ma- 
nos del macho han sido desprendidas de las axilas de la hembra. 

Esta especie se distingue principalmente de sus congéneres por la presencia de 
dos tubérculos en el talón. 

Bufo agua Daud. 

Este Sapo, esparcido en toda la América tropical, y que alcanza probablemen- 
te la más grande talla á la cual llegan los Batracios anouros, es muy común en 
todo México caliente y templado, y habita también los lugares habitados como 
las graneles selvas donde menos expuestos á las falsas preocupaciones del hombre, 
adquiere las más fuertes dimensiones. 

Bufo sternosignatus Günther, Cat. of Batr. Sal. Brit. Mus. 
De Tápana, Santa Efigenia. 

Bufo valliceps Wiegm. 
De Tápana. En los bosques. 

Bufo argillaceus Cope, Proc. Acad. Nat. Se. P/iilad., 1868 p. 138. 
Santa Efigenia, Cacoprieto. 

Bufo Canaliferus Cope, Sevent Conirib. to the Herpet. of Tro}). Amer., 
1877. 
De Cacoprieto. 

MiCROPWKYNE(Pahidicola) pustulosa Cope, Proceed. Ac. Nat. Se. Philad., 
1864 p. 180. 

Este pequeño Batracio es muy común en los alrededores de Tápana, sobre el 
borde de los riachuelos en los bosques: se le ve en sociedad, algunas veces numero- 
sa, saltando sobre la arena ó entre las hojas secas. Su coloración es admirablemen- 
te adaptada á las localidades que prefiere, y la costumbre que tiene de cubrirse 



LA NATURALEZA 291 

con arena lo oculta fácilmente á las miradas de sus enemigos. En la estación de 
lluvias abandona los riachuelos y se va á los campos, en donde á todas hora* 
dia se oye su canto de amor salir de los zarzales; su vejiga vocal > muy \i rande en 
proporción de la talla del animal . 

Cystignatus melanonotus Ilallowell . 

Esta especie está abundantemente esparcida en el Istmo. 

Cystignatos gracilis Dum. et Bibr. 
Especie común. 

Rana halecina Kalm., var. Berlandieri Baird. 

Esta especie norteamericana, muy abundante sobre la mesa de México, es bas- 
tante rara en el Istmo, yo la encontré en la falda de las montañas, cerca de San- 
ta Efigenia y Cacoprieto. 

?Rana (Ránula) affinis Peters= 

Cope, Proceed.Acad. Nat. Se. Pialad., 1868, p. 117. 

Sin ser común en alguna parte, este Batracio se encuentra esparcido sobre to- 
da la extensión del Istmo, y vive de preferencia en los riachuelos y en las balsas, 
ó en el interior de los bosques. Llega á una grande talla; algunos individuos tie- 
nen hasta tres decímetros de largo. 

Hylodes (Lithodytes) rhodopis Cope, Proceed. Acad. Nat. Se. Phild., 
1866, p. 323. 

Hylodes Sall^ei Gthr. (fide Cope.) 

Común en los bosques, donde se le encuentra bajo los troncos podridos y los 
montones de hojas secas; no se arroja á la agua sino cuando es perseguido. 

Lihyla rugulosa Cope, Seventh Conlrib. to the fíerpert. of. Trop. Ameri- 
ca, 1869. 

Esta especie habita los riachuelos, en las barrancas sombrías. Ella ofrece un 
gran número de variaciones de color, pasando del gris claro al moreno casi negro 
por transiciones intermediarias. Los individuos de color subido, tienen general- 
mente el dorso dividido por una línea longitudinal blanca. 

Hyla (Smilisca) Baudinii Dum, et Bibr., Erpéi. génér., tome VIH, p. 564. 

Esta ranilla, muy común en todo México caliente y templado, se muestra en 

cantidad considerable en la época de la cópula, que es la de las primeras lluvias. 

Hyla Staufferii Cope, Proceed. Acad. Nat. Se. Philad, 1865. p. 195. 
Esta pequeña especie que habita también el Estado de Veracruz, no es común: 

La Naturaleza.— Tomo V.— 3^.-2? 



292 LA NATURALEZA 

se le encuentra generalmente bajo las cortezas y bajo los troncos podridos, mas 
rara vez sobre las hojas de los árboles. 

Hyla (indeterminada). 
De Tápana. 

CEdipus Salvinii Gray. 

Es probablemente el solo Urodelo que se encuentra en las planicies occidenta- 
les del Istmo: vive en los terrenos húmedos, en las plantaciones de plátanos, ba- 
jo las cortezas de los árboles muertos, etc. Cuando está vivo su color es naran- 
jado intenso, realzado por manchas negras orladas de blanco. 

Siphonops mexicanus Dum. et Bibr., Érp. gen., tome VIII. 

Este Peromelo es considerado en el Istmo como una serpiente; se le llama cu- 
lebra de dos cabezas y baretilla; vive bajo la tierra, no sale sino en la noche y 
no se encuentra sino en la estación lluviosa. 

Obs. En esta enumeración de Batracios del Istmo, yo he omito muchas espe- 
cies aún indeterminadas y probablemente nuevas. * 



ADICIONES A LA MEMORIA ANTERIOR, 

Sabiendo el Sr. Sumichrast que preparábamos una traducción de su notable 
trabajo acerca de «Reptiles y Batracios en el Istmo de Tehuantepec,» nos remitió 
la lista de Batracios, estudiados por él posteriormente, y que damos á continuación. 

Bufo coccifer Cope, On the Repulía and Batraclua of Gostarica, p. 100. — 
Ibid. Proceedings ofthe american philosophical Society. 1879, p. 267. 

Cystignathus labialis** Cope, Proceed. Amer. Philos. Soc. 1877. p. 90. 
—Ibid. 1879 pág. 270. 

Especie común en las inmediaciones de Tapanatepec. 

* Esta Memoria, inserta en el «Boletín de la Sociedad Zoológica de Francia» (1881) fué traducida 
para «La Naturaleza» por el Sr. socio D. Manuel Urbina. 

" En un reciente trabajo publicado en el Bulletin de la Société Zoologique de France, 1881, page 
30, Mr. Boulenger, de Bruselas, dio una nueva descripción de dos especies de Cyslignathus (Leplo- 
dactylus. Fitz.) á saber: G. caliginosus. Gir y C. albilabris. Gthr. Como parte de los individuos de 
ambas que tuvo á la vista dicho señor al hacer su descripción procedían de mis colecciones en San- 
ta Eligenia, no me cabe duda que la primera (L. caliginosus) es idéntica al C. melanonotus. Cope ex 
Hallowell, y según toda probabilidad la segunda (L. albilabris) es igualmente referible al C. labia, 
lis. Cope. 



LA NATURALEZA 209 

Cystignatiius perl^evis Cope, Prooeed. Amer. PMlos. 800. 1870. p. 269. 

Hylodes (Lithoclytes) podiciferus Cope, Rept. and Batr. of Costarica, pá- 
gina 107. 

Esta especie, que presenta mucha variación de color, vive en las márgenes de 
los torrentes de la Cordillera y es bastante común en el cerro de la Gincta. 

Syrrophus leprus Cope, Proceed. Amer. Philos. Soc. 1870, pág. 2G8. 

El género Syrrhophus establecido por el profesor Cope en 1878, tiene afinidad 
con los Phyllobates por carecer, como estos, de dientes en el vómer: la especie 
actual es de muy pequeño tamaño, y vive debajo de las hojas húmedas, á orillas 
de los arroyos de las montañas. Elindividuo típico que describió el Sr.Cope proce- 
día de Santa Efigenia. He capturado hace años, cerca de Córdoba, otra especie 
del mismo género, S. cysügnatoides. Cope. 

HvLELLAPLATYCEPHALACope, Proceed. Amer. Philos. Soc. 1870, pág. 267. 

El género Hylella se distingue del de Hyla por la falta de dientes en el vó- 
mer, y la especie presente es, según M. Cope, la primera encontrada hasta hoy 
en el distrito mexicano de la región neo-tropical. Vive entre las hojas de una Ti- 
llandsia que crece en los encinales del Cerro Prieto, al Norte de Santa Efigenia, en 
compañía con él. 

CEdipus rufescens Cope, de la misma localidad. 
Tonalá, 20 de Agosto de 1881. 



SINONIMIA vulgar y científica de algunas plautas silvestres y de varias de las que se 
cultivan en México, dispuestas en orden alfabético, l por el Sr. ü. Alfonso Herrera, 
socio de número. — (Continúa.) 

HOMBRES VULGARES. NOMBRES CIENTÍFICOS FAMILIAS. 

Macal ó Quequeste Arurn sculeutuin, L. Oaladium 

sculeutum, Veut Aroideas. 

* Maclura Madura aurauciaca, 2Ta>t Moreas. 

Macpalxocbi, Dongon ó Dun- 

gon Sterculia helicteres, Pers Bitueriaeeas. 

Macpalxochitl, v. Flor de la 

Manita 

Maculi, Eoble serrano ó Ma- 

quilihuatl, Mex Querqus vires, Kew Cupuliferas. 

* Madreselva ó üaoapipilotl. . . . Lonicera oaprifolium, L Caprifoliáceas. 

1 Las plantas marcadas con un asterisco son las cultivadas. 



294 LA NATURALEZA 

* Madreselva ó Cacapipilotl Lonicera sempervivens, L. . . Caprifoliáceas. 

Madroño Xeramthémum annurn, según 

Oliva Compuestas. 

Id Arctostapbylos tomeutos'a, 

Dougl Ericáceas. 

Id Celosía moqúini, según Oliva. Amarantaceas. 

Mafafa, Cacalacacaxtli . . , Xantosoma raafafa, Scbott, et 

X. robustuin Scbott, según 
Villada 

* Magnolia Magnolia grandiflora, L Magnoliáceas. 

* Id., v. Árbol del Castor 

Maguey manso, ó Metí, Mex.. Agave potatorum, Salm Amarilideas. 

Id. Lechuguilla ó Metometl. 

Mex Id. lechuguilla Torrey Id. 

Id. Teomettl. Mex Id. vivípara, L Id. 

Id. Scbisbi Id. saponaria, Liud Id. 

Id Id. ixtli, Karw , Id. 

Id. de Yucatán, v. Henequén. 

Id., id.' Furcroyaodorata, segunLeon. Id. 

Id. Meco Agave americana, folis varie- 

gata Id. 

* Maíz, Tlaolli. Mex. Detba Oto- 

mi Zea maíz, L Gramíneas. 

Maíz de Tejas, v. Acahual 

Id. meco, v. Mirasol 

Majahua Thespesia populnea, según 

Donde Malvaceas. 

Mal de ojo, Virginia Zinnia uniflora, L., et Z. ele- 

gans, Jacq Compuestas. 

Id., v. Muérdago 

Mala mujer, v. Guardalagua . . 

Id., id Cissus tridentata, Eckl Ampelideas. 

Malva Malva rotundifolia, D. C, et 

M. vitifolia, Cav Malvaceas. 

Id. de López, v. Yerba del ne- 



* 



Id. Luisa, Malvón, Bola de fue- Pelargonium inquinans, Willd 

go et P. zouale, Ait Geraniaceas. 

Malva^rubi ' Pelargonium Hibridum, Ait. Id. 

Id. de Veracruz Sida capensis, Cav Malvaceas. 

Id. de Yucatán Malva americana, seg. Donde. Id. 

Mamey, Tesonzapotl, Mex Lúcuma Bonplandi, H. K. (se- 
gún Altamirano) Zapotaceas. 

Mamey de Sto. Domingo Mammea americana, L Gutiferas. 

* Maná ó Flor de huevo Solanum Ovigerum, Dura . . . Solanáceas. 

Mananepile, v. Lengua de ciervo 

Mangle Ehyzophora mangle, L Eizoforeas. 



LA NATURALEZA 

Mango Mangnifera indica, L Terebintáceas. 

Manguita Maurandia semper floreos, J. Escrofulai i. 

Mano de lcon, v. Abanico .... 

Id., id Eantinculus lanuginosus, se- 

gun Oliva Ranunculáceas. 

Mantención Ipomea ¿sp? seg. Oliva Convólvulo 

* Manto de la A^írgen, v. Cam- 

panilla 

Mangostona Garcinia Levingstoni, según 

Finck Gutiferus. 

* Manzanilla, Castillantonaxi- 

huitl, Mex Matricaría cbamomilla, L. . . Compuestas. 

Id., de Jalisco Eupatorium couyzoides, seg. 

Oliva Id. 

Id. de Yucatán Heenium autumnale, L Id. 

Manzanillo Hippomane mancemilla, L. . . Euforbiáceas. 

* Manzanita de amor, Coral de 

jardines Solamim pseudo capsicum, L. Solanáceas. 

* Manzano Pyrus malus, L Rosaceas. 

Maquile Tecoma quinquefolia, según 

Finck Bignouiaceas. 

Maravilla , Mirabilis dichotoma L Nyctagineas. 

Maravillita Oxibafus agregata Vahl, se- 
gún Barcena Id. 

* Maranta Maranta metálica, Lind Marantaceas. 

* Id Id. zebrina, Sims Id. 

Marañou , Anacardium occideutale, L . . Terebintáceas. 

* Margarita, reina. Margarita. . . Áster siuensis, L Compuestas. 

* Id. blanca, v. Amolle 

Id. de Jalisco Dapbne laureola, seg. Oliva. . Tymeleas. 

Id. olorosa, v. Amolle 

Maribuana ó Rosa María Oannabis indica, L Canabíneas. 

* Maro Teucrium marum, seg. Oliva. Labiadas. 

Marrubio Marrubiuní vulgare, L Id. 

Masa de agua, véase Espa- 
daña 

Mastranzo Mentba rotundifol ia, L Id. 

Mastuerzo, Capucbina, Pelon- 

cbili ó Pelón mexixquilitl. .. Tropseolum majus, L Tcopeoleas. 

Mataperros, v. Cólcbico 

Matalagua, v. Añil. 

Mático, v. Achotlin 

Matitas, v. Aroma 

Matizadilla, v. Lantana 

Matlalitzin, v. Rosilla 

Matlalquabuitl, v. Guayacan.... 

Matzapotl, v. Chirimolla 

La Naturaleza.— Tumo V.—;!:'. 



296 LA NATURALEZA 

Matzatli, v. Pina 

Mayorga, Xhalache ó Jaspala- 

cbe (Maya) Sedara acre, L Crasulaceas. 

Mayos, v. Cólchico 

Mazatetes, v. Canónigos 

Mazorca, v. Huacbacata 

Mazorquilla, v. Jabonera 

Mecapatli, v. Zarzaparrilla 

Mecapatli, Metlancasis ó Au- 
rora Pharbitis hispida, Cbois r Convolvuláceas. 

Mecaxocbitl Piper amalago, L Piperáceas. 

* Mefé, v. Estáñate 

Mejorana del país Salvia grandiflora, Ettling. . . Labiadas. 

* Meliabto Meliantus mayor, L. et M. rai- 

uor, L Zigofiladas. 

* Melindre de monja Quamoclit coccínea, Msencb. . Convolvuláceas. 

Melisa, v. Toronjil 

Melocotonero, v. Durazno .... 

Melón Cucumis meló, L Cucurbitáceas. 

Melón zapote, v. Papayo 

Menta, v. Yerbabueua... 

* Mercadela, Eeinita ó Tostona. Caléndula oífícinalis, L Compuestas. 

Mercimarona Manihot fcetida, Pohl Euforbiáceas. 

Mercurial Galinsoga parvirlora, Cav Compuestas. 

Merza, v. Encino 

Mezquite, Chachaca, (Mixqui- 
copalli, Mex. (la goma que Prosopis dulcís H. B. K., et 
produce) . luga circinalis, Willd Leguminosas. 

Mezquitillo Cassia occidentalis, seg. Oliva. Id. 

Metatera Trixis Corymbosa Don Compuestas. 

Metí, v. Maguey 

Mejije Lepidium iberis, L Cruciferas. 

Mexixquilitl, v. Mastuerzo 

Mexocotl ó Manguel Bromelia Karatas, Adams .. . Bromeliaceas. 

Micaquahuitl, v. Palo del muer- 
to 

Michoacan, Tlaloucacuitlapilli, 
Mex., Tacuache ó Pascua, 
Tar Batatas Jalapa D. O Convolvuláceas. 

Mijo Milium sativmn Gramíneas. 

Mil enrama, v. Plumajlüo. . . . 

Milefolio, v. Plumajillo 

Minutiza Dianthus pluraarius, según 

Oliva Cariofiladas. 

Id. v. Clavellina 

* Miñoneta ó Reseda Eeseda odorata L Eesedaceas. 

* Mioporo Myoporum elipticum, Br Mioporiueas. 



LA NATURALEZA 297 

: Miramelindos, v. Belenes 

1 Id., v. Espuela 

' Mirasol Cosmos crysantlicmoides, H. 

B. K Compuestas. 

Id., v. Jocoatole 

Id., v. Lampote 

Id Cosmos bipinnatus, Cav Id. 

Id., amarillo Cosmos sulfúreos, seg. Oliva. Id. 

Id., v. Gigantón 

Id., rasposo Harpalium rigidum, Cass Id. 

Mirto Salvia microphila, H. B. K. . Labiadas. 

Mispatle Budleia, verticillata, H. B. K. Escrofulariaceas. 

Moco de Guajolote rolygouum persicaria, L . . . . Poligoneas. 

Id. de Pavo ó Cordón del obispo. Amaran tlius caudatus, L Amarantaceas. 

Mocbiquelite Inga ¿sp? según Oliva Leguminosas. 

Mobo Mucor mucedo, Bolt Hongos. 

Mobuitl Auissacantbus virgularis, Nees Acantáceas. 

Molonqui, v. Tripa de Judas. . 

Monacillo amarillo Sida picta, Hok Malvaceas. 

Id. blanco Hibiscus candidus Id. 

Id. rojo, Atlalzopillin Hibiscus peutacarpus, L Id. 

Monaspeto Bignonia radicaus, L Bignoniaceas. 

Monilla Paullinia ¿sp? Sapiudaceas. 

Moradilla Madura tinctoria, H. B Moreas. 

Moral blanco Morus alba, L Id. 

Id. negro Id. uigra, L Id. 

Morisca, v. Ambarina 

Mosqueta Pbyladelplms coronarais, L . . Filadelfaceas. 

Mostaza Sinapis nigra, L Cruciferas. 

Mostacilla Eruca Sativa, Lam Id. 

Mota morada Ccelestina ageratoides, H. B. 

K., según Barcena Compuestas. 

Motita, ó Escorzonera Piuaropappus roseus, Lep. . . . Id. 

Mozoquilitl Coreopsis coronata, Hook. . . Id. 

Muérdago, Visco ouercino, Liga, 
Visco, Mal Ojo, Quautzitli, 

Mex Lorantbus calyculatus, D. O. Lorantaceas. 

Muitle, Muicle, Charaitzicua, 

Tar. Mohitli, Móx Sericografis mobintle, D. C... Acautaceas. 

Muitle Sarotbecba salviseflora, Xees. Id. 

Munditos, ocotillo ó varal. . . . Cardiospermum molle, H. B. 

y K Sapiudaceas. 

Musgo Diversas especies del género 

Bryum, Polytricum, etc.. Musgos. 

Muela de San Cristóbal Aquilegia vulgaris, L Ranunculáceas. 



298 LA NATURALEZA 

* Nabicol Brassica campestris napobras- 

sica, D. O Cruciferas. 

* Nabo Brassica campestris oleífera, 

D. O Id. 

* Id. comestible Brassica napus escalenta, D. 

O Id. 

Cacaxtle L Euterolobinm ¿sp? seg. Fink.. Leguminosas. 

Nacazcul, v. Cascalote 

Nahuapaste, v. Palancapatli. . 

Nanahuapatle Smilax áspera, L Asparragineas. 

Nance, nancbe, nanancbe, ó Malpighia favinea, Sd. et M. 

Nanzinxocotl, Mex nanchi, seg. Oliva Malpigiaceas. 

Nancenes, Chi, (Maya) Malpighia glavra, L. seguu 

Donde Id. 

Nanche, v. Nance 

Id., v. Oapulincillo 

* Naranjo agrio Oitrus vulgaris Risso Auranciaceas. 

* Id. dulce Id. aurantium, Riso Id. 

* Id. hoja de mirto Id. vulgaris var., myrtifolia 

Risso Id. 

* Narciso Narcisus pseudo-narcisus L. et 

N. poeticus L. et N. bico- 
lor, L Amarilideas. 

Id. amarillo Thevetia ovata D. C, et T. 

neriifolia Juss Apocineas. 

* Nardo Polianthes tuberosa L Amarilideas. 

Nazareno Piratinera guaiaueucis, seguu 

Fink Moreas. 

Neldos, v. Eneldos 

Nenúfar, v. Nimfa 

Neueticxihuitl, v. Yerba dalce. 

Nexmtzi, v. Estáñate 

Ngedri, v. Copaliquahuitl 

Ng-i, v. Chile 

Ngidri, v. Copaliquahuitl 

Nicna Calonyction speciosum, Chois. Convolvuláceas. 

* Nigela ó Cabellos de Venus.. . Nigella damascena, L Ranunculáceas. 

Ninfa, Nenúfar, Lampazo ó 

pan caliente, Cumbacuare, 

Tar Nymphea odorata, Ait Ninfeáceas. 

Ninfa Himnanthemuin nympboides, 

Liuk, seg. Cohneiro Gencianeas. 

* Nispero Mespilus germánica, L Rosaceas. 

Id Eriobotrya japouica Thunib, 

seguu Kink Id. 

Nixtamaxochitl Tecoma stans, Suss Bignoniaceas. 

* No me olvides Myosotis palustris, With Borragineas. 



LA NATURALEZA 2!)!) 

Nocbeznopalli ó Nopalnocbezll, Opuntia ILinandesis, D. C. 

Méx según Colmeiro Cácteas. 

Noebtli, v. Nopal 

Nogal, Ojuaucaeaoat^Méx. lita 
ó Dumtza, Ototaí. Nuez (el 

fruto) Juglans regia, L ftiglandeas. 

Nogal silvestre Id. granatensis, sog. Kiuk... Id. 

Id., id Id. mucronata, Mielk,seg. Oli- 
va Id. 

Id., id Pterocarya fusiformis, según 

Oliva Id. 

Id. de Uriqui Juglans ¿sp? seg. Oliva id. 

Nopal, Noebtli, Mex. Parí Ta- Opuntia tuna Mili, et vulgaris 

rasco Culhua ó Higuera de Mili, et O. cochiuillifera 

Indias. Tuna (el fruto) Mili., etc Cácteas. 

Nopal de monte Ficus indica L., seg. González. Morcas. 

Nopalillo Opuntia nopalilloKarwins. . . Cácteas. 

Id. Nopalxochicuezaltic, Méx. Epiphylum speciosum Haw. et 

Cereus pbyllantoides, Dec. Id. 

Nopalnocliestli, v. Nocbeznopa- 

lli 

Nttzirza, v. Saúco , 



Nuez, v. Nogal 

Nuez encarcelada Carya Olivícformis, Nat Caryaceas. 

* Id. moscada Myristica moscbata, Thumb . Miristiceas. 

Ñamé, v. Iñamé 

Ñamóle, v. Jabonera 

(Continuará.) 



PSICOLOGÍA 



DE LAS SENSACIONES Y DE LA INTELIGENCIA EN LOS ANIMALES ' 



I. De las sensaciones. 

La agudez de las diversas facultades sensorias en diferentes animales, está su- 
jeta á grandísimas variaciones, siendo los extremos superiores é inferiores á los 
del hombre. 

Así, las impresiones visuales que algunos gusanos y moluscos pueden reci- 

1 Este articulo es el extracto de un libro, cuyo nombre es, «Le Crrreau. organede la pensje,* y 
que pronto verá la luz en la Btbliolheque scientifique intemationale. Paris, Germer Bailliere, 1SS2. 

La Naturaleza.— Tomo V.— 39.— 2? 



300 LA NATURALEZA 

bir de sus ojillos simples, aun en las circunstancias más favorables, no pueden con- 
siderarse sino como de naturaleza muy vaga y general, careciendo, sin duda más 
ó menos, de lo que constituye la parte consciente de nuestras propias impresiones 
visuales. Pero ¡cuan diferente es esta misma actividad sensoria en las aves! En 
casi todas éstas, las facultades visuales exceden mucho á las del hombre, tanto 
bajo la relación de la extensión, como de la agudez. La vista es indisputablemen- 
te el sentido dominante de las aves. 

Dice Buffon, que un halcón distingue, volando, á una alondra posada sobre un 
pedazo de tierra del mismo color que ella, y esto, á una distancia veinte veces 
mayor á la que pudieran distinguirla un hombre ó un perro. Un milano, que se 
ha elevado más allá de los límites de nuestra visión ordinaria distingue aun á las 
lagartijas, á los ratones y pajarillos, y escoge aquellos sobre los cuales quiere lan- 
zarse para devorarlos. 

Casi todos los invertebrados poseen únicamente, á un grado sumamente débil, 
la facultad de oir ó de distinguir diferentes clases de sonidos. 1 Por ejemplo, di- 
ce Sir. John Lubbock: 2 

«He producido varias veces los sonidos más agudos posibles, sirviéndome para 
esto de un flajolé de dos sonidos, de un silbador para llamar á los perros, de un 
violin y de mi propia voz; y he acercado una hormiga en completo reposo, pero 
de esto no he obtenido ningún resultado. No deduciré de aquí que las hormigas 
son realmente sordas, sino que siempre los sonidos perceptibles para ellas difieren 
mucho de los que nosotros podemos oír. Sabemos que algunos insectos producen 
sonidos frotando uno con otro dos de sus anillos abdominales. Landois cree que las 
hormigas los producen también de la misma manera, aunque no podamos perci- 
birles. Por otra parte, la extensión de los sonidos que podemos percibir es muy 
limitada, y probablemente hay en el universo una infinidad de sonidos que para 
nosotros son imperceptibles. Además, hay en las antenas de las hormigas unos 
órganos curiosos que bien podrían ser auditivos. 

El oído, no obstante, es más desarrollado, bajo ciertas relaciones, en el buho, 
por ejemplo, y otros pájaros nocturnos, que en nosotros. Según Swainson, «este 
mismo sentido es especialmente fino en algunos cuadrúpedos, y sobre todo en los 
de las tribus herbívoras: así, la danta, aunque no está dotada de una ligereza no- 
table, puede huir de sus enemigos, gracias á una delicadeza poco ordinaria en sus 
percepciones auditivas. Se sabe, además, que el ciervo posee la misma finura de 
oído." 

La agudez de este sentido en el caballo, la foca y la marsopa es también, según 
se dice, muy notable. 

El sentido del tacto presenta, en los diferentes animales, variaciones conside- 
rables en su delicadeza y en el discernimiento que le acompaña. Aunque este sen- 

1 Véase la Nahue, p. S'tO y S68. 

2 Journal of Linn. Soc. (Zool.), vol. XIII, p. 24'±. 



LA NATURALEZA 301 

tido sea siempre, en un grado cualquiera, cierta clase admisible de sensibilidad, 
en los organismos inferiores no es mayor al que existe en el protoplasma. X o su- 
cede lo mismo en los animales superiores: en estos el sentido se localiza en una ó 
varias partes del cuerpo, que se les debe considerar como óiganos táctiles espe- 
ciales. 

El sentido del tacto no se encuentra localizado distintamente, y sin duda no es 
muy fino ni se halla acompañado de gran discernimiento en los peces ó reptiles, 
aunque se desarrolla y se localiza más en las aves. 

Sawainson dice: «En las aves está confinado probablemente en las patas y en 
el pico. Esto es aparente, sobre todo, en los rapaces, que hacen uso de sus garras 
para asir y retener á su presa; mientras que en otros, como los patos, las becadas 
y las gallinas ciegas, que sumergen sns largos picos en el fango, la punta de la 
mandíbula no solamente es blanda, sino que además está cubierta de una piel fina 
y membranosa, lo cual implica evidentemente una sensibilidad considerable.» 

Este sentido no está tal vez muy desarrollado en la mayoría de los cuadrúpedos, 
aunque parece localizarse, como en los pájaros, en las patas y en la boca. Hay, 
sin embargo, dos excepciones notables. La trompa del elefante está dotada evi- 
dentemente de un sentido táctil muy fino, y le sirve, hasta cierto punto, para los 
mismos usos que las cuatro manos á los cuadrumanos ó las dos al hombre. Las fa- 
cultades táctiles de todas estas partes se ignoran, no obstante, considerando única- 
mente la sensibilidad, en la segunda excepción que se cita cada momento, es decir, 
por la sensibilidad que presentan las membranas interdigitales, ó sea las alas de los 
murciélagos, y la piel desús largas orejas. La sensibilidad de estas partes es tan 
grande, que puede reemplazar á la vista, y servirle álos murciélagos para evitar el 
encuentro de los más débiles obstáculos en su vuelo tortuoso y rápido. Como lo ob- 
servó Spallanzani, por primera vez, estos animales pueden, aun cuando se les ha- 
ya cegado, «guiarse á través de los lugares más sinuosos y complicados, sin tocar 
una sola vez los muros, y sin chocar alguno de los obstáculos que parecen oponerse 
á su paso.» 

En este estado, pueden evitar el encuentro en sus giraciones rápidas, aun de hi- 
los de seda que se les hubiese tendido de intento en una galería ó en otro lugar. 

Los tres sentidos de que acabamos de hablar constituyen los sentidos especial- 
mente intelectuales del hombre: sobre ellos reposan casi todos sus conocimiení ps del 
mundo exterior. Hay, sin embargo, otra facultad sensoria: el sentido del olfato; 
el cual, aunque no goce sino un papel poco importante en los hombres civilizados, 
es de la mayor utilidad como sentido intelectual en un gran número de animales in- 
feriores; y en algunos individuos pertenecientes á razas poco civilizadas, este senti- 
do, así como otras facultades sensorias, es muy delicado. 

En seres como los gusanos y un gran número de moluscos, el sentido del olíate. 

1 Se encontrará, á propósito de esto, varios hechos interesantes, mencionados en la obra de Hou- 
zea'n, titulada, Les Facultes mentales des animan®, L872, \ol. l.°, p. 00-91. 



302 LA NATURALEZA 

ó no existe ó es sumamente vago é indiferente. Hay motivos para creer que existe 
en los gasterópodos, en las diferentes clases áejivias y en muchos crustáceos. En 
algunos insectos parece que la facultad sensoria dominante es un sentido olfatorio 
muy desarrollado. Sir John Lubbock, ha hecho ver que los insectos más inteligen- 
tes, es decir, las hormigas sociales, casi no hacen caso de sus sentidos, y relativa- 
mente hacen poco uso de sus ojillos. El sentido del olfato es indisputablemente su 
facultad dominante. 1 Parece que con el auxilio de este sentido es como ellos pue- 
den recorrer su camino y dedicarse á sus diversas ocupaciones diarias. Un nuevo 
escritor, hablando de la manera como las hormigas siguen una ruta determinada, 
dice: 2 

«He hecho varias veces la experiencia de modificar el olor del terreno sobre el es- 
pacio de algunas pulgadas solamente, y he visto á las hormigas extraviarse, cami- 
nando cada una á la distancia de una pulgada, cuando menos, de la que le antece- 
de, hasta pasar el intervalo. Cuando el nuevo camino diferia por igual razón del 
antiguo, era andado exactamente del mismo modo, y más aún si era largo. » 

Como prueba de que las abejas y las mariposas escogen las flores que Visitan por 
medio del olfato, más bien que con la vista, un autor escribe: 3 

«Las abejas, sobre todo, y también las mariposas buscan una sola variedad, y du- 
rante cierto tiempo solo fijan en ella su atención y no se posan ni liban más miel que 
la de esta variedad únicamente: por ejemplo, una abeja parándose sobre un geranio 
escarlata nó irá después á otra especie ó variedad, sino que permanecerá solamente 
en esta variedad — no dirigiéndose nunca de un geranio escarlata á otra flor del 

mismo color, aun cuando ésta se encuentre tan próxima de la otra, que la toque 

no he observado nunca que una abeja vaya de un lirio á un amarilis, ó recíproca- 
mente.» 

W. M. Gab, escritor de Santo Domingo, refiriéndose á la mariposa, dice: 4 

«Mis criados llevaban siempre una pasta fermentada de harina de maíz, que 
mezclaban con agua para hacer un brebaje. Al llegar al borde de las corrientes de 
agua en una garganta estrecha, aparecieron indistintamente después de que se ha- 
bía abierto un paquete de esta pasta, algunas mariposas, que llegaban en la misma 
dirección del viento, y cuando no se veía ninguna un momento antes. De esta ma- 
nera he hecho maravillosas capturas. Les he puesto también como cebo un pedazo 
de plátano muy maduro ó podrido. De otro modo era imposible que se acercasen. 

Tenemos otro hecho notable que demuestra una delicadeza análoga de sentido 
del olfato en las mariposas nocturnas. 5 «Los coleccionadores de lepidópteros han 

1 Journal of Linn. Soc, vol. XIII, (Zool.), p. 239-244, y Nature, Abril 10, 1873, p. 444. 

2 Nature, Febrero 7, 1878, p. 282.' 

3 Nature, Oclubre 18, 1877. 

4 Nature, Febrero 7, 1878, p. 282. 

o Quarlerhj, Review of menee. Oct. 1877. Articulo: Our Six-Footed Rivate.— Véase la Nature, 
Julio 18, 1878, p. 302 y 311. 






LA NATURALEZA 303 

observado que si se encierra en una caja á una hembra de cien ¡e, los ma- 

chos pertenecientes á esta última, llegan después de recorrer distancias rela- 
tivamente enormes. » 

Hay razones para creer que las acciones de un gran número de insectos son de- 
terminadas casi siempre por un sentido olfatorio muy sutil, acompañado de mucho 
discernimiento, y que puede igualar, ó quizás superar en agudez al de cualquie- 
ra otro animal. Sin embargo, en algunos insectos, como las libellules, la vista 
es un sentido muy importante; de manera, que el olfato y la vista dirigen las 
acciones de los insectos, aunque su acción no sea igual en la misma especie. 

El sentido del olfato es en los peces, según Kirby, el más agudo de todos. 1 

Dice Lacépéde: «Puede llamarse verdaderamente ojo, puesto que con su auxi- 
lio descubren á su presa ó á sus enemigos á distancias enormes; él es quien les 
guía en medio de las espesas tinieblas y en las agitadas olas. Los órganos de este 
sentido están colocados en el espacio comprendido de un ojo á otro. La extensión 
de la membrana, sobre la cual se distribuye el nervio olfatorio en un tiburón de 
veinticinco pies de largo, es cuando menos de doce á trece pies cuadrados. > 

Se supuso por mucho tiempo en algunos pájaros, como los buitres, y otros, un 
sentido olfatorio sumamente delicado; pero las observaciones deDanvin y otros na- 
turalistas tienden á demostrar que tal suposición es de todo errónea, y atribuyen á la 
grande agudez del sentido de la vista, los hechos sobre los cuales se apoya. En ver- 
dad que, en casi todos los pájaros, el sentido del olfato es poco desarrollado. 

En un gran número de cuadrúpedos salvajes y domésticos, al contrario, el ol- 
fato es muy agudo. Como ejemplo de los primeros citaremos alguno. 

Swainson, dice aún: ~ «Se refiere que el olfato del bisonte de América es tan fino 
que supera al del hombre y del perro, excepto en el viento; y el camello puede, gra- 
cias á la perfección de este sentido, reconocer la proximidad del agua á la distancia 
de una milla, caminando por los arenosos y abrasadores desiertos que atraviesa con 
frecuencia.» 3 

La agudez del olfato en el perro, con la cual descubre y sigue la pista á los diver- 
sos animales de caza, así como los pasos de su amo, aun en las calles muy concur- 
ridas, es bastante conocida de todos. Hay razones para creer que el perro emplea 
el sentido del olfato para usos que apenas podemos concebir. Un ejemplo de esto ha 
sido referido por el doctor Huggins, 4 el cual posee un perro, hijo de un célebre 

1 Kirbyss, History, Habils and Inslincts of animáis, vol. II, p. 278. 

2 Habils and Inslincts of animáis, p. 49. 

3 R, G. Norman dice que «las ranas tienen la facilidad de conocer la proximidad del agua y que 
son atraídas instintivamente hacia ella. He tenido oportunidad de asegurarme de esto en las locali- 
dades donde liab'a agua estancada cerca de un muro ó barrera semejante. Las he visto reunirse du- 
rante el invierno en gran número contra el obstáculo, con la cabeza dirigida hacia el agua: y cuando 
yo las cambiaba de posición, inmediatamente se colocaban como antes, siempre en la dirección del 
agua.» Wliite's, Natural History of Sclvorne (Bolin's edition), p. 407. 

4 Nalure, Febrero 13, 1878, p. 281. 

La Naturaleza. — Tomo V.— 40. 



304 LA NATURALEZA 

mastín inglés, llamado Turk, y quien descubrió inmediatamente en dicho perro una 
extraña antipatía hacia los carniceros y las carnicerías. Tomando las primeras no- 
ticias que le diera el primer poseedor del Turk, el doctor Iluggens, supo que se- 
mejante antipatía habia existido en el padre y en el abuelo de su perro, así como 
en los demás hijos del Turk. Ha publicado algunos hechos interesantes observa- 
dos en uno de estos últimos perros, llamado Paris. 

Paris posee, dice, en alto grado esta antipatía; se resiste á pasar por una calle 
adonde se encuentra una carnicería, y cuando ha pasado ésta, corre inmediata- 
mente. Cuando un carro de alguna carnicería llegaba al lugar donde estaban los 
perros, aunque ellos no pudieran verle, se enfurecían tanto que rompían las cade- 
nas. Una tarde fué el dueño de una carnicería con su traje de trabajo á la casa del 
amo de Paris, con el objeto de ver al perro. Apenas hubo entrado á la casa, cuan- 
do el perro (aunque estaba encerrado), se puso tan furioso, que fué necesario co- 
locarle en un sotechado, y que el carnicero se hubiera ido sin verle. Un día, este 
mismo perro, en llastings, se lanzó sobre un señor que entraba á la casa. El pro- 
pietario regañó á su perro, y se excusó, diciendo que nunca habia visto al animal 
conducirse así, excepto cuando un carnicero entraba á la casa. — Esa es mi profe- 
sión, contestó el visitante. 

Esta facultad de descubrir á los carniceros á cierta distancia, y aun sin verles, 
así como cuando estaban disfrazados, no podia depender sino del gran desarrallo 
del sentido del olfato, con el cual percibia el perro olores que para nosotros habrían 
sido inapreciables. 

Los caballos también están dotados de un olfato muy fino; y esto lo prueba el 
hecho interesante citado por M. Darwin. 1 Dice, en efecto: 

«Hace algunos años que yo viajaba en un mal carruaje, y apenas hube llegado 
á una posada, cuando se detuvo el cochero quince minutos. Hizo lo mismo cuan- 
do llegamos á un segundo albergue; y pregunté entonces la causa de esto. El con- 
ductor me mostró entre los animales del tiro á una yegua, y me dijo que estaba 
completamente ciega desde hacia mucho tiempo, y que se detenia en todos los lu- 
gares del camino adonde antes habia sido detenida. La experiencia le habia de- 
mostrado á dicho cochero que perdía menos tiempo deteniendo su tiro por un 
momento, que tratando de seguir adelante. Examiné en seguida al animal; era 
indudable que éste reconocia todas las posadas del camino, antes que los otros ca- 
ballos, porque cerca de ellas detenia á estos varias veces. Yo creo que esta yegua 
reconocia todos esos albergues por medio del olfato.» 

Sin embarco, los animales ejecutan muchas acciones cuando se encuentran en 
lugares desconocidos, que no pueden ser explicadas por medio de los sentidos, que 
hasta ahorahemos considerado, yasea tomados aisladamente, óya combinados. ¡Có- 
mo por ejemplo, pueden volver el gato, el perro ó el caballo á su casa en un cor- 

1 Nature, Marzo 13, 1873, p. 1873, p. 360. 



LA NATURALEZA 306 

to espacio de tiempo, al través de un país que les es desconocido, 6 por un camino 
que jamás han recorrido? ¿Cómo puede el pájaro emigrador dirigir so vuelo a[ 

través de los mares, y volver después de haber recorrido millares de leguas hasta 
el mismo bosque, techado, ú otro lugar, adonde ha fabricado su nido y criado á 
sus hijos en la primavera anterior? Nosotros suponemos que existe en muchos 
animales un sentido de direcion, muy superior á los otros. 

Esta facultad no se manifiesta en todos los hombres, sino en estado rudimenta- 
rio, y en algunos animales es tan desarrollado, que se le considera como facultad 
nueva y misteriosa. 

El grado en que existe en nosotros este sentido varia mucho en los diferentes 
individuos. Algunos habitantes de las ciudades, bastante inteligentes, además, no 
son capaces de encontrar su camino en medio de las calles que se cruzan, aun en 
en un lugar cercano, y cuya dirección les era conocida en el momento de su par- 
tida; otros, al contrario, andan con perfecto conocimiento del punto á que se di- 
rigen y llegan fácilmente atravesando un laberinto de calles desconocidas. Esta 
facultad de conservar en el espíritu una dirección conocida, en medio de nume- 
rosos cambios de dirección, se observa, sin embargo, en un grado más elevado, en 
algunas razas humanas salvajesó semiealvajes. Así, según Danvin, von Woran- 
gel ha referido la manera realmente maravillosa con que los indígenas de la Si- 
beria Septentrional conservan una dirección exacta hacia determinado lugar, 
aun recorriendo distancias considerables sobre los hielos de los hwnmocks; some- 
tidos, por consecuencia, á incesantes cambios de dirección, y sin tener nada que 
les guíe en el cielo ó sobre las llanuras cubiertas de hielo. Los indios de la Amé- 
rica del Norte muestran una facilidad semejante para encontrar su camino en me- 
dio de inmensos espacios montañosos, y tan cubiertos de árboles, que la vista no 
puede penetrar sino algunos metros de distancia, ó en las soledades sin caminos 
donde únicamente reina una lúgubre uniformidad. 

G. C. Merrill, escribe de Kansas á este respecto: ' 

«He observado que los cazadores y guías que pasan casi toda su vida en las 
llanuras y sobre las montañas, cazando al bisonte ú otro animal, vuelven siem- 
pre al lugar de donde han partido, cualesquiera que sean las vueltas y distancia 
que hayan recorrido. Para explicar esto, dicen ellos que sin tener conciencia 
han conservado todas las vueltas en la mente. 2 

1 Nature, Mayo 22, 1873, p. 77. 

2 M. Henry Forde, hablando de sus viajes á Virginia occidental, dice lo siguiente (Nature, Abril 
17, 1873, p. 463): Se dice que hasta los cazadores más hábiles de las montañas de esta región son 
victimas de un sobrecogimiento, (que les confunde de pronto, porque conocen que han seguido una 
dirección absolutamente opuesta á la que deseaban); los razonamientos de sus compañeros, la vista 
de las desigualdades del terreno, las observaciones de la posición del sol, no pueden vencer este 
sentimiento, que es acompañado de una gran nerviosidad y de una sensación general de pavor y de 
trastorno. La nerviosidad viene después del sobrecogimiento y no es la causa de éste. Los indígenas 
dicen que se han perdido. Este estado cesa algunas veces de una manera brusca, ó se puede disipar 



306 LA NATURALEZA 

La perfección de esta facultad en los siberianos, los indios y otros, á los cuales 
su modo diario de vivir les da poderosos motivos para cultivarla, parece demos- 
trar que la práctica puede perfeccionarla, tanto bajo este respecto como bajo otros, 
mientras que la ausencia habitual ó la existencia rudimentaria de esta facultad en 
los habitantes de las ciudades que llevan un género de vida artificial y completa- 
mente diferente, tendería á hacer creer que esta facultad se ha atrofiado única- 
mente por la falta de uso. 

Pero lo que distingue, sobre todo, á un gran número de animales, es que éstos 
pueden conservar de una manera admirable, esta primera noción de dirección, en 
circunstancias donde las facultades de los siberianos ó indios de la América del 
Norte, no les seria aparentemente sino de poco provecho. M. Darwin, refiere, á 
propósito de este género de facultad en el caballo una historia que da lugar á re- 
flexiones. Dice: 1 

Envié, por el camino de fierro, un caballo de silla, desde Kent, vía Yarmouth 
á Freshwater Bay, isla de AVight. El primer dia que fui á pasearme al Este, al 
volver, mi caballo no quiso entrar á su caballeriza, y se volvia atrás repetidas ve- 
ces. Esto me hizo contrariarle, y cada vez que yo lo arrendaba, giraba bruscamen- 
te y comenzaba á trotar hacia el Este, un poco al Norte, cuyo punto era casi la 
dirección de su antigua casa de Kent. Yo, todos los dias habia montado en este 
caballo, por espacio de algunos años, y nunca se habia conducido de este modo. 
Mi impresión nació de considerar que de cualquiera manera conocía la direc- 
ción adonde habia sido llevado. Debo decir que el resto del camino de Yar- 
mouth (isla de Wight), á Freshwater Bay, está casi en dirección del Sur. El ani- 
mal habia sido conducido á este camino por mi criado que cabalgaba en él; pero 
jamás mostró deseo de volver á esta dirección. Compré dicho animal, algunos 
años antes, á un individuo de las cercanías que le habia tenido durante mucho 
tiempo. 

Esta historia es curiosa é instructiva, pero como ejemplo de la facultad de que 
acabamos de hablar, se puede referir uno de los numerosos casos referido por A. 
"W. Howit, de Gippsland, á saber: 2 

M. Mackintosh, de Dargo, me refiere que hace dos años, al reunir el ganado 
salvaje á las márgenes del Annor River, se alejó de sus criados á algunas millas 
de distancia, sin notar que se habia extraviado. Viendo que su caballo persistía en 
tomar cierta dirección, le dejó caminar á su voluntad, y el caballo se fué en línea 

gradualmente. El coronel Lodge, en su Himling Grounds of Ihe Far West, 187(3, habla de este mismo 
género de sentimiento, sorprendente y desmoralizador de los viajeros de las praderas aun viejos y ex- 
perimentados. Algunos jefes indios le aseguraron á G. Gatlin (Life amongst Ihe ludían, p. 96) que 
«cuando se pierde un hombre en las praderas, recorre un círculo invariablemente hacia la izquier- 
da. » A este hecho singular agrega el autor «que se ha convencido de eso por pruebas subsecuentes. » 

i Nature, Marzo 1873, p. 360. 

2 Nature, Agosto 21, 1873, pág. 323. 



LA NATURALEZA :j07 

recta al lugar en que oslaba el campo, recorriendo casi 16 kilómetros en mal t - 
reno y sin la menor huella de camino. 

Puede citarse otro ejemplo típico de este género da facultades manifestado 
pues de largo tiempo en un perro. 1 

M. Charles Cobbe, de Newbridge, condado de Dublin, envió un pono á Mog- 
nalty, condado de Meath, y de allí, mucho tiempo después lo enviaron á Dublin. 
Escapóse de este condado, y regresó á su antigua casa en Newbridge, en la mis- 
ma mañana, recorriendo así el lado de un triángulo, por un camino que jamás ha- 
bía recorrido en su vida. 

Una facultad semejante á la que desplegan el caballo y el perro, se observa 
igualmente, pero más perfeccionada, en otras muchas especies de animales, entre 
los cuales pueden citarse en orden ascendente: los insectos, los cangrejos, los pe- 
ces y las aves emigradoras, algunos reptiles, así como cuadrúpedos, como el gato, 
el carnero, el asno y tal vez muchos otros. 2 Kirby y Spence han citado un ejem- 
plo muy notable, y fundado en la facultad de que se trata en este último animal. 
En Marzo de 1816, un asno, perteneciente al capitán Dundas, de la marina real, 
residente entonces en Malta, fué embarcado en la fragata Ister, cuyo capitán era 
Forest, de Gibraltar á dicha isla. Habiendo tocado el buque en un banco de arena 
á cierta distancia del Cabo Gal (?), el asno fué lanzado de la embarcación para de- 
jarle el arbitrio de nadar hasta llegar á tierra; débil recurso, en verdad, porque el 
mar estaba tan borrascoso que un bote que se desprendió de dicho buque se perdió. 
Sin embargo, algunos dias después, al abrir por la mañana las puertas de Gibral- 
tar, se presentó el asno, el cual se dirigió directamente hacia las caballerizas de 
la casa de un comerciante, M. "Weekees, adonde habia permanecido antes; cau- 
sando esto gran sorpresa á ese individuo, quien pensó que por algún accidente no 
habia sido embarcado el animal en el Ister. El misterio se aclaró cuando regresó 
el bajel; y se probó que Vaillante (este era el nombre del asno), no solamente ha- 
bia nadado con buen éxito hasta llegar á tierra, sino que sin guía, mapa, ni brú- 
jula habia encontrado su camino de Gal á Gibraltar, recorriendo así una distan- 
cia de más de doscientas millas (320 kilómetros) al través de un país montañoso, 
embrollado y cruzado de rios, que jamás habia atravesado; y ésto, en un tiempo tan 
breve, que no habría podido hacer algún rodeo. En cuanto al hecho de que no ha- 
bia sido detenido en su camino, se le atribuye á que habia servido otras ocasiones 
para el castigo de los criminales; lo cual les era indicado á los aldeanos (que les 
tienen un horror supersticioso á estos burros) por los agujeros que tenian en las ore- 
jas, y que sirven para atar á los reos para azotarles. 

En vista de los hechos de esta naturaleza, es evidente que no podemos explicar- 
los poruña extensión, tan considerable como se la pueda suponer, de los sentidos 

1 Quarlerlu Reriew, Octubre 1872. 

2 Véase los casos citados en la Nature, vol. VII. 

3 Intiod. lo Entomology, 7 a ed., 1800, p. 552. 

La Naturaleza. — Tomo V.— 40-'2° 



308 LA NATURALEZA 

del olfato ó de la vista; y debemos suponer á los animales en general, aunque des- 
igualmente, dotados de un sentido particular que les permite conservar, en medio 
de todas sus peregrinaciones, una percepción constante, ó sentido de dirección, 
de los lugares adonde han sido llevados y á los cuales estaban perfectamente ha- 
bituados. 

Últimamente, M. Cyon, ha dirigido una comunicación 1 que dará (tarde ó tem- 
prano) muchas luces sobre la cuestión del órgano y de los centros nerviosos que in- 
tervienen en este supuesto sentido de dirección, el cual parece existir, aunque 
desigualmente, en el hombre y otros animales inferiores. 

Las investigaciones de M. Cyon, le han conducido á declarar la existencia de 
un órgano sensorio más ó menos independiente (formando parte del órgano del 
oído) y de gran importancia fisiológica, que él designa con el nombre de órgano 
del sentido del espacio. - 



II. I>e la inteligencia. 

Creíase que todos los actos definidos de los organismos inferiores son de la na- 
turaleza de las acciones reflejas, ó de la de los actos instintivos, con los cuales 
esas acciones se confunden por graduaciones casi insensibles. 

Esta proposición podría ser verdadera para todas las acciones de las medusas, 
de los gusanos y moluscos; á excepción tal vez, entre estos últimos, de algunos 
cefalópodos, activos y bien dotados. 

Cualquiera contacto áspero y extraño solo produce en la babosa, cuando anda, 
una acción: su cuerpo y sus cuernos se contraen, y el primero es atraído á la con- 
cha por su músculo retractor. No se observó nunca otra acción después de seme- 
jante slimulus. En su caminata diaria, los diversos movimientos de la babosa son 
de igual naturaleza; excitados estos en alto grado, según parece, por la sensación 
general conocida con el nombre áe/iatnbre; y variados rara vez por otras exci- 
taciones. Influenciadas por una impulsión ó un deseo de alimentarse, las impre- 
siones olfatorias y visuales guian al animal hacia las plantas de que acostumbra 
alimentarse, pero con un tino que solo puede depender de sus acciones nerviosas 
rudimentarias. 

Veremos que mientras menos sea el desarrollo del cerebro en los organismos 
que ejecutan estas acciones instintivas complexas, con menos frecuencia encon- 

1 Comples rendus, 31, dic 1877. 

2 Todo lo que se refiere á este punió no es aún conocido. Además de lo que aquí se ha escrito, lian 
aparecido dos artículos que se ocupan de esta cuestión, los cuales, además de la exposición y la criti- 
ca, contienen las indicaciones sobre la literatura del objeto. El uno, del doctor Crum Brow, se ha pu- 
blicado en la Nature (Octubre 1878); el otro, del profesor Croom Robertson, en Miad (Octubre 1878, 
p. 559). 



LA NATURALEZA 309 

trarémos algo análogo á la razón, interviniendo en sus relai accidentales 

los fenómenos poco familiares y que están fuera del h'mite de mis experiencias ins- 
tintivas ordinarias. 

Para probar la exactitud de esta suposición, es convenii ate estudiar bien alguno 

de los actos que se refieren de los insectos sociales, sobre los cuales tenemos conoci- 
mientos más exactos, y cuyos instintos son muy notables (como las ab ; . avispas 

y hormigas). Podemos llegar así á algunas conclusiones sobre la i >n en la 

cual lo que llamamos ordinariamente razón, parece influenciar sus acciones. Tam- 
bién podremos aprovechar el informe de las numerosas observaciones experimen-r 
tales hechas últimamente por Sir John Lubbock, ' y ejecutadas con el mayor cui- 
dado posible, sobre la grande inteligencia por la cual son reputados esi os animales. 
Estos han sido, particularmente las abejas y las hormigas, las favoritas de los 
naturalistas, los cuales no han dejado de interpretar, de la manera más imparcial, 
los actos y la conducta de otros insectos semejantes de seis patas. Ha habido in- 
disputablemente una tendencia á considerar estos actos bajo el punto de vista ex- 
clusivamente humano. 

En vista de esto, era preciso que algún observador inteligente, como Sir John 
Lubbock, hiciese nuevas observaciones especialmente sobre este objeto. 

Algunos ejemplos bastarán al lector para formar una opinión sobre la extensión 
de la facultad que poseen los insectos de adaptarse á condiciones que no les son 
habituales. 

El primer ejemplo muestra irremisiblemente, la incapacidad relativa de las abe- 
jas para acomodarse á los cambios de medios, y hace ver también, de una mane- 
ra accidental, su falta de lealtad real, ó de simpatía hacia la reina cuando ésta se 
encuentra separada de lo que la rodea ordinariamente. 

Deseando cambiar mi abeja reina por otra de raza distinta, la coloqué, dice Sir 
John Lubbock, con algunas obreras, en una caja que contenia un pedazo de pa- 
nal. En estas nuevas y extrañas condiciones, las obreras no tuvieron ninguna 
atención hacia su reina, de manera que después de tres dias se la encontró débil, 
sin auxilio y hambrienta. Al dia siguiente el observador colocó á la desdichada 
reina en la ventana á que llegaban algunas abejas que venían de una provisión 
de miel; ninguna de sus semejantes tuvo la menor atención hacia ella. Esta mis- 
ma reina, colocada después en un panal, atrajo inmediatamente á un gran nú- 
mero de abejas. 

Otra experiencia tiende á confirmar la regularidad maquinal é inmutable de la 
inteligencia de la abeja, mostrando la dificultad que experimenta al reconocer su 
alimento cuando difiere ligeramente del que acostumbra tomar. 

Nótase cierto número de insectos muy atareados alrededor de algunos agrace- 
jos, y, dice Sir John Lubbock, coloqué, entre dos ramos de flores de éstos, un 

1 Journal of Linn. Soc. (Zool.), vol. XII, XIII y XIV. 



310 LA NATURALEZA 

platillo con miel. Estas flores eran visitadas frecuentemente por las abejas, y 
aquellas estaban tan próximas que apenas habia espacio para poner el platillo; no 
obstante, de las nueve de la mañana hasta las tres y media de la tarde, ninguna 
abeja hizo caso de la miel. Entonces puse una poca de miel en uno de los ramos 
de flores, que presto fué chupado con avidez, y dos abejas volvieron continua- 
mente por espacio de cinco horas. 

Además, la incapacidad de reemplazar el uso del sentido por el de otro, como 
en el caso siguiente, referido por el mismo observador, parece una falta extraña 
de inteligencia adaptable por parte de la abeja. 

A las diez y cuarto de la mañana puse á una abeja bajo una campana de vidrio 
de diez y ocho pulgadas de alto y de seis y media de ancho, hacia la boca; allí es- 
tuvo volando hacia la extremidad cerrada; zumbó casi hasta las once y quince 
minutos, cuando viendo que no se escapaba la puse en la colmena. Dos moscas, 
al contrario, que habia puesto en su compañía, se fugaron en seguida. A las on- 
ce y treinta minutos puse otra abeja y una mosca en el. mismo vaso. La mosca 
voló en seguida. Durante media hora la abeja intentó salir por la extremidad 
cerrada; giré entonces la abertura hacia la luz, y el insecto voló inmediatamente. 
Para estar seguro, repetí la experiencia y obtuve el mismo resultado. 

Las abejas y las avispas, cree Sir John Lubbock, que encuentran su camino 
por un sentido de dirección más bien que por la vista; aunque la avispa no ig- 
nore tanto como parece hacerlo la abeja, este último origen de conocimiento. La 
hormiga, al contrario, parece estar apenas dotada de este sentido de dirección. 
Parece guiarse casi solo por el olfato, y cuando éste es imperfecto, camina á la 
casualidad, haciendo poco ó ningún uso del sentido visual. Esto se ha demostra- 
do suficientemente. 1 

Las hormigas, las más veces, guardan poca ó ninguna consideración hacia sus 
compañeras en la desgracia, así como á aquellas que encuentran muertas á su pa- 
so. Sin embargo, si alguna de ellas es aplastada en un camino frecuentado, todas 
las demás que llegan inmediatamente parecen horrorizarse y espantarse. Corren 
agitadamente de un lugar á otro y pronto se extravian y retroceden. Esto quizá 
es debido sobre todo, al mal olor que emana de las hormigas machucadas, más 
bien que á una emoción violenta producida á la vista de sus semejantes muertas, 
de quienes no hacen caso. Esta idea es confirmada por el hecho de que se condu- 
cen casi de la misma manera cuando pasamos la extremidad del dedo, una pie- 
dra, ó un bastón, al través de su camino por un muro ó por el suelo. Estos in- 
sectos parecen realmente excitarse y horrorizarse por las impresiones inusitadas 
que reciben por medio de sus órganos sensorios dominantes, y esto en un grado 
de perfección debido ala fuerza de estas impresiones. 2 

i Journal of Linn. Soc. (Zool.), vol. XIII, p. 239-244. 
2 Nalure, vol. VII, p. 443; vol. VIII, p. 244-303. 



LA NATURALEZA :;ll 

Las hormigas comunes de nuestros países no se deciden, á pesar de una fu 

tentación, á saltar ó á dejarse caer de una pequeña altura. Sir John Lubbock ha 
repetido varias veces experiencias de este género. Introdujo algunas hormigas 
(Lasius niger) entre las larvas, y después que se hubieron ocupado, durante al- 
gún tiempo de llevárselas, quitó una porción del puente por la cual tenian nei - 
sidad de pasar para volver adonde estaban las larvas, de manera que qued 
interrumpido en un espacio de ocho milímetros. Eli resultado de varias experien- 
cias fué que después de que anduvieron corriendo hacia adelante y hacia air¡ 
se fueron todas, abandonando á su presa, á pesar de que hicieron grandísimo 
esfuerzos, porque no se les ocurrió saltar ocho milímetros hacia arriba. ' El mis- 
mo observador agrega: «En el momento en que se efectuó la separación, habia 
quince hormigas sobre las larvas. Habrían entrado indudablemente si una de ellas 
hubiera permanecido fija y hubiese permitido á las otras que subieran sobre su 
dorso, lo cual no se les ocurrió tampoco. » Por algún tiempo anduvieron inde- 
cisas y errantes. 

Esta falta aparente de habilidad y esta aversión que muestran las hormigas 
para salvar las pequeñas alturas, son notables, pero no se encuentran en todos 
estos animales en general. Esto ha sido demostrado por los hechos que el coro- 
nel Sykes ha comunicado á Kirby, 2 el cual ha hecho en la India varias observa- 
ciones con unas grandes hormigas blancas. 

Cuando yo estaba en Peona, dice el coronel, me sirvieron para mi experiencia 
unas frutas, pasteles y conservas diversas, que estaban en una pequeña mesa que 
habia á un lado del comedor. Para precaverlas contraías incursiones de las hor- 
migas, se habían sumergido en cuatro vasos llenos de agua los pies de la mesa, 
y ésta distaba de la pared una pulgada, y estaba cubierta con un mantel para 
resguardarla del polvo que entraba por las ventanas. De pronto, las hormigas 
no intentaron atravesar el agua; pero como el intervalo no tenia más que una 
pulgada ó pulgada y media de ancho, y como las dulceras estaban muy apetito- 
sas, al fin, desafiando todos los peligros, atravesaron y saltaron el canal, hasta 
que hubieron llegado al objeto de su deseo; porque se encontraban todas las ma- 
ñanas centenares en la mesa; se les perseguía constantemente, sin que por esto 
disminuyeran; hasta que, por último, se untaron los pies de la mesa con tremen- 
tina, listo pareció al principio una barrera eficaz; y no obstante, solo por algunos 
dias surtió efecto; porque pronto decidieron estos animales un nuevo ataque: no 
se comprendía cómo llegaban á los dulces, hasta que el coronel Sykes, que pa- 
saba seguido por frente á la mesa, vio caer á una hormiga de la pared, á la distan- 
cia de un pié arriba de aquella, sobre el mantel que la cubría. Otras la siguieron. 
de manera que, aunque la trementina y la distancia al muro parecian serios obs- 

1 Joitni. ofLinn. Soc. (Zool.), vol. XIII, p. 217. 
"i Hábil* iiikI Instincts, vol. II, p. 251. 

La Xattraleza. — Tomo V. — 11. 



:H2 la naturaleza 

táculos, no se le agotaron al animal los medios de que disponia para conseguir 
su objeto; y subiendo por el muro hasta cierta altura, les bastaba un ligero brinco 
para caer con seguridad en la mesa. 

Parece que estos actos son determinados por la razón; pero éstos son guiados, 
probablemente, por un sentido visual superior al que poseen las hormigas de nues- 
tros países, las cuales, así como lo ha demostrado Sir John Lubbock, se sirven poco 
de este sentido. Debe notarse que la falta aparente de inteligencia, manifestada por 
la aversión que tienen nuestras hormigas á saltar, es debida tal vez simplemente 
á la debilidad de su vista. El sentido del olafto por más desarrollado que sea, no 
les bastaría en el caso de que tuvieran que saltar, y los ojos laterales de nuestras 
hormigas, bastante pequeños además, no serian de mucha utilidad para realizar 
este acto. 

Se ha admitido generalmente que las abejas dan algunas pruebas de compasión 
hacia sus compañeras heridas ó desgraciadas. He aquí lo que dice respecto á esto, 
Sir John Lubbock: l 

Se sabe que cuando alguna de ellas tiene miel sobre sí, es lamida por las otras 
hasta que está apta para A r olar; pero he podido convencerme que esto ha sido más 
bien por la miel que por la abeja. El 27 de Setiembre, por ejemplo, experimenté 
con dos abejas, una de las cuales habia sido sumergida en la miel, y la otra untada 
apenas; ésta fué limpiada: en cuanto á la primera, no le prestaron nigun auxilio. 
Además, coloqué varias veces algunas abejas muertas al lado de la miel que iban 
á tomar las otras; pero éstas nunca hicieron caso de aquellas. 

Otras experiencias confirman esta opinión, y Sir John Lubbock, dice en su 
segunda Memoria (loe. cit., vol. XII, p. 231): «Lejos de haber podido descu- 
brir en ellas una huella cualquiera de afección, me parecieron absolutamente in- 
sensibles, y del todo indiferentes las unas hacia, las otras. > 

No se ha citado ningún caso que pruebe que la conducta de nuestras hormigas 
sea diferente bajo esta consideración (loe. cit., p. 492), sino antes bien que aquellas 
que habian sido marcadas con pintura han vuelto á sus nidos después de haber 
sido lamidas por sus compañeras. 2 Pero M. Belt, en su obra titulada Natura- 
list in Nicaragua, cita algunos casos muy notables en que las hormigas forra- 
jeras manifiestan cierta simpatía hacia sus compañeras, cuando éstas se encuen- 
tran en la desgracia. 

Dice que un dia que examinaba una columnilla de hormigas (Eciton kamata), 
colocó una piedrecita sobre una de ellas. La que se acercó en seguida, apenas hu- 
bo descubierto su situación, cuando corrió rápidamente hacia atrás comunicando la 
noticia á las otras. Todas se precipitaron sobre el obstáculo; las unas, mordiéndo- 
le é intentando moverle, las otras, tomando á la paciente de las patas y estirándola 

1 Habite and ¡nstincls, vol. XII, p. 128. 

2 Habite and Inslincls, vol. XIII, p. 230. 



LA NATUKALKZA 313 

con tanta fuerza, que temí que se las arrancasen. Cubrí después á otra con un pe- 
dazo de arcilla, dejándole á descubierto únicamente las antenas. Fué encontrada 
inmediatamente por sus compañeras, las cuales se pusieron desde luego á trabajar, 
y la libertaron arrancando con sus mandíbulas los pedazos de arcilla. 

Tal vez se observen actos semejantes á los que ejecutan las hormigas forra- 
jeras en favor de sus compañeras, en otras especies de hormigas, aunque en éstas 
no sean habituales. Por lo demás, no estamos seguros de que, como dice M. Lelt, 
cada una de las hormigas que fueron en auxilio, habia recibido determinado aviso. 
Ellas pudieron seguir simplemente una campaña excitada. Pronto se darán á co- 
nocer las pruebas acerca de esta opinión, al menos para lo que concierne á las hor- 
migas ordinarias. 

Creíase también que los insectos sociales daban muestras de alegría, á juzgar 
por sus mutuas caricias, cuando se encontraban después de haber permanecido 
separados algunas semanas ó meses. Pero las experiencias deSir John Lubbock 
no han dado ningún resultado que tienda á confirmar ese aserto. Se ha dicho que 
todos los individuos de un enjambre se conocen, y que cuando hay algún extraño 
es expulsado de la colmena. Esto solo en parte es verdadero. Sir John Lubbock 
ha observado que las abejas conocen su colmena y entran á ella con certeza. Al- 
gunas veces, sin embargo, entran á otra, sin el menor temor, y sin ser por esto 
molestadas. Las hormigas parece que se conocen mucho mejor que las abejas. 
Sir John Lubbock, ha notado l que las hormigas no pueden permanecer en un nido 
extraño; son atacadas siempre con tenacidad, y matadas, por último (á excep- 
ción de una sola especie. — Lasius flavus — .) Las antiguas compañeras, después 
de una separación de seis meses ó más, no son recibidas con ninguna mues- 
tra de cordialidad; pero no se oponen en general á su venida. Esta memoria 
aparente en los individuos de una colonia, puede depender quizás de alguna dis- 
tinción delicada establecida por el sentido del olfato. Una hormiga de otra socie- 
dad, aunque pertenezca á la misma especie, puede presentar alguna circunstan- 
cia que le distinga délas demás; mientras que un miembro de la misma colonia. 
aun después de una larga ausencia, no presenta ningunos caracteres particulares, 
y pasa desapercibida en lugar de ser reconocida por sus compañeras. 

¿Qué debemos pensar, además, de la memoria en las avispas, ó de la aptitud del 
individuo para instruirse por su propia experiencia, en vista de los hechos siguien- 
tes, referidos por Sir John Lubbock? 2 

A una avispa, que habia sido marcada para encontrarla, se le enmelaron las 
alas de manera que no podia volar; y como el experimentador no sabia donde es- 
taba su colmena, no pudo hacérselas limpiar por sus compañeras del modo ya indi- 
cado. Él creyó que se moriría; pero como último recurso, decidió lavarla, su- 



1 Journ. of Linn. Soc, vol. XIII, p. 221-237 

2 Loe. cit., vol. XII, p. 138. 



314 LA NATURALEZA 

poniendo que tal operación «le causaría tanto susto que no volvería, » La tomó 
y la puso en una botella que contenia agua hasta la mitad, sacudiendo aquella 
hasta que la miel se hubo lavado. Se le cambió entonces á una botella seca, la 
cual se puso al sol. Habiéndose secado, diceSir John Lubbock, «la dejé ir y voló 
inmediatamente á su colmena. Trece minutos después me sorprendió verla ya 
de regreso como si nada le hubiera sucedido, y continuó visitando por algún 
tiempo la miel. . . . Esta experiencia me interesó tanto que la repetí con oto 
avispa marcada, á la cual sumergí en el agua hasta que quedó inmóvil é insen- 
sible. Cuando la saqué se reanimó, le di de comer, y voló tranquilamente á su 
colmena como de ordinario, volviendo después de su acostumbrada ausencia. En 
la mañana siguiente ella fué quien visitó primero la miel. » 

Según lo que se ha dicho, el lector no se sorprenderá al ver que las minu- 
ciosas investigaciones de Sir John Lubbock, no dan ningún apoyo al supuesto 
lenguaje de los insectos sociales: no ha encontrado nada que le pruebe que estos 
posean la facultad de comunicarse, ya sea por medio de sus antenas ó ya por otro 
motivo. Sus investigaciones fueron hechas con el mayor cuidado y repetidas va- 
rias veces, en vista de elucidar definitivamente esta cuestión; y por el resultado 
de ellas pudo convencerse de que, opuestamente á lo que han dicho Hüber y Du- 
jardin, las avispas y las abejas, «no poseen la facultad de comunicarse entre sí, 
ni de darse ningún aviso sobre el alimento, etc., que han encontrado. » El mis- 
mo observador agrega: « Indudablemente cuando una avispa ha descubierto una 
provisión de miel, las otras inmediatamente tienen conocimiento de esto; pero se 
cree que tal cosa solo depende de que se siguen mutuamente. Si se comunicaran 
el hecho, aparecería desde luego, en gran número, pero esto no se observa. » Las 
experiencias y las observaciones que Sir John Lubbock ha hecho con las hormi- 
gas, para elucidar la misma cuestión, le han conducido á la siguiente conclusión: í 
« Cuando una hormiga descubre alguna provisión de alimentos, y las demás se 
agrupan gradualmente hacia el mismo punto, son guiadas en unos casos por la 
vista, y en otros se siguen la pista. » 

Además, varias personas han creído que las abejas y las avispas se comunican 
sus impresiones por medio de los sonidos, lo cual implica en ellas la existencia del 
sentido del oído. Pero como ya se ha dicho, el observador citado notó, no obs- 
tante, que las abejas, las avispas y las hormigas no dan muestras de la menor 
atención cuando se producen cerca de ellas lo más variados sonidos. 

Estas investigaciones de Sir John Lubbock, son las mejores que se han hecho 
para probar realmente, por medio de experiencias satisfactorias, la inteligencia 
adaptable de los insectos sociales, cuyos actos instintivos son tan complexos como 
admirables; y hasta ahora nos bastan para demostrar que no habia ningún fun- 
damento al admitir en dichos animales algo análogo á la razón. Sus experiencias 

1 Loe. til., vol. XII, p. 48o. 



LA NATURALIZA 318 

han probado, en muchos casos, la falta absoluta de razón; aun cuando no había 

necesidad de desviarse mucho las acciones ordinarias para que estos insectos (lo- 
mas inteligentes de su clase) pudiesen adaptarse á ciertas modificaciones hechas 

de intento á los objetos que les rodean. 

El corolario siguiente es precisamente el recíproco del que se acaba de probar. 
Dice así: — Mientras mayor es el desarrollo del cerebro en los organismos que eje- 
cutan alguna de las acciones instintivas complexas, con más frecuencia interven- 
drán los actos de la razón en sus relaciones accidentales con los fenómenos poco 
habituales, y que están fuera de los límites de su experiencia instintiva ordinaria. 

Después de los insectos las aves son notables por sus instintos: como el cere- 
bro y el sistema nervioso en general es mucho más desarrollado en los pájaros 
que en los insectos, debemos encontrar, según el corolario mencionado, en los 
primeros mayor libertad y variedad en las acciones, así como un ejercicio más 
constante y evidente de los actos de razón, emoción, imaginación y volición. 1 

No será difícil probar que en las aves existe una variada serie de fenómenos 
vitales. Citaremos algunos ejemplos. 

Referiremos primeramente una historia interesante escrita por el naturalista 
escocés, Tomás Edwards, el cual ha pasado casi toda su vida estudiando las cos- 
tumbres de los animales inferiores. Dicha historia trata de un pájaro llamado 
Gira-piedras, que se alimenta en las playas con pequeños crustáceos. Los actos 
citados parecen domostrar la existencia de una imaginación distinta del objeto 
deseado, y de una adaptación razonada y conforme con los medios que hay que 
poner en práctica para llegar al fin propuesto. 

« Un dia, dice T. Edwards, que yo me paseaba por la playa, al oeste de Bañil', 
observé á lo lejos á dos pájaros que estaban en la arena cerca de un objeto gran- 
de. Bajando mi fusil de la espalda y preparándole, logré arrastrarme por la pen- 
diente atravesando los galetes hasta llegar, en fin, cerca de dichas aves, las cua- 

1 El lector no debe deducir de aqui que no se encuentran manifestaciones distintas de estos ac- 
tos mentales, hasta que se llegue á animales de este prado de organización. Los signos de emoción, 
por ejemplo, son lipicos en ciertos reptiles. R-M. Middleton dice (Nature, 31 de Octubre de 1878, 
p. 696): «Durante el último estío, yo conservaba cinco camaleones, y observé varias veces que les 
causaba terror y rabia estar cerca de las serpientes. Cuando un camaleón grande, de Algeria, que 
yo poseía, vio á una serpiente ordinaria sallar cerca de él, comenzó inmediatamente á inflar su cuerpo 
y su buche, se agitó hacia adelante y atrás con grande energía, ó se retiró rápidamente girando el cuer- 
po del lado opuesto á la serpiente, abriendo su cavernosa boca, soplando é intentando morder á lo 
que consideraba como un enemigo natural. Al mismo tiempo su cuerpo experimentó un cambio de 
color casi instantáneo; prontamente se cubrió de un gran número de manchas morenas. Es curioso 
ver cómo los mismos síntomas de miedo y de cólera se manifiestan cuando se le presenta una lagar- 
tija ó una rana. El colmo de esta nerviosidad grotesca se notó un dia que un camaleón hubo visto á 
una muñeca de niño. Quiz:ís los ojos de vidrio de la mencionada muñeca, dándole á ésta la aparien- 
cia de vida, causaron terror al reptil.» Últimamente el autor ha comprobado estos signos de terror 
ó de cólera en el camaleón. La oscilación del cuerpo hacia adelante y hacia atrás y su enorme boca 
abierta eran los caracteres constantes: cuando se tomaba al animal en este momento, se podia sentir 
una especie de temblor particular. 

La Naturaleza.— Tomo V. — 41.-2? 



316 LA NATURALEZA 

les estaban ocupadísimas en voltear un pez muerto que era de un volumen seis 
veces más grande que el de cada pájaro. Eran dos gira-jñedras . No queriendo 
interrumpirlos y deseando presenciar sus operaciones procuré deslizarme, sin ser 
visto, á un agujero que habia en los galetes un poco más cerca de ellos. Yo dis- 
taba solo algunas varas de los pájaros, y podia, sin que me vieran, observar todos 
sus movimientos. . . . Habiéndome instalado perfectamente en mi observatorio de 
galetes fijé toda mi atención. Empujaban de una manera atrevida al pescado con 
su pico primeramente y después con su pecho; pero en vano (el objeto permane- 
cía inmóvil). Se dirigieron entonces al lado opuesto y comenzaron á rascar la 
arena debajo del pescado. Después de haber quitado una gran cantidad, volvie- 
ron al lugar en que estaban primero y continuaron trabajando con el pico y el pe- 
cho; pero aparentemente con tan poco éxito como al principio. Sin desalentarse, 
sin embargo, volvieron por segunda vez hacia el otro lado, y siguieron su exca- 
vación, con la firme intención de no abandonar sus proyectos que eran evidente- 
mente ahuecar debajo del animal muerto á fin de lograr voltearle fácilmente. 
Mientras se ocupaban en esta operación, y habiendo trabajado tanto de un lado 
como de otro durante media hora, se juntaron con otro pájaro de su especie que 
llegó rápidamente de las rocas vecinas. La oportuna llegada fué celebrada con 
señales de verdadera alegría. Concluidas sus mutuas congratulaciones, continua- 
ron los tres la obra; y habiendo trabajado vigorosamente algunos minutos en se- 
parar la arena, se dirigieron hacia el otro lado, y apoyando simultáneamente sus 
pechos contra el pescado lograron alzarlo algunas pulgadas mas sin poderlo vol- 
tear; volvió éste á caer sobre la arena á pesar del esfuerzo de los tres pájaros. No 
obstante esto, después de reposar un momento y sin moverse de sus puestos respec- 
tivos (un poco distantes unos de otros) resolvieron, según parece, poner enjuego 
otro medio. Apoyando el pecho sobre la arena, lograron introducir el pico debajo 
del pez al cual levantaron aun casi á la misma altura que la primera vez: retiran- 
do entonces el pico, y sin perder el adelanto obtenido, aplicaron el pecho contra el 
cuerpo con tal esfuerzo y habilidad, que cediendo éste por último, rodó á algunas 
varas de distancia al fin de un pequeño declive. Los pájaros hicieron tal esfuerzo 
que le siguieron antes de recobrar su perdido equilibrio. Volvieron inmediata- 
mente con ardor al lugar de que habian desalojado el obstáculo que por tanto 
tiempo se les opuso, y sus movimientos rápidos y continuos probaron eviden- 
temente que una abundante comida era la recompensa de su loable é industrioso 
trabajo. 

Un escritor refiere también en la Nature 1 un incidente del cual ha sido testigo 
frente á una posada cerca de Richmond donde merodeaban algunas palomas. La 
manera de obrar de una era de un carácter del todo inusitado, y habia sido probable- 
mente adiestrada por algún individuo. Además, parecia que sus actos debían ha- 

1 Agosto 21 de 1873, p. 325. 



LA NATURALIZA 317 

ber sido guiados por un conocimiento enteramente distinto del fin que se esperaba. 
lié aquí el suceso: 

Cierto número de estos animales, recogían varios granos de avena que acci- 
dentalmente habían caído del saco suspendido á la boca de un caballo. Así que 
hubieron consumido el grano que habia cerca de ellas, una, batiendo furiosamen- 
te sus alas, se lanzó directamente á los ojos del caballo, el cual sacudió la cabeza 
y naturalmente hizo caer algunos granos. Vi repetirse esto varias veces siempre 
que se agotaba la provisión. El autor bien podría preguntar en vista de esto si 
no hay algo superior al instinto. 

Es muy conocida la afección natural de los pájaros hacia sus polluelos, pero 
aún es más notable la razón que desplegan algunas veces bajo la influencia de 
esta emoción. Esto lo probarán algunos ejemplos. 

White, en su obra Natural History ofSelbome, dice, que varios papa-mos- 
cas construían cada año sus nidos en las parras adheridas á los muros de su casa. 
«Un par de estos paj arillos, añade, habia en cierto año, colocado inadvertidamen- 
te su nido en una rama desnuda (tal vez en un tiempo sombrío, sin tener en cuen- 
ta el inconveniente que esta circunstancia presentaría); pero á la llegada de una 
estación ardorosa, cuando la pollada no habia emplumado aún, la reflexión del sol 
sobre el muro llegó á ser insoportable, y habría hecho perecer inevitablemente á 
los polluelos si el afecto no hubiera sugerido un medio y obligado á los padres á 
permanecer sobre el nido durante las horas de mayor calor, con las alas extendi- 
das y con el pico abierto para respirar, preservando así del calor á sus hijos. > 

El editor de la obra mencionada 1 ha citado otro ejemplo muy notable: «Un 
dia que llovía, dice, un nido de golondrinas saturado de humedad cayó al suelo. 
Contenia éste cinco polluelos sin pluma aún. Una señora que vio el accidente re- 
cogió á los paj arillos, y colocó los restos del nido en un canastillo que puso dentro 
(? ó fuera) de la ventana de su gabinete de aseo: tuvo el gusto de ver que los pá- 
jaros fueron á darles de comer á sus hijos. Uno de éstos estaba tan débil que no 
podia tomar tanto alimento como los otros, y por lo mismo, cuando éstos pudieron 
abandonar el nido, aquel apenas estaba medio emplumado y soportando el frió por 
hallarse solo en el nido. Este frió agudo soplaba del Nordeste, y penetraba en ese 
tiempo por las aberturas de la canasta, aumentando así los sufrimientos del pobre 
pajarillo. Entonces se vio que llegaron inmediatamente los padres llevando 
tierra en su pico, y en breve construyeron contra el canasto un /nitro que pre- 
servaba perfectamente al polluelo de la fria brisa. Acabó su desarrollo y 
voló.» 

En estos casos, es evidente que encontramos actos razonados ejecutados con 
una imaginación distinta del objeto propuesto, y esto en presencia de condiciones 
desconocidas. Tenemos pues, á la razón, la imaginación, y la volición combinán- 

1 Illustrated Library, edition Bolín, p. 154. 



318 LA NATURALEZA 

dose para lograr un nuevo fin. Pero se pueden citar aún otros casos notables. El 
editor de la obra de White, dice aún: ' 

«Se me han referido varios hechos interesantes acerca de la disposion caracte- 
rística de los martinetes, cuando sus nidos han sido invadidos por los gorriones. 
Un individuo de Ilampton-Court, me informó de un hecho observado por él una 
mañana y que consistió en que dos gorriones habían incuvado sus huevos en un 
nido de martinetes, cuando dos ó tres dias después de nacidos los polluelos, llegó 
cierto número de martinetes, los cuales hicieron pedazos el nido. El observador 
encontró á aquellos, no emplumados aún, abajo de la ventana. Otra vez, el con- 
tramaestre, carpintero de palacio, en Ilampton-Court, me refirió que mientras 
trabajaba en su establecimiento, un par de golondrinas hizo su nido en el codo 
de una ventana inmediata, adonde las observaba con frecuencia. Cuando hubieron 
concluido el nido, llegaron algunos gorriones, los cuales tomaron posesión de él y 
depositaron allí sus huevos. Mientras que la hembra les encuvaba llegaron va- 
rios martinetes y taparon el agujero. Algunas semanas después, examinó el nido 
y encontró al gorrión muerto sobre sus huevos. 

Además, según Swainson, «muchos pájaros, de la familia de los papagayos, 
son muy conocidos por mostrarse unos á otros una grande y duradera afección;» y 
este autor añade: «Bonnet menciona la mutua afección observada en dos pájaros, 
llamados de amor, los cuales estaban en la misma jaula. Al fin, la hembra se en- 
fermó, y su compañero mostró grandes señales de apego; le llevaba el alimento 
desde la parte inferior de la jaula hasta el perchero donde estaba parada; cuando 
murió, el pobre pájaro voló alrededor de ella con grande agitación, intentando á 
veces abrirle el pico para darle de comer. Pronto languideció y no sobrevivió si- 
no algunos meses después de la muerte do su compañera. 

Pero las acciones que ejecutan los pájaros para defensa de sus hijos, son quizás 
más notables, y más aún si están dotados de una gran emoción (« parece que no 
se tienen ninguna consideración individual y que no temen al peligro »). Como 
dice Swainson, «los pájaros más débiles atacan álos más fuertes y les persiguen 
durante el tiempo de la incuvacion. Sabemos que si existe un par de cuervos en 
alguna cavidad de las rocas de Gibraltar, no tolerará que un buitre ó una águila 
se aproximen á su nido, sino que les atacará de una manera terrible. » Y los me- 
dios empleados por la perdiz, el frailecillo, el chorlito y otros muchos pájaros para 
entretener y desviar la atención de los que pudieran acercarse á sus polluelos, 
son muy curiosos. 

En cuanto á los mamíferos (perro, elefante, mono) son los que dan pruebas 
más notables de inteligencia. 

No faltan pruebas acerca de que algunas emociones del perro pueden tener una 
base independiente de la pura afección instintiva hacia sus hijos. La simpatía del 

1 Edition Bohn, p. 1666. 



LA NATURALEZA 319 

perro hacia su amo en la desgracia es más marcada que la que puede tener hacia 
los miembros de su propia especie en circunstancias más ó menos análogas, líe- 
ficrense numerosas anécdotas del primer género de simpatía de parte del perro, 
y debe verse este sentimiento como un efecto de la inteligencia y de su amor hacia 
sus amos. Son relativamente poco numerosos los ejemplos de simpatía bácáa su 
misma especie. Swainson, sin embargo, cita un ejemplo. Dice: ' 

El reverendo M. S. . . de M., ... en Denbighshire, tenia un perro de Terra- 
nova, favorito, el cual vivia cómodamente y ejercía su poder con gran bondad. 
Más de una vez se le vio saltar la puerta que ponia en comunicación el patio de 
la casa con la quinta, llevando grandes huesos que le habían dado áél, á un por- 
ro de caza que estaba atado en la caballeriza. 

La aversión que algunas veces manifiesta el perro hacia los individuos de su 
misma especie, aversión que nace á primera vista, es admirable en sí misma; pero 
cuando hallamos que este animal conserva un recuerdo de esta clase de emoción, 
recuerdo que se despierta, después de algún tiempo por una simple asociación de 
ideas y con tal fuerza que determina una acción inmedita, merece citarse como 
un ejemplo de procedimientos mentales y de emoción en el perro. El doctor 
Paladilhe, de Montpellier, cita un caso interesante de esta naturaleza. Debiendo 
ir á pasar algunos dias con unos parientes que habitaban en una pequeña aldea, 
á unos 35 kilómetros de distancia, se llevó á una hembra de galgo que jamás ha- 
bía estado allí. 

Sucedió, dice, 2 que: «no lejos de allí habia una perra perteneciente á uno délos 
vecinos de mi primo: entre los dos animales se despertaron (desde el principio de 
mi corta permanencia) un odio y un coraje grandísimos: tenían lugar actos terri- 
bles, no solamente todos los dias, sino cada momento. El tiempo no bastó para 
que esa perpetua hostilidad disminuyera, y hasta en los últimos momentos de mi 
partida, ambos riñeron varias veces. El año siguiente volví, acompañado de mi 
perra, al mismo lugar: tres cuartos de hora próximamente antes de llegar al pue- 
blo, el animal, como herido por una idea súbita, partió hacia adelante con rapidez; 
y todos los esfuerzos que hice para detenerle fueron inútiles. Al llegar al pueblo 
supe que habia tenido lugar un ataque terrible entre mi galga y la perra de la 
aldea, las cuales estaban á punto de seguir el combate después de que hubieron 
cesado momentáneamente las hostilidades.» 

Algunos perros parece que tienen también una noción rudimentaria de lo que 
es justicia é injusticia, lo cual lo atestigua la existencia de los procedimientos men- 
tales de cierta complexidad para los animales de este género. Léuret cita la anéc- 
dota siguiente: 

«Arago, el astrónomo, fué sorprendido una vez por la tempestad en un pueble- 



1 Habils and instinets o f Animáis, p. 72. 

2 Nattire, Agosto 7, 1873. 

La Naturaleza. — Tomo V.- 



320 LA NATURALEZA 

cilio del Sur de Francia; y Dureau de Lamalle, el cual ha referido la hisloria 
(Ann. des se. nat., t. XII, 1831), dice que en la casa de los aldeanos adonde habia 
buscado refugio, no pudieron ofrecerle más alimentos que un pollo (el cual dio á 
cocer inmediatamente). El torno estaba provisto de un tambor en el cual entra- 
ban unos perros que ya se habían acostumbrado á imprimirle el movimiento nece- 
sario. Uno de los perros que se tenia para este objeto (y que se llamaba gira- 
tomo) estaba en la cocina, y de allí quiso tomarle el campesino para hacerle 
trabajar; pero se le enfureció, y fué en seguida á ocultarse desobedeciendo resuel- 
tamente las órdenes de su amo. Arago, sorprendido, preguntó la causa de esto; 
se le dijo que el perro rehusaba obedecer porque se le queria poner en el torno 
de su compañero. El astrónomo hizo que buscasen al otro perro, el cual al llegar, 
entró al tambor á la primera señal de su amo, é hizo girar el torno por espacio de 
diez minutos. Para completar la experiencia, Arago hizo que detuviesen el tam- 
bor y que pusieran en libertad al perro, diciéndole al aldeano que llamase al ani- 
mal, que desde luego se resistió. Dióse la orden, y el animal, que tan obstinada- 
mente se habia resistido al principio, convencido de que habia llegado su. tiempo 
de tarea, entró voluntariamente en el tambor y comenzó á dar vueltas.» 

Los que han tenido perros inteligentes saben hasta qué grado, verdaderamente 
sorprendente, llegan á ser capaces de comprender el lenguaje, es decir, cómo 
obran por medio de simples instrucciones verbales. Últimamente ha citado un 
ejemplo Mr. Charles Stewart, de Tighnduin, Perthshire. 

«Hace algunos años, dice, í tenia yo en mi quinta, un perro llamado Bcdach, 
destinado á cuidar las vacas de ordeña. Este perro reconocía por ama á la lechera: 
cuando ésta le mandaba que cuidase á las vacas en determinado lugar del campo, 
solia acostarse en medio de la línea que juzgaba conveniente. Paciente y vigi- 
lante permanecía en reposo hasta que alguno de los animales confiados á su cui- 
dado traspasaba el lindero que él habia señalado; entonces se arrojaba sobre el 
transgresor, y asiéndole de las pesuñas le hacia retroceder. Es de advertir cómo 
hubo de bastar á la vaca poco tiempo para reconocer y respetar esta medida. 
Llegó este perro á conocer también á las vacas por sus nombres. Una de ellas 
llamada Aggi, necesitaba, en ciertas estaciones ser ordeñada más que las otras, 
y la lechera no tenia más que decir: Bodach, vé á buscarme á Aggi, y el per- 
ro la conducía cuidadosamente á la casa.» 

El elefante es visto generalmente como el más sagaz de todos los cuadrúpedos 
que viven en el estado natural. Sin embargo, parece del todo seguro que dicho 
animal no conservaría este rango ante todos los brutos inclusos los cuadrumanos. 

Como los monos, el elefante añade á sus demás facultades sensorias un sentido 
tangible, fino en extremo y dotado de discernimiento. Su trompa prehensil le sirve 
para todas las funciones en las cuales pudiera obrar una mano muy sensible. 

1 Nature, Mayo de 1879, y Marzo 20 de 1879, p. 458. 



LA NATURALEZA M{ 

El animal goza además, de la ventaja de vivir mucho tiempo. Siempre que un 
animal posee desde su juventud una gran dosis de inteligencia, ve prolongarse 
sus experiencias durante un período de ciento cincuenta años á lo más; nosotros 
tenemos la esperanza de que los individuos, y, por último, la raza adelante mucho 
respecto á la sagacidad. La importancia de este punto será mejor aprciada por 
aquellos que conocen las diferencias de sagacidad que existe generalmente entre 
los perros jóvenes y los que han vivido hasta el término de su vida activa. Por- 
que si se manifiestan tantas diferencias en el curso de ocho ó diez años, debemos 
esperar esfuerzos mayores en una vida cuya duración ha sido al menos diez veces 
la del perro. 

No debemos olvidar, por otra parte, que el elefante no se reproduce cuando se 
halla cautivo; por consecuencia, opuestamente al perro, no lega á las generaciones 
sucesivas ninguno de los desarrollos tan notables de sus facultades que pueden 
resultar de sus relaciones con el hombre ó con su educación. Así, pues, el ele- 
fante puede obtenerlo el hombre; pero la raza no tiene las agudas facultades que 
adquiere en la extensa escuela que constituye el medio natural del animal. 

Una vez aprisionado, el elefante llega á ser, como dice Buffon, el más dócil y 
el más sumiso de todos los animales. 

Posee afecto hacia su custodio, le acaricia y hace todo lo que le agrada. En 
poco tiempo llega á comprender las señales y aun la expresión de los sonidos: 
distingue el tono de mando del de la cólera y de la bondad, y obra conforme cada 
uno de ellos. Jamás equivoca las palabras de su amo; recibe sus órdenes con 
atención, y las ejecuta con prudencia y esmero. 

Lo que Swainson refiere de la inteligencia y sagacidad tan conocidas que mues- 
tra el elefante cuando ayuda á su amo á capturar los saims, ó machos solitarios, 
en estado salvaje, es tan sorprendente, que esto seria increíble si los hechos no 
fuesen notoriamente atestiguados. La relación es bastante extensa para que pu- 
diese tener cabida en este lugar. 

(Tadurido de la Revue Scientifique, núm. 20, (1881). 



ENUMERACIÓN 



ESPECIES DE MAMÍFEROS, AVES, REPTILES Y BATRACIOS 

OBSERVADOS EN LA PARTE CENTRAL Y MERIDIONAL 
DE LA REPÚBLICA MEXICANA, 

POR F. SUMICHRAST. 



I.— MAMÍFEROS.— 2» Parte. * 

ORDEN SEXTO— UNGULADOS. (UNGULATA.) 

46. ¿Tapirus (Elasmoguathus) Bairdi. Gilí. Vulg. anteburro, danta. 

Con cierta vacilación refiero aquí la danta del Sur-Oeste de México al Tapi- 
rus Bairdi. Gilí., porque no me ha sido posible encontrar una perfecta concor- 
dancia entre los caracteres asignados á esta especie y la configuración de los cráneos 
que he podido examinar: uno de estos que aún tengo á la vista y que comparado 
minuciosamente con las figuras y diagnoses comparativas de la Biología Centrali- 
Americana, ** me parece referirse con más propiedad al Taja. Doioii: nada extraño 
fuera además que ambas formas *** se encontrasen á la vez en las partes meridio- 
nales de la República. 

Las dantas parecen ser más comunes en la parte S. O. de México que en la 
opuesta: en toda la Sierra Madre del Istmo de Tehuantepec y del Estado de Gua- 
pas se ven con bastante frecuencia en las orillas de los torrentes, y su presencia 
se manifiesta allí á cada paso por la abundancia de sus excrementos y sus hue- 
llas en el suelo arenoso. El carácter muy arisco de la danta y lo quebrado de los 
sitios que aficiona, hacen su caza en extremo penosa y las más veces ingrata. 
Corre con suma velocidad en las vertientes más escabrosas de los cerros y en los 
más espesos matorrales: si en su fuga encuentra un torrente y se ve seguida de 
cerca por los perros, suele echarse en alguna hondura en donde se halla á cubierto 
de los ataques de sus perseguidores: otras veces, sobre todo, si es una hembra 

" Virase la 1. a parte de los Mamíferos en la pág. 199. 

"* En la parle mamalógica de esta magnífica obra, el Sr. Alston ha dado una reseña completa de 
lo que se conoce, hoy de las dantas Centro-americanas. 

"" Hé aquí cómo el Sr. Alston en la citada obra expresa los caracteres específicos de ambas 
formas: 

1 T. bairdi. Huesos nasales bien desarrollados, cada uno de ellos estando osificado de un solo 
centro, gruesos á su base y articulados uno con otro en la mayor parle de su longitud. 

2 T. dotei. Huesos nasales muy pequeños, cada uno de ellos osificado de dos centros, delgados, 
mas ó menos separados uno de otro por una prolongación délos h. frontales, con los que se anquilo- 
san en parte ó en totalidad antes que el animal llegue á la edad adulta. 



LA NATURALEZA 323 

con cria, hace frente á los perros y al cazador, y es entonces la mejor oportuni- 
dad para apoderarse de ella. Los rancheros consideran la danta como un animal 
muy cobarde, lo que á su entender significa que muere con la mayor facilidad, 
y esta opinión parece ser confirmada por la experiencia: he visto una, cogida con 
un simple lazo de bejuco echarse en la orilla de un arroyuelo y espirar allí en 
pocos momentos sin que se hubiese podido atribuir su muerte á otra causa que 
al furor que experimentaba al sentirse prisionera. 

Poco se caza la danta en México por el sabor de su carne que se asemeja al de la 
carne de toro, y sólo su piel muy gruesa y resistente sirve á la fabricación de so- 
gas después de haber sido durante cierto tiempo enterrada en el suelo para darle 
mayor flexibilidad. 

47. Dicotyles tajasu. Liu. Vulg. Jabalí, Cochino de monte. 

El jabalí es muy abundante en todas las regiones cálidas de la República. 

48. Cervus (Cariacus) virginianus. Liu. Vulg. Venado. Sinon. Cerras mexicanas. Pen- 
nant., etc. Cerous Capricornio. Saussure. 

Es la opinión de los naturalistas modernos que se han ocupado de esta mate- 
ria, y entre otros de los Sres. Alien y Alston, que el C. mexicanus, dePennant, 
Cuvier, Gray, etc., no es sino una raza meridional del C. virginianus. Bodd.. 
y á esta última refieren igualmente los citados zoólogos el Venado cuernica- 
bra Cervus, capricornis, que mencionó de paso el Sr. de Saussure en su tra- 
bajo sobre los Ciervos mexicanos (Revue et magasin de Zoologie, 1860). Durante 
mi permanencia en la hacienda del Mirador, en 1855, tuve ocasión de recoger 
varios cráneos del cuernicabra, y de allí remití al Sr. de Saussure las astas de 
que habla en el referido trabajo: abrigo la convicción, fundada en las relaciones 
de los cazadores á quienes he consultado, en la completa analogía que presenta 
el cráneo del cuernicabra con el del venado común, de que, como el mismo Sr. 
de Saussure lo sospechaba, no es elC. Capricornis otra cosa sino un C. virginia- 
nus muy adulto. 

49. Cervus (Cariacus?) loUecus. Saussure. 

Esta interesante especie parece ser muy rara en las partes de la República que 
he visitado: no he visto, en efecto, en el espacio de más de 23 años más que dos 
individuos, el uno en el Estado de Veracruz y el segundo en la Sierra de Oaxaca: 
la forma achatada de su hocico lo hoce distinguir á primera vista del venado co- 
mún y del temasale. 

50. Cervus (Coassus) rufinus. Pucherau. Vulg. temasate. Cervus Sartorii. Saussure. 

El temasate, tan común y por lo mismo muy conocido en la costa oriental de 
México no se encuentra en la parte occidental del Istmo de Tehuantepec, aunque 
algunos individuos han sido matados, en remotos intervalos, en las montañas de 

La Naturaleza.— Tomo V. — 42.-2? 



324 LA NATURALEZA 

la Gineta adonde habían llegado de regiones más cercanas á la costa del Golfo de 
México. Este bonito animal no vive indiferentemente, como el venado común, 
en las selvas y en los llanos, pero se mantiene siempre en lugares de densa ve- 
getación y en la orilla de los bosques, y su proximidad no deja de ser algo perju- 
dicial á los indios milperos por los daños que causa en las siembras de maíz y de 
frijol. Cuando se le da caza, no sigue el temasate como el venado una carrera 
recta, sino que va dando vueltas circulares, volviendo á menudo al sitio de donde 
ha sido lanzado por los perros; maniobra intentada sin duda para hacerlos perder 
más fácilmente el rastro. 



ORDEN SÉTIMO. ROEDORES. (RODENTIA.) 



51. ■ Sciurus variegatús. Erxleben. Vulg. Ardilla. 

Esta especie, en cuya definición sistemática ha existido mucha confusión hasta 
los trabajos de los Sres. Alien y Alston, ha recibido un crecido número de apelli- 
dos según las variaciones de color que presenta en las diversas localidades que 
habita. Es muy común en toda la tierra caliente y templada de Veracruz, é igual- 
mente en la parte occidental del Istmo de Tehuantepec y de Chiapas. 

52. Sciurus hypopyrrlius. Wagler. Vulg. Ardilla. 

He encontrado individuos de esta especie en los Almagres, á orillas del rio Goa- 
zacoalcos. 

53. Sciurus Deppei. l'eters. Vulg. Ardilla. 

Esta ardilla es bastante común en las localidades calientes y templadas del Es- 
tado de Veracruz hasta dos mil metros de elevación. 

54. Spermophilus mexicanas. Erxlebeu. Vulg. Ardilla de tierra. 

Este espermófilo, tan abundante en la mesa central de México, parece faltar 
completamente en las costas. 

55. Mus rattus. Lid. Vulg. Kata. 

56. Mus ale.ranilriiius. C.euíTr. Vulg. Rata. 
51. Mus musculus . Lio. Vulg. Ratón. 

Estas tres especies cosmopolitas de ratas existen en mayor ó menor abundancia 
en la República: las dos primeras, tan comunes en el Estado de Veracruz, pare- 
cen de muy rara ocurrencia en las poblaciones de la parte occidental del Istmo. 
El Dr. Duges indica el Mus decumanus, Pallas, como indígena de Guanajuato y 



LA NATURALIZA 325 

de Guadalajara: rae parece haberlo visto en Veracruz en donde no seria extraño 
hubiese sido importado por los buques que arriban á este puerto. 

58. Hesperomys azlecus. Saussure. Vulg. Halón de monte. 

59. Hesperomgs fulvaseens. Sauss. CITosp. aureolus. Aud. íidc Alston.) 

60. Hesperomys mexicanus. Sauss. 

He encontrado estas tres especies en la tierra templada de Veracruz. 

61. Hesperomys melanophrys. Goues. 

El Dr. Coues describió esta especie en vista de ejemplares colectados por mí en 
Tehuacan y Tehuantepec, pero tanto él como el Sr. Alston opinan que puede ser 
una simple variedad del núm. 00. 

62. Hesperomys Siimichrasti. Sauss. 

He colectado el ejemplar típico de esta bonita especie en los bosques del Uvero, 
cerca de Tuxtla, en el Estado de Veracruz: tenia por habitación el interior de un 
grueso otate. 

63. Hesperomys palustris. Baird ex Harían. 

Ejemplares de una especie de Hesperomys que remití hace años al museo de 
Washington, han sido referidos por el Dr. Coues á esta especie norte-americana. 

64. Ochetodon (Reithrodon. Sauss.) mexicanus. Sauss. 18G0. 
Especie bastante común en los cañaverales inmediatos á Orizaba. 

65. Ochetodon (Reithrodon) Sumichrasti. Sauss. 1861 . 

El Sr. Alston refiere esta especie á la anterior. (Véase Biología Centrali- Ame- 
ricana, págs. 151, 152.) 

66. Sigmsdon hispidum. Say. Hesperomys toUecus. Sauss. ( (¡de Alien y Alstou). 
Bastante común en los Estados de Veracruz y Oaxaca. 

67. Neotoma ferruginea. Tomes. 

Los ejemplares típicos de esta hermosa especie fueron colectados por el Sr. Sal- 
vin en Guatemala y descritos en 1801 por Mr. Tomes. A fines de 1868 pude con- 
seguir en Juchitan (Oaxaca) varios ejemplares que remití al Museo del Instituto 
Smithsoniano. Estos animales viven en los árboles, particularmente en los de mez- 
quite, y establecen allí su nido hecho de yerba seca en las cavidades del tronco ó 
en la bifurcación de las ramas: los indígenas los sacan de sus guaridas por medio de 
una larga fisga, siendo imposible cogerlos de otro modo por la presteza de sus mo- 
vimientos. 

68. Arvícola quasialer., Goues. 

De Orizaba (Tuxpango). 



326 LA NATURALEZA 

69. Geornys mcxicanus. Licht. 

10. Geornys hispidas. Leconte. 

La primera de estas dos especies de tuzas vive particularmente en los llanos de 
la mesa central, la segunda en ambas costas de la República. 

11. Synether es mexicanas. Kerr. Vulg. Huüztlacuatzin. 

Bastante común en las tierras templadas del Estado de Veracruz (Córdoba, 
Huatusco, etc.) y sube en las faldas de la cordillera hasta cerca de 2,000 metros. 

,.12. Dasyprocta mexicana. Sauss. Vulg. Quauhtusa, Quauhqueclii. 

Bastante común en la costa del Golfo mexicano. La Quauhtusa se deja ver has- 
ta una altitud de 900 á 1,000 metros: en la costa del Golfo de Tehuantepec es 
de muy de rara ocurrencia, y esto tan sólo en localidades inmediatas á la Sierra 
Madre. 

13. Coelogenis paca. Lin. Vulg. Tepeizcuintle. 

Común en los bosques de la costa de Veracruz: no he tenido otro dato de su 
existencia en la costa opuesta que el hallazgo que hice de un cráneo en una ca- 
ñada del cerro de la Gineta. 

14. Lepas sylvaticus. Bachman. Vulg. Conejo. 

Esta especie (si se refiere á ella como lo han hecho sin duda con buen funda- 
mento los Sres. Alien y Alston, las formas denominadas Auduboni, Artemisias, 
etc.), es extensamente distribuida en México y ocurre en altitudes muy diversas, 
desde el nivel de ambos océanos hasta cerca del límite de la vegetación en el flan- 
co de los grandes volcanes de la mesa central. 

75. Lepus callotis. Wagler. Vulg. Liebre. 

Este animal habita una gran parte del territorio de la República, pero sin duda 
no se halla en ninguna parte en tan grande abundancia como en las costas del 
golfo de Tehuantepec. En las llanuras de San Mateo y de Santa María del Mar, 
cerca de la Ventosa, en las de la Venta, cerca de Juchitan y en otros lugares in- 
mediatos al mar, se puede ver á la vez grupos de liebres ó individuos aislados tan 
poco temerosos de la presencia del hombre, que apenas se dignan ceder el paso á los 
transeúntes, y llegan sin recelo hasta la puerta de los ranchos. En la mañana y en 
la tarde son bastante activos, y se entregan entonces con harta animación á sus 
juegos ó luchas amorosas, mientras que en las horas calurosas del dia buscan para 
hacer su siesta la sombra de los arbustos. 

76. Lepas aquaticus. Bachman. Vulg. Conejo. 
Bastante común en el Estado de Veracruz. 



LA NATURALIZA 323 

ORDEN OCTAVO. BDBNTADOS. (EDBNTJlTA.) 

77. Talusia novemcincta. Lin. Vnlg. Armadillo. 

El armadillo ó tochi, como se llaman en ciertas localidades del Estado de V< - 
racruz, vive en toda la República. 

78. Myrmecophaga tetradactyla. Lio. Vulg. Chupamiel. 

El chupamiel no es de rara ocurrencia en ambas costas de la República desde 
el nivel del mar hasta una altitud de 1 ,000 á 1 ,200 metros. Vive en los bosques, 
y su alimentación se compone, según creo, únicamente de hormigas: la creencia 
popular le atribuye la costumbre de comer también la miel de las pequeñas abejas 
silvestres (Trígona); pero varios individuos que he conservado cautivos se rehu- 
saban á tomar este alimento, y no aceptaban otro sino las hormigas que iban á bus- 
car en los palos: tan luego como su olfato les indicaba la presencia de una colonia 
de estos insectos debajo de las cascaras ó en las grietas del tronco, comenzaban á 
desgarrarlas con sus poderosas uñas, y por un movimiento sumamente rápido de 
su lengua larga, extensible y pegajosa, atraían hasta su esófago un crecido núme- 
ro de víctimas. Se tiene la creencia que al ser atacado por un perro, el chupamiel 
suele introducir su lengua en las fosas nasales de su agresor, y logra así privarle 
de la respiración y de la vida: este hecho, sin embargo, merece confirmación. La 
tenacidad de la vida es extrema en el chupamiel: aunque traspasado por una ó dos 
balas tiene suficiente resistencia para treparse en algún palo ó buscar asilo en al- 
guna cavidad ó debajo de algún peñasco. 

El Sr. de Saussure, en vista de ciertas diferencias en las proporciones de los 
huesos del cráneo que creyó observar entre individuos procedentes del Brasil y 
otros de origen mexicano, consideraba estos últimos como constituyendo una va- 
riedad de los primeros; pero estas diferencias son puramente individuales. 



ORDEN NOVENO. MARSUPIALES. (MARSUPIAL1A.) 

79. Didelphys virginiana. Ker. Vulg. Tlacuatzio. 

Especie de gran extensión geográfica y conocida en todas partes de la Repú- 
blica. 

80. Didelphys quica. Natterer. Vulg. Tlacualzin. 

He colectado varios ejemplares de esta especie en los alrededores de Huatusco 
y de Córdoba (Veracruz): vive en los bosques, pero suele acercarse de noche á 
las habitaciones rústicas para hacer allí presa de aves de corral, de huevos y de 
frutas. 

La Naturaleza.— Tomo V. — 43. 



328 LA NATURALEZA 

81. Didelphys taurina. Lin. Vulg. Ratón tlacuatzin. 

Este pequeño y gracioso animal vive en ambas costas de la República, pero sin 
ser común en ningua parte: habita en los bosques y mora por lo general en ni- 
dos de aves abandonados por sus primitivos dueños. La fecundidad de esta especie 
es extrema: tuve ocasión de conservar viva, durante algún tiempo, una hembra 
con diez y seis hijuelos: estos se mantenían casi constantemente agarrados con las 
uñas al lomo de su madre, y enroscaban sus colas á la suya para mantener con 
más seguridad su equilibrio. 

He encontrado en la parte occidental del Istmo un Didelphys del tamaño del 
D. murina, pero cuyo pelo, en vez de ser rojizo como en este último, era por en- 
cima de un gris ceniciento claro: ignoro si es una especie inédita ó una simple 
variedad local de la anterior. 



FIN DEL TOMO V. 



REVISTA CIENTÍFICA 

DE MÉXICO Y EL EXTRANJEEO. 



FAUNA INDÍGENA.— En el núm. 2 dé La I» dependencia Médica se lee un articulo suscrito por 
el Sr. Alberto V. Alas, que trata de un curioso heniiptero de México, y que el autor designa con el 
nombre do Lyslra cerífera. Después de describirlo, dice lo siguiente respecto á sus costumbres: 

«En los meses de Agosto y Setiembre, las hembras depositan los huevecillos en la superficie de 
las hojas de la Leucolhoe axillaris, y cerca de las flores que después han de convertirse en alimento 
y morada de las larvas. Estos huevecillos, que son arredondados y blanquizcos, quedan adheridos 
á la epidermis de los hojas, en virtud de la viscosidad que los cubre en el momento de la postura. 
Se conservan en este estado hasta Noviembre y Diciembre, época en que aparecen las pequeñas lar- 
vas, que permanecen algún tiempo ocultas en las hojas. Cuando estas larvas han llegado á su mayor 
desarrollo, lo que sucede generalmente en Enero y Febrero, son cilindricas, de 0, m 0o de largo y 
0, m 006 de diámetro; constan de doce segmentos transversales, de un amarillo anaranjado, y su ca- 
beza de un color castaño-oscuro. En los meses de Marzo y Abril se trasforman en crisálidas; éstas 
son desnudas, lisas y brillantes, de un amarillo verdoso; están adheridas en el interior de algunas 
hojas plegadas, y unidas por sus bordes, formando como unos sacos pequeños y cónicos, que les sir- 
ven de habitación y abrigo á la intemperie, en donde permanecen hasta Julio, época en que rompen 
y se desprenden de la cubierta que las habia tenido encerradas, pudiendo volar después de algunas 
horas, para efectuar la unión de los sexos y propagar la especie. Este insecto es muy singular por 
la sustancia algodonosa que envuelve su abdomen, por el penacho que cubre su cabeza y coselete, 
siendo tanto una como el otro de naturaleza cerosa, pudiendo proporcionar, cada insecto, de 30 á 40 
centigramos de cera. Se le encuentra en la hacienda de Soltepec, del Estado de México, viviendo 
en la referida planta que vulgarmente se conoce con el nombre de Palo Santo, y de cuyas hojas y 
flores se alimenta.» 

Desde el año de 1865, el Sr. D. Antonio del Castillo se ocupó del mismo insecto, y en una Me- 
moria especial que publicó en esa época, acompañada de una lámina bastante exacta, tanto en el con- 
junto como en los detalles, dio á conocer su clasificación, describiéndolo en seguida. Teniendo pre- 
sunciones de que fuese una especie nueva, la designó con el nombre de L. cerífera, aludiendo á la 
particularidad de estar envuelta por una sustancia cerosa, acerca de la cual expuso lo que copiamos 
á continuación: 

<i Revisten á este insecto un polvo, pelusilla, cirros, largos filamentos, copos blancos y un singu- 
lar copete amarillo, siendo toda esta vestidura de cera. En efecto, se funde á una baja temperatura, 
con fenómenos de cristalización. Así, si se acerca una corta cantidad de las partes que la componen, . 
sobre un vidrio delgado, á la llama de una lámpara, se derrite antes de tocarla, formando innume- 
rables círculos concéntricos extendidos sobre el vidrio, acumulándose encima de ellos multitud de 
agujas finísimas, como los radios de otras tantas estrellitas. « 

a Vive, dice adelante, sobre el Queráis lanceohtlus, H. y B., que el vulgo designa con el nom- 
bre de encino manzanillo, y que crece en los bosques de la falda N. E. de la serranía del Real del 
Monte. Se le ha encontrado también en el Sur del Valle de México, arriba del Pedregal, y en las 
sierras de la Huasteca, habiéndose colectado algunos ejemplares aun en la Alameda de esta Capital. • 

Agregaré que el insecto en cuestión es un hemiptero del sub-órden de los Cicadarios y fami- 
lia Fulgoridos; como de 5 centímetros de largo y l'A de envergadura; amarillo de cera en lo gene- 
ral, con las alas negro-parduscas y manchadas de rojo en su ángulo de inserción; estando revestido. 
en efecto, de una abundante secreción, blanco puro en el abdomen y amarillo de oro en el protó- 
rax. El mismo Sr. Castillo nos comunicó alguna vez, que posteriormente habia sabido que la refe- 
rida especie era ya conocida con el nombre de Phenax auricoma, de Burmeister. Por otra parte: la 
sustancia cerosa que tanto habia llamado la atención, es secretada también por otras muchas especies 

l 



de la misma familia, siendo tan abundante en la Finia limbata, que en el comercio extranjero lleva 
el nombre de ara -chiva; y la cual, mezclada con aceite, tiene en aquel pais y en las Indias Orienta- 
les los mismos usos que la de abeja. — Manuel M. Tillada. 

NUEVOS ESTUDIOS SOBRE LA CLOROFILA.— Se conoce de qué importancia es la función 
que desempeña la clorofila, esla sustancia verde que se encuentra casi exclusivamente en el reino 

vegetal. En presencia de la clorofila y bajo la acción de la luz, la materia viva puede asimilar el car- 
bou descomponiendo el ácido carbónico del aire. 

Recordemos en pocas palabras el aspecto bajo el cual se présenla la materia verde. Lo más co- 
mún es percibir en las celdillas de clorofila, pequeñas masas arredondadas coloridas en verde, loque 
se llama granos de clorofila; pero se sabe que estas pequeñas esferas no están formadas enteramen- 
te de esla sustancia; no contienen sino una pequeña cantidad. Son glóbulos de protoplasma denso, 
sin paredes propias, sumergidos en medio del protoplasma fundamental de la celdilla. Están teñidos 
por la materia verde: en efecto, basta tratarlos por el éter, el cloroformo ó un aceite graso para po- 
nerlos descoloridos, sin que se modifiquen en su forma y en su volumen. Además, si se sigue el 
desarrollo de una de estas pequeñas masas arredondadas en sus diferentes edades, se nota que al 
principio es incolora, después amarilla, y por último verde. Así la clorofila se presenta, como un 
tinte verde, que colora ciertos granos de protoplasma. 

Aun bace poco tiempo, se creía que la clorofila solamente se formaba bajo la influencia de los 
rayos luminosos. Pero añora se ba visto que esta condición no siempre es necesaria. Asi. se sabe 
que las hojas de los belecbos y los granos de los pinos, cuando germinan, producen clorofila en la 
oscuridad más perfecta: y "Wiessner ha logrado que algunas plantas se pongan verdes bajo la acción 
del calor oscuro. Por lo mismo la influencia de las radiaciones sobre el desarrollo de la clorofila, no 
es la misma que la que ejerce sobre la acción química de esta sustancia. Todos los observadores es- 
tán de acuerdo en que la descomposición del ácido carbónico solo se opera bajo la influencia de la 
luz y en presencia de la materia viva, es decir, del protoplasma. Por lo mismo, una disolución de cloro- 
lila en la luz, y una hoja verde y viva en la oscuridad, no descomponen el ácido carbónico; para que 
la acción se produzca, es necesario que la clorofila y la materia viva, en contacto íntimo estén ex- 
puestas á las radiaciones luminosas. 

Asi, pues, la influencia de los rayos luminosos es necesaria. ¿Pero todos los rayos luminosos 
obran de la misma manera? Se ba buscado la influencia de las diferentes radiaciones simples sobre 
la asimilación cloroíiliana. haciendo pasar la luz al través de diferentes líquidos coloridos, ó colocan- 
do directamente los vegetales sometidos al experimento, en las diferentes regiones del espectro so- 
lar. Después de muchos experimentos, que no siempre han estado de acuerdo, y sobre todo, des- 
pués de las observaciones de Pfeffer, se admitía un solo máximum colocado en el amarillo vivo; pe- 
ro veremos que estos resultados no se han confirmado posteriormente. Porque antes que todo, es 
, necesario saber si todas las radiaciones las absorbe la clorofila; y para saberlo, es indispensable ha- 
cer el estudio del espectro de esta sustancia, y ver cuáles son las bandas de absorción que presenta. 
Kraus, que ha hecho este estudio con sumo cuidado, ha observado lo siguiente: el espectro obtenido 
después del paso de la luz, al través de una disolución alcohólica de clorofila, recientemente prepa- 
rada, presenta en el rojo una banda de absorción muy bien limitada, de un negro absoluto, que se 
extiende desde la raya B. hasta más allá do la raya C. Es la banda de absorción más clara y caracte- 
rística de la clorofila. Otras tres bandas más estrechas y menos intensas están situadas en el anaran- 
jado, el amarillo y el amarillo verde; en fin, otras tres bandas anchas, absorben casi completamente 
los rayos azules y violetas del espectro. Kraus ha obtenido el mismo resultado, haciendo pasar la luz 
al través de las hojas de plantas diversas, hecho que era sumamente importante comprobar. Cono- 
ciendo estos estudios, es evidente que solo las radiaciones que corresponden á los rayos de absorción, 
son los únicos que determinan la descomposición del ácido carbónico. 

Por otra parte: estos experimentos de Kraus, están en perfecto acuerdo con los que ha empren- 
dido Timiriazeff. Él fué el primero que demostró, que una luz aún muy fuerte, que ha atravesado 
una cantidad suficiente de clorofila, no determina ninguna asimilación de carbono en una hoja ver- 



ile; esta luz, por intensa que sea, es oscura para la acción clorofiliana, j se comprende períed mien- 
te, puesto que se compone de rayos que qo pueden absorberse. 

Además, el Sr. Timiriazefi hizo el experimento siguiente: Colocó en un i muj puro una 

serie de probetas, invertidas sobre el mercurio. Estas probetas contenían aire atmosférico con 5 por 
1U0 de ácido carbónico, y un fragmento de boja de bambú de 10 centímetros cuadrados; estos frag- 
mentos recibían la luz de la misma manera; y se interpusieron pantallas negras para impedir las ra- 
diaciones de una probeta á otra, etc., etc. Estas probetas éston ¡eren sometidas á la inftuen ;ia del es- 
pectro; de seis á diez horas, en el mes de Julio. Después se hizo el análisis de l> eada una 
de ellas, y siempre dieron resultados absolutamente concordantes; de esté modo éi sabio ruso encon- 
tró varias máximas para la acción clorofiliana. La más considerable óorresp'óntié exactamente á la ra- 
yé característica de la clorolila, á esa banda tan clara y tan absolutamente oscura que vimos situada 
en el rojo, entre las rayas B y C; después un segundo menos grande en el anaranjado, otro en el 
amarillo, y en fin, uno más débil en el amarillo verde. El rojo extremo, aún muy cerca de la raya 
B, y todos los otros colores, así como la parle ¡nfra-roja y ultra-violeta, no dan ningún desprendi- 
miento de oxigeno. Por el contrario, se encuentra frecuentemente en estas probetas una proporción 
más fuerte de ácido carbónico, producido por la respiración del píólopfasmá que, como se sabe, ab- 
sorbe oxigeno y emite ácido carbónico, tanto en los vegetales como en los animales. 

Para que obren las radiaciones sobre la clorofila no basta que se absorban, sino que necesitan 
tener una intensidad calorífica considerable, puesto que sabemos que el ácido carbónico exige para 
descomponerse una gran cantidad de calor. Se puede prever que los rayos más activos son los que, 
poseyendo mayor fuerza viva calorífica, se absorban al mismo tiempo por la clorofila. Si compara- 
mos estos resultados con la nueva curva de las intensidades caloríficas, determinada experimenlal- 
menle por el Sr. Mouton, veremos que las radiaciones que corresponden á la raya característica de la 
clorofila, son las más completamente absorbidas, y al mismo tiempo de una grande intensidad calo- 
rífica; las tres siguientes son aún de una grande intensidad, pero se absorben menos; en fin, las que 
están situadas en el azul y el violeta tienen una intensidad calorífica más débil. 

Pero en los experimentos que se han hecho sobre la influencia de las diversas radiaciones, no 
se ha tenido en cuenta la acción que pueden tener sobre la existencia del protoplasma y de la clo- 
rofila, y sabemos que la reacción química no se produce si una de estas dos materias está alterada. 
Pringsheim se ha ocupado de esta cuestión, operando de tal manera, que pueda observarse la cloro- 
fila colocada en una luz muy intensa obtenida por la concentración de los rayos, por un lente de 6 
centímetros de diámetro. En estos experimentos ha observado que más allá de cierta intensidad, la 
luz destruye la clorofila cuando se encuentra en un medio que contenga oxigeno; fenómeno de com- 
bustión que es independiente dé la descomposición del ácido carbónico. Resulta de estos experimen- 
tos, que es necesario no pasar de ciertos limites cuando se opera en presencia del oxigeno, porque 
la clorofila se destruye y no es posible la acción asimiladora. 

Existe otra circunstancia que no se ha tenido en cuenta en los experimentos siguientes. Se ha 
juzgado de la intensidad de la acción química de la materia verde en presencia de la luz, por el vo- 
lumen de oxígeno formado; pero en realidad se obtenía la resultante de dos acciones contrarias. Por- 
que durante la descomposición del ácido carbónico, la respiración continúa, absorbiendo oxigeno y 
produciendo ácido carbónico. Los autores de los experimentos citados, han supuesto implícitamente 
que esta respiración era constante para todas las radiaciones oscuras ó luminosas, porque se produ- 
ce tanto en la noche como en el dia; pero en realidad esto no es exacto. Aun Guando no se han he- 
cho estudios muj precisos sobre este punto, sin embargo, se sabe que los infusorios exhalan mayor 
cantidad de ácido carbónico cuando están expuestos á la luz violeta. 

Por lo mismo hubiera sido necesario separar las dos acciones contrarias, en todos los experimen- 
tos precedentes, para obtener resultados verdaderamente exactos. Esto nos explica por qué no se ha 
obtenido el menor desprendimiento de oxígeno en los vegetales verdes coloca los en el azul J en el 
violeta del espectro; en estos casos la acción clorofiliana ha sido más que compensada por la acción 
respiratoria inversa. Además, esta acción de la luz sobre la combustión respira! >ria eírece mucho 
interés, porque más allá de cierta intensidad, más débil de lo que es necesario pura destruir la 



'clorofila, el proloplasma es matado por la luz, á consecuencia, sin duda, de esla combustión más 
rápida. 



* 
* * 



Poco se sabia acerca de la composición elemental de la clorofila; las materias que se habian ana- 
lizado, eran sustancias alteradas por oxidación ó por la acción de los reactivos empleados. Sin em- 
bargo se admitía de una manera general que la clorofila contenia fierro, y á este metal se atribuía 
su color verde, comparándola á la bemoglobina de los animales, que también tiene fierro; con este 
motivo se citaba la coloración verde que toman las plantas regadas con sales de fierro. Gautier ob- 
tiene la clorofila pura y cristalizada, tratando la solución alcohólica de clorofila por el carbón ani- 
mal; el carbón retiene la materia colorante, y el licor amarillo guarda las otras sustancias (pigmen- 
tos, granos, materias cerosas), que se habian disuelto con la clorofila. El carbón animal se apodera 
al mismo tiempo de la clorofila y de una sustancia amarilla cristalizable, que ya se había señalado. 
Se le separa por medio del alcohol á 65°. Después se vierte aceite ligero de petróleo sobre el car- 
bón desprovisto de la materia amarilla, y se obtiene un licor de un verde muy oscuro. Se hace eva- 
porar lentamente este licor en la oscuridad, y se obtiene la clorofila cristalizada. Es una sustancia 
un poco blanda, y de un verde intenso cuando acaba de prepararse. Cristaliza en pequeñas agujas 
aplastadas, y con frecuencia radiantes: pertenecen al sistema clinorrómbico. Es soluble en el éter, 
el cloroformo, el petróleo, el sulfuro de carbono y la benzina. Cuando se pone esta clorofila, cris- 
talizada en el ácido clorohidrico concentrado y caliente, se obtiene el desdoblamiento señalado por 
el Sr. Frémy. Se producen entonces dos sustancias: una verde-olivo, que queda disuelta en el áci- 
do clorohidrico, es el ácido filociáníco; la otra, que se disuelve en el alcohol caliente, dando una co- 
loración morena y que puede separarse por cristalización, es la filoxantina. Gautier ha demostrado, 
además, que la clorofila pura no contiene la menor cantidad de fierro. La composición elemental de 
esta sustancia, encontrada por Gautier, es la siguiente: 

Carbono 73,97 

Hidrógeno 9,80 

Ázoe 4,15 

Oxígeno 10,33 

Fosfatos, cenizas 1,75 

Hoppe-Seyler habia encontrado también una composición muy semejante de la clorofila. 

El Sr. Pringsheim ha separado recientemente una sustancia que llama hipoclorina, y que es 
una de las sustancias cerosas que Gautier considera como impurezas de la clorofila. Se presenta ba- 
jo la forma de una sustancia oleaginosa cristalizable, no se le ha obtenido perfectamente pura. Para 
verla, basta tratar las celdillas verdes por el ácido clorohidrico diluido, y con el microscopio se ven 
gotitas finas que se reúnen en gotas pastosas; después la sustancia poco á poco cristaliza, bajo la for- 
ma de agujas rojo-morenas. Es una sustancia aceitosa, soluble en el alcohol, el éter, la esencia de 
trementina y la benzina, insoluole en el agua y las soluciones salinas, muy rica en carbono. Prings- 
heim considera de mucha importancia esta hipoclorina, y la ha encontrado en todos los granos de 
clorofila, excepto en los de las algas, en donde la clorofila está asociada á otros pigmentos especia- 
les, rojos, morenos ó azules. 

Por los datos anteriores se ve que ahora es más bien conocida la composición de los granos de 
la clorofila y la clorofila sola. Ahora veremos si se puede decir lo mismo en cuanto al papel que des- 
empeña en la asimilación, en la manera como se hace esta asimilación de carbono, y las asimilacio- 
nes ulteriores que concurren á la formación de los diferentes cuerpos orgánicos en la planta. 



Es fácil observar en medio de los granos de clorofila, granos de almidón que aumentan de vo- 
lumen á medida que se verifica la asimilación. De esta observación se dedujo que el almidón era 



uno de los primeros cuerpos formados después fio la asimilación, á consecuencia de una combinación 
de la agua do la celdilla con el carbón asimilado. Tomando osle almidón como punto do partida, se 
habrían imaginado las formaciones sucesivas de la dextrina, de la glucosa, de la celulosa, etc., etc. 
Para Pringsheim, la hipoclorina do que hablamos os la que representa el primer producto de la asi- 
milación del carbono. Su presencia más constante en los granos de clorofila, su oxidación más fácil 
que la de la clorofila, en la cual el almidón falta algunas veces, su formación siempre anterior i la 
del almidón en los casos en que los dos cuerpos se forman, son las razones que da el sabio autor ale- 
mán en favor do esta idea. 

Pringsheim ha determinado el orden de aparición de la hipoclorina j do la clorofila, y siempre 
ha encontrado la primera después del desarrolló de la segunda, suponiendo, por lo mismo, que la 
hipoclorina es el resultado de la oxidación de la clorofila. Como los experimentos del autor aloman 
no han sido muy numerosos, no se puede admitir su teoría, pues él mismo admite que los gimnos- 
permos, cuando germinan, forman hipoclorina en la oscuridad absoluta, sin que haya la menor ac- 
ción asimiladora. Por lo mismo, la presencia de este cuerpo, á pesar de su importancia, parece más 
bien ligada á la existencia de la clorofila y á su formación, que á la acción asimiladora del carbono. 

El Sr. Pringsheim sostiene, además, que la presencia de la clorofila no es necesaria para la des- 
composición del ácido carbónico. Supone que sirve simplemente de pantalla protectora para el pro- 
toplasma. En efecto, \a dijimos que el protoplasma se destruye más fácilmente que la clorofila, por 
las radiaciones más refrangibles (azules y violetas). Ahora, según lo que hemos dicho del espectro 
de absorción de la clorofila, todos estos rayos refrangibles son casi enteramente absorbidos por ella. 
Absorbiendo, por lo mismo, la clorofila en pleno sol los rayos más perjudiciales al protoplasma, fun- 
cionaría como pantalla protectora. Por lo mismo la clorofila sería el regulador de la respiración en 
el protoplasma. Teoría que no nos parece muy fundada, porque no es aplicable á todos los casos. 
Por ejemplo: ¿cuál es la pantalla, el regulador de la respiración en las plantas desprovistas de cloro- 
lila, como las Neoltia, las Orobánqueas y los hongos? ¿Cómo todas estas plantas y las variedades de 
hojas blancas, pobres en clorofila, soportan los rayos sillares tan bien como las otras? Las celdillas 
igualmente están llenas de un protoplasma que tiene las mismas propiedades, y que no está prote- 
gido de una manera especial contra las acciones luminosas. 

Además, no solo los rayos azules y violetas favorecen la respiración, la combustión del proto- 
plasma, sino que los del rojo extremo que no son detenidos por la clorofila, tienen una acción muy 
grande sobre el desprendimiento del ácido carbónico por la materia viva. 

El Sr. Pringsheim niega que la clorofila intervenga de cualquiera manera en la acción química 
«le la asimilación del carbono. Es cierto que no se sabe cómo obra la clorofila, que no parece gas- 
tarse ni usarse durante la asimilación; pero no es menos cierto que nunca se ha observado la descom- 
posición del ácido carbónico del aire, por celdillas sin clorofila. 

A pesar de estos estudios, todavía quedan muchas cuestiones por resolver; pero es indudable 
que han hecho surgir ideas nuevas que destruyen las adoptadas hasta ahora, é indudablemente mul- 
tiplicándose estas observaciones tan precisas, se llegará á conocer mejor, en sus parles esenciales. 
uno de los fenómenos más importantes de la naturaleza organizada.— (Extractado de la Revue Scien- 
l¡ fique, por José Ramírez, socio de número.) 

AGUA POTABLE Y AGUA CORROMPIDA.— El profesor Hirt, de Bréslau, acaba de publicar el 
resultado de las investigaciones microscópicas que ha hecho sobre el agua y sobre los productos or- 
gánicos que pueden alterar sus cualidades. Divide estas materias en cinco grupos: I o Las Bacterias; 
2 o los Saprofitos ó Ménades; 3 o las Algas; 4 o los Infusorios: o° los demás productos orgánicos, no 
comprendidos en los grupos precedentes. 

I o Las Bacterias son agentes de infección. El agua que las contiene se pone turbia, lechosa \ 
opaca. Siendo curioso que cuando se consumen las sustancias, á expensas de las cuales vía en. 
desaparecen, y el agua recobra su limpidez. 

2° Los Saprofitos no producen la infección, pero viven á expensas de las sustancias eu descom- 
posición. Se les puede encontrar en corta cantidad, en el agua potable. 



<; 

3° Las Algas verdes existen en toda agua expuesta al aire, y si están en gran cantidad, por sn 
muerte, pueden engendrar la infección. Estos organismos son incapaces de vivir en el agua corrom- 
pida, asi es que su ausencia indica la putrefacción. 

4 o Algunos Infusorios se al imenlan de Saprofitos, oíros de Algas verdes 6 morenas. Su presen- 
cia en el agua nada tiene de extraordinario, y no indica necesariamente que aquella oslé corrompi- 
da. Pero si existen en número considerable, la corrupción es indefectible. 

S° Los demás productos orgánicos que se encueniran en el agua, unos la corrompen \ otros no 
ejercen sobre ella sino muy poca acción. 

El profesor Hirt considera tres especies de aguas: {* Agua pwra esencialmente potable. No se 
encuentra en ella ningún producto orgánico, ni aun después de 4 á 5 dias de permanecer en un lu- 
gar cerrado ó expuesto al aire libre. Si existen algas en cantidad bastante considerable para nulrir 
á los infusorios, el agua es aún potable; pero no merece ya el titulo de agua pura. 2 a Agua dudosa. 
Contiene Saprofitos. 3 a Agua corrompida ¡id ¡.atable. Contiene siempre Bacterias, Saprofitos é In- 
fusorios. 

Es preciso, pues, el examen microscópico, para reconocer una agua que se sospecha insalubre; 
al menos es el método más sencillo, cuando se conoce el manejo de aquel instrumento.— Ecokst. 
Forfeh. — (Journal d'Hggiéne. Paris, 1880.) 

NUEVO MODO DE PRESERVAR LOS TEJIDOS ANIMALES y VEGETALES— Mr. Wichersheimer, 
preparador de anatomía en la Universidad de Berlin, ha descubierto un líquido preservador por me- 
dio del cual los restos animales pueden conservarse al contacto del aire sin perder nada de su apa- 
riencia natural, suavidad y flexibilidad. Por este medio han sido preservados, durante muchos me- 
ses, cuerpos humanos, conservando su flexibilidad en las articulaciones y su color natural en vida. 
Los pulmones de diferentes animales, sumergidos en el líquido preservador, pueden sacarse después, 
tomando al enjutarse .un color moreno; pero con un fuelle se inflan con facilidad como durante la 
vida, adquiriendo entonces un color rojo fresco y todo el aspecto de un pulmón reciente. Esquele- 
tos añejos de diferentes pescados que habían sido preparados juntamente con sus cartílagos, han re- 
cobrado su flexibilidad natural sumergiéndolos en el liquido por algún tiempo. El mismo liquido es 
también á propósito para la conservación de pequeños animales, así como de hongos, algas, flores, 
frutos y otras diferentes partes de los vegetales. 

La fórmula para prepararlo ha sido comprada por el gobierno dePrusia y publicada por orden 
del Ministerio de Instrucción Pública, la cual es como sigue: 

Alumbre, 100 gramos; cloruro de sodio, 2o id.; nitrato de potasa, 12 id.: carbonato de la mis- 
ma base, 60 id.; ácido arsenioso, 10 id. 

Todo esto se disuelve en 3,000 gramos (tres litros) de agua hirviendo, se deja enfriar y se fil- 
tra, y á cada diez gramos del líquido neutro, incoloro y sin olor que resulta, se le agregan 4 de gli- 
cerina y 1 de alcohol metílico. 

Las preparaciones animales que han sido conservadas en estado seco, se sumergen en el liqui- 
do por 6 6 12 dias, según su tamaño, y se les seca después exponiéndolas simplemente al contacto 
del aire; los tendones, músculos, etc., permanecen suaves y flexibles, pudiéndoles imprimir todos 
sus movimientos naturales. Los órganos huecos, como pulmones y otras visceras, se llenan (antes de 
sumergirlos) con el liquido preservador; en seguida se inflan y se secan. 

Pequeños animales como cangrejos, coleópteros, lagartijas, etc., y lamb ; en vegetales, conservan 
su color natural sumergiéndolos en el liquido expresado. Se puede usar también en inyecciones pa- 
ra la conservación de cuerpos animales, para lo cual se requiere una cantidad como de 1 'A á o litros: 
cortando la carne aun después de trascurridos varios años, presenta el mismo aspecto que cuando es- 
taba reciente. La epidermis toma gradualmente un color moreno, pero esto puede prevenirse res- 
tregando la piel con la solución y manteniendo el cuerpo en el aire, extendiéndolo lo más que fuere 
posible. La inyección para embalsamar se combina con la inmersión, envolviendo en seguida el cuer- 
po en lienzos empapados en el mismo liquido, y colocándolo en una caja herméticamente cerrada. 
— (American Journal of Pharmacy. Philadelphia, Febroary of 1880.) 



VENENO DE LAS SERPIENTES.— Tengo la honra dé llamar la atención de la .\ obre 

un hecho que he observado en el laboratorio de Fisiología, del Museo Nacional de Rio Janeiro, 

en mis investigaciones sobre la acción, de] veneno de la serpiente de <■. ¡abeL 

So creía en general, basta hoy, qne la materia venenosa secretada por ciertas especies di 
pientes, no era otra cosa sino una saliva tóxica, que obraba de la misma manera que los fermentos 
solubles. He observado hechos que prueban por el contrario, que esla materia contiene fermentos fi- 
gurados, en los cuales la analogía con las bacterias me parecen notables. Hé aquí cómo he llegado 
á este resultado: 

Una serpiente, bastante joven y mu\ vigorosa, que se encuentra actualmente en el Museo Na- 
cional, ha sido sometida por mí. en diferentes ocasiones, á la acción del cloroformo^ he extraído una 
gota de veneno, haciéndola caer sobre una placa de vidrio, previamente lavada con alcohol, 5 lu 
calentada ligeramente, lie llevado en seguida la preparación al microscopio, y he visto allí una 
pecie de male: ¡a pniioplásmica filamentosa, formada por una agregación celulai' dispuesta bajo la 
forma arborescente, como eiertas Licopodiáceas. 

Poco á poco, el filamento espeso de donde brotan estas esporas, se disuelve y desaparece, 
quedan las esporas en libertad, afectando una disposición lineal. Entonces, si las condiciones del 
medio son favorables á su desarrollo, se hinchan y engruesan sensiblemente, brotando al cabo de 
algún liempo una especie de tubilo que se alarga rápidamente. Este tubito se separa bien pronto, 5 
va á constituir otra espora que se reproduce de la misma manera. 

Cuando estas esporas han alcanzado cierta magnitud, se observa en su interior un filamento que 
se vuelve más y más marcado, y que eslá dirigido en el sentido del mayor diámetro de la espora. 
Este filamento presenta en varias partes, corpúsculos ovoides muy refringentes; en poco tiempo el 
protoplasma de la espora se retrae, su membrana se disuelve, y los corpúsculos quedan en libertad 
para continuar en seguida el mismo procedimiento de reproducción. 

Las esporas del veneno tienen, sin embargo, dos modos principales de multiplicación: por ex- 
cisión y por núcleos interiores. En la sangre de los animales que habían muerto por la mordedura 
de la serpiente, hemos observado los fenómenos siguientes: 

Los glóbulos rojos comenzaban por presentar pequeños puntos brillantes en la superficie del 
disco: estos pequeños puntos formaban algunas veces salidas, y se volvían más y más numerosos. Si- 
guiendo atentamente las diferentes fases de la alteración, se llegaba á ver destruirse completamente 
el glóbulo y ser reemplazado por numerosos corpúsculos ovoides muy brillantes, dolados de movi- 
mientos oscilatorios espontáneos. Otras veces, los corpúsculos ovoides no se desprenden de la masa 
globular y quedan allí aprisionados, se confunden los glóbulos unos con otros, formando una especie 
de pasta amorfa muy difluente. 

En los animales que eran mordidos por este crótalo, \ cuya sangre se recogía antes que la ac- 
ción del veneno hubiera sido bastante pronunciada, hemos observado siempre el primer grsfdóde la 
alteración; poco tiempo antes de la muerte, los glóbulos se presentaban ya confundidos en su mayor 
parte. 

Los animales en los cuales liemos hecho una inyección hipodérmiea con esta sangre, inmedia- 
tamente después de la muerte del animal mordido por la serpiente; lodos han muerto al cabo de al- 
gunas horas, casi con los mismos síntomas, j su sangre revelaba siempre las mismas alteraciones 
que habíamos notado en los animales envenenados directamente. 

Hemos reconocido también por numerosas experiencias, que el alcohol inyectado bajo la piel ó 
ingerido por la boca, era el verdadero antídoto de este fermento.* — (Nota de Mr. Lácenla, presenta- 
lla á la Academia de Ciencias de París; por Mr. de Qualrefages, 1879, traducida por F. Sologuren, 
socio de número.) 

* Mr. de Qnatrefages, al presentar el trabajo Ole Mr. Lácenla, añade qne en su opinión deben aceptarse, eou re- 
serva, las determinaciones adoptadas por el autor. 



SECRETARIA 

DE LA 

SOCIEDAD MEXICANA DE HISTORIA NATURAL 

Acta de la Sesión celebrada el día 12 de Febrero de 1880. 
Presidencia del Sr. Dr. Jesús Sánchez. 

Se abrió la sesión á las siele de la noche, dándose lectura á la acta de la anterior, que fué apro- 
bada con una ligera modificación á moción del Sr. Barcena. 

Se dio cuenta con las publicaciones siguientes: «Memoria de la Secretaría de Hacienda y Crédi- 
to Público,» presentada al Congreso de la Union: á la biblioteca, y que se den las gracias; «Boletín 
del Ministerio de Fomento,-» los números del «Diario Oficial,» de la semana; «Gaceta Agrícolo-Vete- 
rinaria,» y «Reforma Médica.' 

El Sr. Herrera presentó una carta que le dirigió el Sr. Dr. Ulharvrun, de Leipzig, en la que 
le suplica le den noticias sobre las publicaciones botánicas de México, para utilizarlas en una obra 
que va á publicar, con el objeto de dar á conocer las que en la actualidad hay en las diversas partes 
del mundo. Impuesta la Sociedad de su contenido, acordó se le remitiese «La Naturaleza» y las no- 
ticias que pudiesen servirle para el objeto que propone. 

El Sr. Tesorero Dr. Manuel Villada, dio en seguida lectura al corte de caja, el que presentó de- 
talladamente, y para glosarlo fué nombrado por el Sr. Presidente, el Sr. Dr. Buiz Sandoval. 

El mismo Sr. Tillada manifestó que no podia darse lectura al Informe de Reglamento que la 
Secretaría debía presentar, porque las crecidas ocupaciones del Sr. Altamirano le privaron, ásu pe- 
sar, de llenar ese deber. 

Antes de proceder á la elección de la Mesa, se dio lectura á los artículos correspondientes, y con- 
cluida se hizo la elección, resultando electos los socios siguientes: 

Presidente, Sr. Mariano Barcena, por siete votos, contra uno en favor del Sr. Villada. 

Vice-presidenle, Sr. Dr. Fernando Altamirano, por seis votos contra dos. que obtuvo el Sr. Dr. 
Jesús Sánchez. 

Primer secretario, el que suscribe, por siete votos: uno el Sr. Ramos. 

Segundo secretario, Sr. Ramos, por seis votos, obteniendo dos el Sr. Dr. Ruiz Sandoval. 

A propuesta del Sr. Barcena fué reelecto por aclamación, Tesorero, el Sr. Dr. D. Manuel M. 
Villada. 

El Sr. Presidente Dr. Jesús Sánchez, hizo las declaraciones correspondientes en cada caso. 

El Sr. Ramos hi/o uso de la palabra para dar las gracias á la Sociedad por haberlo nombrado 
segundo secretario, ofreciéndole cumplir con este encargo hasta donde le sea posible. 

El Sr. Barcena demostró su gratitud por habérsele nombrado Presidente, y el Sr. Herrera, á 
nombre de la Sociedad, dio las gracias al Sr. Dr. Jesús Sánchez, por haber desempeñado con tan 
buena voluntad el encargo que la Sociedad le hizo al nombrarle su Presidente en el año que finali- 
zó. Por último, el que suscribe, lleno de pena, hizo presente á la Corporación que está plenamente 
convencido de que es incapaz de desempeñar debidamente la Secretaría que se ponia en sus manos, 
y dio las gracias por el honor que se le dispensara con tal nombramiento, el que aceptaba solo por 
no desairar á la Sociedad, de la que recibía este favor. 

El Sr. Dr. Sánchez manifestó su complacencia por los nombramientos que se acababan de ha- 
cer, y dio las gracias á todos los socios presentes por su puntual asistencia á las sesiones y por sn 
cooperación en la marcha que ha llevado la Sociedad en el período que la presidió. 

Terminó la sesión felicitándose mutuamente esta Sociedad de amigos, que se ha conducido con 
tan buena y cordial armonía, abrigando la esperanza de que continuará siempre como hasta aquí. 

Asistieron los Sres. Barcena, Herrera, Bamirez, Ramos José, Ruiz Sandoval, Sánchez, Villada, 
y el Secretario que suscribe. — José María Velasco. 



REVISTA. CIENTÍFICA. 

DE MÉXICO Y EL EXTKANJEEO. 

ANÁLISIS DE UNA PLANTA INDÍGENA— En La Independe» cía Medirá, n. '.), t. 1, se lee la 
descripción y el análisis de nuestro Tlanchinole ó Hanchinol, Heimia syphüitica, Link \ Ott., Ginoria 
syphüitica, flor. mex. inéd., de la familia de las Litrarieas y que Bentbam y Hooker, en su Gatera 
Plantar nm, incluyen en el género Nesscea; plañía de los climas templados de México, \ ;'i la que se 
atribuyen importantes propiedades terapéuticas. 

Del trabajo citado, cuyo autor es el Sr. Alberto V. Alas, copiamos á continuación lo que sigue: 

«Análisis. — Pulverizadas las bojas y perfectamente seco el polvo, lo coloqué en el aparato de le\i- 
« viacion, lo traté por el éter que dio una solución verde, que evaporada, dejó un residuo compuesto 
«de clorofila y una sustancia grasa. Traté en seguida por el alcohola 95° y obtuve una solución de un 
«amarillo oscuro, la que evaporada, dejó un residuo compuesto de una resina y un principio colorante 
«amarillo; y por último, traté por el agua que formó un mucilago muy espeso; evaporada la solución, 
«obtuve un producto en el que reconocí una gran cantidad de goma, un tanino particular y un prin- 
«cipio amargo combinado con el tanino y hecho soluble por un exceso de éste. Por la incineración 
«obtuve una ceniza compuesta de cal, potasa, sosa, sílice, ácidos clorhídrico y carbónico. 

«Resulla de este análisis, que el Tlanchinole contiene: 

Sustancia grasa y clorofila : 12 

Principio extractivo y resina 14 

Principio amargo (Nesina) 9 

Goma 18 

Tanino 15 

Sales minerales 5 

Esqueleto vegetal 27 

100 

« El principio amargo que es la parte activa del Tlanchinole y que he llamado Nesina, obtenida por 
«el éter ó cloroformo, se presenta en pequeñas láminas brillantes incoloras, inodoras, de un sabor 
«muy amargo, soluble en el alcohol, el éter y el cloroformo; se combina con los ácidos y forma sales 
«solubles en el agua. 

«Tratada por el ácido sulfúrico concentrado, toma un color castaño que pasa poco á poco al vio- 
aleta, cuyo color desaparece por la adición de una corta cantidad de agua. 

«El ácido nítrico la colora en amarillo anaranjado. 

«El ácido clorhídrico la colora en amarillo bajo. 

«El cloruro de platino forma un precipitado anaranjado. 

«El cloruro de oro no precipita inmediatamente, pero después de algún tiempo precipita en ania- 
«rillo claro. Por las reacciones citadas se ve que la Nesina es un alcaloide: C 1J H fi ü' . 

«El tanino es un polvo de un amarillo de haba, inodoro, de sabor muy astringente, muy soluble 
«en el agua y pertenece al segundo grupo, en el cual se encuentran los (añinos que coloran en ne- 
« gro verduzco las sales de fierro. 

«La goma se présenla bajo la forma de una materia sólida, amarilla, incristalizable, inodora, su 
«sabor es astringente y amargo, debido probablemente á la nesina y tanino. Se disuelve en el agua 
«y le comunica una consistencia mucilaginosa considerable. Se encuentra en gran cantidad en el 
«Tlanchinole y le comunica sus propiedades emolientes.» 

LA PAPAINA. — El año último, Mr. Wurtz presentó á la Academia de Ciencias Naturales, unas 
observaciones sobre las propiedades digestivas que habia descubierto en el jugo de la Cortea Papaya 
ó Papayo, árbol de las regiones ecuatoriales de América. 

2 



10 

En presencia de las materias azoadas (carne de animales terrestres, clara de huevo cocida, queso); 
el jugo del Papayo obra como el jugo gástrico contenido en el estómago de los animales; las 
disgrega, las trasforma poco á poco en una especie de papilla de aspecto poco agradable y acaba por 
disolverlas. 

Era, pues, preciso aislar la materia que da á esta secreción vegetal una de las propiedades más 
características de uno de los líquidos del organismo animal. Para un fisiólogo y químico, tal como 
Mr. Wurtz, la existencia de esta diastasa no era dudosa, no podía dejar de existir, y todos la llama- 
ban anticipadamente Papaina. 

En la última sesión de la Sociedad Química, viernes 12 de Marzo, el sabio miembro del Instituto 
expuso el resultado de sus indagaciones sobre la Papaina. 

Para aislarla, se comienza por conseguir frutos de Papayo maduros y en el mejor estado posi- 
ble: su aspecto exterior es como el de una pera grande y su interior es algo semejante al del melón. 

Se abren estos frutos y sale un liquido que no tarda en coagularse. 

Se agotan los frutos y el coágulo que sale, por el agua fría; por medio del baño-maria ó por 
evaporación en el vacio, se reducen á consistencia de extracto que se precipita por el alcohol. Se re- 
coge el precipitado, se redisuelve en el agua y se le precipita de nuevo. 

Después de cierto número de precipitaciones, se tiene la Papaina impura, reteniendo con tena- 
cidad materias extrañas de las que es imposible desembarazarla. 

Mr. Wurtz no lia podido dar la composición de la sustancia que con tanto trabajo habia prepara- 
do: sin embargo, ha podido estudiar sus propiedades fisiológicas: disuelta en el agua pura, en pre- 
sencia de materias azoadas, produce verdaderas digestiones artificiales. 

En doscientos centímetros cúbicos de agua, se han disuelto dos gramos de Papaina. En este liquido 
se ha introducido una rana viva del peso de cincuenta gramos, y el todo se ha abandonado asi mismo. 

Al cabo de dos horas, la pobre rana comenzó á desahacerse; su piel empezó á disolverse en el 
liquido en que á su pesar se le obligó á permanecer. 

Seis horas después del principio del experimento, los músculos! fueron atacados, los miembros 
posteriores en parte disueltos, y el pobre animal no se agitaba ya sino débilmente. 

Á las cinco de la tarde la rana habia muerto. Algunos filamentos flotaban en el líquido, que había 
tomado una coloración rojiza, indicando todavía la forma del cuerpo del animal. 

Al dia siguiente, por la mañana, el líquido tenia un aspecto opalino, ligeramente rosado, donde 
no se distinguían ni trazas de lo que habia sido un animal anfibio del orden de los batracios. 

A despecho de la resistencia opuesta por las fuerzas vitales, la rana estaba muy bien digerida; 
resultado que no se habría obtenido con la pepsina, principio activo del jugo gástrico: la pepsina no 
obra sino en presencia de algunas gotas de un ácido, y sobre todo, del ácido láctico, que preexiste 
en el jugo gástrico y que se puede preparar por centenares de kilogramos por medio de la leche. 

Uu exceso de acidez detiene la acción de la pepsina. 

En presencia de un ser vivo, de cierto volumen, el ácido, agregado á dosis moderadas á la pepsi- 
na, es saturado por los álcalis que existen en la sangre del animal sometido á la experiencia, y la ac- 
ción digestiva se detiene forzosamente. 

La acción de la pepsina está necesariamente limitada por las fuerzas vitales, sin lo cual nos di- 
geriríamos á nosotros mismos, y no sabemos que se haya presentado semejante caso. Sin embargo, 
animales de dimensiones exiguas pueden ser muertos rápidamente por el jugo gástrico, y disuellos 
por la pepsina que •contiene, se concibe que ésta sea una cuestión de masas; pero también es cierto 
que la digestión de los sapos, que el difunto Talleyrand aconsejaba á aquellos que se destinan á las 
delicadas funciones de diplomáticos, es muy difícil, tanto en el sentido propio (dado el caso que un 
sapo lo sea) como en el figurado. 

Por un momento se pensó en aplicar la acción de la Papaina á la disolución de los tumores can- 
cerosos en el lugar mismo que ocupan; pero se ha renunciado á la esperanza de aliviar á los desgra- 
ciados atacados de estas terribles úlceras. 

Un cáncer tiene ramificaciones, raíces, que penetran profundamente en el tejido muscular y 
que la inteligencia y habilidad práctica del mejor cirujano no siempre pueden alcanzar y cortar. 



11 

Pero ejerciéndose la acción (le la Papaina, lauto sobro las carnes san u c >mo sobre las pr.»luc- 
ciones vitales morbosas, se ve que seria necesario para destruir el cáncer en sus más lejanas nuli- 
ficaciones, disolver una porción considerable de la sustancia del enfermo. 

No obstante los descubrimientos ib' la ciencia, eJ cáncer subsiste como uní enfermedad '"'Mi- 
tra la cual son impotentes todos los recursos «le la terapéutica; s»lo una operaciop quirúrgica da 
alguna esperanza de éxito. — (Copiado de El Médico y Cirujano Centro-Asna ioano. m , > de 1880;) 

DESCUBB.IMIENNTO DE UN ANTIGUO VOLCAN.— Habéis tenido la b indad de pedir- 
me que os comunique algunos detalles respecto de mi viaje á México; pero basta ahora do ha sido 
posible comenzar la redacción de mis observaciones sobre la geografía de este íntei II país. .Me 
limitaré, por ahora, á hablaros del descubrimiento de un antiguo volcan apagado que encierra no- 
tables curiosidades dignas do llamar la atención, tanto del geógrafo como del geólogo. Al baldaros 
del descubrimiento de esta gran montaña, no pretendo que aun no baya sido visitada por nadie, 
pues los habitantes del Distrito que la rodea la conocen muy bien; pero ningún viajero na sospecha- 
do nunca su existencia y aun los mismos habitantes de las ciudades de México están, en este punto, 
en la ignorancia más absoluta. 

Al Sud-oeste del Valle de México, se extiende la fértil provincia de Micboacan, que con razón 
pasa por ser el jardín de México, y que, á las ventajas de un terreno accidentado, reúne las de es- 
lar surcada por multitud de corrientes de agua y gozar de un clima templado. Cuando el viajero 
desemboca en estas verdes praderas, después de haber recorrido largo tiempo los arenosos llanos 
del Anáhuac y los pantanos del Valle de México, experimenta un deleite particular á la vista de 
aquellas colinas boscosas entre las que se extiende, exuberantes praderas, arroyos de ondas frescas 
y puras, y lagos encantadores de cuyo seno se elevan islas cubiertas de rica vegetación. En otros 
distritos de tan fértil país, las montañas de aspecto salvaje y rudo, ocultan en sus entrañas esas 
venas de metales preciosos que, al presente, son las únicas riquezas de las Repúblicas españo- 
las. El más llorecienle de estos Distritos es el de Angangueo, situado en los confines del Es- 
lado de México. Dejé este lugar el 6 de Agosto de 1855 y me dirigí por el Oeste hacia el pueblo 
de Taximaroa. Habia recibido algunas vagas indicaciones acerca de la existencia, en esta región, de 
una gran montaña llamada San Andrés, pero me costó algún trabajo hallar un guia que me con- 
dujese allí. 

Todos los volcanes de México son de fácil acceso, la pendiente de sus vertientes es tan suave, 
que se sube á caballo basta una altura considerable; pero siempre están invadidas por inmensas sel- 
vas que ocultan el horizonte y la cima de la montaña. Por todas partes los rayos visuales se detienen 
en los troncos de árboles seculares, que parecen disputarse el terreno, ó que yacen y se acumulan 
en inmensos montones de pudricion en la que toda una naturaleza viviente se mueve, oculta á los 
ojos del transeúnte. Esta vegetación vigorosa y gigantesca, producto de una naturaleza tropical emi- 
nentemente fértil, excita largo tiempo la imaginación del viajero; pero acaba por fatigar y llena el 
alma de enojo y de tristeza. Aquí, sin embargo, se altera la uniformidad por grandes huecos cuyo 
suelo horizontal parece haber pertenecido á una serie de pequeños lagos desecados. 

La montaña de San Andrés tiene, en efecto, un considerable desarrollo. Sus vertientes no son 
uniformemente inclinadas, sino cortadas por blancos montículos y colinas colocadas sobre la misma 
montaña. Este vasto conjunto presenta un macizo de cúpulas y abras separadas por llanos y valles. 
y se eleva gradualmente por pisos hasta' la última meseta de cuyo nivel surge la roca redondeada 
que forma la más alta cima. 

El estrecho sendero que conduce del pueblo de Taripeo al lugar de explotación del azufre, ser- 
pentea al través de estas selvas impenetrables, tan pronto atravesando los pantanos de las mesas como 
internándose en los vericuetos cuyos difíciles pasos constituían para nuestras cabalgaduras un peli- 
gro constante. El piso de la montaña so compone todo de una traquiía azulosa. atravesada por infi- 
nidad de vetas de obsidiana de grande anchura hasta el punto que, en muchos lugares, hombres y 
animales caminaban literalmente sobre vidrio. Todas las llanuras cercanas ofrecen el mismo carác- 
ter, y están además inundadas por desbordamientos basálticos que han hecho erupción por la multi- 



12 

tud de hendiduras de que está acribillado el suelo á causa de los numerosos cataclismos producidos 
por las incesantes conmociones volcánicas. 

Después de muchas horas de caminar, desembocamos súbitamente en un anfiteatro rocalloso, 
donde se ofreció á nuestra vista el más curioso espectáculo. En el fondo de una especie de embudo 
se ve un estanque circular de más de cien metros de ancho, lleno de agua turbia 6 hirviente, de la 
que se eleva una nube de vapor cargada de gases mefíticos. Todas las paredes del anfiteatro son de 
rocas desprovistas de tierra vegetal, reblandecidas}' blanqueadas por los vapores sulfúreos de que es- 
tá impregnada la atmósfera de este antro. Sobre estas rocas se dibujan algunas aureolas amarillas y 
rojas que atestiguan la acción incesante del azufre, y una lánguida vegetación corona por todos la- 
dos los bordes cortados á pico. Esta lucha entre una vegetación invasora y las emanaciones perni- 
ciosas que la rechazan, tiene algo de triste, que hace aún más salvaje el aspecto de estos desolados 
lugares. El charco de agua caliente que ocupa el fondo, si se juzga por sus bordes, debe tener una 
gran profundidad. De su seno es de donde se retira el azufre mezclado con lodo de que se usa para 
la fabricación de las pólvoras, después de purificarlo por fusión. Para estos trabajos se han fabrica- 
do algunas chozas de tierra y un pequeño edificio para la explotación, á cierta distancia de la laguna 
en donde se resienten monos las emanaciones sulfurosas; pero aun allí es tal la influencia de los va- 
pores sulfurosos, que trasforma la tierra arcillosa de que están construidas las casas, en varios sul- 
fatos y particularmente en alumbre, al punto de hacerlas desplomarse periódicamente. Este es uno 
de los más curiosos fenómenos que es dable observar. 

Consagramos el resto del dia á explorar diversas partes de la montaña, y guiados por dos indios, 
penetramos en un valle elevado, abriéndonos camino con el hacha á travos de la selva, cuya vege- 
tación extraordinaria sobrepuja en vigor y majestad á cuanto he visto sobre las montañas de México. 
El suelo está sembrado de troncos gigantescos que se acumulan sin ningún orden bajo el espeso fo- 
llaje de árboles vivientes, y cuando se les quiere franquear apoyándose en sus cortezas, se deshacen 
inmediatamente convirtiéndose en polvo y arrastrándoos en su caída hasta el fondo de un montón de 
heléchos y plantas diversas donde permanece uno como sepultado entre montañas de madera picada. 

Hacia como media hora que llamaba nuestra atención un ruido extraño, muy semejante al de 
una catarata lejana, cuando percibimos una columna de vapor blanco, proyectando con violencia sus 
copos aborregados por encima de los sabinos que cubren los flancos del valle. 

Al llegar al lugar de donde salia el ruido, quedamos pasmados con el espectáculo que se nos 
presentó. Delante de nosotros se levantaba una pendiente blanqueada, que parecía cubierta de por- 
celana. En la cima se halla un pozo de dos metros de abertura, del que se escapa con un silbido hor- 
rible un chorro de vapor que se eleva en el aire á una altura considerable. 

Al mismo tiempo una oleada de agua hirviente se desborda de la abertura y se escurre por mu- 
chos caños hasta el fondo del valle. Este gran fenómeno solo puede compararse con el de los Gey- 
sers de Islandia, y tanto aquí como allá, los resultados son los mismos. Las aguas, al escurrirse, de- 
jan una gran cantidad de sílice y forman á los alrededores esas rocas blancas cuya sustancia comparo 
con la de la porcelana. Todas las piedras que humedecen estas aguas, están en vía de crecimiento. 
Su superficie es suave como pasta y se solidifica en seguida para formar una especie de ópalo 
compacto. 

El San Andrés encierra aún otras curiosidades. Á corta distancia del chorro de vapor, se ve 
saltar otro manantial caliente, en medio de diversos vallecillos que parecen tallados por la mano del 
hombre. Pero esto no ofrece más interés que el de una fuente termal y el de la alta temperatura de 
sus aguas que llega á 100°. 

Continuamos caminando á través de los bosques, siempre guiados por nuestros indios, elevándo- 
nos gradualmente por los flancos del valle, pero sin salir de un radio de media legua. Repentina- 
mente vimos abrirse delante de nosotros un antro cuyos bordes arcillosos, cortados á pico, amena- 
zaban hundirse bajo nuestras pisadas. En lo profundo de este agujero vimos un charco de agua tur- 
bia agitada por una violenta ebullición. Su nivel se bajaba para elevarse después en inmensas 
burbujas que estallaban arrojando por todos lados torrentes de espuma. Los sabinos que el derrum- 
bamiento de los bordes habia arrastrado, se habían abatido en forma de embudo, y agitados por las 



13 

ondas hirvientes, sufrían un verdadero cocimiento, yendo y viniendo corno una legumbre en un 
puchero de agua en ebullición. Lo inesperado de este espectáculo lo hace todavía más espantoso: nos 
retiramos poseídos de terror por la idea de que la tierra podría tallar bajo nuestra pies, j que la 
menor imprudencia nos precipitaría en aquel abismo, donde una muerte horrorosa seria inevitable, 
No pudimos prescindir de comparar esta maravilla pintoresca conciertas e cenas feéricas, que la 
imaginación de la edad media ha procreado. Si en vez de estar colocada en H seno de los desiertos 
de América, la montaña que describimos, so elevase á orillas del Rhin, ya habría aña. ¡ido una le- 
yenda más á las tradiciones góticas de la Alemania. La marmita de Rubezalb ¿no se halla realizada 
en esla caldera de la montaña en que se cuecen los árboles de la selva'.' Aquel infierno animado por 
las brujas de Macbelh, ¿no formaría un cuadro perfecto? 

• Es probable que el San Andrés encierre aún otros objetos dignos de atención; pero las selvas 
impenetrables que lo cubren por completo, impiden al viajero explorarlo á su gusto. En otra excursión 
que hice después, más allá de la fábrica de azufre, vi un vasto claro en el que el suelo está ocupado por 
un lago de agua amarga alimentado sin duda por manantiales subterráneos. Nada hay más triste que 
estos lugares aislados; esa sabana de agua salobre, rodeada por los árboles de la selva, monótona y 
silenciosa, que ni los venados ni las aras, ni los pericos, lian conseguido animar. Allí fué, donde po- 
seído de un violento acceso de calentura, no pude llevar más adelante la exploración del San Andrés. 
Deploré tanto más este contratiempo, cuanto que me puso en la imposibilidad de visitar el pico de la 
montaña, que los habitantes del pais designan con el nombre de Cerro Grande, y cuya altura sobre- 
puja sensiblemente los limites de la vegetación arborescente. Se pretende también que no está des- 
provisto de nieves perpetuas; pero los dalos que puede obtener el viajero, de los naturales, son dema- 
siado vagos para concederles gran confianza. — (Carta de M. H. Saussure, á M. de la Roquette. Bulle- 
lin de la Societé de Gcograpliie, traducida por el Sr. Ingeniero Juan Quintas Arroyo, socio honorario.) 

ESTUDIO SOBRE EL ESCARABAJO DE LAS PAPAS.— La Chnjso niela (Doryphora) decemlinea- 
la, vulgarmente llamada escarabajo de las papas, en los Estados Unidos conocido bajo los nombres 
de Colorado-bag ó Palalo-bug, es un escarabajo de un centímetro de largo, de forma ovalada, de 
dorso bombeado en semicírculo, el cuerpo algo brillante, sin vello y de un color rojo amarillento. 
De color negro son: los cinco artículos finales de sus antenas ligeramente engrosados, los ojos y una 
mancha frontal en forma de corazón. El coselete tiene además de su parte anterior y posterior, que 
son también negras, unas manchitas del mismo color, siendo la de en medio algo más grande y en 
forma de V romana. Del lado del abdomen se encuentran también, ordenadas en lineas trasversales, 
numerosas manchas y pnnlitos negros. En fin, de color negro son, además, en las patas, las rodillas 
y los tarsos; éstos cada uno formado de cuatro artículos. 

Los élitros ó cubiertas de las alas son de color amarillo claro, y unidos, presentan once lineas 
negras, longitudinales, la de en medio ocupando la sutura; de las demás, la tercera y cuarta linea de 
cada élitro, se unen hacia atrás, y aquella de las líneas que está más cerca del margen exterior, es 
la más angosta. 

Las alas membranosas, plegadas trasversalmente en el estado de reposo bajo los élitros, sonde 
un color rosado vivo. 

Los huévecillos, anaranjados, están pegados de diez á doce en la cara inferior de la hoja de la 
papa. Las larvas que salen de los huévecillos son al principio más oscuras, casi color de sangre; al 
desarrollarse se ponen más claras y más anaranjadas; cuando la larva ha alcanzado su completa mag- 
nitud cerca de doce milímetros, su forma, vista por encima, es de la figura de una pera: á diferen- 
cia del escarabajo de cubierta dura, ella es de piel suave y más bien carnosa; su color es, en lo ge- 
neral, anaranjado, y solo son negros la cabeza; el margen posterior del primer anillo del ab lomen, 
las patas y dos lineas longitudinales de verrugas en cada lado del mismo. 

Tal es el aspecto, bien puede decirse agradable de este insecto, que es uno de tantos coleópte- 
ros que conocemos con el inocente nombre de catarinitas, que hacen muchas veces el encanto y 
la diversión de los niños, pero que contiene en su cuerpo líquidos corrosivos que al aplastarlo, ca- 
yendo en la piel, producen llagas y úlceras, y que al tocar los ojos, pueden hacer perder la vista. 



14 

Este escarabajo se encontró la primera vez, por el año de 1823, en las comarcas de los. fíockg 
Mounlains, ó sea de las Montañas Rocallosas en donde se alimentaba de algunas soláneas silvestres. 
Cuando la colonización de los americanos del Norte se extendía en estas comarcas y con ella el cul- 
tivo de la papa, el escarabajo se domicilió en estos campos, y á consecuencia de la rica alimentación 
se propagaba con rapidez prodigiosa. En el año de 1859 se notaban ya grandes devastaciones en las 
campiñas del Estado de Nebraska; en 1861 el escarabajo babia pasado el rio Missouri)- la plaga cavó 
en los campos del Yowa, y se extendió, en 1862, al Estado de Kansas. Desde Yowa, el Colorudo-buy 
se marchó á los Estados de Minnesota y Missouri (18G5); pasó en el año de 1866 el Mississij>pi y de- 
vastó los plantíos de papas, en proporciones siempre crecientes de los Estados de Wisconsiii, Illinois 
y Kenlucky y algo más tarde, en 1870, los de Indiana, Michigan, y Ohio, en donde ni el ancho lago 
de Michigan. formó una barrera á este voraz insecto. En el año de 1871 ya encontramos el escara- 
bajo de las papas en el Sur del Canadá, en Nuera-York y en Pensilvania, y en el año de 1874 la 
vanguardia de este ejército destructor babia ya llegado á los Estados más orientales de la Union y 
á las costas del Océano Atlántico, recorriendo en pocos años una distancia de 1,1 00 leguas y devas- 
tando una superficie de 40 á 50,000 leguas geográficas cuadradas. 

Para comprender cómo es posible un desarrollo tan inmenso, explicaremos á nuestros lectores 
la marcha de su procreación fabulosa, como ésta se ha observado en los Estados Unidos. 

Al principio del mes de Mayo, el escarabajo sale debajo de la tierra donde ha pasado el invier- 
no en estado de ninfa; doce ó catorce dias más tarde, la hembra comienza á poner sus huevecillos 
de diez ó doce en la cara inferior de las hojas de las papas y prosigue durante cuarenta dias la mis- 
ma operación. 

En este tiempo, tanto la hembra como el macho, devoran continuamente las hojas de las tier- 
nas plantas de papas, y lo mismo hacen las larvas que después de cinco ú ocho dias de haber sido 
puestos los huevecillos salen de estos. 

Estas larvas son sumamente voraces, crecen muy pronto y llegan á su completo desarrollo en un 
espacio de diez y siete á veinte dias; después de este tiempo, se introducen en la tierra para meta- 
morfizarse, y á cabo de diez ó doce dias que dura el estado de crisálida, sale el insecto perfecto, que 
ya á mediados de Junio está en estado de poder producir una segunda cria de devoradores, que á su 
vez, después de un trascurso de cincuenta á cincuenta y cinco dias, han recorrido toda la escala de 
trasformacion para poder dar vida á la tercera cria en el mes de Agosto, y los productos de esta ter- 
cer cria, que aún durante todo el mes de Setiembre devastan todas las siembras de papas, son los 
que pasan el invierno en estado de ninfa bajo la tierra. 

Para hacer bien comprensible esta asombrosa facultad de procreación, supondremos que una 
sola hembra invade un campo en el mes de Mayo, en Junio tendremos 1,200 escarabajos, en Agos- 
to 1.440,000 insectos, y en Setiembre dormirán en estado de ninfa, para salir de debajo de la tierra 
en Mayo próximo, la asombrosa cantidad de 1,728.000,000 de animales. 

¿Cómo nos puede, pues, asombrar la noticia que las más extensas comarcas se encuentran com- 
pletamente devastadas por este voraz insecto, que en busca de nuevo alimento, se ve obligado á 
emprender siempre nuevas peregrinaciones, sembrando el hambre y la desolación en su marcha en 
la que nada le detiene, ni anchos rios, ni vastos lagos, ni la inmensidad del Océano, porque resisten 
de una manera admirable á los cambios más bruscos de la temperatura y pueden existir más de seis 
semanas sin tomar alimento alguno. 

Una reciente circular de la Cancillería del Imperio Alemán, recuerda á todos los agentes diplo- 
máticos y consulares del mismo, que un decreto del 26 de Febrero de 187o prohibe severamente la 
introducción de papas de América en los puertos alemanes; hace constar que en Junio de 1876 se 
ha encontrado en el muelle de Bremen un ejemplar vivo de este pernicioso insecto, que en inmen- 
sas bandadas revolotea en el muelle de Nueva-York; que casi todos los navios que salen de este 
puerto se encuentran en los primeros dias de su viaje invadidos por un número mayor ó menor de 
este coleóptero; que continuamente existe un peligro eminente de ver trasportada esta plaga á las 
playas europeas, y por lo mismo, recomienda la mayor vigilancia á los capitanes para que sean des- 
truidos estos escarabajos si se encuentran en los buques; que se compre el menor número de pro-- 



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visiones necesarias en papas y legumbres para los viajes; ordena además distribuir, al efecto, ins- 
trucciones detalladas para poder reconocer el insecto donde se encuentra, encari la mane- 
ra más terminante los peligros que encierra cualquier negligencia en esta linca. 

Desgraciadamenio liemos ya experimentado la facilidad con que se propaga t introduce este 
nocivo coleóptero en México. En 187. r i ha hecho la aparición en unos plantíos da papat de fia E 
la de Agricultura, no muy distantes de la estación del ferrocarril do Veracraz, iendo ■'•■. unmente 
llevado por algunos buques norte-americanos á este último puerto. \ habiéndose trasladado por el 
ferrocarril con algunas mercancías á nuestro valle de Anáhuací 

Por fortuna se lia dirigido á los campos de la Escuela de Agricultura, don le recondsido p 
inteligentes profesores, se debe de seguro, á sus eficaces medidas, que no se haya propagado la 
peste como era de temerse, pero por la misma razón creemos que el G ibierno federal de México \ 
los gobiernos limítrofes del Golfo, deben dirigir su atención muy detenidamente á ésta, en verdad, 
muy interesante cuestión, para tomar todas las medidas necesarias á fin de preservar al \>'ú* y á la 
oprimida clase de los agricultores de esta nueva tribulación.— Mayo de 1877. — Olhon E. Barón i 
lirackel- Welda. 

UNA FLOR NARCÓTICA.— Según el Dr. S. Guzman, de San Salvador, posee esta propiedad la 
flor de la Erylhrina coruHodendron, vulgarmente llamada pito, siendo tan marcada y conocida en 
aquel pais que de ordinario se toma una sopa de pitos, cuando se sufre de alguna afección doler 
Produce siempre un sueño apacible, sin la congestión que determina el opinen la base del encéfalo 
cuando se usa con frecuencia. Es notable dicha propiedad en una flor de la familia de las Legumi- 
nosas, aun cuando ya se sabe por el Sr. Dr. F. Altamirano, las muy tóxicas de sus granos. Por un 
procedimiento que no se indica, los Sres. Guzman y Lievand, obtuvieron del extracto acuoso, un 
precipitado blanco, sedoso y muy abundante de reacción acida y al que impusieron el nombre de 
Erilrinaria ó Pelma. 

En las diferentes regiones de México vegetan algunas especies del género citado: en el Valle 
la E. Coralloídes, que llaman colorín ó IzompanUi, y cuya madera y semillas son tan conocidas; en 
el Sacromonte, la E. selosa, que no es arbórea como la anterior sino una simple mata; la que 
crece en Orizaba y Jalapa se conoce con el nombre de iquiuiitc, y las flores pitos; la de la costa de 
Veracruz lleva el de pichoco, y madre de cacao en Tabasco; vegetando, en fin, una en la costa de 
Chiapas. Todas ellas son, seguramente de distinta especie que las del Valle, pues de México están 
señaladas, fuera de las referidas, las siguientes: E carnea, leplorhiza, longipes, hórrida, breriflora, 
paleas, dicaricata, reliculata, rosea y princeps. 

La acción hipnótica de las flores parece que también ha sido reconocida en nuestras especies, 
pudiendo asegurar, que son un alimento sumamente agradable y con la particularidad de tener un 
sabor de carne muy pronunciado. 

HEMOCIANINA. — Este es el nombre dado por Fredericq á una sustancia albuminosa contenida 
en la sangre del pulpo: parece que en este invertebrado desempeña el mismo papel que la hemo- 
globina en la sangre de los vertebrados: como ella, sirve para la hematosis, absorbiendo el oxigeno 
que le comunica una coloración azul, y decolorándose cuando la pierde; en el vacio y al contacto 
con los tejidos, se desoxigena; de donde resulta, que la sangre venenosa es incolora: se ha encon- 
trado en la hemocianina una pequeña cantidad de cobre que parece estar en el mismo estado que el 
fierro en la hemoglobina. Este hecho es de grande importancia para la fisiología comparada, pues 
viene á dar alguna luz sobre la hematosis en los invertebrados, función cuyo mecanismo se ignóra- 
lo hasta hoy completamente. — J. liamos, socio honorario. 



MJSOJELAJLVEA.. 



DATOS RELATIVOS AL PRÓDROMO CANDOLEANO.— En 1824 salió á luz el tomo 1.» de esta 
obra en la cual el ilustre Piramus De Candolle, se propuso publicar Monografías de todas las fami- 
lias del reino vegetal. El tomo XVII, último de dicha obra, cuya conclusión liabia llegado á ser im- 
posible bajo el plan primitivo, pero que. en el día continúa bajo otra forma, por los Sres. Alfonso y 
Casimiro De Candolle, lia sido publicado en 1870. 

A. De Candolle ha dado en el tomo XVII una historia interesante de la publicación, á la cual 
ha consagrado la mayor parle de su carrera científica, siendo su único director desde la muerte de 
su ilustre padre, acaecida en el año de 1841. 

El número de páginas del Prodiomo es de 13,194, conteniendo la descripción de 214 familias, 
5,134 géneros y §8,957 especies. En él han colaborado 3o botanistas: 11 suizos, 9 franceses, 8 ale- 
manes, 3 ingleses, 1 italiano, 1 sueco, 1 holandés y 1 belga. De las mencionadas páginas, casi 6,000 
han sido redactados por los tres Sres. De Candolle: el mundo sabio debe, pues, al celo científico de 
tres generaciones, no solo la existencia de una obra continuada con perseverancia á través de difi- 
cultades de todo género, sino también la redacción de casi la mitad de ella. — (Traducido.) 

HIDROLOGÍA.— Según el análisis de los Sres. J. D. Morales y Nicolás R. de Arellano, publica- 
do en el núm. 2 del Boletín del Consejo Superior de Salubridad de la ciudad de México, el agua fer- 
ruginosa del pozo artesiano que surte á los baños medicinales, establecidos en la ciudad de Guada- 
lupe Hidalgo, contiene en un litro lo siguiente: Bicarbonato de protóxido de fierro, g r . 216; id. 
de cal, 0, 072; id. de magnesia, 0, 139; id. de sosa, 0, 504; cloruro de sodio, 0, 307; alumina, 
0, 048; sílice, 0, 168; ácido crénico, 0, 007; potasa, litina, magnesia, ácido fosfórico, huellas; materia 
orgánica azoada jio se dosifica: total, 1 g r . 46. De gases libres: ácido sulfhídrico, huellas; id. carbónico, 
87, 23; ázoe, 11, 97; oxigeno, 0, 80: total 100. El pozo produce por minuto, de 158 á 176 litros de 
agua acompañada de casi un volumen igual de gases que á su salida se desprenden; reteniendo, to- 
mada en este momento, una cantidad de 573 cc á o de calor y a la presión de m 76; su temperatura, 
al salir, es de 22° 8, y en la fuente, de 22° 6 del centígrado y su densidad, de 1,001, 1; y como es 
de suponer, las sustancias fijas que tienen en disolución, es algo menor á la cifra expresada arriba. 
Los reflejos de iris que se observan en la superficie, estando depositada, son debidos, como lo ase- 
guran los mismos señores, á películas muy finas que se forman de sesquióxido de fierro, y no al 
petróleo como creían algunas personas: el olor, débilmente sulfuroso que tiene al principio de la 
mañana lo pierde después al oxidarse el ácido sulfhídrico que lo produce; siendo, en fin, de un sa- 
bor marcadamente ferruginoso y acusando una reacción acida con el papel de tornasol, merced al 
exceso de ácido carbónico que contiene. 

DATOS AGRÍCOLAS.— El Distrito de Córdoba, con cerca de 11,000 habitantes, produce hoy, 
de café, por valor de §750,000 (50 quintales); de tabaco, §300,000; de arroz, §50,000; de frutas, 
§100,000; de diversos, como maíz, almidón, leche, queso, ganado, etc., §300,000: total, §1.500,000. 
Advirtiendo, que ni la décima parte de los terrenos está cultivada, no siendo exagerado aventurar 
que con la inmigración se podría cuadruplicar dicha suma. — H. Finck. 

UNA BUENA RECETA. — Creemos que podrá ser útil á los preparadores la de un pegamento, 
llamado Diamante, que da excelentes resultados en el vidrio, porcelana, etc., y la cual es como si- 
gue: Se disuelve 'A onza de grenetina en 2 onzas de agua caliente, y por separado, y. dracma de 
goma archipin, en la menor cantidad de agua fría. En 3 dracmas de alcohol se disuelven, 1 drac- 
ma de almáciga y otra de goma amoniaco, y se mezcla lodo estando aún caliente la solución de gre- 
netina. 

Mantel M. Villada, 

Encargado de la publicación. 



REVISTA CIENTÍFICA 

DE MÉXICO Y EL EXTRANJERO. 

EL PLÁTANO. — Los autores no están deacnteudo sobre si esta planta es aborígene de Am 
ó fué traída por los conquistadores. 

Oviedo, en su Historia Natural de las Indias, dice que Fray Tomás Berlangas, plantó en el año 
de 151(5 los primeros plátanos en la Isla de Santo Domingo. (De plantis sesculentis comentario b (tá- 
nica, 1786, pág. 28. 

En las relaciones de los viajes de Cristóbal Colon, Alonso Negro, Pinzón y Col tés, se hace ni li- 
ción del maíz, el guacamole, el papayo y otras plañías alimenticias usadas por los indígenas, pero ai 
se cita al plátano; ¿será esto debido á que los antiguos habitantes de América no conocían este rege- 
lal, ó á la .poca atención con que los conquistadores miraban las producciones americanas, como lo 
cree Humboldl? 

El Dr. Hernández habla del plátano designándolo con el nombre de QuauhxUollaUera, para dis- 
tinguirlo del árbol al que dieron los mexicanos el mismo nombre y equivale al que se conoce en el 
dia con el de cuajilole: este autor llegó á Nueva España á fines del siglo XVI, y halló muy extendido 
en ella el cultivo de dicha planta: dice, sin embargo, que se tenia por extraña en el pais, y que ha- 
bía sido trasladada á él por los indios y negros orientales. 

El Sr. Barón de Humboldt, en su Ensayo Político sobre la Nueva España, se expresa en estos 
términos: «Tal vez en cuanto á la verdadera patria de los piálanos, sucede lo mismo que sobre la de 
los perales y cerezos. Por ejemplo, el cerezo de monte, Pinnas mitán, es indígena do Alemania, y 
en Francia se halla en nuestros bosques desde la más remota antigüedad, como el roble y el tilo; al 
paso que otras castas de cerezos que se consideran como variedades que se han hecho permanentes, 
y cuyos frutos son más sabrosos que los del cerezo del monte, los romanos los trajeron del Asia me- 
nor y en particular del reino del Ponto. Asimismo en las regiones equinocciales y hasta el paralelo 
33° ó 34° se cultivan bajo el nombre de plátanos un gran número plantas, que dilieren esencialmen- 
te por la forma de sus frutos, y que quizá constituyen verdaderas especies. Si hasta hoy no se cree 
bastante probada la opinión de que todos los perales cultivados traen su origen del peral silvestre, 
como de un tronco común, debe sernos todavía más permitido el dudar que el gran número de va- 
riedades constantes del plátano, lo traen de la Musa Iroglodttarum que se cultiva en las Islas Molu- 
cas, que según Gaertner, tal vez el mismo no es Musa, sino una especie del género Rarcnaln de 
Adamson. » 

Ahora bien, en México y toda la tierra firme de la América meridional es una tradición cons- 
tante que el plátano hartón y el Dominico se cultivaban allí mucho tiempo antes de la llegada de los 
españoles, pero que el Guineo, que es una variedad del Camburi, fué llevado de las costas de África 
como su mismo nombre lo prueba . 

El autor peruano, Garcilaso de la Vega (Comentarios reales de los Incas. Tomo 1, pág. ¿Si . 
que es el que ha señalado con más atención las diferentes épocas en las cuales la agricultura ameri- 
cana se ha enriquecido con producciones extranjeras, dice expresamente, que en tiempo de los lu- 
cas, el maíz, el quinoa, las patatas, y en las regiones calientes y templadas los plátanos, formaban la 
base del alimento de los indígenas: describe la musa de los valles de los Andes, distingue aun la es- 
pecie más rara, que da una frutilla azucarada y aromática, el Dominico, del plátano común ó harto». 

El padre Acosla (Historia natural de Indias, 1608, pág. 250) afirma también, aunque menos po- 
sitivamente, que los americanos cultivaban la Musa antes de la llegada de los españoles. El plátano, 
dice, es un fruto que se encuentra en todas las Indias, aunque hay gentes que pretenden que es ori- 
ginario de Etiopia, y que de allí vino á América. En las márgenes del Orinoco, del Casiquiare ó del 
Beni, entre las montañas de la Esmeralda y las fuentes del RioCarony. en medio de los bosques más 



18 

espesos, casi en tenias parles en donde se descubren pueblos indios, que no lian tenido relaciones 
con los establecimientos europeos, se encuentran plantíos de cazabe y de plátanos. 

El padre Tomás Berlangas no pudo trasportar de las Islas Canarias á Santo Domingo, otra espe- 
cie de Musa que la que allí se cultiva, que es el camburi, y no el plátano hartón ó zapalote de los 
mexicanos. Solo la primera de estas dos especies se cria en los climas templados como las Islas Ca- 
narias, Túnez, Ángel y la costa de Málaga. También en el Valle de Caracas, situado á los 10° 30' de 
latitud, pero á 900 metros de altura absoluta, solo se encuentra el camburi y el dominico, y no el 
plátano hartón, cuyo fruto solo madura bajo la influencia de una temperatura muy elevada. 

El mismo Humboldl dice que en el hemisferio austral los Puris aseguran haber cultivado en las 
orillas de Prato, mucho tiempo antes de sus comunicaciones con los portugueses, una pequeña espe- 
cie de plátano, que designan con las palabras paruru en tamanaco. y tirata en maypuro; voces que 
significan no traídos. (Humboldt. Relations histor.) 

Se ve por todo lo expuesto, que es más que probable que los antiguos indígenas conocieron y cul- 
tivaron algunas especies del género Musa, y que otras fueron traídas más tarde por los conquistadores. 

El nombre de Musa con que se designa el género, viene, según opinan algunos, de la palabra 
árabe mauz, que significa plátano; otros creen que el género fué deificado á Musa, médico griego, 
liberto de Augusto. Banana viene seguramente del sánscrito, baranabusa, que según Amarascosha 
es sinónimo de radalu, rambha y mocha, palabra con que en ese idioma se designa el plátano. (Ains- 
lie, Materia Médica, of Hindostán, 1813, pág. 234.) 

Este género encierra varias especies; las que se cultivan en México son: 1 ." M. paradisiaca, L. . 
llamada vulgarmente plátano largo, plátano hembra, banana, zapalote y plátano hartón: se conocen 
diversas variedades. 

El nombre con que Linneo designó esta especie, hace alusión á la creencia que tienen los cris- 
tianos del Oriente, de que esta planta fué el llamado árbol del Paraíso, cuyo fruto hizo pecar á Adán 
y con cuyas hojas se cubrió cuando perdió su inocencia; otros creen que un racimo de plátanos de 
esta especie fué la presentada á Moisés por los exploradores que mandó á la tierra prometida. La 
discusión de estas creencias no presenta ningún interés, solólas refiero porque se relacionan con la 
historia de este vegetal. 

2.° M. sapieníium, L. Llamado así porque se cree que bajo su sombra, los gymnosofistas ó sa- 
bios de la India pasan su vida en contemplación, alimentándose con sus frutos. 

Algunos autores opinan que esta especie es el dudaim de la Biblia; Virey, por el contrario, ase- 
gura, que el afrodisiaco de Raquel era un orchis. 

Este plátano se conoce con los nombres de Guineo ó Camburi. 

3.° M. regia, Rumph. lleva los nombres de Dominico, costeño ó plátano hembrita. 

\.° M. enseíe, Bruce. Especie recientemente aclimatada en Córdoba: he visto un individuo 
de ella cultivado en San Ángel, con gran esmero é inteligencia, por el Sr. Rapontic; seguramente 
que es uno de los vegetales más hermosos, tanto por la elegancia de su porte, cuanto por la belleza 
de sus enormes hojas de cuatro y cinco metros de longitud, con su nervio mediano de un color vio- 
leta que resalta agradablemente sobre el fondo verde del limbo: aunque sus frutos no son comesti- 
bles, es una planta de ornato, muy interesante, y de la que se puede sacar algunas otras ventajas 
como diré más adelante. 

5.° M. textilis, Née. Se cultiva en Córdoba: según el distinguido botánico Sr. Hugo Finck, se 
le distingue con el nombre de plátano Manila. 

Además de estas especies, y de algunas variedades de ellas cultivadas en la República, tenemos 
la M. superba y la M. rillata que, según el citado Sr. Finck, se han introducido recientemente en 
Córdoba. 

Composición química. Según Mr. Roussingault (Journal dePharmacie, tomo XXIII, pág. 385), 
el fruto maduro de la Musa paradisiaca contiene los principios siguientes: azúcar, goma, ácido máli- 
co, idem gálico, ácido péclico, una materia vegeto-animal coagulable por el calor, fibra leñosa. 

La savia de la misma planta está compuesta de: tanino, ácido gálico, idem acético, sal marina, 
sales de cal, de potasa y de alúmina. 



V lo 

Propiedades y itsoe. Son tantos, tan variados ó importantes, los b oeficio que el hombre 

del plátano, que con razón se le ha llamado el rey de los vegetales. 

Como planta alimenticia ninguna liay que pueda comparársele, bajo el punto de vista de la 

tidad ilo producios que suministra. 

Tanto en el antiguo como en el nuevo mundo, en los continentes como en las islas, en todas las 
localidades cuya temperatura media anual es de 24" se cultiva el plátano, j es uno de los principa- 
les alimentos de los hombres que viven allí. Veamos cómo se expresa Humbolál al hablar de este in- 
teresante vegetal: «En los valles calientes y húmedos de la Intendencia de V'eracruz, ai pié de la 
cordillera de Orizava, el fruto del plátano hartón tiene algunas veces más de tres decímetros, j mu- 
chas de 20 á 22 centímetros de largo. En aquellas regiones fértiles, principalmente en los alrededo- 
res de Acapulco, de San Blas; y del Rio de Guatzacoalco, una támara ó racimo de plátanos contiena 
de 1(50 á 180 frutos, j pesa de 1)0 á 40 kilogramos. 

Dudo que en el globo haya otra planta, que en un pequeño espacio de terreno pneda producir 
una cantidad tan considerable de sustancia nutritiva!. Ocho ó nueve meses después de plantado el 
renuevo, empieza el plátano á desarrollar su racimo, y puede cosecharse el fruto á los diez ú once 
meses. Cuando se corta el tronco, entre los numerosos tallos que han brotado de la cepa, hay cons- 
tantemente un renuevo, que teniendo dos tercios de la altura de la planta madre á los tres meses da 
fruto. De esta manera un platanar se perpetúa, sin que el hombre tenga más trabajo pe el de cor- 
tar los troncos cuyo fruto ha madurado y cavar un poco la tierra alrededor de las raices una ó dos 
veces al año. Una superlicie de terreno de 100 metros cuadrados, puede contener por lo menos . ] • • 
treinta á cuarenta pies de plátanos; y en un año este terreno da más de dos mil kilogramos de sus- 
tancia nutritiva, no calculando cada racimo más que de 15 á 20 kilogramos. 

¡Qué diferencia entre este producto y el de las gramíneas de los parajes más fértiles. El trigo, 
suponiéndole sembrado según el método chino y calculando sobre la base de una cosecha décupla, 
en un terreno de 100 metros cuadrados, no produce más que 15 kilogramos de granos.» 

El mismo autor calcula que el producto de los plátanos es al del trigo, como 133 es á 1, \ ai de 
las papas como 44 es á 1, y que en una misma extensión de terreno se pueden producir 10G.OOO 
kilogramos de plátanos, mientras que. de papas no se obtendrían más que 2,400 k. y de trigo 800 k.: 
media héctara sembrada de plátano hartón, produce el alimento necesario en un año para 50 hom- 
bres, mientras que de trigo no bastaría para dos individuos. El plátano verde contiene una gran 
cantidad de fécula; los campesinos preparan una harina de plátano, á la que dan los mismos usos que 
á la del arroz y del maiz, corlando el fruto verde en rebanadas, secándolo al sol y pulverizándolo 
después. El fruto maduro secado al sol constituye lo que designamos con el nombre de plátano ¡in- 
sudo, cuyo sabor, como es sabido, es muy agradable: debería intentarse la exportación de los pláta- 
nos así preparados. Las yemas de esla planta se comen cocidas, y su gusto es exquisito. La médula. 
rica en fécula, también es comestible. Las flores infurtidas en vinagre son muy agradables. La can- 
tidad de azúcar que contienen los frutos es tan considerable, que podrían servir para la extracción 
industrial de esla sustancia, si la caña de azúcar no fuera tan abundante. La pulpa del fruto, princi- 
palmente del guineo, produce por fermentación un licor llamado vino de plátano, del que puede 
sacarse alcohol por medio de la destilación. Las vainas secas de las hojas se emplean á guisa de yesca. 

De la M. texülts sobre todo, pero también de otras especies, se extraen filamentos Quisimos: 
recuerdo haber visto en la exposición de Filadelüa algunos tejidos fabricados con ellos, que llamaron 
mi atención por su belleza. Seria do desear que nuestros campesinos se dedicaran á la extracción 
de estos filamentos: es de advertir que el plátano los produce de diversos gruesos, desde algunos 
que pueden emplearse en la fabricación de objetos de jarcia basta olios comparables con el algodón. 

En algunas localidades de la Sierra usan el jugo del plátano para teñir rebozos \ otros lienzos: 
el tinte es un negro hermoso y firme: el de la M. Fehei, produce con el cloruro de estaño un color 
violeta hermosísimo, que puede aprovecharse en la tintorería. Sabido es que las hojas se emplean 
para techar las cabanas y para otros usos económicos. 

La fécula extraída del plátano verde podría emplearse como sucedánea del arrowrool. El jugo 
es un buen astringente. 



20 

Al plátano guineo se le atribuyen propiedades pectorales y afrodisiacas: el vulgo lo usa en algu- 
nas afecciones de las vias urinarias. 
. El jugo de la M. msete, tiene reputación de diaforético. 

México, Enero 2 de 1878.— A. Herrera.— (Gaceta Médica de México, T. XIII, 1878.) 

DESCUBRIMIEMTO DE ÓXIDO DE ANTIMONIO EN EXTENSOS CRIADEROS, EN SONORA.— 
Hasta el presente, el antimonio del comercio se ha obtenido principalmente por la reducción del 
sulfuro; y aunque este mineral se halla abundantemente distribuido sobre la tierra, por lo regular es- 
tá asociado con cierta variedad de sustancias minerales que impiden su reducción y aumentan los 
gastos de la purificación del metal. Estos sulfuros se encuentran también en tan esparcidas cantida- 
des, que el metal comunmente supera tres ó cuatro veces el precio del plomo, teniendo el del esta- 
ño y el cobre. En la actualidad, la adquisición de los sulfuros de antimonio para los fundidores in- 
gleses, se obtiene de Algería, España y Ceilan. Cortas cantidades de óxido de antimonio se han 
encontrado en algunas partes de Europa y en Ceilan, pero que no merecen una atención especial; 
de manera, que cuando hace como un año que llamé la atención de los metalurgistas y fundidores 
ingleses acerca de la existencia de vastos terrenos de óxido de antimonio casi puro, en el distrito de 
Altar, Sonora, á treinta millas del golfo de California, esto pareció demasiado maravilloso para ser 
creído. Una compañía de Boston ha denunciado estas minas de antimonio, y el mineral estará muy 
pronto en manos de los fundidores. 

La formación geológica del lugar donde abunda éste, es semejante á la del Sur de Arizona. 
Las montañas están dispuestas en cortas y estrechas hileras dirigidas, la mayor parte, de Norte áSur. 
Las cimas son desiguales, ó en conos arredondados según la naturaleza de las rocas que forman su 
masa; entre estas hileras está lo que se llama la mesa, formada por los despojos de las montañas; el 
material es tan suelto y poroso, que la corta cantidad de agua que cae en el año, se resume y deja 
la tierra seca y árida. Por lo que he podido observar, la naturaleza de las rocas de esta cadena de 
montañas, consiste en granito primitivo rodeado por calizas subcarboniferas, en muchos lugares tan 
cristalina que borra toda huella de fósiles; levantándose á través de éstas y formando las cimas de las 
montañas, están el pórfido, cuarcitas, basaltos, dioritas y traquitas. 

Las rocas inmediatas á las minas de antimonio, son de cuarcita y caliza. Los criaderos tienen 
desde cuatro á veinte pies de anchura y las obras de exploración llegan á una profundidad de treinta 
pies, mostrando que las hendiduras están llenas de lado á lado de óxido de antimonio casi puro, y de 
un carácter notablemente uniforme. La dirección de los criaderos es casi de Norte á Sur; el echado 
está inclinado hacia el Oeste. La área en la cual se ha encontrado el mineral se puede calcular de cin- 
co á seis millas de largo, y media ó poco más de ancho. 

La compañía de Boston ha denunciado nueve minas, teniendo cada una, según las Ordenanzas 
Mexicanas de Minería, 800 metros (2624' 8") de largo y 200 id., (636' 2") de ancho. En tres de 
ellas el crestón, el cual es de óxido de antimonio sólido, se levanla abiertamente sobre la superficie 
genera], pudiendo trazarse á lo largo del criadero, por varios centenares de pies. Como se ha dicho 
arriba, el mineral, según lo han indicado las exploraciones, es casi de óxido puro de antimonio, 
siendo de silice las pocas impurezas que encierra. Los primeros ensayos demostraron que contiene 
de 60 á 70 p% de metal puro, estimando en SO el de todo el criadero, por término medio, el que 
por elección puede aumentarse. A mayor profundidad es posible que los óxidos sean sustituidos por 
los sulfuros, pero hasta ahora no hay señal ninguna.de cambio. 

Este descubrimiento está destinado á producir una marcada influencia en la producción del an- 
timonio metálico y á extender notablemente su empleo. 

El Profesor S. P. Sharples, de Boston, después de un examen de muchas muestras de óxido de 
antimonio que recibió de mi, ha establecido lo siguiente: El mineral varia de color desde el blanco al 
moreno oscuro. La gravedad específica de las más puras es de 5.07, conteniendo o por ciento de agua 
y 75 por ciento de antimonio. Esta composición y la gravedad específica, lo aproxima á la estibkonita. 

El mineral es muy poco soluble en el ácido hidroclórico ó nítrico ó en el agua regia. Se funde 



21 

solo parcialmente con el bisulfato de sosa. Sin embargo, pronta j Fácilmente te descompone en un 
crisol de platina con el carbonato de sosa. 

El óxido de antimonio hasta ahora solo se había encontrado formando ana ligera costra entre 

otros minerales de antimonio, habiendo sido difícil conseguir ejemplares del peso de algunos grano . 

El mineral se reduce con dificultad al soplete, pero con facilidad en un crisol con polvo de 
hon vegetal ó cianuro de potasio, dando un botón de antimonio metálico. E. T. Cox. (The Ameri- 
can Journal of Science, &., Vol. XX, 1880.) 

LAS BACTERIAS Y LAS FERMENTACIONES.— Las Bacterias son los más pequeños de todos los 

seres vivos; más que por sus propiedades fisiológicas, por su facultad de multiplicarse, por decirlo 
asi, al infinito en ciertas condiciones dadas; gozan un gran papel en la economía de la natural 
pueden aún ejercer sobre el hombre una acción fatal. Desde algunos años han sido el objeto de nu- 
merosas investigaciones. Resumiremos en algunas líneas, loque se sabe de más cierto acerca de ellas, 
ayudándonos sobre todo de los preciosos trabajos de Pastear y Cohn, de quienes tomaremos casi tex- 
tualmente los detalles siguientes. 

listos pequeños organismos son los más esparcidos de todos los seres; se encuentran donde quie- 
ra, en el aire como en el agua. Se detienen á la superficie de todos los cuerpos sólidos, pero no se 
desarrollan en masa sino cuando la materia organizada se descompone y se corrompe, es decir, cuan- 
do es el sitio de la fermentación j putrefacción. Si se pone en el agua una partícula de materia or- 
gánica, cualquiera que sea, el agua pierde su trasparencia al cabo de un tiempo más ó menos largo y 
se vuelve lechosa, debido á la multiplicación de Bacterias en inmenso número. Al mismo tiempo la 
putrefacción se propaga dando nacimiento á un desarrollo de diversas combinaciones químicas: la ma- 
yor parte afectando desagradablemente el olfato. 

Cohn ha calculado que una Bacteria puede engendrar en veinticuatro horas á diez y seis millo- 
nes y medio de Bacterias, y que al cabo de una semana su descendencia estaría representada por un 
número de cincuenta y una cifras. 

Al cabo de algún tiempo el enturbamiento del liquido disminuye; el agua se pone clara é ino- 
dora: la materia organizada ha sido devorada por las Bacterias. Éstas cesan de multiplicarse, perma- 
necen inmóviles y se acumulan en el fondo del depósito en donde forman un precipitado blanquizco. 

¿Qué relaciones existen entre las Bacterias y la putrefacción, ó en otros términos, cómo es que 
estos pequeños seres se desarrollan siempre en las sustancias que entran en putrefacción? En un 
cuerpo vivo .cualquiera los elementos químicos están reunidos en combinaciones particulares á las 
cuales se les ha dado el nombre de combinaciones orgánicas. Cuando la muerte llega, el lazo que 
reúne estos elementos entre si, se rompe formándose compuestos más simples. Al mismo tiempo el 
oxigeno del aire que posee una viva afinidad para ciertas materias del cuerpo, trata de combinarse 
con ellas; se producen asi descomposiciones y nuevas combinaciones que tienen por efecto destruir 
completamente la forma y la composición del cuerpo; es lo que se llama la putrefacción, que consis- 
te, por consecuencia, en una sucesión de fenómenos químicos; pero estos fenómenos químicos no 
son únicamente una consecuencia de la muerte, porque un animal ó un vegetal muerto no se cor- 
rompe si se le coloca en ciertas condiciones que impidan la llegada de las Bacterias. Resulta, en 
efecto, de los trabajos de Spallangi, del conde Appert, y sobre todo de los de Pasteur. que la pre- 
sencia de las Bacterias no es solamente concomitante de la putrefacción, sino tpae es causa de ella. 
La putrefacción es, pues, un compuesto de fenómenos químicos correlativos de acciones fisiológicas 
de naturaleza particular. A las Bacterias de la putrefacción les llama Pasteur. aerobias, porque res- 
piran el oxigeno libre por oposición á las Bacterias de las verdaderas fermentaciones que no respiran 
en lo general sino el oxigeno combinado contenido en otras sustancias que reducen, anaerobias. 
Las fermentaciones propiamente dichas, son también debidas á Bacterias especiales, que obran pro- 
vocando descomposiciones reductrices, que no consisten sino en un simple desdoblamiento sin oxi- 
dación. Tal es, por ejemplo, la fermentación alcohólica que consiste en la descomposición de la azú- 
car de uva en alcohol y ácido carbónico y en una corta cantidad de ácido succinico y glicerina. En fin. 
las enfermedades epidémicas, el cólera, la peste, el tifo, la podredumbre de hospital, son producidas 



22 

también por Bacterias. La enfermedad no se declara jamás espontáneamente, sino que siempre es 
llevada de un lugar donde reinaba anteriormente. Cuando el contagio se produce se pasan horas y 
aun dias, antes de que los signos característicos aparezcan exteriormente; al cabo del liempo necesa- 
rio á la incubación, la enfermedad hace irrupción causando turbaciones profundas en la regularidad 
de la actividad vital de todos los órganos, desde el cerebro basta el aparato digestivo; el enfermo su- 
fre como si estuviese bajo la influencia de un veneno que se hubiese infiltrado en la sangre, siendo 
él mismo como una fuente de envenenamiento, porque espaire ásu turno el veneno por su respira- 
ción, por su sudor, por sus evacuaciones j aun por su ropa. En la podredumbre de hospital, las pi- 
caduras anatómicas, el más ligero vestigio que queda en el cuchillo del cirujano ó en el escalpelo del 
anatomista, basta para envenenar toda herida abierta. En fin, á las Bacterias son debidos los fenó- 
menos tan curiosos de la septicemia asi como la enfermedad del carbón, según lo han prohado los 
trabajos recientes de Pasteur. 

La clasificación de las Bacterias es una de las cuestiones más oscuras y más embrolladas; los 
autores que se han ocupado de ellas en los últimos treinta años, han admitido sin examen les te- 
neros de Ehremberg y de Dujardin, ó bien han designado las formas que han observado por térmi- 
nos algunos puramente arbitrarios. El mismo autor, por ejemplo, habla ya de vegetales criptóga- 
mos microscópicos, ya de animáculos, bongos ó infusorios. Colín, que ha estudiado largos años las 
Bacterias, y que ha procurado reconocerlas en medio de la confusión casi inextricable que reina en la 
sinonimia de estos pequeños seres, los considera como Algas. Su parentesco con las Ficocromáceas 
es tan estrecho que no es posible el separarlas de ellas \ formar una familia aparte. (Claus, Tniiii- 
de Zoologu'. N. C.) 



MISOJEL^J^TEA.. 



UTILIDAD PRACTICA DE LA AUTOGBAFÍA, ESPECIALMENTE PAKA LAS PUBLICACIONES 
DE HISTORIA NATURAL. — La autografía es un procedimiento tiempo há conocido, por el cual los 
manuscritos ó dibujos se hacen sobre papel común con una tinta particular pasándolos después á la 
piedra Ideográfica para su impresión. Este sencillo y económico método ha tenido un uso muy limi- 
tado. Casi solamente ha servido para la reproducción de manuscritos originales, geroglificos ú otras 
figuras sencillas para las cuales no se usan tipos. En Noruega se introdujo en 1873, por el Dr. Liebleni, 
quien ilustró su obra sobre el Egipto, con algunas páginas de inscripciones geroglificas reproduci- 
das en autografia. Esto me sugirió la idea que el mismo procedimiento podría servir para la repre- 
sentación de objetos de zoología, removiendo asi uno de los grandes obstáculos que han impedido el 
amplio desarrollo de esta ciencia, á causa de los gastos dispendiosos que exigen las láminas. Siendo 
numerosas las objeciones que se hacían á la autografia, emprendí algunos experimentos con el lin 
de desvanecerlas, y tuve la fortuna de encontrar un método sencillo y de un uso práctico extensivo, 
que comunico con gusto al mundo sabio, creyendo asi prestar un servicio á la ciencia. Debo decla- 
rar antes, que su éxito lo debo en parte al Sr. Fehr, quien me ha ayudado en todos mis trabajos. 

Hé aquí el procedimiento en lodos sus detalles: El dibujo se hace en papel común no muy grue- 
so (como el común de cartas), el cual se cubre en una de sus caras (por donde se dibuja), por medio 
de una esponja, con una capa delgada de almidón. Como no es conveniente, para las sombras, que el 
papel sea enteramente liso, se granula la tez comprimiéndolo en una piedra biográfica de superficie 
más ó menos unida, según el carácter del dibujo. Se extiende en seguida el papel en un restirado! 
ó en una hoja de Cartón y se dibuja con un lápiz de litografía. Yo empleo cierta clase de lápices qne 
contienen copal, lápiz-copal, que son menos quebradizos que los comunes, teniendo además otras 
ventajas. Se les puede conseguir en pequeñas cajas, en la casa de Lemercier, calle del Sena, San 
Geiman, 57. París. 



23 

El papel se corta al tamaño del dibujo y las figuras se disponen en el orden en que han de apa- 
recer en la impresión. La ejecución es demasiado sencilla, y cualquier dibujante puede adquirir fá- 
cilmente la práctica necesaria para esle trabajo, El método es el mismo que el común con lápiz-plo- 
mo, ó más bien lápiz de dibujo. Se delinearán, sin embargo, las figuras primeramente, en papel 
común para trasladarlas después al papel preparado del modo usual, por medio de papel trasparente 

y papel plumbago, papel azul, ó mejor, papel rojo, usando un lápiz-plomo que no ¡ado -na- 

ve. Los pormenores de las figuras, las sombras, y eu general los detalles más finos se ejecutan en 
el papel preparado después de haber pasado en él los perfiles. Fácilmente se puede corregir el di- 
bujo raspando con un escalpelo fino, cuidando solo de no destruirla capa de almidón. Tengo en mi 
poder multitud de dibujos asi corregidos, sin el más ligero inconveniente para la impresión. Cuando 
la lámina se haya terminado á entera satisfacción, se traslada á la piedra litográflea del modo que 
sigue: el reverso del papel se humedece con agua ligeramente acidulada con árido nítrico, y después 
de colocarlo por algún tiempo entre papel húmedo y suave de impresión, se aplica la lámina en la 
piedra por el frente, y se pasa por un momento en la prensa. Para asegurar el resultado, se restrege 
el dorso del papel ligeramente con el dedo; si se retira entonces el papel, el dibujo y la delgada capa 
de almidón permanecen en la piedra con las figuras invertidas. Después de esto se trata la piedra de 
la manera ordinaria para hacer la impresión. La traslación del dibujo á la piedra es sencillo, pero 
requiere práctica y gran cuidado, siendo preferible dejar esta operación á cargo de un litógrafo. 

Podría decirse que se aumentaba excesivamente el trabajo del zoologista teniendo que ejecutar 
él mismo sus láminas, lo que en realidad no es exacto, pues en lodo caso es preciso que de uno ú 
otro modo, él haga sus dibujos para que el litógrafo ó el grabador los copie; la sola diferencia con- 
siste realmente en que él mismo tiene que arreglar sus figuras en la lámina: este corto aumento de 
trabajo se compensa ampliamente por las siguientes ventajas: 

1. Baratura, Los gastos de una lámina semejante se reducen simplemente al costo del papel 
y á la impresión, siendo mucho menos que el de una página de impresión común. Asi, cualquier zoo- 
logista puede ilustrar suficientemente sus obras sin tropezar con el obstáculo de mayores gastos que 
con frecuencia son la causa de que la ilustración de tales obras sea imposible. 

2. Exactitud. Evita los errores que son tan comunes al sacar las copias. 

3. Pronta ejecución. Tanto el autor como el editor quedan independientes de la más ó menos 
expedición del grabador. Tengo ejemplos de haberse retardado por años, á causa de esto, importan- 
tes investigaciones, con perjuicio del autor y de sus- obras, y nada puede ser tan desagradable como 
esta ocurrencia. El método autográlico lo evita del todo, pues las láminas una vez dibujadas, la edi- 
ción puede hacerse en pocos dias. 

A las grandes y obvias ventajas que se han mencionado, se objetará que solo los zoologistas que 
conocen el dibujo pueden aprovecharlas, á lo que puede contestarse que este conocimiento les es de 
todo punto necesario. En muchos casos, especialmente en las investigaciones microscópicas, solo un 
momentáneo relámpago, por decirlo asi, ilumina ciertas cuestiones de importancia, y se comprende- 
rá desde luego que solo el dibujante, que sea zoologista, podrá representar loque ve con toda exac- 
titud. Algunos zoologistas modernos hacen sus dibujos directamente en la piedra: tales láminas tie- 
nen sin duda el valor de una autografia; pero se requiere para ello una práctica constante y un estudio 
especial de la litografía, lo cual no les es dable sino á muy pocos, siendo inconcusamente mucho más 
expedito el método que se propone. G. 0. Sars. (American Journal of Science and Arts. Yol. XIV. 
Oct. de 1877.) 

LA CELULOIDE. — Es una materia complexa de base de celulosa descubierta en ISfiO por un 
americano, el Sr. Hyatt. Una compañía americana establecida en Newark, New Jersey, la puso en 
explotación en 1871. En Paris se ha establecido últimamente una fábrica. 

El procedimiento de fabricación consiste en hacer caer sobre una hoja de papel (de un tejido 
lino como el de cigarros) que se desenrolla de una manera continua, un chorro de un liquido com- 
puesto de agua con el lo p% de ácido sulfúrico, y !2 p\; de ácido nítrico. El producto se somete á 
la prensa y se lava en seguida para privarlo de todo el ácido que pueda contener. La pasta, = na \ez 



que se lia secado al aire libre, se pasa por un molino, y se mezcla después con alcanfor. Se vuelve 
á repasar el lodo en el molino, se comprime fuertemente en una prensa hidráulica, entre papel de 
estraza; se seca aún, se corta, se muele, se lamina y se comprime todavía en aparatos especiales con- 
venientemente calentados. En la masa se puede incorporar cualquiera materia colorante, hacerla tan 
dura como el marfil, y siendo bastante elástica, se le puede dar con el molde toda clase de formas. 
La celuloide es fusible á 12o°; se puede soldar consigo misma, se adhiere á la madera, al mármol \ 
á la piedra. Se inflama difícilmente y arde con una llama fuliginosa esparciendo un olor de alcanfor. 
Es insoluble en el agua, pero se disuelve en el ácido sulfúrico. (Journal de Pharmacie et de Chinde, 
5." serie, t. II, 1880, Paris.) 

EL HUMO DEL TABACO.— Según los Sres. G. Le Bon y G. Noel, contiene: 1.» Ácido prúsico: 
2.°, un alcaloide de un olor agradable, pero peligroso á la respiración, y tan tóxico como la nicotina, 
pues mala á los animales á la dosis de un veinteavo de gota; 3.°, principios aromáticos que contri- 
buyen con el alcaloide anterior á dar al humo del tabaco su perfume. 

El alcaloide, según parece, es idéntico á la coUidiua. cuya existencia se ha señalado ya en los 
producios de la destilación de ciertas sustancias, pero cuyas propiedades tóxicas, se ignoraban com- 
pletamente. (El mismo periódico.) 

NUEVOS PROCEDIMIENTOS PARA LA CONSERVACIÓN DE LOS ANIMALES INFERIORES.— 

Las Medusas, los Tenóforos, las Noctilucas y la mayor parte de eslos seres inferiores, trasparentes 
como el cristal, que viven en la'superíicie del mar, y que la pesca con la red los proporciona en abun- 
dancia, se conservan perfectamente de los dos modos que vamos á exponer, evitándose asi la acción 
destructiva del alcohol. Uno de ellos consiste en el empleo del ácido ósmico en solución débil y el 
otro en el uso del ácido pinico. 

El primero se emplea diariamente en histología, especialmente para el estudio de las termina- 
ciones nerviosas, desde que Max Schultze, ha dado á conocer, por sus interesantes investigaciones 
sobre la estructura de la retina, todas las ventajas que presenta el empleo de este reactivo. No sola- 
mente el ácido ósmico endurece los tejidos y los órganos más delicados, de modo que pueden hacer- 
se con ellos corles muy delgados, sino que posee además la preciosa propiedad decolorar, primero, 
en moreno y después en negro las materias grasas en general y más particularmente la mielina. 
Tifie de moreno las celdillas epiteliales y los elementos musculares; pone muy trasparente la estruc- 
tura íibrílar del cilindro-eje y hace que las fibrillas nerviosas se presenten aisladas. 

Hé aquí cómo se procede. Se deja obrar el ácido ósmico en solución muy débil \% á ^ \)% 
de agua, durante un tiempo que puede variar según la naturaleza de estos pequeños objetos: quince 
á veinticinco minutos. Trascurrido aquel se ve que los animales se tifien muy ligeramente de more- 
no: las celdillas de la endodermis y los órganos formados á expensas de la hojilla endodérmica son 
los únicos que toman color, los demás tejidos conservan su trasparencia primitiva. Debido á esta co- 
loración de las celdillas endodérmicas, los canales gastro-vasculares se dibujan admirablemente, y 
loscirros se ven más distintamente que en la pequeña Medusa viva. Al mismo tiempo lodos los tejidos 
se endurecen y se pueden entonces retirar de la solución acida los objetos que se han sometido á su 
acción, lavarlos cuidadosamente y por varias veces, colocándolos en seguida en alcohol fuerte sin 
lemor de que pierdan ya en lo sucesivo, ni sus elegantes formas ni la trasparencia de sus tejidos. Se 
puede aún después de algunas semanas y probablemente después de varios meses, estudiar la or- 
ganización y la estructura de eslos seres tan delicados como si estuviesen vivos. 

El otro método que he empleado con éxito, consiste en el uso del ácido .picrico en solución 
acuosa concentrada. Durante seis semanas he conservado en este líquido pequeñas Medusas y Noc- 
tilucas, sin perder la claridad de sus formas y los caracteres todos de sus tejidos, notándose solo 
una ligera opacidad en ellos. Ed. Van Beneden (Bull. de l'Acad. Roy. des Se. &c. de Belgique. T. 

XXXII. 1871.) 

Por la Comisión de publicaciones, 

Manuel M. Tillada. 



REVISTA. CIENTÍFICA 

DE MÉXICO Y EL EXTRANJERO. 

DÉLA INELUENGJA DEL AISLAMIENTO EN LA FOBMAGlOIi DE LAS ESPECIES, ron ki. 
Dr. Weismann, I'udi'ksiiu DK Zoología k.\ Fbibouhg, analizada ron Luis Qoaedvmeg. — Cuando 
Darwin y Wallace expusieron su leoria de la selección natural, el campo de estos estadios estaba 
muy lejos de ser agotado^ iodo lo contrario, apenas comenzaban las investigaciones. 

No [Hiede haber otro tamo de las ciencias naturales que, al lado de iin interés tan grande, pré- 
senle lanías dificultades como la filosofía natural. Extensos y profundos conocimientos, un fnieáo 
recto para profundizar los hechos, un talento lógico, prudente, sin predisposiciones, que do se deje 
influenciar por nada, tales son las cualidades que debe tener el que se entregue á estos estudios: ;.y 
cuántos pueden vanagloriarse de tenerlas'; De la misma manera que algunos exageran los caracteres 
por el deseo de ver figurar su nombre con el descubrimiento de una nueva i specie, asi también la 
esperanza de fundar un sistema nuevo puede extraviar á eminentes naturalista.». 

Tal es la moralidad que podemos deducir de la primera parte de la obra del Dr. Weismann con- 
sagrada á la refutación de la « Theorie des Migralions, » del Dr. Wagner. 

El Dr. Morilz Wagner, que ha adquirido mi gran renombre por sus viajes Científicos, tuvo la 
torpeza de exagerar la potencia del aislamiento en la formación de las especies. Basándose sobre un 
conjunto de hechos mal establecidos ó mal interpretados, ha hecho de un factor secundario, muy 
sujeto á la variedad, un agente de primer orden, superior á la selección natural. 

No seguiremos al Dr. Weismann en los detalles de la refutación de isla leoria, que no parece 
haber hecho, fuera de Alemania, el ruido que era de esperarse. No nos detendremos en analizar los 
argumentos que en pro ó en contra se han sacado de los fósiles de Steinheim. liaremos, igualmente, 
á un lado las pruebas tomadas del fenómeno bien conocido del polimorfismo sexual; pero nos turna- 
remos la libertad de llamar la atención de nuestros colegas sobre una serie de hechos observados por 
el autor sobre el dimorfismo independiente del sexo. 

Enlre los lepidópteros, dice, un gran número de especies tienen orugas de dos ó muchas for- 
mas que difieren entre si por el color, y con frecuencia también por sus dibujos. Todo lepidopteris- 
ta conoce las formas negra, morena y verde de la oruga del Chceroeampa Elpenor; las tres se en- 
cuentran con frecuencia en la misma localidad y no tienen ninguna relación con el sexo. Sucede lo 
mismo con las orugas de la esfinge del Laurel-rosa, Chwrocampa Nerii, y conozco también tres for- 
mas de la oruga del Sphinx convolmli, la negra, la morena y la verde, y he recogido las tres en el 
mismo lugar; en fin, los dibujos de Hiibner nos dan á conocer dos formas de las orugas del Smerin- 
lluis liüce y de la Maeroijlossa slellatarum. 

Entre las mariposas diurnas se encuentran también dos formas de orugas; aunque las diferen- 
cias sean menos marcadas que en los casos precedentes. Rusel habla descrito ya, y yo mismo lie ob- 
servado, dos especies de orugas de la Yanessa prorsa, y se ha establecido que su diferencia no tiene 
ninguna relación con el sexo. 

La Yanessa uvticw liene una oruga de color oscuro negruzco y olía de color oscuro amarillento. 
La Yanessa Atalanta posee cuatro especies de orugas: la primera verde, la segunda de un rojo mu- 
reno, la tercera de color de carne y la cuarta completamente negra. 

En muchas especies he observado dos clases de ninfas: asi, en la Yanessa urUcm una turma es 
de un tinte gris moreno sin ninguna mancha dorada, ó con una mancha en el primer tubérculo ab- 
dominal del lado del vientre; la otra es de un moreno amarillento; pero está adornada de brillante.» 
reflejos dorados sobre toda la parte superior de la cabeza, del tórax y de los segmentos. 

La Yanessa lo liene una crisálida verde y otra morena: la Yanessa prorsa, cardai j atalanta 
presentan también dos formas, y en las diurnas de ninfa suspendida seria fácil multiplicar los ejem- 
plos, mientras que no conozco un solo caso de dimorfismo en las ninfas ocultas de las mariposas noc- 
turnas: lo que demuestra hasta la evidencia que no se trata de caeos accidenlales e insignificantes. 

4 



26 

Este dimorfismo de las ninfas no sé que haya sido observado por alguien; sin embargo, merece 
un estudio más profundo. Como el dimorfismo de las orugas no tiene ninguna relación con el sexo, 
y como tampoco depende del color ó del dibujo del insecto perfecto, demuestra aún, en la Vanessa 
urticce, una grande fijeza de tipo.» 

Como el Dr. Weismann ¿veremos estos hechos como muy dignos de llamar la atención de los 
observadores? ¿Será necesario ver en estas diversas formas de orugas ó de ninfas un dimorfismo 
particular? Y si en efecto es esto un caso de dimorfismo, ¿cuál ha podido ser su origen? Por nuestra 
parte no nos pondremos á dilucidar la cuestión; sobre todo, en lo que se refiere á las ninfas. Recor- 
daremos solamente, á propósito de las ninfas doradas de la Vanessa urlicw, la opinión emitida por 
Wallace: las investigaciones de Jenner Weir han probado que las crisálidas de las orugas de la Va- 
nessa urticce é lo, son de mal gusto para las aves insectívoras. De aquí infiere Wallace que el brillo 
metálico de la ninfa tiene la ventaja de que la ave la reconoce más fácilmente y está menos tentada 
á picotearla. 

Todavía hay en esta refutación muchas cosas importantes, sobre todo para los lepidapteristas: ta- 
les son las reflexiones relativas á las especies sustituti vas de la Vanessa Cardui, ó la diferencia de nu- 
trición de las especies de un mismo género, etc. Mas es necesario pasar á la segunda parte de la obra 
en la cual el Dr. Weismann desarrolla sus ideas sobre la influencia del aislamiento. 

El aislamiento obra de dos maneras: primero, impide el cruzamiento entre los individuos aisla- 
dos y los del territorio primitivo, ó empleando la denominación del Dr. Weismann, obra por amixia, 
y después puede tener por consecuencia el cambio de condiciones de vida para las especies aisladas. 

Basándose sobre datos sacados de los fósiles de Steinheim establece un principio el Dr. Weismann: 
que cada especie permanece variable durante un tiempo más ó menos largo; pero que el cruzamien- 
to entre las diversas variaciones acaba por determinar una forma fija, constante, y el período de 
constancia es casi siempre de mucha más larga duración que el periodo de variabilidad. Nosotros 
debemos confesar que la demostración de este principio no nos ha parecido bastante completa. El 
Sr. Weismann se funda en un solo orden de hechos, y no se ocupa en explicarnos las razones de 
ser del período de variabilidad; y atribuye la determinación de la forma constante á leyes que aún 
son mal conocidas. Un teorema como éste, que debe servir de base para la demostración de otros 
muchos, creo que debe ser explicado con argumentos sólidos y hechos numerosos. 

Pero sigamos al autor en sus razonamientos. Si la forma constante es el resultado del cruza- 
miento entre las variaciones, es muy probable que si el cruzamiento no puede efectuarse sino entre 
algunas formas de la especie variable, la forma constante que resulte no sea idéntica á la que pro- 
duce el cruzamiento entre todas las variaciones de esta misma especie. Si un mayor ó menor nú- 
mero de individuos de una misma especie se encuentran aislados de los demás en su periodo de va- 
riación, es de suponer que ninguna causa externa (como un cambio en las condiciones de vida) 
viene á obrar sobre los individuos aislados; es evidente que la forma constante producida sobreesté 
territorio aislado, no es la misma que la que produciría el cruzamiento entre todos los individuos 
que ocupan la habitación primitiva de la especie. Pero nótese que si la separación tiene lugar du- 
rante el período de constancia, no produciría ninguna diferencia en la forma de la especie, admi- 
tiendo que las condiciones de vida, en el territorio aislado, son las mismas que las del territorio pri- 
mitivo. Además de una demostración teórica, el Sr. Weismann da, sobre este mismo punto, pruebas 
convincentes sacadas de la observación: la conformidad del tipo de ciertos animales de agua dulce, 
aunque el aislamiento de sus estaciones sea evidentemente completa; la identidad del tipo de la Lu- 
carna Donzelii con la Phereles, de la Argynnis Pales con la Erebia Manto en sus estaciones polares y 
alpinas. Por otra parle, el autor ve en las variedades propias á la Cerdeña y á la Córcega los resul- 
tados de la amixia. De otra manera no se explica que la Vanessa urticce se haya cambiado allí en 
V. ichnnsa, y la Pieris tagis típica, en una variedad insular is, mientras que la Vanessa polychlo- 
ros y la Pieris daplidice, especies muy vecinas no tienen variedad. Es necesario observar que la amixia 
no puede hacer variar más que los caracteres que no constituyen la especie, los caracteres pura- 
mente morfológicos. Si resulta alguna variación ventajosa para la especie, la selección natural se 
apodera luego de ella y forma un carácter predominante, el cual no tarda en hacerse constante ha- 



27 

ciendo á un lado todas las formas que no lo constituyen. ¿Pero ha J caracteres especifico.-, puramente 
morfológicos? ¿No son todos productos de la selección? Hemos dicho que el origen de estos caracte- 
res puramente morfológicos queda muj oscuro en el trabajo del Sr. Weismann. Sin embargo, la 
existencia de tales caracteres es al menos muj probable por las pruebas que acumula j de las cuates 
no podemos hacer más que una corta reseña. Se basa «sobre hechos tomado! del grupo de animales 
que S6 presta más para eslas demoslraciones y que présenla mejores i-jcniplos déla infloen -ia del 
aislamiento; es el grupo de los Lepidópteros diurnos.» Observa, ó hace ver, que la cara inferior de 
las alas presenta los colores protectores de las mariposas diurnas. Si se ñola en ciertos casos una 
adaptación del color de los dibujos de la parte inferior de las alas, esto pasa solamente, siempre qui- 
la mariposa, en oposición á la mayor parte de los Ropalóceros, tenga sus alas extendidas, al menos 
en ciertos casos, cuando eslá posada ó cuando hay la ventaja de que la mariposa sea confundida al 
volar con otras especies suficientemente protegidas contra sus enemigos (mímica). Ciertamente mu- 
chas hembras presentan, en los colores inferiores de las alas, particularidades del dibujo ó de tinte, 
particularidades que no constituyen caracteres puramente morfológicos, en el sentido de que si no 
son el resultado de la selección natural, si son el producto de la selección sexual. Pero el Dr. Weis- 
mann no tiene embarazo en demostrar, que las diferencias debidas á la selección sexual no difieren, 
bajo el punto de vista en que las coloca, de los caracteres puramente morfológicos. En efecto, es 
claro que los caracteres lomados de la selección sexual no son de ninguna utilidad para la conser- 
vación de la especie, y no le dan ninguna superioridad sobre las otras especies. Cuando el carácter 
en cuestión es propio ó comuna todos los individuos de un sexo, su utilidad se hace nula. De lodo 
esto el autor sacaesla conclusión: «el tinte y el dibujo de la superficie superior de las alas de las 
mariposas diurnas deben considerarse como caradores puramente morfológicos de la especie, salvo 
el caso de la mímica ó de un tinte generalmente protector.» Tales son los elementos constitutivos 
de las diferencias entre las especies producidas por el aislamiento; y basándose sobreestá conclusión 
el Sr. Weismann, hace ver que la amixia ha causado la formación de las razas propias á ciertas islas, 
ó á las cimas de muchas montañas lejanas, ó á las alturas de los Alpes y á las tierras polares. 

El autor examina luego las causas que, como la amixia, producen caracteres puramente morfo- 
lógicos: eslas causas son, como se sabe, la acción directa de las condiciones físicas de la vida, la cor- 
relación del crecimiento y la selección sexual. Demuestra que de las formas que lia citado como ori- 
ginadas por la amixia, ninguna ha podido producirse por ninguno de estos agentes. A propósito del 
último (la selección sexual), el Dr. Weismann procura explicar, por la amixia, las formas locales di- 
morfas de ciertas mariposas diurnas: tal es hPararga Xiphia que représenla en Madesa la P. Mea- 
rte de la Europa meridional, pero que difieren en que la P. Meonv es monómorfa, mientras que la 
P. Xiphia es dimorfa; en otros casos las formas locales no perlenecen más que á un solo sexo: así, 
la variedad Zevmatlenm del Polijommulns virgaca no aféela más que el sexo hembra. La variedad 
Syntjrapha de los Pirineos no aféela más que la forma hembra de la Lyccena Coridon. El Dr. Weis- 
mann explica tóelo eslo diciendo que los dos sexos de una misma especie no tienen al mismo tiempo 
su período de variabilidad y su periodo de constancia. Al menos admite que ciertas variedades lo- 
cales de un mismo sexo no pueden explicarse convenientemente por la amixia: tales son la variedad 
macho Cleopulra de la Rhodocera rlimiuii, \ las formas locales hembras del Pupilio Inrnus. En este 
último caso el autor ve una combinación de las influenciasde aislamiento j de la selección sexual. 

Pero el aislamiento obra también por el cambio de las condiciones de vida. Toda especie tras- 
portada á un territorio aislado, nuevo para ella, está, al menos, para cierto tiempo; sometida á nue- 
vas condiciones de vida, puesto que le falla por completo la concurrencia con los individuos de la 
misma especie. Pero la rapidez con que se multiplican las especies introducidas, no permite suponer 
que esta circunstancia ejerza una influencia marcada sobre los caracteres específicos. Ahora bien: 
¿es esla la sola modificación á las condiciones de vida inherente á la inmigración en un nuevo ser? 
Se sigue de aquí que el aislamiento no produce forzosamente un cambio en los caracteres de la es- 
pecie, y el cambio de las condiciones de vida puede no tener ninguna influencia. 

Hay casos en que el aislamiento tiene lugar solamente para una especie, otras en que la may- 
ria del reino y aun el mundo organizado, se encuentran aislados. En el primer caso las condiciones de 



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vida permanecerán las mismas en las diversas estaciones de la especie; pero si el aislamiento se ex- 
tiende á la mayor parte de los habitantes, los nuevos colonos estarán casi siempre sometidos á nue- 
vas condiciones de vida. 

Como los cambios en las condiciones físicas de la vida son independientes del aislamiento, el 
autor no se detiene en esto; no se ocupa más que de los cambios que provienen de las diferencias en 
la concurrencia vital. 

Sobre un territorio aislado se encuentran, ya especies que vienen de diversos rumbos, ó ya los 
colonos que vienen de un solo rumbo; pero muchas veces no han podido pasar del territorio primi- 
tivo al nuevo. En los dos casos la concurrencia vital no podrá producir los mismos resultados que 
sobre el territorio primitivo en la trasformacion de la especie. En ese caso el aislamiento dará á la 
selección natural modos de acción nuevos; pero una vez que la selección natural comience á obrar, 
¿el aislamiento favorece la marcha de la trasformacion? Darwin y Hseckel así lo creen; pero el Dr. 
Weismann es de contraria opinión, ó más bien cree que la importancia del aislamiento ha sido exa- 
gerado. Nos falta espacio para asentar la demostración ingeniosa que da el autor de su opinión; tam- 
poco podemos asentar la extensión que es necesario dar al sentido de la palabra aislamiento. 

En una digresión, el Dr. Weismann declara no estar de acuerdo con Darwin cuando éste dice 
que para que un carácter pueda ser dominante por la selección, es necesario que se encuentre en un 
gran número de individuos. «Se puede admitir esta condición cuando se trate de diferencias indivi- 
duales; pero es necesario pensar que frecuentemente se producen divergencias de un grado más 
elevado, y esto comunmente en un individuo sobre muchos millones;» y el Sr. Weisman cree que 
estas «aberraciones» ó «variedades accidentales.» como las llaman los sistemáticos, pueden llegar á 
ser formas predominantes, y encuentra una prueba de lo que dice, en la formación de dos razas 
hembras del Papi.Uo turnus. Yo creo que no hay necesidad de señalar la importancia de esta ex- 
tensión que el autor atribuye á la potencia de la selección. El ejemplo escogido y la demostración á 
que sirve de base, son por otra parte de los más convincentes. 

El Dr. Weismann es de opinión, que para la mayor parte de las formas locales, la amixia es la 
causa primera de su formación, puesto que los caracteres son puramente morfológicos. Un caso lo 
tenemos en las formas representativas americanas de la Vanessa cardui. No podemos dejar de ver 
como muy atrevidas las conclusiones basadas sobre la naturaleza de los caracteres. Es difícil, en el 
estado actual de nuestros ce.iocimienlos, saber á punto fijo si tal carácter es ó no útil á la conserva- 
ción de la especie. 

En fin, el Sr. Weismann demuestra que cualesquiera que sean las causas del origen de una for- 
ma nacida sobre un territorio aislado, esta forma conservará casi siempre un carácter endémico. 
«De que la especie típica haya podido llegar al territorio aislado, no se sigue que la nueva especie 
formada ahí pueda volver fálcilmente á la madre patria; pues loque constituye hoy un territorio in- 
sular puede haber estado antes en continuidad con un territorio de una grande extensión. Pero si 
no tenemos en cuenta más que tierras aisladas desde su origen, por ejemplo, muchas islas del Pací- 
fico, es evidente que aunque la especie tipo haya podido penetrar fácilmente, la forma nueva, para 
entrar en la madre patria muy poblada por el tipo, tendrá que sostener una viva concurrencia vital 
contra la especie típica, y es muy raro que le aventaje. » En la Cerdeña y la Córcega el carácter en- 
démico de las faunas insulares en general son hechos en favor de las conclusiones del autor. 

Señalamos este pasaje á los naturalistas que se ocupan de la distribución geográfica de los orga- 
nismos. Cuántas divisiones faunisticas que hasta hoy no se han podido explicar, se comprenderán fá- 
cilmente cuando se admita el carácter endémico de las especies formadas en territorios aislados. En 
nuestros días no se dice más que la superficie del globo ha sufrido modificaciones. M. A. Murray 
explica las relaciones de las faunas sirviéndose de la hipótesis de que en épocas geológicas anterio- 
res existían comunicaciones entre un territorio y otro. El Sr. Weismann explicaría el carácter di- 
vergente de faunas hoy contiguas con la hipótesis de que en otro tiempo han estado separadas. Nos- 
otros consideramos el estudio de la influencia del aislamiento sobre la formación de las faunas tan 
importante como su influencia sobre la formación de las especies. 

{Concluirá.) 




EL SEÑOR LICENCIADO 

DON MANUEL OROZCO Y BERRA. 



El 27 <lc Enero ele 1881 dejó tic existir este ilustre mexicano, á quien la Sociedad de 
Historia Natural contaba entre sus miembros. La muerte de este eminente sabio afectó 
profundamente á la Sociedad, la cual se asocia de todo corazón al justo duelo de las Aso- 
ciaciones científicas mexicanas y de la familia del finado. 

La Sociedad Mexicana de Geografía y Estadística dedicó una sesión solemne á honrar 
la memoria del Sr. Orozco y Berra. En dicha velada tomó parte la Sociedad de Historia 
Natural, representada en la tribuna por su socio de número, Miguel Pérez, quien pronun- 
ció el siguiente 

DISCURSO. 

Señores: 

Célebres son las obras que levanla el bombre; á asombro mueven el ánima la audacia de sus 
monumentos, la alteza de sus empeños; la mole de sus fábricas de inmensa pesadumbre se levanla 
hasta las nubes, hasta la región del rayo, hasta donde no pudo llegar más que el mortal que les die- 
ra cima, hasta donde no alcanza la mirada de los que desde la base las juzgaran quimera vana si no 
las tocasen. 

Fantásticas parecieran las historias de hazañas y conquistas, y creaciones de imaginación calen- 
turienta, la prez y gloria que ganan los pueblos en porfiadas luchas, si no asistiésemos también nos- 
otros, espectadores ó actores á las veces, al espectáculo ó al combate que con su fama ó su estruendo 
llenan el orbe entero. 

Las razas, como el individuo, débiles en la infancia, menesterosas de apoyo, vislumbrando ape- 
nas la vía de la civilización, crecen, cobran brios, se desarrollan, y llegan á puesto tan encumbrado 
y á grado tal de poderío, que se tuviera por fabuloso, si la Historia, oráculo de la humanidad, no lo 
relatara á una y á otra y á todas las generaciones. 

Mas el monumento altísimo, el coloso que llevó en las sienes corona de nubes y oprimió á la (ierra 
con su peso, cae herido por la mano sañuda del tiempo; la gloria de los pueblos se olvida; los impe- 
rios mueren, se derrumban las instituciones que desatiaban el embale del mar embravecido de las 
revoluciones sociales; las razas desaparecen envueltas en la corriente irresistible de los siglos; el 
mapa terrestre muestra pueblos que ayer no existieron; los huracanes sociales, los choques de las 
razas borran del haz déla tierra las nacionalidades, conmueven á la humanidad: el planeta mismo 
se modifica, en cataclismo estruendoso que allana montañas y levanta valles, que deseca mares y es- 



30 

parce muerte, pero jamás hiere el üempo, ni se olvida, ni muere, el único monumento que, cual 
arca salvadora, sobrenada encima de las aguas de las tempestades, la única luz inextinguible, la me- 
moria de los grandes hombres. 

El lenguaje cambia; la civilización y el ejercicio continuo de la inteligencia que dan todos los 
dias nuevos frutos, inventan dia por dia nuevas palabras y trasforman el idioma en breve plazo, y á 
esas vicisitudes sobreviven los trabajos de los sabios, cujas labores, ni á una familia, ni á un pueblo 
pertenecen, sino á la humanidad entera, que con ellos se identifica, que vive con ellos, que los asi- 
mila á su espíritu, y lus trasmite á las generaciones sucesivas como herencia preciosa y como tesoro 
de enseñanzas. El hombre desaparece, pero las obras del sabio son inmortales; queda algo más: que- 
da algo terrible. ... el dolor de los que pendientes de los labios de los inmortales escuchábamos su 
palabra como símbolo de verdad. 

Por esoviste hoy duelo la Academia; la desierta cátedra ostenta negras pompas, en el hogar pe- 
netra viento de muerte, está oscuro el cielo de nuestra inteligencia. . . . 

Aún está fresca la tierra que cubrió los restos venerables de Orozco y Berra; todavía parece oirse 
el marchar acompasado, la voz de lamento reprimida, de la comitiva que escalaba la colina en que 
duerme en humilde tumba aquel anciano de tímido mirar, que hundido siempre en meditación pro- 
funda, no hablaba sino para enseñar, no amaba más que á la ciencia. 

Parece que sopla todavía el viento glacial que acariciaba la frente del ilustre muerto en el borde 
de la fosa, y llevaba en sus ráfagas violentas la entrecortada palabra, el afanoso suspiro de sus discí- 
pulos y amigos. 

Ilustre es de años atrás el nombre de Orozco y Berra, y más alto y de más subidos quilates ha 
de encontrársele, cuanto más lo alejen los años de nosotros; han de ser sus obras palenque amplísi- 
mo en que justarán doctas plumas para estudiarle y loar su alta valía, que digno fué y de sobra me- 
reció loa y honores, el varón de intuición clarísima, nunca tildado de iluso, que explorando infati- 
gable en los laberintos de nuestra historia, desentrañaba la verdad y la sacaba á la luz del dia. 

¿Qué mucho que asi fuese, pues que modesto y convicto de la ignorancia de la ciencia, nunca 
penetraba en la mies de los estudios sin llevar la hoz de la critica fría? Sin ansia de renombre, sin 
afán de lucro, en retiro humilde, amando la ciencia por la ciencia misma, fatigando la pluma, am- 
pliaba siempre y cada vez más, los horizontes de nuestra Historia, alumbrándolos con la luz podero- 
sa de su inteligencia, y señalando una época en nuestra ciencia y en nuestras letras; época que será 
tenida en estima inmensa por nuestros pósteros; éstos recabarán para México la honra de haber da- 
do cuna á Orozco y Berra; la Escuela de Minas hará ostentación de haberle amaestrado en su saber; 
nosotros seremos tenidos por dichosos, porque le vimos de cerca, nos sentamos en torno de la cáte- 
dra del Maestro, hoy desierta, y en su luz encendimos nuestras antorchas, las que sustentamos con 
mano débil, las que nos alumbran en los pasos todavía vacilantes que nos encaminan á la ansiada 
meta de la perfección científica. 

Amado por sus discípulos, respetado por propios y extraños, admirado por los sabios, ciñó, sin 
embargo, Orozco y Berra la corona del infortunio: ¿cómo habría de rodear la grandeza en la vida 
misera, á quien estaba destinado á ser grande en la historia? — Enemigos irreconciliables son, que 
parecen huirse, la dicha y la inmortalidad; la amargura es el factor de la gloria. 

¡Oh! benditas penas, benditas fatigas de Orozco y Berra que nos depararon obras hasta hoy no 
igualadas por los propios, y admiradas por los extraños; venturoso sabio que no fué rodeado por los 
halagos de la opulencia; feliz olvido en que rindió la jornada. — Volcan que bajo la nieve de los años 
alentaba fuego, espíritu que vivía en perpetuo éxtasis científico, corriendo tras un ideal: la verdad 
y la honra de la patria; espíritu que volaba más allá del mundo en que el cuerpo vivía, adivinando 
una gloria superior á los goces que se recogen en esta vida, camino de la muerte, buscó la soledad, 
venero de meditaciones, para ver desde ella el desfile tumultuoso del mundo, para interrogar desde 
ella á las muertas generaciones sepultadas entre el polvo, que ha levantado y levanta la planta de 
las generaciones que viven. Espíritu apocalíptico de la historia patria, ¡levantaos muertos! dijo con 
acento eléctrico á la antigüedad mexicana, y la corriente galvánica levantó al hombre prehistórico y 
á los monarcas y á los subditos de remotos siglos: las ruinas se restauraron, los sacerdotes hablaron, 



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los templos fueron, se irguió la azteca ciencia y penetró el sabio en los palacio ; aprendió la ciencia 
aquella, vivió la vida de los coetáneos de aquellos tiempos, y nos reveló sus mi terio y sus costum- 
bres, nos describió sus moradas é inundó'de lo/, el caos que de nuestros a ni ecesores nos ha separado. 

El alma austera del sabio se retiró del estruendo social en donde la existencia aria lia u- ins- 
tantes entre quimeras y vanalidades, y se ocultó como azorada ave entre sus amigos eternos, los li- 
bros, voces nunca extinguidas de los que fueron, que se oirán hasta que la última generación se 
hunda en los abismos de la muerte. 

Osadía sin nombre fuera que yo analizase las obras de nuestro Qrozco; siempre medí la distan- 
cia inmensa que, de él me separaba, y que ahora veo aumentada con grandes creces. ¿Pudiera \o 
demostrar hasta qué punto abarcó la matemática, penetró en los misterios de la lingüistica, sometió 
la antropología, profundizó las épocas geológicas y dominó la historia? — ¿Me fuera fácil comprender 
hasta qué alto punto llegaron sus conocimientos en id habla noble de Cerrantes? — ¿Vislumbro acaso 
sus alcances en la Geografía, en la ciencia que marcha á compás con la Historia y con ella está uni- 
da por apretado nudo de parentesco? — ¿Alguna vez pude llegar hasta la altura del sabio, para empa- 
parme en la atmósfera de ciencia y ver frente á frente la luz de su auréola?. . . . Flacas fuerzas son 
las mias para llegar, no; para comprender siquiera alteza tanta. 

Lástima grande es, por lo tanto, que no haya evocado su recuerdo, quien fuese más digno del 
sabio y más digno de vosotros, y no estuviese tan menesteroso de vuestra indulgencia, y no trajese 
como yo, por único caudal, mi admiración hacia Orozco, á quien no vine á estudiar, sino tan solo á 
tributar el homenaje rendido de mis respetos. 

Generación que partes: las acciones de tus hombres descuellan como términos muy altos de tu 
época; te alumbraron los resplandores de Rio de la Loza, el gran químico; oíste el acento de los dos 
Jiménez; te cautivó la profunda inteligencia de Fernando Ramírez; fueron para tí modelos, Lacnnza 
y el Conde de la Cortina, y otros sinnúmero que fueron envueltos en la estela persistente que va 
dejando la Sociedad de Geografía en su incesante y luminoso viaje; estela en cuyo término veo á 
Orozco y fierra, á quien proclamo grande de primera clase, en la aristocracia de la ciencia j de las 
letras mexicanas. 

Generación que vives: los sabios hirieron la roca y brotó la corriente de la ciencia: apaga en ella 
tu sed; a